Monday, December 13, 2010

Los Diarios de motocicleta y los críticos/ECLECTICA


No habiendo leído los originales de Ernesto Guevara y Alberto Granado en su viaje por América del Sur en 1952, no puedo opinar acerca de la verosimilitud de todo lo que el directos brasilero Walter Salles narra en su nueva película "Los diarios de motocicleta", recién estrenada en los Estados Unidos, que trata de aquella empresa cuyas experiencias -no se dice pero se presume- transformarán al joven estudiante de medicina, Guevara, en el "fiero" Che, revolucionario y hoy omnipresente figura de la sociedad de consumo. Si he de creer a los críticos, el seguimiento de Salles es veraz, aunque algunos, norteamericanos, le endilgan cierto espíritu kerouquiano, refiriéndose al libro "On the Road" (1957) de Jack Kerouac, cuyas implicancias no tienen nada que ver con las que tratamos y que es, además, cronológicamente posterior aunque más antiguo en su publicación por el olvido, o pérdida de los textos guevarianos. Unos y otros concuerdan en la calidad del filme y en la soberbia puesta en escena de un fabuloso y extraño continente.
Extraordinarios paisajes sellan la validez de esta búsqueda más que turística de los dos protagonistas. Afirmar la aventura como el propósito central del viaje es engañoso. Tal vez para la mente anglosajona no podría ser de otra manera, pero ¿quién se embarca en un periplo de hambre e incomodidad sólo por viajar? Ernesto responde a una pareja de comunistas chilenos, en medio de la frigidez del desierto de Atacama, que así lo hacen, sin convencer.
Alguien del New York Times la define como una historia de amor, entre un hombre, o dos, con la tierra. Desnudar a esa amada, sentirla en su piel viva y sufrida, para terminar enamorado de ella.
Salles elude con inteligencia crear un alegato político. La única referencia al respecto será al final de la cinta cuando anota el fin de Ernesto Guevara en manos de la CIA y los matarifes locales o, también, en un discurso que hace en el leprosario amazónico de San Pablo donde enuncia alguna base de lo que sería su ideario político: América Latina unida.
Peter Travers, de la revista Rolling Stone, escribe por lo general buena crítica de cine. Alaba esta producción internacional pero condena al Che Guevara de forma ignorante llamándolo verdugo y "demostrando" sus violentas inclinaciones al arrojar una piedra contra un camión de la Anaconda Mining Co. en Chuquicamata, furioso por el trato a los trabajadores. En descarga de Travers diré que primero es gringo y luego crítico, y que debe ser muy difícil desprenderse del constante lavado de cerebro que reciben los niños de este país y que los priva de mucho entendimiento. No en vano escribía Octavio Paz acerca de ello en "El laberinto de la soledad". Para alguien como Travers, un enojo justificado, de origen social como éste en cuestión, es ante todo una reacción patológica, no justificable y peligrosa; otro es su significado; lo sabemos. Alguno, de olvidable nombre, asegura que Che "arruinó" Cuba, el Congo y quiso descalabrar a Bolivia. Supongo que piensa en su ejecución como justo castigo a sus delirios destructores.
Salles tiende hacia cierta ternura que no me inflama. Lo hizo en "Estación Central", lo repitió en "Detrás del sol" y lo vuelve a hacer en los Diarios. No desmerezco su trabajo ya que los tres filmes tienen estatura, fabulosa en su presentación geográfica, pero con un algo suave que evado y que quizá es falsa percepción.
Excelentes las actuaciones del mexicano Gael García Bernal y del argentino Rodrigo de la Serna; convincentes y relajadas. Importante el contraste entre un sanguíneo Granado y un reservado Guevara -a quien igual tientan los placeres incluso si son prohibidos.
Desmitificar la figura del Che, rejuvenecerlo en su persona, darle forma humana en este instante en que se ha convertido en un lucrativo símbolo pop o en casi religión, quizá es el mejor punto de esta producción. Rolando Pérez Betancourt, de Granma, escribe: "El triunfo de este filme hay que buscarlo en la aparente 'no intencionalidad' de su intencionalidad". No es como quieren mostrar ingenuos o detractores una simple historia de aventuras sino los esbozos de un gran luchador social. Más que hazañas, son pasos firmes de quien se despidiera de su madre en futuras circunstancias autocalificándose como un pequeño condotiero moderno.
7/10/04

Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), Domingo, 10 de octubre, 2004
Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), Domingo, 10 de octubre, 2004

Imagen: Gael García Bernal como Ernesto Guevara

La Alemania de Remarque/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El primer libro de Erich Maria Remarque que me dio a leer mi padre fue "El obelisco negro". Me impresionó. Había leído sobre la Primera Guerra, la Guerra Europea, sobre Verdún y el Marne, pero este retrato de primera mano, auténtico, llenaba de figuras humanas la abstracción de la Historia. Luego, ya conocido el autor, buscamos un ejemplar que había perdido las tapas, por viejo y usado, y me introduje en "Sin novedad en el frente", la obra mayor del escritor nacido en Osnabrück el año 98.

"El obelisco negro" forma parte de una serie de novelas posteriores del escritor. Proviene de 1957, cuando ya Remarque había emigrado a los Estados Unidos. Trata del mismo tema mas hay un amplio espacio temporal con los hechos que toca. En cambio, "Sin novedad en el frente", y la subsecuente "De regreso", escrita una en 1929 y la otra en 1931, son textos inmediatos, con sólo una década desde el fin del conflicto. Incluyen, entre las iniciales y las tardías, además, los albores del nazismo donde aquel grupo de jóvenes veteranos, fogueados, descorazonados, perdido su idealismo, no creen ya en la retórica de la victoria o de la revancha. Mucho dolor ha pasado por sus ojos y los acontecimientos han corrido con excesiva velocidad. La abdicación del Kaiser, la inflación, el avance socialdemócrata y comunista, Spartakus, Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, la república de Weimar...

Pasados los años repienso aquellas lecturas y comprendo la ausencia de compromiso ideológico, no de simpatía -en los personajes de Remarque- hacia quienes querían cambiar las cosas, hablar de revolución. El problema radica en que fueron a la guerra, en el despertar de la juventud, con ideas engañosas y vieron sus sueños destruidos, uno a uno. Reavivar los discursos, transformar de acuerdo al ejemplo ruso, quizá marchase con parte de la masa que retornaba de las trincheras, pero a los hombres de Remarque los distingue un aura pesimista que los hace susceptibles a la incredulidad que acarrea la guerra y, peor aún, la derrota; los hace desconfiados. Han tenido en sus años de frente demasiados jefes, excesivas órdenes, saber que mueren para que empresarios y militares -según retratan George Grosz y el también veterano Otto Dix- medren con su sangre.

La obra de Remarque es de carácter pacifista y antimilitarista. Expone los males de su época pero no oferta soluciones de tipo social, mientras Henri Barbusse, en las líneas francesas, escribe "El Fuego" que sí las augura.

Si se lee el Diario del líder comunista búlgaro Georgi Dimitrov, concerniente a los años de 1933-1949, veremos que la apatía política de los actores de "Sin novedad en el frente", "De regreso", "El obelisco negro", "Tres camaradas", "Arco de triunfo" -incluso del mismo Remarque- no estaba errada. Dimitrov comienza su diario en una cárcel de Berlín, acusado, con otros búlgaros y un supuesto anarquista holandés (Marinus van der Lubbe), de haber incediado el Reichstag. Esposado durante cinco meses, ataca a sus acusadores, entre ellos Göring y Goebbels, durante el juicio del que saldrán los búlgaros libres de cargo y se ejecutará al holandés. El editor del libro en inglés, Ivo Banac, sugiere en la parte introductoria informes de ciertas tratativas ya entonces entre Stalin y el nazismo, que como consecuencia evitarían las condenas de los activistas mencionados. La asquerosa política staliniana que sobrevendría bastaría para validar al Remarque de entonces y la obra que legó. Sirva como ejemplo el momento en que el comunista chino Wang Ming informa a Moscú que tiene preso a Chiang Kai Shek para terrible enojo de Stalin que ordena su libertad, aliarse con él y sugerir que la guerra contra el invasor tiene carácter nacional y no es momento de revolución agraria o expropiación.

