Thursday, March 29, 2018

Culo Bonito


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Los Kjarkas siempre fueron para mí la antimúsica, la destrucción del patrimonio folklórico boliviano. No porque este deba permanecer intocado y no se puedan hacerle cambios, aditamentos, “mejoras” o “peoras” (palabra que debiera existir en oposición), sino que luego de un principio que auguraba talento se fueron convirtiendo en la mercantilización de la música popular en el peor sentido. No estaría mal si no se los hubiera asociado con el folklore. Si fuera un grupo pop más, no tendría críticas. La fama bien merecida la tienen; supieron hacer lo suyo y deben ser la cumbre del éxito de la música nacional. Bien por ellos. Allí… Pero que no me digan que representan lo “nuestro”, si algo nuestro hay. Fenómeno musical sin parangón; allá con ellos y sus composiciones que uno canta lo que quiere y como quiere.

No me lleva la ortodoxia a demonizarlos. Demonios no son porque los comerciantes no suelen serlo, pero basta también con sacralizarlos e incluirlos en el largo listado y corto en merecimiento de lo heroico boliviano. Asociados, además, y con razón, con el panteón plurinacional, el de la juerga eterna, el gasto, dispendio, sexismo y vainas del autocratismo empedernido y cegato.

Vuelven a primera plana con un triste espectáculo que nombraron “Cara bonita”. A pesar de que a momentos brilla la magia de la morenada hermosa, estos, los Hermosa (Hermosa Bros. Inc.), utilizan la fama y aprovechan un magnífico legado del arte popular como es este ritmo para agitar culos y hacer parodia de penes parados dispuestos a copular con la primera nalga que gire alrededor. Triste teatro de viejos arrechos que suponen que los billetes han de comprarlo todo. Quizá sí, que todo se puede comprar, hasta gobiernos, pero ostentarlo de forma burda como lo han hecho es vergonzante. Caras bonitas hay en el video, cómo no, la juventud es siempre bonita y cachonda, pero la idea va porque los culos que se airean por ahí son más bonitos que las caras. Punto.
29/03/18

Tuesday, March 27, 2018

La trivialidad del poder/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

De qué hablar… del gran discurso ideológico, de la eterna disputa de la Primera Internacional y la escisión, de la Tercera de larga vida y rápida muerte, de la Cuarta provista por ciertos iluminados latinoamericanos en medio de conceptos y de una realidad controvertida, mestiza, irredenta e inclasificable. Olvidé la Segunda… es que se olvidaron unos que fueron grandes nombres.

No, para qué, a qué perder la dichosa saliva que sirve solo para ser escupida y que no humedece palabra ni discurso. Verborrea abunda, no se malentienda, pero sustancia poca, o ninguna. PPK, el cocoliche ese de Perú, soluciona la mentira con torpes pasitos de bailarín añejo; Lula da Silva lagrimea y se seca las lágrimas con billetes de a cien. Dólares, por favor, que los líderes del Tercer Mundo, revolucionarios, chingones y de verde olivo, cachondean cuando de gringos en billete se trata. Adoran ese rostro de vieja plácida de George Washington. Pareciera que el único al que no sedujo el capital fue Mujica, pero… cuídate de los hombres buenos, los de verbo de cura, que algo esconden o calibran debajo del sobrio tejido.

Quizá uno imagina o idealiza un pasado que nunca fue, pero supongo si no recuerdo mal que Víctor Paz Estenssoro era inteligente, tanto que supo encaminar el país hacia el desastre. Le garantizó jolgorio inmediato y tormenta por venir. Sin embargo se lo podía escuchar, había malévola lógica en lo suyo. Tantos más, que en el Alto Perú la retórica es puta de a gratis.

Otra, y peco de sexista seguro, es que la nueva camada de líderes que la izquierda arrastró bajó sus bragas no descollaron -siguen presentes muchos- por varoniles. Al comandantico eterno poco le faltaba para que vistiera faldas. Siguiendo al sur, lo mismo. Ecuador y Bolivia con notables del gremio brillando con luz singular. Hasta que algún idiota, ministro el título, las vistió de a de veras, y en versión popular. En su caso no creo que se tratara de hormonas según sucede con los estratos superiores y “más superiores” de su partido, sino un acto ligero, premeditado, de mal gusto, de lameculismo triste y falto de imaginación. Por ahí un amigo guarda un consolador gigante, púrpura por si acaso, que bien pudiera servir a la izquierda latinoamericana de bastón de mando.

