Thursday, February 28, 2013

Los hombres del blues/VIRGINIANOS

Claudio Ferrufino-Coqueugniot 

"Mi amada es una niña, pesa apenas". Así traduzco la letra de un blues de Muddy Waters (mientras la armónica se agudiza cuando llora, y es triste al agravarse).

"Ella sólo tiene diecinueve años" y por su cuerpo liviano las notas de la boca susurran satisfacción.

De ella, el blues se traslada a la bahía de San Francisco. Allí, un negro que se nombra Jesse Fuller, corre los dedos por la guitarra. El blues es de manos libres, burlonas, que hace muecas a las cuerdas, barrotes carcelarios del foso de la guitarra.

Mance Lipscomb; Blues in G.

Blues, si he de creer en los collages, es una botella de whisky, billetes de a dólar, fotografías de amantes, sobras de marihuana y tabaco, desnudos, un ticket de una anciana pelea de Jack Johnson.

... Mississippi John Hurt- John Lee Hooker- Otis Rush- Homesick James- Big Bill Broonzy- Los demás...
1989

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De VIRGINIANOS (Cochabamba, 1991)

Foto: Ticket para la pelea entre Jack Johnson y Jim Jeffries, 4 de julio 1910


Wednesday, February 27, 2013

Nisttahuz


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hay que remontarse dos décadas, un poco más, para hacer memoria de mis primeras lecturas de Jaime Nisttahuz, “don Jaime”, como le dicen a cabalidad los escritores jóvenes.

Veinticinco años tal vez, cuando lo leí en las páginas de Presencia Literaria, que dirigía Juan Quirós. Una noche paceña, en excursión amatoria de entonces, visité con una muchacha inglesa al monseñor y conversamos de literatura. Confesó su predilección por dos escritores que eran habituales del suplemento: Nisttahuz y Urzagasti. De ambos compartía poemas y prosas breves; de Nisttahuz hablaba de un preciosismo que a la larga se convirtió en rito lacónico. Terminó -es un decir- siendo un ecónomo, como debe ser un buen poeta, y escribir lo mucho que tiene en pocas palabras. Por eso, para espanto de literatos remilgados y de féminas líricas, destapa que el buen lenguaje no existe, o no solo ahí, en la pulcritud del verbo. Bukowski y Miller nos lo enseñaron; y Quevedo. Y Jaime Nisttahuz lo adecúa al medio y despotrica contra el mundo en la jerga riquísima de la calle boliviana, fuente inagotable de literatura, no solamente de estilo popular o tradicional, sino como carajazo expresivo de un poeta bebido en todas las fuentes, que de pronto deja de lado lo que se espera de él y narra en un estilo que se desprecia por lo general y permite penetrar espacios antes vedados de experimentación. Al pan, pan, y al vino, vino. Y al culo, culo. Bien dicho. Bien hecho.

Manuel Vargas es el apóstol de las letras nacionales. Rescató a Viscarra de un olvido al que lo hubiesen querido condenar. Publica a Nisttahuz, arriesgando la prédica criticadora de quienes creen saber escribir, y que detestan cualquier reminiscencia que ponga al literato con los pies sobre la tierra, entre la mierda diaria, los tragos, cueros, putas y maldiciones. Ese mito de la torre de marfil no ha acabado; sigue muy presente y fuerte en la idiosincracia local. A ellos claro que no les gusta lo que cuenta Nisttahuz en sus narraciones, será muy crudo, muy burdo, muy autóctono, falto de sofisticación y academia. Nada más lejos de la verdad, que cuando un autor inmiscuye la vida en sus textos y él mismo se refriega el rostro con la ansiedad, miseria, dolor y diversión del mundo real y cotidiano, algo bueno ha de salir, Así en la literatura que Jaime nos viene entregando desde hace años, en cuentos desnudos o en historias de maníacos y desquiciados. El desquicio de ver pasar una falda y admirar un culo, y que hablando de la hinchazón que tal imagen produce detrás del cierre, Jaime se refiera a ello como cosas de “pichi” y no de “miembro”, lo entendemos todos y no nos producirá escozor porque con palabras así crecimos. Vienen al caso los choricitos que se venden por las noches en Trinidad, los pichi e’ boli, pequeños y regordetes, que la mala opinión racista y despiadada asegura imitan las vergas de los soldados andinos. El diccionario no solo se compone de adustez.

