Wednesday, January 29, 2014

Accidente de caza/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

“Accidente de caza” es un relato de Antón Chejov. Como en todos sus escritos tiene la precisión de un matemático y el decoro de un orfebre. Es un texto profundamente humano, producido por un hombre sensible y bueno. Babel se asombraba de los cuentos de Chejov y decía que la riqueza de su palabra se debía a su bondad.

Desarrollar el argumento sería tarea larga y no es mi deseo develar el misterio del texto. Prefiero que el lector penetre en él por voluntad propia.

En el nuevo cine ruso -el que ha sobrepasado los cánones estéticos dictados por el Partido- se pueden citar muchos nombres: Tarkowski y Emil Loteanu, entre ellos. Este último dirigió una película basada en la obra de Chejov “Accidente de caza”. El filme se presentó bajo el mismo título.

La trayectoria de Loteanu nos es algo desconocida. La única referencia de su trabajo que conozco es que colaboró en la realización de “Los gitanos se van al cielo”. Si bien anterior a “Accidente de caza”, prefigura el entorno de ésta. Se podría decir que parte de “Los gitanos...” es un ensayo de maestría del futuro director.

Fuera del argumento y la calidad de los diálogos (una gran adaptación), lo más importante en la película que tratamos es el ambiente: mezcla de locura y sueño bien logrados. La parte musical es sobresaliente: el coro de zíngaros sospecha el sonido que debe tener la bruma. “Accidente de caza” es un filme desquiciado, por trágico y bello. Loteanu no desmerece en nada la grandeza de Chejov.


_____
Publicado en TEXTOS PARA NADA (Opinión/Cochabamba), 16/10/1987

Imagen: Escena del filme



Tuesday, January 28, 2014

Cultura del escarnio/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

La base de los gobiernos bolivianos siempre ha sido considerar al “pueblo” como imbécil. Poco se ha visto para desmerecer ese juicio: sublevaciones aquí, pobladas allá, multitudes enfebrecidas, muertes, linchamientos, proclamas, discursos, nada más. La ausencia de líderes linda la desesperación. Aquellos que parecieron serlo: Paz Estensoro, Barrientos, Morales, no pasan de personajes que utilizaron el espíritu de recua para seguir con planes que a la larga resultaron personales, elitistas. Ningún legado. Lo obtenido, si bueno, en algún momento, fue resultado de procesos históricos y no de mediocres catalizadores como estos. Cualquier plataforma política de aparente sobriedad y progresismo fue enterrada por la acción nefasta de la obsesión rosquera de este país mediterráneo porque eligió serlo.

Mientras escribo, los jueces de La Haya leen la sentencia sobre el diferendo marítimo entre Chile y Perú, algo que a pesar de que en La Paz (La Habana) se diga que no afectará a las aspiraciones bolivianas, va a hacerlo y a profundidad. Los caudillos locales creían, y siguen creyendo, que sus habilidades de titiriteros han de impactar al mundo y no solo a los borregos que los circundan. Triste para ellos, pero no.

Con la asunción del disfrazado individuo que hoy se sienta en la silla presidencial parecía abrirse un espacio de participación de insospechables límites. Hay cambios, hay que reconocerlo, en términos de maquillaje, el cuidado hoy de los grupos humanos de tez más clara en el tratamiento de los “otros”. No basta, y se ha estancado allí. El acceso masivo de un numeroso colectivo a las instituciones otrora privativas del blanco y el blancoide es un paso, pero no la respuesta. El asunto de importancia está en las aulas de estudio, y en la formación de líderes a todo nivel, sobre todo de liderazgos medios, que son los que tratan con los de arriba y con los de abajo y sirven de nexo imprescindible para el funcionamiento de las naciones. Pero, luego de casi doscientos años, vemos que no se han formado, apenas caudillos de corto e ignorante alcance. No hay pensadores, se atisban algunos futbolistas (alguien decía que luego de los deportistas vendrían los poetas y después los científicos y tenía razón). Así no avanzamos, ni con satélites guiados por ekekos, ni con el estupro permanente a la Pachamama que se decía defender. Los plurinacionales, cuya responsabilidad era fundar liderazgos y reinventar instituciones, solo han creado feudos y masificado delincuentes en espacios de poder. Durará una década, tal vez más, ¿y luego? Yermo, sequedad espantosa; orfandad de espíritu y medios materiales exhaustos. ¿Cuántos caciques más puede soportar Bolivia antes de desaparecer? El dinero en las calles, la incansable parafernalia que quiere hacer creer que esta bonanza implica transformación, mienten. Debajo del brillo dorado no existe un país, solo un conglomerado comerciante, febril, egoísta, depredador y tonto. No nos da el seso para ir más allá de la fiesta del Gran Poder. ¿O me equivoco?

