Tuesday, April 30, 2013

El fantasma del socialismo/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El inicio del Manifiesto Comunista es de antología. Está entre los grandes momentos de la palabra escrita. Es literatura. La pregunta, retornando a la realidad, es si ese fantasma del comunismo continúa trashumando la tierra.

Susan Richards, autora inglesa, relata en su notable Lost and Found in Russia (Vidas en un panorama post-soviético) que la amiga ruso-alemana que la acogía había conocido (en la URSS) la naranja, el fruto, ya bien entrada en edad. Sucedió que un tren de naranjas del Asia Central que atravesaba esa región del Volga descarriló. La nieve cubría el paisaje y el espectáculo de la avalancha colorida sobre lo blanco chocaba. El cargo se destinaba a la élite del Partido, porque el pueblo de a pie, incluso en una zona que en su tiempo había sido pródiga, y hoy destruida por el poder soviético (para romperle el espinazo a la minoría germana), jamás había conocido, y menos disfrutado, un cítrico.

Disfruté, en Cuba, opíparos desayunos que incluían hormas enteras de roquefort. Cuando hablando con un literato local le sugerí que me parecía indecente que comiésemos así cuando se racionaba a la población, me contó que “cuando estaban los rusos” llegaban delicias de todo el mundo para satisfacer su demanda y hacerles buena la estadía. Hablando de quesos, dijo que un desayuno soviético en la isla contaba al menos con una variedad de siete de ellos. Agarré el cuchillo y esparcí el cremoso color azul del roquefort sobre el pan francés. Al lado había jamones, salchichas, camarones, langostinos, frutas de todo tipo, papas tostadas, sopas, verduras frescas, tres cuatro calidades de pan, galletas, jugos, leche verdadera, café verdadero, té. El aire era ameno. Afuera corría el viento sobre la hermosa bahía de Cienfuegos; afuera, si me alejaba del hotel, de inmediato, pobladores se acercaban y me pedían la camisa, mis zapatos, el lapicero que sobresalía del bolsillo ¿no tiene un chicle para regalarme? No soy desagradecido, que mucho agradezco a la bella Cuba, pero digo lo que vi. Élites y míseros ¿En qué se diferencian entonces izquierda de derecha, unos de otros?

Un pintor venezolano me reclama airado que cómo oso hablar como hablo de su revolución. Reflexiono; a veces es bueno dominar los impulsos de zaherir a las personas, a los tontos para quienes el análisis está más lejos que la luna y que se guían quizá por instintos venales, incluso tal vez ingenuos, ofuscados y ciegos. Lo intento calmar. Sucede que el razonamiento es algo que muchas personas no han encontrado. Difícil que las haga cambiar de posición, si esta, como es el caso, no pasa de espejismo, patología militante, pero que sienten la estocada de la razón no hay duda.

Hay la mala concepción de que América Latina abraza hoy el cenit del pensamiento revolucionario hecho gobierno. A los ilusos de Europa les encanta creerlo, en primer lugar porque no tienen que sufrirlo en carne propia. Y a los nativos, basándose en estadísticas, les subyuga “saber” que forman parte de un proceso altruista. Las cifras muestran que se redujo el número de pobres. Puede ser, y felizmente; la clave está en cómo se disminuyeron, porque la única forma válida debe ser la de proveer fuentes de trabajo. El asistencialismo, la limosna, además de tendenciosos no sirven. Los bonos no educan para el progreso sino para la inercia. Proveer de tal manera es inhabilitar. Crear dependientes, más peligrosos que con adicción cualquiera, para quienes el Estado es padre y Dios, y por quién darán la vida para proteger sus miserables prerrogativas, mientras los jerarcas reciben vagones de naranjas, envíos de roquefort, o se compran hummers, visitan Disneylandia, ostentan relojes y collares de cientos de miles de dólares como lo hace la dinastía Chávez, gracias a la actitud reaccionaria de aquel individuo bocón y cantador que se hacía pasar por comandante del pueblo. Esas son pendejadas, diga lo que diga el pintor.
29/04/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 30/04/2013

Imagen: Escena del filme Sweet Movie, de Dusan Makavejev, 1974

Sunday, April 28, 2013

Joe Day/CUADERNOS DE NORTEAMERICA



Claudio Ferrufino-Coqueugniot

He tardado en escribir sobre Joe. Lo imagino -todavía- sentado en el terraplén de carga, con su máquina calentadora, lanzallamas, ahora en invierno. Habrá hielo en el embarcadero, y Joe gritará a los nuevos peones para que lo rompan y se pueda caminar.

"Tráeme un bolsa de papas, dos cajas de lechuga y una caja de pepinos, tú, de cara cómica, hijo de perra..." Así manda Joe Day en el modo de hablar del bajo. Eso y más.

Al amanecer trepa al camión, con Big Mike. Lleva siempre algo de mala droga en el bolsillo. En la esquina ve a dos muchachas flacas, ansiosas de crack. Las suben, y mientras Joe maneja Mike se relaja con ellas en la parte de atrás. Intercambian; regresan después de mediodía, fucked-up, alegres y de vidriados ojos, para compartir cervezas.