Preparan un homenaje al escritor Jaime Nisttahuz, paceño del 42, y me adhiero. Su desdén por fama y notoriedad es algo que hay que admirar, en una tierra de gallitos catalanes como la nuestra. La mejor memoria es la escrita, que los oropeles y los discursos van con lo que el viento se llevó. Ahora mismo, en Colorado, fin de la pradera e inicio de la montaña, región paradójica como Bolivia, tengo a mano un ejemplar suyo autógrafo. Nunca lo he visto en persona. Y le doy la razón: no importa. Las apariciones en la prensa y en el ecrán eso son: apariciones. Guardo sus libros como atesoro las palabras del padre Quirós que mucho sabía de lo que trataba. Valga la ocasión para obviar kilometrajes y relojes y anotar un nombre de valor: Jaime Nisttahuz, que da la casualidad escribe, y bien.
04/02/13

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Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), 24/02/2013

Imagen: Portada de Desquiciados, maniacos, diferentes


Tuesday, February 26, 2013

Siempre los mismos/MIRANDO DE ABAJO


Extraños tiempos vivimos. Ni tanto, en realidad. El hecho de que un gobernante (Chávez) presumiblemente ya embalsamado como Ulyanov siga firmando decretos, devaluando la moneda, haciendo fisioterapia y muchísimos puntos suspensivos repite historias de caudillos, buenos y malos, costumbres afianzadas en la incomprensible maraña del poder. Recursos que además de proteger intereses también sirven para que no se pierda lo más preciado: la fidelidad de los seguidores, que se teme, y es posible que suceda, se despeñe ante la falta del jefe. A la corta y a la larga somos animales que necesitan dueño. Casi todos.

Recuérdese al Cid, en ese filme que de niño uno miraba como sublime -con Charlton Heston, el actor-presidente de la Asociación Nacional del Rifle, en el papel de Ruy Díaz-. Muerto el guerrero lo amarran a la silla de su cabalgadura para que su sola presencia aterrorizara a los paganos. Exactamente igual, aunque el poema de Mío Cid, pleno de intrigas y malevolencia también, no llegase a extremos de vileza como los del chofer Nicolás Maduro y su hueste de falsarios en esta nueva Edad Media.

Entre los asuntos que la globalidad ha diseminado están la reaparición del mesianismo, el fundamentalismo religioso (y diría político, salvo en casos latinoamericanos donde lo ideológico no existe, o se esfuma en latrocinio). Leo que entre las razones para permitirle a Evo Morales un tercer mandato cuentan aquellas de yatiris de tres por cuatro, de la escuela papalisa y otras que sabemos, que alegan que el individuo de marras es indispensable para la armonía de la época, la naturaleza, el país, la patria, la patria grande, y nombres que conceptos no son sino palabras. Pasa en los Estados Unidos, sobre todo entre los desposeídos -de efectivo y de educación- que paradójicamente resultan los más conservadores y adalides de un mundo exclusivamente gringo donde gobiernen las armas y el terror de Dios. Parece sacado de las crónicas conquistadoras hispánicas.

Mientras más se avanza hacia un increíble desarrollo tecnológico más se quiere retroceder. Lo interesante está en que los que pregonan anacronismos y retornos al mito o la historia como fábula, no desdeñan la instrumentalidad de la tecnología: Morales, cuyo universo ideal -en apariencia- es uno de masticadores e iletrados, rumiando y rascándose las espaldas unos a otros, viaja en avión sofisticado. El difunto bin-Laden manipulaba su arrogante esquema con informática de punta mientras esclavizaba a sus mujeres. Los beatos de Hamas agitan Kalashnikovs y los beatos de la yeshiva ametralladoras similares. La charla no concuerda con la práctica. O no mucho. O el fin justifica los medios, aunque los medios desdigan o hagan añicos el mundillo ideal que los santones y amos pintan. Así acabo de ver un filme sobre la España franquista (sin la presencia tecnológica) donde las monjas que vieron salvarse el mundo con el fin de los rojos, torturaban a las detenidas en prisión con la misma saña que decían los otros empleaban.

