Monday, October 26, 2009

Intervalo/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Ciento treinta muertos en Irak. Allí, a pesar de las declaraciones extemporáneas del Imbécil (George W. Bush), la guerra recién ha comenzado.

La brega entre lo secular y el fanatismo religioso no es asunto nuevo. Ya Averroes fue víctima de la incomprensión que sale de cualquier claustro non sancto, como son las instituciones que enseñan arcaismos: iglesias, casas chabad, madrasas y cualquier antro donde se obliga religión. Esas son las fuentes de las guerras actuales y de las futuras: el agua y la religión.

Hoy prefiero pensar en otras aguas, y no significa deslindarme de la realidad, pero ya cansan Morales y su eterno pujllay, donde maman -y se maman- los consabidos eunucos del altoperuanismo. Cansan los noticieros plagados de dolor, tristeza, odio. Hay mucho para especular y también para preocuparse, mas hoy en que asoman visitas del más allá, he de cultivar el culto de la cocina mientras preparo un ron guatemalteco sin par, con Coca-Cola y limón -aunque mi hermano afirme que el limón no se acostumbra entre duchos-.

Intentaré tres comidas, que rociarán cervezas lager y porter, vino rojo, blanco para mujeres y rosa para indecisos. Puerco, res, atún, mezclarán sus sabores con echalotes, cebollas verdes, repollos rojos, papa roja, arroz en estilo mixto entre japonés y cochabambino, huevos duros, mostaza, mayonesa, chiles tailandeses, paltas-aguacates, choclos-elotes (hay que conceder su espacio al nahua). Y ya que no hemos de echarnos en el pasto-zacate porque el termómetro marca 11 bajo cero, intentaremos acarrear el sol desde el sur con música de los presentes: cumbia colombiana, rancheras de Jalisco, tex-mex de Texas, marimba salvadoreña, Gladys Moreno para benianos y kaluyos para collas, en una alternativa leve al despilfarro y maremoto de las Naciones (des)Unidas.

Hay que hacer un alto, me digo, un intervalo, una intermisión, interdicción, invocación de los únicos dioses válidos: aquellos de la comida, porque son los únicos felices, los que alegremente consumen restos de animales difuntos -y sabrosos para qué mentir- y no pierden el tiempo siendo rectores de universidad, almirantes de país sin mar, gerentes de transnacional e ideólogos de gran nacional; los que no quieren ser presidentes, ni vitalicios ni demiurgos, ni lectores de veinticincomil libros, ni lectores de arrugas (ciencia por demás asquerosa esa de hurgar entre pliegues de carne y piel ajadas). Un instante para las cosas simples.
26/10/09

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 27/10/09

Imagen: Bela de Kristo/Les Poires Verts, 1972

Sunday, October 25, 2009

Ciclos y vida nómada


Una lectura sobre El exilio voluntario, novela premiada de Claudio Ferrufino-Coqueugniot

por Christian Jiménez Kanahuaty

Cuando una reportera de Playboy-México le preguntó a Roberto Bolaño cuál era su patria, él respondió que eran algunos pasajes de ciertos libros que había leído, momentos del Chile de los 60 y, por sobre todo, sus hijos. Imagino que algo así nos plantea El exilio voluntario, la novela con que Claudio Ferrufino-Coqueugniot ganó el premio Casa de las Américas este año.

Siempre han dicho que hay dos clases de escritores, uno que escribe desde el escritorio —confort o no, eso no importa— sobre lo que conoce y sobre lo que no llegará a conocer jamás, pensemos en Flaubert, en Verne, en Tolkien y en Dickens; y por el otro lado se encuentran aquellos que sólo narran lo que conocen a la perfección o por lo menos en regularidad: pensemos en Hemingway, Faulkner, Tolstoi, Joyce o Henry Miller.

Y siempre nos han dicho que ambas tendencias de alguna forma están reñidas, aunque nunca se nos explicó por qué, pero por lo que sabemos de nada ha servido la división en los dos bandos, al menos no le ha servido a la literatura en sí misma; puede que a la academia sí, pero a la literatura no.

“La vida para escribir la vida”, dice una parte de la novela El lugar del cuerpo de Rodrigo Hasbún, la vida como pretexto para contarnos algo o, mejor, para entender un porqué. El arte, en especial el de la narración, es decir el de la literatura, parte de esa gran pregunta: ¿Por qué hago lo que hago? Y para respondernos nos quedan dos opciones: o ir a un psicoanalista freudiano o lacaniano, eso es lo de menos, o abrocharnos los pantalones y ponernos frente a un ordenador, exhalar fuertemente y empezar a escribir.

Ferrufino-Coqueugniot no quiere guardarse nada, quiere recordarlo todo aunque duela, aunque ardan las heridas que tardaron en cicatrizar. Todo bajo el signo de un ciclo nómada, un signo que le indica el camino, que al mismo tiempo le dice que lo importante no es llegar, que lo importante es el camino y el camino es la escritura, no importa el dónde, lo importante es que se escriba algo, puede ser el soporte un pastizal en Cochabamba, la piel de una gringa desorientada, la lengua de una mujer siempre añorada o la escarcha de un refrigerador que sólo guarda vegetales. La cuestión es escribir en ellos y sobre ellos.

Escribir también sobre los que están, sobre los que no están más y sobre los que puede que vengan en un futuro inmediato. Pero, como dice el título, todo ese nomadismo es un exilio y además voluntario. No impuesto por alguien de afuera, sino por uno mismo; ya es un sentido común decir que muchas veces nos sentimos solos en medio de un mar de gente y puede que ése sea el motivo o uno de los tantos por los qué El exilio voluntario es la novela que con más realismo ha trabajado el tema de irse afuera —a la mierda— aún estando aquí entre los pares. Para luego irse de verdad para estar entre iguales, que escapan, huyen, buscan, se quedan y se marchan con la misma disposición con que se hacen la paja en tardes ociosas; evocando la felicidad adolescente de la certidumbre.

Los ciclos son interiores, uno no termina de quedarse, uno jamás termina de irse del todo. La vida adquiere esa tónica: irse, volver, partir de nuevo y recorrer latitudes buscando algo más que lo monetario, buscando la felicidad, buscando un cuerpo amado que no envejece, buscando un abismo donde sentirse cómodo, o un lenguaje que sea propio. Logros no efímeros, aunque circunstanciales y particulares.

La novela es triste y terrible como sólo la literatura verdadera puede serlo. La novela es divertida y desparpajada como sólo la vida puede serlo. La novela es melancólica y honesta como sólo el amor puede serlo. La novela de Ferrufino-Coqueugniot nos indica que irse siempre es una historia a punto de escribirse, irse no es lo más fácil como uno puede pensar, más al contrario, es lo más difícil y por eso mismo, lo único que se puede hacer.

