Tuesday, July 28, 2015

Madrid-Cochabamba, un libro de peso/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

¿Autopropaganda al ser yo uno de los autores? Nada de eso. Sucede que he recibido en mi refugio norteamericano los primeros ejemplares del libro (Editorial 3600, La Paz, con prólogo de Miguel Sánchez-Ostiz, contratapa de Willy Camacho y cubierta de Demian Ortiz) y me ha gustado. Ha pasado un año desde que a instancias de Pablo Cerezal (autor español de Los cuadernos del Hafa, obra de culto) iniciamos la aventura. Dos escritores acompañándose, no confrontados, hablando de sus ciudades, Madrid y Cochabamba, en una perspectiva brumosa que hermana a cualquier urbe. Tal vez por eso, Pablo lo subtituló Cartografía del desastre, porque su interior aviva ruinas, que ni impávidas ni silenciosas están o son, sino dinámicas, agonizantes, paridoras, plenas de emoción que no aplaca la valeriana de las viejas brujas.

Preguntan si son crónicas. Respondo que literatura; no que una desplace a la otra, pero carecen del meollo que las harían texto periodístico, sin disminuir tampoco su existencia en un ámbito más personal e íntimo, con las libertades artísticas y de estética (trabajo) que la literatura permite. Sin embargo, son crónicas urbanas, algo rurales también en el caso boliviano, donde ni el 52, ni la modernidad y peor la todavía presencia de generaciones que vivieron el salto, alteraron el rostro nacional como una simbiosis campo-ciudad, muy enraizado el campo en la idiosincracia boliviana, fuera incluso de las diferencias sociales y hasta raciales.

Estas páginas abordan temas comunes: música, cine, muerte, amor, putas, libros, vicios y aficiones; Vallecas, barrio madrileño y Cala Cala, cochabambino, comparten esas minucias sobresaltadas del ser humano. El entorno las decora, agría o endulza, pero a la larga un cuerpo es lo que es, y un llanto lo mismo, sin importar el lugar ni cómo se llamaba ella (la escribimos dos hombres). Así como todo se olvida, igual se recuerda.

Un punto de apoyo entre ambos estilos, naturalezas, pasaporte y visión, un pivote, viene a ser que los protagonistas, casi casi autobiografía, salen de una clase media trabajadora que se mece entre dos mundos esperpénticos, el de arriba y el de abajo, el cielo y el infierno. En este medio, aunque los anarquistas de la Fracción del Ejército Rojo Alemán afirmarían que en medio no hay nada, es más sencillo manejarse e incursionar en lo otro, en cualquier dirección, y retornar cabizbajos al abrigo del café con leche, del pan con mermelada. Luego de las batallas, siempre las cortinas de la madre se mecen con suavidad de arrullo. De ahí hasta la próxima, en esa guerrilla insomne que es crecer y experimentar.

No confundamos, no es un texto “coming of age” para nada. No hay maestros que regañan ni morales que abofetean. Refugio, sí, el ya nombrado, pero fuera de eso la guerra, con consonacias terribles a veces y gratificantes otras. No es libro de niños bien ni cagaleches; Dostoievski, Nietzsche, Lou Reed, Rimbaud y Henry Miller desquiciados. El marqués, Sade, deambula escapado de Charenton para asociarse en la bruma. No letra con sangre; letra de sangre y esperma.

Desperté a las 4 de la mañana. Hasta las 8 había ya releído las trescientas once páginas. Este libro no es nuestro, ya se escapó. Por eso no puede creerse propaganda; sus autores ya no están, murieron, y, si viven, caminarán por nuevas Troyas de humo y alarido.

Queda acomodar el libro en el estante. Sobrecogedor, cómo explicarlo, una conjunción galáctica, un terremoto. Un tornado, mejor, de esos que pasan y dejan nada, solo memoria.
27/07/15

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 28/07/2015

Monday, July 27, 2015

Apuntes para dos soledades, de Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Juan Quirós

¿Edad de Claudio Ferrufino-Coqueugniot? Sé que es muy joven. Dirige, en Cochabamba, una revista de literatura, la cual aparece cuando puede, supongo que con muchos sacrificios.

Escribe poemas de nervios exquisitos, tanto en verso como en prosa. Un halo de modernidad los envuelve.

Ferrufino-Coqueugniot transporta la realidad a su imaginación y, allí, la macera y convierte en arcilla del alma.

