Thursday, July 18, 2019

Conversación en La Catedral


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

¿Cuándo se jodió Bolivia? ¿O Argentina? ¿O Brasil, si obviamos el portugués que es otra lengua y no? El Perú sigue jodido. Todos andamos más jodidos que nunca porque nos quitaron lo último que teníamos, la esperanza, esa mujer flácida e infiel que se apodaba Revolución. Hoy los pajpakus se adueñaron hasta de ella, revolcaron el pasado, enmierdaron el futuro. Cayo Mierda representa a este grupo de ilustres delincuentes que puebla la tierra desde Agua Prieta hasta Ushuaia. Diestros o siniestros, ni importa.

Este libro vigente pregunta por cincuenta años aquello que no tiene respuesta. O tantas tiene que cada una suelta resulta irrelevante. La Catedral, el bar de la esquina, viven con nosotros desde los fogones del Martín Fierro. Los mentideros perviven allí donde haya dos viejos y el asunto es recurrente: ¿cuándo nos jodimos? Que si el Mono Paz, que si Barrientos, que si Che o Jotajota. ¿Quién recuerda en el Perú a Hugo Blanco? El dolor se olvida; la muerte se oculta. La vida es un negocio turbio donde crecen los pendejos y se ahogan soñadores.

¿Que si lo salvaría de un naufragio? Primero me salvo yo. Tengo el fetiche del libro, pero no tengo ídolos. A mi alma de coleccionista se opone mi espíritu ácrata. Lo leído vale y mejor volverlo a leer, así se lo preserva.


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Publicado en PUÑO Y LETRA (Correo del Sur/Sucre), 08/07/2019

Tuesday, July 9, 2019

El Reich cocalero/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Ilusos los patanes, dictadores, seudo intelectuales, tristes poetas, seductores con bastón de mando en mano, que creen tener la historia hincada ante ellos, y ellos con la bragueta bajada. Ilusos, perversos y desgraciados. La historia muerde, y extirpará de raíz los falsos miembros crecidos al arbitrio del desmán y el latrocinio. Luego eunucos, aunque de espíritu ya son, y algunos de razón y acto…

¿Por qué tanto énfasis en la sexualidad, preguntan? Porque la violencia sexual, que la ejercen a gusto los masistas, es la mayor expresión del dominio y el abuso. El cocalero mayor, pedófilo malentretenido, tendrá que pagar con su cuerpo los delitos cometidos. El fin de Muammar Qadafi, otro monstruo similar a este, que lloró cuando la escoba le quitaba lo que él y los suyos se acostumbraron a quitar a otros a la fuerza. Que los islamistas lo hicieran, no importa. Nunca faltan jueces y menos verdugos, aparecen y desaparecen en el albor de la explosión. Empujan el carromato hacia la guillotina, chillan, enloquecen, se divierten, entretienen. Da gusto especial ver caer a los eternos, sabor especial mancillarlos, placer intenso afinarles la cuerda en la garganta. Común cobardía del ser humano que duerme allí donde menos se espera y despierta en segundos para cobrar las deudas que la historia señala. Cocaína escondida en criaderos de chanchos de famosos músicos en Chimoré; aviones rusos; acento venezolano; capos calabreses… nada detiene el paso cansino y feroz de la historia. Ni las baladas viles de los folkloristas, ni los nativos de la Gomorra italiana que han comprado la nación.

¿Qué pasará, qué pasará?, preguntan. Lo que está predispuesto. El triunfo del crimen, la farra, la culeadera cocalera, el infierno, los linchadores con pequeños penes erectos y sangrantes, la Bolivia del siglo XXI, o XXII será porque parece que Midas piensa que va a vivir 200. Hasta que el tiempo y sus secuaces de ocasión decidan que es hora de acuartelarlos y prenderles fuego. No exageres, oigo decir. Tucholsky anunciaba lo que traían los nazis y no le creyeron. “Nadie es capaz de cosas así”, decían hasta los judíos. De esas y peores. Y no cambiará. Incluso cuando el cocalero sea devorado por los chanchos del narco en Chimoré, otros lo suplantarán y harán lo mismo. Entonces de qué vale cambiar las cosas. Lo que nos separa de las bestias es la esperanza. Libia está en el despeñadero, también Iraq, pero no es mejor la calma y brutal paz saudí. Saddam Hussein tenía que ser colgado; Qadafi, violado. Su destino estaba marcado. Que algunos lo eluden, cierto, pero al menos el poder ilimitado, el imperio de mil años, es una cosa que no conseguirán ni Evo Morales ni los Lineritas que le lamen las andinas moradas nalgas con asco e interés.

