Tuesday, April 27, 2010

Palabras, palabras/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Me preguntan qué opino del discurso del presidente en Tiquipaya. Respondo que Tiquipaya es muy linda y que debieran darle el Nobel de literatura... a Tiquipaya.

¿Y los Colorados de Bolivia? Lindos trajes, obsoletos, me recuerdan un álbum que coleccionábamos con Armando sobre la independencia americana. Sí, ¿pero y su silencio?, arguye de nuevo el preguntón. Cómo no van a ser silenciosos si hace ciento treinta años que no existen.

Entre la guerra de Ecuador y Venezuela contra Colombia, casi diría un partido de fútbol. En Colombia hay una tradición tan remota como los goles del Charro Moreno en los cuarentas, una victoria aplastante enfrentando a Argentina en el Monumental, el club Millonarios, algunos cracks, el impertinente arquero Higuita. De los contrarios no sé mucho, sólo lo que me dice un astuto y viejo conocedor: crudos. Y poco importa, tanto en fútbol como en guerra, lo que sucede allí. No ahora que los halos de la infancia se pasean por mi cerebro con la voz de mi madre y los pasos de mi padre.

Dicen que por fin Bolivia ha alcanzado un sitial de privilegio en el orbe. Lo dice entre líneas Carlos Mesa. Pero satélites y misses universo en bikinis de aguayo no implican más que arrebatos folkloristas para mí, incluso si gobernantes participan. Cuando Bolivia pueda preciarse de grandes científicos, notables artistas, Dostoievskis vallunos y Van Goghs aymaras, o hasta de un gran saltador de garrocha, un delantero, un nadador, podremos conversar. De qué sirven, me pregunto, aviones chinos y misiles rusos si se carece del material humano para manejarlos. Y que los militares bolivianos, y los hombres bolivianos, son los más machos del mundo, mentira. Miren nomás como traen a los temibles orientales, como quinceañeras del ruedo del vestido.

Hay que considerar muchas cosas antes de lanzar arriesgadas apreciaciones de elogio. Si el pueblo rebuzna, es porque le dieron heno. Y si lo hacen los intelectuales es porque plata quieren o plata reciben. La desconfianza construye sólidos castillos; de arena los levantados con mentiras e idiosincráticos espejismos como viene al caso.

Si contemplo Tiquipaya veo cuánto ha cambiado. Sigue verde, porque este color tiene fama de persistente, pero no es lo que yo viera los domingos cuando en familia caminábamos de arriba abajo aquel fantástico valle, más que el de Richard Llewellyn como nos leía mamá. Ahora es aún precioso mas con un tenue tinte y aroma de mierda, del ánimo de la población que se les va por el culo a tiempo de evacuar comidas y sentimientos, como los de los "activistas" del mundo que vinieron a asimilar un efímero paraíso de droga y sexo mientras se despotrica (con razón) acerca de aquellos que destruyen el planeta, y que no son -vamos- peores que éstos.

No queda tiempo ya para cancioncillas revolucionarias, de bombo y sonaja. Los años sesenta se pudren con los últimos acordes del Sargento Pimienta. Hoy el beatle Mc Cartney cuesta setecientos millones de dólares. El verano del amor es un invierno bajo cero. Por San Francisco se pasean los yuppies ajenos a cualquier efluvio de revolución, y los revolucionarios bolivianos se arrodillan en Washington pidiendo inversiones para continuar su chillido. Eduardo Galeano lo sabía cuando escribió "Patas arriba", la misma posición en la que él, iluso, se encuentra cuando habla de Bolivia.
26/04/2010

Publicado en Opinión (Cochabamba), 27/04/2010

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Imagen: Ryan Larkin/Male Nude Walking on Pebbles, 1967-1976

Tuesday, April 20, 2010

Lo invisible/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En este mundo donde ya nada es lo que fue, y nunca fue lo que dijo ser, cualquier energúmeno puede darse de profeta proteico. Sun Myung Moon, el discutido cultista y dudoso santo, parece quedar en la memoria de la historia. dando lugar a nuevos y extraños entreverados de misticismo y política, acordes con la desintegración acelerada del planeta, que reemplazan su otrora original maraña oriental.

