Wednesday, July 27, 2022

El pez globo del Kremlin


Claudio Ferrufino-Coqueugniot
 

 

Fabulosos Cadillacs. Fabulosos. Comienza a destruirse la tarde con 95 grados de temperatura. La guerra de Ucrania me consume en demasía, pero hay que aguantar. Ya Kherson cae. Preguntaron a soldados rusos ¿cómo saben que murió el comandante? Encontramos una pierna que tenía su zapato. La brutalidad trae brutalidad y con el inmenso amor que siempre tuve por Rusia, me alegro de sus muertos.

 

No será la primera vez que un ejército menor derrota al gigante oso. Japón, Chechenia, Afganistán; ahora Ucrania. Si uno lee Agosto 1914, de Solzhenitsin, magnífico libro, entenderá que las estrategias rusas para la guerra no han cambiado, zaristas, soviéticas o lo que fueren. Algo en la psiquis de este pueblo, la matanza propia como arma de guerra, hace que en la raíz de toda batalla esté inmolarse. Stalin, a sabiendas de lo que vendría, asesinó a la oficialidad profesional que podía haber opuesto a Hitler una defensa razonable. Trescientos mil, o medio millón, de muertos en la “moledora de carne” de Rzhev, los alemanes en Stalingrado con los dedos entumecidos de matar. Claro, contra algo así no se puede. El problema de Vladimir Vladimirovich Putin, el Pez globo, Putino el Enano, es que Rusia ahora cuenta con ciento cuarenta millones de habitantes, ya no es el monstruo populoso de ayer. Ya ni paren en Rusia, la oferta de soldados se reduce e irá de mal en peor.

 

En un raro libro que leí en edición privada, previa a la publicación, acerca de un anarquista en la guerra ruso-japonesa (que no puedo encontrar en la Red), lo mismo: deambular de soldados, hambre, falta de organización. Durante la guerra civil al parecer hubo mayor coordinación, con líderes militares como Frunze. ¿Dónde están los Frunze de hoy? Ya estrenaron a varios carniceros en Ucrania con pésimo resultado. El terrorista Igor Girkin, alias Strelkov, figura clave en la anexión de Crimea y el Donbas en 2014 y duro crítico de Putin y su guerra privada, lo recuerda cada vez en entrevistas. Habla desde hace meses de la anunciada derrota, dice incluso que este desmadre llevará el conflicto hasta el territorio ruso. Seguramente el pez inflado desea asesinarlo, pero Girkin es poderoso y con aura de valiente. Una corte holandesa lo juzga por crímenes de guerra, en ausencia, por el derribo de un avión de pasajeros en la zona.

 

Si recurrirá Putin a usar armas nucleares sobre Kiev o Kharkiv, no lo sabemos. La cháchara repugnante y fascista de sus acólitos amenaza con el fin del mundo. Seguramente los iconos de ojos profundos del patriarca Kirill los protegerán del hongo ardiente. Este individuo, patriarca de Moscú y agente de la KGB, ha bendecido el genocidio ucraniano y lame los piececitos del enano.

 

Parece hasta cómico, mirando las informaciones al minuto de YouTube, que cuatro máquinas de guerra, los famosos HIMARS (High Mobility Artillery Rocket System) norteamericanos han frenado el avance de la superpotencia. No cuatrocientos, no Superman, cuatro, que ya se han hecho dieciséis, ni siquiera el número de mis dedos. Los congresistas que visitaron a Zelenskyy esta semana ofrecieron hasta treinta. Con ese número llegarán a Smolensko, a puertas de Moscú. No solo que el Enfermo ha desestabilizado el mundo en lo económico y alimenticio, ha despertado recuerdos de antiguas posesiones y pronto todos querrán recuperar lo que un día les perteneció. Kaliningrado podría ser reclamada por Alemania, pero sobre todo por Polonia, Lituania y hasta Suecia. Bielorrusia lo mismo. Tierras que fueron polacas, luego ucranianas, también lituanas y suecas. Turquía tendría derecho a Crimea. Ya se agita de nuevo el Cáucaso y pueden pronto estallar conflictos internos y hasta guerra contra Rusia en Azerbaiján y Georgia. Los chechenos están dispuestos a declarar libre a Ichkeria otra vez. Tendrán que deshacerse de Kadyrov primero. Por ahora combaten a favor de Ucrania pero ya preparan la rebelión en su tierra. Cuando agarren a Ramzan Kadyrov que lo entreguen a las madres, viudas e hijos de los caídos, y a olvidarlo. Picadillo para los cerdos. Las consecuencias del restablecimiento de una Chechenia islámica libre tal vez tenga consecuencias futuras en las luchas contra el fundamentalismo. Todo gira y apunta al demente de Moscú. Su caída será el fin de Rusia, anuncia una nueva desmembración. Japón desea de vuelta las islas Kuriles, China tiene amplias ambiciones territoriales en la actual Rusia.

 

La apertura de un segundo frente, posiblemente checheno, será el golpe de gracia para los invasores en Ucrania. A partir de eso se decantará la debacle. Espero que al menos el pueblo ruso sacie su dolor y frustración sobre los cuerpos de la cúpula putinista y sus propiedades. La historia se recrea a sí misma y allí es siempre trágica.

 

La región de Kherson y Zaporizhzhia es tierra antigua de cosacos zaporogos, aquellos que se reunían a tomar hidromiel y decidían atacar Istanbul de golpe, los que destruyeron la hegemonía polaca sobre Ucrania. Rusia cree sencillo establecerse en el lugar. Será imposible. Ya hay guerrilla en Melitopol y Kherson y la habrá más. Quien no ha leído historia desconoce este detalle. Tomó a Catalina y Pedro, los Grandes, sojuzgar a los zaporogos y destruir su capital, la Sich, que sobrevivió dos siglos. Arriba de Mariupol se establecían los Campos Salvajes, tierra de nadie donde uno mataba al otro y todos entre sí. El glorioso primer capítulo de A sangre y fuego, primer libro de la trilogía histórica de Henryk Sienkiewicz, lo relata. Sueña el asno pez inflado y enloquecido por los esteroides que la Historia le ha reservado un nicho de gloria. Terminará muy mal y quizá lo sospecha. Intentará matar a todos los civiles que alcance, amenazará, usará armas inconcebibles pero el fin será el mismo, de un dramatismo en donde los eunucos acaban asesinando al amo, donde los cuatro jinetes se desplegarán sobre Rusia y parecerá que del infierno ha regresado la Horda. Siglo XXI. El Enfermo ha traído el medioevo de retorno, con cuerpos asados dentro de tanques como se cocinaba prisioneros en huecos bueyes de bronce calentados al fuego.

 

Las cosas avanzan con velocidad en realidad. Para los que sufren, el tiempo no pasa, pero de afuera contemplamos la crónica de una muerte anunciada, chillen o no los izquierdo-fascistas que mojan las bragas de solo pensar en Putino. Los niños perversos de la “revolución” latinoamericana tendrán que tragarse el pastel ardiendo. Que se les atragante, a ellos y a su consorte Bolsonaro. Lo mismo son, unos y otros, festín de rateros y mafiosos. Que el Don Putino acabe sus días como lo merece desestabilizará a sus muñecos. Del futuro, que no es promisorio, ya nos encargaremos; por ahora, a preparar la mortaja que al parecer vendrá desde las montañas al grito de ¡Allahu Akbar!

27/07/2022

 

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Imagen: Putino con la boca de Donald Trump

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