Sus poemas presentan un aire hereje, como diría otro poeta, Fernando Rosso. poemas de tanto rumor externo como interno, los cuales hablan de que su autor está agitado por un afán de ser nuevo, aun cuando él no lo diga; huyen a toda costa de la vulgaridad y de lo excesivamente trillado.

Algunos de esos poemas han aparecido en "Presencia Literaria", y conozco un manojo de varios más que permanecen inéditos. Ante unos y otros, se siente uno medio profeta y se atreve a afirmar que a su autor le aguarda un brillante porvenir. Esta tan sobada expresión, aplicada a Ferrufino-Coqueugniot, según mi parecer, encierra una verdad que el porvenir, precisamente, refrendará en un tiempo no muy lejano. Y valga esta actitud por mí asumida ante la labor poética de este joven, para responder a quienes me tildan de destructor de los portaliras que se inician. Esto no es verdad. El oficio de leer a los autores, sean viejos y consagrados, lo mismo que primerizos y nuevos, me ha dado cierta seguridad de criterio como para poder juzgarlos sin ningún prejuicio y con entera imparcialidad. Nunca a alguien que escribe y demuestra que vale, especialmente si es joven, le he regateado mis palabras de complacencia y aun de alabanza. Mas, cuando los jóvenes principiantes demuestran con sus escritos que están reñidos con las bellas letras, y si no es por un milagro, las cosas no cambiarán para ellos, confieso que he sido muy franco dándoles a entender que el tiempo es precioso y que no es lícito seguir abusando de él impunemente.

Ferrufino-Coqueugniot se sumerge con facilidad en la realidad cambiante de las circunstancias de su vida, y expresa esa realidad mediante imágenes que oscilan entre brumas de intuiciones, adivinaciones y recordaciones, las cuales saltan al papel desde una zona, la de su alma, muda y quieta hasta entonces.

De ahí extrae él "los símbolos que cada uno de nosotros lleva en sí mismo", como hubiera dicho el luminoso y desventurado Pavese.

En un aparte de sus apuntes, dice el autor: "No sé qué valor tengan mis escritos, pero, de todas maneras, es agotador plasmarlos. Las dos o tres horas diarias que escribo me debilitan hasta el sueño". Y en otro: "¡Qué cansado estoy! la labor creativa es una picadura de cobra".

Así es el trabajo del artista, arduo y agotador, hasta dejar a éste con su veneno -dulce veneno por otra parte- desfalleciente y exhausto. Y agrega aún: "Toda vez que borro un adjetivo pienso en Borges. Es una gran lección la de saber apreciar la fuerza del sustantivo. El exceso de adjetivos es lugar común entre los aficionados como yo".

"Toda vez que borro un adjetivo"... Qué bien está esto. El adjetivo que no da vida, mata, expresó Huidobro. Y qué difícil es escribir con sólo sustantivos (Ferrufino-Coqueugniot exagera al decir que hace uso abusivo de ellos), matando los adjetivos.

Si yo quisiera definir el arte que hay en estos apuntes, lo haría proyectándoles los versos de "Horizonte" de los "Poemas árticos" del antes citado poeta chileno. Helos aquí:

Pasar el horizonte envejecido
Y mirar en el fondo de los sueños
La estrella que palpita
Eras tan hermosa
     Que no pudiste hablar
Yo me alejé
     pero llevo en la mano
Aquel cielo nativo
Con un sol gastado
Esta tarde
     en un café
          he bebido
     Un licor tembloroso
     Como un pescado rojo
Y otra vez en el vaso escondido
Ese sueño filial
Eres tan hermosa 
     que no pudiste hablar
En tu pecho algo agonizaba
eran verdes tus ojos
     pero yo me alejaba
Eras tan hermosa
     que aprendí a cantar.

Si el lector cotejara algunos de los elemnetos del poema de Huidobro que he transcrito con algunos de los ingredientes de los "Apuntes para dos soledades" de Ferrufino-Coqueugniot, encontraría sutiles y entrañables correspondencias entre ambos poetas.

Lea esta obra y verá.

Llegados a este punto puede alguien interrogarme: ¿Entonces este jovencísimo poeta, ya nada más tiene que hacer?

-Sí, tiene aún mucho por hacer. Pero, lo que ha hecho hasta ahora, es excelente.

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Publicado en PRESENCIA LITERARIA (Presencia/La Paz), 29/03/1982
Publicado en Revista SIGNO #31(La Paz), septiembre-diciembre 1990

Tuesday, July 21, 2015

A propósito del 'racismo interno'

ARNOLDO MERCADO B.