La Alemania de Erich Maria Remarque, la de postguerra, es oscura con algo de romántica. Hay viajes a las zonas rurales para conseguir comida, hambre, desocupación, filosofía, y bellas y sórdidas mujeres, angustiosas mujeres que despuntan el vicio y acompañan. Es la Alemania de Döblin, la del sueco Bergman, de los pintores expresionistas, de los arabescos de Lasker-Schüler, los manifiestos espartaquistas y las novelas de Thomas Mann. Un mundo decadente, rico, profético, dramático, muy distinto al "inmaculado" horror del fascismo que llegaba.
17/03/05

_____
Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), Domingo, 20 de marzo, 2005

Imagen: Sin novedad en el frente, en edición alemana

Sunday, December 12, 2010

Zirkus Palestina


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Dice Eyal Halfon, el director, que vio remanentes de la carpa circense alguna vez. Implicaría certitud del hecho: la visita de un pequeño circo ruso a los territorios ocupados de Palestina durante la Intifada. Zirkus Palestina (Israel, 1998) no es un filme político en el sentido de militancia, sino más bien una comedia cuyos entretelones pueden alcanzar densos tintes políticos.

Halfon trata a israelitas y a palestinos por igual, con sus defectos, sin hacer exégesis de ninguno. Hay sensibilidad en su lente aunque su ironía ataca mayormente a sus compatriotas, a la falsa legitimidad de la ocupación.

El argumento burlón e incisivo no le quita seriedad. Hay un tenso momento, que fuera censurado cuando salió la película y que se incluye en el DVD: aquel en que el productor local del espectáculo es obligado a bajar del automóvil por un soldado israelí y a sacar de entre los cables de electricidad una bandera palestina recién colocada. Su hijo lo hace en su lugar mas en la noche el hombre, quien aparte de contratista tiene negocios ilegales de autos robados con el coronel judío Oz, confiesa a su mujer que a partir de entonces llenará de banderas cada esquina de la ciudad.

La mayor atracción del circo es el viejo león Schweik. Al momento de la primera representación y cuando la domadora (Evgenia Dudina) lo conmina a aparecer, el felino no responde: ha huido de su jaula. Divergentes son las opiniones del por qué; para unos se ha retirado a morir; para otros lo consume la necesidad de aparearse. De pronto se ha convertido en el problemático centro de actividad de la población.

Lo que prosigue viene a ser el corazón de la comedia, la búsqueda del león a cargo del representante cultural del ejército, el sargento Bleiberg (Yoram Hattav), ajeno al entorno e hipnotizado por la canción "Dalila", de Tom Jones; casi un imbécil en apariencia. El suceso modifica el aspecto de la comunidad. Este fenómeno extraño a la cotidianeidad presupone rebelión y desenmascaramieto. Agitación entre los árabes como entre los colonos, e investigación de los pormenores que llevarán a descubrimientos profundos y no deseados (el caso del contrabando de automóviles).

La desaparición de Schweik y su búsqueda extiende la visión de la cinta hacia la totalidad de la existencia de los territorios ocupados: los enclaves civiles judíos en tierra palestina, la ineficacia y la parodia de la fuerza armada, la corrupción y la desidia. Bleiberg, enamorado de la domadora, inicia una historia paralela de romance. El león, mientras desnuda las falencias de un régimen de vida obligatorio -en ambos lados- tiende a unir los sentimientos de los seres humanos, muy por encima de las diferencias étnicas, políticas o religiosas.

Los artistas rusos no comprenden la complejidad del hecho. Su mirada desde afuera no hace más que denunciar el absurdo de vivir así. Pareciera que algo que podría ser tan trivial como la aparición de un circo ha desencajado la estructura de la zona. Otra vez será el gordo palestino que realizó el contrato quien afirma, en un solo instantáneo y memorable, que "esta región no está preparada para el entretenimiento... todavía". Palabras que en un par de años serán proféticas con la explosión de los suicidas, la constante matanza y acogotamiento económico por parte de Israel hacia Cisjordania y Gaza, la Tormenta del Desierto, los misiles Scud de Saddam Hussein sobre Tel Aviv.