Ojo que no se trata de un bohemio (nunca entendí, y de seguro jamás entenderé, por completo esta palabra) que quema sus naves por cumplir un ridículo sueño americano, ni se frota las manos añorando los cafés de París, no, eso no, hacer eso sería desleal con el ser que escribe y con el ser que piensa que lo que imaginó tiene que vivirlo.

El exilio voluntario es la voluntad de vivir, a la Shopenhauer, una voluntad también de existir. De ser más allá de las contingencias, de ser más que un nombre en la cédula de identidad de la realidad. Es la historia de una conciencia que se arrastra por los pasadizos de la historia para confrontarla con los ojos abiertos y para pensarla mientras se la observa. Para decir: esta boca es mía, lo quieran o no.

* Escritor

Publicado en FONDO NEGRO (La Prensa/La Paz), 25/10/09

Imagen: Arte gráfico anónimo/Autoexilio

Saturday, October 24, 2009

Cerca del descalabro/NADA QUE DECIR


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

A Barack Obama le tocó un país en ruinas. Los artífices del desastre, Richard Cheney entre ellos, acusan al actual gobierno de una y mil incapacidades. Cheney, criminal de guerra en los dos conflictos del Golfo Pérsico, tiene la sirvengüenzura de aconsejar en cuanto a lo que se debe hacer en Afganistán. Su consejo es obvio: matar y matar.


Cómo no va a hacerlo si en los Estados Unidos prima la impunidad. Recién, un juez federal descartó los juicios de civiles iraquíes contra de miembros de Blackwater, la compañía de guardias de seguridad que se ha proyectado hacia la riqueza de forma sideral en medio de abusos, violaciones, asesinatos. Es que es correcto para un norteamericano ejercer violencia pero no que la ejerzan sobre él. En la guerra de Vietnam lo que cuenta son los cincuenta mil muertos de este país, no los tres millones de víctimas vietnamitas; causan llanto y estupor los cuatro mil desgraciados que perdieron felizmente la vida en Irak, no los cien mil árabes. Es la historia de nunca acabar, en apariencia, pero se acaba.


La corrupción interna es tal que los bonos que reciben los ejecutivos de bancos y otras firmas sobrepasa la imaginación. Las estadísticas dicen que en 1965 el sueldo de un ejecutivo en jefe era veinticuatro veces más que el de un trabajador medio; el 2007 esa suma era doscientas setenta y cinco veces mayor.  Y poco puede hacer el actual presidente porque depende -su gobierno y su vida- de cómo se maneje respetando los límites del capitalismo salvaje. Los amos están dispuestos a conceder ¿cuánto? Esa es la pregunta del millón.


Día que pasa se destapan fraudes billonarios que paga el contribuyente. Sin embargo, con poquísimas excepciones, las penas son leves si no inexistentes. El ladrón de guante blanco no pierde el respeto, bienes, su condición de luminaria. Pero si un inmigrante pobre, un negro alcohólico, roban una hogaza de pan del supermercado, ahí la ley cae con brutalidad y se ensaña para asegurarse que ese individuo no pueda nunca más participar de la vida social. Eso si no le disparan... los policías blancos que desdeñan

a un presidente negro.

No hace mucho unos jóvenes "arios" en un pueblito de Pennsylvania mataron a golpes a un inmigrante latino que tuvo la desdicha de tener una pareja "blanca". El castigo para esos buenos estudiantes y mejores futbolistas fue risible. Quien tuvo la culpa fue el victimado, "por estar a la hora equivocada en el lugar equivocado". El mensaje es claro: no pertenecemos ahí, al menos no a Shenandoah, Pennsylvania, donde gobiernan los analfabetos y juzgan los discriminadores.


Desde detalles pequeños, y dramáticos, como el relatado, hasta el tambalearse del gigante que fue derrotado en Indochina, que no ganó en Irak, que va perdiendo en Afganistán y que saldrá con el rabo entre las piernas de Pakistán, los síntomas son inequívocos: un tiempo va cumpliendo su ciclo. Así lo entiende el novel gobierno japonés, que duda en reafirmar los acuerdos militares con USA. Tendrá que mirar -Japón- a China, y hacer tratos con el gobierno mixto de Beijing, ya no con Washington.


La derecha norteamericana, como toda derecha, peca de imbecilidad. Y augura un futuro de poder omnímodo, eterno, porque los norteamericanos son una "raza" superior para sus estrechas mentes, pero si EUA quiere salvar algo tendrá que reformular su pensamiento y su carácter. Difícil en un país de escasa educación y de masa embrutecida por religión, soberbia y vicio.

24/10/09

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Publicado en Puntos de Vista (Los Tiempos/Cochabamba), 25/10/09