En su artículo titulado “Colla, el racismo interno”, mi admiradísimo Claudio Ferrufino Coqueugnot dice que los cruceños usamos como epíteto el término “colla” que ha servido y sirve como discriminador en este plurinacional país, según el astuto Evo Morales Ayma. El término “camba” los cruceños lo usamos con orgullo, aunque no sé si este fenómeno se lo debemos al arquitecto Sergio Antelo Gutiérrez, fundador de la Nación Camba, que nos enseñó que cambas somos todos los cruceños, los descendientes de los españoles, de brasileños, de argentinos, de japoneses, de alemanes y también de collas.
Ya lo dijo José de Vasconselos, ese gran mexicano, que América es producto de una raza cósmica. El colla desciende de quechuas y aymaras, mezclado con blancos y no debería sentirse ofendido cuando le hacen recuerdo de sus orígenes. Fíjense que entre cruceños nos “cambeamos” y no hacemos cuestión de estado por ello.
Creo más bien que la aymarización a ultranza que llevan adelante desde el gobierno, nos podría obligar a pensar en un soberanismo al estilo catalán, pecado capital en esta Bolivia insegura de su existencia. ¿Acaso en Canadá cada tanto no hay un referéndum para ver si Quebec sigue unido al país?
Yo no digo que los cambas nos morimos de amor por las personas del occidente; han corrido muchas aguas turbias en la historia. Ahí está la tragedia de Andrés Ibáñez, fusilado por federalista. Cuántos más cruceños hay perseguidos, acusados de separatistas, por demandar el 11 por ciento de regalías. Aquella vez nos mandaron los ucureños que asesinaron en el Pozo de las Liras. Ahora inventamos terroristas, separatistas y se los escondemos al Papa Francisco en Palmasola. De esa forma un sinnúmero de injusticias para acordarse de la justicia.
Mi admiradísimo Ferrufino Coqueugnot va a verse obligado a reflexionar sobre nuestra convivencia colla-camba y tendrá que ver cuál de los dos ha sido perseguido por sus diferencias.

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De EL DIA (Santa Cruz de la Sierra), 21/07/2015

Fotografía: Unionistas capturados en Terebinto (1958). (de un artículo de Rocío Estremadoiro Rioja en Mojón 21)

La ilógica de la guerra/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Fue en Tolstoi, creo, de niño, que aprendí de los chechenos. Tomaría tiempo distinguir en la vastedad de Rusia quiénes eran quiénes, dejar de confundir calmucos con chechenes, azeris con kurdos. Difícil incluso hoy para el que no ha penetrado esa maraña interminable y en conflicto de etnias, religiones, divisiones y subdivisiones del otrora imperio; peor en el Cáucaso. A veces, en lógica macabra por la sangre derramada, se puede pensar que Gengis Khan tenía razón al construir así un floreciente comercio y relativa tranquilidad en una región de semejante tamaño e inestabilidad (Pax Mongolica). Lo imitó Rusia con cierto éxito, y se han hecho en mayor o menor grado historia colectiva e universal los intentos.

Esa Paz, con mayúscula, nacida en términos ideales luego de la guerra, parece haber perdido su posibilidad de existir. Estados Unidos ha sacrificado hombres e ingentes recursos en pacificar lugares que apenas abandona se revierten a su situación anterior de caos, a pesar que en casos como el de Iraq, los norteamericanos alteraron una paz sangrienta, pero funcional, bajo el mandato de Saddam Hussein. El dinero pesa más que la política.

El conflicto ruso-ucraniano es antiguo. Fue la desgracia de Ucrania, luego del gran levantamiento cosaco del siglo XVII, que tuvo que mirar al este para salvaguardar lo conseguido en su epopeya de liberarse de Polonia. Con el tiempo, los límites divisorios de lo que eran una y otra se desvanecieron. Ya cuando comencé a leer “literatura rusa”, el hecho de un autor nacido en Ucrania era simplemente referencial. Gogol.

El nuevo zar, Putin, reclamando derechos históricos, desea reinstaurar el anacronismo soviético. Empezó por Crimea, lugar al que los tártaros tienen ligazones mayores a las de los rusos y que están hoy confinados como minoría. Prosiguen otras regiones de Ucrania. El éxito de sus desmanes depende con mucho de la situación internacional. Pareciera que el asunto de las fronteras es tema que con el tiempo se relajará. Lo predijo Robert Kaplan para los mismos Estados Unidos, Canadá y México. ¿Cuánto ha de pasar para que la historia desarregle el puzzle y quizá lo vuelva a organizar? No mucho.

