Friday, July 8, 2011

Retratos de Lee Miller/ECLECTICA


La fotógrafa norteamericana Lee Miller fue testigo de excepción de su época. Creció como artista al amparo de personajes que marcaron el arte. Se inicia en París en la década del treinta. Compañera de Man Ray, adquiere de él técnicas que utilizará en sus propias fotografías iniciales.

Man Ray dejó hermosos desnudos suyos. Miller no alcanzó al maestro, pero su trabajo, menos sublime, no deja de ser una vívida exposición de sus años.

Cuando rudos y vanidosos compradores norteamericanos comenzaron a interesarse por el arte, los antiguos artistas pobres de París se aburguesaron. Picasso se hizo de castillos, las pintoras se retrataban en Vogue -Lee Miller trabajaba y modelaba para la revista-, se volvieron excéntricos, nuevos ricos, ridículos. Picasso fue entonces lo que Madonna hoy y el absintio se transformó en champaña, la rebelión en propiedad. Lee siguió ese proceso con su cámara.

Sin embargo en sus retratos de pintores y escritores, sobre todo de posguerra, hay variedad: T.S. Eliot, hábil manipulador de la fortuna y la salud de su esposa, no por eso menos poeta, luce en la plenitud de su riqueza personal. No así el trágico Dylan Thomas que apoya sus tacones en el pretil de una ventana y observa alocado la tiesa figura de la fotógrafa.

Lee Miller fue la memoria de una élite internacional de talentos y veleidades que sobrevivió al conflicto. Un núcleo permaneció compacto hasta la senilidad o la muerte: Man Ray, Picasso, Paul Eluard, Roland Penrose en su universo privado; Otros de sus retratos son circunstanciales: Wilfredo Lam, pintor mulato cubano a quien Miller compró un cuadro, Paul Delvaux en una Bélgica ya libre, la bella Leonora Carrington justo antes de escapar la invasión nazi a Francia y antes también del manicomio; actrices y actores; gente en guerra y en pena; guardias SS con los rostros deformados por los golpes después de la liberación de los campos; más guardias ahogados por fuerza en los canales de Buchenwald; Colette en el París liberado con su horrible pelo de paja; Miró en el zoológico; un joven Matta parando una escalera.

Otras fotografías suyas cuentan por su valor documental y periodístico. Fue la primera fotógrafa norteamericana en llegar a París el 44. Pero lo más importante de su obra, por su extenso círculo de amistades y relaciones, son los retratos de la intelectualidad de la que se rodeó. Muchos lograron tomas de la capital de Francia cuando se expulsó a los alemanes, pero sólo ella encontró a Jean Cocteau y lo plasmó de pie en una columnata parisina. Así visitó a Colette y al opiómano pintor Christian Bérard, cuyas vidas habían sido engullidas por la magnitud de los acontecimientos. Lo mismo con Magritte en Bruselas. En el inmenso drama del mundo, Lee Miller tuvo la gentil osadía de recordar que dentro de Leviatán agonizante todavía crecían flores por los rincones.
8/7/03

Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), julio, 2003

Imagen 1: Lee Miller, por Picasso, 1937
Imagen 2: Colette, por Lee Miller, 1944

Impunidad/MIRANDO DE ARRIBA


Como Eichmann terminó al final de una soga en Israel, así deberían terminar los dictadores latinoamericanos y sus esbirros.

La extradición de Ricardo Miguel Cavallo, alias Serpico, genocida, de México a España, reabre las heridas. Sorprende, y quizá está bien en teoría, el trato dado a este individuo por las autoridades que lo expulsaban y recibían. Hasta Derechos Humanos estaba presente para garantizar que no se dañara la humanidad del asesino, y la policía española golpeaba con palos a los manifestantes que festejaban, porque no podían llorar más, la cárcel para el exterminador de sus vidas.