Sumí los últimos meses en leer detalles de la conquista de México por Hernán Cortés. En Francia han salido biografías que ya no sólo tildan al conquistador de expoliador; también lo ensalzan, y se animan a sugerir que en él yacían los gérmenes del mestizaje que ha hecho de nuestra América un caso tan especial. Tal vez México, el de hoy, vivió en pensamiento o como visión en el destructor del imperio mexica, y su gran recordador.

Cortés hubiera sido imposible sin la colaboración indígena. Ya estando España en las islas, era cuestión de tiempo que los castellanos lanzaran expediciones de reconocimiento y conquista. El destino de los nativos del Nuevo Mundo estaba sellado en esos términos. Cortés catapulta el desenlace, como lo hará después Pizarro, con ingenio y dotes de intriga y política. Pero sin Cempoala, Tlaxcala, Cholula, Texcoco, por citar nombres notables, hubiese perecido con los escasos subordinados españoles ante el imponente potencial bélico de los aztecas.

Luego de la Noche Triste, donde se arrojan números de cientos de ibéricos y miles de tlaxcaltecas muertos, Cortés se retira derrotado a Tlaxcala, donde es bienvenido, se reagrupa y lanza el asedio final contra Tenochtitlán con alrededor de 80000 aliados indígenas, los ya citados más la feraz unión de Iztapalapan, Chalco y otros. La lujuria de poder de los mexicas fue la que los consumió en el fuego y la total destrucción. Los antecedentes son vastos, vastos y contradictorios como Cholula, donde Cortés masacra y encuentra una de sus más firmes alianzas.

Hernando Pizarro se lanzó contra Ollantaytambo con 30000 mil nativos que querían ver al imperio incaico deshacerse: huancas (aguerridos y antiguos quechuas del valle del Mantaro), cañaris del Ecuador, chachapoyas de la ceja selvática. Iban 100 españoles...

El poder, mesiánico, militar o de cualquier tipo es en sí inestable. peor si es instrumento de castigo y terror. No hay eternidades, ni la del Hijo del Cielo, y si se sucumbe al mareo del dominio se navega en aguas peligrosas. Lo entendieron los que vieron a Alemania derrotada cuando comenzó a avanzar el rodillo ruso en el este. Los que no, terminaron rociados de gasolina en un triste patio de Berlín, o se mecieron como frutos maltrechos en las sogas de Nüremberg.
19/04/10

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 19/04/2010

Imagen: Lienzo de Tlaxcala (s. XVI)/La Noche Triste

Monday, April 12, 2010

Las guerras del terror/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

León Tolstoi relataba en "Hadji Murát" el fin de un caudillo checheno con ribetes de tragedia, nobilidad, en el aún no resuelto problema de aquella región del Cáucaso norte.


Desde los recuerdos juveniles del gran escritor, presente en los acontecimientos durante una campaña zarista contra los chechenes, mucha agua ha corrido... y mucha sangre. Vino la revolución, la autonomía por un lado y la prolongación del yugo ruso-soviético por otro. Stalin, la guerra "patria", la Perestroika, Yeltsin, Putin, añadidos al incremento del fundamentalismo islámico wahabi dentro de la sociedad musulmana chechena, suni y sufí, ajena esta última a las expresiones extremas de sus hermanos en religión del Oriente Medio.


Chechenia vuelve a ocupar las noticias con los atentados, y autoinmolación, de dos jóvenes mujeres en Moscú. Difícil no ubicarse de lado de un pueblo minoritario que brega con un monstruo imperial como es el caso, así como difícil desechar el derecho afgano a defenderse de otro ser de mil cabezas -los Estados Unidos- y en oposición a un régimen títere y corrupto (dígase Karzai).


Difusos son los antecedentes de independencia hablando de Chechenia. En realidad casi un mito. Hay autores que sugieren luchas entre señores de la guerra -igual que en Afganistán-, donde la idea de estado propio se desvanece ante la ambición, el poderío militar, económico, etc. de dirigentes locales que menguan en lo fatídico de la guerra y el caos, y que, de manera similar a Putin en su momento, no desean la solución del conflicto y menos un país de sobriedad y autonomía. A ello se ha venido a sumar el apoyo contante y logístico de grupos fundamentalistas del Islam, caso Al Qeda, que tratan de convertir la eterna convulsión del Cáucaso en extensión de su no muy "santa" guerra. En cierta manera, Rusia y Europa- ceden Chechenia a las logias del terror y, cuando suceda, será ya irreversible y se podrá contar con un frente incómodo y persistente.