Aúllan que les sobra huevos. La hielera está plagada de ellos pero de nada sirve. Si la naturaleza no prestó, ellos no compran.

Ese prurito feminil también se aloja en el volumen blanco color de pollo crudo de míster Donald Trump, el de “Make America Horny Again”. Ser putañero no implica virilidad. Casi casi que si de putas vas es que algo te falta. No en vano Goya dibujaba para El sí de las putas, de Moratín, ciertos esperpentos deleznables y apagados. Putañero es -Trump- porque se esconde. Un día ellas, las damas del sexo, contarán la verdad. Que fascistas y mandones y dueños de horrísonas y monumentales camionetas suplen una terrible ausencia con ostentación y ruido. Que si uno anda armado en serio no necesita de machetes ni ametralladoras. A veces, pero en otras circunstancias, precisas, históricas…

Maestro de la diatriba, me dice un amigo que se duele de serlo porque milita en las filas del “proceso de cambio”. Insultas, más o menos afirma, pero lo haces con arte. Pues a acuarelar la vehemencia y el directo al mentón. La sangre también pinta.

Nicolás Maduro mueve caderas que pronto se agitarán meando entre las cuerdas de la horca. Los de nosotros juran que adquirieron eternidad del cascajo que se tira para pavimentar caminos. Se equivocan como lo hace su en teoría enemigo del norte y en realidad fraterno con todos ellos, el que convirtió la política en pandemonio de perversiones y que se precia en público de que Vladimir Putin es su macho. “Política”: arte de puterío locuaz.
25/03/18

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 27/03/2018

Monday, March 26, 2018

Transformación del idioma español/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Norteamérica (Estados Unidos) tiene más de veinte millones de hispanohablantes. Las estadísticas hablan de que seremos la primera minoría el año 2000, más que los afroamericanos. El castellano crece en importancia; en Miami, Arlington, Houston, Washington D.C., New York. Se lo escucha en cualquier lugar.

Sin embargo la estancia en un país de lengua inglesa afecta la forma del idioma. Se reemplazan palabras, se adquieren modismos anglosajones. Los mejicanos y centroamericanos, en su mayoría campesinos pobres, son muy vulnerables a esta influencia. Palabras como “camión” son desconocidas (poco usadas) para ellos. Usan “troca” que proviene del inglés “truck”. “Alfombra” ha sido sustituida por “carpeta”, de “carpet”. Un boliviano, en el mercado, me dijo que los tomates se habrían de “frizar”. Quería decir “congelar” pero “to freeze”, castellanizándolo.

Si bien el inglés toma palabras del español, cada vez más, su estructura idiomática no se altera sustancialmente. Lo opuesto sucede con el castellano, al no ser este el idioma dominante.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 29/12/1991

Saturday, March 24, 2018

"Virginianos"/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Mi libro comienza un miércoles por la tarde, sobre la única mesa de un departamento en Arlington. Calle Nelson.

1989. Nieve. El abrigo marrón del tío Carlos Coqueugniot me protege. En el bar de la esquina las divorciadas buscan amor, a tientas entre vasos y narices.

Tengo una flamante máquina de escribir. De ella nace “Carta a Joan Baez”, el primer texto. Lento libro: los artículos se espacian. El trabajo consume los días. El tiempo hace imposibles los papeles.