Se habla que como militar Serpico estaba sujeto a órdenes pero esa es una historia demasiado trillada, buena para los gobiernos "democráticos" y las izquierdas débiles y cobardes. Cavallo fue detenido en Cancún cuando intentaba retornar a la Argentina porque en ese país podría pasear impunemente sus vestiduras sangrientas. Nadie quiere provocar a los ejércitos, todos quieren congraciarse con los generales. Si algo pareció correcto en la revolución islámica iraní, fue que la recua de corruptos y engalonados verdugos del pueblo fue a dar con sus espaldas contra la pared. Cierto que en la muerte no hay solución y que los males se repiten, que la venganza es un círculo vicioso, pero pienso en qué sería justo para castigar a Cavallo. Klaus Barbie, por ejemplo, la sacó liviana. Los juegos legales protegen a este tipo de criminales y hay países como Estados Unidos que pregonan, e imponen, impunidad para los suyos que se involucren en cosas semejantes. Entregarlo a los hijos de las víctimas vendría a ser hasta bíblico, por tanto santo, pero eso significa alimentar la idea, errónea, de que las masas pueden tomarse la justicia en sus manos, aceptar que las mujeres del mercado en Bolivia o en México, quemen a supuestos ladrones porque así les parezca.

Al menos, como resultado de esta extradición, la vida del orate éste, como la de Pinochet en Londres, no será otra vez la misma. Morir en la cárcel, por lujosa que fuere, no es morir en la cama. No creo que el mundo tenga conciencia ni equidad, son elucubraciones de los ingenuos, pero algo habrá que sirva de castigo, y hablar de esta manera sobre las posibilidades linda con el juego peligroso de lo humano y lo divino y no quiero involucrarme. Serpico será juzgado pero no lo ahorcarán. Los otros torturadores, aún libres y asustados, apenas caminan las calles y no pueden ya viajar.
6/7/03

Publicado en Opinión (Cochabamba), julio, 2003

Imagen: La ESMA, notorio centro de tortura, en una protesta reciente

Thursday, July 7, 2011

La invasión de la salsa/ECLECTICA


Allá por el 43 llegaban al puerto de Buenaventura barcos norteamericanos. Una exultante "América" copaba los mercados del planeta. La guerra no hacía más que acelerar los mecanismos económicos que darían como resultado un imperio intensamente rico. Traían algo y se llevaban todo: cuotas de los aliados chicos para la victoria del hermano grande en esta ilíada de ambiciones imperiales.

Los marinos de esos buques eran en su mayoría cubanos, puertorriqueños y chinos. Colombia no se recuperaba de cien y algo años de independencia. Las luchas internas y la corrupción habían reemplazado los ideales que ilusos patriotas tuvieran. La llegada a puerto de las naves de Estados Unidos implicaba la inundación de las calles con novedades que los marineros bajaban de sus cabinas: un encendedor, una radio, lámpara o linterna que se cambiaban en los muelles por comida o cuerpos adolescentes para saciar el hambre de los solos. Si hasta me parece imaginar a Alvaro Mutis escribiendo esto, él tan lleno de agua salada y meretrices.

Hasta entonces, según me adelanta un amigo negro colombiano, compañero de trabajo y aislado como los demás de acá, don Juan Bautista Hurtado, ni en Buenaventura ni en toda Colombia se había escuchado la música afrocubana. Cierto que la salsa nació en Nueva York, pero es hija impúdica del son y la guaracha de los que hablamos. Lo mismo sucedía en Santa Marta y Barranquilla. Los departamentos de Magdalena, Bolívar y Atlántico adoptaron los nuevos ritmos sin dejar de lado su antigua tradición de porro, cumbia y merecumbé. En la costa del Pacífico los ritmos caribeños pasaron a ocupar un lugar preeminente. En los discos de vinil que los visitantes dejaban había aires de pena de muerte para las retretas dominicales, las bucólicas guitarreadas, la música selecta y el pasodoble.
Los buques de medio paquete que varaban en los puertos colombianos, con nombres de santos en su mayoría (les decían Los Santos), eran de la Grace Line, propiedad de los jesuitas, hábiles comerciantes acostumbrados al lucro y al intercambio desigual desde siempre. Cargaban café. También se acordonaban en los muelles barcos alemanes, después de la guerra, que trajeron las radios Philco donde se podía escuchar, siempre que el racionamiento de luz lo permitía, la nueva música. Se ahorraba la energía, producida en la usina de Chicayá, para el alumbrado público y Buenaventura sólo podía permitirse el lujo de un par de horas diarias para que la población se pegara a las emisoras.