Imagen: Albrecht Dürer/Die Kanone, 1518

Thursday, October 22, 2009

¿ALBA de los pueblos?/NADA QUE DECIR


Mi padre traía desde los kioskos de la Plaza 14 de
Septiembre, cada semana, varias revistas: El Gráfico y
Siete Días las que más me gustaban. En Siete Días leí a
Oriana Fallacci en Vietnam, a Silo, que creo entonces vivía
en algún remoto lugar del norte argentino, a excelentes
periodistas que sin duda barrió la furia militar menos de
una década después.
En un número que siempre recuerdo, había un reportaje sobre
la primera reunión de las OLAS (Organización Latinoamericana
de Solidaridad). El reportero hacía énfasis acerca de que
el telón de fondo no llevaba el rostro de Karl Marx sino el
de Bolívar. Y había una silla vacía para el gran ausente:
el Ché (era julio del 67, y Ernesto Guevara estaba en
Bolivia). Asistieron Allende, Amílcar Cabral, Roque Dalton,
Schafik Handal y muchas notabilidades de la lucha por la
liberación de los pueblos del Tercer Mundo. Stokely
Carmichael se presentó como invitado especial en
representación de la resistencia negra en Norteamérica.
Fidel Castro pronunció un memorable discurso de clausura,
donde detallaba las estrategias de lucha de América Latina,
en un pulseo dramático con la línea soviética (Brezhnev) de
coexistencia pacífica; vapuleó con razón al Partido
Comunista venezolano (la experiencia boliviana y la traición
del PC le darían razón).
¿Por qué hablar de aquella conferencia de La Habana? Porque
cuesta no compararla con la cumbre de (la) ALBA en
Cochabamba. No son situaciones similares y las estrategias
son otras, pero hay que mencionar la calidad de ambas y ver
con tristeza que al parecer nada de lo bueno de una se
tradujo en la otra. Hugo Chávez no es Fidel, y sus
exabruptos distan un siglo del arte del sarcasmo y la
política. Pareciera que la revolución embruteció; nada hay
que ligue a los de hoy con los de ayer. ¿A quién vamos a
mencionar a tiempo de hacer memoria, recordando esta cita de
rejuntados? ¿A Evo Morales, Linera, Correa, Chávez?, un
listado de mediocres intelectuales de la mano de una recua
de ignorantes, para quienes la revolución habita en el
enriquecimiento ilícito, en la entrega a las mafias
internacionales, en la apología del pequeño burguesismo
campesino ávido de propiedad privada, en el abuso, la
división étnica, todos asuntos que los deslindan de
cualquier ética revolucionaria.
Eduardo Rey Tristán, de la Universidad de Santiago de
Compostela, dice que en las OLAS había tres grandes temas:
la "lucha revolucionaria antiimperialista en América Latina;
la posición y acción común frente a la intervención político
militar y la penetración económica e ideológica del
imperialismo en AL; y la solidaridad de los pueblos
latinoamericanos en las luchas de liberación nacional". Con
matices, se podría decir que son objetivos aún no alcanzados
y que jamás serán alcanzados en una Bolivia que se convirtió
ya en una gran fábrica de narcóticos gracias a la política
gubernamental, que alimenta el desarrollo de una clase de
oligarcas, mentados como rebeldes y peores que cualquier
fascismo.
Douglas Bravo, el mítico guerrillero venezolano, y mentor de
Chávez en su momento, acusa que el verbo "anticapitalista,
revolucionario y socialista" de Chávez es falso. Habla
(como es el caso en Bolivia) de una "burguesía que se generó
desde el poder". El gobierno de Hugo Chávez, según él, "no
es revolucionario ni socialista, sino capitalista".
Pantomima neoliberal.
20/10/09

Publicado en Puntos de Vista (Los Tiempos/Cochabamba) 22/10/09
Publicado en Semanario UNO, Santa Cruz de la Sierra

Imagen: Jonathan Santlofer/Che-Mantegna, 2009

Tuesday, October 20, 2009

Que siga el son/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Carlos Puebla anuncia "que pare el son"; "que pare un momento el son"; "que siga el son"; "que enmudezca la palabra para escuchar el latido del Che Guevara". Homenaje cubano a un argentino que supo infiltrarse, a fuerza de coraje y sangre, en la raíz africana de Cuba. Y en los sones de este músico, dedicados a la caída del guerrillero, el ritmo es tan alentador que el pueblo acaba bailando. En oposición al frío guerrero escandinavo que en Bergman juega ajedrez con la muerte, en la isla caribeña se sujeta a la muerte por la cintura, se le mecen las caderas y se le ajustan las nalgas, bailando, considerando -claro- que la muerte es mujer.

Cojo un libro de fotografías del catalán Tomás Casademunt, con textos de Carlos Galilea Nin y Eliseo Diego. Plagio a Nin, como plagiaría él el decir popular, y cuento que hace años, muchos, una niña semi-dormida escuchando cantar afuera en la calle preguntaba a su madre: mamá ¿de dónde son los cantantes? Y mamá le respondía: son de la loma. La loma comprendía la provincia de Oriente, hoy Guantánamo, Santiago y Granma. Miguel Matamoros, del "Trío Matamoros", compuso su famoso "Son de la loma" quizá a raíz de esa historia o viceversa. Lo cierto es que recorrió el mundo y las décadas parecen minutos para su eternidad. Mi amigo Raúl Choquetaxi lo bailaba, solo, en los tumbados de Coña Coña, bajo mortecina luz de focos de veinticinco, ante un pasmado, aunque amigable, conjunto de meditabundos quechuas que ni sabían de dónde eran los míticos cantantes, y a quienes posiblemente no les interesaba saberlo en su endémico silencio.

El libro conserva en fotos lo último que queda de los viejos músicos cubanos. No con el ánimo enfermizo de aquellos a quienes les gusta retratar ruinas, como creo entender lo que escribe Eliseo Diego, sino con el propósito de no perder la memoria de tanta riqueza. Es ecléctico en su elección; no, si se acuerda que los subsecuentes ritmos provienen todos del son. Casademunt incluye en "El son de Cuba" a Compay Segundo, Celia Cruz y Cachao con otros más antiguos como Lázaro Herrera y Herminio García Wilson, compositor del montuno "Guajira Guantanamera". Hablando de Israel Cachao López, aún vigente (nacido en 1918), la película "Calle 54", en Nueva York, lo muestra con su contrabajo en una inolvidable presentación con el pianista Bebo Valdés. Cachao ha conservado intacta, a pesar de los arreglos que realiza, la esencia de la música cubana. Otros, como Machito, Mongo Santamaría, Chico O'Farrell han creado un interesante híbrido con la música afronorteamericana en lo que se ha dado en llamar el jazz latino y que se aleja, en mi opinión, de lo básico del son. La historia de Celia Cruz es otra, y más le valiera, para permanecer, callarse de una vez.

Nin cuenta -le contaron- que actuando en Venezuela, a Benny Moré se le había agotado el repertorio y que improvisó, mirando bailar al delegado de su orquesta, apellidado Castellanos, su famoso "Castellanos, qué bueno baila usted". Así, de la nada, así es el son. Severo Sarduy, adelantando su muerte, escribía: "Que den guayaba con queso y haya son en mi velorio: que el protocolo mortuorio se acorte y limite a eso".
03/06/03

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Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), 2003

Imagen: Trío Matamoros

Monday, October 19, 2009

Otros inmigrantes/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Esta semana aprendí algo que desconocía. No es que no lo sospechara, porque resulta algo lógico, pero cuántas cosas, lógicas e ilógicas, se nos atraviesan y pasan sin prestarles atención...

Vi dos filmes iraníes. Uno, cuyo nombre se me escapa ahora, lleva como título el de una carretera entre Irán y Afganistán. El lugar: un paradero de camiones con un mísero restaurante y cuyo dueño hace dinero con el tráfico de trabajadores afganos hacia Irán. El otro es "Baran", que aparte de una interesante y no melodramática historia de amor, desenmascara la explotación de los obreros afganos en
la tierra de los ayatolas.

A pesar de no dejar de lado imágenes de fervor religioso como la oración, pareciera que este tema se relaja, si es que no se diluye, en la penuria de vivir como extranjero ilegal en otro país. En Irán, en el invierno, no vemos a las mujeres afganas cubiertas de pies a cabeza. Allí tienen que trabajar, y meterse en las aguas heladas de los torrentes montañosos para extraer piedras que serán luego utilizadas en la construcción.

