Thursday, October 19, 2017

¡Carajo, NO! ¿No entiendes?

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Pues estaban Arce, dicen que inteligente pero creo que solo cabezón, y la Montaño, Gabrielita, de quien las malas voces hablan tanto en el mal sentido -bueno para alguno- que ya ni escucho. Podríamos vender textos a lo loco si diéramos rienda suelta al chisme plurinacional. El primo hermano de Evo Morales, Donald Trump, tal vez lo supera, cierto, aunque los platos suyos carecen de picante y la carne tiene color de pollo.

Estos dos seres, los enviados de Evo, afirmaría que extraterrestres pero aún no se ha comprobado el gusto de los marcianos por el oro, aparecieron en la OEA con criterios inverosímiles. Resabios de El señor presidente de Asturias, pero también de la jocosa, aunque trágica, novela brasilera de hace mucho, El Bienamado. Morales no puede elegirse otra vez, está prohibido, pero… Resulta que hoy, en la Bolivia del faro del fin del mundo, todo es posible y a todo se le halla justificación. ¿Cuál ésta en el caso concreto de los representantes tratando de convencer a Almagro y los países de que Evo, bienamado señor presidente, tiene derecho a una y otras reelecciones? Que es un derecho humano… (Aquí tiene que haber un espacio para el asombro, y porque boquiabiertos vemos que necesitamos cepillar los dientes en este sucio planeta).

Derecho humano. El indiecito que apenas cortó sus abarcas de llantas usadas y cuya trilla no es muy profunda y son más bien modestas, piensa que si no se lo permiten estarán realizando un acto racista porque es aymara, y, pobrecito él, solo en el mundo, castigado por la eternidad, con bolsita de chuño y hojitas sagradas para matar el hambre, sufrirá, llorará, borracho estaba pero me acuerdo. No, no puede ser posible, qué se creen estos agentes de la CIA, si el pueblo boliviano, recua dolorosa según la presentan, alza a gritos su demanda de este para siempre y ningún otro. ¡Belzu ha muerto! ¿Quién vive ahora? Además, inconcebible que estos letrados al servicio de los Estados Unidos no entiendan que sobre la tierra hay algo nuevo, nunca visto (ahora está Trump para competir por el puesto). Asuntos como lo de la Zapata, las acusaciones de pedofilia, de paternidad cobarde y etcéteras son difamaciones, y, si ciertas fueran, es como leíamos en Ricardo Palma acerca del marino Juan de la Cosa: “niño bonito, con pajarito”.

“La princesa está triste ¿qué tendrá la princesa?” El presidente, cabizbajo, pensaríamos que sube a su vieja bicicleta Hércules y pedalea por las soledades del altiplano. Pero, no, ¿cómo?, para él avión, la Hércules para la indiada, porque el señor Morales es cacique tan colonialista como los virreyes y tan feroz como Morillo o Boves, gachupines, durante la independencia. Ser Inca implica estar por encima de los demás, disfrutar de la mejor chicha (whisky etiqueta azul en su caso), de los mejores culos (ñustas y ñustos), de strogonoff y filet mignon, que el thimpu lo coman los daneses, carajo.

Tal vez Morales está en serio inaugurando otra era donde cualquier cosa es derecho humano. Reclamar, por ejemplo, sexo con las senadoras masistas (cosa que no haría ni ebrio) de manera natural. Si el gobierno no lo permite estará atentando contra mi derecho humano. La cantaleta puede ser larga: es mi derecho humano meter mano en el dinero fiscal; derecho humano desvestirse en la plaza Murillo y poner a orear el miembro recién utilizado. Derecho humano enseñar sin título en la universidad, dar misa, extramaunción y hasta acostarse con el muerto. Ni hablar de dar o quitar vida sin ton ni son. O solo el presidente es cromagnon y nosotros neandertales. Cuestiones básicas y vitales para saber si permitimos espacio a la locura o la contenemos.