La vanidad entronizada jamás ha sido buena consejera. El dispendio no puede considerarse como reflejo de riqueza. El tema de los gastos reservados, que debieran ser limitados, y que llevó a la muerte en prisión de un par de antiguos jerarcas, parece no ser siquiera considerado por el gobierno actual. Cabe, dentro de democracia, que se reúnan pruebas para el futuro, y que se aplique la misma dureza a los creadores-subvertores de hoy. Expropiar, recuperar lo robado no va a mejorar la poco esperanzadora visión de la próxima Bolivia, pero servirá de ejemplo. El derroche de los recursos públicos es obvio, incluso provocador. Amos, patrones, dueños y testaferros tienen que ser cuidadosamente anotados para dejar a quienes se apropian de lo ajeno primero en la cárcel, y luego sin posesión material alguna que les posibilite soslayar la ley. Pero, volvemos al inicio, ¿seremos capaces de hacerlo? La idoneidad no surge como por encanto: es un proceso de aprendizaje.
27/01/14

_____
Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 28/01/2014

Imagen: Alfred Kubin/Poder, 1903

Saturday, January 25, 2014

Lietuva/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El gran poeta lituano Oscar V. de Lubicz Milosz (no Czeslaw Milosz) describe a su país, Lituania, de la siguiente manera: Venid, os conduciré en espíritu a una región extraña, vaporosa, velada, susurrante. De un aletazo habremos volado por encima de un país en el que todas las cosas tienen el color apagado del recuerdo (...)".

Mi gusto por Lituania comienza en las páginas literario-históricas de Sienkiewicz. El destino de este pueblo estuvo largamente ligado al del polaco. Existió una alianza bien estructurada entre las dos naciones. Ambas conjuncionaron un potente estado en la Europa oriental. Baste saber que Lituania dio a la unión una familia de grandes reyes: los Jagellón, uno de los cuales derrotó a la Orden Teutónica en la batalla de Tannenberg (1410).

Lituania es lugar de imaginación. El otoño pudre el lúpulo mientras el barro se agolpa en los caminos vecinales. Es entonces cuando desearía estar en una posada, envuelto en pieles y bebiendo hidromiel caliente. No habría sitio mejor para la poesía. Dentro del bosque negro e interminable, donde antaño se perdían los ejércitos, corre el silencio su lengua vítrea. La tierra de Gedymin se posa quieta sobre el mundo.

Entre mis lecturas lituanas conocí cazadores de osos, capaces de partir un animal de una sola cuchillada; abetos seculares; familias enteras de guerreros que abandonaban sus casas tras míticos invasores turcos...

La literatura popular lituana es rica. Héroes, ogros, serpientes parlantes comparten una simbiosis de mundos. La fluidez de su narración hace que en torno del sitio se cree un vaho de exotismo que esfuma los límites de lo irreal o lo concreto.

Lituania fue hollada por rusos, suecos, tártaros, alemanes y mantuvo su esencia. La gran arboleda -como podríamos definirla- parece inviolable.

_____
Publicado en TEXTOS PARA NADA (Opinión/Cochabamba), 05/01/1988

Imagen: Gediminas, Gran Duque de Lituania. Grabado del siglo XVII

Thursday, January 23, 2014

Noche en estado de sitio/MIRANDO DE ARRIBA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hoy, paseando por Cochabamba, después de medianoche; no recuerda en nada el tiempo de la oscuridad amiga.

Imposibilitados de andar sin ver guardias civiles, aunque uniformados como para guerra, con gas pimienta al costado, rodillos para ablandar los huesos, que hacen de veladas manoplas ajustadas en la palma, bastones policiales y demás instrumentos, admitimos que, al envejecer, esto nos da cierta sensación de seguridad, de llegar a casa sin consecuencias funestas, de a cambio de un saludo amable recibir protección. Lejos están los días en que bajo la lluvia del amanecer, deambulando recordaba, con otra lluvia de ojos, de bucles de mujeres que se hundían en el humo de las desavenencias.

