Wednesday, July 31, 2013

Mick Jagger, su majestad satánica


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Pienso que corría el año 72. Tenía doce años y estábamos con Armando en el Cine Bustillo, antes de que hubiese la ancha avenida que pasa por la que fuera su entrada, hoy. Entonces había una calle angosta, con casonas de dos pisos que vieron la colonia y la república en el bucolismo cochabambino o en los no inusuales encontronazos entre caudillos. De eso no queda nada. Un anónimo corte urbano ha derribado las edificaciones viejas. Frente a lo que era el Bustillo se alza una elevada heladería. En ese solar, perdido entre los adobes del fondo, creció Gualberto Villarroel, hijo de Quintín Ferrufino, párroco (valga la digresión histórica).

La película que mirábamos, Melody, contaba un amor casi infantil que nos hacía soñar. Imaginarse escapar con la amada, protegidos por los amigos, huyendo del irracional mundo adulto y creyendo solo en nosotros, en el beso, los labios y los cabellos de la mujer que quieres. De fondo los Bee Gees cantaban el tema que habían compuesto para el filme inglés. Y Crosby, Stills, Nash & Young aportaban con Teach Your Children, que se convirtió en un icono de la música moderna.

Podría afirmar que después de Melody, al menos en los momentos posteriores a la película, fuimos mejores, respirando tardíamente los remanentes de los 60 y el discurso de paz y amor que se ahogó en Altamont, durante el concierto de los Stones. En el documental Gimme Shelter (1970) se observa a los Hell Angels, pagados para ser seguridad del grupo de rock, mirando con desprecio los movimientos feminoides del vocalista, minutos antes de que se desatara la tragedia que acabó una época.

En una escena que hace al tema de este texto, un grupo de muchachas sale corriendo de la escuela, excitadas y cómplices. Se mete entre arbustos y una de ellas despliega en el piso un poster que traía enrollado. Cuando lo hizo, recuerdo con perfección que mi hermano dijo en voz alta: “Mick Jagger”. Era un ya difuso retrato del cantante que las chicas se pusieron por turnos a besar. Hoy, cuarenta años pasaron, resuena la voz de Armando aún como rito invocatorio. Porque a pesar de que en las escasas radios locales se oía a veces (I Can´t Get No) Satisfaction, nunca había prestado atención a un espectro cubierto en su totalidad por el manto mágico de los Beatles. Era la primera vez. A partir de entonces me interesé en el mito, la sexualidad explícita de sus ademanes, la irreverencia de sus letras. Jagger era los Stones. Y con eso crecería.

Cochabamba superó la infancia. No maduró pero se hizo dúctil, mañosa. El romance de Melody y Daniel (Tracy Hyde y Mark Lester) dio paso a amores de chichería y basurero. Sociologizamos la relación y el sexo y el fin de cada uno no era la ficción de huir tomados de la mano por las vías del tren hacia una nada que se nombraba Felicidad, sino la pelea de la carne y de la sangre, mordeduras como de perro, sostenes arrojados en las sombras de la Lanza final, las muchachas meando agachadas en la oscuridad, situaciones más acordes con los tonos de los Rolling Stones que con la hermosa y puñetera lírica de los hermanos Gibb o de Lennon-McCartney.

Vino la primera y breve emigración. En las atestadas calles de São Paulo caminé con varios discos bajo el brazo. Calor y gente negra por las rúas. Peligrosos mingitorios en la Rodoviaria. Uno de los vinilos era un álbum doble de los primeros años del cuarteto que había rescatado el blues. Ya para entonces Brian Jones estaba muerto, Brian Jones que estás en los cielos, decía un autor colombiano. Con ese disco compartí los tiempos mejores de mi ciudad y el contexto sexo-alcohólico de la juventud, con calzones tirados en medio del sudor que olía a eucalipto en Aranjuez y a peores cosas en peores lados.

Luego la gran emigración, la fuga, el ajustarle el pescuezo al destino y transformar las cosas. Ciencia difícil y complicada, con altibajos y lúgubres sonidos de gong que anunciaban la hora de ingreso al trabajo, a la sociedad multiplicada. Una de esas noches libres, ajustando el cuerpo a la posibilidad de moverse fuera del contexto laboral, llegaron los Stones a Washington D.C. Habíamos planeado ir. Era algo otrora impensable. Estarían allí y corearíamos con todos I can´t get no satisfaction. Pero no, en un sombrío apartamento de Alexandria, Virginia, Julio y yo nos dedicamos a las cervezas y obviamos ver las figuras de Mick Jagger y los tres otros. Nos interesaba la música, no el culto personal. ¿Posibilidad perdida y única? Tal vez; pero esto de endiosar a alguien no va conmigo.

Prefiero acordarme del aroma del tiempo, de Bianca Jagger contando en Siete Días Ilustrados que hizo el amor en las barricadas de París 68 con un desconocido. De Jagger y David Bowie en la irreverencia extrema. Antes escuchaba Paint it Black o She Is a Rainbow, que nostalgiaban los viajes del ácido lisérgico y sus colores. Hoy prefiero Angie y Ruby Tuesday.

Mick Jagger ha cumplido 70, diecisiete más que yo, y aunque ajado todavía tiene la boca grande. Porque este músico se niega a perecer; se despierta cada día al ruido de una cortadora de pasto. Sigue siendo Jumpin’ Jack Flash.
28/07/13

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Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Chuquisaca), 31/07/2013
Publicado en laverídica.com (BOLIVIA), 31/07/2013

Tuesday, July 30, 2013

Bocado de revolucionario/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot 

Antes se decía “bocado de cardenal”, y en esa frase no solo estaba implícita la delicadeza del paladar de los curas, los de púrpura en este caso, sino la holgada posición económica que a través de la historia ha tenido la poderosa institución que los reúne.