Mejor, más fácil, más sobrio, además de elemental en cuanto a pluralidad y legalidad, decirle que no, que lo sentimos pero que este preciso derecho humano suyo lo puede convertir en cucurucho y… embolsillarlo. Esta vez no hay derecho ni izquierdo, ni humano ni inhumano. Simplemente ¡NO! Carajo, ¿cuánto te cuesta entenderlo?
12/10/17

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Publicado en INMEDIACIONES, 16/10/2017

Fotografía: Agencia AP 

Wednesday, October 18, 2017

CARRASCAL BOCA ABAJO, de Claudio Rodríguez Morales

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Cuando leí por primera vez, en su versión digital, Carrascal boca abajo del escritor chileno Claudio Rodríguez Morales, sentí ese pequeño demonio de la envidia que salta en la literatura rusa del XIX. Tuve que decírselo, peor el orín que corroe el fierro que una sana profilaxis. Pues, bien, afirmé entonces, y lo repito ahora que tengo en mano el libro impreso, que esta novela era (es) con mucho superior a todo lo que yo había escrito en 30 años de intentos. Y unas pocas cosas más, elogiosas para él, que mejor callarlas por temor a irritar a los damnificados.

Un libro que denota al lado de un furioso talento, la calma del investigador, para dar como resultado un notable trabajo de ficción, de periodismo, de historia, junto a la lección que significa para el futuro indagar en el pasado y desenmascararlo.

2017

Tuesday, October 17, 2017

García Linera, de yapa/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Me cuenta un amigo por correo abierto que compró libros de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, a buen precio; bonita colección. Pero, de “yapa”, envueltos en papel bond, le entregaron “dos bodrios del sunchuluminaria Qananchiri”, a decir: Álvaro García Linera, el Demóstenes de la avenida Atenas, Cicerón del mercado Calatayud, la esencia de la razón sumada a la fortaleza de la letra.

Ni pregunté qué eran, porque si los introdujeron subrepticiamente, incluso evitando que el cliente se diera cuenta, no valía la pena. No es lo mismo decir que le añadimos esta tesis política de gran interés, o el detalle de algún retorcido asunto constitucional.  Uno pensaría en un aditamento de llajua para saborear el libro,  o “aserrín”, como se llama el hueso desechado cuando se corta la carne y que sirve de alimento alto proteínico para perros. Cierto, no habría lógica, pero tampoco la hay en que un gobierno promocione la intelectualidad de uno de sus miembros en un “combo” silencioso. Inteligente sería, o lo pensaríamos tal, si se callara, porque de opiniones suyas, embelesadas y tontas ya nos cansamos. Alguna vez, y de casualidad porque no es nombre de mi archivo, leí, y retomo la misiva enviada, un bodrio que se apodaba poema. De amor, para colmo. Me dije que de yo escribir así, madre y padre me habrían preparado la mochila y enviado a la Legión Extranjera. Si no eres poeta, no creas que sí, a pesar de que en tierra de ciegos los discapacitados rebuznan lo que se desee oír.

Probablemente en un país donde la “noticia falsa” (Era de Trump) es alimento común, GL asegurará que sus textos tuvieron extraordinaria difusión; no aclarará que los envolvieron en papel de acuerdo a la teoría de envolvimiento de emparedados, su último aporte al pensamiento “marxisto”. Mejor, digo yo, si en serio regalaban un trozo de pan. Al menos, el más soso de ellos, tendría un sabor imposible de hallar en la textualidad del vicepresidente que es moto, romo, partido, cortado en su personalidad. Su obra semeja un muñón de mal gusto y ni la venda más alba, ni el alba más pura, arreglarán el desperdicio. Lo que supura, hiede.

Qué tal, y voy a la economía, un dólar de yapa, un billetito del sonriente George Washington: In God We Trust, de aquellos que sobran en palacio, ahí sí, con justificación se podría asegurar que su letra corrió por la multitud y ni siquiera tendrían que esconderlo.

Consideremos por el lado bueno en que es el señor García un tímido literato, que tiene terror de que las hienas del gremio lo asalten y destrocen antes de haber parido pasable engendro. Pero hay maneras de lograrlo, de hacerse un espacio con dulzura y decencia, con solidaridad que no es lo mismo que obligación del poder. Reconozcamos que han ido por lo bajo, porque bien podría la autocracia de Evo Morales inventarse una Feria Álvaro García Linera, a cuya entrada habría en mármol un busto pensativo del poeta, con el infaltable flequillo que hace susurrar al hembraje que es lindo y elegante. Imposible, sin embargo, porque implicaría que el vate anda peldaños arriba del profeta, y Morales no lo permitirá. Mientras la cerviz de los sirvientes se mantenga baja, está bien. Pueden escribir, cantar, danzar, ponerse polleras o el sinfín de extrañas viñetas que son la hostia diaria de esta administración mientras no tropiecen con el halo bienhechor del Zeus de Orinoca. Lo siento, hasta en ello hay límites.