"Todos los afganos son albañiles", dice un personaje en un momento; como todos los bolivianos de Virginia, albañiles también. Irán, en el Asia Central, juega el papel de pequeño imperio, no tanto como la India y menos como China, pero, en relación sobre todo a su vecino del norte, preponderante.

Sin duda la mano de obra barata e ilegal ayuda al desarrollo de las empresas persas que la emplean. Se persigue, por ley, este tipo de transacciones. Sin embargo, igual que en los Estados Unidos, Francia, Rusia, Argentina, la ley mira de lado cuando su clase pudiente se beneficia. La ley, dondequiera que sea, se ensaña con el débil y el pobre. La ley no existe para la riqueza y el poder. No existe de buena forma para los afganos que trabajan a mano pelada, a la intemperie, bajo cualquier rigor climático, en orden de comer ellos y de explotar y usufructuar los otros.

En casos así ya no existe el Islam ni ninguna religión: musulmanes aprovechan a musulmanes, y cristianos a cristianos, digan lo que digan los que calzan sotana y pecan en soledad. A tiempo de hacer dinero, aquella comodidad llamada Dios (Dios es la gonorrea dice Fernando Vallejo) se vuelve vapor de ollas, susurros de viejas que cambiarían sus fervores por un cuerpo. Ya no hay. A cierta hora y no importa bajo qué égida política, incluida la comunista, lo que vale es el capital, y obtenerlo, no importa el medio, es la razón de vivir. 19/10/09

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Publicado en Opinión (Cochabamba) 20/10/09

Imagen: Migrantes afganos

Saturday, October 17, 2009

El Rector zar/NADA QUE DECIR


Los disturbios en puertas del rectorado, con furibundos
estudiantes reclamando lo suyo, me llevan atrás en el
tiempo: todo sigue igual. Pero, pensándolo mejor, y
sabiendo que el Rector actual fue uno de aquellos furibundos
-el más- en su época, y hoy es un emperador no muy chic,
pero mandamás al fin, me contradigo.
El Rector... del Prado (ese DEL es para que no lo confundan
con la chusma que un día alegó defender, pero no implica
tampoco la aristocracia que quiere implicar. Uno es quien
es y así vista de seda, o de asno como en aquel cuento
infantil, siempre será lo mismo. A no ser que signifique
que el señor en cuestión se casó y pertenece ahora, en alma
y cuerpo, cuerpo y alma, a un buen postor).
¿Por qué centro mi diatriba hoy en un alto pero estrecho
individuo? Porque sigo de cerca lo que sucede en Bolivia,
tierra del cambio y la revolución, supuestamente. Quisiera
presentar al campesinado boliviano lo que significa una
revolución agraria, mostrarles los logros y los durísimos
avatares por los que tuvieron que pasar Vietnam y Cuba. En
Bolivia nadie quiere transformación; lo que desean es
realizar lo que mande su puta gana, nada más. En un
gobierno socialista estaríamos arrastrando a toda laya de
dirigentes, incluidos principales, al frontón. No
alcanzarían las balas para quitarles su desmedido deseo de
poder y propiedad privada. Lo hago, entonces, para
desenmascarar la farsa nacional o plurinacional de estos
quintacolumnistas del cambio. Y le tocó al regente,
disculpen... Rector.
En la Facultad de Humanidades se realizaron elecciones para
decanatura y dirección académica. Una sigla triunfó con 57%
de los votos. Las huestes rivales, personalizadas en
notables ejemplos de la femineidad cochabambina, perdieron.
Entonces, de acuerdo a la prédica del curaca, se opusieron
al resultado, porque en este país todos son bebés traviesos
y malcriados. Conclusión: no se posesionó a los ganadores,
que ahora realizan una huelga de hambre, allí donde el
presbítero Rector camina, ignorándolos.
El hecho no es que mi hermana esté entre los huelguistas,
una profesional proba e intachable que no merece
estigmatizarse así; el problema radica en que hay (siempre
hubo, pero se excedieron los límites) confusión tal en esto
de destrozar nuestra tierra, de aprovecharla, violarla,
esquilmarla desde derecha e izquierda, que de algún modo se
tiene que parar. Y es denunciando a los agresores, a los
falsos profetas como El Rector que purgó su juventud con las
mesnadas de Motete Zamora, gonista recalcitrante como
ejecutivo de la FUD, elevado al rectorado con Manfred Reyes
Villa, y coronado como mallku menor (gallinazo) bajo el
manto de Evo Morales. Y quién sabe cuántos amores políticos
más tuvo -sí El Rector... del Prado- que es ducho en
utilizar tecnología para mandar mensajes de texto e invitar
cafecitos a las posibles víctimas de su cachondez. Tal vez
viene con el trabajo, con el título, la posición, el creerse
irresistible. ¿O será Casanova en versión oscura,
desaliñada, insípida? Opuesta a la cuasi brillantez del
famoso seductor.
Pero no es la dudosa sexualidad del occiso (muerto en vida
es aquel que hace lo que predicó no hacer jamás) lo que
interesa, es su desdén por las bases de la autonomía
universitaria, por el don de gentes, por una ética de
izquierda que presumió defender.
Apéguese a las reglas, señor, y aprenda a perder, que pronto
perderán los que hoy ganan, aunque usted sabrá ofrendar sin
duda su cariño a otro.
16/10/09