Hay venezolanos por todo lado. Se fueron, lo entiendo. Quizá es difícil, pero habría que intentarlo, enfrentar al tirano. Si un soldado o un agente brutaliza a la población, esta tiene derecho de atraparlo en la noche y ejecutarlo. Si se lo hace discreta y eficientemente, el terror llegará también al antro criminal. Uno por uno, uno tras otro, en una matemática fría y certera. De abajo a arriba, sin drama, sin lírica, a la manera irlandesa de Michael Collins. Para eso hay que estar dispuesto a morir, pero sobre todo a matar. El viejo Talión.
07/07/19

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 09/07/2019

Sunday, July 7, 2019

Los focos que arden de noche


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Pensando en Odessa. Antes de irme tengo que ir. Bajar la escalinata. Yo soy el bebé en el coche. Al fin está el negro mar que he visto, y Catalina emperatriz, iluminada por las estrellas y el parque griego. Pienso en Odessa, pienso en ti. En ostras con queso derretido.

Pasó la hora en que se alista una pasta, a las diez de la noche. Chopin, Purcell, a todo volumen Purcell, los coros femeninos, la celebración, mientras bajo por la calle 8. Muevo los dedos, director fantasma de coro espectral. Soy solo el mago de Kharkiv, no el de Lublín, y peco como Onán. Y pienso que no vi el bosque de la frontera polaca, y me pregunto qué fue de mi vida. Virgen de la Macarena en el cd. De noche, cuando me acuesto, le pido a la virgen de la Macarena, o algo así. ¿A quién pido yo? Madre, padre, no me olviden que la noche me rodea y van quemándose los focos.

Raspo un parmesano. Córdoba, Argentina, en el abasto, con las hormas negras de queso hasta el techo, cinco metros de queso. Y bolas largas de provolone. Era la Argentina de la muerte, los setentas. Lo sabía y seguía yendo al cine: Tarkowski, Wajda, Las señoritas de Willco, Stalker, la Zona. Mientras la gente huía y los automóviles andaban con luces internas encendidas, no fuese que los confundiesen, o acribillaran, y los volaran por encima del lago de San Roque para tirarlos con peso, desventrados, a las aguas calmas.

Qué lejos aquello. Cantatas, arias de Vivaldi. De no creer que volaban aviones cargados de cuerpos, apilados como reses para satisfacer el canibalismo nuestro de cada día, la sangre diaria, la carne, el excremento. El domingo pasó entre lluvia y granizo. Hojas mojadas, pastos húmedos. Odessa, claro, pienso en ella y pienso en ti. Me preguntas si te matrimoniaré, si quiero tener hijos pelirrojos que digan de la ciudad del mar oscuro casa, de la antigua tierra que cultivaban los argivos para llevar a la lejana Troya, donde los héroes morían. Pero también comían y fornicaban.

Voy decidiendo. El tiempo del llanto se ha sentado a descansar y piensa. Miro, por la falta de peso, que debajo de las tetillas crecieron un par de arrugas. Espalda curvada, bíceps de trabajo, el cuello de toro de los Ferrufino, el deseo. Los potros Ferrufino, decía mi padre, y ese hombre caminaba como un soldado japonés a sus ochenta años. Cerró los ojos y se fue yendo, escuchándome. La muerte de Gengis Khan. La estepa llora, los pastos se han hecho grises. Mi cabello encegueció y las manos se aclararon. Nunca más, es frase ambigua, porque cada vez que me veo está él, el caballo salvaje de los años cincuenta, el paso vivo del día antes de morir. Lo he visto, yo apoyado en una columna de la catedral, cruzar la plaza principal sin mirar a nadie. Nadie se le acercaba, era hosco; estaba consigo y bastaba. Lustrarse los zapatos. Comprar el periódico y sonreír. Duro hombre de bella sonrisa.

