Tuesday, July 31, 2012

La apuesta está hecha/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Con la toma de la CIDOB, el gobierno ya ha jugado sus cartas. La apuesta es por violencia, corrupción, enriquecimiento ilícito, y un listado más largo que el que tuviera cualquier otra presidencia, todas ellas juntas, antes. Jamás, ni en tiempos de García Meza, se llegó a los niveles actuales.

Pareciera que la carretera destruyendo el TIPNIS será un hecho. Por aire, agua, cualquier medio, evitan que otros participen o informen acerca de su consulta previa. El asunto ya está cocinado y repartido. Hay que esperar la pronta invasión del crimen cocalero a estas tierras, solo el comienzo de algo que va a seguir muy pronto con el Madidi y lo que quede libre de la plaga de la coca en un país que ya no es.

Junto al narcotráfico vienen muertes, secuestros, lo que se pueda imaginar de malo en tierra de nadie. Ya no tenemos una república sino un feudo, reyezuelos que se escudan en lo aprovechable del sistema democrático. Cierto que a nivel internacional la cosa respecto a Bolivia es ya clara, como también a la repugnante mácula del bolivarianismo chavista. El New York Times ponía el viernes 27 de julio en primera plana un largo reportaje acerca del flujo de cocaína desde el estado Apure, en Venezuela, hacia Centroamérica principalmente, camino de México y Estados Unidos, con tomas de radar mostrando una gigantesca línea de vuelos-droga desde este lugar que también es tierra de nadie. Lo de “nadie” es a medias, porque estos países pertenecen a los jerarcas de turno que creen con fervor que son suyos, y los destrozan porque cuentan que dado el caso habrá vías de escape hacia la vida lujosa y abominable de los ladrones. Se equivocan, los refugios que hay en el mundo no alcanzarán para borrar sus huellas. Mucho material se está recolectando afuera para el momento preciso. El general Sanabria es un principio, y está lejos de haberse terminado con el premio de catorce años de condena para él.

Lo triste está en mirar la esperanza que venga del exterior. Adentro, el poder va avasallando cada célula, todo espacio, asfixiando, eliminando, amenazando. Pero afuera también hay permisividad. Brasil, a pesar de saber que Bolivia es su mayor problema internacional, porque con la cocaína se está minando su futuro promisorio, calla, concede, permite. Claro que los dudosos intereses de Lula y Lulinha tienen fuerte presencia en el gobierno de “izquierda” de la Rouseff. La pregunta es hasta cuándo. Porque por el momento ni el cáncer está colaborando para deshacerse de los tiranos.

El destrozo que se va a causar es inminente, y quizá no se pueda ya parar. Pero si incluso consideramos el TIPNIS perdido, todavía hay luchas. Para ellos será un gran triunfo que no va a saciar su hambre, aumentarla sí. Hay que tener paciencia de escribas, e ir anotando, nombre por nombre, de dirigente, a diputado, a senador, arriba, y abajo, para no olvidar. Porque todo principio tiene su fin y no en vano los astutos hebreos de hace mucho dijeron que del polvo eres y al polvo has de volver. Y los masistas poca cosa son, aunque se crean mucha, para voltear la historia.

Aquí también hay que redactar, como en la Argentina, un libro Nunca más; lo que sucede no debe repetirse. Asistimos al suicidio de un país, al apoderamiento del trabajo colectivo por un grupo cocalero que es a su vez pelele del narco-capitalismo mundial, que mueve miles de millones de dólares y deja en manos de los mugrosos delincuentes locales una suma irrisoria, que les basta, parece, para dominar supuestamente sin límites esta gran zona de tristeza que llamábamos Bolivia.
30/7/12

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 31/07/2012
Foto: Tipnis/Abi Agencia

Wednesday, July 25, 2012

L'empire des sens/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

"El imperio de los sentidos" es una realización del director japonés Nagisa Oshima. Cine erótico dentro de los cánones orientales, ajenos a nuestro punto de vista.

Henry Miller, en sus cartas, comenta la película repetidas veces. Le parece una burda muestra de erotismo, a pesar de que rescata la idea general buscada por el director. Discrepo con él. No me animo a calificarla de erótica, pero tampoco de obscena o pornográfica; ni siquiera de obsesiva. La relación hombre-mujer a través de la cópula es uno de los grandes temas de la filosofía oriental. El sexo es el ritual natural por excelencia y, en él, el orgasmo manifiesta la presencia de la divinidad. Placer y muerte son uno solo, como masculino y femenino también.

La fusión de los cuerpos es la unidad perdida por el humano en los primeros días de la creación. El acto sexual repone, en el hombre, la costilla que le arrancó Dios; en la mujer, es la desesperación por encontrar de nuevo el cobijo aquel. Entonces, mientras más fuerte y extremo sea el sexo entre dos personas que se aman, más cerca estará el principio, la verdad. En ese contexto, la exaltación física, el exceso, valen para hallarse, aunque esta realidad llegue hasta la muerte. El estrangulamiento y posterior mutilación del amado -en la cinta- es mucho más que un simple suceso pasional: es un acto de hermandad, de fraterno amor.

Oshima nos choca -evidente-. Dada nuestra forma de concebir el universo, no vemos en la cópula otra cosa que el combate febril de los sexos. Se ha olvidado miserablemente la significancia del acto. Se acusará a la protagonista de egoísmo, cierto; egoísta porque su cuerpo y el del que ama conforman un todo, un único, privado. En suma, el filme es un magnífico quitar velos del fantasmal medio que nos asfixia y reduce.
1987

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Publicado en Opinión (Cochabamba) y Presencia Literaria (La Paz), 1987

Imagen: Afiche francés del filme

Tuesday, July 24, 2012

Arrojen la primera piedra/MIRANDO DE ABAJO


Leo el desparpajo de Mario Adett Zamora, quien fuera ministro del Interior de Hugo Banzer. Reconoce la existencia del plan Cóndor, de muertos y desaparecidos, deslindando participación personal. Uno pensaría qué talante del individuo éste, pero la historia que vivimos hoy, la farsa como estrado único, da lugar a que personajes de toda laya puedan de frente sentirse orgullosos de un pasado que ha quedado chico, infantil, hasta inocentemente tonto en relación al presente.

Un manifiesto del POR Combate, de 1973, parte de un fantasmagórico Frente Armado Anti-imperialista, califica al individuo de “sanguinario”. Pero la lucha subversiva, casi mítica, como alguna vez la entendimos, ha sido ultrajada, vilipendiada por la realidad. La ardiente verborrea de poristas-combate, con el advenimiento de la democracia, se convirtió en meliflua cantinela. Observé, azorado, que dirigentes de este grupo, que aleccionaban en 1979 a universitarios a empuñar las armas ¿qué armas?, luego de un período de exilio donde disfrutaron las delicias del capital, retornaban para hacerse voceros de la corbata, llenar los bolsillos, encarar la existencia como hurto y disfrute. Adett Zamora y los troskos, la misma mierda. La izquierda derecha, y la derecha derecha.

La época, ésta, ha colaborado aun más a desterrar las siglas que diferenciarían a uno de otro. La lucha de clases ha devenido en carnavalito de coplas y calzones. Cuba, que supuestamente tenía un halo, derivó en incansable pedigüeño. Su líder, a quien no se le pueden negar aportes teóricos y prácticos a la historia social, danza al ritmo de marimbas que tocan otros. El hambre es terrible enemigo, y la revolución cubana ha caído en un abismo que la hermana con pantomimas como la venezolana y que arrasan cualquier elemento épico de su memoria. Lo vislumbró el Che, y prefirió convertirse en icono cuasi religioso pero no en sirviente ni bufón.