No guardias, ni ladrones entonces; la palabra "polilla", utilizada para designar una especie de polvoso insecto que se alimentaba del calor de las ropas. Mentir, decir que no se había inventado el temor, o que miedos y rateros no pululaban por los rincones citadinos, o que el pasado fue mejor; te acordás, hermano, qué tiempos aquellos...

Simplemente las cosas no se reproducen eternamente, y que si no caminamos más por la arboleda del Prado llorando a la mujer que se fue a Francia porque el marido se la llevó (si yo solo le tomaba las manos), es porque ya no se nos va nadie; hemos aprendido, en las lecciones de la tristeza, a comportarnos. Así se evitan los melancólicos pasos bajo la lluvia que otrora nos hacía poetas y hoy nos resfría.

Hay guardias, deshabitados, maleantes e impenitentes en la noche de Cochabamba nuevomilenaria; los había antes y quizá tenían algún decoro. A lo que voy, digo, al disgusto de salir, la sensación de que las jaurías de perros se han soltado, que los hijos de papá, hijos de mamá, supongo, buscan, al igual que sus congéneres del submundo, en la sombra, la expansión de sus desdenes, del oculto cobarde que habita en sus cabezas inhabitables, ávido de daño, de siniestro.

Los guardias de seguridad se usaron, en la represión argentina, para aumentar las filas de la tortura. Con Julio indagábamos por trabajo en la Córdoba todavía militar. Mucho había para guardias, con cláusula especial y específica que anotaba la disposición del empleado a utilizar sus conocimientos y sus armas de ser requeridos por la empresa para defender intereses "superiores".
Ojalá no pase igual.
02/08/03

_____
Publicado en Opinión (Cochabamba), 08/2003

Fotografía: James Georgopoulos/The Shield, 2013


Tuesday, January 21, 2014

Ficciones/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Inauguran un programa de radio en aymara, que será traducido al quechua, castellano y guaraní, sobre la vida del señor Evo Morales, autonombrado primer -y único- presidente indígena de Bolivia, y desesperado adalid de campañas en su favor para que se lo reconozca como referente mundial.

Es lógico comprender que cuando poder se asocia a ignorancia, megalomanía y vanidad son secuelas inmediatas. Porqueros como Francisco Pizarro, pintores fracasados como Hitler, segundones como Yugashvili, quisieron en su momento sepultar los desdenes del pasado y reinventar el mundo y no solo su propia historia. El precio a pagar fue muy alto. Morales, en un escalafón muy inferior a los nombrados, pero con los mismos enfermizos síntomas, se desvive por pervivir, sin tener la suerte entre comillas de Johannes Faustus de aparecérsele un Mefistófeles y ofrecerle eternidad. Tal vez por eso Choquehuanca mandó a un desquiciado Cárdenas a recuperar el ekeko de un museo suizo. Hay que ficcionalizar, inventar, mentir, para armar un entarimado que aunque sea castillo de naipes, soporta el momento y gana tiempo ¿Cuánto? No lo sabemos.

Cárdenas, racista confeso y Let it Be tee shirt´s guy, el descolonizador más colonizado por la lujuria occidental, es posible que lo consiga, que traiga la figurilla desde Suiza, porque los europeos apenas soportan el peso de sus culpas y creen que lambisconeando pies indios lavan la sangre. Digamos que lo hacen, que el ekeko se aposenta en palacio, entonces el comunista Linera le rezará, invocará, amén de revolcarse en el suelo luego de la milluda que le propine algún otro narcoamauta, porque así vamos en este mundo del nunca jamás. Entre Garfio y Peter Pan o Blanca Nieves y los cuarenta enanos.