Los negros del Chocó no sufrieron de inmediato la intoxicación de los ritmos de afuera. Chocó parecía otro mundo, tan lejos de Colombia como de Cuba o la Florida. Ellos, los zambos y los indios chocóes esperaron para adherirse a la historia.

Don Juan relata su conocimiento y amistad con Petronio Alvarez, negro grande, fogonero de su padre, y luego estrella de la canción. Petronio compuso y cantó las líneas de "bello puerto de mar, mi Buenaventura...", despedida, quizá, de una ciudad que crecía.
1/7/03

Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), julio, 2003

Imagen: Buenaventura en 1927

Wednesday, July 6, 2011

La afganización de Irak/MIRANDO DE ARRIBA


Vuelco la cabeza hacia el televisor: pasan una serie histórica mexicana. El embajador norteamericano Henry Lane Wilson decide el destino de Francisco Madero y de Pino Suárez, temprano ejemplo de la intervención norteamericana en los asuntos ajenos.

Fueron México, Nicaragua y la República Dominicana; hoy Afganistán e Irak. Pensaba antes que lo que ocurre en Bagdad y sus alrededores ahora sucedería, como anteriormente con la invasión rusa, en Afganistán. Sin embargo parece que este país se ha detenido en el tiempo, que la incursión del Talibán y su expulsión no son más que parte de una ancestral tradición de luchas entre caudillos. Nada ha cambiado y diversos señores de la guerra operan sus regiones tribales como entes autónomos con una ligazón sólo nominal con la capital de gobierno. Fuera de Kabul, donde actúa una mixta fuerza militar extranjera, Afganistán sigue siendo tierra de emires y de khanes, individuos que dispensan dádivas o muerte según su humor y que lucran gracias a su poder armado de la miseria general. ¿Guerra de guerrillas contra el norteamericano? ¿Para qué? Estados Unidos ha barrido un peligro mayor que era el Talibán y ha puesto las cosas en un orden anterior ya establecido.

La invasión hizo el papel de gringo tonto. Afganistán no ha progresado ni lo hará. Mister Bush que habla tanto de reconstrucción, sin poder siquiera construirse él mismo, ha fracasado. Sus tropas deambulan cazando fantasmas por la montaña, super equipadas e inservibles, como lujosa marioneta de metal.

La reacción que se aguardaba del Afganistán de post guerra se ha trasladado en su lugar a Irak, región donde la clase media árabe siempre ha sido estable, hecho que supondría mayor tranquilidad o pausa para aceptar una situación similar. Ya Thomas Edward Lawrence recalcaba que los iraquíes eran árabes aburguesados y que la revolución no partiría de ellos sino de los más independientes e indisciplinados beduinos de Arabia. La intervención norteamericana ha despertado en apariencia zonas dormidas de esa sociedad. Es posible que los ataques contra los soldados estadounidenses sean realizados por elementos adictos al antiguo régimen, dispuestos a no perder o a tratar de recobrar sus prerrogativas. Hacer guerra a un enemigo de indeterminado número y escondido en el paisaje general es muy difícil, más aún si la resistencia se convierte en mentalidad nacional y popular. Las experiencias de Argelia y Vietnam son bastante claras para desanimar a cualquier imperialismo.
29/6/03

Publicado en Opinión (Cochabamba), junio, 2003

Imagen: Imagen afgana

Siberiada/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Se asocia Siberia con la larga letanía de castigo en las historias rusa y soviética; pero, además de servir como campo de alejamiento de los indeseados, Siberia ha sido un foco pujante de desarrollo, y la mayor reserva de riquezas de la nación. Desde que los zares enviaron a un mítico Yermak a descubrir la mítica tierra que hoy llamamos Siberia, la región ha materialmente alimentado el occidente ruso con sus recursos; cuando Stalin se vio avasallado por las hordas nazis, fue el oriente soviético el que proveyó la interminable lista de cadáveres que finalmente derrotaron al "jabalí alemán" (Borges).

Andrei Konchalovsky, director de cine, proviene de una familia de artistas. Su hermano, Nikita Mikhalkov, representa -con él- lo mejor del cine ruso. "Siberiada" es un filme de Konchalovsky realizado en la URSS en 1979 y que obtuvo el Gran Premio del Jurado en Cannes el mismo año. Curiosamente, su Siberia no narra la historia del exilio, sino la vida de dos familias, los Solomin y los Ustuizhanin, ricos unos, pobres los otros, en la inmensidad de la taiga.

