Tuesday, August 23, 2016

Escribir por ejemplo.../MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

“La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros a lo lejos”. El gran Neruda.  El pobre Neruda. O el cabrón Neruda, tantas cosas y la belleza de un verso simple que excede a su autor y que se repetirá en boca de quienes buscan un romance o de los astrólogos que miran cabeza arriba lo insondable de aquellas luces, muchas vivas y muchas muertas. Poco somos ante la magnificencia y sin embargo escribimos.

Cuando a uno le ha ido rondando una idea en la cabeza y logra materializarla en un texto eso equivale a un parimiento. Si el escrito no progresa, carece de interlocutores por una u otra razón, la maternidad (paternidad en mi caso) se transforma en orfandad. Ni quien adopte a un escritor que ve perecer sus letras como otros ven morir sus sueños.

¿De dónde esta digresión? De saber que hay un ultimátum temporal para presentar un escrito y que lo entregado no se aceptó. Ahí el poeta tiene que dar paso al orfebre y tratar de producir una silla que aguante el peso en lugar de alegatos o exabruptos contra vida y personas. ¿Qué nos dice eso en nuestra labor de autores? Que tiene que haber un oficio, que un carpintero no puede caerse y no construir una mesa porque se dobló un clavo. Los obstáculos en la vida de quien escribe sirven para forjar un carácter, para olvidarnos del artista embelesado con su genio y convertirnos en artífices de lo concreto (sin olvidar lo otro), en proletarios de la lengua a quienes no arredran las dificultades ni nadie.

A raíz, la digresión, digo, de un texto rechazado con justificación por la prensa porque ataca a un gobierno que no se anda con minucias, que golpea, da dentelladas y devora. No estamos en Dinamarca para decir lo que, y cómo, se nos antoje. Sin embargo vale. Lo escrito está, no se pierde en un mundo felizmente tecnológico hoy, donde los interlocutores giran en la nube general ávidos de encontrar lo que fuere. Entre ellos, la multitud, los específicos a los que se dirige el texto. La palabra, sobre todo en esta era, más que una bomba de tiempo es una granada. Percutor de un revólver cargado hasta la infinitud.

Escribir por ejemplo, decía Neruda, la noche está estrellada. La noche está sangrienta, también, en una América del sur que parece no poder desgajarse de los tiranos. Si otrora fueron derecha, hoy izquierda, y la garantía que tampoco siempre la palabra tiene peso, porque la verborrea trágica de los déspotas de hoy y ayer es como una serpentina de colores, de carnaval, que pierde su tinte al primer sol.

¿Que si estrujo el jugo de la creación para llenar un vacío obligatorio en la página? Tal vez sí. Pero no considero no saber sobre qué quiero escribir cuando el río se ha revuelto. En ese caso hay que escurrirse de los rápidos y esconderse en esas pozas profundas que cavan las cascadas debajo de las piedras. Allí a pesar de lo turbio hay un ambiente de descanso proclive a la creación, no poética sino intelectual al momento.

Volvamos al sentido práctico de los problemas que surgen respecto a la escritura. Es un ejercicio indispensable para el gremio el poder escribir sobre cualquier cosa en cualquier momento. Hablo de algo que tenga sentido, por supuesto, no de la acumulación de palabras con objeto de llenar la cacerola. Tropiezo hoy con una columna rechazada, escrita a sabiendas de que lo sería. No está mal porque pertenece a mi libertad desarrollar aquello en lo que estuve pensando. Pero debo guardar cartas en la manga para no quedarme famélico, hambriento, deshidratado. Ahí aparece el oficio, lo que nos convierte, a los escritores, en labradores y albañiles. No seamos orgullosos, escribir es un trabajo, no una medalla dorada.
22/08/16

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 23/08/2016

Imagen: Marc Chagall/1958 

Monday, August 22, 2016

Vacaflor vs Morales, un combate desigual

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El ánimo del cocalero mayor pareciera haberse sosegado respecto al juicio contra el periodista Humberto Vacaflor. Explotó cuando el columnista recordó el asesinato de los esposos Andrade, entre otros, por las huestes cocaleras y narcotraficantes del Chapare tropical. ¿Calmado? Fue una pésima jugada la suya porque revolvió otra vez un crimen con posibles implicancias para sí mismo. Hay que recalcar que la matanza de rehenes es delito de lesa humanidad y no prescribe. Gracias, míster Evo. 