El mundo de cabeza, patas arriba según Galeano, tan arriba que incluso a él se le volcaron. Cómo continuar creyendo en algo. Al menos en el llamado Primer Mundo la mentira viene con píldoras doradas. Hasta por ahí nomás; contemplen España y la lección de que la soberbia de un intríngulis mal comprendido se paga caro.

Digresiones acerca de una reelección tal vez, porque preocupa que los individuos se consideren a sí mismos indispensables. No importa cuán mal lo hagan, lo que seduce es el estrado, la puesta en escena. Basta observar al vicepresidente y su fama de inteligente. Si lo fuera no movería tanto las manos: cuando hay ideas claras y se es articulado no se necesita moverlas como si se amasaran bollos o se refregara corpiños. Pero eso distrae al oyente, tiene su efecto. La prestidigitación engaña. Y no es un truco refinado.

Cerremos el círculo. Desde el Campeador hasta el converso Hugo Chávez, pasando por el mariscal Tito, Fidel, los dinosaurios del Kremlin, el feudo norcoreano, a izquierda y derecha, lo mismo: permanecer es la consigna. Tal vez tenga un sustrato mítico-religioso y tenga que ver con la eternidad.
25/02/13

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 26/02/2013

Foto: Momia de Tebas

Sunday, February 24, 2013

La indefendible “izquierda”


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Bastan las atrocidades stalinistas, derivadas de las leninistas, bien documentadas, para descalificar a aquellos que decían -y dicen- hablar en nombre del pueblo. El poeta Mao, alguna vez lo llamé así luego de conocer sus versos, bañó en sangre su país con el mismo ímpetu -o peor- que lo hacía Chiang Kai-shek. ¿Dónde están las diferencias?

Lo contó Margarete Buber-Neumann, desde las cárceles de Stalin y de Hitler. En las páginas de su libro de memorias detalla como los soviéticos entregaban a los comunistas alemanes a sus aliados nazis, amarrados para el sacrificio. Y a los otros, amén de torturarlos, fusilarlos, desaparecerlos, hacer escarnio de ellos. En la Guerra Civil Española los comisarios se ocupaban en cazar gente del POUM y anarquistas, siguiendo las instructivas de Moscú. La revolución era lo que menos interesaba. El objetivo está en el poder, y eso los hace casi monárquicos, porque además apenas se encaraman en situaciones de mando preparan con celeridad las futuras dinastías que preservarán su casta. Lo he mencionado tantas veces que bien cabe una vez más: recordar a la madre de Brezhnev preguntando al hijo qué harían cuando llegara el comunismo. Imagínense una oleada en verdad revolucionaria, un tsunami repentino. Cómo escaparían Evos, Lineras, Correas, el bufón del siglo XXI ya no puede correr, Cristinitas, Amados Boudu y ladrones de menor estofa ante la inminencia de ser acorralados y aprehendidos por usurpación. “El comunismo viene, vámonos”, y a la desbandada.

Un amigo sugiere que leo en demasía noticias y comentarios de derecha, que de ahí nacen escritos reaccionarios, contrarrevolucionarios. Para qué, si basta leer a los clásicos del género y darse cuenta que aquí hay mentira, y mucha, y siempre la hubo. Exceptuando los que murieron, benditos ellos, de quienes nunca sabremos cómo habrían actuado dotados de poder. O el caso emblemático de Che que con errores y sin ellos tuvo la decencia de intentar preservar un sueño apenas se dio cuenta que las ilusiones se desvanecían donde las comenzó. A pesar del absurdo, de la niñería espantosa de un foquismo descentrado que llevó a unos a deambular como zombis por el monte y a otros a perecer de hambre. Mejor la muerte que desenmascararse o aprender a utilizar los mismos males que se afirmaba combatir.