En el mercado del Northeast los cuchillos de Joe Day tienen fama.

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 07/02/1992

Friday, April 26, 2013

Madurazo/MONÓCULO


Igual a un cáncer, además del fin de la izquierda latinoamericana como representación popular, ha significado la ascensión del imbécil al trono de Venezuela. La boliburguesía contenta; los nuevos y no ilustrados caballeros medievales disfrutan los feudos. El dinero alcanza cifras impensables; una columnista del Times decía que Bolívar había muerto pobre y Chávez rico. No es casualidad, hablamos de dos cosas absolutamente distintas. Bolívar construyó un continente, que se lo arrebataron de inmediato. El coronel destruyó un país pero consolidó fortunas, la suya y la de los cercanos. Por un lado están los sueños; por el otro el robo.

Pero no hay muerto malo, dicen. Y al malo hasta lo han vuelto inteligente, brillante, capaz, supremo. Sin comentarios, porque hay demasiados y no muy decorosos.

Se creería que Brasil, siendo la potencia que es, habiendo entrado a un club privado de gigantes, tendría otros criterios fuera de lo económico para juzgar su posición frente a Venezuela. Pero Brasil sigue perteneciendo al gremio de los arribistas, también de los arrimados, y no puede soslayar ese tercermundismo que le pesa como condena. Pertenece todavía al grupo de “amigos”, aunque se vea y se haya visto que estos sujetos no riman con decencia y menos con transparencia (¡qué viva la democracia!). Las malas lenguas, por lo general buenas, hablan de oscuridades y espectros, de maniobras y corruptela al más alto nivel en Itamaraty. ¿Sociedades secretas con los ladrones de Caracas? ¿Dineros compartidos con el kirchnerismo financiero? ¿Cuotas del narcotráfico donde sabemos? No sé, solo que a Brasil le falta mucho para un nivel de pensamiento y acción que condiga con su poder.

Sin entrar en detalles de quiénes arribaron a los gobiernos de Honduras y Paraguay, Brasil y los que lo secundan -o lo mandan- fue inflexible. La razón está en la falta de peso, la pobreza de estos países. Al pobre hay que darle con todo. Al rico, así sea un chofer dedicado al dramatismo barato de novelón, y no porque sea chofer sino por serias deficiencias intelectuales, se lo apuntala. Luego de un patético espectáculo en Lima, los borregos investidos se fueron en tumulto a idolatrar al momificador. Estaban todos: el ilustre Morales, el hipócrita Piñera, el dudoso Santos, la sonriente Roussef, izquierda y derecha anudados en glorioso matrimonio. Incluso el supuesto anciano sabio, “el” Mujica, se bautizó de ignominia.

Luego a aguantar la perorata infame del novel presidente, el autocalificado obrero (hasta ahora no he visto obrero rico, ni en Holanda). La suerte quedó sellada pero ninguna deuda saldada. Queda para el futuro saber quién es quién, y tener la certeza de que Brasil no tiene calidad, tal vez en cien años, para ser potencia mundial con los revolucionarios en silla que continúan creyendo que es ahora o nunca para llenarse los bolsillos. La suerte y las circunstancias los excedieron: la izquierda no estaba capacitada para gobernar. Pensaron que gobierno era asaltar las arcas, por lo que pueda venir.

Nunca, ni en el tiempo hippie de San Francisco, el Summer of Love, se oyó tanto hablar de amor como lo hace Nicolás Maduro. Tal vez juzgo mal y esté perdidamente enamorado, para lo cual tiene derecho. Pero ese dúo de temas que lo aflige, el difunto y el amor, han sobrepasado el límite. Que se decida, o va a gobernar o va a amar. Que aunque se pueda hacer las dos cosas, dudo que él haga bien ninguna. Y el espectro que lo acompaña, a veces en forma de pajarito, a veces no sé ni cómo, ya no tiene calidad ni físico para aconsejarlo. Está al otro lado del espejo y en él Maduro se refleja como una pésima pantomima. Valga para darnos cuenta dónde estamos y quién nos rodea.
23/04/13

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 26/04/2013

Imagen: Caricatura de la prensa brasileña

Thursday, April 25, 2013

El crack/CUADERNOS DE NORTEAMERICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Las muchachas negras, cadavéricas, pasean la noche como estacas muertas. Sonríen sin dientes y ofrecen amor, por un dólar. Saca tu sexo, amigo, y sabe lo que puede con él una muchacha negra, black magic woman.

Los camiones abiertos son camas de sudados deseos. No hay amor, hay crack. Herbert toma Budweiser. Dobla la lata, un poco, al medio, la perfora varias veces con aguja. Desenvuelve el crack, piedras blancas como ojos de ciego. Lo muele. Cierra las ventanas del camión. Fósforo. Su boca en el orificio por donde sale la cerveza. Va quemando la droga, absorbiéndola. Afuera crecen los pastos y los niños corren detrás de los autos con sus pequeños sobres de muerte.