La trivialidad de las horas impide la letra. Limpio el dormitorio; controlo a mi compañero de casa para que no me siga robando la comida. En ese ambiente, llamo a la sombra de Tamerlán y exprimo mis sueños. Me obligo a escribir con los ojos cerrados.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 05/03/1992

Tuesday, March 20, 2018

Trajes “autóctonos”, Borbones, La Haya y el Pequeño saltamontes/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Comienzo por el final, por el Pequeño saltamontes, nombre venido de la muy popular serie televisiva Kung Fu, de hace mucho. Fernando Huanacuni Mamani, canciller de Bolivia y reencarnación del niño que viajaba con el maestro shaolín por el oeste norteamericano, es, a su vez, también shaolín y un dechado -afirman- de virtudes filosóficas y demás vainas. Lo suficiente para hacer saltar de su silla al maestro Bakunin que desconfiaba de los hombres “virtuosos”. Personalmente escapo de cualquiera que quiera darme normas de vida, Cristo incluido, y que intervenga en lo íntimo y privado; o que quiera sobresalir lo suyo, en este caso lo andino originario, por encima de lo mestizo que somos, del revoltijo obligatorio a que nos sometió la violencia española -entre otras- y que no podemos eludir.

Saltamos a España, ya que de insectos saltadores conversamos. Cuna de deslealtad y oprobio en relación a América; padre (a pesar de ser España femenina) violento de hijos sojuzgados, a los que les legó drama, idioma, y -por ahí- también bondades de las que sería largo discutir. País que entonces no era Borbón, que intentaba deshacerse de la carga idílica en muchos casos de la dominación árabe. País que mientras avanzaba, y hacía avanzar el mundo conocido, con su llegada a las tierras del otro lado del Atlántico, retrocedía en las artes y las ciencias expulsando a moros y judíos.

Borbón: nombre que Francisco de Goya destrozó con unas pinceladas. El característico rostro idiota, sin saber el que escribe si este detalle se hace colectivo en todos los miembros de tal dichosa familia. Pues, Evo Morales y el saltamontes, amén de una señorita bien disfrazada de falso autóctono como su jefe, siempre que puede acude a hacerse acariciar con el amo. Fue feroz en su retórica contra lo colonial. No escatimó epítetos. El odioso enemigo estaba en Madrid, desde allí nos quitaron todo, violentaron. Sin dejar de ser cierto, me pregunto por qué el presidente de Bolivia cuando asoma la aguileña nariz en los palacios de España no se eriza como gato y ataca. Más bien, y como gato, se regodea en la mano acariciadora de los reyes, admira la blanca porcelana de la vajilla (aparte de la blanca camiseta del Real Madrid que debiera rechazar dados sus antecedentes), apoya su hirsuta cabellera en el pecho del alto hombre que fue príncipe de Asturias y hoy reina. Poco faltó para que Felipe le pasase los dedos por la estoica cabeza y lo hiciera dormir en el regazo de la madre patria. Los otros dos: el saltarín y la señora, sonreían beatíficos ante el portento. Por si acaso, si alguien sufriera un soponcio, el shaolín cargaba una mínima y mágica ch’uspa supongo que llena de hojitas dulces de Coroico porque la chapareña es amarga.

Luego La Haya ¡Cómo le gusta viajar a míster Morales con plata ajena! Y carga el establo consigo, uno pudiente y camorrero que utiliza los días de alegatos por el mar para llenar las maletas de compras lujosas europeas que quizá guarden y más seguro revendan a su retorno. ¡Ay, Bolivia, tan triste pero tan lista!

Si en juego estuviera el bien común, el de los ciudadanos bolivianos en general, apoyaría una extrema campaña de reivindicación marítima. No lo hago porque sé que en el lejano caso de que se consiguiera un trozo de territorio, este de inmediato se convertiría en feudo del MAS. No playa para la plebe, qué no; infraestructura y barcos para exportar lo que mejor se exporta, lo que tiene nombre de planta y da tres a cuatro cosechas al año, aquello que energiza al autócrata Trump y enloquece a los negros pobres que compran un subproducto adulterado.