Es tanta la farsa que algún histrión que fungía como jefe de redacción de un diario cochabambino, con aires de vate, peluquín, cornamenta cercenada como la de Hellboy para esconder la vergüenza, rescataba a “Julio” (Cortázar) y en un galimatías garabateaba un intento de manifiesto revolucionario con los bolsillos llenos, venidos sabemos de dónde. ¿Defenderlos? ¿Esta es la izquierda? Mejor nos iría con la derecha. Al menos así sabríamos de qué lado viene la cornada. El histrión nunca lo supo…
19/02/13

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Publicado en El Deber (Santa Cruz de la Sierra), 24/02/2013

Friday, February 22, 2013

La fotografía de Jan Saudek/VIRGINIANOS

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Saudek evoca Praga en mí, los atardeceres con nubes de Checoslovaquia, el antiguo arte del amor y del dolor.


Creo que lo más importante de su trabajo, más que las alucinatorias puestas en escena, maravillosas además, son los fondos: una mesa, una pared, una ventana en la pared. Fondos de materia carcomida, marrón y gris; graffittis, hendeduras, pliegues y rompimientos. Un mundo que pervive la Edad Media. Sobre este basamento, Saudek perfila la memoria, malicia, corrupción y tristeza del hombre. Sobre este fondo que en nada recuerda la naturaleza. sí los fusilamientos, el macho levantará a la hembra para lamerle el sexo, o una mujer con sombrero pondrá en su boca el largo frío de un revólver u otra se amamantará a sí misma. Tal vez haya un castillo de fondo, gris Praga como pared, y una mujer de nalgas jóvenes caminará entre una multitud de cisnes blancos.


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De VIRGINIANOS, Los Amigos del Libro, Cochabamba, 1991
Publicado en Opinión (Cochabamba), 29/03/1990

Foto: Jan Saudek/A Burden, 1987

Tuesday, February 19, 2013

Ser mujer en Bolivia/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hace varias décadas mi padre me contó que vio a un individuo golpeando a una mujer en la calle. Intervino, furioso, dispuesto a destrozar al agresor. Estaba en ello cuando sintió un agudo dolor en la nuca: la mujer le había clavado el tacón de su zapato alegando que el tipo era su marido y que tenía derecho a pegarla. Problema no al margen del abuso, sino parte dramática de él: aceptarlo como derecho.

Lo triste, en Bolivia, es que en el despropósito y mentira vil del plurinacionalismo se ha azuzado desde los más altos cargos en favor del abuso, opresión, utilización de la mujer como objeto. Al menos en tres ocasiones el presidente hizo declaraciones no solo ofensivas sino atentatorias. Cuando en el caso del Isiboro-Sécure instó a los cocaleros a ir al monte a “seducir” a las indígenas para hacerles cambiar de opinión respecto de la carretera. Eso tiene un tremendo y simple nombre: violación. En otra oportunidad, abrió las puertas de los cuarteles a todos los inocentes muchachitos que embarazaban a sus parejas, el cómo sin siquiera consultarse, y acogerse al amparo de la fuerza armada para evitar la justicia, resarcimiento, responsabilidad y etcéteras. Qué mejor que allí, que en la historia nacional ha sido siempre centro de tortura y discriminación, donde se ha ejercitado represión al pueblo y jamás se ha ganado una guerra. Cómo ganarlas si desde arriba se invita al recinto a cualquier cobarde. Lógica irracional, como todo aquí.

Luego, se perora, discursea de cuánto ha avanzado la mujer en su acceso a cargos públicos en nuestro paraíso social. Cierto que hay ministros de sexo femenino, directoras, y más, pero todo ello se borra con unas cuantas coplas imbéciles que sin embargo apuntan concretamente a cómo se piensa en el país, desde el mandamás al resto. Y que en él, como ha sido siempre, el género femenino se reduce a lo que podríamos bien llamar carne de colchón.

Volvemos al tema de las coplas, que no se han reeditado este año porque alguien tendrá algo de cordura en esta sopa infecta. Allí se dijo, claro, que a las “ministras” Evo Morales les bajaba el calzón. Broma o no broma, el tiempo lo dirá. Nos refiere de inmediato al dictador Rafael Leónidas Trujillo, acostumbrado a obligar a las esposas de sus subordinados a acostarse con él, so pena de inenarrables castigos. Tácita la idea de asociar al tirano con el supermacho, la de hacer saber que si no se manejan las bridas del poder y del estado con la cabeza se lo hace con la verga. La misma idea, calcada, de impunidad, omnipotencia, desdén por los derechos y libertades de los otros, incluidos los maridos que en ambos lugares agacharon la cabeza, en uno ante los actos, en otro ante las palabras, y sonrieron con la beatitud de tristes e indefensos cornudos. Las ministros no callaron, defendieron al amo, lo que nos hace retomar la historia inicial, la de aceptar el abuso como derecho del que detenta el poder.