Fuera de quienes pudieran ser los personajes de la tragedia, de que según dicen el teniente Andrade fuese un “volteador” y etcéteras (que deberá como todo ser aclarado), lo sucedido allí, en aquellas vísperas del poder ilimitado de Evo Morales, debe ser  recordado, analizado, descubiertos los participantes y los cómplices, los autores materiales e intelectuales, quienes dejaron libre de cargos al entonces diputado, los miedosos, los que transigieron, los que lo apañaron y llevaron a las cimas del poder absoluto. Los que dudaron que la hez de la coca tenía que ser aniquilada, las oenegés gringas que inventaron un falso líder y un discurso engañoso. Los “intelectuales” de izquierda que soltaron las bragas ante un par de maricones sin esencia ideológica que les sirviera de pretexto. Los cuarenta mil ladrones que violaron este país y para quienes hay que crear una justicia impiadosa pero legal. El castigo tiene que ser, y le pongo mayúsculas, Ejemplarizador, no porque vaya a sentar un precedente que evite futuros desmanes, sino porque los que ahora mandan, los de traje confeccionado y los alcoholizados de abarca, deben ser transferidos a las mazmorras previas a la guillotina y guillotinados (en sentido literal, mejor, o hasta simbólico). No queda otra si queremos recuperar la dignidad ya que perdimos el resto.

En esta tierra de encomios inexactos y gratuitos hay que resaltar el valor de un hombre que se lanza solitario en contra de los dioses. No miremos con desinterés. Tratarán de crucificar a Vacaflor; están buscando la manera de hacerlo sin revolver más el guiso que se volcará caliente sobre el apu mallku. Al menos, a diferencia de años atrás donde el embeleso del caudillo era general a izquierda y derecha, es mucha la gente que habla, comenta, hasta insulta. Se deduce que la bonanza ha terminado y que de pronto Bolivia halló remedio a su ceguera. Incluso con dudas respecto a la oposición de varios, es buen síntoma que se vaya perdiendo el temor. Ayuda saber cuánto falso crearon los gobernantes, cuánto mintieron. Los títulos del bachiller Álvaro García bastan de ejemplo, su mentada inteligencia que resultó dramón de segunda, verbo de titiritero.

Encadenar a Prometeo... El titán, en su martirio, siguió vivo y todavía sigue. Estos griegos tan paradójicos quizá quisieron enseñarnos que la rebeldía, a pesar del dolor, permanece. No nos callaremos, acuérdense.

Punto, aunque no aparte, es la declaración de Filemón Escóbar que señala directamente a Evo Morales en el caso Andrade. Y a la cáfila narco de la Terán y demás escorias de la revolución cocalera (que el cielo acalle). Lo que no quita culpa a Escóbar porque, si hablamos de revolución en serio, la convicción no puede ser cobarde. Este individuo se retrató en aquel mitin criminal como gallina desplumada, como esperpento de El Bosco. Si tenía problemas de contención y se estaba cagando en los pantalones debió retirarse. Su participación lo acusa; que chille como le venga en gana.

Vacaflor vs Morales no es deporte olímpico. El curaca es ventajero; lo ha mostrado. Pero, al fin, las cosas tendrán que dirimirse en un cuadrilátero. En su momento habrá que darle al peluquín (Evo Morales se parece a Donald Trump hasta en el pelo) un gancho al hígado, jab a la oreja izquierda sumado a un directo al mentón. Luego arrastrarlo por los pies, por sus botines Nike (fabricados en el imperio chino y diseñados en el norteamericano) para arrojarlo al basurero de la historia.