Bleiberg, el supuesto idiota, poseerá al fin la única cordura. Logra, gracias al apoyo de un niño palestino que lleva un parche sobre un ojo a la manera de Dayan, y el nombre de Dayan también, descubrir al león y luego de ciertas peripecias en las que el coronel Oz quiere apropiarse de la bestia, devolverlo a su dueña, ya su amor. Bleiberg abandona todo y se marcha con el circo. Da la espalda a una realidad inventada, o al menos mal hecha, y deja Israel. Antes liberan a Schweik en algún lugar que semeja la sabana africana. Detrás quedan las absurdidades del sistema, pero a la vez personas buenas e inocentes en esta comedia de "instintos animales".
01/11/07

_____
Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Chuquisaca), noviembre 2007

Imagen: Evgenia Dudina en una escena del filme

La tradición del café


Me llegan noticias, distantes y veraces, sobre los últimos acontecimientos "cochabambinos". Algunas cosas eran previsibles; otras, como el acoso y el cierre de los cafés de la ciudad, inadmisibles.
Es claro, y así hay que entenderlo, que cualquier motivo "moral" que se esgrima en contra de estos acontecimientos es sólo decoro, pantalla. Lo importante es determinar qué intereses económicos, quizá políticos, conspiran para que esto suceda. El flujo de clientes de los cafés de las calles España y Ecuador ha sin duda afectado la economía de otros sectores dedicados a la venta y expendio de comida, bebida, entretenimiento. Pero Bolivia se precia de ser fiel seguidora de los consejos capitalistas de los Estados Unidos, de su política, gustos, y forma de vida. Lo paradójico es que los adláteres del capital no han aprendido muy bien o no quieren saber la lección de la libre empresa.
En Norteamérica cualquier individuo puede establecer cualquier tipo (legal) de negocio. Lo único que necesita es pagar su inscripción al registro y determinar si la zona donde quiere establecerse es válida como comercial o lo que fuere. El ser pequeño empresario NO lo obliga en absoluto a inscribirse en la cámara de comercio de la ciudad donde practica su oficio, ni ser miembro de ninguna asociación, sindicato, etcétera, mucho menos pagar dividendos, comisiones, primas a nadie, sólo los impuestos de venta determinados por el gobiero federal. Entonces, siendo Bolivia un apéndice minúsculo y oscuro del brillante mundo capitalista occidental, por qué no puede tolerar en su seno las manifestaciones más puras de aquello que predica y venera, la libre empresa, libre de TODA traba incluida la de asociarse con sus colegas de gremio. ¿O es que el capitalismo criollo, "made in Bolivia", quiere inventar nuevas normas del manejo de la economía mundial? Si se idolatra al norte, si los Estados Unidos de Norteamérica son el cénit de la civilización occidental, entonces respeten sus pautas de juego, no traten de imponer medidas que no son válidas en la metrópoli, o, lo que quizá sería mejor, no imiten en absoluto si no saben imitar. Entonces estos detentadores de poder cochabambinos que se ven afectados por una gentil muestra de capitalismo puro y que quieren destruir ese germen debieran autoexilarse en alguna remota colonia socialista. Si no lo hacen es que son hipócritas, pésimos alumnos de la escuela norteamericana, ignorantes, fascistas, retrógrados y cualquier otro calificativo que se da a aquellos que se oponen al desarrollo normal del capitalismo en nuestra nación. ¿O esperan que la embajada norteamericana tome cartas cartas en el asunto y les estire las orejas y los mande a terapia de entrenamiento para quitarles la resaca anticapitalista que guardan, aun sin saberlo? Quizá se deba a que los dueños de cafés en Cochabamba son, en su mayoría, extranjeros... Ahí también. Basta mirar la formación del gabinete norteamericano para ver la amplitud de criterio que ustedes parecen no tener. Un ejemplo: la secretaria de Estado es checoslovaca de nacimiento. Y ella sigue a una pléyade de "extranjeros" que ocuparon altísimos cargos del gobierno estadounidense. Todos sus argumentos, señores, los reales de tipo económico caen por su propio peso en el absurdo. Entonces les queda apelar a la moral, a los principios católicos y a una sarta de vericuetos incomprensibles seguro para Jesucristo mismo. Tal vez les resulte porque el pueblo es iluso, pero estarán cometiendo un error porque la desaparición de los cafés será momentánea, no se puede ir atrás, reculando como animales; hay que mirar de frente, quitándose las anteojeras que llevan puestas y que fueron hechas para que los asnos no se encabritaran. Tomen su conciencia de hombres, de buenos ciudadanos, de capitalistas hechos y derechos y se darán cuenta de la grave falta de su proceder. Eso desde el punto de vista de alguien que vive hace mucho en este lado del mundo y que conoce el juego de la libre empresa muy bien.
enero 1998

Imagen: Tetera austríaca, 1865

El bello idioma de nosotros


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Diría "la bella lengua", pero ello puede dar lugar a interpretaciones equívocas y no quiero correr el riesgo de los políticos cuando sueltan, eso sí, la lengua y no el idioma en sus soporíferas y malhadadas reuniones.