Afanasi Ustuizhanin, el padre, ha dejado de vivir para dedicarse a construir un camino de troncos en medio del bosque hacia la estrella polar. Su hijo, que lo acompaña en su epoyeya, encuentra a un preso político fugado, anarquista o socialrevolucionario, que le habla de Tomaso Campanella y la Ciudad de Luz. Esa obsesión, que pasará por dos generaciones, no difiere de la del padre: todos ellos buscan la claridad, sea ésta producto de una obsesión o de un deseo revolucionario.

En Elan, el pueblo, viven también los comerciantes Solomin con una opulenta vida de explotadores. Las dos familias se unen en vínculos de odio y de amor. El segundo Ustuizhanin se fuga con la hija de los Solomin y tienen un vástago con quien terminará la dramática historia familiar, luego de cubrir un espacio que va de principios del novecientos a los años sesenta, atravesando las guerras mundiales, la revolución, la guerra civil, Stalin, la desinfección, el eterno sueño de una Rusia ansiosa de crecer.

En Konchalovsky se mezclan lo misterioso y lo mitológico de la escondida Siberia con la tecnología moderna, la confrontación de ideas y conceptos, la vieja Rusia y la nueva, la diáspora y el retorno. Siberiada conjunciona las voces del gimiente bosque con un gramófono que toca hermosos tangos en ruso. La voz del solista no envidia la de Ignacio Corsini. El tango, oído en un henar siberiano, es el llamado al progreso; no así las cruces de madera tallada de los ancestros.
22/06/03

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Publicado en Opinión (Cochabamba), junio, 2003

Imagen: Afiche ruso del filme

Tuesday, July 5, 2011

Carta de Chomsky a Chávez/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hoy, Noam Chomsky, quien de cierta manera es considerado por Hugo Chávez como un antecedente ideológico -no le veo por dónde-, opina respecto a la detención de la jueza María Lourdes Afiuni, en Venezuela, acusada de corrupción por liberar a un empresario arrestado por mayor tiempo del que la constitución del país lo permitía. Le ha escrito al mandamás del Orinoco una carta pública demandando su libertad.

Dice Chomsky de la fragilidad de los cargos en su contra, y pide al presidente, por razones humanitarias, levantar la detención domiciliaria a la que está ahora sometida, después de una temporada en la cárcel, donde era constantemente amenazada por las presas con violación y muerte. Además la jueza de 48 años fue sometida a una intervención quirúrgica por cáncer y su salud se ha visto debilitada. Chomsky entiende que la justicia en Venezuela, y otros lugares de la región dependen del ejecutivo de manera directa, lo que no condice con la prédica democrática y la independencia de poderes.

No podía el pensador ácrata norteamericano ser más preciso en el tiempo. Ahora que Chávez llora enfermedad y encomendándose como buen marxista de opereta al manto de la virgen, y a su señor Dios, apela a su solidaridad de enfermo para suavizar el ánimo que en su momento sugirió el paredón para ella. Otro balde de agua fría para el dictador, quien desde temprano quiso basar su discurso en altos pensamiento y filosofía, rodearse de o citar a inteligentes, que recurrió a García Márquez como espaldarazo intelectual de sus mixturados balbuceos. Patético milico con deseos de poeta, incluso hace poco en Cuba donde habló de oscuridades y abismos, y por poco no le echó un bolero bien regado de lágrimas.

Siento defraudar a los que prefieren la compasión a la ira. Nunca fui políticamente correcto y a decir verdad mejor me sentiría si ese bufón pasara a peor vida cuanto antes. Y si me lo desean de regreso, que lo hagan, que ninguno, ni el semidiós aymara ha de soslayar a la muerte.

No toca en lo mínimo mi piedad el hecho de que a este individuo le ande rondando la Pelona. Parafraseando a Rulfo, pediría que le diesen un poquito de pulque para que no le doliese tanto. Y pare de contar. Me asombro de escuchar a opositores y muchos otros rogando por su pronta recuperación. Que se recupere sí, pero en el infierno, en el caldero a donde ese otro gran vanidoso llamado Lucifer lo ha de arrojar.

