Thursday, February 10, 2011

El universo tejido


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Desde Inglaterra, consigo un libro sobre tejidos aymaras. Se trata del catálogo de una exhibición en Alemania, en Krefeld (donde nació Heinrich Campendonk), Deutschen Textilmuseum Krefeld.

Piezas del siglo XVII hasta el XIX, maravillosas, inexistentes para mí en cuatro décadas de bolivianismo. Algo anda mal, entonces, si ya en ¿mitad? de mi vida convengo en conocer parte de mi herencia gracias a la colección en préstamo de un norteamericano en Europa.

Sé, por fuentes leídas, de la devolución hace diez años de los tejidos ceremoniales de Coroma por parte de los Estados Unidos. Si hoy devuelven millonarios Klimt a los sucesores de quien los poseyera, por qué no pueden los pueblos reclamar un patrimonio muchas veces robado o extraído al amparo de corruptos mercaderes. Lo hace Camboya y hasta la presumida Italia logra que el Museo de Finas Artes de Boston le devuelva vasijas helénicas.

Pero eso en mucho es política y deseo hablar de arte. Dejo a antropólogos y sociólogos la explicación del papel del tejido en la comunidad andina. Hay excelentes obras al respecto; una recomendable es "Arte textil y mundo andino" de Gisbert, Arze y Cajías, recientemente reimpresa en preciosa edición (Plural).

Entre los diversos tipos de textiles andinos, de los cuales me interesan sobre todo los de Bolivia, se cuentan taris (incunas), ponchos, ponchitos, aksus, urkus, nañakas, etc. pero es el awayo, prenda femenina, que llama mi atención, debido quizá a su tamaño, su cuadrada imagen geométrica, y la versatilidad de sus diseños y colores. Aunque, ya que hablamos de colores, hay tejidos negros, con escasa ornamentación, llamados de luto, que en su oscura sobriedad son un canto a la creación artística. El mejor ejemplo de ellos: los awayos de luto de Calcha, población al sur de Vitichi, en la región potosina sureña tan rica en textiles como su contraparte del norte: San Pedro, Caripuyo, Sacaca, nombres que sumados al de Calcha conforman un mapa de riqueza espectacular.
Bolivia, nación multiétnica e india, se hace inmensa en el arte textil. En muy pocas regiones del planeta se puede hallar diversidad semejante. Enmarcar en los términos genéricos "aymara" o "quechua" suele crear una laguna cognitiva. Los aymaras -por ejemplo- forman un grupo de comunidades agrarias bien diferenciadas entre sí, diferencias que son por demás notorias y explícitas en diseños singulares.

A la ostensible seriedad de los awayos de Calcha se opone la multifacética explosión colorida de los de Caripuyo, donde las pampas –lugares vacíos- se estrechan para dar lugar a franjas trenzadas con plantas y animales de un entorno al menos idealmente paradisíaco, mientras que los que vienen de los lugares más altos, Río Mulatos, utilizan en un mar púrpura un angosto espacio con dibujo y color: vicuñas en serie, cóndores de pie y a veces volcados. Hace a
ños encontré a un estudioso europeo, venía de Liechtenstein, recolectando plantas y persiguiendo la elusiva cochinilla de los tunares del sur de Potosí, en los linderos con Tarija. Peter Brunkhardt, ese era su nombre, ligado creo a las jerarquías de su país, se estableció finalmente en el villorrio de Sajama, próximo a la frontera con Chile, y publicó un libro acerca del teñido natural: el molle tiñe de amarillo, el índigo de azul... Peter hizo una extraordinaria labor y presumo se hizo rico exportando lana así teñida. Aprendí de él, fuera de lo que hiciese o no respecto al capital, su amor por un arte vivo y único, por una representación cultural vejada y "avergonzante" para las élites cholas de una racista Bolivia. Aún hoy encuentro "gente" que me pregunta el por qué me gustan esas "cosas de indios", a pesar de que con sorpresa veo, dadas las circunstancias nacionales, que los mismos detractores de la indianidad calzan hoy abarcas debajo de sus pies de pronto democráticos. 

Como toda afición, o todo vicio, tengo mis preferencias en el universo tejido boliviano. Los seres sobrenaturales de Potolo, Chuquisaca, demonios que ni la imaginación lovecraftiana sabría crear, vuelan en los tejidos de esta región, por lo general en tonos oscuros, acordes con lo oculto de la mítica nativa. Figuras mayormente zoomorfas con seres dentro de otros, en un espacio donde también alterna la realidad representada en camélidos o aves, llenan los awayos y aksus creados en lana de oveja o llama, alpaca en alguna excepción. Se dicen de Potolo aunque Gisbert afirma que el denominativo alcanza más lejos, a la entera zona de los llamados jalq'as, que vendrían a ser pueblos con ascendencia yampara y caracara, próximos a Potolo y a Ravelo. Es difícil catalogar con veraz cronología los awayos que se consiguen en la calle, en los pueblos, en negocios. Hay, aparte de ignorancia, inseguridad y los nombres o edades que se manipulan son opcionales, asunciones primarias. Pero, mientras uno más se adentra en el misterio fabuloso de su personalidad, aprende a reconocer los tejidos, y por consiguiente las etnias, de acuerdo al detalle. A pesar de que se comparten diseños y el mundo andino se ha también, internamente, globalizado, aún hay rasgos fundamentales que denuncian la hechura y el origen de las piezas: entrecruzamiento de águilas con alas levantadas indica casi con seguridad la población de Challa, frígida altura que significó una suerte de frontera aymara-quechua en tiempos del incario; dibujos romboides sucesivos puede bien ser Tapacarí, y extraños animales alargados en fajas señala a Leque. Los viejos tejidos aymaras expuestos en Krefeld muestran que mientras más antiguos más formales, sin mucho diseño. Ya en el siglo XVIII y más en el XIX o XX se enriquece con labores intrincadas de telar. No es un fenómeno moderno si se considera la extravagancia de los tejidos peruanos de Paracas, de los restos textiles de elegante exuberancia de San Pedro de Atacama.