¿Por qué no podría Adett Zamora decir lo que le venga en gana? Será juzgado, lo amenazan, pero basta observar la fanfarria de las fiscalías alrededor para descalificar algún proceso. Los Kirchner lo hicieron mejor; habría en su gobierno quien pensara y diseñara una política que en cuanto a castigo a los represores ha obtenido éxitos. A pesar de que la angurria kirchnerista en poco se diferencia de la de los militares de entonces.

¿Qué queda?, o ¿qué nos pasa?, según se preguntaría un comediante mexicano ante el desarraigo de su país, lo intangible de la moral, lo concreto del latrocinio y el estupro. Parecía hablando de nosotros, preguntando por nosotros, ante la desvergonzada desnudez hasta de las apariencias. A los líderes poco les interesa esconder lo que en verdad son. Se defienden con retórica y, para los míseros, juegan todavía la eterna comedia, pero es tan abierto el descaro que en realidad lo que sus actos implican y afirman es que el resto somos una manga de tarados, bola de estúpidos cuya estulticia nos tiene con razón en el lugar en el que nos entumecemos. Ostentan el despilfarro; hacen burla de la pobreza; desdeñan la honestidad. El mundo es nuestro, semejan pregonar, y mesa, silla, sillón, comida y culo. Para ustedes las sobras, inservibles pelones. Y pelones somos porque callamos, porque en este jolgorio caen día sí día no migajas desde los amos que recolectamos. Más fácil lamer que cantar, sentarse que golpear. Ese es su triunfo hoy y lo fue ayer. Para qué siquiera acusar al ex ministro, si resulta también del gremio. La fiesta del Chivo continúa: fiesta de chivitos, o de chivatos. Salud.
23/7/12

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 24/07/2012
Imagen: James Ensor

Monday, July 23, 2012

El enfermo


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Fui, como cada quince días, a recoger pastillas para el colesterol de mi seguro médico. Ya que hay espera, diez minutos a lo sumo -seamos correctos-, me dedico a observar a los pacientes, y médicos y personal del lugar. Antes solía llevarme un libro, pero ni la puna callada de Héctor Tizón, ni la barca ilustre que llevaba a Marcel Schwob hacia Samoa, bastaban para distraerme del entorno, de las toses, cojeras, de cuando en cuando nalgas y piernas robustas; variedad y diversidad.

Delante mío, un hombre taciturno, de mediana edad, cincuenta a decir, porque es número que parte el cien por el medio, y pocos llegan al centenar. Así lo creí, comparando según suelen hacerlo las mujeres, y también los hombres aunque lo nieguen, el canerío de sus sienes y la tersura de la piel de sus manos, pautas que avisarían supuestamente si era más viejo que yo, o estaba menos destrozado.

Lo llamaron a ventanilla. Se puso a cuchichear con la dependiente, que fue hacia el dispensario y volvió con un botellón inmenso que parecía un balde. Observé a los demás; cada quien salía con una, dos cajitas de medicinas, algunas pomadas, vendas, nada que excediese el tamaño de la palma de una mano. Pero al susodicho le alcanzaron el recipiente y otras cosas, que pusieron en una bolsa café de esas de supermercado. La imagen era la de un individuo comprando papa. Noté su zozobra; para entonces ya me había acercado a la ventanilla del lado. Me puse a escuchar.

Avergonzarse de una enfermedad suena algo ridículo. Pero, pónganse la mano al pecho y digan si no avergüenza una moquera, un catarro con visos de tuberculosis, un sarpullido a toda vista contagioso, sin importar si lo es o no; sarna, conjuntivitis, desarreglo emocional.

Sucede que nuestro personaje, ya sudando el largo verano a pesar del aire acondicionado, agachaba la cabeza sin animarse a pedirle a la enfermera que bajase la voz, que no tenía el público por qué enterarse de que recogía los materiales para una pronta colonoscopía. Al oírlo, claro, yo, y sin duda otros, imaginamos primero que el balde era para vaciar los intestinos y dejarlos libres para cuando la sonda penetrase en sus arcanos a través del ano. Lo cierto, de acuerdo a lo que leí en la Red llegando a casa, es que el paciente debe tomar un preparado el día anterior con los fines descritos arriba. Que el recipiente, de un galón, se utilizaba con tal fin. Ese líquido al que le adherían una bolsita saborizante, limón o naranja, debía consumirse en el plazo de seis horas, dando tiempo a que el cuerpo lo retornase con el resto de sedimentos que la vida va dejando allí donde se oculta el alma.

El hombre me miró. Y si bien daba en principio la impresión de estar mejor conservado que yo, de momento había envejecido. No era la posibilidad de cáncer su preocupación -tan extraño es el ser humano-, era el prurito delicado que poseemos todos, que nos afecta en un momento en que nuestras debilidades, males, desórdenes se hacen colectivos. Mucha fortaleza se necesita para enfrentar tan molestoso asunto con el rostro levantado.

Son veintiún dólares, explicó la mujer. El sujeto le alcanzó una tarjeta de crédito y luego firmó el papel. Listo, míster, dijo implacable, hastiada supongo de lidiar con chancros y demencias día a día. Siga las instrucciones para no pasar por lo mismo de nuevo. El enfermo agarró el paquete marrón. Quiso ocultarlo, pero, maldito verano, no llevaba chamarra. Además que el papel madera de por sí es ruidoso, como algo que se astilla. Para entonces quien me atendía me alcanzaba un frasquito con treintena de píldoras adentro. Lo agarré y lo metí en el bolsillo derecho del pantalón, ufano de mi privacidad, de la facilidad de esconderme del resto. Se dio cuenta, porque un rubor le subió por las mejillas. Tomó su paquete y salió apresurado. Parecía un albañil cargando badilejos, no un paciente que se respetaba.
10/7/12

Publicado en Revista EXTRA (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 22/07/2012
Publicado en Semanario Uno (Santa Cruz de la Sierra), 8/12

Saturday, July 21, 2012

La santa bomba/MONÓCULO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Malatesta, en un epígrafe que Lina Wertmüller utiliza en Filme de amor y anarquía, califica a aquellos que optaban, a nombre de una causa, por la acción individual, como una especie de “santos”. Y esa imagen presta la cineasta a su personaje, algo confundido, ingenuo, tierno, asustado, decidido al mismo tiempo, valiente y temeroso, mientras acaricia una bala grabada con las iniciales BM, Benito Mussolini, el bocón, que para desgracia del mundo no perece allí; el tiempo le había determinado que después de haberse creído inmortal colgara como aguacate, de cabeza, arrullado por los golpes que le causarían la muerte. Antesala del coronel libio, admirado por sus sosías en el mundo, y cuyo fin hasta ahora no se ha presentado en todas sus terribles facetas. Hará un día que surgió otro video con la mofa, inservible pero lógica, que hacían los rebeldes con su cuerpo. Pingajos somos, vestidos de frac o camiseta…

¿A qué viene este recuerdo de la bomba, que en Oriente Medio ha tomado matices únicos, desasociados de ideario político y cargados de religiosidad? Útiles, sin embargo, considerando que la rebelión palestina compró supervivencia para Saddam Hussein, pospuso la invasión que le haría saborear la cuerda. La inmolación individual carga un peso místico, incluso en gente no apta para creer en habladurías. Elegir muerte a vida tiene que ser un paso fundamental, distinto al suicidio que no tiene connotaciones colectivas. El término “suicide bomber”, acuñado en Estados Unidos, creo que desmerece lo que en cualquier época se habría llamado mártir, fuera de lo que se piense de las circunstancias y los motivos, del absurdo de creer que once mil vírgenes en cueros esperan al héroe para mitigar para siempre el dolor de la desmembración y el alejamiento, o lo heroico en serio de vender la vida, en dinero contante, para beneficio de los otros, los familiares en muchos casos registrados.