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba) 19/10/09

Imagen: Francis Bacon/Study from a Human Body, 1993

Tuesday, October 13, 2009

La extraña muerte de Arpad Magyarosi/NADA QUE DECIR


¿Qué exactamente sucedió aquel 16 de abril en el hotel Las
Américas, de Santa Cruz? Aparte de las consabidas alarmas,
falsas pistas del gobierno, no se sabe a ciencia cierta qué
hacían tales extranjeros allí. Nada mejor para un ejecutivo
acostumbrado a la desinformación, a la mentira, que decir
que planeaban matar al presidente. Quizá fue al revés, y
los individuos habían sido contratados por oscuros sujetos
para deshacerse de la oposición cruceña. Todo es posible y
hasta ahora nada suficiente para probar algo.
En octubre 4, año 2009, la agencia informativa húngara MTI,
y los periódicos tanto de izquierda como de derecha en
Hungría pasaron la noticia de que según los forenses Arpad
Magyarosi, el ciudadano húngaro-rumano de 28 años que murió
en Santa Cruz, había sido ejecutado en el raid por la
policía boliviana.
(Transcribo): "Los expertos prepararon una virtual
reconstrucción del suceso que tuvo lugar el 16 de abril en
un cuarto de hotel de Santa Cruz, durante el cual el
ciudadano húngaro-croata-boliviano Eduardo Rózsa Flores y el
irlandés Martin Dwyer también fueron muertos.
Basados en las fotografías tomadas en el hotel después del
hecho y en records post-mortem preparados por un doctor
húngaro, los expertos dicen que luego que Magyarosi se
rindiera a la policía le dispararon siete veces, muriendo de
hemorragia interna luego de 30 minutos, dijo Peter
Tarjanyi".
"Karoly Nagy Andras, Ministro del Exterior de la Soberana
Orden de los Caballeros de San Juan de Malta, dijo que la
Orden llevará el caso Magyarosi a la Corte de Derechos
Humanos".
Prosiguen las noticias en Hungría, de fuentes diversas,
según el resultado de la necropsia que:
(Transcribo)
-No había rastros de pólvora en él (Magyarosi)
-El no disparó
-Tenía las manos levantadas cuando le dispararon,
probablemente ya estaba caído en los últimos tres (disparos)
-Ninguno de los disparos era fatal
-Se cortó la carne del cuerpo en los lugares por donde
entraron los disparos, para evitar la examinación de las
heridas de acuerdo a la trayectoria de la bala, de qué
dirección y a qué distancia se dispararon. Posiblemente los
tiros fueron de cerca y de más cerca.

Noticias que muestran que no estamos ante un gobierno
democrático, sino ante uno que chilla -no habla, chilla- por
supuestas afrentas de gil y mil (a su sagrada autoridad),
pero que permite actuaciones semejantes, dignas de la
caterva de los Trujillo, Pinochet, Videla. ¿Qué esperar
entonces luego de diciembre cuando con gran pompa esta misma
autoridad disponga de las dos Cámaras? Corta es la alegría
y largo el arrepentimiento. No estaremos enfrentados a un
gobierno que seduce con la razón o el ejemplo; iremos a
pasos agigantados hacia una dictadura de tipo africano, que
tenga las características tribales de Idi Amin y las
ideológicas de Pol Pot, donde los representantes "populares"
no sean ni populares ni representantes, más bien una galería
de rejuntados y arribistas (los peligrosos), germen de un
nuevo capitalismo (sí, capitalismo y no socialismo) de
empresarios de trasnoche que aparecen con tierras y grandes
inversiones en nombre de la revolución.
Queda sin embargo una esperanza. El mundo es hoy global y
si bien se soportan cacicazgos como el de Kadaffi, no se
aguantan carteles delincuenciales (hasta donde sabemos). El
punto flaco del poder del MAS está en la corrupción, y,
sobre todo, en la infiltración de la mafia del narcotráfico.
Ese es juego aparte...
7/10/09

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba) 8/10/09

Imagen: Francisco de Goya/Esto es peor, 1812-1815

Monday, October 12, 2009

Tres cartas a Stalin/MIRANDO DE ARRIBA


No se sabe si los "magnates" soviéticos dejaron simplemente
morir a Stalin, o si Beria le suministró warfarina que
supuestamente a lo largo de varios días le pudo causar
embolia. Lo cierto es que el amo de Rusia y sus estados
vasallos murió sin dignidad, orinándose en los pantalones,
inconsciente, convertido en la piltrafa en la que convirtió
a tanta gente. Su debacle fue la de muchos, Beria entre
ellos, ejecutado sin misericordia, en calzoncillos, con un
trapo en la boca para que no gritara.
Dice que se encontraron cinco cartas debajo de un periódico
en el escritorio del tirano. Se lo contó Khrushchev a
Snegov que recordó sólo tres cuando se entrevistó con el
historiador Medvedev.
La primera era la carta de Lenin a Stalin, de 1923,
reclamándole sus disculpas a la Krupskaia, su mujer, por las
groserías con las que el georgiano la había maltratado a
raíz de una nota de Lenin, dictada a Krupskaia, felicitando
a Trotsky.
Illich escribiría (a Trotsky) el 30 de diciembre de 1922,
sobre el asunto: "Si las cosas tomaron tal cariz (...)
podemos imaginarnos en qué ciénaga hemos caído". Todo
derivaría en la famosa carta del fundador del estado
soviético descalificando a Stalin y presintiendo -ya pronto
a morir- el rumbo que tomarían las cosas.
Stalin siempre se comparaba (y a su corte) a Lenin,
disminuyéndose. Esta carta guardada sería su vergüenza o
venganza, al saber que un hombre de tal talla había
descubierto los oscuros recovecos de su alma.
La segunda nota tiene a Bujarin suplicando: "Koba, ¿por qué
necesitas que yo muera?" Nikolai Bujarin actuó cobardemente
durante los procesos de 1937, acusando a sus compañeros de
delitos que eran en su mayoría invención. Se arrastró en
elogios hacia Stalin pero nada impidió su muerte. Brillante
teórico redactó junto a Preobrazhensky el famoso "ABC del
comunismo", que aún se leía en mi juventud. Más dignidad
tienen los recuerdos de su joven esposa Anna Larina, cuyas
memorias junto a las de la viuda de Osip Mandelstam son
documentos imprescindibles de aquella época, aparte de
notables piezas literarias. Bernard-Henry Lévy narra el
encuentro de André Gide y de Bujarin en Moscú, cuando el
ruso pide a Gide salvarlo presintiendo su final. Stalin le
tenía afición, pero era hombre que no dudaba en sacrificar a
su propia esposa en aras de la ficción partidaria.
El último escrito es de Tito (de 1950) que le dice: "Deje
de mandar asesinos a matarme... Si esto no se detiene
enviaré un hombre a Moscú y no habrá necesidad de otro".
Josip Broz fue, desde el ascenso de Stalin, el único hombre
que no se arredró ante él.
12/10/09