El tiempo se marea, trastabilla ebrio y no sabe encontrar su camino, si lo hubo. Nada semeja lo que fue, que en realidad es buena cosa por la dinámica del cambio, pero que a ratos nos confunde. Para qué siquiera perder aliento en tratar de analizarlo. Un golpe de viento descalabra cualquier estructura, pone de cabeza lo que estaba de pie…

Asocio la idea de revolución a la miseria o al menos a la modestia. Las levitas raídas de Mijail Bakunin; el apenas equilibrado presupuesto de Herzen; Che muriendo en calvario; los guerrilleros del Farabundo Martí en condiciones precarias; los fabulosos y tristes ahorcados de Haymarket; el probo Robespierre y el furibundo Babeuf, entre otros. Pero hoy la volqueta de la historia ha descargado una camada de zánganos que a nombre del pueblo viven la opereta de múltiples Versalles criollos, en Bolivia, en Argentina, en Ecuador, Nicaragua, Venezuela, Brasil. Hablo de la izquierda, porque al menos la derecha no anda pavoneándose de pobreza y viviendo lo opuesto. No es que ello los haga mejores, a los diestros, sino que hace a los otros peores, a los siniestros.

De pronto surge un nuevo y sonriente papa. Al papa Luciani, Juan Pablo I, lo desapareció el azar, aunque muchos dicen que esa desdicha estaba prevista y calculada. Luciani apareció a destiempo; eso tal vez le costó la vida. Ahora aflora Bergoglio, argentino, almagrista (no del tuerto don Diego, del San Lorenzo de Almagro, club de notables pateadores) que predica, y muestra, humildad. Duras camas en que duerme, insignificantes vestiduras para su majestad.

Que son ciertas o no estas expresiones de recato en el pontífice, poco interesa. Pero abofetean la lujuria de los caudillos llamados socialistas del siglo XXI que sobreviven, ya que el más rico, el difunto, poco disfruta hoy despedazado por Cerbero, anónimo, sin nada del inútil oro que se dedicó a acumular mintiendo. Hablo de aquel que cantaba rancheras, a quien suponen hoy de pajarito.

¿Qué tienen que decir los bufones de la revolución social en cuanto a eso? Se muestran a la vera del papa porque saben que el pueblo no ha superado, ni va a superar, la catarsis que significan iglesia y religión para ellos. Se debe a la esperanza, a la idea de un mundo mejor donde se agoten martirio y sufrimiento. Se agachan solícitos y serviles ante la sobria magnificencia del prelado. Les pesan los Rolex, los trajes de miles de dólares, las cuentas bancarias, los cárteles de la droga, el robo, la ignominia. O no; dudo que sí, pero quedan desenmascarados cuando frenan los bemevés y los aviones de lujo en que se mueven. Carajo ¿y ahora?, con este predicador que nos mueve el piso, que recuerda a los millones hambrientos su hambre, que les quita el velo del rostro con el que los cubren haciéndoles creer que vamos para arriba cuando abajo nos dirigimos.

Si algo justifica la supervivencia de una poderosa iglesia son astucia e inteligencia. El estrado católico tambaleaba, había que retornar a las raíces, a Pedro el pescador, al mártir San Pablo, al iluminado de Asís. Esa apuesta de eternidad la hicieron desde el principio, y al fin de los días la seguirán manteniendo. Los otros, los mal calificados revolucionarios de América Latina, saben que su jugada es temporal, fugaz, y toman las previsiones para hurtar lo que más pueden, mientras dure.

El papa Bergoglio prueba una sencilla comida. Reyes, virreyes, reinas y princesas,  eunucos y favoritas “socialistas” devoran trufas con mayonesa. Bocado de revolucionario, ya no de cardenal.

29/07/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 30/07/2013

Imagen: The Brain as food/Jan Fabre, 2008

Sunday, July 28, 2013

Viaje a Arica


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

De noche, los arbustos del valle que subía eran negros, parecían guirnaldas de Todos Santos. Los Stones cantaban en la cassetera:

Well this could be the last time
this could be the last time
maybe the last time
I don't know. Oh no. Oh no

Fuimos por La Paz. Había que obtener permisos de carga. País de burócratas de vientres abultados por el plato de la tarde. La oficina pesaba, enrarecida de pedos, pero nadie parecía prestar atención. Asuntos de culinaria más que de gastronomía, sugirió Omar con obvio doble sentido. Seguro, le dije, esa vieja allí, la de rojo gualda con cara arisca, en este momento huele perejil picado saliendo del trasero de su jefe. Servilismo asociado con inmundicia, nada extraño. En el baño municipal un escrito a lápiz rezaba: “No deje su desastre para que lo limpien otros”… Poetas de lo escatológico que caminan por los urinarios de la mano del Dante.

Patacamaya. Café ébano, dulce, queso de cabra. Por una callecita hasta abrirse el altiplano. Nos esperan doce horas, es mil novecientos ochenta y uno. Mientras esperábamos en la capital encontré al padre de mi amigo Chino. Me dijo: “estamos aquí porque detuvieron a Chinito”. En el DOP, o el DIC, siglas sucias y sanguinolentas. Yerko, mecánico de la sección de inteligencia del ejército cuenta de francotiradores en las azoteas, desperdigados como esos arbustos de Todos Santos. Un tiro aquí, otro allá. Pac, pac, y un agujero del diámetro de un dedo en el techo de las ambulancias. Pero nadie muere; a nadie se mata. Solo la derecha mata; la izquierda llora.

Detuvieron a Chinito, puta. Y hay que partir. Arrojo unas lágrimas que se evaporan pronto: chullpares alrededor, y los aymaras defecando dentro de los chullpares para protegerse del viento. Una ráfaga helada es castradora, por supuesto. A la mierda el patrimonio nacional.

El Desaguadero a mediodía. Paramos a echarnos un baño. Hacia arriba, nada; hacia abajo, peor. Hay algo de misterio en estas aguas y en el silbido de la paja brava. El Leyland verde, recién estrenado, llegado de Manchester, brilla. Lunar colorido sobre el horizonte.