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 10/10/1991 

Tuesday, April 23, 2013

Boston/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El atentado de los hermanos Tsarnaev, en Boston, ha despertado por un lado la indignación del mundo; por el otro se ha podido ver el increíble despliegue del poder, del Gran Hermano de Orwell, con incontables ojos y recursos. Situación complicada, controvertida: la confianza de saberse protegido, defendido, vengado en este caso por el Estado, y la hasta vergüenza de semejante movilización para aplastar a un individuo (esto último fuera del contexto moral del acto cometido).

Difícil transitar por una línea no marcada. Hasta dónde puede el ciudadano, local o de donde fuere, atacar a quien cree que vulnera sus derechos, los de su gente, su raza y más. Eso es lo que se discute, sobre todo en una sociedad democrática, como lo es la norteamericana al interior, e imperialista y oportunista hacia afuera.

Ya ejercido el obsceno desarrollo de la autoridad -también cabe preguntar de qué otra manera se podría hacer si no así- llega el tiempo del castigo. Felizmente para Dzhokhar Tsarnaev, el menor de los hermanos, su ataque y detención sucedieron aquí. No habrá perdón, y no debiera, pero al menos tendrá de su lado abogados de derechos humanos y civiles que bregarán por impedir el maltrato, la tortura que prohíbe la constitución pero que se practica en el exterior, muchas veces utilizando a dóciles terceros. No significa que el victimario se transformó en víctima, pero conviene a todos, y a cada uno de manera personal, que por encima del poder institucional estén los derechos del individuo. Renunciar a ello es renunciar a vivir en paz y libertad.

Ya San Agustín daba a su manera carta blanca para acabar con los tiranos. Literalmente lo comprendo como la venia para hacer volar, etcéteras, a quien se aprovecha de su posición, olvidándose que el gobierno es un empleo que el pueblo provee de manera temporal, para adquirir omnipotencia, caudales, eternidades. A nombre de nada y de nadie pueden persona o grupo pensar y actuar por los demás. Ahí asiste el derecho de remover a cualquiera, por cualquier medio, de su sitial. Pero está el hecho de que el individuo quizá solo sea la cabeza de la hidra, y atacar a la hidra guarda visos de imposibilidad.

Se especula acerca de la posible relación de los dos chechenos de Boston con Vilayat Dagestan Muyahidin, la organización armada que combate en el Cáucaso norte contra la Rusia imperial. Convendría a los Estados Unidos hallar estos rastros, y más al dictatorial Putin, ávido de pretextos para ejercitar su insana violencia, el estupro que caracterizó a las repugnantes guerras chechenas. Denunciar los crímenes del conflicto llevó al asesinato de una gran periodista rusa hace unos años y al affaire Litvinenko, entre otros.

Simpaticé con Chechenia, Dagestán, etc. en su resistencia a la ocupación ruso-soviética-rusa. Esas guerras son tan antiguas que ya Lev Tolstoi las relataba. El espíritu religioso las alteró, convirtiéndolas en conflictos dogmáticos de acuerdo a las instructivas de fundamentalistas tipo Khomeini. Los muyahedines chechenos pelearon en Bosnia; lo hacen todavía en Afganistán. Feroces guerreros de faz occidental, igual que los bosnios, fuera del estereotipo asiático, árabe, que se relaciona con el terror.

¿Por qué atacar a EUA? Un comunicado del Vilayat afirma que no existen motivos para hacerlo. Ellos luchan contra Rusia. Encontrar relaciones de los Tsarnaev con el Emirato del Cáucaso, bajo el mando del “señor de la guerra” Doku Umarov sería muy conveniente para Putin. Le daría el pretexto necesario -internacional- de renovar su campaña terrorista. Porque más terrorista suele ser el Estado que los individuos, y eso incluye, lo digo con pesar, a este país en el contexto global.

La premisa cobarde de dañar a un enemigo produciéndole bajas en la población civil, quita, si la hubiera, razón a cualquier causa. Atentar contra cabezas de gobierno, instituciones represivas, ejército, es diferente, y mucho se puede hablar.
22/04/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 23/04/2013

Foto: Atentado en la Maratón de Boston

Friday, April 19, 2013

El Muro

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Alemania abarca más que las fronteras que la definen. Está en la Checoslovaquia de Kafka, en la música y mitología rumanas, en Hungría. El Austria. Al este, Breslau se llama hoy Wroclaw, y Posen, Poznan, y Danzig, Gdansk. En Prusia oriental, la Koenisberg (Kaliningrad) de arboladas calles; en Lemberg (Lvov).

¿Qué es Alemania? ¿Un país o un concepto? Creo en ella como un vasto núcleo cultural, aunque no apruebo su supuesto "derecho" a la expansión.