Cada vez más se ven awayos interesantísimos por las calles de Bolivia, algunos con chirriantes amarillos o naranjas de teñido químico. Me pregunto si este éxodo se debe a la posible apertura del indio -por fin- a la vida nacional o a la mayor pobreza que impulsa a los comunarios al éxodo. Éxito o fracaso que terminará -no cabe duda- con la extraordinaria contribución textil andina al arte de la humanidad.
30/9/2006

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Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Sucre), octubre 2006

Imagen 1: Poncho aymara, circa 1900
Imagen 2: Poncho aymara


Wednesday, February 9, 2011

El presidente bala/MIRANDO DE ABAJO


El por qué ya lo diremos…
Mirando un documental con mi esposa, acerca de la civilización minoica, aprendimos que los cretenses de hace 3500 años ya cagaban en un inteligente y eficaz servicio de retretes, así sus edificaciones fueran de dos o tres pisos. Para risa suya, de mi esposa no del retrete, comenté de inmediato que en Bolivia hace sólo menos de 100 años los aristócratas cagaban todavía en el corral de los animales, y el resto a la “interperie”, que es como se llama a la intemperie allí. En las zonas rurales los baños no se conocieron hasta bien entrados los cincuentas, y no me digan que ello ayuda al medioambiente porque no es verdad. Hoy, que el presidente viaja a China a gestionar su nuevo juguete, un tren bala, ya que es dueño de una mente infantil, las escuelas públicas carecen de servicios higiénicos y el drama de cagar implica para toda esa niñez afanosa y pobre uno mayor que estudiar. Extraño, pero hasta ahora el Supremo no ha dado su genial apreciación del problema. Bien sabemos que fueron en primera instancia los cerdos capitalistas que secuestraron los inodoros, con turbios motivos que sin duda incluyen el deshacerse del mesías aymara cuya inmortalidad garantizaron los achachilas y… el canciller Choquehuanca.
Los nuevos ricos de Bolivia jodieron la esperanza. Aún hechizan a la indiada ávida de un merecido espacio y a quien engañan con falsas promesas que apuntan a mantenerlos abajo. La masa que vota, la que bloquea, la que lincha, pero doctores indios, ingenieros indios, jueces indios, generales indios, ah, no, todavía, primero afiancemos el proceso de cambio, primero sentemos las bases de un reinado perpetuo e inverosímil, entonces allí podremos hablar, pero para qué hablar si el Supremo lo sabe y lo dice todo. Pero, querido pueblo y puebla, hermanos y hermanas, votantes y votantas, Evo primero les trajo el gas: se evaporó; el litio: se sumió en las profundidades. Ahora viene un satélite, made in China y fuertemente pagado con la miseria plurinacional, que llevará el nombre de Katari, en él se enviará a las estrellas la sonriente y rubicunda cara de Evo Morales, el liberador de la tierra y el paladín de la futura lucha interplanetaria. El hombre no tuvo juguetes, puto país, y ahora dispone de ellos. El próximo: el tren bala, que alcanzará velocidades ignoradas por los europeos, qué Berlín o Lyon, qué Madrid o Londres. El tren bala volará por el altiplano como rayo pero me pregunto cómo se lo hará parar para comprar unas papitas hervidas con llajwa en Patacamaya, o unos tostados en Caracollo, porque si no para, maestro o maestra conductor conductora, le destrozamos los asientos y nos llevamos los inodoros porque ¿acaso únicamente los gringos tienen derecho a los inodoros?
Juan Luis Guerra, bachatero de excepción dio de receta sopa de caracol. Quedó corto porque Huevo, perdón Evo, esgrime el caldo de hueso, amén del pollo criollo y la miel suplantando al azúcar como la revelación ecológica ya. Habrá pensado –no piensa, siente- que los pollos necesitan maíz, las abejas flores, y el caldo de hueso animales, cosas las tres que quedan cada vez menos en Bolivia, y pronto nada. Apologiza la coca como el summum de la existencia, pero no come él asados de coca ni spiedos de coca, porque de hacerlo no engordaría como lo hace. Ahora va a Senegal. Qué puede decir a los famélicos negritos abandonados por la dádiva colonial, que coman qué. Y en China qué dirá. Lo coherente sería tal vez decir, ya que son tantos, que nos comamos a los chinitos y salvar la tierra.
¿Es una bala, es un avión, es Supermán? Es Evo Morales con la antorcha olímpica.
5/2/2011

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 9/2/2011

Imagen: Robert Williams/A Life of Delusion, 1998

Monday, February 7, 2011

'EL ARTE DEBE SER CRÍTICO CON EL PODER'


Vive en EEUU desde 1989. En 2010 ganó el Premio Literario Casa de las Américas en Cuba. Es columnista y bloguero. Habló con Poder y Placer sobre Bolivia, su gobierno y el rol de los escritores ante la política.