Cortado chico y agua sin gas, por favor. Que cortés fue, y valiente. Sonríe, Joaco, el Joaco de Alicia, que por ahí andan los dos guardando mi casa, consolando, lavando mis pañuelos que ya no se mojan.

Murió Joao Gilberto. Le gustaba a mi ex, lo cantaba. Hoy, manejando, aprendí que la bossa nova es un samba lento y pausado. No lo sabía. Lo escuché, dos horas, por la tarde. Lo comprendí al fin; no diré más que es una mierda. Todo tiene antecedente y posterior. Nada se inventa de la nada. Cristina me escribe si tengo inconveniente con el color de sus cabellos. Tus hombros son los mismos, respondo, el color del agua que los moje será bienvenido. Anunciamos el encuentro con tambores, si se da, y nada desafinará entre nosotros, ni el púrpura ni la arruga, que la belleza flota y el aire huele a cedrón. Yo necesito saber si quieres ser mi amante, cantaba Camilo Sesto. Pues lo necesito, dímelo, antes de que la lluvia deslave las huellas y sobre la tierra no queden rastros.

Tus ojos… tus ojos cántaros de miel…

Paso vivo, el soldado japonés camina 30 kilómetros por día. ¿Cuántos caminaste hoy, papá? Más japonés que los japoneses, más Mishima que los suicidas. Dragón, botas fuego por la boca. Dragón, vuelas.
07/07/19



Wednesday, July 3, 2019

Buscando al candidato/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Poco se puede hacer contra el rodillo electoral de Evo Morales. Ya habla la dirigencia campesina de “Evo para siempre”. Se apunta a eso. La oposición no ha sabido conjugar y la derrota es inminente. Carlos Mesa es tibio, en tiempos que se necesita un hombre arriesgado y valiente. ¿Dónde hallar a ese hombre? Y si los enconos y ambiciones personales le permitirían competir. Pero, como estamos no llegaremos a nada, solo a la perpetuación del poder avalada por elecciones truchas.

Morales y su segundo tienen las de ganar, hasta el apoyo de la OEA en su presidente. La malignidad con que se maneja el término revolución en el continente, luego de décadas de dolor, es sintomática. Todo puede ser comprado; los hombres tienen precio; las mujeres son gratis. El nuevo paradigma, bajo la vieja escuela de los Castro, es que sin ellos no hay nada, que el dinero, el hembraje, la decisión les pertenece. Hay una voz y es irrefutable.

Narcos del mundo, uníos. El lema marxista del siglo XXI. El autoritario barbón de Tréveris no se lo hubiera imaginado. Dudo que apreciara al lumpen en el poder. Para Marx contaba la inteligencia. Lo que tenemos ahora son feriantes de Alasitas con mando ilimitado. El reino del ekeko.

Un individuo probo, intelectual, destacado y honrado a nivel internacional, alguien que no sufra mella al enfrentarse al cacique. Sé de quién hablo y habrá pronto tiempo de decirlo. Alguien nuevo, libre de las sucias lides del gobierno y la política. Hay ejemplos en el mundo, presidentes que vienen de otras áreas, Ucrania, por ejemplo. Nada mejor para el país que el candidato surgiera del intrínseco conocimiento de nuestra realidad, alguien con experiencia de campo. Creo que lograría una genial disputa, real a pesar del fraude, con los mandamases. Girar alrededor de los ya conocidos es la peor estrategia. Nada se ha de conseguir sino justificar la eternización de los comerciantes en el trono.

Tiempo para Bolivia de mirar alrededor, que hay gente única y valiosa. Hablo de intelectuales de honestidad probada, no de aquellos que van meneando sus precios a diestra y siniestra. Estos son los más y no de confiar. Siendo Morales &Cia, tampoco confiaría en ellos, llevan muy profundo el prurito altoperuano de la traición, del engaño. Se necesita gente nueva, a pesar de los años que tengan demostrando su valía.

Si no hacemos esta discusión, ahora, estaremos condenándonos a una larga tiranía, a perdurar la oclocracia, soberbia y descarada que nos domina.

El debate está abierto. Falta exponerlo en público y seguir un listado de los posibles candidatos. Partir de página en blanco. Al menos, nosotros, en contraposición al cocalero y al tonto, tenemos el verbo.
01/07/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 03/07/2019

Saturday, June 29, 2019

Realismo mágico


MAURIZIO BAGATIN

“Los hechos de la realidad difieren poco de las solercias de la literatura” - Oscar Cerruto -

Macondo exagerando, que a Borges les hubieran sido suficientes, si los leyó, cincuenta años de soledad. Deicidio necesario según Vargas Llosa.