Tengo al lado un libro de Wilhelm Raabe. Esta nación pesa en mí. Parte de lo que soy, de lo que escribo, nace en los sueños de Würtemberg, en las lecturas de Joseph Roth, en las blondas mujeres de firmes pechos. Está en mi manía de filatélico, en una colección de aquellas que considero las más finas y bellas estampillas.


Dudé en cómo clasificar mis sellos alemanes. Lo hice bien, puse a toda Alemania junta: la de Bismarck, la de 1919, el nacionalsocialismo, la República Federal, Alemania Democrática y la de hoy. No hay historias separadas, tanto Hitler como Ernst Thälmann pertenecen a una. La reunificación del país, la caída del Muro, ha sido la materialización de lo que pensaba, aunque este último acto (el del muro) fuese innecesario. 


La muralla, en su parte occidental, era una obra de arte. Los dibujos, lemas, colores, graffitis hacían de ella un monumento cultural... y un recuerdo. Pero la gente no quiere recordar sino sentarse, mirar televisión y cometer los mismos errores. Para las generaciones nuevas, el muro será una ilusión verbal, fotografías sin sentido. Entonces podrán levantar otros muros, volver a fallar.


He visto la gris Berlín con su pared de colores, de arte libre y desinteresado. En la vetusta ciudad, en el invierno que oscurece las tardes, era hermoso contemplar la obra de los años y de las manos.


Me alegra una sola Alemania, a pesar de saber que a Gunther Grass no le falta razón al oponerse a ello. Pero me apena no tener más el mural colectivo, grande y hermoso.


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Publicado en PRESENCIA LITERARIA (Presencia/La Paz), 12/01/1992


Foto: Caída del Muro de Berlín/Rodolfo Puebla


Thursday, April 18, 2013

La Viena de Franz Werfel/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Un burdel de la Viena de entreguerras. Ese el espacio que utiliza Franz Werfel para describir la bella ciudad austriaca. Urbe que todavía en 1920 conservaba el sutil halo de la belle epoque.

Sin embargo, en Werfel, Viena no es la de los jardines, del Prater por el que perfumadas señoritas llevan a pasear sus vestidos. Viena para él es oscura, tan sombría, o más, que la misma Berlín. Ciudad de callejones, de música arrobada en medias de mujer. Viena, melancólico lupanar germano. Digo germano porque la prostitución alemana posee envolvente nostalgia; no tiene el descaro de la francesa. En la Viena de Werfel las prostitutas son casi familiares, cercanas como humo de cigarro subiendo en la oscuridad.

Un parroquiano del burdel muere durante una visita. Las muchachas desempolvan los negros vestidos. Todas marchan detrás de la carroza. No se vio, en Viena, entierro así. Es el cortejo más profusamente femenino que atravesó el empedrado de la ciudad vieja. La muerte ha sacado al amor de la sombra en la que gira; el sol dora las sábanas que solo ayer cobijaban los vertiginosos cuerpos de los amantes. 

Amanece en la nublada Viena. Como si se acabara una copa de profundo ron. Por hoy ha muerto el amor. La casa de citas sirve de velatorio. El piano no corrompe, como siempre, musiquillas. Haendel hace serio el ambiente. No es extraño que una lágrima, cristalina, ruede, casi sin saberlo, por las mejillas, blancas mejillas, de una jovencita que amó las manos del que muere. Viena es el silencio de los minutos agolpados en el cementerio.

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 02/12/1988

Imagen: Sello conmemorativo alemán de Franz Werfel

Tuesday, April 16, 2013

Perversos capitalistas/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Me despertó mi esposa, serían las once de la noche, y acababan de anunciar el “triunfo” electoral de Nicolás Maduro. Hablaba el tipo acerca de la sociedad pluripolar y no sé qué tonterías, y recalcaba, una y otra vez, que era hijo de Chávez, denigrando a su madre. Su mujer, al lado, como una pequeña escultura china, aplaudía a rabiar. En un momento, Maduro, mientras cuestionaba tantas cosas con la gama de un arcoiris, hizo una pregunta y volcó la cara a su entorno; nadie le contestó, como le contestaban a Chávez igual que en el gospel los fieles responden al pastor. Nadie le estaba prestando atención. Maduro es el candidato de guardar los billetes, la única apuesta del status quo. Al menos temporal, que poco ha de durar, mientras vacían las arcas hasta de los maderos y acaban con un país, este sí, que con sus ingresos petroleros podría ser como Suiza. Nada más que liderazgo espurio.

Retorné a dormir y soñé con truchas azules que saltando a una verja se convertían en aves. Vegetación alrededor, y ladrones que en la noche miraban desde las ventanas para robarse ese sublime pez a quien mi hija le había construido una pecera gigante con un árbol que crecía en medio. De a ratos escuchaba al “presidente encargado”, imitando a su progenitor comandante, ora agresivo, ora lloroso, repitiendo y regresando sobre los mismos temas una y otra vez, como si le faltase verbo. Al lado, el fetiche vietnamita sonreía. El canciller Elías Jaua asomaba la frente y un ojo detrás de alguna espalda. Diosdado no asistía. Y el encargado peroraba sin rumbo por un obrerismo sospechoso, la cristianidad y la revolución. Buscó un crucifijo en el bolsillo… se le había olvidado.