El concepto de "terror" es demasiado ambiguo para utilizarlo de manera simple, así como el de "revolucionario". Sorprende, por ejemplo, la obvia conexión de las Brigadas Rojas con la extrema derecha masónica en el asunto Aldo Moro, demócrata cristiano cuya osadía de incluir a los comunistas italianos en el gobierno le causó finalmente la muerte. O la contradicción, al menos aparente, de las FARC y el narcotráfico. Y sinnúmero de muestras a cual más rara.

12/04/10

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 13/04/10

Imagen: Ruinas de Grozny

El ecléctico Franz Tamayo


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Merodeando entre antigüedades en internet, un objeto me llama la atención: dice “medalla antigua de Franz Tamayo, Bolivia”. Cuando entro al sitio descubro que el pequeño metal reproduce los rostros del Káiser Guillermo II en la parte superior y el de Francisco José I abajo. Hay un nombre borroso: “Franz” (Franz Joseph, emperador de Austria evidentemente), marcado. De ahí la relación con Franz Tamayo, la adoración -diría- de un ignoto e ignaro vendedor por aquel hombre extraño que fue Tamayo. Para él, el lugar de descubrimiento de la pieza, Bolivia, y un nombre, Franz, sólo podrían guardar un único y seguro vínculo, que aquella era una medalla de homenaje al autor paceño.

Esta extraña historia es sin embargo emblemática, refleja al aún hoy desconocimiento del hombre y del escritor. Casi todo sobre él se ha guiado por decires y su trayecto en medio de idolatrías insensatas y no menos insensatas críticas queda como un rasgo borroso en una superficie penumbral, un nombre grabado en una moneda intemporal.

Se ha diseccionado su obra, como supongo las necesidades del conocimiento obligan, y no se decide nadie, en singular afirmación, a centrarlo en sí mismo. Modernista, clasicista, indigenista, débitos verbales hacia un mundo angurriento de clasificaciones. ¿Qué es Chagall? ¿Un pintor ruso, uno judío, un miembro más de la Escuela de París? Todo eso junto; Chagall como representación de la antigua Vitebsk, dormida sobre el Dnieper, un cúmulo de historia y etnicidad, de religión y farsa, de ostracismo y pertenencia.

¿Tamayo? ¿Aymara con aires de griego como pretende alguna burguesía insulsa? ¿Europeo -en pensamiento- encadenado en las vertientes del Ande? Ante todo poeta, uno que sugirió a Borges, recordando algún verso, un hálito brillante acerca del poema y la poesía.

Líneas que figuran sociedades ancianas, la búsqueda -feraz y válida- de inspiración en el mundo helénico con un toque casi imperceptible quizá para quien no cuente con indio en las venas, del deslumbramiento de las sociedades “primitivas” ante el mundo. La reunión, Tamayo, del intelecto y del asombro.

Despierta el poeta, abre la ventana y observa la masiva belleza del Illimani. Es América, un mundo joven, y su ímpetu clásico sufre el influjo de la ostentosa geografía. El Illimani, sólido como peñón que divide cielo y tierra, tan lejano y tan distinto del humilde Olimpo heleno donde moran los dioses. Esa roca que horada el horizonte, casi mágica, desdeña ser habitada por hombres o divinos. No se razona sobre ella; se siente.

Tamayo bebe de ambas fuentes, del arroyo tranquilo de la Hélade, suave como láudano, y del torrente andino. Juega, y ahí lo comprendo, lo descubro, lo aprecio, con esa rica simbiosis. Recurre a William Blake como al viejo Vizcacha, al tango y al huayño, a Baudelaire y a la escondida serpiente de los aymaras, aquella que el tiempo ha tatuado, y continúa, en bellísimos awayos de Charazani.
24/07/06

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Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), julio del 2006 y 12/07/09