publicado en Opinión/Cochabamba, 13/10/09

Imagen: Stalin y Bujarin

Miscelánea norteamericana/NADA QUE DECIR


Inesperado Premio Nobel de la Paz para Barack Obama.
Sorprende que Evo Morales no haya convocado a las fuerzas de
la ebriedad, a los "movimientos sociales", para reclamar
para sí un reconocimiento que ansía y protestar la
premiación del imperio.
Pero fuera de lo que haga o no esta ficha leve del tablero,
la premiación del presidente negro de los Estados Unidos no
deja de ser controversial. Es más una cuestión europea:
reconocer el cambio en la dirección de la Casa Blanca, la
transferencia de mando de un imbécil a un hombre brillante
(Bush a Obama), de un invasor, armamentista y asesino, a un
hombre que intenta razonar con las bases de un país
netamente conservador y militarista acerca del futuro del
planeta y sus guerras eternas.
Complicado, si pensamos cuánto costó a John F. Kennedy su
alejamiento de la guerra nuclear, de la destrucción de Cuba.
El oscuro, derechista, millonario Estados Unidos no se lo
perdonó. Le dieron Dallas..., un Dallas que en cualquier
momento puede ser reanimado en la persona del nuevo
mandatario. Aquí Obama no sólo juega su prestigio; se
juega la vida día a día, ante una población estúpida y
obcecuente que vería con buenos ojos su asesinato.
Creo que se premia en él el sueño de Martin Luther King,
algo que supera la emancipación de las razas, que permite a
las razas personalidad y derecho (que Morales podría haber
logrado en Bolivia, no un folklorismo violento y
malviviente). Pero Obama, y casi imposible que pueda
deshacerse de ello, a riesgo -repito- de su existencia,
mantiene un conflicto en Afganistán, no se libera aún del de
Irak, y posiblemente se vea envuelto en uno peor en
Pakistán. Un hombre (obligado) de guerra no puede recibir
un premio de paz.
Es tal vez un incentivo, un apoyo de la comunidad
internacional a esfuerzos que sí aspiran a la paz. Se debe
entender que el presidente está atado de manos, y que no
sólo tiene que preocuparse del desastre económico que dejó
su antecesor (menos para los ricos), sino de una guerra
absurda que consume el tesoro norteamericano. Abandonar la
lucha "contra el terror", soslayarla, equivaldría a un
epitafio. Seguro. No pueden los adoradores de la muerte,
los conservadores de Norteamérica, perder prestigio y, sobre
todo, los ingresos monumentales que les da de beneficio la
guerra.
En cuanto a la situación de Honduras, Barack Obama ha sido
tenue. En principio rechaza el golpe de estado, pero sabe
que lo que se decide en el pequeño país centroamericano
tiene más que ver con Hugo Chávez y unos parámetros que se
van tornando peligrosos (complicidad con Irán). Existe un
entorno de altos personajes de la administración Bush que
presionan al presidente para no tomar medidas reales de
castigo a Micheletti y su gente. El presidente de facto
hondureño gasta buena cantidad de dinero en mantener activa
la oposición a las sanciones -en Washington y con éxito. El
espectro que se maneja, que no deja de ser real, es el
monigote de Chávez que pasó de ser mero payaso a asunto de
seguridad hemisférica. Valiéndose de argumento tal, la
derecha norteamericana ha acorralado -y quizá convencido- a
la Secretaria de Estado y a Obama de no tomar acción en
contra de Honduras. Se da tiempo al tiempo hasta que ya con
un nuevo gobierno elegido la ansiosa desfachatez de Zelaya
pase al olvido.
En un tablero de ajedrez hay dos colores, pero no es el
blanco contra el negro, señor Morales, es mucho más.
10/10/09

publicado en Puntos de Vista (Los Tiempos/Cochabamba) en 11/10/09

Imagen: Poster de los agricultores tejanos/Campaña de Barack Obama 2008

Tuesday, October 6, 2009

Elogio de la diversidad


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Fui a pagar la cuenta de los celulares de mis hijas y mío. Lo hice en el primer cobrador autorizado que en este caso era un micromercado etíope. Los etíopes, aprendiendo de los coreanos, han visto que el mercado latino es uno en rápida expansión. Entonces allí, entre habas enlatadas, panes, especias raras, había avisos en español sobre envíos de dinero a México y América Latina.

Mientras el encargado ponía en el computador el detalle de mi pago observé algo como empanadas triangulares, fritas. ¿Son de carne?, pregunté. No, de lentejas. Sorprendido compré una. ¿Empanadas de lentejas? Sonaba extraño y bueno. Mi primer pensamiento fue hacia mi hija Aly, de 16 y vegetariana hace dos (por opción política, no de belleza), pero después de probarla me enfrasqué de lleno en el picante sutil del curry y en el delicioso gusto. Las yemiser sambusas —como se llaman— no necesitan de carne (aunque las hay) para dar placer. El relleno, hecho de lentejas, cebolla, ajo, con comino y cardamomo —en una al parecer tradición bereber—, compila un mundo de sabores y culturas cuyos ancestros se remontan hasta el viejo Egipto y las selvas tropicales de la India y Sumatra, así como a los desiertos de Nubia y de Libia. No existe racismo en la comida. El paladar no distingue colores ni razas; el sabor, como el placer, es universal.

Parecían esfijas (empanadas árabes) por la forma. Pero la masa es diferente: frágil y escamosa. De inmediato regresé a la tienda y compré varias más para el almuerzo escolar de Alicita y otras dos para mi té de las cuatro. Revisé la Red y me instruí en los detalles de todo tipo de sambusas, y los restaurantes en Nueva York o Los Ángeles donde se las puede encontrar como tesoros del mundo vegetariano en particular y el de todos...

Dediqué varios años de Estados Unidos a la comida. Fui co-dueño de un restaurante bastante grande en las montañas de Colorado, entre los centros de ski y los de minería de plata histórica, en Leadville, villa donde comienza el magnífico filme "Wilde" (Brian Gilbert/Gran Bretaña, 1997) cuando Oscar Wilde entra a una bocamina y mira deseoso el sudado torso de un trabajador. Allí, en el verano de 1992, indagué acerca de los secretos del frijol negro, con mi inexperiencia boliviana, andina al menos, de escaso bagaje en el tema. Experimenté sobre asados cocidos en tomate y di rienda suelta a la imaginación creando comidas que vendía como si fuesen de antigua tradición sudamericana, cuando, en realidad, nacían y morían en mi mente.

Ofrecíamos como un guiso del sur el cochabambino ají de fideo —que algunos consideran paceño— reemplazando el ají amarillo por chile de árbol, tal vez una variedad del Cayena, que es muy sabroso y que utilizo también en el puerco asado. Allí, a 10.000 pies (3.000 metros) por encima del mar, esos fideos calientes, uchu, tuvieron inusitado éxito. Por asuntos largos de contar, y ajenos a la culinaria, mi socio me arrojó en la mínima prisión de Leadville (leí en la celda los viajes de Marco Polo que me prestó otro preso, un barrendero mexicano), terminando con mi verano de restauranteur.

Seguí luego con un delicatessen nuyorquino, agenciándome el papel de especialista en carnes frías gourmet, y en comida kosher, con elogios tan especiales como el de un viejo hebreo de Lakewood, donde vivió Golda Meir, que aseguró que yo preparaba el tocino, no muy cocido sino algo crudo, como se debía, no la carne crujiente y desmenuzada por el exceso de cocción. Paradójico, pero los judíos liberales comen puerco sin problema y han hecho una sui géneris tradición al respecto en el este.