La reminiscencia llega a raíz del atentado que cargó con la vida de masacradores sirios del régimen de Bashar al-Assad, el “embaucador”, como cuenta Roula Khalaf le dicen al tirano de cara infantil. Allí, en ese instante, me atengo a Malatesta y pongo un pensamiento por el santo que hizo volar, al fin, varias cabezas de la hidra. Aviva la esperanza de que la hiena mayor pueda pronto ser alcanzada, y que su adorada esposa compre artículos suntuarios en los salones del infierno, porque los de acá de este lado están demasiado bañados en sangre. “Violencia, violencia”, resonarán los grititos de unos columnistas que conozco, que me recuerdan a los jueces que destrozara Sade en La filosofía en el tocador. Como si peor violencia no fuese aquella de tener la lengua larga y suave para lustrar traseros, lengua que de más está decirlo, produce y perpetúa el totalitarismo y la represión del Estado.

Lo de Siria alcanzó límites insoportables. Hasta el socialista presidente francés ya ha hablado de intervención militar. Pero el mundo, manejado por intereses y lucro, se toma el tiempo que tiene para pulir los detalles que no afecten sus virtuales ganancias, de cualquier tipo. Mientras tanto Siria se desangra, y la explosión de una bomba que decapita un sector del poder tiene que ser loada, ensalzada, como acto preciso y urgente para volcar la situación. Jamás hay que dar la otra mejilla, por admiración que suelan causar aquellos que lo hacen. Al tirano darle de su propia medicina; ya la dinastía Assad cumplió su plazo, fracasada en términos de beneficio popular; se excedió en abuso, corrupción y ahora asesina. Esperar la creo inevitable intervención de occidente quizá tarde, y día a día la sangrienta estadística crece. Tal vez, igual que el italiano que acariciaba y soñaba en que el plomo marcado acabaría con la desdicha, algún sirio ajusta las correas de su chaleco explosivo que tiene a Bashar al-Assad como destinatario. Si no sucede, de todos modos, su condena debe ser de muerte, cruel o no es solo un detalle.
19/07/12

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 20/07/2012

Imagen: la bomba de Orsini

Thursday, July 19, 2012

The London Doré Saw/VIRGINIANOS

Me asomé por la ventana
buscando dios
y el cielo
inmenso callejón de noche
sonreía
con minúsculos dientes de luz

Me encontraba en Londres cuando escribí esto. Londres de Victoria, la reina ambiciosa y gorda. De Disraeli y sus avatares hebreos que repartían el mundo. De Dickens y Hardy. Del crimen. Londres pobre y trágico.

En esa ventana, la misma que tuve, un artista grababa imágenes: cocheros y prostitutas, tabernas bajo la oscuridad del puerto, puntiagudo de mástiles.

Gustavo Doré. Madera y tinta.

Manos.

Las vendedoras regresan a casa. Los niños se reúnen. Rostros tensos. Tristes. Líneas que endurecen la vida; trazos de desgracia que curvan las bocas. Esos, esos se quedan en el grabador.

De VIRGINIANOS, 1991
Imagen: Ilustración de Doré sobre Londres

Publicado en Opinión (Cochabamba), 02/02/1990
Publicado en Presencia Literaria (Presencia/La Paz), 10/06/1990

Tuesday, July 17, 2012

La Era del Amor/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

¿Nadie le habrá dicho a míster Choquehuanca que el tiempo del Flower Power ya pasó? De pronto aparece con uno de sus típicos discursos escaldados anunciando que luego del solsticio, el 21 de diciembre, caerá el universo de la Coca-Cola y etcéteras, dando lugar a un tiempo comunitario, de amor libre supongo, y de compartir las ganancias que los jerarcas guardan para sí. Por época tal, también me anoto.

¿Será propaganda, necedad, aventurerismo lírico-profético o qué? Lo triste es que los hechos no concuerdan con el discurso. En la pésima lectura que hace sobre los mayas, su calendario, lectura indirecta –asumo- halla alimento para los usuales alegatos de intentar darle cariz filosófico al desmadre plurinacional. Alguna vez, con el asunto del sexo de las piedras, recurrí incluso a Plinio, no para justificar al dignatario, sino para interpretar lo que se había dicho desde un punto de vista que eludiese la andanada racista. De lo que dije, no me arrepiento, pero me equivoqué: el canciller era literal, no buscó como hice, entre romanos y griegos, para aventar un discurso de connotaciones antiguas. Dijo lo que creía, o sabía. Es posible, no probable, que tenga acceso a información secreta, oculta en las entrañas de los huacas, y un calendario aymara que exceda al maya por cuatro mil años al menos y tenga grabada a cincel sobre piedra una hoy inconfundible botella de Coca-Cola, que en aquel tiempo parecería la nave en la que vinieron los dioses. No lo sabremos.

¿Qué beneficio puede traer un texto burlón? Ninguno. Pero es que estas palabras hiladas no cargan burla alguna. El autor se pregunta, ya que no puede transitarlos, por los vericuetos mentales que la iluminación actual anda para desarrollar prédica de semejante magnitud. Al menos, con el fin próximo del capitalismo, nos da –el canciller- la opción de participar del jolgorio monetario y ser capaces también nosotros, cada uno de los insignes aunque insignificantes ciudadanos, de comprarnos aviones, ser dueños de hoteles, cuentas de banco, porque comunitarismo, para mí, significa eso. Desde ya voy mirando catálogos para hacer mi escoja. Allí, claro, muera la bebida imperialista y viva el mocochinchi. Si todo va a ser de todos, si añadiré a mi vestimenta zapatos italianos y ternos de marca, viva la plurinación. ¿O me estoy equivocando y entendí mal? ¿La izquierda significa igualdad, o malhaya sea, como para los musulmanes, la mano que solo sirve para limpiarse el trasero? Mitos de la mano izquierda, o de la zurdera, que en el incario peruano era considerada (esta última) como buen augurio, mientras que las mujeres del río Níger no preparan la comida con ese lado por miedo a la magia negra.

Ni hablar de la papa lisa, que para mi gusto en demasiado amarga y que el notorio representante boliviano calificó como la verraquera del sexo. Me pregunto, siendo preguntón, el por qué nunca fuimos tan numerosos como los chinos, con semejante material afrodisíaco a disposición desde antaño. Sería culpar a los gringos, pero ellos tienen poco más de doscientos años, distan de los cinco mil que cargamos a cuestas; hay que buscar otro culpable. ¿Los españoles? Venían con tanta hambre de mujer los porqueros de Extremadura que al contrario hubiesen añadido a la estadística. Sísifo tal vez, que nos legó la tragedia de cargar hasta la cima pero nunca sobrepasarla. Y así nos fuimos consumiendo, a pesar de la papalisa… el refresco de durazno vino luego, en los galeones, y de muy lejos.