En un país sin leyes, profesionalismo, decencia en la judicatura, y sin autonomía, poco se puede hacer. Lo ha demostrado el caso de la asamblea de Sucre, donde se hubiese o no consumado el acto de penetración, asistimos a una expresión de atropello, despotismo, arbitrariedad, elementos característicos de una nación en ciernes de desaparecer, engullida por el flagelo del narcotráfico, que si bien sostiene un status quo temporal terminará destruyendo hasta las raíces de un suelo ya corrupto y canalla.

Ser mujer en Bolivia, sobre todo en esta Bolivia, es un desafío, aparte de calvario, viendo que hasta las que están mejor ubicadas ceden con beneplácito sus prendas íntimas para preservar un imperio de anacronismos, de antiguallas mestizas, indias, criollas y españolas que pesan como castigo y sustentan tronos crecidos en la ignorancia.
18/02/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 19/02/2013

Foto: Afiche contra la violencia de género en Estados Unidos

Sunday, February 17, 2013

Corea del Norte


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Me sorprendió escuchar en Cuba bromas de subido tinte político, algunas que ni perdonaban al vetusto profeta. No ha de extrañar en un país que siempre se caracterizó por una pujante intelectualidad, inteligentsia que apostó bien o con errores pero que dejó la impronta de su pensamiento. ¿Por qué habría de ser distinto hoy? Lo monolítico del esquema soviético, por sofisticadas que estén sus instituciones de espionaje o represión, no impide a totalidad ni la crítica ni el sarcasmo.  

¿Por qué hablar de Cuba? Porque allí en el mismo tono se contaban chistes y se hacía mofa del régimen comunista coreano. Contaba un cuadro femenino que en viaje de solidaridad revolucionaria con Corea notó que el entramado de espías, fisgones y denunciantes cubría todo el panorama. Tan eficiente resultó, o tan deplorable, que al llegar ella al aeropuerto para el viaje de regreso, ya la esperaban los camaradas para devolverle un calzón que había olvidado ni recordaba dónde. Otro, luego de algunas ironías acerca de la isla que un amigo aconsejó no repetir, recordó algo que oyera de visitantes cubanos en Pyongyang. Como cualquier “paraíso de trabajadores”, Corea del Norte carecía de papel higiénico. Sabemos por costumbre universal, tal vez descartando a los musulmanes, que el cuarto de baño es casi salón de lectura. En la biblioteca o en el inodoro se halla la paz precisa para aprender y razonar. Por eso es común hallar in situ material para leer. Corea no era excepción, pero los periódicos ya habían sido consumidos por algo más que la lectura. Quedaba la portada de una revista con la foto del difunto supremo Kim Il-sung. ¿Qué hacer? Hasta el gran Lenin hubiese optado por la única respuesta: utilizarla. Debiera ser fin de historia y no lo fue.

Siendo estudiante fue llamado a declarar ante el directorio y miembros de la secreta. La prueba estaba sobre la mesa, denigrante y sin embargo tan humana. Era, según ellos, un insulto vil a la memoria del Constructor, lo que había hecho. Cualquier cosa relacionada con los líderes de la revolución y padres del pueblo merecía ser reverenciada. Y he ahí que un camarada extranjero, quizá más por ignorancia que disidencia, se atrevió a profanarla. Merecía una lección socialista que sus propios dirigentes tendrían que aplicar. Jamás puede ser motivo que un ansia o necesidad terrestre se coloque por encima de la personalidad y las enseñanzas de los maestros. No comprenderlo implica contrarrevolución.

Esa Corea explota bombas atómicas. Su pueblo muere de hambre. Sus mujeres se venden y venden a sus hijas en China por un puñado de arroz.
13/2/13

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Publicado en Séptimo Día (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 17/02/2013

Foto: Niños norcoreanos