Camino y camino, polvo y más polvo. Cerveza desparramada por los pueblejos fantasmas. Hatos de llamas, lanas pintadas, orejas de llamas con guirnaldas de lana. Alpacas despanzurradas, abiertas igual a como pare mujer. Los estómagos se mecen, blancas pelotas gigantescas en medio de los tolares. Alguien agita una mano, y en la mano alcohol.

El Sajama. Ya lo habíamos visto, por horas, en las subidas y las curvas. Luego desaparecía al bajar a los ríos secos con ruinas de camiones acumulados de generación en generación. Omar que señala: “allí se ahogó el Camba”; “su camión se hundió y la corriente fue cubriéndolo de arena. Nunca más se supo. El piso se solidificó como cemento”. Estará en el polvo, polvo de barro negro.

En Tambo Quemado unos humildes soldados nos sellan el pasaporte. Un trapo mugroso, supongo que bandera, se apoya en los adobes. El tampón parece seco y el guardia lo humedece con saliva y tira su aliento a coca sobre el sello de goma. Escasamente llega a manchar la hoja. Fecha ilegible, sonreirán los chilenos. Fecha bolita… Me callo. Son gendarmes y he oído historias de gendarmes pinochetistas. ¿Periodista?, pregunta uno de ellos mirándome. Periodista de veinte años, o será morena de quince años, bromea y canturrea la brasileña canción. Maldigo la hora en que en la oficina de pasaportes le di un billete verde de a diez al funcionario para que me inventara profesión.

Miro las paredes de ladrillo, los ventanales. Los Payachatas, volcanes de frontera tirados a este lado, dan un espectáculo. Mesas barnizadas, las botas también. Escudo y emblema novísimos, fotografías del parque nacional que comienza allí. Los animales escapan de Bolivia, donde los cazan, y se refugian aquí. Afuera del puesto de frontera hay vizcachas paradas sobre sus patas traseras. Un águila sobrevuela el lago. Por Sajama vi un ñandú; ahora veo vicuñas.

Putre, un pueblo que para mi juventud y mi experiencia andina pasaría por Suiza. Ahí, perdido no lejos de mi país, bajando hacia los arenales de Atacama. Un oasis de verdes árboles implica agua.

En las colinas del desierto monumentales pictogramas daban la bienvenida al puerto. Hasta hoy, treinta años pasaron, no he preguntado quién los hizo. Otros placeres aparte de la historia me prometía el cuñado chofer: Marqués de Casa Concha, tinto; sopa marinera, hirviendo, con leche, limón, jaibas y erizos colorados.

Modestas casas, opiné, porque eran de chapa. Nunca llueve, aclaró Omar. Nunca lo he visto ni lo he escuchado. Sería, porque esas calaminas tenían hoyos para acomodar una cabeza.

En el mercado mariscos. Carne roja también. Bolita, bolita, vení, llamaban las putas. Los bolitas traían dinero cantante, y contante. En un mesón festejaban artistas locales con una hermosa australiana. Viva Bolivia, gritaban los chilenos. Qué viva, respondíamos sin ánimo. Esto de la patria es una magistral cagada, nos miramos. La patria chica y la patria grande por igual.

Al día siguiente untábamos para el desayuno pan crocante con mantequilla danesa. El mar golpeaba, como fusta sobre lomo de toro. Qué lejos todo. Mientras se descorcha un Casillero del Diablo y se vierte su sangre en copas de cristal.
17/07/13

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Publicado en Revista OH (Los Tiempos/Cochabamba), 28/07/2013

Imagen: Andy Warhol/Truck, 1985

Thursday, July 25, 2013

Los irlandeses/BAZAAR

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Leo los Recuerdos de Francisco Burdett O'Connor, general de los ejércitos libertadores de Bolívar, y general de división de la República de Bolivia. Apenas los empecé y aseguran ser muy interesantes. No conozco bien la figura de este hombre; la única referencia la tuve en un libro de Uslar Pietri sobre Simón Rodríguez, el maestro. Allí, el autor venezolano hace hablar a Manuela Sáenz despectivamente de algunos nombres, entre ellos el de O'Connor. Mi apreciación personal aún no existe, aunque puedo afirmar que simpatizo con su posición de apoyo al belcismo (de Belzu), en contra de Melgarejo y los intereses imperiales chilenos.

Pero no es O'Connor, personaje, mi tema. Él es solo un principio afirmativo del espíritu libertario del pueblo irlandés. Los ejemplos históricos de su lucha por la liberación de naciones extranjeras son innúmeros.

Irlanda ha mantenido una brega histórica con Inglaterra, que por lo general le ha sido desfavorable. Sin embargo, en el campo de las artes, ha dado al imperio británico gran parte de sus mejores escritores: Swift, Wilde, Bernard Shaw...

En la excelente película Corazón valiente, de Mel Gibson, los reclutas irlandeses del ejército inglés, en lucha con Escocia, se unen a los escoceses en el campo de batalla para combatir al enemigo común, en el siglo XIII.

Así en México, en el tiempo de Benito Juárez, los soldados irlandeses pertenecientes a la Legión Extranjera francesa, volcaron sus armas contra los europeos para pelear al lado de los indios descalzos. Terminaron en el paredón.

Generalizar suele ser peligroso. Irlandeses pelearon en las guerras indias de los Estados Unidos y cometieron barbaridades. Un detalle que se opaca ante las exposiciones de valor de la gente de Irlanda, siempre que se ha tratado de conseguir el triunfo de una causa justa.

Entre los que lucharon por la independencia americana hubo quienes lo hacían por honor; otros por paga. Algunos se unieron a Bolívar por lo que el Libertador y sus ideas representaban. Entonces, por una vez, generalicemos y hagamos homenaje a este pueblo.

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 28/08/1996

Imagen: Daniel Florencio O'Leary Burke.Óleo Frederick Buck, ca. 1817.
Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 2714.



Tuesday, July 23, 2013

La banalidad del racismo/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Me presto el título de una columna de Lúcia Guimarães en O Estado de Sao Paulo (se puede ver en mi sugieroleerblogspot.com), para hablar de un tema siempre presente en la historia desde la ya antigua diferenciación entre cromañones y neandertales. Valga referir que según últimos descubrimientos en España pareciera que los de Neandertal ya hacían representaciones de arte en las cavernas, lo que desmitificaría tantas ideas aceptadas como verdades de la superioridad de unos sobre los otros.