Rafael Leónidas Trujillo, de herencia haitiana, lo que entonces (y hoy) era baldón imperdonable; Tacho Somoza, que de lavador de urinarios se entronizó como amo y fundador de dinastía, o cualquiera de los gánsters de la realidad y la ficción norteamericanas, que naciendo de labradores y pastores en Sicilia, adquieren, burdamente eso sí, gustos y refinamientos de ricos, queriendo comprar con oro una escuela de vida privativa de los oligarcas. Les sale mal, porque el pobre origen sumado a la riqueza funciona como receta kitsch. Morales hoy, que juega a dos bandos: por uno el de presentarse como el humilde llamero enviado por los achachilas, y por otro el desesperado buscador de parecerse cada vez más a quienes odia y admira en el fondo. Sin la hidalguía de un Mandela, sin la soltura de Nasser. Jocosa comedia de trágicas consecuencias colectivas.

Hay frenesí, impaciencia por quemar etapas. Cada vez los plazos de sus representaciones se acortan. En los últimos meses un satélite, el Dakar, el G-77, el teleférico, éxtasis pero también desesperanza, hasta angustia por no saber si los resultados devendrán en una transformación inesperada de la historia, de la vida misma, de dejar de ser humano y convertirse en dios. Algo de religioso, de prometeico pero en miserable intento, sin épica ni gloria. Danza de millones para comprarse una memoria, un espacio, certeza de inmortalidad, aunque al sacarse las botas le hiedan los pies y este sencillo y natural aroma humano destierre cualquier posibilidad divina.

A Trujillo y a Somoza los cosieron a tiros. Otros terminaron en santidad, pero murieron. ¿Para qué lidiar con lo inevitable? ¿No sería más fácil ser cuerdos, aprender a razonar? ¿O los complejos son tan inmensos que los líderes y sus ton ton macutes andinos, tienen incapacidad de superarlos?

Ahora es posible que los suizos, quienes le deben al ekeko y no a Guillermo Tell lo que tienen y son, luchen a ultranza por preservarlo. No sea que cediéndolo los bancos se trasladen a Orinoca y las bartolinas, fierecillas indómitas, reemplacen a los adustos economistas que los dirigen.

Ave César.
20/01/14

_____
Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 20/01/2014

Saturday, January 18, 2014

Buenos y malos/MIRANDO DE ARRIBA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Luis García Meza. general iletrado, presidente de narcotraficantes, supuesto valiente como tantos otros oficiales de otros "gloriosos" ejércitos, puso de moda el término de 'buenos" y "malos" bolivianos, retórica copiada de los Estados Unidos, de la práctica puritana de colocar abismos entre el bien y el mal. El bushismo de hoy ha retomado el asunto y pueblan el planeta buenos y malos iraquíes, buenos y malos sauditas; israelíes... todos buenos. Un juego en apariencia inocente y trivial pero que ha traído sangre en demasía. 


Un grupo de textos varios de Osvaldo Bayer sobre la mesa. Una carta imaginaria de Bayer al escritor Rodolfo Walsh, desaparecido por los "buenos" argentinos que querían una nación pura, cristiana, devota, donde no cabía la honesta maldad y bonhomía de alguien como él. Bayer se alegra, el 95, de la inauguración de una plazoleta en el corazón de Buenos Aires que ahora lleva el nombre de Rodolfo Walsh. Una manera más de pervivir, aunque, como también señala, las calles de las ciudades eternizan -sobre todo- los nombres de los asesinos y no de los poetas.


¿Qué demencia puede concebir que una recua graduada en las academias de armas, llámense Videla, Massera, Galtieri, bendecida por cualquier impura mano arzobispal, o papal si viene el caso, tenga la osadía de encaramarse por el poder de la fuerza bruta sobre la inteligencia, o de usurpar el arte y llenar las cámaras de tortura con hermosos tangos para inculcar argentinidad y "patria" a los martirizados, a tiempo de acallar, con la voz de Floreal Ruiz y los bandoneones de Francisco Canaro, los aullidos de dolor y miedo.


¿Qué hizo de Rodolfo Walsh "malo"? La valentía de buscar respuestas y denunciar errores. El ímpetu por la verdad histórica obligó a Osvaldo Bayer a vivir su tierra en el exilio alemán, a retratar la Argentina social desde inmerecida distancia. Parece que los buenos no quieren nada bueno, que los buenos son los malos y viceversa, aunque con juicios semejantes estaríamos revitalizando este dramático entretenimiento pendular. El dilema queda en si vale juzgar, en términos de bien y mal a los hombres. Al no hacerlo nos estancamos en una suerte de catalepsia jesucristiana y, por el contrario, siendo parte podemos convertirnos en jurado, en juez, en verdugo con extrema facilidad. Que lo digan los bolcheviques que de santos pasaron a demonios y arrasaron aquello que se oponía a su nuevo credo. De rezar se trata, en una u otra lengua, a izquierda o derecha, Dios o Alá, María o Remedios, intransigentes.