Imagen: Franz Tamayo

Con Obama ganamos todos


A Emi y Aly, a quienes pertenece el futuro

Una viejísima caricatura tenía a Mohandas Gandhi diciéndole a Martin Luther King: “Lo malo de los asesinos, Dr. King, es que creen haberlo matado”. Hoy, cuatro décadas después de la muerte de aquel gran hombre de color, nunca se ha hecho más concreta tal sentencia. 
Barack Obama, hijo de africano y de norteamericana, de raza mezclada, “impuro”, y cualquier epíteto que quiera dársele, se ha convertido en el presidente del país más rico y poderoso del orbe. Lo paradójico es que él, que arrastra historia de siglos de humillación, llega para salvar a un sujeto desgastado en sus odiseas de gloria, en intereses privados de grupos que desean quitarle aquello que fue siempre -no siempre justo- su característica de país diverso y de oportunidad. Lo malo de los asesinos, Dr. King, es que siguen creyendo que lo mataron y hoy, noviembre cuatro del 2008, año del desasosiego, el abandono, la derrota, la incertidumbre, crece su sombra y se expande no sólo entre la población negra, sino el país entero, con énfasis especial en las minorías, y en la voluntad de que aquello que cayó se puede otra vez levantar o que sobre las ruinas del pasado se construyan inamovibles fortalezas. Hablo de esperanza.

Fuera de la notable personalidad del individuo en sí, y de sus triunfos ante la adversidad, la victoria del candidato demócrata abre una ruptura decisiva con el pasado. En su persona se encarnan los deseos y aspiraciones de los desvalidos, los desposeídos. No importa que sea abogado, ni que venga de Harvard;  es, ante todo, un negro que con tesón y gran dosis organizativa tendió el puente sobre el que montamos en muchedumbre. 2008, el año en que los Estados Unidos renuevan su voto pluralista, que, seamos francos, muchas veces ha sido exclusivo suyo, elusivo para el resto del mundo, parcial, unilateral, hasta hipócrita, pero que adquiere hoy una silueta más precisa, que promete enfrentar el drama económico-social que se desata imperceptiblemente sobre esta gran nación y con secuelas mundiales.

Labor nada fácil. Sin embargo, un Congreso mayoritario le dará poder que no tuvo otro presidente cercano. Observando la vigilia del Partido Republicano en Arizona, aguardando un milagro que los dioses de Sarah Palin no les brindaron, y la multitud reunida en Chicago, estamos ante dos Américas:  una que muere, la del blanco viejo, conservador y racista, y la otra que ya nació hace mucho pero que comienza a vivir, la del país diverso, multicolor, plurilingüe, con voz y voto.

A partir de Barack Obama vendrán los presidentes norteamericanos futuros de origen nigeriano, de las plantaciones esclavas del sur, de los braceros de California, de los atestados barcos de Shanghai, de los nietos del Vietcong que sobreviven empaquetando periódicos en las noches de Denver, de los humillados de Wounded Knee. A partir de Barack Obama se reescribe la historia, ya no solamente del lado de los vencedores, de los detentadores del poder, sino de los vencidos, de los humillados, de los alcoholizados amigos negros que agonizaban en el Distrito de Columbia, de los salvadoreños escapados del horror, de los mexicanos que aún hablan zapoteco y son pequeños de estatura y trabajadores, de los cochabambinos que de rodillas limpian letrinas de restaurantes. Friedrich Nietzsche decía que "el hombre del futuro será aquel que tenga la más larga memoria". Y no hay memoria más larga que la del pobre, porque es la memoria del dolor. Lo clamaba aquel dramático crucificado en su poético Sermón de la Montaña: Bienaventurados los pobres, porque de ellos será el reino de los cielos. Quería decir el Cristo, ya que cielo es una compleja palabra que reúne aire, gases y sueños de enamorados -no existe como concepto-,  que de ellos, de los miserables, será el reino de este mundo.

Adversarios de Obama mencionan a Jimmy Carter redivivo en negra figura. Claro que no. Obvian la secuela histórica que sigue esta elección; algo que Carter no disponía. Aquí se jugó más allá de una contienda de partidos, o dos conceptos económicos (no hay tal). A nivel superestructural (¡!) el cambio es radical. Y en ese sentido, de entrada, se considera ya un gobierno emblemático. Ahora cabe esperar que, fuera del ímpetu mesiánico general, se concreticen promesas, que terminen las guerras y se invierta ese dinero utilizado en el absurdo en educación y progreso.