22/08/16

Thursday, August 18, 2016

Rosselle Houston/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Houston llevaba diez años de trabajo como estibador. Arrastraba las piernas. Levantar cajas tiene su precio; la espalda tarde o temprano se vence.

Estaba arruinado. Los patrones, por conmiseración, le permitían trabajar cuatro horas diarias. No le alcanzaba el dinero. Contaba nueve hijos y cincuenta años.

Dos veces por semana iba al médico, a recibir masajes eléctricos en los músculos, para "reconstruirlos". Sé de ese dolor constante en la columna, en varios puntos, como si los huesos estuvieran rotos.

Amigo Houston, no hay ya ron para tomar los dos, detrás de los galpones, huyendo un segundo del trabajo, en el frío amanecer.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 24/12/1991

Tuesday, August 16, 2016

Bolivia, en viaje y desde la ventana/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Un punto a favor: en aduanas, Cochabamba, me preguntaron acerca de una cerámica que no era original mas lo parecía. Algo, un punto, pequeño porque quienes están a cargo no son profesionales, para seguir evitando la sangría de bienes culturales que en 200 años nos ha dejado con no lo mejor. Decidí dejar dos vasijas increíbles que conseguí, una de Omereque, la otra tiwanacu. Lo hice en la certeza de que el retorno será un hecho. No es que defina lo mío de coleccionista como saqueo también, pero hay que empezar a crear en colecciones particulares que enriquezcan al país, tan desmembrado, tan falto de respeto propio. Rescatar para crecer.

Cierto que no había llovido y Cochabamba hedía de entrada. Normal, según recuerdo, por las curtiembres de la zona, pero esta vez permaneció, se alejó de las barriadas del aeropuerto. Alalay, la laguna, inmenso lodazal de excremento y basura. Plástico por todas partes, de bolsas de comida y refresco de un pueblo con gula. Sobre el basural, fotografías en grandes carteles con la foto del alcalde Leyes. Parece que el hombre comprendió la jugada masista de poner el rostro cuadrado del Líder hasta en la sopa. Proyecto va, proyecto viene, dando constancia, en mi opinión, de que los dineros del fisco alimentan la corruptela y el progreso se reduce a rimbombantes construcciones de dudoso provecho.

Hubo un lugar, en la zona sur de la ciudad, en que al amanecer pistas y pilares gigantescos daban impresión de un escenario para el Stalker de Tarkovski. Me dijeron que era el lugar donde se habían caído los puentes que el maleante llamado Cholango, alcalde previo, inauguró con gran pompa. Pobre pueblo. Quizá algún día, ya construido todo y limpio de desechos, sirva para algo práctico. Por ahora, y es común, solo alimenta bolsillos ávidos de impensable gentuza.

Luego camino del norte de Potosí, cruzando Cliza, Toco, Siches, Anzaldo, el majestuoso y bastante seco río Caine, por donde vino Goyeneche a castigar Cochabamba entre otras cosas. Sembradíos de papaya, limoneros, la belleza casi indescriptible de los colores que me recordó Humahuaca. Durante el trayecto, otra vez, carteles con la foto del Curaca, el Bienamado, Evaristo Morales Ayma de sonrisa y vanidad mujeriles, enfrente de coliseos de fútbol inaugurados en su gestión (gestiones). La cabezota con permanente más grande que cualquier pelota de fútbol o básquetbol que se pudiesen emplear allí. Es que este caudillo no solo es el fútbol en sí mismo, es más grande que el fútbol. No puede mirar las posibilidades de su pueblo, la belleza de sus paisajes, la constancia de un futuro si se quiere; no, tiene que pensar en pelotas y con las pelotas y construir a costo desmedido canchas de deporte abandonadas de entrada. Su inteligencia de expolicía militar, de cocalero empedernido, no le permiten una mirada lejana, perspectiva. Enfermedad que hay que extirpar de raíz.