26/05/03

_____

Publicado en Opinión (Cochabamba), 05/2003

Imagen: Jarbas Lopes/Good and Evil misunderstandings, 2006

Tuesday, January 14, 2014

La vanidad en automóvil, moto, triciclo, camión… avión/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El Dakar. Si hasta huele a trata de esclavos, a Henry Morton Stanley, Leopoldo de Bélgica, colonialistas y colonias. A la mierda las representaciones de indios, sus geoglifos y culturas. Hay que pasarles por encima. Y en la cumbre de todo este carnaval plurinacional, capitalista, ni siquiera deportivo, la sonrisa maléfica del ekeko: Evo Morales Ayma, el gran embaucador.

Me retrotraigo a El reino de este mundo, de Carpentier, porque La Paz, hoy, es aquel Sans Souci restaurado, con los peros que trae la modernidad, pero con sus plus de difusión y comunicación. Lo que Henri Christophe tenía de trágicamente majestuoso, Evo Morales lo reemplaza con un circo mediático. Lo que fue mítico entonces, tambores de vudú y magia, es hoy simplemente capital mal habido y empedernido, fumarolas de narcóticos y embuste.

¿Enemigo de las carreras de autos? No, sin ser fanático. Pero este asunto del París-Dakar, como se llamaba, sobre todo ahora, excede cualquier caracterización de deporte y destapa las tremendas falencias del boliviano como pueblo. Seguimos como los lucayos de las islas a quienes deslumbró Colón. Seguimos como en Tenochtitlán en tiempos de Cortés, sin la capacidad de reacción de los mexicas. Seguimos, seguimos, como los niños en Hamelin, o como los ratones… “Vámonos”, se repite en el canto, a seguirla a otra parte, a continuarla, pero sin cambiar.

Hasta cuándo el festejo de discursos y opiniones inútiles, de rosas para los muertos de Mario Vargas Llosa ¡eso lo sabrá y decidirá él, no porque se lo desee imponer el cacique! ¿A qué viene la seudo inteligencia de palacio, que anda detrás de estas y otras estupideces? ¿A qué depender de una tira de cojudos que abusan del síndrome colonial que nos ajusta? Hay respuestas, pero a momento de decirlas saltan las damiselas de la pluma haciendo de barrera para que no se dañe a quien tristemente tal vez representa en serio lo que somos. Claro que hay respuestas.

Mientras tanto, Morales Ayma se ha subido al tren bala, ese que lleva en permanente y veloz ascenso a la oligarquía, a la riqueza y al feudo. Los socialistas, bien gracias, la infinitud de cómplices internos y externos que hacen presente y futuro esta posibilidad, entre ellos y en primera instancia las grandes finanzas a quienes conviene el ambicioso. Déjenlo hablar porque las palabras no sirven, menos las suyas mal hilvanadas. Pero el mensaje falaz que sostiene su mandato es lo que sirve a los bancos, a los poderosos. En asuntos así, de lujuria mercantil, ni siquiera la certeza del narcotráfico hace de obstáculo. Las expectativas del gran capital se yerguen por sobre toda moral, todo crimen. El oro pesa.

Me pregunto, pasando del tema de la política al de salud pública, ambos escatológicos, si Morales habrá pensado en una infraestructura de baños públicos para la horda que se trasladó al salar. O será que en casos de esta (mala) índole, también “le metemos nomás”, meamos y cagamos nomás donde nos venga en gana, porque finalmente los desechos plurinacionales son el mejor abono… Algo tendrá que decir Choquehuanca, el hombre de las respuestas inéditas. Tal vez suponga que lo que viene del cuerpo es la mejor ofrenda para los achachilas y por eso hay que soltarlo con liberalidad.