Elisabeth Malkin, escribiendo para el New York Times (Rebelling Against Spain, This Time With Words), anota con certeza que sería muy difícil que los Estados Unidos aceptaran imposiciones de Inglaterra en el uso del inglés. ¿Por qué tendríamos nosotros que hacerlo, siendo que supuestamente nos desembarazamos de España hace 200 años? Además, si existe una irrefrenable dinámica en el español la damos los latinoamericanos, en la diáspora económica de la emigración, fenómeno que no únicamente se refiere a la península versus las excolonias sino también a distancias mucho menores como la existente entre México y Los Ángeles, entre los "manos" de abajo del río Bravo y los "carnales" o "batos" de arriba del Grande, entre los mexicanos huidos del temporal de la revolución y sus hijos nacidos "al otro lado" y que terminan rechazando su origen, haciéndose híbridos, formando un nuevo grupo humano que no pertenece ni a sus ancestros ni a la sociedad extraña en la que nacen y crecen. Octavio Paz categorizó a estos "pachucos" como parias (no sólo del lenguaje).

En una vieja (quizá años 40) y linda canción, "El bracero y la pachuco", el Dueto Taxco ponía en escena esta llamemos confrontación entre lo antiguo (México) y lo nuevo (Estados Unidos), entre lo obsoleto y lo moderno, rivalidad que se expresaba sobre todo en el lenguaje. El bracero: romántico, formal, varonil, tradicional quiere conquistar a la pachuca: desenfadada, informal, liberal, irreverente, y su duelo verbal, divertido por cierto, apunta a las diferencias entre unos y otros, en un español alejado de las normas de la academia y sin embargo todavía español, plagado de anglicismos; jerga, caló cuyos orígenes tal vez se expandan hasta los judíos conversos, o escondidos, que llegaron con la conquista. El bracero le dice "Oh, mujer del alma mía, o ámame porque te quiero, o quiéreme porque te adoro, porque mi aliento perfumas, linda princesa encantada, como si trajeras rosas, de esas rosas encarnadas que con sus lindas aromas a mi pecho cautivaran (...)". "La pachuca no entendía lo que le quiso decir" y le responde: "Nel esé, ya párele con sus palabras de l'alta, que por derecho me agüitan, esé. Mejor póngase muy al alba con un pistazo de aquella, y un frasquito del fuerte p'a después poder borlar". Resulta que a pesar de una temprana incomprensión terminan casándose, ampliando el espectro de su idioma de admirable manera.

Ya lo entendió un visionario Valle-Inclán en su "Tirano Banderas", que es un viaje por un mapa fructífero, encantador y encantado del idioma, una exploración y un descubrimiento, la muestra palpable que lo mayor que dejó España fue la lengua, y lo mejor que ganó del opuesto fue su multiplicación en matices, tonos, formas, que siguen creciendo a medida que los otrora pueblos del sur van de a poco apoderándose de espacios vitales que "correspondían" a otros, tanto que entre los mexicanos se habla de "reconquista", siendo a su vez también revancha de España por todo lo perdido ante ingleses y norteamericanos.

Que existan normativas de lenguaje, sin duda sirve, tal vez al menos para mantener apariencias de orden en un caos no destructivo. El detalle nuevo de la Academia (que disgustó a Juan Villoro) de anular el acento de "sólo" (solamente) y diferenciarlo de "solo" (de soledad) por el contexto, es más bien un detalle estético; las transformaciones del español y la aceptación de ellas como parte real y concreta del idioma hablado -y después escrito- van más profundo, y merecen no únicamente estudio sino respeto. Para mí, por dar un ejemplo, me es más fácil hablar con mis colegas de los ranchos de Guerrero o los pequeños zapotecos de la frontera entre Oaxaca y Veracruz en su estilo y no en el mío de "l'alta". Si quiero decir "ese tipo se cree divertido", me entenderán mejor si les digo que "ese gacho se cree chido".