Darwin Pinto Cascán

Cochabambino, boliviano, ciudadano del mundo, universal no sólo en su pensamiento sino también en la sangre de sus antepasados que le corre por el cuerpo y en las patrias de sus amores...

Claudio se sienta ante el computador con las manos heladas, mientras afuera la nieve sigue cayendo sobre la ciudad de Denver, aplastando con su peso al mercurio del termómetro que ya marca varios grados bajo cero en un fin de año típico de Colorado (EEUU).

Cuando me dice que ha nevado jodido, que el frío ha llegado hasta 20 grados bajo cero, me viene a la mente la película “El Resplandor”, dirigida por Stanley Kubrick y filmada justamente en las montañas Rocosas de Colorado (basada en una novela de Stephen King, que sitúa varias de sus historias en ese Estado en el corazón de EEUU). En la película, como en las palabras de Claudio, hay mucha, mucha nieve...

Antes de hablar con él, he entrado a su blog (http://lecoqenfer.blogspot.com/) y he leído: “Claudio Ferrufino-Coqueugniot fue columnista del diario Opinión de Cochabamba y ha colaborado en revistas y diarios de Bolivia, EE.UU, Argentina, Canadá, España y Alemania. Sus primeras publicaciones datan de 1984 en el suplemento Presencia Literaria. Ha publicado ‘Los virginianos’, colección de textos y cuentos breves (1991). Su novela ‘El señor Don Rómulo’ fue finalista del Premio Casa de las Américas (2002). En 1989 emigró a los EEUU donde fue traductor freelance, escritor de cuentos infantiles, estibador, repartidor de periódicos y especialista en frutas y verduras frescas, lo que le aportó vivencias de primera mano para adentrarse en la lucha y desesperanza de los inmigrantes ante un mundo no solo ajeno, sino cruel”...

Dejo de leer, siento que lo conozco un poco más, ya no sólo por el hecho de ser el ganador del Premio Casa de las Américas 2009, probablemente el segundo galardón más importante en lengua hispana después del Premio Cervantes de Literatura. Ya no es sólo un nombre, es una cara, una actitud.

Claudio me dice que está arreglando todo para su viaje a Cuba. Dejará atrás la opresión extrema de la nieve para entregarse a ese trópico de ensueño envuelto en el calor del bellísimo Caribe cubano. Irá a la patria de Martí para ser jurado del Premio Literario Casa de las Américas 2011, galardón que, como dije, él mismo ganó en 2009 para mayor orgullo de las letras bolivianas con su novela “El Exilio Voluntario”. Por eso le pregunto:

¿Por qué escribiste El Exilio Voluntario? ¿Cuánto de Bolivia hay ahí?
Mucho de Bolivia, y mucho de los Estados Unidos, pero en los ojos de un boliviano. Lo escribí para no olvidar una vida que me desbordó cuando llegué, lejana en su dimensión a lo vivido antes, y cercana también en los avatares del bajo fondo, el alcohol, la política y la miseria.

Desde tu percepción, a la distancia, ¿en qué cambió Bolivia desde que Morales asumió el poder?
A pesar de cierto recelo que tengo de las personas que hablan demasiado, creí que había grandes oportunidades de cambio en su asunción y así lo escribí. Dije incluso que de estar allí, en Bolivia, votaría por él. Lastimosamente mis sospechas no eran infundadas y luego lo combatí por escrito de entrada, con tanta vehemencia como combatí a George Bush, desde aquí, en sus dos gobiernos.

Me alegra ser archivista y conservar casi un 100% de mis escritos que muestran, y en su caso demuestran, en qué lado me ubico. Creo que una cosa que quedará como positiva es la final y necesaria aceptación del indígena como sujeto político en nuestra historia. Será un proceso largo y difícil que va a dar sus buenos frutos en el futuro.

Del desgobierno y la doblez de esta gente que gobierna en Bolivia hay todavía mucho que decir. Y a muchos los conozco, son de mi generación y de una “élite intelectual” en la que crecí y de la que me alejé.

¿A qué lado te ponés? ¿izquierda o derecha?
Ya que hay que dar denominaciones; izquierda, siempre. Aunque no acepto dogmatismo alguno, ni amo, ni Dios, para jugar al nihilista desterrado.

¿Rechazas esa forma de dividir el pensamiento político humano?
Diría que veíamos, y vemos, las cosas desde puntos de vista diferentes. Creo que no me estanqué en un proceso ideológico que las más de las veces es simple pretexto. Me considero incólume aún. Aunque la bifurcación de estas líneas se ha hecho obsoleta por la aparición, o destape, de realidades que no alcanzaron a tocar las ideologías, siempre me he considerado un hombre de izquierda. Mis amigos masistas me consideran ‘facho’ y yo me río ante su mixtura incomprensible que retoma a Marx, a Kropotkin o a la Pachamama con acercamientos peligrosos al fascio que critican. Evo Morales, para mí, ya que estamos entre derecha o izquierda, es la derecha acabada, igual que su sosías (persona con demasiado parecido o similitud a otra) blanco, el de terno.