Al menos hubo control, de entregarse estos librillos solo con la compra de obras de la famosa Biblioteca. Porque imagínense si lo adjuntamos a Roa Bastos, A Borges, a Gonzo: estaríamos al borde de un conflicto internacional. ¿Imaginación masista? Porque ni hasta a Trump se le ha ocurrido propagar su voz mediante este sistema. O simples pillos que conocen bien su delito y que añoran llegar a ser un día como el enano de Corea del Norte: implacables y divinos.
16/10/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 17/10/2017



Monday, October 16, 2017

Balada de la cárcel de Leadville

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Dos libros, dos, me traje cuando dejé todo lo demás: la poesía completa de Emily Dickinson y las Obras Completas de Jorge Luis Borges; incompletas, estas, porque vivió todavía.

Pero hasta los dos perdí, cuando tuve que salir corriendo, acompañado de un policía, luego de un día y una noche de cárcel que siempre merecí pero que siempre dolió. Desde entonces no he leído a Emily Dickinson, aunque mi hija mayor carga su tremendo, pesado, nombre. Al ciego sí, a ellos que son Milton y Homero. Y Borges.

En la celda leí a Marco Polo.

El piso olía a jabón. Un preso mexicano me pasó el volumen por las rejas. Que alguien lo dejó, dijo, en el mundo perdido que eran las minas de plata muertas de Leadville, Colorado.

Mi mujer dormía en una buhardilla amarilla. Desde allí se veía el Saloon. Caminé por la tarde con un telescopio recién comprado. Doscientos dólares en billetes de a veinte por la venta del ají de fideo que mis manos ofrecían en el New West Café. Se llamaba. Por tres meses, su nombre y dos socios. Luego el socio rubio puso en la cárcel al moreno.

Leí a Marco Polo. Cuando me arrastraron, las ollas con fideo y chile todavía humeaban. En la prisión, de noche, o anochecido, las luces rojas impedían dormir pero no leer. Color de puta, escribí veinte años atrás.

Miré cómo se alejaba la montaña. Observa el futuro aconsejó alguien. Adelante. E íbamos de bajada. Adelante era el abismo.

Aderecé el fideo con pimienta negra y sal de mar. Rocié el achiote y la cúrcuma por partes iguales para que entre el rojo y el amarillo la comida tuviese color naranja. Naranja de Valencia, no de Chapare, que la cáscara blanda de esta la hace práctica y sin embargo menos dulce. Trozos de carne de res, chorizo. No quería imitar el uchu cochabambino pero también. Y gustó. Leadville tiene montaña y frío. Le presté ají.

Humeaba la olla cuando pusieron las esposas y tiraron mi rostro contra el piso. Aplastado el ojo izquierdo observé la temperatura de la hornilla (si la dejaban así se quemaría el guiso). Quise avisar, dar consejo culinario y con la punta del bastón me dieron un golpe fuerte en la columna. Me aquietó.

Subimos las escaleras, como en la música charra, y presté mi declaración. Inocente no soy pero de este pecado sí. Culpable, entonces, y adentro, hasta que los hermanos manejaran apresurados desde Denver con dos mil dólares de fianza y paños para tristeza.

He conocido las celdas de Cochabamba, de Denver, de Aurora, de Littleton, de lo que hoy es Centennial. Centros de detención y el condado. Me pregunto si de haberme quedado allí, años, me habría tatuado como mi amigo Gabriel, en el brazo, honguitos de Puebla, de esos que alucinan a los inditos al sur. Quizá hubiera escrito algo que valiera la pena, que alegrara los ojos de mi Emily que miraban por la ventana las luces blancas, rojas y azules del coche policial, sin entenderlo.

El telescopio quedó por allí. Pasó de una mano a otra y nunca, ni mis hijas ni yo, miramos estrellas porque no hubo tiempo. La astronomía fue fugaz deicidio.