Nombró a países llamados amigos, señalando a supuestos representantes de esas naciones entre la multitud. Se le olvidó el irrenunciable Evo, o los mamotretos aymaras que predicen el futuro, como si para robar se necesitase adivinos. No mencionó Bolivia, a pesar de que Morales estuvo cuidando el féretro vacío, velando al muñeco, intentando ser marcial en sus amaneramientos.

¿Borrón y cuenta nueva? Cuenta regresiva. Amado Boudou, el alegre malhechor argentino, fue presentado. El cuerpo de Nicolás lo eclipsaba, lo tapó. El gremio comenzaba a reunirse, como los ágiles pilluelos de Dickens, con la salvedad de que ahora no estaba Fagin. Aquí no hay victoria sino gran incertidumbre. Tal vez el tiempo de la doctrina Bush, que terminó con los regímenes militares de América Latina, vaya tocando fondo. Ya se han notado disensiones dentro de la fuerza armada venezolana y no se descarta un golpe de estado en embrión.

Entre los insulsos detalles de su vociferante cháchara, prometió presentar pruebas de la campaña internacional por desestabilizarlo. Esta vez mencionó colombianos con una máquina de alta tecnología. Tal vez se refiriera a ese mundo secreto de los imperios, que Hugo Chávez decía conocer, que dispone de aparatos para producir tsunamis y terremotos. Entre terremoto y Coromoto hay poca distancia, y cómo se les puede creer a estos febles pensantes, el coronel, su hijo y compañía, los sensibles vagidos iletrados.

Que los capitalistas son perversos ni duda hay. Solo que Maduro se olvida de anotar que ellos pertenecen a ese rubro, aunque son capitalistas sin criterio empresarial, del capitalismo rata que se apropia de lo ajeno sin esfuerzo y menos imaginación. Ya las voces del “progresismo” se alzan para felicitar este evento como un hito revolucionario. El bus del chofer ha avanzado muy lejos, a donde jamás imaginó. Cuidado con que el vehículo que consideran pasaporte al futuro no se les complique y acabe convirtiéndose en el tren de la ausencia…
15/04/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 16/04/2013
Publicado en SEMANARIO UNO (Santa Cruz de la Sierra), 03/07/2013

Imagen: El ladrón de nidos/Francisco de Goya

Monday, April 15, 2013

El bosque detrás de casa/CUADERNOS DE NORTEAMERICA

Hacia el Potomac. cruzando la carretera 66, hay un bosque. Un arroyo corre por él. Rara vez se halla gente. Algunos ciclistas, quizá. En uno de sus lados un alto muro lo protege del ruido de los automóviles. Sobre esa pared alguien pinta rostros y lemas como "Viva el arte".

Allí encontré un poema a la marihuana, escrito en papel amarillo. Imagino que en el sendero se reúnen a fumar los jóvenes cansados. 


Los fines de semana ponía a mi hija en la espalda e iba de compras. El bosque era el camino más corto y más hermoso. Con Emily aspirábamos la tierra húmeda, el agua caída de las ramas. Encontramos un pato multicolor. Nadaba en una fosa del río, visible apenas; cabeza verde y cuerpo de arcoiris. Sentados, mientras la tarde terminaba y los faroles titilaban como lunas cobardes.


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Publicado en Opinión (Cochabamba), 20/02/1992


Foto: Mallard


Friday, April 12, 2013

La redundancia/MONÓCULO



Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Nostalgia de escribir acerca de otras cosas. Eso traen las horas con la tardía nieve de abril derritiéndose en arroyuelos corrientes, fríos, embarrados. Deseo de lavarse las manos, no porque uno se haya involucrado en la mugre del “peguismo” infatigable en nuestras sociedades, y menos en las deudas de favor hacia cualquiera, sino por asco. Pero no deber a nadie nada, ni disponer de un puesto con cabos ligados a un accionar político, no libera de la necesidad de opinar, de indignarse, de ser soez y hasta liviano en el análisis. El peso radica en la constancia que se deja que no todos somos borregos y que hay gente a la que no le aficiona el chicote.

Cuando contemplo a la flor y nata de la presidencia, las presidencias bolivianas, agachar no solo la cerviz sino las corvas, con ánimo de recibir palmadas del amo en turno, en el pretexto de una acción “patria” sin ninguna consecuencia, me alegro de estar sentado con un humeante café y un postre de bayas silvestres, mirando irse la nieve sin rumbo y sin director. Triste ha de ser el destino de quienes consideran que deben ser presencia a como dé lugar. Y no digan que a eso se reduce el arte de la política porque no es cierto. Opciones, quizá, de los mediocres, o de los que intentan eternidad, lo cual es para mí mediocridad absoluta.