En el pasado, especialmente durante la Guerra Fría, la Literatura fue militante... En el presente ¿cómo crees que debe ser la actitud del arte, de los escritores frente al poder?
Es trabajo del artista la crítica del poder y la defensa irrevocable de las libertades. Respeto el derecho de algunos escritores que se ubican en un intimismo que para algunos significa emboscarse; como también el de los otros, el de los que hacen proselitismo. Puedo leer a Barbusse como a Robbe-Grillet, y que me guste uno u otro más es asunto tanto personal como estético. Creo, sin embargo, en la opinión política. Lo hizo Monsiváis, lo hizo Hermann Hesse. Y hasta en la “derecha” leo con gusto ficción y opinión de autores como Brasillach, Drieu La Rochelle o el gran Céline. El compromiso del artista es con él, y, siendo su obra asunto colectivo, su compromiso se hace también colectivo.

¿Qué opinas de las posturas políticas de Vargas Llosa y García Márquez?
En teoría me gustan cosas que dice Vargas Llosa, aquello de la oposición a dictadores, al abuso del poder, etc. Pero soy suspicaz con él. Algo tal vez como una desconfianza de clase. Y, curioso, con García Márquez me sucede lo mismo. No comprendo su rodearse de gente que, también en teoría, debiera repeler: banqueros, etc. Uno mira y se sorprende de que tipos como Mick Jagger se arrodillen ante la reina, o que la rebelión del rock sea hoy uno de los mayores objetos de consumo.

Los leo, a pesar de eso, más a Gabriel García Márquez que a Mario Vargas Llosa y los prefiero de lejos a ambos en vez de los Fujimori y los Linera, o especímenes similares que se las dan de Cristos sin cruz y menos crucificados.

¿Qué opinas de Cuba y su gobierno? ¿Qué sentiste cuando recibiste el Casa de las Américas ahí?
El Casa de las Américas fue como alguna vez lo dije, emblemático para mí. Por ellos leí a Eduardo Galeano, Haroldo Conti, Jorge Enrique Addoum, Roque Dalton y otros. Entonces recibir el premio sobrepasó y sobrecogió mi imaginación. Viajar a La Habana implicó un viaje a una tierra de misterio obligatorio. Estaba el Che, nuestra visita hace muchos años –con amigos- a la embajada de Cuba en Lima con ánimo de ir a poner el hombro, o el gatillo a Nicaragua. Y tantos otros etcéteras que hacen de la “Casa” y Cuba un tema insoslayable de varias generaciones, la mía entre ellas.

¿El gobierno de Cuba? Mucho he hablado y escrito de un libro fundamental para conocer lo que pasó y pasa allí: “Escucha yanqui”, libro ya antiguo, pero que marca hitos aún válidos del proceso de la revolución cubana y de su estrecha relación, geográfica, histórica, con el monstruo de los Estados Unidos. Lo que siguió, la sovietización, las purgas, la unipersonalidad en el poder, tienen un origen que bien pudo haber sido diferente sin renunciar a los objetivos revolucionarios, urgentes en aquella Cuba llena de sangre y de la inmundicia de dictadores como Machado, o Batista.

Si tuvieras que escribir una novela sobre Bolivia ¿en qué género la clasificarías y qué personajes públicos bolivianos serían tu héroe y su adversario?
No sé. Mis personajes, en un síndrome que comparto con Máximo Gorki, vienen de mí. Trato de quitar ese egoísmo autoral -autoril- y fundamentar al menos unos en dimensiones ajenas a las mías. Es un trabajo. Y puede ser un estilo. Todavía no lo sé.

Me gustaría, y lo tengo de proyecto hace mucho, con gran anterioridad a la aparición de Evo Morales en el panorama, escribir sobre Belzu. Es un personaje en el que se pueden buscar respuestas a lo que sucede hoy, y sacar nuevas preguntas. Soy un apasionado de la historia y hay tantos personajes bolivianos sobre los que amaría crear novelas: Padilla, Camargo, Warnes, las rebeliones indigenales y los guerrilleros de Ayopaya. Y otras sobre la gente común, yo mismo, la infancia, la juventud, Cochabamba, la borrachera, los escritores malditos de Bolivia a los que nadie jamás leerá y menos publicará. Sí, sobre ellos quisiera escribir.

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Publicado en PODER Y PLACER (Santa Cruz de la Sierra), enero 2011

Imagen: Crapeau/Fotografía de Man Ray, circa 1932 

Entrevista al narrador y poeta boliviano Claudio Ferrufino-Coqueugniot


Xenia Reloba
La Ventana

Al escritor boliviano Claudio Ferrufino-Coqueugniot lo abordamos cuando recién iniciaba las labores como jurado del género de Novela en la edición 52 del Premio Casa de las Américas. Su presencia en La Habana, precedida por el éxito que obtuvo en el certamen literario en su edición de 2009, con la obra El exilio voluntario, nos condujo inevitablemente por dos caminos que la institución ha decidido sistematizar en fecha reciente: los estudios sobre latinos en los Estados Unidos, con un programa iniciado en el año 2008, y los que se dedican a las culturas originarias de América, que recién hemos abierto.