Recuerdo a mis amigos negros de los primeros años, en las noches lejanas de Washington DC. Ellos, si viven, festejarán con bebidas baratas en la calle H. Rosselle Huston, Big Mike, Joe Day, Sweet Pea, Wayne, Ernst, Charles se habrán de algún modo reivindicado anoche y el amanecer del abasto tendrá otro color.
5/11/08

Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), 12/11/08
Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 11/08
Publicado en Los Tiempos (Cochabamba), 11/08
Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Sucre). 11/08

Imagen: Afiche en Swahili (¡Sí se puede!)

En la muerte de Solzhenitsin


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Leo los reportes acerca del fallecimiento de Alexander Solzhenitsin. Todos confluyen en el rol que le tocó jugar como ‘la conciencia de Rusia’. El premio Nobel sigue la tradición de los literatos rusos, que, casi siempre, o eventualmente, tuvieron papel en el desarrollo de las ideas políticas del país, desde Pushkin, pasando por Herzen y Tolstoi, hasta hundirse en la profunda y amarga marea que significó la república de los soviets para el arte, y de la cual surge este autor, matemático y capitán del Ejército Rojo, con letras de denuncia e irreverencia, además de la reinstauración del adecuado lugar para el escritor en Rusia.


Lo que se obvia en las noticias de hoy es que con Solzhenitsin muere el último gran realista ruso, en la tradición -otra vez- de Dostoievski, Turgueniev y Tolstoi, de Chejov e ¿Iván Bunin?; una figura que rescató las letras rusas de cinco décadas de humo. 
Luego de un efímero estallido de creatividad, después de Octubre de 1917, los escritores de Rusia, ya Unión Soviética, resbalaron por la viscosa barranca de la mediocridad hacia el olvido y la muerte. El fusilamiento temprano del marido de Ana Akhmátova, el poeta Nicolás Gumiliev, en 1921 por actividades "anti-soviéticas", previó la masacre que sobrevendría: Babel, Pilniak, Meyerhold, Mandelstam sucumbieron entre otros. Maiakovski se suicidó, quiero creer hastiado por un previsible futuro. Pasternak fue acallado; Shklovski eligió el ‘exilio’ y retornó; Merejkowski encabezó combatientes ‘blancos’ contra los bolcheviques; Ehrenburg derivó su arte en notables trabajos autobiográficos; Sholojov representó al régimen; Alexei Tolstoi lo asimiló; Gorki fue asesinado por órdenes de Stalin. 
Después el silencio, largos años de letra insulsa, de loas al régimen, de culto a la personalidad, de aburguesarse en lo cotidiano, detalles ajenos a la imagen del escritor ruso, a la sátira imbatible de Gogol, al elogio de la individualidad de Andreyev. Allí emerge Solzhenitsin, de aquella larga sombra que se tendió por sobre los abedules como un triste poema de Esenin.

El GULAG, acrónimo de la Dirección Principal de Campos de Corrección Laboral soviética, aparece primero, algo velado y con la anuencia de Jrushov, en "Un día en la vida de Iván Denisovich". Pero son las novelas "El Primer Círculo" y "Pabellón de cancerosos" que sitúan, fuera de sus altas connotaciones políticas, a Solzhenitsin en la primera línea de los grandes realistas rusos. 
Bastaron para su gloria literaria, pero él, viejo monje medieval que parecía ser, no se arredró ante el desconcierto de las autoridades y prosiguió una campaña crítica acerca de la falsía del Estado. Páginas del "Archipiélago Gulag" aparecieron subrepticiamente en el extranjero y su expulsión de Rusia sobrevino al desenmascarar la parodia criminal del comunismo de la que ya habían hablado Margarete Buber-Neumann en 1948, Vassily Grossman relatando la política genocida del Holodomor en Ucrania o, dos décadas más tarde en el campo literario, los magníficos "Cuentos de Kolyma" (el campo de concentración) de Varlam Shalamov, poeta sobreviviente del Gulag y conocido del escritor.