Guimarães cuenta de una periodista norteamericana en una fiesta de socialites con muy pocos negros invitados. La reportera se fijó en uno de ellos, aislado, y procedió a hablarle: senador por Illinois. Al salir, un conocido escritor se le acercó y le preguntó quién era el negro con el que hablaba, porque él creyó que se trataba de un garzón e iba a pedirle que le trajese una bebida. Era Barack Obama.

Soy un vicioso del cine, esa la palabra; si no veo al menos cinco filmes por semana me siento fracasado, en una especie de limbo de orfandad. Pues con tanto machacar este arte en mi cabeza, y leer además sobre él, creo que he formado criterios que si bien no especialmente brillantes al menos tienen sólida base referencial. Erudición para suplantar falencias de otra índole. Pues con este vicio a cuestas, cierta vez, decidí ir a las oficinas del Denver Internacional Film Festival, para averiguar acerca de afiches, películas, fechas, etc. Supuse que al menos iba a encontrar a alguien con quien entablar una jugosa charla del tema. Antes de ello, recogí una carta que llevaba en la mano para no perderla. Entré y observé a un grupo de intelectuales gringos en animada conversación. Me acerqué. Uno de ellos, barbado, sin duda buen hombre de izquierda, me miró, miró el sobre y me preguntó si era mandadero. Asumía que al ser latino no podía estar allí por otro asunto que no fuese de servicios.

Guimarães habla de los “buenos racistas”, de aquellos que niegan serlo y se justifican con el banal “tengo muchos amigos negros”. Dado el lugar en que me encontraba, centro de un festival de cine internacional, supongo que el idiota que sin querer me insultaba (por su concepto, no por la profesión de cartero), pertenecía a estos.

En otra ocasión, y siendo mi esposa asistente de maestra en las escuelas de Aurora, Colorado, fui a entregarle algo. Había que pasar por secretaría y explicar mi presencia. Indiqué que necesitaba ver a mi cónyuge. La mujer afroamericana a cargo preguntó, creo que sin mala intención, si ella trabajaba en la cocina. Reaccioné y le dije “qué le hace pensar, so tal, que mi mujer trabaja en la cocina”. El racismo latente allí no es drama exclusivo de un país calificado de racista por su oscura historia. Sucede en todos lados y cubre la pirámide humana de arriba abajo. Y está muy enraizado, incluso dentro de las víctimas. Vale leer Why Are All the Black Kids Sitting Together in the Cafeteria? (Beverly Daniel Tatum, Ph. D.), acerca de las barreras raciales y el espíritu de ghetto.

Bolivia ha sido y es tanto o más racista que los Estados Unidos. Drama que Evo Morales y la amalgama masista han sabido aprovechar bien a favor suyo, y en lugar de tratar de revertirlo lo ahondaron más con elementales fundamentos fascistas, muy similares a la prédica nacionalsocialista sobre la primacía de una raza sobre otra. Poco favor le han hecho a combatir una lacra que nos detiene en el tiempo.

El “indio”, en el país, es la maldición de la que todos quieren alejarse, incluido el presidente. “Blanquearse” se torna una obsesión, así el lavado de cal sea interno ya que no hay transplantes totales de piel.

La falsa retórica indigenista, acomplejada, defiende valores que nos legó la conquista: el chicote como el más claro ejemplo. Discurso que da pingües réditos a quienes lo exponen, y que permite a nombre de la tradición, un esputo multiforme que no hace referencia a ninguna cultura, a ninguna tradición. Y que aparte de oportunista es racista en esencia y obra.

21/07/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 23/07/2013

Imagen: Anida Alí/Mistaken for Muslim, 2010

Friday, July 19, 2013

Profesión de desempleados/MONÓCULO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Este viernes, Rolling Stone lanza su edición de agosto en medio de una gran controversia. La portada lleva el rostro del supuesto autor del atentado en la maratón de Boston, Dzhokhar Tsarnaev. El artículo central -The Bomber-, es un extenso reportaje acerca de su vida, con entrevistas. La ironía, y mala lectura por parte de los editores, es que en este caso, y contrariamente a la tradición norteamericana de ensalzar a los criminales, quizá porque representan la última rebelión posible, la del individuo (armado), Tsarnaev es checheno, no es John Dillinger; hay diferencia entre el delincuente que pone en jaque al Estado y se burla del poder para delicia de las masas, y el terrorista extranjero que atenta contra el american way of life. Ante esto, Norteamérica cierra filas.

Ya cadenas de tiendas que distribuyen la revista han anunciado boicot: no la venderán. Es inaceptable, dicen, la osadía de presentar al monstruo foráneo con aura de estrella de rock. No permitiremos, aseguran, que se dé a este individuo el mismo trato que a Jim Morrison. Existe, con el tiempo, una rebelión aceptada y otra imposible. Nos hallamos en la segunda.

El desenlace se verá en pocas horas. No descarto que decidan cambiar la tapa. El problema no es el reportaje sino lo icónico de la fotografía. La imagen puede tener alcance místico, no tanto la letra.

La prensa impresa se desmorona. Rolling Stone misma perdió un diez por ciento de sus ventas el último año. La jugada de aprovechar el momento en caliente y desmenuzar las causas de lo que ocurrió en Boston tiene un encanto económico. La apuesta tendría que dar dividendos. Al parecer se equivocaron. En una situación como la actual, de decadencia y fragilidad de la profesión de periodista, el riesgo viene a ser demasiado. Un error tal vez no desbarate una publicación de semejante nivel, pero puede darle peligrosa estocada.