En Torotoro, tierra de impresionante geología, las garras del Estado plurinacional en el maltrato a los visitantes y la no extensión de recibos (facturas) por servicios prestados en el Parque Nacional. Un esfuerzo encomiable, mínimo y mísero todavía, de un grupo de muchachos locales como guías de turismo. Y la basura, la basura a pesar de los carteles, en plástico multicolor corriendo por las calles. Casas que en la sombra serían iguales en tiempos de la Conquista, las horas detenidas. A  pesar de tanto por criticar, magnífica experiencia y tristeza por lo que se podría desarrollar si se razonara.

Retorno por Huayculi, Tarata, Arbieto. Que el desarrollo, con y sin comillas, no se puede parar no debiera impedir que la destrucción de patrimonio sufra un revés. A quién le importa, me pregunto, cuando arriba la dupla de maricas delincuentes enseña que el crimen paga.
15/08/16

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 16/08/2016

Tuesday, August 2, 2016

Desierto/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Cochabamba, en el usual viaje de año, presenta de entrada los signos de decaimiento que inicialmente asocié al común envejecimiento de la tierra y mío. Añadido ahora el problema de la sequía, el panorama es sombrío, brillante sombrío con el sol que quema.

Me dice un sobrino de la ausencia de nevadas. No vino la de la Virgen del Carmen, en julio, y la primera vista en medio del polvo de la avenida Killmann fue un pico Tunari desprovisto ya de esa tapadura blanca que guardaba en su condición de muela andina. Lástima que no está mi padre para contarme la que debiera llegar a mediados de agosto, sospechosamente relacionada con la festividad de Urkupiña. Veremos, aunque parece que no, que no la veremos por mucho o por siempre ya. Amén negativo. No queda otra.

Si es irreversible lo dirán los que estudian estos fenómenos, pero cualquier avance provechoso al respecto parece destinado a perecer ante una sentencia inmutable. Así la verde Cochabamba de la infancia se transformará en un marrón oscuro, de mierda seca como los de la barriada de Nezahualcoyotl, en México capital. Culpa única de los hombres tal vez no, pero ello no les quita castigo, el de ir destruyendo un mito construido en centenas, barrido igual a polvo. La flor del valle, el jardín de la república… retórica pronto inservible que a tiempo de destruir un mito que alguna vez fue realidad irá ahondándolo más en un paisaje que tendrá mucho de Mad Max y poco de vergel.

Se contempla el polvo como vaho nebuloso de una explosión atómica. A corta distancia no se lo ve pero se siente en el gaznate, en los orificios nasales, en la respiración. Imagino, y cómo lo imagino, que vivir de nuevo acá tendría visos de suicidio que sin embargo no descarto.

Suena a trompeta muda, de esas que no derriban Jericós, hablar de soluciones. No se puede, y nunca se pudo no en descargo del gobierno actual y sí como mácula local, nacional, boliviana, pensar que ciertas políticas pudiesen revertir el desastre. Supongo que es tarde pero el esfuerzo vale hasta el punto del auto-engaño.

Poopó aparte de una tragedia medioambiental es una humana. Hasta hoy no he leído acerca del destino de los moratos, aquella minúscula etnia uru que ya estaba siendo absorbida por los aimaras y que dependía del lago. Extinción cubierta de silencio como suele pasar. Solo queda engrosar las listas, y Bolivia se presenta como insigne dadora de elementos para ampliarlas, para quedarnos sin nada porque la verborrea canina de los gobiernos guarda como único fin un bienestar privado y esquizoide. Allá ellos.

Mi hermano Armando opina que el ecosistema del valle cochabambino ha sobrepasado su umbral ecológico: demasiada población y escasos, limitados recursos, principalmente agua. Lo poco cultivable se asfixia más y más bajo cemento en el valle bajo. Asunto social, de hecho, porque esa mancha humana compuesta de migrantes, nuevos ricos alteños que compran tierras en el sur cochabambino con ansias recreativas e ínfulas patronales, va mermando el ya pequeño espacio de cultivo promoviendo una contaminación veloz y fulminante convirtiéndonos a la fuerza en zona de desastre.