Nosotros, simples mortales, nos fijamos en minucias, mientras Evo y Alvaro, Tuco y Tico, las urracas parlanchinas, van adelante, a años luz, en su desbocada carrera hacia el toque de Midas. Mientras buscamos monedas para el pasaje, los amos desaparecieron en sus corceles de acero.
13/01/14

_____
Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 14/01/2014

Monday, January 13, 2014

Roger Otero: Los acertijos de Glenda


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

No puedo dejar de pensar en Raymond Chandler al cerrar en el ordenador la última página de Los acertijos de Glenda, de Roger Otero Lorent, novela, como tanto de su obra, premiada en justo derecho. ¿Por qué Chandler? Por el desarrollo inteligente del argumento y una destacable solidez en el diálogo de esta intrigante, fresca, ágil y apasionante nueva creación del autor cruceño.

Porque además del suspenso, del misterio, Otero filosofa acerca de la vida y de la muerte, en un entorno cotidiano, no grandilocuente, que desenvuelve detrás de una aparente intrascendencia un complejo mundo de relaciones que absorben al lector y lo impulsan a resolver los acertijos de los personajes cuanto antes. Aquello que comienza como una narración coming of age, de despertar a la vida y al amor, va complicándose en laberinto de situaciones y palabras donde deseo, afecto, eficiencia, tiniebla y análisis se funden para darnos otra inolvidable experiencia de leer buena literatura.
2013

_____
Fotografía: Prueba de portada de la novela

Africana/MIRANDO DE ARRIBA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Africana es la enciclopedia de la cultura de Africa y de su descendencia americana. Se inicia con una foto de W.E.B. Du Bois, sociólogo, historiador negro que luchó por la igualdad de derechos en los Estados Unidos, que estudió en Harvard y en Berlín y que murió en su retiro africano en Ghana en 1963. ¿Por qué Du Bois? Porque exploró la historia y la vida afroamericana dándoles una importancia largamente soslayada en la formación de los países de América.


La galería de personajes, países y hechos es extensa, demasiada para quien no guste de la mixtura como lo hago yo. Una lamentable exclusión es la del libertador Simón Bolívar, el gran zambo, quien de manera extraña no figura en este exhaustivo libro. Solo se lo menciona en la sección dedicada a Alexander Pétion, presidente de la primera república negra de América: Haití. Están Dessalines y Papa Doc (que negros malos también hay); Cesarea Evora, la diva de los pies descalzos, y Diana Ross; Alejandro Dumas padre -e hijo, porque hijo de negro, negro es-, aunque lo obvio de su sangre africana le resalta únicamente en los rizos; Pushkin -parece difícil creerlo-, descendiente de reyezuelo, esclavo, liberto y negro ilustrado, quien a pesar de la burla de sus contemporáneos por su herencia de color, se levanta como la mayor expresión rusa.


Amílcar Cabral y Chucho Valdez; Cachao y Bebo Valdez; santería y tango, quizá derivación directa de Shangó. El gran Machado de Assis y sus compatriotas Lima Barreto y el cineasta Glauber Rocha. La saya, en una entramada calle de yungas, en los trajes blancos de cinturón rojo de los negros de Bolivia, país que recibió menos esclavos negros que cualquier otro de Sudamérica, debido a que la plaza de Potosí se hallaba muy lejos de los puertos de entonces. En Bolivia, el negro representaba más la riqueza familiar de aquellos que poseían sirvientes de color, que otra cosa. Tal vez por eso aún se decía cuando yo era niño "negrito buena suerte", porque la suerte se apareja con el dinero.


El rock and roll viene de raíces negras; negro es el blues. Jimi Hendrix se asocia en la distancia de la sangre con el danzón e igual lo hace Toto la Momposina con Louis Armstrong. La insurgencia de los mau-mau en Kenya tiene parangón con los más antiguos quilombos del Brasil y los palenques de Cuba. Por fin se reconocen la importancia de Zumbí y de Henrique Dias. Wilfredo Lam es un gran pintor; Didí era un mago con los pies, y en la costa atlántica de Colombia se baila cumbia y se toca caja en Perú.

30/03/03

_____

Publicado en Opinión (Cochabamba), 04/2003

Fotografía: Máscara ibo, Nigeria suroriental

Thursday, January 9, 2014

La comida: una aventura literaria/MIRANDO DE ARRIBA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El sabor de unas linguiças, chorizos portugueses que también se afincaron en Brasil, me recuerda las choricerías calacaleñas de mi infancia, cuando papá nos llevaba, sobre todo a Elena y a mí, a comer debajo de los emparrados que el tiempo y la distancia han -no empañado porque no existe más humedad- empolvado.