Pienso que Octavio Paz se equivocó. Aquellos pachucos que fueron parias en su laberinto de soledad, extendieron la jerga de sus tradiciones noveles y contradictorias no sólo a México, también a todo el sur. Café Tacuba canta:

Mejor yo me echo una chela
y chance enchufo una chava
chambeando de chafirete
me sobra chupe y pachanga

¿Y la Academia? Chinga su madre...
07/12/2010

_____
Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 12/12/2010

Imagen: Lucas van Valckenborch/La Tour de Babel, Musée du Louvre, Paris, 1594


Friday, December 10, 2010

Sunday Bloody Sunday

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Domingo sangriento.

Nos habíamos amado, mas una vacía botella de Glenfiddich hacía eco al viento en el pasadizo exterior. Allí explotó. No te vayas. Me voy. Terminé caído en el primer piso, con las dos piernas rotas.

Traté de asirme a un árbol sin lograrlo. Miré hacia arriba. Estabas en el balcón extendiendo los brazos. Grité.

Y volaste. Contemplé tus alas blancas de mariposa desnuda. Y tu oscuro pubis se derramó como un velo negro sobre mi alma.
2008

_____
Publicado en El Dinosaurio (Antología del minicuento/Edición de Homero Carvalho), Santa Cruz, 2008

Thursday, December 9, 2010

Chávez y el golf/MIRANDO DE ARRIBA


Siempre estos caudillos fascistas tienen algo de tragicomedia. Fellini los captó bien. Aunque la furia homicida de los camisas negras no era asunto de risa, la ridiculez de su parafernalia, actitudes, discurso, daban amplio lugar para el sarcasmo.
Lo mismo con el engendro que hoy rige Venezuela. Lo último, ya que hace poco nos deleitamos con su voz y con la boina roja (un número menor que el correcto para su cráneo) que se empeña en usar, ha sido su anuncio de que prohibirá el golf por ser un deporte burgués.
Cierto que golf, o tenis, son y han sido deportes de élite, razón leve para sufrir el castigo de su anulación. Dudo que en la Grecia antigua, durante los juegos, todos hubiesen sido jabalineros o lanzadores de disco. Existían élites, entre deportivas e intelectuales, amén de la militar, para quienes juegos tales -su práctica- sería privativa.
Abundarían los asnos que no correspondían a oficio de filósofos u oradores, y que desempeñarían vida y necesidades en los lagares de la Hélade, lejos de aquella flor y nata humana que nos legó esa península. Hay deportes y deportes, y sus delimitaciones sociales -sobre todo ahora- suelen ser evanescentes. Miren si no a un negro (medio filipino) -Tiger Woods- como campeón de golf, o a las hermanas Williams, estrellas de tenis, vestidas de blanco mini, como angelitos negros.
Además Hugo Chávez es adicto al beisbol, deporte imperialista por excelencia. Los remanentes de este peloteo aburrido y absurdo habitan el Caribe, Centroamérica, Colombia y Venezuela, y son los resabios de la explotación del banano. Quién le dice al presidente que anule el juego, siendo éste deporte de los amos gringos.
Habla tanto Chávez que no le queda más que hablar. Si cancela el golf por ser deporte de ricos, un nuevo gobierno opuesto cancelará el boxeo por ser de pobres. En la Camboya de Pol Pot ser médico o hablar francés garantizaba ejecución.
La censura es una serpiente maligna, más maligna que la que se comió a Eva (no Eva que se comió la manzana-sorna de las Sagradas Escrituras), y peor si a este bicho manejan los caudillos analfabetos de la vida. Echenle una pelota al presidente, para que juegue con ella mientras aprende de memoria las letras de una canción. Y si se cansa, échenle otra, que basta tal distracción para su escaso cerebro de monigote cantor.
Particularmente no siento ningún interés por el golf. Y me daría igual si existiese o no. Pero tenemos derechos, incluso aquellos de golpear una bolita para meterla en un hoyo, y caminar más que jugar, mientras otro carga -como en la vida- el peso de los palos.
17/8/09

Publicado en Opinión (Cochabamba), agosto 2009

Imagen: Caricatura del coronel