Estamos en temporada de fútbol, de grandes copas internacionales, de eliminatorias mundialistas. La tecnología nos ha puesto al alcance a los maestros de la pelota, pero hasta en este campo que debiese ser de completo entretenimiento, asoma el fantasma de los caudillejos, vicios, taras y demás. El Plurinacional, así con mayúscula, esgrime medallas y ponchos para dorarse con la fama de un pequeño y glorioso jugador. A cambio recibe una palma sudada y pies descalzos que abofetean su condición de semidiós. Bolivia, que pierde con mucha pena todo, se aferra a una tapada del arquero nacional ante el considerado mejor futbolista del mundo. Se rememora, como hecho imperecedero, que Raldes, de la selección boliviana, increpó e insultó al genio de marras. Hay la percepción general de que estos dos hechos intrascendentes y circunstanciales, nos acercan a una ilusión que recreamos a diario y que nos impide crecer. Dicen que Antonio Cervantes, Kid Pambelé, puso con sus puños dorados a Colombia en el mapa del mundo, a la par que Gabriel García Márquez; que le quitó al país el complejo de inferioridad. Bolivia intenta con Galarza y Raldes lo mismo. Espejismos.

Por eso Evo Morales es imbatible, porque nadie ha difundido con tal éxito el nombre del país. La tragedia nuestra consiste en aceptarlo, tal vez para siempre, porque sin él volveríamos a caer en el vacío. Cuán falso. Las grandes obras y los grandes personajes se tejen de a poco, sin forzarlos. Vienen con la madurez de los pueblos, no con la fanfarria del momento.

Un periodista futbolero, o politólogo del fútbol, tiene pesadillas con mis exabruptos, mis vómitos los llama él. Se autocalifica de plurinacional y estronguista. Qué le queda en el primer caso (el segundo pasa). Cabría recordarle, informarle -mejor- ya que no se recuerda lo que no se lee, que el viejo William Blake anotaba con certeza que “los tigres de la ira son más sabios que los caballos del placer”. Dicho en popular: que putear enriquece, que una pizca de rebelión borra del mapa a los sirvientes.

Redundar, qué pesadilla. Pero tan difícil sacarse de encima a los pajaritos y a los amautas que se meten hasta en la sopa, que se termina escribiendo sobre ellos, contra ellos. San Tuerto y San Huguito predican desde el más allá o más acá (todavía no se han localizado las coordenadas geográficas), mientras sus vástagos retozan en sus despojos.

La nieve corre, se derrite. Lo único concreto; lo importante.
11/4/13

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 12/04/2013

Fotografía: Abbas Kiarostami, 1974-2008


Tuesday, April 9, 2013

La revolución de los pajaritos/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Leo en Nina Berberova la indignación del poeta Alexander Blok en vísperas de la revolución de 1905. Se volvió taciturno, “tallado en madera”, decían los que lo antipatizaban. Él creía que el pueblo tenía que liberarse a sí mismo, fuera de la penuria de los políticos ganapanes. Eran tiempos difíciles, el zarismo se deslizaba por una pendiente. Pero también horas de grandes ideas, de unos y otros. Todo ha cambiado, menos la avidez.

Nos trasladamos a América Latina, al desolador panorama de las bufonadas célebres. Cuán poco seremos, o dónde nos habremos escondido, para idolatrar detestables figuras como el bocón recientemente fallecido, el esperpéntico binomio plurinacional, la viuda que pondría a las Malvinas, de recuperarlas, el nombre de islas Cristina, la piñata sandinista, la gerontocracia isleña, el falsete del irritante Correa, la fortuna de Lula, etcétera, etcétera. Como un bestiario medieval, pero no de monstruos legendarios capaces de convertir la carne en piedra o de echar llamas por las narices. No, el imperio de los mediocres, los que medraron al amparo de sombras que producían otros; para ellos fue la lotería, desempolvar el acicate de la revolución social y llenarse manos y bolsillos con la estupidez general. Tanto que por ahí filmaron a uno, el más cercano, en un programa llamado los influyentes. Qué tristes somos, entonces. Y cuán poco dignos.

Como para creer en la premisa que nuestros países lo que necesitan es un pastor porque están poblados de borregos. Quizá hay que aceptarlo, y optar por la opción “socialista”, muy parecida a la de los capataces del Congo y del Putumayo, de hacernos de chicotes y emplearlos.

El colmo ha sido, en una elección (Venezuela) plagada de momias, espectros, chapulines, asesinos emboscados, doctores con jeringas maléficas para inocular enfermedades, máquinas de producir tsunamis, terremotos teledirigidos desde el Pentágono y más, cuando el candidato oficial (oficio de tinieblas el del chavismo) dijo que se le apareció el occiso en forma de pajarito, y silbó -porque las aves silban, no hablan- luego de volar alrededor de su cabezota, en reminiscencia a King Kong y los aviones, para iluminarlo. Bueno, qué deducir al respecto, o que este es un mago con características de ornitólogo o un pillo que inventa piruetas para no dejar la mamadera que no gana con su labor. Pero son catorce años en que a esa gente venezolana le tiran pan (siempre retorno a Eva Duarte-Perón humillando al pueblo argentino); la acostumbraron a comer de limosna. Dicen que a Buenaventura Durruti se le acercó un mendigo pidiéndole monedas. Durruti sacó su pistola y se la dio: el dinero está en el banco. Sobran palabras.