No ayuda, por supuesto, la mitomanía del poder que inventa espejismos para decorar la barbarie. A la impresión brutal de ruina y de desierto oponen parrafadas de Suizas americanas, de Bolivia potencia nuclear y etcéteras, mantos de asno para un pueblo ya ciego, bizco, o al menos con cataratas.

Más que inquietarme, me irrita, porque atenta personalmente contra mí, me quita esperanza, avasalla mi futuro pensado en un retorno. ¿A qué?

01/08/16

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 02/08/2016

Tuesday, July 26, 2016

De la noticia al chicharrón/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Llega el ocaso de un largo período de trabajo en el periódico de Colorado. Los clientes se han reducido en los últimos años a la mitad. La muerte va suscribiendo a los que quedan a sus oscuras notas. Los jóvenes no leen la prensa, si leen. Tiempo de desentumecerse, entumidos, soterrados, alicaídos e inmóviles como estamos. Ahora asoma el tiempo de la dinámica y me pregunto cuán fácil ha de ser cambiar.

Tendré que vivir de día; eso es diferente. Me acostumbré a la noche, a sus silencios, a sus misterios que no son otra cosa que falsas impresiones de los que habitan la luz. Vi más zorros que humanos; mofetas en lugar de calzones. De noche, el mundo parece estrecho pero en el sentido de íntimo, no de mísero. Claro que voy a extrañar. Tendré que verme en el espejo ya no a la claridad de la luna o de un foco de 100. Ahora viene la realidad, y no la conozco.

¿Afectará mis hábitos de lectura? De escritura no tengo. Quizá. La vida por supuesto que se hará más corta ya que antes estaba despierto de día, encerrado en la cueva de los quitasoles, y de noche trashumaba el campo con sigilo de coyote y vista de búho. Ahora me obligaré, u obligarán, a dormir. Será algo nuevo. No duermo desde el vientre de mi madre, no en los veinticinco años que trajeron dos esposas, dos hijas, varias cárceles y sinfín de cosas. Años de Tolstoi y Georg Trakl.

La decisión está en cortar este nudo que separa continentes con premura o aguardar la primera nevada como punto referencial. Determino un viaje al pasado, a Bolivia que es una exégesis de fantasmas. Semanas que contribuirán al razonamiento de un hombre no viejo pero canoso; perro mañoso y flirteador.

Las hijas han elegido unas cavernas al sur de Cochabamba, allí donde corren ríos secos con una carga mítico-histórica que los convierte en cíclopes devoradores, para la transformación. No es que vaya a meterme a un toldo indio cerrado con piedras hirvientes que en agua produzcan vapor. No necesito visiones que bastante alucinado anduve. Polifemo se convierte en Ulises y viceversa; de presa a cazador. Ha pasado tanto, tanto, sin tomar decisiones por la comodidad del presente que incluso nunca siendo burgués me aburguesé. Se acabó, pues, y ya es hora de cinchar el caballo y tirarse al galope, así camine a pie.

El panorama futuro se extiende amplio. Se añade, si se desea, la posibilidad de violar fronteras y hacer del salto un precipicio. Veremos. No auguro calma porque de pronto me cerraron el libro de Peter Matthiessen con la comodidad de ver bharales azules o leopardos nevados de sentado y con un vaso de ron. A trabajar, señor, parecen decir y yo que he trabajado toda mi vida con lomo de galeote me encuentro, otra vez de pronto, como al principio. La buena filosofía hablaría de la belleza de rejuvenecer, pero si pienso en el frío hijo de puta me aterro un poco.

Una opción, porque es opción que amo, es dedicarme a lo más carnal y apetecible. No al sexo, no ya in extremis a mis cincuenta. No voy a prostituirme porque en este estado sería puta barata o meretriz gratuita y no va conmigo la beneficencia. Hablo de comida: quiero ser cocinero. Transformar el arte que disfruto en casa de freír puerros cortados al milímetro o encajar un ajo tostado en un pedazo de lomo que riego con chardonnay a un negocio de provecho.