La ya famosa calle Innominada está aún ahí, a poca distancia existe un lago artificial; a pocos metros del lago hay las hileras con los tomates de Doña Beatriz; nosotros la recorremos sin saber cuán famosa sea, cuantos kilómetros en las mentes y en los recuerdos haya logrado hacer recorrer, esta calle innominada de un pueblo fantasmal en la memoria de uno cualquiera de nosotros.

Un hilo conecta lo surreal de lo mítico, aun según Oscar Rivera-Rodas, lo mágico de lo fantástico, todo lo nuestro, La buena suerte de Costa du Rels, el Altiplano de Botelho Gosálvez, la Cruz de aldea de Díaz Machicao: realismo mágico boliviano. Qué decir de Oscar Cerruto, maestro orfebre de letras y de poesía.

Otras contradicciones y otros sueños acompañarán al hombre, al hombre imaginario de Sudamérica, con tupidos bigotes y a caballo, armado de pistola y mucho sudor, de miles arrugas y de una sonrisa para el cinematógrafo europeo, para el gringo feroz y para el gringo viejo, Ambrose Bierce u otro aventurero o loco. Para el mito y para la injusticia de siempre. Mañana, ojalá, literatura mayúscula. Aun mejor si es belleza.

Don Joaquín Ferrufino, sobrino de Don Rómulo -epopeya literaria que un mañana leeremos, reconociendo nuestra Historia- hablaba de los militares, para él unos puchuchuracos, tal vez inútiles, sobras de una sociedad servil y probablemente uniformados con sobra de milicos gringos… época de Barrientos Ortuño o por ahí… creaciones literarias hechas de inventos, palabras nacidas de unos momentos y unos hechos precisos, muchas veces contundentes y fatales. Siempre reconociendo el pesimismo cósmico o el optimismo apocalíptico del hombre. Palabras necesarias para la sobrevivencia: el merolico de Rulfo y el pajpacu para Saenz.

Doña Beatriz recoge todos los martes con sus manos fuertes y duras, otra vez muy cansadas, amarros de verdolaga, unos más pequeños de huacataya, los últimos, que es invierno, de albahaca, unas cuantas hojas de quilquiña, el locoto de huerta, así con su dureza del valle nuestra llajwa será fantástica. ¿Poderosa? Le pregunto los miércoles en nuestra feria… un fiftyfifty de phisara de quinua y de papalisa, mi sajra hora.

¿Qué realidad compusieron? La armonía de la naturaleza, que acompañaba al hombre naturalmente violento, una mujer sumisa pero siempre valiente y superior al infantilismo machista, toda la sangre que recorrió tierras vírgenes, los sueños de riquezas en oro y poder, ilusiones y creencias, y los ya preparados caminos al progreso. Magia y mito. Fe mezclada con tribalismos, todas las posibilidades de las fuerzas del hombre, el dominio sobre lo humano y sobre la tierra. Nunca el tiempo del Ivy Maraey sino El Dorado, jamás Vico sino un Iluminismo distópico.

Realismo mágico, mítico, fantástico, desafiar las fuerzas de la naturaleza con el poder de las palabras: lluvias interminables y gallos siempre perdedores; mujeres que acompañen a Anna Karenina en un paseo tropical, hombres en fuga del Doctor Zhivago.

Los miércoles, antes del retorno a la calle Innominada, Beatriz se toma su tiempo, un retorno a la magia de otro tiempo: depositar su pesado k’epi y la mesa en el depósito del frente, compartir un plato de llus’pichi con otras warmis, venderles los últimos amarres de perejil o de hierbabuena al atrasado de la feria, contar su platita, amarrar el bulto sobre su espalda, saludar a todos. Realismo simple, por eso mágico. Mira a su alrededor, arboles de jacarandá, molles, los increíbles tajibos, un maravilloso ceibo, todo el verde de la juventud, todo el verde de su innominada voluntad de vida.