Emily Dickinson, Jorge Luis Borges. Ellos y cuatrocientos dólares en el bolsillo. Gasté el primer día de mi llegada, 1989, doscientos en putas. Al tercer día no tenía uno. Alguien querido, desde Canadá, mandó por correo cien para el pan. Historia de atrás, vieja, muy anterior a la cárcel de Leadville, a las hijas, el matrimonio.

Oscar Wilde pasó por las minas de plata del pueblo. Había opulencia, imagínense, traer a Wilde. Meses antes de la emigración leí El ruiseñor y la rosa, en una compilación de cuentos que hizo Sábato. Les digo que la celda no tenía la belleza de sus páginas. Me trajeron la cena, no recuerdo. Huevos y algo. Una manzana de postre, de cáscara roja. Me pregunté si el uchu se habría vendido y en cuánto. En recepción me quitaron todo, documentos, llaves, dinero, y me pusieron traje no fabricado con sastre, perteneciente a otro, con sello de propiedad del estado. ¿Azul?, entonces, porque los he tenido naranja, de felón, y cadena en tobillos, muñecas, cintura. De qué me quejo si de igual manera llevamos animales al matadero para devorarlos. Al menos sigo vivo. Solo se comieron, por dos días, mi alma, y perdí mis libros, los compañeros de un viaje que pareció divertido y no terminó. Llegamos tres a los Estados Unidos y quedé yo.
16/09/17

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Publicado en PUÑO Y LETRA (CORREO DEL SUR/Chuquisaca), 16/10/2017

Imagen: Oscar Wilde


Sunday, October 15, 2017

El día que India Summer vino a verme

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

La soledad es mala consejera, dicen, pero buena amante. Se presenta con el abandono, o no. De improviso, con adiós de mano de mujer que crees tener entre tus dedos, atrapada en encantos subjetivos sin peso específico.

Mala consejera, pero ardiente.

Encendí el auto. Se sospechaba invierno. Uno sueña con atardeceres fríos, que luego de un café y torta de chocolate, incitan a continuar el placer. Desnúdate, le dices, mientras dejas un rastro oscuro que la servilleta atrapa de tus labios. Camina desde la cocina, lentamente, y déjame ver tus vellos. Acaríciate las tetas; muestra tu culo. Luego te inclinas, me abres el cierre, la camisa, bajas la cabeza y hundes tu rostro mientras aprovecho una última mirada al partido de Barcelona-La Coruña. No era gol, claro que no, la pelota rebotó fuera de la línea. Árbitro cabrón…

Para entonces ya te frotas, nos frotamos. Llevas los pezones endurecidos como canicas pardas. Estiro la mano hacia tus piernas, entre tus piernas. Los cabellos allí, mojados, se enroscan en el índice, el anular, el corazón y el meñique. Mi pulgar va de atrás hacia adelante y gentilmente te rasca el clítoris con la uña. Alguna vez, una, muy poca, los bañaste de líquido caliente. No te habías orinado, según creí; se trataba de un fenómeno femenino orgásmico. Casi un vaso de agua diría, o una pinta irlandesa, un montón, vamos, un montón de agua tibia con textura de jabón.

Nada dura. A pesar de las cataratas, de los senos puntiagudos, del pubis mojado y tembleque, de la cueva mágica de paredes semejantes a cartones mal prensados, hay un fin. Se acabó. Aquella vez te pedía que me relatases tus experiencias de motel. ¿Cómo te mirabas en el espejo, cómo te penetraba? Cuéntame otra vez lo del sofá, él de rodillas y tú con las piernas (ni te imaginas) abiertas. Tenía mucho pelo, entonces, comentas, y a él le gustaba hacerlo fuerte y sacarlo, y volverlo a poner, y sacarlo y mecerlo como pincel. Luego ya no sentía nada: su miembro flotaba en un mar interior, yellow submarine.

En el suelo, solo con falda, negra por si fuera poco, me acariciaba el sexo, metía dos dedos por vez y los sacaba llenos de jugo. El hombre de pie, frente a mí, agarrando su sexo a manera de revólver, ya desesperado. Se tiró al piso con la lengua afuera, trató de ponerla entre mis muslos mientras lo rechazaba con los pies. Se encabritó y me estiró. Me puso de rodillas e hicimos el amor como animales, cuadrúpedos, montado sobre mí obligándome a caminar por el piso de madera seca.