¿Dislates o ideología? Mientras tanto, aprovecho para abrir la última lata de Coca-Cola, porque si tengo que esperar la industrialización del mocochinchi pasarán otros mil años y hasta el calendario maya será obsoleto, igual que los bienamados, los profetas, los bocones.
16/7/12 

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 17/07/2012

Imagen: Wang Guangyl/Great criticism: Coca-Cola, 2005

Sunday, July 15, 2012

Peregrinación a la empanada



Claudio Ferrufino-Coqueugniot

No crean que caigo en aquello de la añoranza de la comida de casa, de la tierra, cuando la nostalgia se convierte en patrioterismo gastronómico sin ton ni son. He oído de todo: que no hay carne como la de Bolivia, que nuestras lechugas, que el choclo sin par. No me preocupa escucharlas, sí compartirlas. Cada región está plena de sabor; la sabiduría resta en encontrarlo. Inútil me parece discutir que si los picantes de acá no tienen parangón con los de allá. A decir verdad, el ají más picante que probé en mi vida fue un fiero rocoto en el mercado de Arequipa, a pesar de que las estadísticas de toxicidad en cuanto a chiles ponen al habanero solo un poco abajo del gas pimienta que utiliza la policía para reprimir a los marchistas descalzos del Isiboro. Y están el peri-peri, el jamaiquino, el puta parió de los coyas del norte argentino. Maravillas de la naturaleza, distintas unas de otra, no mejores ni peores.

Pero, siendo contradictorio, necesito hablar de la empanada, y el sublime monumento de ella que es la salteña. No hay conversación con compatriotas, por insulsa o pervertida que sea, donde de una manera u otra, a la pregunta de que cuándo voy, derivo en la salteña como icono religioso de mis movedizos avatares. Dicen que me he vuelto conservador. Los ciegos solo saben distinguir la forma, no el color, y cómo discutir con ellos, si ni con vela alumbramos sus sombras. Pero en parte tienen razón, en detalles culinarios como el pique macho y la salteña, donde invoco la permanencia de lo que eran antes, sin barroquismos ni choleos que aumentan aderezos y cantidad para nutrir a un pueblo tragón más que hambriento.

La salteña, siento y no me cuesta decirlo, es de Cochabamba, así venga de Salta como su nombre lo indica, que no sé, o la trajera la Gorriti que era mujer de las que ya no hay. De Cochabamba, aunque me traiga más problemas que mi conducción “política”. Saltarán los paceños al rodeo, y los potosinos, amén de chuquisaqueños, cada uno flameando su propia versión no exenta de peculiarismos y bondades pero que queda flácida, inhábil, inútil, ante las peripecias secretas de los Canguros al respecto. Jorge Antezana, amigo de siempre de mi padre, descendiente del fusilado héroe don Mariano, excelente salteñero y mejor puñeteador, como se preciaban en mis tiempos los calacaleños, es parco en tanto al recetario y magnífico en cuanto al cariño. Ni preguntarle, porque a veces averiguar los detalles de un misterio le quita el aura, lo arruina.

Esa la salteña, patria fuerte y aromática.

La emigración, el exilio voluntario como se me ocurrió -no muy originalmente- llamarla, ha tenido sus altibajos. Asuntos que van desde una filosofía de vida hasta las faldas, o haciendo de las faldas su filosofía, mal les pese a algunos y lo disfrute yo. Pero fuera de esos alimentos carnívoro-espiritistas, uno tiene que comer, no solo para sobrevivir sino para encontrarle un gusto a lo que prueba. De pronto el ostracismo te concede una profesión: la de cocinero en casa, y de a poco la de gourmand, que es el que produce y aprecia comida gourmet, fina, complicada, como parte de la sofisticación que de algún modo debe venir con la edad. Lectura y sexo; comida también. No es texto para referirnos a los afectos; por eso no se nombran, sin indicar que no existan.

En casa fuimos construyendo un escarabajo de eclecticismo alimenticio cada vez mayor; sin embargo la comida popular se mantiene como el diamante en bruto de donde sale la sustancia. No en vano el chef neoyorquino Anthony Bourdain anda metido en bohíos y covachas explorando la esencia cultural, diversa, multirracial y fabulosa de la mano simple, plebeya, en la preparación de incontables delicias. Lo invito a trashumar los caminos del país, en donde si no termina linchado por malinterpretación de caracteres, podrá entretenerse con sabrosos encuentros: un chorizo “pichi e’ boli” en las calles de Trinidad, un api mezclado en los tinglados afuera de la muerta estación de tren en Oruro.

El pueblo aquí produce tacos, arepas, pupusas, rumbos que la diversidad obliga a tomar. Pero siempre queda un vacío cuando se sabe que algo en especial no hay o no existe. No ocurría en el este, porque en la calles del Distrito de Columbia se podían conseguir empanadas. De no haber bolivianas, se hallaba paraguayas. Hace veinte años, entonces. Supongo que ha cambiado. La explosión inmigrante rebalsa por doquier. Mas en Colorado se resume casi en exclusiva a gente de México, con una menos nutrida comunidad peruana, otra colombiana, e isletas de Bolivia que se emborrachan a medias el seis de agosto y se miran de reojo.

A estos fortines casi inexpugnables, los bolivianos, me he acercado en busca de la empanada, que después de la salteña es un icono más valioso para mí que los hombres notables, sin éxito.

Toca la puerta de casa, los lunes, una mujer de Zacatecas que hornea su propio pan dulzón, roscas y a veces empanadas. La primera vez fue sobresalto seguido de decepción: las susodichas venían rellenas de dulce de zapallo o lacayote, el menos caro. Ante la pregunta si las tenía de carne, respondió no conocerlas. No me animo a afirmar que en México no hay empanadas. País inmenso, de excepcional calidad gastronómica, pero si las hay, aquí no llegan. Esta mi ciudad de Aurora parece de crepúsculo en tal sentido.

Recurro a las amistades, porque el hambre por lo general convoca a los amigos, y de cuando en cuando arreglo un par de docenas de fritas colombianas, que sin equipararse a la salteña o a la tucumana no dejan de ser extraordinarias. Ni qué hablar de los “pasteles” cariocas, que a dólar la pieza hacen de un domingo una pascua, un día hereje donde devoramos los restos del Señor.

Fin de semana; en viaje imaginario, tomo la línea de micro D y desciendo en la intersección Uruguay y Lanza. Cerca, como en cuevas medievales, mujeres ofrecen en canastones empanadas rojas y de queso. Probarlas cuesta la razón.
11/07/12

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Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), 15/07/2012