Ahora, porque tengo afición a los animales, consulto un manual de pájaros endémicos de la sabana para saber en cuál se había convertido Hugo Chávez. La transformación de un muñeco de cera en ser viviente sería de la misma trascendencia de un golem, un homúnculo para otras culturas. A Maduro no hay que preguntarle, danza en el estrado de los idiotas. Y si fue Raúl Castro el que le dio la idea, que lo dudo, habría que averiguar los detalles. Que el pajarito canta, canta, pero eso es muy amplio y ambiguo. Hay que tenderle trampas, con choclos o con alpiste, para atraparlo en una canasta y diseccionar la maravilla de su transformación. Así sabremos.

Recuerdo a Blok e imagino lo indignado que se pondría en esta realidad. Entonces, cuando sentado reflexionaba en las grandes ideas, jamás pensaría que la revolución se redujese a tan mínimo, a pajaritos y pajarracos que revolotean por ahí, hasta que una pedrada de niño travieso los baja y acaban desplumados colgados de las patas. Casi como Mussolini…
08/04/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 09/04/2013

Imagen: Ornamentos funerarios egipcios

Sunday, April 7, 2013

Mictlán, el mundo de abajo

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Mictlán es la tierra de Mictlantecuhtli, señor de la muerte. Consta de nueve infiernos por los que pasan las almas y son atormentadas con juicios.

No todas las almas van a Mictlán; sólo aquellas cuyos cuerpos materiales han perecido de forma especial: los que mueren al nacer; los que fallecen en el fragor de la guerra; los sacrificados que dejan su corazón aplastado contra la piedra sacrificial del Gran Cú; también los muertos por ciertas enfermedades. Cuando el soldado marcha a la batalla, teme. Tiene miedo del dios maléfico que se aferra a las armas, que ha de entrarse en él y arrebatarlo hacia el mundo del horror. Los felices niños que se mueven en el vientre de las madres se ven de pronto trasladados a espantosas cavernas, nueve en total, en las que habrán de juzgarlos, y darles luego de un largo espacio de cuatro años, el descanso final.

Cuatro años es el tiempo que ejercitan las almas en su paso por el subsuelo. Después de los nueve infiernos llegan a un lugar donde habitan Mictlantecuhtli y su esposa. Allí desaparecen o encuentran sosiego.

Largas jornadas, sin saber el destino. Tal vez se preguntaban los guerreros aztecas el valor, la importancia de la guerra. Les parecería absurdo morir para purgar un interminable castigo en las tierras de abajo del suelo. Es la pregunta que se hacen, debieran hacerse, todos los soldados del mundo. Sin guerras, Mictlán se reduciría, quizá hasta desaparecer. El horrible dios con cabeza de esqueleto, acuclillado en el fondo de su imperio, moriría de tristeza. Él y su mujer solos por las grietas de los infiernos silenciosos.

La especificidad de las muertes que conducen a Mictlán me da pavor. Pienso en los desaparecidos, sujetos a tortura y exterminados. Sus almas se van allá, y un sonriente Mictlantecuhtli agradece a los tiranos.

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Publicado en CORREO (Los Tiempos/Cochabamba), 19/12/1991
Publicado en PRESENCIA LITERARIA (Presencia/La Paz), 12/01/1992

Imagen: Mictlantecuhtli

Thursday, April 4, 2013

X

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Malcolm X habita en un callejón de ladrillo.

No ha muerto y sin embargo lo matan a escopetazos, negros con balas negras. Así en Nueva York, sangrando en la sombra de un teatro sin cielo.

Sobrevive, aunque callado. Ha envejecido con la pared sobre la que lo pintaron; se descascara, el yeso se hace polvo, los anteojos se le deforman. Su retrato de muro es capilla de vagabundos; los desesperados corren allí a aconsejarse. Pero los negros jóvenes no lo comprenden. Ernest, cargador como yo, usa la calleja para mear; o para echar semen si alguna mulata le cambia culo por crack.

Y yo, siendo ajeno no lo soy tanto, limpio el saco del líder, le quito las arañas y me entristezco con él.
1989

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De Primera Antología de Prosa, Unión Nacional de Poetas y Escritores de Bolivia

Foto: MLK y Malcolm X en un stencil en Brooklyn


Tuesday, April 2, 2013

Cuidado con los camaradas/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Como cada sábado, abro el Financial Times en su sección de Vida y Artes y leo el “almuerzo” de la semana; esta vez el periodista Tom Burgis se sienta a conversar con la mujer más rica del África, Isabel dos Santos, 39 años y dos mil millones de dólares de fortuna.