Empecé con Chomsky y termino desbordado por las pasiones que acorralan a un hombre. A lo que iba es a que no todos, y no siempre, van a echarles flores a estos individuos, o darles doctorados, o vergonzosos honores de fútbol a quienes no saben jugar con hombría y se aprovechan del poder para abusar de sus contrincantes de turno (hablo de Evo Morales a quien entonces califiqué de marica, y marica sigue).

No sé si la jueza en cuestión esté ligada a corruptos. Ni me interesa. Me gusta que Noam Chomsky tenga la civilidad de criticar. Respecto al cáncer, al colon, la tripa, la cadera, o cualquier parte afectada del bocón, me importa menos... el cómo muera, pero que muera.
3/07/11

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 05/07/2011

Imagen: Guillermo Pérez Villalta: Hombre Bailando la Danza de la Muerte (1997)

Nostalgias uruguayas/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Arruiné la tarde mirando "Moulin Rouge"(2001), la aclamada película de Baz Furhman, y no entiendo cómo se mueven los gustos de los críticos, que del público se puede entender dada la diversidad. Sentí lo mismo que con "Los paraguas de Cherburgo" (Jacques Demy, 1964), aburrimiento o, más que eso, molestia. Horas expuestas al bodrio, a la vanidad intelectual, a mascaradas de Montmartre y la melancólica Cherburgo.

Luego leo unas páginas de "Liberación", diario uruguayo de la eterna lejanía. Nostalgia de revolución; personalmente recuerdos de Malmö, exilio que me eludió una noche del 80 y que no hubiera merecido; visiones de ciudad báltica donde nunca estaré, pero que vivió en cartas espaciadas de un amigo que envejeció su juventud fuera del país que amaba, el suyo. ¿Por qué Malmö? Porque de allí viene "Liberación" y el amigo boliviano frecuentaba el verbo uruguayo, cuando el dolor de todos era todo dolor.

Algunos regresaron, a Bolivia y a Uruguay, y el resto se quedó en la comodidad de la paz, de la muy amistosa Suecia que los recogió de las cárceles secretas, una voz que en mitad del miedo preguntaba si alguien quería irse allí, que hasta los torturadores se cuestionaban si no sería mejor jugar con nieve que jugar con sangre y levantaban con timidez la mano.

Los uruguayos envejecieron, como los argentinos envejecen, más rápido que nosotros los indios, por eso de la raza. Y se reúnen alrededor del asado, en la primavera sueca, mirando o creyendo ver en la bruma matinal, al frente, la sombra de Copenhagen. La carne viene congelada desde Uruguay; abren el paquete y la marca avisa que este animal nació y murió en Tacuarembó. No faltan poemas de Mario Benedetti; hasta un día apareció el hijo de Raúl Sendic -diputado-. A Sendic los milicos lo vivieron diez años en un pozo. Y de Magda -la Parda- Topolansky, guerrillera, no sé nada en cinco lustros. En Cochabamba, Coña Coña para ser más precisos, eliminaron al último tupamaro como parte del plan que tenía Kissinger con sus sirvientes Bánzer, Bordaberry, Pinochet, Geisel, Stroessner y demás concubinos. Cada cosa añade un puñado a la tristeza y quizá no volver nunca al Uruguay significa negarse a crecer aunque las canas nos cubran el ánimo, haciendo de los todavía muchachos de Malmö serios personajes de Günter Grass con sus tambores de hojalata que redoblan la historia aunque sin éxito.

De cuando en cuando viajan a la patria, palabra sin significación especial en mi diccionario, y se juntan con los sobrevivientes, siempre alrededor del fogón, igual a los gauchos orientales de Antonio D. Lussich, a quien elogiara Ezequiel Martínez Estrada.

Uruguay y mi nostalgia. Entreveo, entre lo visto y lo escuchado, un país hermoso, al que le cayeron sombras, e incluso en el horror que Marta Traba relata, su rostro brilla; y cuando Los Olimareños cantan, se acentúa la pena por lo desconocido amado.
12/5/03

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Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), mayo, 2003

Imagen: Los Olimareños en concierto