Foto: Salteña

DIARIO SECRETO DE CLAUDIO FERRUFINO


Por: Rosario Quiroga de Urquieta

Novela cruel y oscura dijo el jurado de “Diario secreto”, premio de novela Alfaguara 2011 del escritor Claudio Ferrufino, quizá cruel, por las acciones de crueldad que emprende el personaje.
¿Será una revancha frente a la crueldad del mundo?; oscura, porque explora las zonas oscuras del ser humano. Nosotros  decimos que, además,  es  compleja y profunda. Es la visión de un mundo en crisis y sin sentido.
Se dice que toda obra alumbra un mundo, una vida con sus  problemas existenciales. “Diario Secreto”, devela el mundo y la vida de un sicópata. Un hombre  en el  que  habitan, coexisten dos fuerzas: el bien y el mal.
Es sabido que (herencia adánica) en el hombre conviven  el ángel y el demonio en lucha constante. El protagonista es consciente de esa realidad y de la confrontación íntima que sostienen  ambas fuerzas en determinadas circunstancias: “Uno de mis yo desea que saliese bien, contento... Pero mi otro, que muriera el pelotudo, por huevón y por judío” (Pag.19).  Sin embargo para él, esta lucha, “no es asunto de discrepancia entre lo malo y lo bueno, son distancias, matices, de las cosas que se deben hacer” (Pag.26)
Para el protagonista: “el placer, el llanto, el ruido seco de golpes caminan ajenos al intelecto. Habitan un rincón donde el cuerpo y la mente sienten la paz  de una llovizna de otoño sobre la mies; paz en la violencia, así de paradójico” (Pag.26)
Este evidente desdoblamiento de su personalidad, esa incisión en su conciencia deriva en un conflicto de identidad dentro del complejo dinamismo que constituye la personalidad. Por tanto, no hay una identidad tras la apariencia, el personaje posee una configuración que se construye constantemente a partir de interrelaciones entre los diversos fenómenos, situaciones y apariencias: “¿Si estoy amargado? No, mira, fui un niño feliz. Y nadie me advirtió que fuese extraño. Miento, una vez que había ahorcado con hilo cincuenta sapos en miniatura, vivos, en los rosales de la casa grande, mi padre explotó. Eres un sicópata, dijo…” (Pag.31)
El personaje  es una contrafigura del hombre visible. Conocemos sus valores y anti valores a la luz de una permanencia, de un sentido de vida,  en la  presencia constante del mal como acechanza, como oposición y dialéctica en una atmósfera cargada de  sobre significados, de supra realidades.
La madre: matriz y útero, que lo han concebido, alimentado y parido, confirma que: “desde que nació en premonitoria media noche, su carácter tuvo esa ambigüedad del que vive con los pies en unas horas, un tiempo, y al revés” (Pag.73)
Así la obra explora, con valentía e inteligencia la naturaleza humana en esa dualidad.
AMOR, SEXO, PLACER, DOLOR, VIOLENCIA  
Sin duda alguna, el amor, el sexo, la violencia, el dolor son experiencias  que ennoblecen o degradan según  el caldo donde  hiervan.
En el desequilibrio actual de la psique la crisis del amor es  una evidencia cotidiana. La pandemia moderna del sexo ha venido a dar un golpe mortal al pudor y a los manuales que dicen enseñar “el arte y la ciencia de amar”; por el contrario, pensamos que orienta y estimula el ejercicio  del acto coital en las más variadas  como asombrosas aberraciones donde la morbosidad y la seducción, en una esclavitud  sexual, se convierten en una obsesión patológica que induce a mayores abyecciones, esto así, en la medida que afecta la parte digna y humana de la persona. 
¿Qué lugar ha reservado nuestra sociedad a  la sexualidad? Sin temor a equivocarnos, uno vergonzoso, a un estado de animalidad inferior que causa y provoca actos siniestros. Sobre todo hoy, los sexólogos y erotólogos se explayan en explorar casos de sublimaciones, perversiones, ideales y morbos patológicos. El aparato sexual, hoy, es algo  pobre, nervioso, falsificado, degradado, idiota.  
Nuestro personaje, hijo legítimo del  siglo XXI es víctima del  sexo, de “su sexo”, tiene en él un arma más que alienta y nutre la búsqueda del placer con violencia cuando su mente navega por los pantanos del puro instinto.
Consecuentes con  lo que habíamos afirmado  sobre  la personalidad dual del protagonista, anotamos que en su experiencia sentimental con Olinda, se da el sentimiento de  un amor libre de maquinaciones perversas: “con el sexo afiebrado que se calmó cuando penetré su delicada cueva de rocío…”
(Pag.12) o, “Olinda, qué decir de ella. Apareció en el intervalo de paz, la paz mongólica, la paz agusta, el estrecho que  hay entre  la juventud y la primera madurez” (Pag.161).
 Por las  especulaciones del protagonista, confirmamos que para él, el placer que le causa la violencia, la crueldad, el dolor no son sino las formas o maneras de estar  en el mundo, confirmar él mismo la deshumanización del hombre y sus relaciones con los otros en una sociedad de consumo que ve al ser humano como “cosa”, sólo capaz de consumir, y al mundo como un medio de cosas y entre ellas, el hombre.
Por tanto se siente  víctima, que vive entre  morir o matar, “los dos extremos del péndulo”, “ No deseo más esta puta vida. Esta noche saldré a matar. Tengo un machete afilado y una bolsa donde pondré al menos tres cabezas” (Pag.175).  El es consciente de su ¿desequilibrio o  equilibrio mental? Quiere ser internado en un centro psiquiátrico,  hace tratamientos psicológicos, sin embargo su microcosmos hace una lectura  externa con argumentos  que justificaban sus  reacciones. Las disquisiciones  por las que  transcurre su cotidiano vivir nos lleva al cuestionamiento: “¿Hasta dónde la locura es irracional o lo racional es locura?


LA INFANCIA, UN PARAISO PERDIDO  O PROLONGACIÓN?
Desde niño tuvo  inclinaciones  a la maldad, al dolor  y a la muerte planificada. De niño  martirizaba a animales: sapos, perros, hormigas. Estas experiencias, dice él: “Despierta en mi sensaciones que he cargado de lejos, de las míticas odiseas de la infancia.” (Pag.31)


SOBRE LA OBRA Y SU ESTRUCTURA
De principio a fin  la obra  sostiene una carga pujante y sobrecogedora. De acento personal y de las  características intransferibles de un temple íntimo.  Es evidente la preocupación formal que se percibe en el acierto para renovar los modos tradicionales y de superar las estructuras naturalistas o  post naturalistas.
La novela es de episodios fragmentados con constantes mutaciones de tiempo y espacio  narrados por varias voces (polifónica).
El argumento se perfila a través de una serie de  momentos no lineales que tienden a dar una visión de conjunto. La significación no surge en el desarrollo de un tema con  principio, nudo y fin, ni nos expone la situación de un conflicto. Por el contrario, la significación surge del conjunto de momentos, fases y partes que  dan lugar al todo en la novela. Ello no quiere decir que haya una total ausencia de argumento o tema en sentido tradicional. Hay efectivamente uno, pero no es nunca el aspecto fundamental de la obra. Es un simple motivo o hilo que mantiene la atención del lector.
El lenguaje está subordinado a un sentido más amplio que pretende expresar el medio en toda su  integridad y en toda su complejidad.
“Diario secreto” es una obra de arte por su estructura, es innovadora por su lenguaje y  vigente por su audacia temática.

Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), 15/07/2012
Imagen: Pieter Brueghel el Viejo, circa 1560

Thursday, July 12, 2012

Censura

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Leo acerca de brujas y brujerías en una compilación histórica, bastante exhaustiva: Witchcraft, de Roger Craft.

También escucho al presidente de los Estados Unidos presentar la nueva estrategia del país para "ganar" la guerra en Irak. Conflicto que ya perdieron y que día a día mina los cimientos de un país que se preciaba de democrático. ¿Y cuál la relación entre brujas y el poderoso individuo que desde hace años se repite como grabador? Que ambos temas tienen que ver con pensamiento libre, con intransigencia, con censura y presunción. Así como los frailes perseguían imaginarios enemigos en mujeres viejas y feas, pobres (indefensas) casi siempre, según escribía Reginald Scott en el siglo XVII, Bush anda tras quimeras de un mundo fundamentalista cristiano; claro que en su desidia errónea se topó con otros fundamentalistas, más fuertes y decididos que él, dispuestos a morir por su causa y sin temor de perder las comodidades de las que gozan los noveles santos de Norteamérica.