Es por eso que, tras las primeras impresiones compartidas, ante tantas cosas por leer y el placer de compartir con otros escritores, «conversar sobre diversos temas y sobre lo nuestro, la literatura», y unido al gusto de regresar a Cuba, comenzamos el diálogo recabando sus opiniones sobre la conferencia que en la jornada inaugural del Premio ofreciera el vicepresidente de su país, Álvaro García Linera.

«Me pareció bien interesante. Es un hombre inteligente. Su análisis de la historia o de las coyunturas históricas me pareció correcto. La manera de implementar los cambios puede ser controversial, pero pienso que lo más importante de lo que está pasando en Bolivia es que finalmente, después de alrededor de 200 años, el indígena va a formar parte de la historia nacional como protagonista. Lo importante es el cambio, este cambio social que era necesario, urgente. Como todo proceso, va a tener sus bajas y subidas, errores y aciertos, pero creo que va a ser finalmente de gran trascendencia para el país», enfatizó.

¿En qué sentido cree usted que Bolivia, a partir del enfoque plurinacional que ha instituido de algún modo el gobierno actual, puede convertirse en un modelo de construcción, desde los estados latinoamericanos, de esa visión, en aquellos donde forma parte de la identidad nacional?

—Creo que vamos a tener que ser todos muy creativos. Es una situación nueva, única en muchos sentidos, en otros no. Hay experiencias con los indígenas que se han realizado en otros países. Por ejemplo, las reservas indígenas en los Estados Unidos son en gran medida autónomas y lo han sido por los últimos 100 años. Sabemos bien el proceso de explotación y expoliación que han sufrido, pero tienen autonomía jurídica.

»En Bolivia hay tres grupos étnicos importantes, numerosos, y muchísimos grupos pequeños. Cuando Álvaro García Linera habló de construir carreteras y perforar pozos petrolíferos en parques nacionales, por ejemplo, tocó un punto que genera mucha controversia y conflicto, porque al hacer algo que evidentemente va a dar excedentes económicos al país, se pudiera destrozar no solo la biodiversidad, sino que al menos dos etnias indígenas selváticas van prácticamente a desaparecer. Entonces, ¿hasta dónde llega nuestro discurso de lo plurinacional? ¿O es que una mayoría —en este caso la quechua-aymara— va a determinar el destino de las otras?

»Es una cosa muy íntima nuestra, desconocida posiblemente en el extranjero: cómo defender a la etnia yuqui, errante, nómada, en este bosque Isiboro-Sécure, en el parque Carrasco, si se va a comenzar a explorar petróleo, a abrir carreteras hacia el Brasil para exportación e importación. ¿Hasta dónde vamos a desarrollarnos y cómo lo haremos? Son preguntas que hay que hacerse».

En 2008, con un premio de ensayo dedicado a los Estudios sobre Latinos en los Estados Unidos, se abrió ese programa que nos permite sistematizar un trabajo que se venía haciendo desde antes en la Casa. Este año, inauguramos otro sobre culturas originarias de América. ¿En qué medida cree usted que un evento como el Premio contribuye a nutrir todo este acervo latinoamericano, concretamente en la literatura?

—Es muy importante el hecho de que una institución como la Casa abra espacios para estudios sobre los latinos en los Estados Unidos o sobre las culturas originarias, porque al reconocer a alguien, ya sea en ficción, ensayo o cualquier género, se está dando un rostro a todo un fenómeno. Lo ideal sería que con el tiempo se llegara a premiar literatura en lenguas originarias, pero es un largo camino, porque sus hablantes han sido constantemente vetados durante más de 400 años. Hoy tenemos intelectuales en Bolivia, bilingües o trilingües, que escriben en español y también en quechua o aymara. Sería muy lindo rescatar eso, algo que José María Arguedas quiso hacer.

Los bolivianos en los Estados Unidos integran —junto a otras comunidades de latinos— un discurso que hoy parece más fuerte, si lo comparamos con una tradición que muestra a estos grupos de algún modo “sumergidos”. ¿Es que “lo latino” se ha ganado un espacio “real” en ese país?

—No se ha ganado aún un espacio real. Que se lo va a ganar, eso es inevitable. Pueden hacer lo que quieran: deportaciones, cualquier cosa, pero no pueden evitar que los Estados Unidos vayan al bilingüismo. Existen muchas facetas positivas y negativas del asunto. En el caso de los escritores, hay un elitismo marcado de la intelectualidad academicista latina en los Estados Unidos, que olvida que el meollo de nuestra posición ahí son los trabajadores latinos; es esa masa de gente que va anónima la que está fundando las bases de unos Estados Unidos latinos.

»Respecto a cuán firme está la presencia del “latino” en los Estados Unidos, lo dirá el tiempo. Generalmente, nuestra inmigración es de gente sin escuela, sin educación y cuyas terceras generaciones adquieren conocimientos, ya tienen posibilidades de hacerlo. Por supuesto, toca ir creando una conciencia política, en cierto modo hasta racial.

