Monday, August 3, 2026

Ventoso


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

 

Gran Orquesta Brunswick, 1930. Tango. Ella y los escritos de Anna Politkovskaya entre el primer ventoso día de agosto. Maderos y cartones volando. Cochabamba es una urbe en construcción y nadie asegura, ni con sogas, nada. Todavía hay albañiles colgados de andamios sin protección. “Meterle nomás”, alta filosofía no solo de un régimen pervertido y carnicero sino de nuestra historia básica. Si una madera descabezara a un transeúnte la respuesta popular sería: para qué camina por allí con viento. No prisioneros; aquí no se toman prisioneros. Sálvese quien pueda. Que en alta mar más seguro resultaría que lo devorasen sus congéneres que los tiburones. Da para pensar. La periodista rusa devana su pensamiento en otra sociedad también conflictiva: la chechena. Sabe que ello ha de costarle la vida y continúa. A su modo es Marat acuchillado todavía con pluma en mano. Salvadas las diferencias, por supuesto.

 

Esta tarde hablé con tenderos, porteros, di una mirada a mensajes y respuestas. Algunas páginas mientras espero en la clínica acerca del “último” combate de Lenin, según lo retrata el historiador Moshé Lewin. Casi una momia, Vladimiro Ilich, tan lejano de la estación de Finlandia, de Zurich y de Inessa Armand. No sé si en mi viaje de mayo pasado atravesé por Zurich. Estaría dormido. Recuerdo las moles de hielo en Lausanne, las callecitas de Ginebra y pare de contar. Hasta Austria y una preciosa confitería-cafetería para los viajeros que se detenían allí. Como nosotros en el pretérito, en Challapata o Patacamaya: un pedazo de queso, pan, café pasado y servido en desportillados vasos de metal. Luego de Eslovenia, la sombra de los Balcanes: Jasenovac…

 

Frío. Viento de agosto que corre cargado de muertos. Imágenes del film La Odisea, de Nolan. No lo que me hubiera gustado pero hay mucho trabajo en él. El caballo de Troya, semienterrado en la arena, pequeño, me recordó los corceles congelados del lago Ladoga en Kaputt. El “rubio” Menelao de Homero perdió el cabello. Y otros detalles. Entretenimiento, vale, así sí. Como cuando décadas atrás escribí un artículo acerca de una novela de Joseph Kessel y los cazadores de rubíes de Birmania y el valor de la literatura como entretenimiento. De Kessel tengo memoria en La estepa roja. Observo el mapa de la Carta de Asia clavada en mi pared y las grandes extensiones por donde cabalgaban cosacos errantes. Épica, siempre épica.

 

Una postal, supongo de los años 50, marca una página de los Cuadernos de infancia de Norah Lange. Es una viñeta de Navidad. Eso, junto a la aventura de Ulises y tanto más, anota que vivimos hoy y también bastante de ayer. Norah y sus amigas ¿hermanas? se retiran a sus dormitorios cargadas de regalos envueltos en papeles multicolores. Así persiste Telémaco, hijo de Odiseo, en los escritos de Fénelon. Hablo de 1970 o por ahí. Han corrido los agostos desde entonces arrebatando las ánimas de los ingenuos y los no precavidos. Habrían de amarrarse, para sobrevivir, a cualquier columna colonial y no escuchar a las sirenas. Hay, en Norah Lange, cierto aire escandinavo. No quiero siquiera preguntarme el porqué.

 

Anoche ya era noche extraña; esta también. Nada de plagada de fantasmas ni subrepticios misterios sino la ausencia de sombras que tiene la oscuridad. He descendido los cinco pisos y los volví a trepar. Dando miradas de reojo al cascarón del edificio contiguo con todavía vacíos ventanales y vanos abiertos que permiten ver el otro lado, una suerte de luz de la avenida Juan de la Rosa, manera de matizar el silencio. Fui pasando los posibles documentales o películas a ver y me decidí por no sentarme allí. Estaba Macedonia durante la Primera Guerra Mundial y tigres del Amur. Gatos de Pallas y el Tapón del Darién. No, me convencí, y me incliné a teclear generalidades sobre el recuerdo. Agamenón no era esa figura de negra armadura y trenza de oro. “Una bruma sombría oprime su casa”, escribe Esquilo en la Antistrofa 3. Tocan las diez en el muerto Barrio Chino de La Habana. Las diez en las heladas piedras prietas de Ellicott City, Maryland.

 

Hay un bulto acostado sobre el lado de mi cama, como si alguien durmiera allí. Djinns de la memoria, hasta perfumados. Ganas de leer a la Szymborska pero más a la Ginczanka, el pabilo entre la vida y la muerte. Julian Tuwim escribe camino de la diáspora, rumbo a un Brasil en donde se había refugiado Stefan Zweig para morir. Elegiré versos de la Ginczanka entonces ahora que agosto parece de vientos fallecidos y ni brisa mueve hoja de árbol ni brizna de pasto.

 

Estás en la terraza tomándote selfies con símbolos de destrucción detrás tuyo: cielos de polvo marrón, vacías botellas de plástico que al chocar con las paredes suenan como accidentes.

 

El tiempo se ha adelantado por diez y nueve minutos. Mi hija Aly ha cumplido ayer treinta y tres. ¿Qué me pedía cuando era niña que le cocinara para su cumpleaños? ¿Ravioles con carne? ¿O fricasé? No me acuerdo, qué pena. ¿Qué me pedía Emily? ¿Arroz con pollo? Fabricaba espacio en mis veinte horas de trabajo diario y aparecían humeantes platos cargados de amor de padre. Era entonces. Lo sigue siendo en flotantes cocinas ilusorias.

 

Suena un televisor en portugués. Cuando salí del departamento dejé ya en el segundo tango a la mítica orquesta. Tengo la costumbre de no apagar el aparato y permitir que ellos, los míos, los que no se ven, bailen en paz hasta que se extinga la música. “When the music's over, turn out the lights”. Pero es de mañana y no hay luces encendidas…

 

Doblo la ropa lavada con parsimonia. No todo es arte (o quizá). La chica de la limpieza corrió las últimas gradas y abandonó el edificio. Se refugió en la moto de su hombre y se despidió agitando el brazo trabajador. Quiero sandías y duraznos y apenas queda una mandarina del Luribay. Ya sé qué haré a las nueve, entre el colorido del mercado, seleccionando frutas. Me pregunto si se han disipado los tristes poemas de las polacas. O están tan solo escondidos entre las ruinas hititas de aquella costa que finalmente no vi.

03/08/2026

 

_____

Imagen: Maurice Denis

No comments:

Post a Comment