Países como España, Alemania, Inglaterra, superaron la ominosa tradición de cazar brujas. La tecnología y el aprendizaje, además del comercio (economía), configuraron naciones que sin ser perfectas dan ejemplo de apertura y liberalidad. El caso de Holanda, o el de Suecia, son aún más ejemplificadores. Estados Unidos, por el contrario, sufre un proceso de regresión, en desacuerdo con su avance científico y tecnológico, con su ultraliberal cinematografía. La media de la población camina segura, no sé cuán rápida, rumbo al oscurantismo. Busca tal vez una Edad Media de la que estuvo exenta. Dios es, probablemente, la palabra más usada en el léxico norteamericano. Republicanos y demócratas por igual hacen la venia servil ante la aún ignota presencia de la divinidad. Y basan su política en ello, con la salvedad de que los habitantes de esta tierra son cristianos sui géneris, muy hábiles a tiempo de juzgar al prójimo, y también muy duchos en la compra y manejo de armas mortales y su utilización indebida e indiscriminada contra personas y animales.

No es correcto, y sin duda sería penalizado, opinar en contra de la imperante teología. Los norteamericanos se vuelcan como recua pudiente y militante en las iglesias los domingos. La "church" es el elemento sustancial de la vida nacional, el conjugador y el conjurador al mismo tiempo. Donald Rumsfeld, criminal de guerra en Mesopotamia, es dulce jilguero de salmos bautistas. Enumerar la lista de ejemplos nos quitaría espacio para despotricar en papel el drama actual.

No está nada bien, es muy mal visto, criticado, castigado, reprimido, reaccionar con violencia ante, por ejemplo, alguna frustración de la vida cotidiana. Gritar y blasfemar acerca de la injusticia de vivir, de la mierda de no disponer de un mejor automóvil, del trabajo y el matrimonio son acciones injustificables. No es, sin embargo, injustificable el genocidio, la instauración de regímenes asesinos en ultramar.

Pero George Bush no está solo en esta galería de notables. Como se dijo, también hacen presencia los fundamentalistas islámicos. Los ayatollas iranios entre ellos, y su vástago, el incansable Ahmadinejad. Sin embargo también en Irán se puede hablar de un cine excelente, que si bien no toca -aún- los linderos de la crítica política, va camino de ello. Israel es otro caso donde la religión, ese antiguo opio de los pueblos, intenta, con poco éxito, regular la vida de un país muy liberal en algunos casos aunque con políticos como Netanyahu que no auguran un proceso de avanzada sino uno de retroceso.

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sin fecha o publicación

Tuesday, July 10, 2012

Distopía/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Un congreso cocalero, multitud diría, se reúne para establecer las estrategias de perpetuarse en Bolivia. Estrategias necesitan análisis, y poco se puede encontrar de analítico en gentes opacadas por el trago, entumecidas por las bolas verdes en la boca, con vítores coordinados. No preguntaron a nadie. Deciden, sin consultarnos, nuestro futuro según sus prerrogativas y “costumbres”. Menudo flagelo este de utópicos a la inversa.

Mientras escribo, observo en televisión otra notable viñeta boliviana. Los secuestrados de Mallku Khota, gente que hacía su trabajo, de rodillas sobre pedazos de sal, mientras un cacique, látigo en mano, lanza jaculatorias con movimientos agresivos. La impactante “justicia comunitaria”, postrera calificación del abuso y la impunidad. Uno de los presos, un policía, apenas podía moverse por la tortura. Así y todo, ante autoridades supuestamente legales, las víctimas tuvieron que escuchar sentencia: fabricar 500 adobes para la comunidad. Qué ternura, digna farsa para extranjeros obnubilados por lo que desconocen, por cierta brutal y primigenia forma de actuar en pleno siglo XXI. Esto no es cultura, no señores, y la brutalidad no se respeta, de pueblo alguno, porque esté en su “tradición”. Esta sal es la del oprobio, no la gandhiana cuyos objetivos no coincidían un ápice con los que comentamos.

¿Hasta dónde queremos llegar? Por supuesto que siempre hay gente: oligarcas, capataces, patrones, que se enriquecen y medran con la ignorancia. La manipulación de la turba resulta la mejor apuesta para quien desea entronizarse por el resto de la vida. Ni siquiera es “dividir para reinar”, sino animalizar para lograrlo.

El estalinismo inventó el Holomodor, la muerte por hambruna de millones de campesinos en Ucrania. El plan era liberarse de los kulaks, propietarios rurales, extirpar el nacionalismo regional, deshacerse de la intelligentsia, forzar la colectivización. Con tal fin se requisó el grano, se incendió, destruyó la mies, el campo, dando como resultado una debacle aterradora. ¿De qué sirvió? En Ucrania se acogió a las tropas hitlerianas con aplausos; la ficción de la URSS se derrumbó con mayor facilidad que el Muro, en Berlín. Pero los gobiernos no aprenden, y sucede así no por incapacidad, pero por ambición extrema, por una carrera insana contra el reloj por acumular posesiones y poder. No les importa.

Y Bolivia va a tener su Holomodor, o genocidio, o como quiera definirse la tragedia que se avecina, donde etnia contra etnia se lanzarán en desenfrenada masacre. A nadie arriba le importa; en primer lugar porque descuentan que siendo el país que somos, será relativamente sencillo arreglar la cosa. Unos pesos aquí, motores allá, cargos públicos, becas, coimas, permisividad ante el crimen, lo que sirva para parchar unos neumáticos que prontos están a desintegrarse. Lectura fácil; lectura errada. El asunto excederá incluso a los que lo promocionan como revolución y cambio. Pero, sabemos como va la mano con los jerarcas, prestos a fugarse con pingües ganancias y dejar el embrollo para que lo solucionen otros.

El país se acerca al borde del precipicio. Soñar con el enojo de Brasil, país bombardeado con cocaína boliviana y que pagará su cuota con la destrucción de parte de su juventud, o con lo que Estados Unidos pueda o no hacer, no sirve; la guadaña del futuro se afila sobre nuestras cabezas. Hay que tomar conciencia del peligro y combatir en estrados o en papel esta sentencia de muerte. O nos queda simplemente morir, sabiendo que no sucederá en una región apacible y próspera donde el fin es benévolo.

Dicen que en Bolivia se convierte en realidad una utopía. Es al revés.
08/07/12

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 10/07/2012

Sunday, July 8, 2012

Fiesta ¿mexicana?


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Don Claudio, me dice Mireya, señora Mireya como suelo llamarla, mis dos hijos se gradúan este jueves, pero la fiesta en el apartamento se hará el sábado. Queremos que venga. Mireya reparte periódicos, cuatro rutas por la noche, acompañada por una de sus niñas. Así, por años.

Tiene nueve. Tres, los mayores, de un primer matrimonio. Ellos se integraron a la sociedad norteamericana con anticipación; su madre nunca lo hizo. Gelasio, el segundo, prepara la barbacoa al estilo negro. Su esposa es una afroamericana de preciosa risa. Por ese lado vienen de invitados un par de muchachas negras, que en apariencia se desayunan con la comida mexicana. Y la cerveza ¿mexicana?, a ver, hay que probarla. Suena como pistoletazo sordo cada lata de Tecate que se abre.

En California, en una historia que en sí es toda una novela, Mireya conoció a Jesús, el Gato. Ojos verdes, brillantes, un rostro que lo haría francés o italiano en otras circunstancias. Buen mozo, dirán, o hermoso como le dice ella, el Gato domina con firmeza. Aquí, ahora y siempre, él sigue siendo el rey.