No hay patria en juego, debemos entenderlo. Ni transparencia ni orgullo nacional. Aquí se cuece, aparte del espaldarazo político, un negocio privado y nada más. Mar para Morales y su partido. ¿Al resto? Minga.
18/03/18


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 20/03/2018

Saturday, March 17, 2018

No es literatura, es otra cosa


PAZ MARTÍNEZ

Había quedado contigo en decirte algo del libro o silencio. Ha pasado un mes y has obtenido silencio, pudiera parecer que no me ha gustado. Bien, pues es todo lo contrario. Muchas veces, las cosas no son lo que parecen, están sujetas a millones de eventualidades, matices e imposibilidades. Igual crees, leyendo esto, que me estoy excusando. No o sí o yo qué sé. Comencé a leerte el día que llegó, me comí hasta la página 50 sin dejar de poder poner los ojos en otra cosa. El teléfono me paró. A partir de ahí, se encadenaron hechos, ridículos ahora, cuando la distancia y la resolución son una realidad, pero no dejé de leerte. Tan sólo ralenticé. Creí que merecías un recomienzo, la historia, la manera de escribir, el placer de leerte lo merecía y lo hice. Tres veces comencé y tres veces me paré. Las pastas están arrugadas, torcidas, les falta algún trozo ya que viene conmigo a todas partes. Te leo cuando mea el perro, cuando el guiso espera, cuando la cajera del súper se distrae con algún vecino coñazo. Es la primera vez que me ocurre. No me importa recomenzar, recrearme en: Se acomodó en el vano de la puerta. Ya me lo sé de memoria. Hoy voy por la página 166, comenzando el obelisco rojo y sé que terminará, que no llegará a meterse el sol cuando lo haga y me jode la vida porque no quiero, no quiero que se termine. Rapás, que diría mi abuela, si tienes esta mano con las letras y no tienes un nobel, es la constatación de que la factoría es gilipollas. Y tú me decías que era hora de escribir un libro. Já. Y una mierda. Si no se parece a esta tuya, ni de broma. Besos

Mira, con mis textos haz lo que te venga en gana. Con lo que te digo, con lo que te escribo, con lo que quieras. Cualquier cosa que decidas me parecerá bien. Es que me quedo corta con lo que quiero decirte, Claudio. Eres el amo de las letras, el inventor, el escritor de lo que es el mundo, la vida, la mierda Adoraré para siempre la mierda, tu mierda

Si algún día aburres, es que es hora de morirse porque ya nada merece la pena

No sólo enganchas. Emocionas, aceleras, transportas, llevas y traes nuestras cabezas a tus olores, a Glauca y Palmira (adoro a estas dos)

Vivo en Cochabamba

Pero yo soy muy anárquica
escribo durante una semana seguida y luego me aburro, me lio con un armario, con el aire de las ruedas del coche, con un puzzle de 20.000 piezas

Igual con relatos cortos podría hacer algo, pero no sé. Tal vez, igual. Yo quiero leerte a ti

¿Has visto la música de mi muro, últimamente? Eres tú

Es tu libro

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Carta del 17/03/2018 

Wednesday, March 14, 2018

una botella de vino en la muerta ciudad viva


PABLO CEREZAL

Retrasado en mis felicitaciones... como en mi vida... como en todo... pero sincero, de eso peco, al decir de muchos. Y si de pecado se trata ya es tarde para rechazarlo. Más aún, de existir juicio postrer creo que hará peso, en la balanza, junto a todos los que me impone la dictadura de la carne y algún otro que ahora no logro -ni quiero- recordar.

El caso es que no felicito, a tiempo, a Claudio Ferrufino-Coqueugniot, por su cumpleaños, y comprendiendo el error lo intento enmendar con otro: apuro una botella de Mencía y, junto a ella, las páginas de Muerta ciudad viva, esa maravilla literaria que escribió el «homenajeado» y que, con exquisito acierto ha editado en nuestro terruño la editorial Limbo Errante (gracias, siempre, a los responsables, por hermanarme de nuevo con el autor, en la contra del libro).

Y el intelecto, como un Pollock de uva tinta y párrafos ensangrentados, se me desordena y me recuerda una vieja entrevista en que me preguntaban:

Tu segundo libro se titula Madrid-Cochabamba (cartografía del desastre), escrito compartido con el escritor Claudio Ferrufino-Coqueugniot. Para quien no lo conozca, descríbeme a ese escritor.