Trabajo en el Denver Post, otrora uno de los gigantes de la prensa no solo del medio oeste. Desde hace un par de años la sangría de despidos, reducción salarial, estrechamiento informativo, tienen en vilo a los empleados, administrativos y periodistas. Una nueva gerencia, con ánimo de limitar gastos y acrecentar ganancias, tiene aprobado un plan paulatino de destrucción del periódico tradicional. “Digital” es la palabra mágica, a pesar de que la población mayor a 40 años es reacia a aceptar leer noticias en la pantalla. Denver, y Estados Unidos en general, tiene población vieja, mayor. Ese detalle está frenando la velocidad de la caída.

Ser columnista en un diario de un tiraje de millón de ejemplares garantizaba opulencia. Opinadores famosos construyeron sus casas vecinas a las de estrellas del fútbol americano. Esa bengala se extinguió. Ni la poderosa sindical que nos afilia a todos, la CWA (Communications Workers of America) dispone de fuerza para pulsear de igual a igual con la patronal. Hoy se dedica a salvar algo de lo que la voracidad empresarial exige cortar, poco a poco, hasta desangrarnos.

En el informe mensual que recibimos del sindicato, leo que en Chicago se decidió terminar el contrato de reporteros y freelancers en el área de fotografía (del Sun-Times), incluido un Premio Pulitzer. Se los reunió en un hotel para informarles de su retiro. Como reemplazo de esta fuerza de trabajo entrenarán gente en el uso de iPhones, fotografía y video, apostando por la ganancia y dejando de lado la calidad. Señales del nuevo tiempo, burdo pero barato.

En el Post había un departamento de atención al cliente. Se cerró y se exportaron las posiciones a San Pedro Sula, Honduras, donde los empleados no reciben beneficios de salud o jubilación, y su dólar/hora supongo que llega a la décima de sus predecesores.

A pesar de pocas historias de éxito, diarios y revistas se deslizan por la pendiente. Rolling Stone quiso practicar un golpe de mano. Da la impresión que fracasó en la vena patriotera. Lástima, porque ejemplifica el fin de una época.
18/7/13

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 19/07/2013
Publicado en SEMANARIO UNO (Santa Cruz de la Sierra), 24/08/2013

Imagen: Portada de Rolling Stone para agosto del 2013

Tuesday, July 16, 2013

Snowden sí y no/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El venezolano Laureano Márquez se divierte ante la idea de un Snowden asilado en Venezuela cuando su fama se opaque y tenga que lidiar con la escasez y otras vainas. Cuando le diga el tendero portugués que sándwiches para llevar no existen, solo allá, “de donde viene usted”. O cuando palacio ya no pague su hotel.

Su país carece, según él, de las condiciones para semejante movida. Pollinos jugando a burros, afirma. ¿Y Bolivia?

Bolivia sufre alucinaciones. Pareciera que los efluvios de la hoja “sagrada”, que ya bastante nefastos han sido en nuestra historia, según el Che y Eduardo Galeano, se apoderaron del espacio y que, sumados al alcohol, las prácticas alcoholeras de una mezcla de religión y paganismo y el narco, han enviado de forma prematura al ocaso el futuro.

Anuncian que el vicepresidente va a hablar en CNN en español. Aparece, elegante, sin poder ocultar la satisfacción casi infantil de estar a vista de millones. Todos tenemos vanidad, pero algunos exageran. O somos políticos o somos modelos, diría un pensador chino afilando la guadaña para castigar las “desviaciones” de todo tipo. Allá él, el vice no el chino, con sus debilidades. Yendo a lo importante, anunciaba pruebas de la conspiración norteamericana en contra del “presidente Evo” (demasiado similar con el “presidente Gonzalo” de la locura peruana). “Prueba”, dice el diccionario, es la razón o argumento con que se demuestra la verdad o falsedad de una cosa, y lo que García mostró eran comentarios de una senadora republicana y de un periodista austriaco. ¿A qué jugamos, señor? ¿A engatusar a una población ignorante -porque los otros deben desternillarse de risa? Una prueba es un papel firmado, documentos, filmes. Para la idiosincrasia boliviana, la farsa equivale a grandeza, a que al fin, gracias al presidente, se ha puesto en alto el nombre del país. Falso. Este circo desnuda incapacidad, inmadurez, a que en Bolivia todavía se distrae a nativos con cuentas de vidrio. Ni siquiera estado de descomposición, sino subdesarrollo mental.

Dmitri Yevstáfiev, en RUSIA HOY, analiza si el caso es un fenómeno geopolítico o una provocación. Cree que podría ser una jugada de la derecha norteamericana para descalificar a Obama, sobre todo a su idea, que pronto iba a explicitarse en foro internacional, para la reducción de armamento estratégico. Favorece a Putin, claro, pero sobre todo a los “halcones” de Washington. Esta figura de “paja” (Snowden), sirve hoy, pero su peso a la larga es inútil. Lo del espionaje de USA con sus aliados europeos: brisa intrascendente.

Pero en América Latina, con gobiernos que han hecho del teatro una manera de vida, y de enriquecimiento, se ha tomado el asunto hasta inverosímiles límites donde la forma ha reemplazado a la esencia. Para pueblos idólatras, bien gracias, pero para quien piense, parodias de regímenes despóticos y de obsoletos caciques. Tarde o temprano se sabrá, y espero se castigue.

Mientras en Bolivia se sueña con glorias que no existen (ni la del presidente, del estado, de la plurinación), los hilos -la trama mejor- van por sendas escondidas para su miopía, ajenas a su ceguera. Unos viven en la tierra, otros en Avatar.

Especulaciones van y vienen. Snowden “plantado” por la misma CIA en un país ALBA, con la vista fija en Irán, no en los payasos locales, infiltrado para consumir desde adentro. Snowden, del cual la contrainteligencia cubana pasa el dato a agentes enemigos que está en el avión presidencial boliviano. ¿Por qué? Porque la jugada era trasladarlo en Cubana hasta La Habana y de allí a Caracas; querían ver la reacción. En ese caso Evo Morales como el peón del tablero, la ficha prescindible y sacrificable, y, casi seguro, sin saberlo siquiera. Total, era obvio que daría un espectáculo de María Magdalena, mientras el mundo avanza, torvo y sombrío, con expectativas reales, no ficciones.
15/7/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 16/07/2013

Imagen: Caricatura rusa alusiva al supuesto viaje de Edward Snowden a La Habana

Monday, July 15, 2013

Praga/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Praga es la ciudad de mayor encanto en Europa. En París uno puede empaparse de romanticismo; de inteligencia en Londres; de finura en Viena. Pero Praga es la ciudad del misterio, de la alquimia. En ella pervive el medioevo. El espectro de Mozart deambula por los palacios. Sobre las orillas del Moldava, los jóvenes sueñan con manuscritos ocultos en las paredes de antiguas sinagogas.