Una singularidad del choque armado entre Ucrania y Rusia es la participación, del lado de esta última, de brigadas islamistas chechenas, que bajo bandera propia y de acuerdo a su tradición religiosa, aceptan en parte someterse a las instructivas del ejército nacional para combatir al enemigo común. Las guerras chechenas fueron crueles; una humeante Grozny es lo mínimo que se recuerda de las masacres. Los combatientes que no cedieron a las concesiones rusas terminaron peleando en Afganistán, en Siria, en Iraq. Algunos en Ucrania al despertarse el nuevo foco, concentrado esta vez contra el causante de la tragedia del pueblo chechén.

Vuelvo a Tolstoi y a lo incongruente que resulta que chechenos luchen junto a ucranianos contra rusos, cuando centurias tuvieron a los europeos combatiéndolos lado a lado. En el soberbio Viaje sentimental de Shklovski encontramos una confusa batalla de grupos y facciones, decenas de individuos o centenares en algunos casos, a los que hay que seguir de cerca para no caer en error, y cuya volubilidad solo añade a una desentrañable mescolanza. La esencia tribal que todavía perdura, tan visible en las luchas intestinas mongolas antes de Genkis Khan o del Gran Khan, y contemporáneas entre los señores de la guerra afganos o sus pares iraquíes.

Nos trasladamos al Islam, al reciente enfrentamiento entre ISIS y los talibanes. Es tan sutil el asunto que no se puede hablar con soltura. Mucho de ello pasa desapercibido ante nuestra ignorancia occidental. Apreciamos de afuera, el espectro general, no comprensible, entre grupos que semejaban afines. Estamos en la antesala de un terremoto geográfico, religioso, politico, en todas partes. No verlo así, aferrarse a nacionalismos obsoletos o a las lecciones de la historia puede ser fatal. El panorama es otro.
20/07/15

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 21/07/2015

Fotografía: Isa Munaev (tercero de la izquierda) con miembros de su batallón en Ucrania



Thursday, July 16, 2015

The Oxford Tavern/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Los poetas hombres no llevan anteojos en la taberna. No hablan demasiado. Hoscos, al principio, se sueltan y sus voces son como oro. Sin experiencia el hombre no es nada; es bueno para el café.

El bar tiene dos partes: una adentro en la que beben escritores y oscuros sin nombre, y la otra, colorida, afuera, donde están mujeres de piernas leves.

Loura se llama la camarera. Rubia, de Alabama y veinte años, es mejor que Marilyn. Y ella, Marilyn, en mural, sonríe con sus lunares, dos cuadras abajo.

Jarros de cerveza. La música en el aire. Alguien canta Born to be wild.

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 03/01/1992

Foto: Mural de Marilyn Monroe (1981), esquina de Calvert y Connecticut, Washington DC.

Tuesday, July 14, 2015

“Colla”: el racismo interno/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Conversando anoche con mi hermano Armando, agrónomo que ha trabajado en los campos de cultivo de diversos países, incluyendo Bolivia/Chapare cuando dirigía el programa de cultivos alternativos, hasta las sierras frijoleras de Guatemala donde los hombres juntan la azada con la pistola, nos referimos al tema boliviano del racismo interno. El “nigger” del norte podría compararse dentro de nuestras fronteras al “colla” (“coya” más al sur, en el norte argentino), con la diferencia que la población afroamericana de los Estados Unidos es porcentualmente mucho menor que la blanca mientras que en Bolivia el indio siempre fue, y sigue siendo también en su condición mestiza, mayoritario.

Recuerdo, casi diez años atrás, cuando Armando refiriéndose al novel gobierno masista decía que le haría bien al país que se le sentara la mano al racismo del oriente, él que de entrada admiró la pujanza de su gente y de su industria. Era el momento en que Morales iniciaba su ataque desenfrenado a Santa Cruz. El comentario nada tenía que ver con apoyo al régimen sino como nota a un drama que atenazaba el futuro. Lo que no entendieron los padres de la patria y sus hijos es que este, el futuro, pasaba por la inclusión de las razas. Sigo en familia y parafraseo a mi padre, burlón, diciendo que la culpa la tenían los abuelitos que no supieron leer la historia. Morales, el MAS y sus desmanes eran producto de aquel error y llegaba el tiempo de pagar.