La linguiça esta sabe igual que aquella nostálgica comida popular, incluso tiene el mismo jugo casi anaranjado donde las vendedoras sopaban el pan y lo presentaban abierto y colorido para que el parroquiano decidiera comerlo por separado o emparedarlo.

Viéndolo ahora, con el aprendizaje que el tiempo da acerca de la salud -nos vamos poniendo viejos-, pienso en lo malo de consumir tales grasas; sin embargo, no me resisto al sabor. Al final, un tipo de muerte placentera que tiene la virtud de destapar recuerdos gratos, aunque sea a veces, una vez, con el gusto del pecado.

No quedan las choriceras de Cala-Cala, ni las vendedoras de sillpancho en pan, los quema pechos, acurrucadas en la esquina de Libertador y América, acogedoras sombras del desvelo. Mentira es que al relocalizarlas, con ánimos urbano-estéticos o lo que fuere, las cosas mejoraron. Las ventas reunidas hoy en denso avispero conforman un espacio violento. No era así antes porque la amplitud de la esquina evitaba concentrar humores malos; siempre se podía evitarlos mientras el arroz se desgranaba a intervalos del pan que tenía que ser tortilla y no las esponjas industriales que la suplantan ahora.

Ya se me acaba el espacio y ni asomo de acercarme al título del escrito. Escribir -y leer- sobre comida es una hermosa aventura literaria. Los límites de un buen plato exceden los de su diámetro. En la forma en que se dora una papa hay un cúmulo de connotaciones impensadas. La manera en que este tubérculo se dora en la comida cochabambina llega a ser muy especial y tan reconocible para mí como un hermano, un amigo que creció conmigo y que me asocia con múltiples memorias.

El arte de relatar los entretelones y los avatares de la cocina merece un capítulo muy especial. Hay que agradecer que hombres de talento pongan empeño en embellecer, o descubrir, los rasgos deliciosos y escondidos de una acción, unos objetos, que por su cotidianeidad semejan ser triviales.

Asocio la salteña a la escritora Manuela Gorriti-Belzu, de pluma y tenedor. Me gusta leer sobre cocina gallega en Alvaro Cunqueiro, y criolla en Ramón Rocha Monroy.
30/05/05

_____
Publicado en Opinión (Cochabamba), 05/2005

Tuesday, January 7, 2014

El Nobel y el descontrolado/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Cuando Morales arrecia con la perorata de quieren hablar mal del Evo, dañar la imagen del Evo, el Evo aquí y el Evo allá, y su segundo en mando continúa con el presidente Evo, Evo Cristo, Evo mesías, Evo virgen, se me ponen los pelos de punta.

Esa costumbre amistosa de tratar a alguien por su nombre de pila es un error que en Bolivia se debe eliminar, porque incluso la oposición cae en la cantaleta del “Evo”. Se habla así a un amigo, no a un enemigo. Comprendo que las “travesuras” del susodicho le dan un aura infantil que impulsa a la condescendencia y la sonrisa, pero no nos engañemos, nada de infantil en los desmanes autoritarios y tiránicos del señor Morales, a quien se debe llamar por su apellido o su posición, aunque la ignominia cocalera ya lo nombró comandante ¿por qué oscuras batallas será? Caprichos que pagamos en sociedad; no los pagan ellos, los masistas. De fondo escucho acordes de músicas de antes: Caprichosita y Mentirosita…

El innombrable acaba de decir, sobre la próxima visita del escritor Mario Vargas Llosa a Bolivia, que viene a “hablar contra el Evo”. Esperado, previsible, histérico y hormonal. Por supuesto añade las tonterías de rigor, escuchando su propia voz como si fuese la de la historia que en su momento lo sepultará. Los celos son un factor primario de la vida del personaje; no podría ser diferente si su nacimiento y estrellato parecen de novelón, aunque el hijo se ha rebelado contra los padres y ahora los expulsa de sus lares (hablo de las oenegés que lo inventaron). Cómo no va a tener celos si el laureado peruano es alguien que se ha hecho a sí mismo, cuyo talento no puede ser opacado por cualquier opinión política que tenga, se esté de acuerdo con ella o no. La aparición del autor de la inolvidable novela La tía Julia y el escribidor le hace sombra a la Cenicienta. Pues la Cenicienta va a tener que aceptarlo o cometer la locura, como el orate ya fallecido de Caracas, de hacerlo detener. Cómo alguien que es falso, Frankenstein construido de piezas múltiples y diversos progenitores, homúnculo, golem, no va a sentirse avasallado por un ser humano original. Lógico, comprensible.