Practicaré hoy, día de visitas, con un tallarín picante que me he inventado y que decoraré con pollo. Un vasito de jerez algo frío me lleva de Poe a los macarrones y de un espíritu derrotista y desocupado a inventiva y creatividad. Suerte necesito. Tengo lo otro.
25/07/16

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 26/07/2016

Imagen: Pieter Aertsen, 1551

Tuesday, July 19, 2016

Retorno/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Me acaban de informar que han de deportar a un amigo boliviano que intentaba volver a los Estados Unidos a modo de ahorrar algún dinero para llevárselo de vuelta. Trabajarlo, entiéndanlo, porque acá nunca nos han dado limosna. Lo cobraron, y bien caro, con nuestra fuerza, juventud, inventiva, todo lo que se puede exprimir de un individuo. Nada fue gratis y sí, uno debe y aprende siempre a y del lugar donde esté. Pero eso no nos da pertenencia. No hablo, ni por asomo, de nacionalismo o algo similar, pero en circunstancias como las actuales se recuerda y piensa qué somos en realidad.

En la maleta él traía cosillas, aromas de casa, de tierra, efluvios de molles que ya no están. Se quedaría conmigo, haciendo de este sitio su centro de operaciones para burlar el sistema, cómo si se pudiera burlarlo. Esta sociedad acepta lo que necesita soslayando las más de las veces la legalidad. El monstruo come, devora sin hacerle ascos a la comida ni a la sazón. Burlar el sistema… es hasta petulante decirlo, Te usarán hasta que no sirvas; ya ni para reciclar. Desechos humanos y unas pocas historias de triunfo, a mucha costa.

El televisor encendido detrás trae rebuznos republicanos. Momento de gloria para Donald Trump cuyo peluquín determina y explica la liviandad, rudeza y malicia de un discurso que obvia a los otros. De triunfar, se asentará sobre una estructura endeble que en su caída revolverá el polvo largamente escondido en el país. Los fantasmas de los derechos civiles resurgirán con violencia. Los ya 8 policías muertos dan el preámbulo de una nueva época donde las etnias tendrán que envolverse en sí mismas para presentar un círculo protector en apariencia sólido.

En 25 años no he contemplado jamás el abierto racismo que trajo el fantoche este. Cuando una nación olvida el aporte de sus ramas menores ha perdido su alma, que poca quedaba ya en un país de mínimo pretérito, sin raíces profundas como tiene el despreciado México o la Bolivia india, lo que hace a estos últimos susceptibles de sobrevivir a los peores embates de la historia.

Digresiones acerca de un hecho doloroso, la ida de alguien cercano que no pudo acercarse, que se quedó en los bordes armados. Le permitieron una llamada en donde me explicó lo que pasaba. Dos horas en el aeropuerto sin noticia me hicieron sospechar lo peor. Dijo que al menos le tocó un oficial amable, lo que es cosa rara tratándose de Miami en donde una cáfila de maleantes con insignia, latinos tantos de ellos, ejercen el despotismo ilimitado de quien es basura.

Algo se quiebra, las décadas parecen temblar como florcitas masacradas en invierno. Mientras uno crecía con los hijos todo albergaba un dejo esperanzador. Otra cosa ahora cuando la independencia alejó a estos vástagos y nos dejó con lo poco que queda de atrás, de bien atrás, cuando esto no cabía ni en el asomo juvenil de la aventura.

Los vecinos armenios de arriba están en silencio. Sus ropas cuelgan a secar en el balcón. Acaban de llegar del infierno asiático y se sentirán felices, salvos. A veces no hay opción. Pero para los que no fuimos obligados, los que nos alejamos de voluntad propia, el pasado continúa presente y la constante interrelación con los de allá mantiene viva la tea de Murillo.

Tal vez es tiempo de deportarse voluntariamente, hacer el camino de retorno a fuerza de cojones. Al menos, dijo la esposa del hombre que aguarda esposado el avión, aquí en nuestro lote están dando las chirimoyas.

18/07/16

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 19/07/2016