Claudio Ferrufino-Coqueugniot
Asolaban esta tierra los mescaleros. Lejos, en distante geografía, un pequeño halcón de tonos azulados levanta vuelo con una serpiente de cascabel, el doble de su tamaño, entre las garras. A orillas del río Infiernillo. Como mandado a hacer el nombre. Florecen los jacarandás. Y el púrpura del color de sus flores se torna al anochecer en misterioso violeta de tonos dantescos. No noche, no se ve nada, ni estrellas ni satélites. El Hades, no la noche. Abro la cortina y solo se observa el destino.
El
televisor narra fechas que no sé a qué se refieren. Tal vez Bielorrusia, quizá
el desierto de Sonora. O la Tierra de la Sed, como llaman a una zona del
olvidado sur de Argelia. Parece interesante pero decidí retratar la oscuridad,
con flash y sin flash, con algún amarillo rayo emulando explosión solar o la
nada, el pabellón negro, pizarrón de escuela primaria. Atraviesa el cielo un Lockheed
P-38 Lightning, avión de reconocimiento, que sin duda carga en su equipaje al
arduo aventurero y desdichado amante Antoine
de Saint-Exupéry. Solo como su príncipe niño, tan cerca y sin embargo ajeno al
paraíso. Zorros hablantes, igual a los de las fábulas; zorras que gritaban como
niños en los inviernos de la calle Valentia, en medio de arbustos plenos de
mofetas y escorpiones. Solo gritan peor los gatos en celo, mimetizados en las
ramas del enorme molle macho, quejándose a la luna por falta de amor.
Pareciera que el tiempo ha corrido a la inversa. No la alucinación de un
caudillo aymara trabajando sobre relojes occidentales sino el de Clitemnestra
tomando venganza. Nunca terminará Prometeo sus labores conspirativas. El mínimo
halcón carga un enorme ofidio que con lengua bífida palpa antes del fin el aire
de la muerte. Se dice que las aves rapaces devoran el hígado de los sabios,
oscuro como la tumba donde yace el amigo de Malcolm Lowry, casi de hollín
mezclado con orín.
En el cuarto trasero una media luna. La pesadilla le ha devorado un buen
trozo del círculo. Borges mencionaba las yeguas de la noche. Las he visto pasar
con sonajas en los cascos y semejaban de fiesta. Conversaban entre ellas en
lenguas y se supone por ello que pertenecían a las elegidas. Una, la mayor,
tornó la cabeza hacia mí y sonrió.
13/09/2026
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Imagen: Luna del tarot

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