¿Era ambiguo Alexander Solzhenitsin, o solamente controversial? Un autor que dedicó su vida a combatir el totalitarismo, desmereció la política de Gorbachov como ‘irresponsable’, al igual que la de Yeltsin, y modeló una amable relación con Vladimir Putin, puede ser ambas cosas. Pero ése es el hombre. No olvidemos que el gran Gorki, durísimo crítico de los errores soviéticos, tenía, al igual que Isaak Babel, cierta relación con Yagoda, jefe de la NKVD y uno de los fundadores del Gulag.
Solzhenitsin denigra el papel de octubre del 17 como punto culminante de la revolución. Arguye que la verdadera revolución fue la de febrero, que instaló al gobierno provisional de Kerensky, en cuyas deficiencias el novelista encuentra los gérmenes del posterior ‘golpe de Estado’ bolchevique, brillantemente concebido, eso sí, por la mente de Trotsky, y afianzado por el no menos brillante Lenin. Pero fue febrero la ruptura con el antiguo régimen, no octubre. Afirmación que se puede discutir y que no es necesario validar ya que la historia puede verse desde distintos ángulos sin que uno opaque al otro.


"Agosto 1914", novela monumental de los inicios de la Guerra Europea, carga un dejo de nostalgia, del cual se ha acusado repetidas veces a Solzhenitsin, pero Joseph Roth escribía sobre el Imperio Austrohúngaro con similar melancolía. No es extraño cuando algo sólido termina, porque en la pérdida de esa seguridad, así fuere aparente, viene la resaca de la confusión y la tierra de nadie donde nada crece y nada se crea. Por ello Alejandro Solzhenitsin, hablando de la literatura rusa contemporánea, y justificando el inmenso vacío en Rusia, analiza que las grandes obras han sido creadas en vastos períodos de estabilidad. Si pensamos en el Quijote, sito en una poderosa España, o en el Shakespeare isabelino, o en el multifacético y grandioso Portugal de Camoens, creemos que tiene razón.
 El adiós a Solzhenitsin es un adiós a páginas que surgieron a mediados del siglo XIX, a la autoría y práctica de intensos hombres, gigantes en y por sí. Él pertenece a la esencia de Hugo y Tolstoi, a la estirpe rebelde de Dostoievski y Balzac.
06/08/08

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Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), agosto 2008
Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), 2008
Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Sucre), 2008

Imagen: Portada de una edición norteamericana de sus textos breves

Tuesday, April 6, 2010

Aburrimiento/MIRANDO DE ARRIBA


La lógica apuntaría a escribir un texto sobre las elecciones en Bolivia. Pero la retahíla de ambigüedades, y sobre todo de sucesos rimbombantes, me aleja de comentar la importancia que tenga un mal folklorista como alcalde, o el trabajo de zapa utilizado en Pando para dar visos de normalidad a anómalos acontecimientos de un anómalo país.
No es que Bolivia sea en exceso distinta a regiones como Haití o Afganistán, donde la cronología del tiempo parece no prestar atención a si se desarrolla hacia el futuro o hacia atrás; es que Bolivia es donde nacimos, y tierra además tan nuestra en tal vez un infinito mestizaje y difusos rastros como lo sea de Cocarico o Shiriqui. Entonces nos preocupa, aunque si recorro las cinco décadas de via recuerdo un país por siempre igual, siempre injusto, siempre pobre y limosnero, incluso con la fantasmagoría del narcotráfico que inventa bonanza inexistente.
Por instantes se intuyó la palabra "cambio" como luna brillante que pendía de la oscuridad del cielo boliviano. Ese mirage, espejismo, pasó para dar lugar a la obsoleta razón de ser lo que somos: nadie y nada, a un entrevero de delitos e ínfulas de poder, a prebendas, a pegas, a parientes y amigos en posiciones de robo, a expoliar con ganas lo que dejaron derecha e izquierda, a desechar los logros del estudio y la investigación, a primar lambisconería y ritualismo por sobre eficiencia y decencia. Así para qué escribir. La inercia da espaio a la desidia, al aburrimiento, a pensar que cada país tiene lo que merece, y que mejor que Morales y su jauría no puede haber para Bolivia, porque no sólo es su mayor sino su mejor representación.
Ni ponerse a ilusionar. Para qué cuestionar o planear acerca de un futuro que allí se maneja con propia dinámica: ilógica, primitiva, irracional. En este suelo no vale la pena tirar los dados, porque tierra que se mueve vuelca el azar de los números. Dejemos a la sanción de la historia desarmar las naciones que balbucean; para qué perder el tiempo -no por oro, pero sí conocimiento- con papeles multicolores que nada implican, y ocuparnos de asuntos que atañen a la globalidad de la supervivencia del orbe. Los curacas caerán por su peso, ungidos de su abismal ignorancia y de impericia para crecer con el mundo. Que sus mantos son de grama y los tronos de arenilla. Y su discurso no existe porque carece de la estructura del lenguaje y el sostén del pensamiento. Son como cabritos que balan porque tienen que balar.
5/4/10