Praga es la villa de Franz Kafka. También la de Rilke y Franz Werfel, una trilogía como pocas ciudades podrían albergar.

En Praga se torturó y mató a Julius Fucik. Las huestes alemanas se ensañaron en sus calles mas Praga sobrevivió. No murió para que el escritor pudiese hablar del jardín de Strahov o del viejo mercado Havelská.

En ella hojeamos las páginas de Jan Neruda, la Malá Strana... las tabernas checas en las que Apollinaire oía cantar; o el Hradchim.

Praga es señora madura y gentil que seduce en tardes dominicales con un chal sobre los hombros. En su regazo caen nieves y la brisa huele a escondido.

El lingüista Román Yakobson es su mejor guía. Conoce los recónditos lugares donde tomar “slivovitz” o comer. Los callejones tienen aroma de sombra; los árboles se deshojan en melancolías.

Hemos de encontrar a Vanchura, Nezval y Jaroslav Seifert (hoy premio Nobel), los poetas checos. Liban largamente en tomo de las mesas.

Sólo resta una mirada otoñal flotando encima de Praga, la hija de tres madres: Praga la germánica, la judía, Praga la eslava...

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Publicado en Opinión (Cochabamba), en TEXTOS PARA NADA, 10/10/1987 

Friday, July 12, 2013

Otra carta de Pablo Cingolani (acerca de un texto mío: Lejana Buenos Aires)


Claudio:

Es tan conmovedor este texto, hasta para un porteño renegado, como yo.

Tiene una sazón casi perfecta para aquel –como vos, literato de fondo y forma, premio mayor de las Cubas, que de muchas maneras, aún hoy, sigue siendo el premio mayor de la literatura de las Américas- que sigue amando esa Buenos Aires que, obviamente y también, puede seguir siendo y viviendo de ser eso: literatura pura.

¿Quién puede negar que Manucho, tan marica y tan negado, justamente por eso mismo, escribió el mejor libro de todos los que yo he leído sobre Buenos Aires? Sólo los necios que se conjuran contra los genios.

¿Quién puede negar, a la vez y también, que fue Roby Arlt, desde lo bizarro y el alma hecha letra, el alma sangrante hecha letra, quién contrapuntea mejor que nadies a Mujica Lainez con El Juguete Rabioso? Yo vengo de ahí, de donde Roberto también vino, de ese oeste porteño, que cuando la colonia, era el camino al Perú, y que cuando yo crecí, fue mi camino a Bolivia, a tu Bolivia.

Borges, el gran Borges, en el fondo y desde un principio, se hizo la paja –y bien hecha- con su Buenos Aires no tan querido, en el fondo era así: por eso quiso morir afuera y ser enterrado en Suiza. En el fondo de los fondos, yo digo lo que ya escribí: hubo un Manuel Mujica Lainez para demostrar que otro garca podía querer más a Buenos Aires y a la Argentina en ciernes que don Borges –sin quitarle méritos, su poema a Facundo es imposible de repetir; sus cuentos gauchescos son también irrepetibles, pero Manucho se animó a un libro entero ex profeso, a un libro que se titula, precisamente, Misteriosa Buenos Aires, que no es un libro, es un librazo!- y Arlt es simplemente Arlt, y como vos decís en tu texto: no son siete locos, pueden ser decenas, cientos, miles: tal la esencia anticipatoria, febril, alucinada de Arlt, el primer escritor peronista, aunque se murió antes de que Perón aparezca en el horizonte político. Por eso, entre otras cuestiones, fue anticipatorio. Arlt es como Piazzola: dos que no fueron invitados al banquete, pero se comieron y se tomaron todo. Y nos legaron un mundo, y nos hicieron felices, y bienvenido y bienaventurado que ello ha sido así.

No amo a Buenos Aires tal cual es, amo a ese Buenos Aires mítico, el de Manucho, el de Arlt, el de Charly García y de Spinetta, el que yo viví hasta antes de venirme a vivir aquí, a Bolivia. Nací allí, ¿no te parece que tengo derecho a que sea así?

Te abrazo fuerte,

Pablo

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11/07/2013

Imagen: Antiguo grabado de Buenos Aires


Wednesday, July 10, 2013

Joven Norteamérica

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Busco las putas por la noche de Washington. Tomo la calle 20. Los vagabundos desprecian mi miseria de andar por la sombra sin rumbo. En ese instante en que no tengo ni diarios para cubrirme, soy más pobre que ellos. Un segundo los hace príncipes de la oscuridad.

Con el azul de la mañana vendrá el pasado, los ricos ricos y los nadie nada. Pero hablo en vano, ahora busco medias negras y piernas blancas, o piernas negras sin medias. Mas la noche es mala con los primerizos; al final me desnudo en una cama, robado por dos meretrices. Un negro inmenso me expulsa; no le interesa que le explique que soy un trabajador, que la revolución es nuestra. Para él vale un sexo pagador.


Estoy en la noche lleno de preguntas, como Edipo, como León Felipe hablando de Edipo.


Son cinco años; las putas de entonces murieron; aquel negro envejeció; no hay revolución y vago por un sótano de Denver en busca de revistas obscenas.