»Los mexicanos se llaman a sí mismos “la raza” y nos incluyen a los bolivianos y a otros grupos. Suelen preguntarme: “¿Eres ‘raza’?”. Y yo digo: “Sí, soy ‘raza’, soy boliviano”. De ese modo, se pierden los matices particulares de cada país. En los Estados Unidos, los bolivianos no discutimos sobre lo plurinacional, o sobre mi ancestro quechua, o tu ancestro guaraní. Allí somos latinos y el español es nuestro común denominador. El panorama cambia completamente».

¿Cómo ve la identidad latina en Estados Unidos?

—Ahora que estamos en tiempos de conflicto con “el otro”, el anglosajón —que es un término muy general porque dentro están metiendo a ítalo-americanos, polacos, judíos, rusos…, quienes forman el bloque contra la inmigración latina, que es la más fuerte y la que representa “un riesgo” para ellos—, nuestra identidad ahora es la de ser latinos. Lo que pienso es que cuando adquiramos posiciones de poder político empezarán, en primer lugar, las diferenciaciones nacionales. Habrá una disputa por el poder, se perderá la esencia latina y, más adelante, sin duda alguna, también aparecerán diferenciaciones étnicas.

»Pero falta mucho para eso. El problema es que los latinos tenemos cierta representación en el Congreso de los Estados Unidos, pero esta es débil porque no se ha tomado conciencia del poder que significa el número. Yo sería muy drástico y atacaría —si se quiere atacar al sistema— por el lado económico. Si un día se dice a los latinos ilegales en Colorado, por ejemplo, que este fin de semana no compren nada, ahí se va a ver cuánto importan. Es en lo económico que se debe atacar, no pedir limosnas para que nos den esta concesión o la otra, porque allí el consumo es lo más importante.

»Una vez se intentó hacer una especie de huelga para no trabajar un día, en Denver, y ese día las calles estuvieron vacías, pero creo que es más importante decir: mañana no se compra, porque ahí se va a sentir la importancia de un sector muy grande de la población que es el nuestro».

Habría que lograr determinados consensos para pasar por encima de estrategias muy débiles.

—Sí, son febles, débiles, porque es muy difícil, ya que mucha gente está en los Estados Unidos para sobrevivir y con lo poco que tienen, a pesar de la sombra de la persecución, vive feliz. Es mejor que lo que siempre han tenido. Tengo amigos de los ranchos de Guerrero que no tuvieron luz ni agua hasta los diecisiete años, o zapatos hasta los diez. En esas condiciones, tratar de enfrentar al “otro” es bien difícil.
25-01-2011
Fuente: http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=5938

Publicado en La Ventana, Cuba, enero 2011

Imagen: en Cienfuegos, enero 2011

Notas desde Cuba


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Escribir por ejemplo que las luces titilan a lo lejos. Y lo hacen en los bordes de la bahía de Jagua, en Cienfuegos. Al otro lado, una sombra que pareciera Hagia Sofía y que no es otra cosa que el esqueleto de un reactor nuclear perecido con los soviéticos, habla de que los tiempos cambian y los hombres debemos adecuarnos a las transformaciones. Evitarlo es impostura, no queda espacio para obsolencias y es deber nuestro rescatar lo bueno que se pueda y desechar la mierda.

Oscar Jordán Arandia me pregunta acerca de la importancia de la presencia de Álvaro García Linera en la inauguración de los premios Casa de las Américas. Han pasado dos semanas, amenizadas con la fraternidad de los cubanos auspiciantes, con el mar y el ron: añejo, siete años, añejo blanco, etc. que dan aroma de fiesta al trabajo y pienso… Fue un buen discurso y una buena presentación. Algo larga pero gusta a los políticos escucharse, como si no fuera suficiente haberse escuchado toda la vida. Pero así como a mí me gustan las mujeres regadas de ron, a otros persignarse o enmelarse en el verbo con que los parió la madre.

Fuera de la cuestión histórica, que creo todos los de cierta tendencia analizamos de la misma manera, lo resaltante estuvo en el énfasis que el vicepresidente puso en la necesidad de explotar pozos, talar bosques, etc, si el bien colectivo lo requiriese. O de la posibilidad, ya que son numéricamente superiores (textual: de tres millones a trescientos mil), de que las tierras bajas sean entregadas también a las etnias quechuaymaras, asunto que no ve como detrimento a las poblaciones guaraníes más pequeñas. Germen, a mi parecer, de etnocidio y ecocidio. Dotar de lugares protegidos por su biodiversidad a las transnacionales, otra vez, y a los cocaleros, punta de lanza de la revolución cuyos grandes beneficiarios son las mafias narcotraficantes, punta de lanza del peor capitalismo, ya que los réditos del tráfico de drogas enriquecen sobre todo a los bancos que captan cerca del 70 por ciento del criminal pingajo.

Yendo hacia lo literario. Suena precioso, a la vez que triste, saber y leer de y a autores que gastan su tiempo en hacer ficción. Tozudez de seres, incluidos nos, que por encima de los discursos hallan espacio para hablar de las cosas, grandiosas o mínimas, que nos rodean. Hombres y mujeres que muchas veces ni la esperanza tienen de verse publicados, pero que escriben porque tienen que escribir, porque de sus crayones gastados y malcuidados ojos se alimenta la existencia. Prometeos cuyos destrozados hígados enfrentan la debacle tecnológica que semeja la terminación de los humanos. Y un premio como éste, en un país atenazado por la modernidad y confuso en cuanto al futuro, implica algo, implica valor y constancia, de los hombres desarmados.