Conversamos sobre el tema a raíz de historias locales que acaban de contarnos, donde el epíteto “colla” mantiene su connotación despectiva. Eso no lo cambia ningún gobierno; saldrá de un largo proceso en donde la educación sea prioritaria, pero, ya que hablamos en términos inmediatos, hay que reconocer que lo sucedido, liberándolo de las brumas de corruptela y tiranía, ha servido para al menos crear un esbozo de dignidad que se le había negado al indio desde siempre. En medio de un gigantesco negativo, hay que reconocer algo positivo. Lo he visto en bancos, en tiendas, en supermercados. Es quizá el miedo al castigo por un ente superior lo que hace que se muestre respeto por las etnias originarias. Vale incluso así, porque se hará costumbre. El convivir con el Otro en condiciones de paridad, no ideales sin embargo, fundará algo que ha de servirnos. El hecho de que en una churrasquería “elegante” se tenga que servir a un grupo indígena en las mismas condiciones que a cualquier otro tiene que ayudar, guste o no.

Hablamos de clases sociales pero en términos regionales el problema se agranda. El oriente ha despreciado al occidente de antiguo. En el siglo XXI sigue hablándose del determinante color de la piel. Y al oriente le ha costado mucho vivir una realidad inesperada. Hasta el punto que el pragmatismo de los poderosos de la región ha sucumbido por medio del dinero a la sociedad con quienes consideraron inferiores. Poco dice de sus convicciones y mucho de su vicio, felizmente en este caso.

No me refiero en este texto al racismo opuesto, el de la aymarización a ultranza de todos. No, porque mi conversación con mi hermano mayor se refería a la otra, y lo que en términos históricos ha significado este quiebre en ese sentido. No hay vuelta atrás, así lo pregonen con bombos y sonajas. Y eso está bien, por fin.

Jamás me he dedicado, menos ahora, a gloriar analectas del masismo. Pero lo que me dijo Armando me ha hecho reflexionar y decidir escribirlo. En el fondo persiste ese oprobio y se dice “colla” queriendo decir todo lo malo, casi como Trump con los mexicanos. Pero si para algo ha de servir el desastre que vivimos, que al menos sea para ello, porque los amos pasan, pero los países crecen, o debieran.
13/07/2015

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 14/07/2015

Fotografía: Un joven aymara por Max T. Vargas, Bolivia, principios del siglo XX

Saturday, July 11, 2015

El fútbol del Tercer Mundo/MIRANDO DE ARRIBA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Están por terminar dos torneos de fútbol internacional: la Copa Mundial Sub-20 y la Copa Confederación. Ambos se realizan en Europa, En Holanda y Alemania, como lujoso preámbulo al torneo mundial del próximo año en la Alemania unificada. Sedes serán Berlín, Hannover y otras ciudades grandes del occidente, pero también Leipzig en el este, como lo han sido ahora en el campeonato Confederación.

La república alemana veía esta ocasión no solo para demostrar su consabido poderío futbolístico, sino porque de alguna manera representaba una revancha con la historia, una que la había forzado a la separación luego de un cruento conflicto bélico.

Nada hubiera sido mejor que el festejo de un título nacional, en un país que a pesar de las desmembraciones geográficas obligadas que sucedieron a la guerra volvía a representarse como un todo, rico, progresista y fuerte. Sin embargo, la asimilación de la Alemania Democrática (DDR) ni fue fácil ni termina. Es paulatina, por no decir lenta. Respecto al fútbol, son los clbes y jugadores de la ex Alemania Federal los que priman a nivel de selecciones, torneos y contratos. La memoria de dos países rivales quizá se esfume con el envejecimiento de las generaciones de la Guerra Fría.

Volviendo al punto: Alemania necesitaba ganar hasta que encontró a Brasil. A Holanda, en su terreno, le pasó lo mismo y tuvo que ceder ante Nigeria, en los juveniles. Ahora resulta que todos los europeos participantes ya se eliminaron y que en el mundial sub-20 habrá una final tercermundista: el ganador de Argentina-Brasil contra el ganador de Marruecos-Nigeria. Caso similar en la Copa Confederación donde el título se decide entre los dos grandes sudamericanos ya mencionados.

Europa, de anfitriona se convierte en espectadora. Cede lugar a un fútbol pujante, joven, emotivo y pasional, del mismo modo que sus sociedades se abren, por necesidad o fuerza, ante el imparable flujo de la inmigración proveniente de los países pobres.