Fuera del usual jamón entré en un riquísimo mundo de cortes fríos a cual mejor: pastrami, con su corteza negra y llena de condimento; corned beef que mezclado caliente con sauerkraut y ya fuere mostaza Dijon o un aderezo Thousand Island, en pan judío rye, hacen uno de los emparedados más deliciosos del orbe, reuben. Junto a variedad de salames, capocollo calabrés, roast beef, e incluso pasta de hígado —más la improvisación de unos sandwiches de chola mestizos e inigualables— conformé un menú que ofrecía 42 variedades de sandwiches, casi todos de mi inventiva, al lado de la oferta de una sopa diaria diferente, donde alternaba la quinua con el trigo, el minestrón con la sopa de albóndigas y el famoso chili con carne que fue una de mis mejores representaciones.

Comencé hablando de la diversidad de la comida, que se liga al tema de raza, cultura, historia, agricultura, ganadería, etc. y terminé contando mis experiencias de cocinero múltiple, aficionado, pero bueno. No desmerece la memoria el tema, porque estos años de exilio me enseñaron mucho acerca de la variedad enorme que nos rodea, que jamás seremos únicos porque únicos son todos. Hay que mirar y aprender para ser tolerantes, para dejar de lado nuestra endémica incapacidad de aceptar a los otros.
Una mesa servida es bella cuando se asientan en ella pasteles de carne cariocas, goulash húngaro, borsch ucraniano con eneldo, sambusas, tucumanas, salteñas, vinos, aloja, horchata, habanero, locoto, putaparió y otros ajíes promiscuos. Infinito de color, sabor y aroma.
16/09/09

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Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz) en 20/09/09 y en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba) en 04/10/09.

Imagen: Diego Rivera/Mercado, 1930

Mercedes, la Negra Sosa


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hablo de unos treinta años atrás. En las tardes de Córdoba conversábamos con la tía Lucha (María Luisa Coqueugniot); contaba ella, que trabajó en el Comando en Jefe del ejército argentino por décadas, acerca de los gorilas que de fama pasaron a olvido uno tras otro. De Lanusse decía que era caballeroso, y el Galtieri anterior a su fatídica presidencia le parecía apuesto.

El año 75, en Buenos Aires, recién llegado, salí a caminar por el Once, de noche. Muchacho, no había reparado en lo que sucedía: el auge de la Triple A y más, y salí sin documentos. Cuando regresé, la tía y mi madre estaban desesperadas. Lucha salió a buscarme por el barrio. Me advirtió no hacerlo otra vez. Aludió a la sombra que rondaba la Argentina. Ella sabía, de adentro, lo que ya acontecía y lo que se gestaba. Gracias a sus contactos con los generales, dos primos del ERP lograron ser removidos de la tortura y huir a Israel.

¿Por qué la digresión? Porque a Luisa le gustaba la Negra Sosa, y comentábamos su música, las posibilidades de su muerte en manos represoras. Por ella leí sobre Tucumán, que luego, ya conocido, fue amor a primera vista. Recuerdo los viajes largos por intérminos cañaverales, por los chacos de Famaillá, tratando de vislumbrar entre los árboles la guerrilla de Santucho. Me parecía codearme con la historia, huir del anonimato joven y sentir que el mundo se movía alrededor, con auras épicas revolucionarias.

Entonces ahora cuando muere Mercedes Sosa muere algo de la Argentina en mí, una mitad que afloja ante el olvido, que no tiene el peso feraz y feroz de Bolivia, su tiempo, sus viajes. En Mercedes perece, o mejor de realidad se convierte en recuerdo, el lugar más hermoso del mundo que es el norte argentino, y en particular Tucumán que fue su tierra, y que adopté en sueños como combatiente milenario, como descendiente de los quilmes, de los calchaquís, quechuas, vascongados y españoles, de los héroes que pelearon en Salta y subieron por Jujuy hasta el Alto Perú para terminar de polvo en Sipe Sipe...

Mi madre cantaba "Luna tucumana" para hacernos dormir, a la mediadocena que los seis éramos. Ahora, en el anochecer lluvioso de una ciudad de Colorado -Aurora, Estados Unidos- la canta Mercedes para mi insomnio.

Nunca sentí la rebelión chuquisaqueña tan cerca como cuando la Sosa cantó "Juana Azurduy". Tal vez porque era mujer y de mujer hablaba, de la coronela y las otras que le pusieron el pecho a la muerte como si de madres griegas o romanas se tratase. España pareció tan pobre entonces, tan ruin, asesina de mujeres siendo España mujer.

Otra vez, en la húmeda noche de Aurora, Mercedes Sosa canta al galope y las lanzas de la imaginación se incrustan en el pecho de los eternos cabrones.

Nació "coya", siendo coyas los descendientes de los quechuas que se quedaron luego de expulsar a los quilmes. Y esa palabra tiene connotación displicente (como la tienen "negra" o "china"). La directora Lucrecia Martel pone en boca de uno de sus personajes en "La Ciénaga" (2001) que son "los coyas los que tienen la culpa de todo", de esa trágica desintegración argentina a la que llevó la dictadura.

Mercedes Sosa combatió con su voz a los militares y a la derecha. No les dio el gusto de matarla, como ya lo habían hecho con Hernán Figueroa Reyes (1936-1973), con Jorge Cafrune (1937-1978), asesinado por dos jovenzuelos que lo arrollaron por órdenes expresas del milico Carlos Enrique Villanueva.

"Se me está haciendo ya noche en la mitad de la tarde. No quiero volverme sombra, quiero ser luz y quedarme".

"Siempre atrás de una guitarra".

Hace poco escribí que nada cambió. Tal vez sí. Para Mercedes todo cambia, pero los cambios que archivan a muchas generaciones, incluyendo la suya y la mía, no se dirimieron acá sino lejos: en el muro de Berlín. Termina una época. Los cantautores argentinos tienen horizontes nuevos, extraños tal vez para nosotros, diferentes, distintos, ni mejores ni peores, más ágiles porque no tienen que lidiar con el peso que acarrearon la Negra y Atahualpa Yupanqui por citar a dos.

En la zamba del Lozano, con quena, charango y guitarra, tú, Mercedes Sosa, camino de la puna dices: "Cielo arriba de Jujuy". Ahí, cielo arriba del Jujuy, estaba yo.