Te diría, Oscar, que admiro este esfuerzo, como admiré siempre la literatura cubana, desde alguna vieja tarde en que mi madre, en Colección Ayacucho, me regalaba El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier, con la dedicatoria de un hermoso libro para mi hijo Claudio, amante de todo lo bello… así era mi madre, que me trajo las calles de La Habana que hoy miro, los muros espesos de la feroz y persistente España, la negritud hundida y sin embargo tan febril, tan dinámica, tan ritmo y rebelión. Me regaló los edificios de Trinidad, la locura de Henri Christophe, Sans Souci, me abrió las hojas eternas de Martí, en verso y en ensayo, a quien tanto quería. Cuba y Haití, el son caribe, la santería y el vudú, el pueblo de Cuba que si no es negro, o un poco mulato, es tan español como los andaluces, bien lejano de mis sangres indias, melancólicas y subrepticias.

Respecto a mis proyectos para este año, te diría que los escritores no tenemos años, y que los vástagos crecen como la mala hierba o la yerbabuena, malos para las cosechas y perfectos para el sabor. Pero que mientras invento historias o las recuento seguiré echando ponzoña por las calles oponiéndome a los cabrones, a los Bush, los Morales, los Mubarak y el resto de la vertiente esquizofrénica de quienes se creen dioses.
2/febrero/2011

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 05/02/2011
Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), 06/02/2011
Publicado en Semanario Uno #396 (Santa Cruz de la Sierra), febrero, 2011

Imagen: Palacio de Valle, en Cienfuegos

Monday, January 31, 2011

Un Casa de las Américas muy personal


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Creo que cabe, que para eso vine, comenzar con el detalle del Premio de Novela en el cual participé como jurado. La parte de obras que me tocó se caracterizó por un buen nivel medio. Elegí cinco novelas que hubiesen merecido, cualquiera de ellas, ganarlo.

Haciendo un recuento, la primera, La sombra del nombre, de la uruguaya Melba Guariglia, sorprendía con una sólida estructura y un argumento con temas como la identidad, el exilio, la represión, la zozobra del individuo que se somete a pruebas en donde no sabe más quien es. Luego, del argentino Carlos Hugo Sánchez, El agua mineral, deliciosa historia que comienza con un par de amigos que estudian la forma de embotellar las aguas del río Yi, cerca del Uruguay, y venderla. Empresa que se diluye pronto en las peripecias de los personajes, en un intríngulis que exige atención pero que se disfruta.

Me fui por la tercera, la que finalmente resultó mi elección y que obtuvo una mención. Su título proveniente de un verso de Pessoa: Los hijos soñolientos del abismo, de Geovannys Manso Sendán, cubano de prosa ágil e irreverente, que en una especie de diario neurótico juega con la mente del lector.

Vinieron dos más, ambas argentinas: 74 días, de Agustín María Palmeiro de sobria y desgarradora narración del conflicto en Malvinas y Así son las fieras, escrita por Carlos Bégue, suerte de novela de la conciencia argentina, extrañamente opuesta al legado de Perón y con reminiscencias de la Acracia platense de las primeras décadas del XX.

Luego de votar, los jurados Roberto Burgos Cantor, Colombia; Andrea Jeftanovic, Chile; Rogelio Riverón, Cuba; Martín Kohan, Argentina, y yo, decidimos optar por La venganza de las chachas, del mexicano Gabriel Santander Botello, con menciones para Manso y para el veterano escritor colombiano Rodrigo Parra Sandoval y su alucinante Faraón Angola, con quizá la mejor y más extraña aproximación a la violencia en su país que se haya logrado en ficción. Lo interesante de Santander Botello es que su novela implica una hibridación tanto de territorio y lenguaje como se había propuesto de algún modo en mi también premiada anteriormente El exilio voluntario. Interesante, repito, ya que éste y el premio anterior caen en autores que habitan un espacio que podríamos llamar fronterizo en términos físicos, mentales y linguísticos, previendo la futura explosión de literatura latinoamericana que transite los niveles del sur y los del norte al mismo tiempo, los del castellano y los del inglés en rico paralelismo o simbiosis.

Un premio donde se juntaron diversos talentos, estilos, culturas, nacionalidades, enlazadas por lengua común, y donde por desgracia no pudo más que premiarse a uno. En otros géneros, por lo que oí, hubo ardua discusión sobre temas que no son en sí sencillos para, al final, dar la venia a alguno desechando otros de posible igual merecimiento. De Bolivia no se presentaron novelas. En cuento participó Giovanna Rivero, cruceña que en algún momento tuvo el aval de jurados pero cuyas chances se diluyeron en el debate. Otra vez será y por cierto que necesitamos participación mayor.