Publicado en Opinión (Cochabamba), 6/4/2010
Publicado en El Nacional (Tarija), 9/4/2010

Imagen: La corte de Satán

Thursday, April 1, 2010

Escribir viajando


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En 1977 Bruce Chatwin escribió un notable libro: In Patagonia, sobre el cual Paul Theroux, maestro del género de literatura de viajes, dijo: “Excitante, tempestuoso y bizarro”. Todo eso hay en sus páginas, en cuya bibliografía se incluyen las Aventuras de Arturo Gordon Pym (1861), de Allan Poe, así como el recuento patagónico, y revolucionario, de Osvaldo Bayer, relatos náuticos, Manuel Rojas, W.H. Hudson y más.., con temas como Darwin en la Tierra del Fuego, los anarquistas expropiadores, las tribus, Butch Cassidy & Sundance Kid (que desaparecieron a manos del ejército boliviano en 1908), Florentino Ameghino y la prehistoria de la región.


Desde su niñez, un trozo de piel perteneciente a algún animal antediluviano proveniente de la Patagonia despierta la curiosidad del autor, y, bajo ese original pretexto, se desarrolla un sinfin de interesantes apreciaciones.


Este argumento inicial, el de un extraño trozo de cuero no petrificado -como perteneciente a una especie viva-, es el que toma Paola Kauffmann en su novela El lago (Premio Planeta, 2005; Premio Casa de las Américas, 2003, con La hermana, bajo el nombre de Paola Yannielli). Aunque la contratapa y los sitios web aseguran que se basa en parte en los relatos del monstruo del Loch Ness, su origen está en la Patagonia de Chatwin. No implica plagio; Kauffmann extrae la idea y la desarrolla con su propia estructura ficcionalizada, completamente diferente a la del autor británico. Como en el lago escocés, en la autora argentina la mítica presencia de este ‘ser’ podría tratarse de un brontosaurio, mientras que en Chatwin terminamos con parte de un milodonte de alguna cueva en las estribaciones andinas, donde, por diez mil años, han dormido restos de animales protegidos por el frío, en una frescura que los hace parecer modernos y que despierta en la tradición india local leyendas de seres extraordinarios. Como nota triste vale anotar que la promisoria escritora nacida en General Roca murió de cáncer en Buenos Aires, septiembre del 2006, a los 37 años.


El relato del viajero comienza en las fronteras del Río Negro y avanza hacia el sur, alternando costa con el centro mediterráneo, los Andes; retorna al mar hasta el magnífico y abrumador estrecho y sube hacia Chile, siguiendo los pasos de un personaje a quien se asocia el trozo de piel. La historia es muy inglesa y -sin tocar las Malvinas o Falkland- Bruce Chatwin descubre un horizonte latinoamericano plagado de europeos: muchos ingleses, galeses, alemanes. Retoma la gran tradición británica de narraciones marítimas y exploratorias y es tal la soledad y el aislamiento de la región que pareciera que aún el Beagle, el barco en que viajaba Darwin, continúa flotando en sus aguas.


Sus avatares de viajero describen una región que se abrió, luego de la exterminación del indio, a la inmigración, y donde familias como los Menéndez-Braun monopolizaron el negocio y trata de ganado lanar.
 Compromisos y explotación capitalistas derivaron en huelgas y rebelión, seguidas de feroz represalia por parte del ejército al servicio de los grandes capitales. Allí el autor interpone la figura de un héroe, Kurt Wilckens, que ajusticia al principal represor, teniente coronel Varela, en la capital.


Otro anarquista, que le merece un capítulo entero, es Simón Radowitzky, quien arrojara una bomba al coronel Falcón, represor de los obreros durante la Semana Trágica. Radowitzky fue sentenciado a muerte, pena condonada por su edad, y luego transferido a Ushuaia, penal helado donde en su existencia alcanza visos de mártir.