Quiero ver de nuevo la luna buena besando las cañas en Acheral. Quizá así conserve algo que parece estarse yendo...
5/10/09

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Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), 11/10/09
Puño y Letra (Correo del Sur/Sucre), 8/10/09
Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 14/11/09

Imagen: Cubierta de disco de Mercedes Sosa

Siempre Tlatelolco/MIRANDO DE ARRIBA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El 13 de agosto de 1521, Cortés y sus aliados indígenas toman Tenochtitlán, después de gran matanza.  Ni la espada de Huichilobos (Huitzilopochtli), el dios de la guerra, detiene a los invasores. En Tlatelolco, los escasos españoles y los indios rivales se ensañan con los mexicas. Es el principio de la sangre. No, la continuación de la sangre y también su premonición.

El 2 de octubre de 1968 el gobierno mexicano reprime una manifestación estudiantil en el mismo lugar, dando lugar a una masacre protagonizada por el ejército y grupos paramilitares, dentro del marco de aquellos años de fobia anticomunista y de la doctrina de seguridad nacional. Se produce el hecho a diez días del inicio de los Juegos Olímpicos. La necesidad de presentar una imagen de tranquilidad ante el mundo hace que los entretelones de la tragedia se hayan escondido hasta ahora. El cineasta Jorge Fons, en 1989, filma "Rojo Amanecer", estremecedor relato que ahonda en la abyección y crimen que se desencadenaron allí, en la implacable persecución de los sobrevivientes para eliminar testigos, para perpetuar la impunidad que todavía pervive, ya que Luis Echeverría, entonces Ministro del Interior de Gustavo Díaz Ordaz, no ha sido condenado por su participación a pesar de los cargos de genocidio en su contra.

Hoy, cuarenta y un años después, se continúa reclamando por los caídos. Las víctimas, en fotos, por irónica paradoja, se quedaron en el tiempo, no envejecieron. Ellas permanecen como en los últimos instantes, mientras los que los sobrevivieron lidian con la vejez y la muerte anónima.

Los tiempos han cambiado, repiten los papagayos de la política. No cambió nada. El sistema de explotación permanece incólume; los pobres son cada vez más y los ricos menos y mayores. En la revolución boliviana se reparten tierras y dinero entre pocos, o tajadas de narcotráfico. Capitalistas disfrazados lucran como siempre lo han hecho (nacen nuevos capitalistas). Se siente, se siente, el pueblo está presente... Lo único que se siente es el oro en el bolsillo del patrón. Los anarquistas venezolanos, no sin razón, acusan a Chávez de preservar el status quo.

Los manifestantes del 2009, en Tlatelolco, patean los escudos policiales, lanzan volapiés y escupen. Los amos, como Echeverría entonces, como Arce Gómez en su porqueriza gloria, como Hugo Chávez, George Bush, Evo Morales, sonríen porque ninguna rabieta semejante los toca. El poder es dulce y castrador, pero en México se fabrican dulces con picante. El chile recuerda la existencia de la contradicción, de los contrastes y que en vida está eterno ni Dios.
05/10/09

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Publicado en Opinión/Cochabamba 06/10/09

Imagen: Inquisición/Grabado de 1736 

Saturday, October 3, 2009

El legado de los dioses/NADA QUE DECIR


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

No tengo intención de usurpar a Erich von Däniken con sus relatos de la presencia de los dioses en la antigua América. Si vinieron marcianos a construir las sociedades andinas más que controversial resulta atractivo, ponerle algo de misterio al aburrimiento que para algunos implica la historia. Dejemos al autor suizo y remitámonos a nuestro más reciente presente -y problema-, el imperio dual de los neodioses: uno aymara otro señorito, en un país que por sus características parece de otro mundo.


Ya lo decía en 1970 el general Reque Terán, entonces

asociado a Juan José Torres, hablando con Ryszard
Kapuscinski, el magnífico periodista polaco. Decía Reque
Terán que no se podía conocer Bolivia en dos viajes (era la segunda visita de RK), y que tampoco "nosotros" la
conocemos. País que se afirmaba no debía existir, pero que dado que existía así debía permanecer, porque no había estado que naciera y luego desapareciera. Peroraba de tal manera a pesar de oír de dónde provenía Kapuscinski. Qué podía saber un general boliviano de Polonia, de la aparición o desaparición de estados, aunque sí de la nebulosa que significaba Bolivia, tierra de ambigüedad, de insensatez, irracionalidad, conjuro, hechizo.

Tierra ardua, perfecta para la creación del mito, ideal con su elevada llanura para que aterrizaran extraterrestres a dictar sabiduría. Si vinieron ¡pobrecitos! se los habrán comido en mankakanca, o los habrán elegido apus para luego traicionarlos y colgarlos como a perros y, con posterioridad, beatificarlos y rezarles por su venia y su bondad. Extraño país, por cierto, donde el comandante del

ejército (golpista) torrista (revolucionario) recibía a los familiares de los guerrilleros de Teoponte para anunciar que no podían devolverles los restos por motivos de "seguridad nacional". "De hecho les dispararon detrás de sus cabezas tan pronto se rindieron. Los cuerpos constituyen evidencia de un crimen, y eso es lo que menos desea el Ejército."(Kapuscinski).

No ha cambiado desde aquellas jornadas, ni cambió desde la asonada a Sucre o el asesinato de Pedro Blanco, ni de la traición al Willca o los espantosos folklorismos melgarejianos, todos asuntos discutibles pero que mantienen un patrón común: incertidumbre.


La elección de Evo Morales, primer presidente indígena (a medias) de un país racista, acompañado por un entre maoísta y altiplánico, cultor de la violencia y adalid de la belleza y el amor (Alvaro García Linera), pareció dar un matiz que se anunciaba diferente. Tristes promesas que la historia avienta de a ratos y que se esfuman como el vapor de una ebullente caldera perecido en la taza de café. Los mencionados, susodichos personajes, se asociaron con simpleza a la tradición del descalabro y su legado será el de aun mayor inseguridad, con la salvedad de que en ellos la hoja de coca, elemento constante y permanente de nuestra existencia, e importante comercio además, se ha tornado prioritaria, exponiendo a Bolivia al asedio de las mafias del narcotráfico que azotarán el futuro del estado plurinacional, convirtiendo sus otrora en apariencia tranquilos paisajes en una nueva Colombia, un nuevo México.


En diez años se percibirá el legado fatal de una política tendenciosa, donde Santa Cruz será Ciudad Juárez y La Paz, Medellín, el mismo Medellín que Fernando Vallejo, con sorna pero con dolor, describe en su incomparable novela "La virgen de los sicarios". Ese es el cometido de los dioses de hoy.

03/10/09

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 04/10/09

Imagen: Alfred Kubin, afiche de exhibición