¡Quién hubiera pensado, veinte años atrás, que Inglaterra, Alemania, Holanda, Francia -incluso Polonia- contarían con semejante número de atletas "de color"! El mejor jugador francés es argelino, y así se suman los ejemplos.

Algunos suponen los deportes como asunto alejado de pensamientos elevados o profundos, según se midan estos de arriba o de abajo, pero son también parte de cultura e historia. De ahí su interés... y su belleza.

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 28/06/2005

Fotografía: Zidane

Tuesday, July 7, 2015

Lucha desigual: cocaína vs tú/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Roberto Saviano en Cero Cero Cero (cómo la cocaína gobierna el mundo) es contundente: cada persona en derredor, de una u otra clase, de uno u otro bando, la usa en sus diversas formas. En los países capitalistas ricos, por así decirlo, pero también se ensaña con los pobres, con los que andan inmersos en su producción, sea en coca o en químicos, y que terminan atrapados en la urdimbre del mal, imposibilitados. Un amigo periodista contaba lo escalofriante de la adicción en localidades como Shinaota. Lo que en apariencia “destruiría al imperio”, terminará también por destruirnos, y en condiciones desventajosas.

Con la apertura de relaciones Cuba-EUA se relajarán los controles. La probada calidad de intermediario de paso de la isla respecto a los cargamentos de cocaína podrá aligerarse. Hay, formalmente, un combate del gobierno gringo contra el tráfico, pero los intereses económicos son tan grandes, y tanta gente poderosa involucrada, que el combate es meramente anecdótico: un golpe aquí, otro allá, sin cortar el trasiego de cocaína entre continentes. Que hay jueces probos en la justicia norteamericana, los hay, y malhaya la suerte de quien los encuentre a su paso, porque allí la ley se aplicará con premura e impiedad. Pero esa es posibilidad remota. Hablamos de un poder inmenso, por encima de birretes y togas, de leyes y morales. Quien sepa mantener la cabeza fría perdurará; quien la pierda, según hizo Noriega, recibirá castigo. Es un negocio, y en él no se aceptan veleidades. Hagámonos ricos, parecen decir desde las sombras, pero no creamos ser más de lo que somos. Dejen eso para los mayores, los grandes, los que no se ven. Ustedes, pequeños tiranos de opereta, funcionen, no se les pide más. Aleguen ser dioses, tírense a ministras, actrices y eunucos, bien; pero no atraviesen la línea. Los narcos mexicanos sobreviven en sus reducidos imperios de gloria salvaje y fama febril. Si dan un mal paso terminan en las Rocosas, en las prisiones del espanto. A veces cuesta creer cómo el Chapo eludió la cacería durante tanto tiempo, paseándose a sus anchas por los ranchos de Sinaloa. No había caza… no una seria al menos. En algún momento cometió un error, habló de más, actuó acorde, y ahora enmudece en la celda que por moderna no deja de ser prisión.

Me sorprendió al llegar como inmigrante a los Estados Unidos el espectro de la adicción. No había lugar donde estaba, ni clase social que separase el conflicto, donde la gente no se drogara. Daba impression de que el rito de la vida pasaba por alucinar, por intercalar las realidades; implicaba soñar y olvidar al mismo tiempo, y nada tenía de creativo, como se pudiera decir en arte y el uso de drogas entre artistas. Más que una fuga contemplaba una invención. Cuando en el sexo se quiere tener los sentidos agudos: vista, tacto, gusto, lo que fuere, observaba que incluso allí en el falso momento de preservación de la especie y real de solo placer, el uso de estupefacientes lo convertía en parodia. No digo que para hacerlo hay que siempre estar sobrio, probo, intacto, pero que decorarlo constantemente de bruma le quita sentido. Para ello mejor una decente y profiláctica paja carente de presunciones.

Cómo manejarse en un medio contaminado, me pregunto. Y respondo que hemos entrado a un tema de ciencia-ficción, donde el amo eterno, violento, maleable y sin embargo immutable es la diosa coca. Ni siquiera somos eternautas calificados para el combate. Esta lucha implicaría matar a tus hermanos, vecinos, maestros, confesores y amantes, amén de gobernantes a quienes la histora enseña que es bueno eliminar de cuando en cuando. Y ahora aparece el jesuita, de blanco y sonrisa bobalicona, hablando generalidades que arroban a los ignorantes, y se envuelve, manto sagrado y todo, en la trivialidad del desastre, sin palabras que desconcierten a los dueños del espectáculo.
07/06/15

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 07/07/2015