Gente rica hay por doquier y las historias de su éxito a veces suelen ser interesantes. El caso de dos Santos es especial, porque si bien se educó en Inglaterra, con título universitario y evidente capacidad comercial, el detalle está en su padre, José Eduardo dos Santos, quien, en Angola, sucediera en la presidencia al muerto poeta y revolucionario Agostinho Neto. Ese el origen de su fortuna, la facilidad con que en este sufrido país africano, con decenas de miles de muertos y una guerra civil de vínculos internacionales (Cuba, Sudáfrica), riqueza petrolera y diamantes, se desvían los fondos públicos hacia bolsillos individuales, hacia miembros de lo que Burgis menciona como el Futungo, la élite cercana a la presidencia que ha lucrado por treinta años del sufrimiento general.

Isabel dos Santos vive en Luanda, pero le encanta Londres, donde creció con su madre rusa, a quien según rumores la KGB presentó en Bakú al líder angoleño, destinado a ser presidente y salvaguardar la llama inextinguible de la revolución social. Para “los indignados, pobres angolanos, ella epitomiza un sistema que concentra poder y riqueza en manos de pocos. La llaman “la princesa”, y no con afecto”. Parece calcado de otras “revoluciones”; en Barinas, Venezuela, donde los Chávez son latifundistas y amos, el pueblo se refiere a ellos como la “familia real”. Un status quo que se persigue con fervor en Corea del Norte, a niveles insólitos de cuasi divinidad allí, monarquías hereditarias desde la isla caribeña, pasando por Ecuador, Argentina, Nicaragua, Bolivia, donde el latrocinio guarda connotaciones mesiánicas, Irán, Siria, la Libia del violentado Kadafi, la multimillonaria China con sus comunistas en porsches de cien mil dólares, Belarus, la Angola de dos Santos que parió una heredera de peso y que además tiene otro dos Santos, afilándose para su turno de poder. “Fuego/fuego en las pieles/fuego en las recalentadas llanuras del Cayatte”, escribía Agostinho Neto. “Oh voces dolorosas del África”.

Hace más de 20 años compré un precioso disco en el Tower Records cercano al George Washington Hospital. Había nacido mi hija en la capital y en festejo me llevé música del mundo para crearle un ambiente: Toto la momposina, canciones del sandinismo y “Havana”, compilación de música cubana donde conocí a la gran Celina González, entre otros. Una de las canciones, bellísima, hablaba de Angola, de la solidaridad con ella del pueblo de Cuba. “De Cabinda hasta Cunene un solo pueblo, una sola nación”, lo recuerdo. “El camarada Neto lo decía, y el camarada dos Santos lo ratifica: um só povo, uma só nação”. Demasiada sangre corrió como agua, por debajo de los puentes y por encima. Demonicé a Jonás Savimbi, el monstruo de UNITA que combatía al gobierno socialista. Las historias de horror, tan frecuentes en África, excedían cualquier imaginación enferma. Ese era un pueblo mártir. Y me alegré cuando terminó.

Angola es de los privilegiados del continente. Diamantes y petróleo, que abundan, debieran bastar para fundar una sociedad igualitaria. La retórica está puesta desde hace mucho, pero la práctica, como en el resto del llamado socialismo es la de capitalismo desenfrenado, salvaje, robo, ilegitimidad, apropiación indebida, discriminación, miseria, limosna, toda la parafernalia para conservar eternamente a los guardianes de la fe, porque sin ellos no existe el mundo. Así desean que lo creamos.

Como para señalar que apenas escucho la palabra “camarada” salgo corriendo. O recordar el antiguo corrido mexicano que aconsejaba entonces que “si a tu ventana llega Inés Salazar, cierra las puertas que va a robar” (José Inés Salazar se decía revolucionario).
1/4/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 02/04/2013

Imagen: Caricatura de José Guadalupe Posada

Monday, April 1, 2013

Kansas

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Septiembre de polvo y sol.

Un bus cruza Kansas, el llano. Un cartel reza que allí se filmó "Danza con lobos", pero no hay lobos, únicamente sembradíos y sembradíos. 


Los extractores de petróleo, demasiados, suben y bajan sin parar; parecen monstruos picudos escarbadores. Se ven horrendos de noche, como recordándonos el futuro.


De Kansas hacia adelante, se multiplican estas máquinas. incluso en los verdes campos de Indiana, donde todo parece apacible, se las encuentra. No puedo imaginar nada más hermoso que el sur de Indiana, como si el hombre no lo hubiese tocado, y, en el recodo de cualquier remanso, el pico metálico se hunde y se para en su felicidad sin ojos.


Atravieso Kansas de regreso. Lou Reed trae a Nueva York en la radio. Me ensueño, creo que los espectros de la pradera han de venir a buscarme. Me alegro; me iré con su sangre, y no veré las torres de Denver nunca más...

¿1993?

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De la Primera Antología de Prosa, Unión Nacional de Poetas y Escritores de Bolivia, Cochabamba