Al coronel nadie quiso escribirle, Susana San Juan terminó loca, Maqroll sigue navegando y Gabriela, Doña Flor y Tereza Batista, miles amores en la paz, la miseria y en la guerra. Realidades en las magias, hoy y siempre Doña Beatriz todos los miércoles esperando que le pida la poderosa con el fiftyfifty de phisara de quinua y de papalisa. Nuestras magias, nuestra fantástica realidad.
Junio 2019 

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Foto: Sajta de papalisa/LOS TIEMPOS

Ya muere junio


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Monk en el piano. Toca a Duke Ellington.

Doce horas manejando. La orina tiene el color del whisky. La arrojo sobre los pastos crecidos, al borde de murallas de concreto que se construyen en oda al dinero.

No voy a dormir, me dije. Tengo que escribir. Hago textos, construyo y destruyo mientras manejo. Pasan paisajes, pasan hermosas piernas de verano. El termómetro marca 95, imposible de vivir, y así seguimos, dos bolivianos, dos cubanos, un peruano, un mexicano, somalíes, etíopes, eritreos. Dólar por dólar crece la cuenta bancaria, y se esfuma en las deudas, en las guerras que míster Trump programa con un tercio de nuestro salario.

El cielo se ha puesto de color intenso. Color de vagina de puta negra, para quien conoce el contraste, el tono, la pigmentación, el brillo. Hablo de fotografía, pienso en la prostituta tuerta de mi juventud, en la maestra francesa que tenía el mismo enmarañado cabello. Había cortinas de plástico y calzones ordinarios. Color, queda el color que es siempre más fuerte en la memoria que la pasión. El universo tornase rojo de crepúsculo. En mi canasta hay un riesling frío y un moscatel, preparo una trampa para pajaritos, un café que huele desde ya a sexo. Sexo capuchino, sexo moka. El embrujo del hombre en la cocina, la alquimia del amarillo y el púrpura, de la papa andina y el berro de verde oscuro. Berro… palabra que no oía desde la infancia, que murió cuando murieron las acequias, porque que yo recuerde, se lo alzaba en las orillas de corrientes cristalinas.

Cruzaban Cochabamba las acequias. Ahora la cruzan narcos de corbata y narcos de abarca. La misma mierda, que no hay clase y menos lucha de clases aquí. Bazar, bazar donde se ofrece todo y se lo compra. Pienso mientras me abate la pena por Marco, mi perro muerto. Todas las palabras que no dijimos, las caricias no dadas. El rojo del crepúsculo se ha hecho oscuro. Las horas vienen y nunca se van, solo se suman, no pasan, se acumulan, se vuelven carga, muerte, inanición.

Leo, mientras más leo menos comprendo. Amigos que desconozco en sus letras, tanto escondido. Hojeo el teléfono, libro contemporáneo y marco diversas páginas que indago al mismo tiempo. Pero no avanzo en mi libro, regalo de Emily, sobre la trata de huesos de dinosaurios, la crónica del desierto de Gobi y Nueva York. Godzilla sí, quizá, los monstruos de mi cerebro. Los fantasmas de Gironella que incluían a Papini.

Ofrezco a Nadia, de Bagdad, un café. Te lo acepto cuando me divorcie, susurra, sino mi marido te cortará la cabeza. El ejército islámico, las células durmientes. ¿Vale un café con Nadia la decapitación? No pienso, la huelo, como de mayonesa, será crema, y la piel brilla, y un par de granitos en el rostro hablan de mujer cargada de amor, con arma mortal entre las piernas. La veo alejarse, apretados jeans de Bagdad, nalgas, pies algo patizambos y muero de deseo que mato con quince horas de trabajo. A este cuerpo hay que darle martirio, otro asilo en Charenton, porque de lo contrario se dispara.

Las nalgas. El péndulo.

Compré en una venta de garaje de casa millonaria una lámpara negra, con flecos. Un dólar. La instalé encima del antiguo calentador, en la sala con machihembrado.

Lámpara negra. Luz negra. Así era el rock and roll nativo, Jimi Hendrix y los Iracundos. En Sarco hacían fiestas, mirábamos desde la puerta cómo la multitud devoraba al hermano mayor. Nunca aprendí a bailar lentas. Uno, un dos, imposible. Me moriré sin bailar.