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Publicado en SIGNO 41, La Paz, enero-abril, 1994

Imagen: Prostitutas negras, Tacna

Tuesday, July 9, 2013

Fatídicos apóstoles/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Choquehuanca sentencia la divinidad de Morales como salvador del mundo. Entramado mediático que cree bastante gente, no nos engañemos, no solo “hermanos y hermanas” del pueblo sacrificado y pobre (donde se incluyen potentados cocaleros y comerciantes que todavía lo parecen porque no saben vivir de otra manera), hasta los “primos y primas” de otras clases sociales, muchísimos en el oriente, que eran supuestamente hasta hace poco enemigos irreconciliables del individuo aquel y su discurso.

Qué decir, qué hacer porque ya cansa esta cantaleta de dar importancia a personajes que ninguna tienen. Cómo evitarlo, imposible, en una región del mundo donde la alucinación colectiva producto de la ignorancia, considera a los hologramas sujetos de carne y hueso.

Bien abajo estamos, y casi nadie se salva. Hasta pensar que la existencia nuestra como país es nominal, un mal sueño, pesadilla a la que se le han dado alas demasiado grandes para volar y transmitir su reflejo sombrío por doquiera se le permita pasar.

A un paso, una pizca, un detalle, estamos para que se desate en Bolivia la ignominia coreana, la sevicia de Ruanda, Bosnia, Kosovo, Somalia, Sudán, Birmania etcéteras. Lo frágil del razonamiento y la nula imaginación que han convertido al presidente electo en la transmutación de un dios. Y todos bien con ello, porque los que carecen de análisis viven al día y consideran el presente como la eternidad. De ahí que se permita, y se incite además, la destrucción del medio ambiente, ampliación de cocales hasta el infinito, sahumerios que ya no tienen asidero antiguo, que son representación de payasos y bufones disfrazados, bueno para gringos marihuanos y demás especímenes de olvido. A ratos recuerdo esa imagen de Apocalypse Now, de aquel oficial de caballería con helicópteros, cuando aspiraba y decía que le gustaba el olor del napalm por la mañana. Hablaba con ello de la redención a través del fuego, y me pregunto hoy lo que no me hubiese preguntado ayer sobre su validez.

Pavoroso el tiempo que perdemos los bolivianos en el circo que nos tocó. Años, casi una década, donde las voces que deciden provienen de lo más preclaro del fango ¿o debiese decir lo oscuro? Un senador de aretes, chic, aparece cada vez que el gobierno necesita una explicación docta que embelese a las masas. El ciudadano en cuestión construye oraciones que semejan el cubo de Rubik, insolubles acertijos e incomprensibles reflexiones. Eso, y no solo ahora, en Bolivia se considera inteligencia; por ello, los pésimos manipuladores de la palabra arrastran aire de genios. Ejemplos sobran.

O nos indignamos o hacemos la vista gorda. En mi caso, finalmente vivo afuera, que tampoco es paraíso pero donde hay derechos y cierta lógica de supervivencia en comunidad que permite sobrellevar la brega diaria. Si no la certeza, al menos la posibilidad de que mis hijas lleguen hasta donde sus talentos o sus aspiraciones les permitan, sin necesidad de congraciarse con ningún cacique, local o mayor, dedicando su tiempo a cosas prácticas, útiles, creativas, ajenas a la tragedia de los jóvenes bolivianos cuyas opciones pasan por la zalamería con las autoridades, la universidad como intervalo solamente para lanzarse a un mundo inhóspito y yermo, la coca, la droga, el contrabando, o vender dulces y pantalones que quizá les den riqueza pero nada más: en la cabeza, cero.

Los fundamentalistas peroran acerca del nuevo mesías. Para mí es tiempo de tomarme una aspirina y olvidar por un instante esas tierras que no me abandonan pero me irritan.
8/7/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 09/07/2013

Imagen: Bufones medievales del manuscrito del Li Romans d'Alixandre escrito e iluminado en Flandes (c. 1340). (Bodleian Library, Oxford (264, f. 84v.)

Friday, July 5, 2013

Héroe/MONÓCULO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Qué venida a menos está esta palabra. Ni hablar siquiera de los trabajos de Hércules, de la expedición de los Argonautas, de Teseo, de Eneas, de Héctor y Aquiles. El mito, sí, como representación de valores que se necesitaban para adquirir esa casi imposible condición.

En Bolivia, héroe es cualquiera, y los plurinacionales tienen un prurito afrodisíaco por serlo; basta dar un par de pasos en falso, decorarlos con discriminación, lacrimosa historia del indio, y listo, ya está. Héroes los pobres soldados, que por vivos o por cojudos de cuando en cuando cruzan las líneas fronterizas con Chile. Luego los muestran, amilanados, decaídos, inválidos, hasta que vuelven a la patria y se transforman en gallitos catalanes, bravucones. Típico.

Héroe el presidente plurinacional, a su retorno, con la seguridad de su soporte moral y “político”. Mientras tanto, en Viena, conejo asustadizo que tiembla, y es comprensible, porque podía haberse quedado flotando en el vacío, sin combustible, para entrar en el Nirvana aymara sin escalas. Cosa que no desea porque acá se está óptimo.

La malintencionada izquierda -entre comillas- goza y medra con los escandaletes. La Kirchner echará aullidos de loba; Maduro, antológico como siempre en su rebusque de un análisis que no se le presta. Si aparece Correa, fruncirá las cejas y en falsete característico cantará sin el talento de Juan Gabriel pero con aires de dramón. Caso aparte, este, el del ecuatoriano, que con el asunto de Snowden chilló como primeriza y de pronto calló. ¿Qué tendrá la CIA en su file para que hiciera chitón? Y es que estos gringos todo lo saben: quien vende, quien traiciona, trafica o roba. Lo tienen guardado porque comerciantes son. En el momento preciso ponen sus productos al aire y caen cabezas sin el tenebroso chirrido de la guillotina.

El problema no radica en cómo trató Europa al líder indigenal. Sabemos que la línea no va por ahí. Al contrario, Morales debiese estar agradecido por cuanto la democracia occidental europea hizo, y hace, en su beneficio. A través de las oenegés lo levitaron hasta el cielo en que descansa, mullido y bien alimentado -sobran imágenes- por la comida que le dieron los amos. Seamos claros, este, el presidente, no es adalid de soberanía ni de nada. Colonialista disfrazado de indio, fiel sirviente del capital internacional en sus dos versiones, blanca y oscura, ha asumido el rol natural de idiosincrásico caudillo de un pueblo que se arrastra, gatea, balbucea, y ruega. Lo abyecto jamás alcanzó los niveles que tiene con la mentada, y falsa, plurinación.