La barbacoa sale de a ratos, Este es un arte muy negro, ya muy norteamericano -del sur- que requiere de larga preparación y mejor paciencia. Un buen barbecue necesita sus cinco a diez horas de cocimiento. El puerco sale tan suave que se deshace en las manos. Como la carne deshilachada en Chihuahua, pero más sabrosa.

Mireya es de allí, chihuahuense o chihuahueña, pronunciado con “sh”, Shihuahua la bella. Pero es tanta su vida por estos lados que el recuerdo de las calles polvosas del norte, los pinares de la sierra, rostros que pasaron y murieron, algunos que se quedaron, está muy lejos. Su pretérito cercano es Califas, California, donde nacieron sus vástagos, donde conoció los maullidos amorosos de un gato de ojos malévolos.

En un tire y afloje, de esos que abundan en las relaciones sentimentales, Mireya se vino a Denver. Por meses, Jesús vagó en odiseas sexuales. En Califas las mujeres son calientes, chingonas a más no dar. Sin embargo, carta iba y carta venía, entre promesas de cambio y de regreso. El Gato disfrutaba el jolgorio, pero también sintió la falta de una mano permanente que le acariciara el hirsuto lomo de macho. Agarró un tren, a escondidas, porque si con algo no se debe jugar es con el prestigio ganado en el frente. Desaparecer era opción poética, lo llorarían sus viejas creyendo que lo mataron los chotas. Y no, la realidad es que con calzadas verdes botas de avestruz, el rebelde partió a buscar a su familia, a la mujer que lo despertaba con tamales de puerco, algunos con anís, otros con jalapeño. No significa que limó las garras. A veces un gato necesita un refugio consabido para continuar la brega. Pero, como lo indiqué, tiene que ser parte de otra, extendida, historia.

Humea la barbacoa. En una fuente de plastoformo con tres divisiones, Mireya sirve la humeante carnita. Con frijoles puercos, que no sé ni cómo se hacen y prefiero no preguntar, pero que saben tan ricos -entre sorbos de Tecate y chile rojo- como un suicidio. Un tercer compartimiento lo ocupa una ensalada fresca de fideos, salchicha trozada de hot dog, y arvejas, zanahorias, cebolla picada, cilantro, no perejil.

Jesús fabricó seis crías con Mireya, entre varones y hembritas. Pero cuenta con ramificaciones de su hombría en rincones de Ensenada y L.A. Y numerosos vástagos en la Sinaloa natal. Hay que hacerle la lucha, Claudio, me comenta hablando de sus muchachos, “cabrones”, en Culiacán. Tengo dos -entrechocamos las Tecates en salud- que están metidos en la neta, a pesar de que les digo que se vengan, que la pelona no se anda con vueltas. Pero, incluso con el historial horrendo que de esa guerra se escucha en EUA: decapitamientos, tortura, mutilación, los infames pozoleros, no oculta su satisfacción al contar que por las noches “sus” soldados patrullan las calles con cuernos de chivo y granadas en bandolera. Existe una tradición de muerte. Y otra de pobreza, que es la que arroja a estos jóvenes a vender lo único que les queda para sobrevivir: su capacidad de matar.

Me dan ganas de ir. Me gustaría salir en la oscuridad. Sé que vería cosas para nunca olvidar, pero quisiera conversar con gente que vive en el límite entre la luz y lo sombrío. Mi peluquera también es de Sinaloa y narra que las reuniones familiares son cálidas, la comida abundante y buena. Que los gringos exageran, que sí, claro, de cuando en cuando muertitos hay, pero no tantos, o no más de los que hubo. Tremenda lógica.

La reunión no podía ser más ecléctica. Estoy yo, boliviano, el único del más allá. El resto son amigos o parientes, comadres que abundan, de Guerrero y Michoacán. Los jóvenes de aquí mismo, norteamericanos sin estatus. Otra es su movida. Hablan más inglés que español, o esa jerga magnífica que nace de la conjunción de ambas lenguas, sumada a la precariedad de los salarios, al espíritu de ghetto, a la necesidad de defenderse, que el otro no te entienda porque así mantienes la ventaja.

Se me acerca un carnal grandote, con bermudas que dejan ver canillas peludas en cada una de las cuales se ha tatuado, de arriba abajo, “pride”, “orgullo”: de estar entre “bros”, entre hermanos, cuidándose -cuidándonos- las espaldas. Lo raro es que bro puede ser cualquiera, hasta un blanco pobre que se anime a incursionar en la nueva América. En el antebrazo izquierdo, en tinta azul, un mapa con un nombre atravesado: Califas.

Suenan sintetizador, acordeón, trompetas. Tiempo sonidero, la cumbia que México ha dado al mundo. Chojchera, dirían en mi país. Plebeya pero hermosa, bailable. Afirman que la inventaron los djs del DF. Pero yo la sé de acá cerca, de Monterrey, Nuevo León, región donde atruena la guerra del narco con saña. Jesús saca a cada una de sus hijas a la cumbia. Sus botas color crema son de las puntudas, mas no extravagantes. Da unos pases abrazando a su elegante mujer. Luego invita a bailar a sus hijos hombres, los agarra por la cintura. Es un buen día hoy.
25/06/12

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Publicado en Revista EXTRA (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 08/07/2012

Foto: El Santo Malverde

Memoria del Paraná/VIRGINIANOS

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Inútilmente trato de hallar a Horacio Quiroga y la impresión que me causó con sus relatos de trópico. Desarreglo en ello mis papeles, escribiendo y volviendo a escribir para permanecer esas imágenes. Y no tengo éxito. Impulso mi pensamiento hacia el Paraná que vi, para acercarme más. Pero ese río era insulso en sus orígenes brasileros. Aunque recuerdo, en Santa Fe, haberlo conocido en un desborde trágico, allá por el 85, cuando sus aguas corrían árboles como pajas sueltas y el vientre del ganado perecido inflaba, podrida, la atmósfera. Ahí está, puedo iniciar...

Imaginen murallones de roca. Y arriba, empenachando la montaña, la jungla, tiesa en su peligro. Porque es de día. Y en el fondo del canal, el turbión del Paraná, bajando con furia al sur. Piensen que anochece y un hombre va, semihundido en su balsa de bambúes.

El río trae: Camalotes. Arremolinamiento de plantas, hierbas, musgos, yararacusúes que portan en su boca un dolor más grande que el dolor.

El río trae los lodos del diluvio. En los lodos, ojos de ahogados cuyas pupilas jamás reflejarán la luna.

Trae maderos ciegos que embisten y quiebran. Vigas perdidas tronando al truenoritmo de la noche.

El río... por el que escapan los "mensú", jornaleros, esclavos de obrajes. El río mata, salva, crece pastizales y arrebata sembrados.

Suena en Cochabamba una canción del Paraná. Allá por el 82...

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De VIRGINIANOS, Cochabamba, 1991
Foto: Un peñón sobre el Paraná

Publicado en Opinión (Cochabamba), 01/02/1990
Publicado em Presencia Literaria (Presencia/La Paz), 10/06/1990

Friday, July 6, 2012

Votar, ¿por quién?/MONÓCULO


Entre los muchos amigos mexicanos en Colorado, la mayoría se ha “abierto” de la política de su país. Pero algunos todavía guardan alguna fe en que el sufragio puede servir; para qué es la pregunta.