Thelonius Monk. Ya llego a casa. Mueren junio y el viernes. Solo el amor contra la muerte. Nalgas. Guadañas.
28/06/19

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Publicado en INMEDIACIONES/29/06/2019

Imagen: Thelonius Monk





Monday, June 24, 2019

A lo que llegamos/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Y llegaremos. Recibo en mi correo, Messenger y demás maneras de comunicarse hoy, variedad de cosas. Manifiestos, exabruptos, odios, rencores, imaginaciones, posibles mentiras, y mucho de cierto, seguro.

Demencia sexual en el Chapare, con motivo del aniversario o lo que fuere del cacique, cuentan. El poder suele querer afirmarse en el miembro masculino. El poder es fálico. Pero la eyaculación implica muerte. Hay cierta disonancia en eso. El macho perece, se lo come la hembra muchas veces en el reino animal. ¿Será Bolivia la hembra que devore esta locura, el imperio de Alvarito y del cabezón? Quizá. Ella ha consumido a tantos, porque muchos, o todos, se creyeron indispensables, eternos, divinos, chingones, patriarcas, héroes, superhéroes. Los tragaron sin sal, que la historia no se preocupa de sazonar a sus víctimas. Si creemos que los achachilas los protegerán, pues nos equivocamos. Ni achachilas, ni mallkus, ni Intis, impidieron que España violara a sus mujeres en altares como Ayax de Oileo a Casandra. No se escribió épica al respecto, pero lo sabemos. Está en la piel de todos. El mestizaje es la prueba incansable del estupro. Si los dioses no protegieron sus pueblos, menos protegerán a una marioneta torpe y mandona. Cuestión de tiempo.

Con los años le fui dando vueltas a la asociación de la dictadura trujillana y esta. Aquella era más dura y más torpe. Aquí, siendo Bolivia, las cosas se hacen como queriendo no hacerlas, como sucediendo nomás, bien nos estamos. ¿Modorra? ¿Idiosincracia? ¿Indiosincracia? Con cuidadito para que no despierte. Parte de nuestro carácter ¿modesto?, cobarde, temeroso, ingredientes justos para la explosión feroz. Ambas giran alrededor del falo del mandamás, y del mito que ellos y su entorno van creando en cuanto a dimensión y calidad. Cosa entre hombres, que a ellas poco les importa si es azul o blanco; ellas se guían por el oído, no la mirada, me decía Ekaterina, y con razón. Entonces resulta casi un juego maricón, con machos preocupados acerca del alcance de su meada, con violadores de eyaculación precoz. De eso no se habla, porque denigrar el miembro del amo resulta en denigrar la patria. De allí ministras sin calzón y senadoras que gimen porque es preciso gemir para satisfacer el ego del verraco.

Triste y repetitiva historia. A Trujillo no le cortaron el pájaro para conservarlo en alcohol como en la novela de Jorge Amado. Esa cosa valía poco y se pudrió con más velocidad que la nariz. Tampoco se la cortarán al Evo, porque esa otra cosa tampoco vale dos cobres. “Culeadorcito es”, decían de él las putas en la crónica de Roberto Navia. Y tacaño. No paga. Risible falo.

La sexualidad estuvo presente en el castigo de Sodoma y Gomorra. La sexualidad atroz que impone el poder y se desgaja hacia abajo por la pirámide. No la otra de carne y placer, de piel como de gallina, de gritos y susurros. Esa que no necesita elocuencia, propaganda, esa de cuerpos enroscados y arribas y abajos, de cóncavos y convexos según Roberto Carlos, de triángulos, rombos, paralelas y caballos. Otro asunto, ajeno al desenfreno de los patrones, la idolatría y el embuste.

Pero no vayan a decir nada todavía. Lo que habita detrás de la bragueta suele ser bien recomendado pero es top secret. Este, el cabezón, maneja el estado con los calzoncillos. Se precia, se elogia a sí mismo; sus ministros, como a Truijillo, le entregan esposas; sus ministras, nietas. Quien tanta hambre parece tener y nunca se sacia es porque esconde algo. Sabemos qué es, aunque lo oculte. Mejor lo sabe Alvarito, republicano tenaz y publicano de cepa, conductor del comité de salvación pública (léase de sí mismo y familia). Sodoma, sodomitas, sodomizantes, sodomizados.
23/06/19

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 25/06/2019

Caricatura: Pancho Cajas