Los intelectuales de “izquierda”, cobardes como caracterización inequívoca, cantan loas al supremo. De la farsa están comiendo muchos, y ahorrando. Total, y desnudan con esto su faz colonial, a quién le importa la “indiada”. A ellos, por supuesto que no. Es más, cuando se vayan lo harán con aire de humanistas, porque tiraron migajas de perro, bonos de los que se secuestró la mayor parte, a los miserables.

Cuesta creer que gente inteligente cae en el embrollo y agita una tonta indignación ante un hecho cuya única consecuencia importante es haber indicado al mandarín boliviano que se lo observa, que pasó el tiempo del delirio culposo que tienen los europeos por los siglos de explotación en América.

El mejor ejemplo de soberanía está en crecer y formar generaciones de pensadores y trabajadores, que por lo que creen o hagan obtengan su dignificado espacio en un mundo competitivo. Pero no, vade retro progreso, lo que hace falta es circo, amautas de alasitas soplando en caracoles. Con ello, la permanente del caudillo no se desarreglará y tendremos fiesta para rato.

Solo para decirlo, a pesar del enclenque estatus del vocablo: héroes son los indígenas del TIPNIS, y los que trabajan para comer. Y ahora, la quimba y la segunda. ¡Adentro!
4/7/13

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 05/07/2013

Imagen: Yue Minjun/Hero here, 2004

Tuesday, July 2, 2013

Lo que se dice en la calle/MIRANDO DE ABAJO



Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En el mundo se habla de usos y posibilidades de la nanotecnología, llegando incluso a mencionar posibles errores que derivarían en un Armagedón repentino y veloz. Se quiere explotar yacimientos minerales en asteroides que flotan en el espacio. Por un lado.

En otro, agoniza Nelson Mandela, el gran hombre. Hace algún tiempo, y gracias al servilismo de las recuas “intelectuales” de izquierda, se quiso comparar a Evo Morales con él; algún avezado lameculo incluso lo llamó el “Mandela  indio”, o el “Mandela andino”. Ni importa, ni vale, como comparar el excremento y la orquídea. Resulta que el dudoso Galo Bonifaz, visible boca del partido, quiere ganarse un viaje a Sudáfrica, para él y compadres, y comadres, críos, esposas y cueros, para dar apoyo solidario al líder (¿?). Si el país es una tómbola, y lo saquean los plurinacionales a un ritmo mil veces más alocado que el del peor gobierno militar. Al lado de estos, Arce Gómez y García Meza eran niños de pecho.

En Bolivia, qué nanotecnología ni ocho cuartos. El mandarín, curaca de inamovible permanente en el pelo, está preocupado en otras cosas: prosperar. Imagina, y en eso –como en mucho- se asemeja al brujo Papá Doc, que fuerzas ultraterrenas lo protegen. Lo anuncia el canciller papalisa al mundo, donde parece al fin se han dado cuenta que el boliviano es un circo peligroso y no un simpático renacer de derechos indígenas y tanto que inventaron.

Que Mandela muera les tiene sin cuidado. Pero mejor ocasión de aprovechar para un viaje de placer y de negocios, al mejor estilo aymara, no habrá. Pero, claro, ese el pretexto, e intentarán dorarse del halo del gran estadista para promocionarse como saben, mientras bañan sus pantorrillas en el mar africano, y compran, y ofrecen los productos que Bolivia produce: coca y derivados.

El planeta avanza; nosotros retrocedemos. En lugar de un gobernante que brille por méritos, aparece un metrosexual sui géneris que afirman hace parir a correligionarias, a quien un sarcástico bloguero ha definido como Elvito Rubirosa, en recuerdo del playboy dominicano, asociado con los crímenes de Leónidas Trujillo, Porfirio Rubirosa. Aunque el amo boliviano no cuenta con Kim Novak para relamerse, dicen que ha cambiado sus apetencias carnívoras y que del charque pasó al pollo. Malas lenguas.

Y a eso vamos, a lo que se comenta en la calle. Siempre, cualquier gobierno, cualquier tinte, reciben su dosis de burla popular. Está bien, colabora a la dinámica del desenmascaramiento que, a la larga o no tan larga, subvierte los cimientos de los regímenes y los lanza, en atronadora caída, al abismo.

Uno escucha, para eso escribe. La fantasía tiene límites mientras que la picardía del pueblo los excede. Dicen por ahí, por los barrios recios, no por los complejos acordonados de la burguesía, vieja y nueva, donde el chisme es intrascendente, que presidente y vice han acumulado considerable fortuna, cada uno por su lado. Al hombre de calle no le vengan con patrañas de Robespierre o de comunismo. El de abajo observa, huele, y comenta. Se va creando un entramado que por sí solo desmitifica discursos. Cómo, se pregunta, hablan de los pobres, de nosotros, cuando son dueños de la Toyota, de líneas aéreas. Cómo si son cabeza de cárteles locales, supeditados a amos que habitan el paradisíaco mundo capitalista y oligarca.

El asunto sexual cuenta, importa, ya que la única distracción del mísero es el culo. Allí, en ese campo, el más accessible y palpable, se relatan las más picantes y divertidas (trágicas en realidad) hazañas de los patrones. Sobre certezas y dudas de la hombría del segundo, y del primero también, aunque este, bocón como todo advenedizo, se ocupa de propalar sus supuestas dotes de macho y no desmiente que se “tira”, así en jerga callejera, a senadoras y diputadas, amén de ministras, con la solícita venia de los maridos en otra fiesta del chivo.

No lo digo yo, lo escucho. Entre tomates y cebollas, lodo y atestados micros.
1/7/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 02/07/2013
Imagen: Arte de Damien Hirst