El megalómano cada vez acepta menos. Las huestes inmundas e ignorantes lo alimentan, lo adoran. Los intelectuales ofertan a sus mujeres, con la esperanza de que la varita mágica del amo las posea y transforme el polvo en oro. Nos desenvolvemos en un mundo entre carnavalero y hechizado, entre anales ancianos, muchos supuestos y hechos a medida, y tecnología moderna que pone a ekekos en la luna, máquinas violentando la pachamama en el salar y más. El nuevo trujillato, o el neobarrientismo como acertadamente definió un político. Algo sin pies ni cabeza, con un sol invertido que hace las veces de Inti, pero con un accionar que tiende a destruir al Inti y el pasado, en angurria jamás vista antes, que no cejará hasta que no le quepan más monedas en los bolsillos y bancos extranjeros, y que del país haga escombros y de sus culturas originarias también. Travieso, malévolo, maldito.

La gente comienza a preguntarse si Vargas Llosa responderá. No lo sé. Esa sonrisa que lo acompaña siempre sin duda ha de ampliarse. No es para menos. Si solo contemplar el dedito sentencioso del cacique, advirtiendo a la humanidad y a la historia con cualquier absurdo que le venga en gana, da para desternillarse de risa, a pesar de lo trágico de su significación. Parece sacado de las páginas de Grimmelshausen, de la picaresca española: medieval, esperpéntico. Desaforado.
06/01/14

_____
Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 07/01/2014

Imagen: Página de cubierta del Simplicissimus (1669), de Hans Jakob Christoffel von Grimmelshausen, con la figura del Baldanders, bestia fabulosa que parece ser un híbrido entre un diablo y un pájaro-pez-sirena, o pájaro-pez-tritón.

Monday, January 6, 2014

Stalin y los intelectuales/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Cierta vez sonó el teléfono en casa de Boris Pasternak. Cuando el poeta preguntó quién llamaba, le respondieron: “Stalin”. Al hombre del Kremlin le gustaba jugar con sus conciudadanos y con el terror. Sorprendido, Pasternak oyó que Stalin le consultaba acerca de la obra de otro poeta -amigo de Pasternak-. Sin saber qué hacer, contestó que no tenía una opinión formada sobre ella, que no la conocía bien. Stalin -molesto- le dijo que con esas palabras acababa de condenar a su amigo y colgó.

José Chugachvili realizaba esto con frecuencia -Ehrenburg lo consigna en sus memorias-. Detrás, siempre, estaba la fatídica sombra de Lavrenti Beria, ministro del Interior.

El estalinismo dio fin con buena parte de la intelectualidad rusa. En los campos de concentración se pudrieron hombres de la talla de E.I. Babel y Perets Markish. Solzhenitsin recibió su parte... Pintores, músicos, dramaturgos se balanceaban en la cuerda floja que habíales tendido el régimen.

El realismo socialista, en arte, es algo sumamente obsoleto y mediocre. Luego de la depuración de la “intelligentzia” solo quedó basura. El arte ruso se vio reducido a un pequeño grupo de adláteres insignificantes cuya producción no rebasaba los límites de la propaganda oficial.

Sin embargo, Stalin tenía momentos de lucidez. Cuando murió, en 1953, se encontró entre sus papeles una lista de nombres: el músico Shostakovich, Pasternak, Eisenstein y un nutrido grupo de talentosos artistas. Al pie, Stalin, de puño y letra, había anotado “NO TOCAR”. Felizmente para nosotros se cumplió la voluntad del amo...
_____
Publicado en TEXTOS PARA NADA (Opinión/Cochabamba), 11/12/1987

Imagen: Boris Pasternak en un sello postal soviético, 1990