Dividido en dos, el viaje resultó magnífico, con casi una semana al borde de la bahía de Jagua, en Cienfuegos, donde, con semejante paisaje, era un crimen trabajar. Pero allí se estuvo, duro en la lectura, e intervalos en los que personalmente pasé mirando elongados peces azules y sardinillas que se escondían bajo la sombra del muelle. Hubo ron, Havana Club de siete años, Havana añejo de tres para los Cuba libres, cervezas Cristal, lager, y Bucanero, dark, y abundante comida matizada por conversaciones con nuevos amigos, impresiones de libros, visitas de personalidades cubanas, radio, prensa, algo de televisión, música con viejos troveros de la Nueva Trova, etc. Y un viaje a la colonial Trinidad, al pie de la Sierra del Escambray, de historia que hasta en su nombre pone la piel de gallina. Ha pasado el tiempo, y hoy tenemos el privilegio de dormir en hotel de cuatro, almorzar en palacios de la sacarocracia, sabiendo que no siempre fue así, sabiéndolo hoy más que nunca luego de que anoche asistiéramos a la premier de Martí, el ojo del canario, una producción cubana de múltiples valores y belleza.

Ahora se acerca la partida, Roberto Burgos Cantor se fue hace media hora, hacia Cartagena de Indias, a mayores actividades literario educativas. Vuelve a sus umbrías ceibas, las de su memoria que es la memoria nuestra, la del Caribe, la que confluye Colombia y Cuba en los marasmos trágicos de la negritud. Yo partiré mañana, de vuelta a la nieve y sé que en la alegría de la familia, de Ligia, Aly y Emi, oiré en la noche cuando me arrastre al trabajo los oleajes de Jagua que miraba desde un balcón.

A Burgos y mí se sumó un español, crítico y jurado, leído y entretenido: Eduardo Becerra, con quien anulamos las horas en lentos rones ahogados en dos cubitos de hielo. Hablamos, nos contamos de literaturas y los nuestros y, junto a Peláez, director de internacionales de la Casa de las Américas, hombre de sonrisa y afectada seriedad, y amigo como pocos muy rápido, la pasamos divino como suelen decir los argentinos, bien, retebién, requetebién.

El primer día Alvaro García Linera quien fuera invitado especial hizo un inteligente y en su mayoría correcto análisis histórico sobre Bolivia. Creo que fue honesto en exponer sus estrategias con muchas de las cuales discrepo. Pero por un minuto fuimos dos cochabambinos reconociéndose ante un público y la férrea mirada de varios Che que caminaban por el muro.

Extrañaré a Cuba. Tantas cosas que extrañar.

Cienfuegos, Cuba, enero 2011

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Imagen: Afiche del Premio Casa de las Américas 2011

Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 30/01/2011
Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Sucre), 03/02/2011
Publicado en Semanario Uno #395 (Santa Cruz de la Sierra), 16/02/2011

Wednesday, January 12, 2011

Mokhtada al-Sadr/MIRANDO DE ARRIBA


Mucho se han violado los derechos humanos en la guerra de Irak. Lo triste es que tanto se ha hecho que incluso el mundo ya perdió interés. Tan común resulta contemplar hoy los muertos, mirar sin angustia los retorcidos fierros de los carros suicidas, los supuestos juicios a los perpetradores, las historias de horror.

El nombre del clérigo Mokhtada al Sadr es resultado de la guerra absurda que el imperio lanzó en su ansia de petróleo y de cruzada religiosa. Jamás hubiese este aún joven y turbulento sacerdote encontrado semejante estrado para su vocinglero sectarismo si Norteamérica no levantaba este sangriento castillo de naipes.

Al Sadr es hoy el hombre más poderoso del conflicto, el hombre del futuro. Por su simple retórica pasa el porvenir del país iraquí, cosa que dado su accionar terrorista no promete nada. El actual gobierno de Bagdad viene a ser en más de una manera títere de sus ambiciones, y ministerios como el de Salud, en manos de uno de sus prominentes correligionarios es muestra espantosa de lo que sobreviene. Los hospitales de Irak son cámaras de tortura y cementerio para los heridos sunitas que tienen la desdicha de caer allí. Enclave chiíta del peor sectarismo, la que debiera ser región de alivio se ha convertido en antesala de la muerte.

Entre ayer y hoy, comandos sunis de revancha secuestraron al segundo en importancia de tal ministerio y, con los antecedentes mencionados, su suerte ya fue echada en una espiral de violencia incontrolable y quien sabe permanente.

La milicia particular de al-Sadr, el "ejército del Mahdi", parece, sobre todo en su sector femenino, como una estampa medieval: con mujeres cubiertas de pies a cabeza, como monstruosos penitentes de Semana Santa. En un siglo veintiuno que aparenta reflejar un avance tecnológico sin precedentes y un retroceso mental e ideológico de magnitud, la vuelta al fanatismo religioso ensombrece la perspectiva humana. Cuando en las escuelas norteamericanas hay disputa de siquiera considerar el proceso evolutivo, cuando se quiere negar el origen del hombre y hacer creer que proviene de un mito convertido en realidad, las bases de una sociedad abierta, diversa y laica se desvanecen.

Para nosotros, los que aún leemos y pensamos, el riesgo es inminente. Armadas de sombras se preparan a asaltar el conocimiento y desgarrarlo. Parece -casi- una preconcebida historia de Tolkien de incierto fin. Y los Bush, los Cheney, Choquehuancas, Ahmadinejads, al Sadrs, frailes de toda laya, fariseos e hipócritas, se regodean con la presunción del festín.
20/11/06

Publicado en Opinión (Cochabamba), noviembre 2006

Imagen: Mokhtada al Sadr en un cartel en las calles de Irak. Fotografía de Le Monde