Abundan los detalles históricos en la obra, junto a los anecdóticos; vidas extravagantes como la de Orélie-Antoine de Tounens, "rey" de Araucania y Patagonia (de quien se hizo una excelente película en la Argentina), junto a la de oscuros marinos, peones chilenos, estancieros galeses, etc; un universo escondido en el fin del mundo y con historias que parecen sacadas del pasado, que permanecen frescas como la piel prehistórica que arrastra a Bruce Chatwin en su aventura del sur.

05/05/09

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Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), mayo 2009
Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Chuquisaca), mayo 2009

Imagen: Bruce Chatwin, por Shawn Yu

Disidencias/MIRANDO DE ARRIBA


Cuatro mujeres mineras iniciaron el proceso de derrumbe del tirano Bánzer. Gandhi derribó un imperio con un huso casero. Historias similares llenan las páginas de los libros, Imágenes televisivas, músicas. Parece que el turno le tocó a Cuba hoy, con el movimiento de las "mujeres de blanco", cuyas aspiraciones, y las de sus familiares presos -y dejando ortodoxia a un lado- valen en cuanto es derecho inalienable disentir, contra el gobierno que fuere, y por más moral que éste reclame para sí.
De la misma forma que hay que defender a los cinco cubanos presos, por tantos años de la estulticia desmedida y premeditada de Norteamérica, también hay que hacerlo por otros de incluso diferente ideología. Es el caso.
Cuba comete un error notable. Ya no es el tiempo en que se podía alegar un ataque directo del imperio. Por el contrario, lo que el gobierno de la isla hace hoy es abrir un flanco por el que va a entrarse lo que no querían que entrara. Un asunto que pudo ser resuelto con inteligencia amenaza convertirse en la chispa final del socialismo allí.
Ya no son unas pobres mujeres agobiadas y desesperanzadas las que se agitan. Ha comenzado a movilizarse un monstruo, pudiente y poderoso, en los Estados Unidos, a través del clan Stefan (Emilio y Gloria Stefan) cuyos ánimos en apariencia humanitarios tienen como objetivo final el retorno de los oligarcas a un país que si bien se debate en serios desvíos de lo que debiera ser socialismo, logró innegables victorias. El frente se ha ampliado, y el poder propagandístico de un movimiento (en el norte) supuestamente espontáneo y popular crece en intensidad y sugiere ser intenso.
Los votantes cubanos en los Estados Unidos son fuerza de consideración. Allí perdieron Gore y los demócratas la presidencia el 2000. Allí es donde se incuba la nueva élite latinoamericana, la que dicta las normas a través de sus espacios televisivos, la que domina el comentario -parcial- y la que imita la ostentación del gringuerío rico para inventarse uno local donde la llamada "gusanera" representa la flor y nata de la nueva aristocracia inmigrante: los Stefan, Thalía, y miríada de famosos que han hecho de Miami la capital del sueño latino, la urbe -ignorante y consumista- donde se cuecen los destinos de la América al sur.
No hay mal ni bien que duren cien años afirma el saber de las masas. Y en verdad los hombres parecen no comprender la esterilidad del esfuerzo de perpetuarse en algo. Al crucificado esta perpetuidad le costó la muerte. Pero siguen los casos clínicos como Chávez y Morales que por ceguera congénita o por absoluto desconocimiento de la historia, quieren confirmar lo inconfirmable. O García Linera que adoraría convertirse en otro Presidente Gonzalo, sin darse cuenta de que aquel animal llamado Abimael Guzmán vive hoy y para siempre como perico en una jaula. La ambición, y el creerse irremplazables son males comunes a todos, pero mientras unos los soslayan con una vida normal, otros los persiguen hasta la estridencia y en vano. De qué sirve un espacio en la historia si luego de esto sólo hay polvo: ni paraísos, ni vírgenes, ni vida eterna ni reencarnación. Poco cuesta encumbrarse, y mucho caer.
Los golpes se esperan del lado más poderoso y peligroso. Táctica y estrategia se especializan para ello. El gran imperio británico tenía fuerzas para combatir al mundo, riquezas para inundar. No fueron ejércitos los que lo destronaron sino un pequeño y hambriento fakir. A veces la imagen del fakir se convierte en un predicador negro; otras en simples mujeres.
28/3/2010

Publicado en Opinión (Cochabamba), 30/3/2010

Imagen: Alfred Kubin/El último rey, circa 1902