El PRD debiera ser la respuesta obvia, si vamos con la tradición contestataria y progresista con que creció como partido. Y, sobre todo, en oposición a esquemas antediluvianos y corruptos como el del PRI o los ineficientes y sectarios del PAN. Pero ahí el panorama se amplía, crece, y se refleja en los ejemplos de lo que la mal llamada “izquierda” ha hecho y hace en el resto de la América Latina. Con semejantes muestras: Venezuela, Bolivia, Argentina, Ecuador… votar por la izquierda es lo mismo a dispararse en un tobillo. Las expresiones fascistas de la represión a indígenas (incluidos niños y ancianos) de tierras bajas y activistas en La Paz solo lo confirma. Pareciera que la única razón que tiene la izquierda al llegar al poder es la de perpetuarse. El mayor ejemplo subsiste en el Caribe, donde de manera triste una población está obligada a prostituirse de mil maneras para comer. Igual a tiempos antiguos, en ilusión superados, donde el amo era otro y las abyecciones las mismas.

En Paraguay se destituyó a un fornicario, y no lo digo con espíritu pueril y cuasi cristiano, porque el sexo es lo que nos sobrevive y lo que nos da esperanza, pero practicado a espaldas de un uniforme, así sea sotana, implica abuso, utilización de un estado de poder para aprovecharse de otros. A nombre de confesiones y palabra de Dios, el individuo en cuestión obtuvo lo que deseaba, y que no culpe a Satán por el asunto, que el Maligno nada tiene que ver. Lugo acá donde vivo estaría preso, no destituido, pero en nuestros países todavía la dignidad de la mujer va detrás de la del perro, y poco se avanza. Que la derecha lo haya “golpeado” ¿y qué?, si la derecha también era él. Se muerden entre fraternos, siempre sobre el lomo de los que menos tienen. Aplicando de estricta forma los mandamientos revolucionarios, tanto el cura como el payaso de Venezuela y comitiva marcharían cabizbajos al paredón. Que se lo pregunten al Che.

Por cierto, luego de estas reflexiones sangrientas, me abstengo de aconsejar a mis amigos votar por ninguno. Lo mismo que yo, que en el mío, tampoco elijo entre catervas de delincuentes obvios y aquellos en ciernes. Converso con los amigos, compartimos por lo común edades afines y luchamos por el desarrollo de nuestros hijos y les aseguro, sin ánimo antipatriota o descastado, que me alegra infinitamente que mis hijas no vivan y nunca vayan a vivir en el país de mi nacimiento. Que mi nostalgia sea personal, y que mis recuerdos, falsificados o dorados por el tiempo, se queden en mí. Me alegro que ellas nacieran en una sociedad con tremendos errores y falencias también, pero donde todavía se tiene voz, y las cosas funcionan porque hay separación de poderes y nadie, ni el presidente, puede ser omnipotente y dictatorial. Un lugar donde se les permite crecer, vengan de donde vengan, a pesar de extremos que han de superarse como el de no permitir a los hijos de indocumentados estudiar carreras universitarias. Es la derecha norteamericana, la misma que castiga a los indígenas del TIPNIS en Bolivia, la que aúlla en los jolgorios caraqueños, la que pone impedimentos al respecto. No hay que dejar que el poder se acumule en manos de uno o de pocos, aunque para ello se acepte la falible e imperfecta faz del régimen democrático, que es con mucho mejor que el esputo inmundo de los falsos profetas.

Entonces no hay salida –conversamos-, solo la de aceptar que nos fuimos y no retornaremos, y que la búsqueda de lo que fuere para salir de la tierra de cada uno aún mantiene el profundo espíritu positivo del principio. Votar ¿para qué? Para más de lo mismo. Que voten los vástagos en otro mundo mejor.
5/7/12

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 06/07/2012
Imagen: Philip Guston/Summer, 1980

Tuesday, July 3, 2012

El país que buscamos/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Que el “imperio” carga culpas con Latinoamérica seguro. Basta leer Las venas abiertas… de Eduardo Galeano, que es exhaustivo aunque básico. De ahí a que Estados Unidos sea razón y fuerza del fracaso, cualquiera, excede el límite. Qué haría el multifacético pueblo judío si se hubiese dejado avasallar por la culpa de Alemania. No existiría más.

Ese imperio, esta vez sin comillas, ejemplo de grandes males, ejemplifica grandes virtudes también. Y una, olvidándonos de aquellos tiempos de Sacco & Vanzetti como el caso emblemático, es la de contar con un aparato jurídico independiente, donde el juez representa la posibilidad del ciudadano de hacerse oír, pese a quien pese, y de ganar si lo amerita. Se demostró hace unos días, con el voto de un conservador recalcitrante, Roberts, a favor de la reforma de salud de Obama. Algo impensado en Bolivia, imposible… y a lo largo de la América mísera no solo por el legado del colonialismo y la explotación, sino mísera en sí misma, en su incapacidad de superarse, en lo fácil que implica reavivar los patrones de conducta en lugar de buscar otros nuevos. Porque nuevos no son, ni a la legua, el embrujo de los millonarios Kirchner, con lagrimones de pena por los pobres, ni del violador -escudado bajo sotana obispal, Lugo- y menos del juglar de Caracas a quien el destino le arrebata oscura gloria, entre joyitas varias, y multicolores.

Hace poco, en la capital, la contramarcha oficial -los “pros” y “contras” se debieran obviar ya que todos sabemos la verdad de la milanesa, perdón la carretera- atacó a la multitud congregada para vitorear a los marchistas de tierras bajas. Lo hicieron sin riesgo, asegurados de absoluta impunidad, y posteriormente justificados y hasta ensalzados por autoridades en angustiante afrenta a los principios democráticos. Pues bien, esos atacadores, en el imperio, tendrían procesos inmediatos por felonía, porque lo suyo es considerado en términos legales como “asalto” y tendrían que purgar largas penas, de años, por su acción. Aquellos que chicotearon a policías con uniforme, muy posible que recibiesen la perpetua, por atentar contra el Estado. Porque para eso está la ley, para proteger a los habitantes del salvajismo, de la afición alcohólica y maniática de la turba. Ahora, si desde arriba se la alecciona para cometer desmanes, estamos sin duda manteniendo el estado de cosas, pero jugando con fuego, porque no hay reichs de mil años, así se hagan devotos de achachilas o de madonnas. Si para algo los pueblos tienen memoria es para la venganza. Y nadie puede nunca saber con certitud de qué lado vendrá el viento la próxima. Justificamos, desde hace años, la muerte violenta, la ausencia de procesos judiciales, el linchamiento. Si hubiese habido muertos entre los espectadores, aquel día en La Paz, ya los habrían justificado. Estamos apostando a Ruanda, y unos hacen de hutus mientras otros son tutsis, pero si se lee al detalle la historia del desdichado país africano, se encontrará que a veces, también, tutsis eran hutus. De ejemplo último yace el malhadado Gaddafi, elegido, eterno, ferozmente insultado, violado con un palo de escoba. A eso se llega cuando a costa de dolor ajeno se intenta conservar los bienes terrenales.

Cae en lo patológico el delirio del poder. Porque cualquier ser humano con algo de raciocinio suele darse cuenta de lo que es mejor para todos y para uno mismo. Al parecer falta eso, razonamiento. En su lugar han puesto bazofia que ni siquiera puede llamarse ideología; esta ya es palabra prostituida sin valor alguno. Gobierno, hoy, en el continente, es comercio, no otra cosa. Y corren las apuestas. Que en nuestro caso creo que son las de Ruanda y Sierra Leona. Me pregunto si hay reversa, marcha atrás, o vamos por la condena.
02/07/12

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 03/07/2012

Foto: Panga hutu, en una exhibición sobre el genocidio en Ruanda.