A lo que yo respondía:

¿Describir a Claudio? A Claudio es imposible describirle. A Claudio hay que leerlo. Claudio cultiva una de las prosas más sublimes y desconcertantes que tengo el honor de conocer. Claudio degüella el verbo y juega con sus vísceras como lo hacía Francis Bacon con los volúmenes. Es una máquina de aniquilar clasificaciones literarias, un grande de los que muy de tanto en tanto aparecen para descubrirnos lo sublime de la palabra sentida. Aparte, él, Claudio, la persona, es de los que demuestran que antes se es animal que escritor, que para escribir hace falta haber vivido, y que no por ser un Maestro has de ser igualmente un imbécil. Deberíamos dejar de lado nuestro estúpido nacionalismo cultural y saltar fronteras. Allende las nuestras -me refiero a lo que se considera Occidente- se encuentra el arte más vivo que podemos disfrutar a día de hoy. Claudio es uno de los muchos olvidados de la Literatura... porque es boliviano, porque escribe por necesidad, porque no busca prebendas ni agasajos. A Claudio, insisto, hay que leerlo.

Y ya no sé si salir a comprar más vino... salir a robar dinero para comprar más vino, o entregarme de nuevo al éxtasis verbal y sensorial del libro... ya lo dejé dicho, por ahí: cirugía literaria de alta precisión... de esa que expone, gloriosos e infectos, los órganos vitales de aquello que llamamos literatura... aquello que llamamos vida. Porque la literatura será vida o no será, más aún en estos tiempos de vivos muertos que cacarean en los rediles del mercado a mayor gloria del beneficio inmediato y el vacío creativo, dispuestos a vaciar mentes y bolsillos con algoritmos de nada y abracadabras de mediocridad... lo mediocre vende, sí, así ha sido siempre. Lo excelso, por contra, parece condenado a ser redescubierto por generaciones posteriores, más atentas a la arqueología calma del arte mayúsculo que a la economía urgente del panfleto. Algunos, hoy, ahora, hacen oídos sordos a todo el ruido mediático de novelas más vendidas en Amazon y monopolios de la esclavitud aledaños, también al griterío de articulistas más famosos por impostar improperios que por su buen hacer al teclado. Algunos, hoy, ahora, hastiados de lanzar novedades a la piscina que no tienen, buscan entre los libros de saldo el saldo cultural de toda una civilización, para redescubrirlo, para gozarlo, para comprender por qué tanto de lo que hoy se escribe y se lee es mediocre, y tanto de lo que no se lee pero se escribe formará parte del saldo positivo de las generaciones futuras. Todos ellos tienen la fortuna de poder acercarse, hoy, ahora, a la obra de uno de los grandes, anticiparse a ese futuro imbécil en que deberá ser redescubierta, sí o sí, la literatura flor y puñal de Claudio Ferrufino.

El vino, perdónenme, tiene sus efectos, no todos benéficos, casi ninguno si se toma en exceso, dicen, pero es que vengo de leer a Claudio y su prosa es exceso, como la vida que merece la pena, ya digo... pero mejor me detengo aquí, y retomo algo que también dejé ya escrito, en algún sitio:

Ferrufino escupe, vomita, orina, eyacula sobre la página para mayor goce del lector inquieto. Y, de paso, descompone la gramática y nos enseña que se puede adjetivar con nombres y nombrar con adjetivos, recompone la memoria para recordarnos que es fragmentaria, disloca la naturaleza para enseñarnos que las personas se cosifican, las cosas se animalizan y los animales se humanizan, devasta el firmamento literario para bajarlo a la tierra y mostrarnos el origen divino del hombre, sea este ratero, puto, alcohólico, mendicante o misionero, da igual, todos caben, hay campo: todos están invitados a este gran festival de la palabra y la sensación que es la prosa de Claudio Ferrufino-Coqueugniot, y todos por igual se reflejan en sus páginas como en espejos valleinclanescos. He leído después que Ferrufino ha cultivado géneros dispares como la poesía, la novela, la crónica… ¡falso!: Ferrufino no cultiva géneros. Ferrufino, como los grandes, es un género en sí mismo.
 
Sólo me queda, Claudio, hermano, brindar por ti con la copa ya vacía, y prepararme algo de carne cruda para la cena... ¡salud!

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De VISLUMBRES DE EL DORADO (blog del autor), 14/03/2018

Fotografía: Pablo Cerezal