Eso contabas antes de irte. A las siete y media el auto se calentaba. Detrás de la puerta con malla milimétrica enviaste un beso y agitaste la mano. No te volví a ver. Años después, nunca te perdí el rastro, te vi paseando por el parque Colón, de corte garzón y vaqueros. Decían que tenías dos hombres, hasta tres y yo sabía bien por qué. Nadie más lo sabía. Tonto consuelo.


Actualizado por sobrinos veinteañeros me inicié en la pornografía digital. Incluí un léxico preciso, divertido, insano y en inglés, en mi verbo de avezado lingüista. “Cream pie” era cuando se quitaba el miembro de la vagina y se terminaba en la entrada. Para cualquiera vendría a ser una asquerosidad, pero hay una fascinación única, extrema, en asesinar la vida así. No significa que cada coito acabe en alumbramiento: sería la destrucción del gozo. Pero observar el orgasmo a puertas del cielo, quitándole el refugio de su cubículo ancestral, tiene sabor a dulce desgracia y también a total posesión… depende del punto de vista.

Naughtie Allie tirada en el piso, completamente desnuda y con las rodillas abiertas. Semen casi transparente sobre el sexo afeitado, alrededor del orificio anal.

Sunny Leone observando el pene de su amante ocasional justo afuera de la vulva, temblando, deshidratado, mientras el líquido se escurre y cae igual a lluvia ácida encima de las sábanas color crema.

La soledad trajo mujeres bellas y no tan bellas, altas, petites, culonas, tetonas, artificiales, naturales, peludas, velludas, calvas. Un autor boliviano en el preámbulo de una historia innoble mencionaba a Austin Kincaid. Hacia ella fui, y le fui fiel por al menos un año. No hubo paja donde no me sonriera, donde susurrara con una voz desprovista de talento: fuck me, baby; fuck me, oh yeah, yeah…

Ya para entonces dejé de ser un hombre abandonado y me convertí en uno soltero. Visité las tiendas Fascinations, donde un gran cartel de entrada anunciaba que esto, la pornografía, era más barata que una cita real. Verdad. Rentar un video original y usufructuarlo por tres, cuatro días, hasta cinco si aceptaba la multa de un dólar no tenía parangón. No necesitaba peinarme, bañarme, decorarme, afinar la voz, ejercitar interés literario, cultural, cinematográfico en mi charla. Ni su nombre preguntaba y nunca di el mío. Placer en su esencia íntima, de uno, en uno y para uno (casi se asemeja al discurso de Lincoln a la nación norteamericana). Austin… te fui fiel, lo sabes, te conocí en cada uno de tus rincones y adoré amarte mientras llevabas anteojos, o bajabas el sostén un poco y dejabas que te sostuviera las tetas que chupaba hecho un empedernido bebé.

Pasó el tiempo, los años pasaron, los inviernos, los barros. Hubo un cometa y tres eclipses. Clinton dejó de ser presidente y vino Bush, la guerra, las marismas iraquíes de Basora donde creció la humanidad; donde moría. Llegó Obama, que de negro guardaba el color… Crecí. Me hastié. Las divas porno envejecieron, se retiraron. A ratos visitaba la tienda vintage y alquilaba porno de mi juventud: Seka, la rubia húngara que elogió la verga gigantesca de John Holmes cuando todos lo vilipendiaron por drogo, por marica. Christy Canyon y las tetas monumentales, con mucho vello púbico, como se acostumbraba entonces. Un par de ellas murió de cáncer, una con la que hacía el amor a diario por una temporada y que ni se despidió de mí. Sus videos son ahora de colección, imposibles de encontrar. La muerte le trajo redención, de puta se hizo monjita; de monjita santa, aunque recuerdo su sexo con un clítoris mayúsculo. Parecía que se había adosado a la piel un camarón pistola: rojo, largo, barbado.

Decía que ya no eran ellas las mismas y yo seguía siéndolo. Sabía a traición pero estaba acostumbrado. Recorrí los estantes. Una tras otra desfilaron delante de mí, sentado en frente del ordenador, desnudo, acariciando el revólver y los cargadores, dispuesto a matar y al rato morir. Ninguna hacía mella: no se quedaban. Hasta que conocí a India Summer, una morocha alta, medio delgada, de senos naturales y de vellos decentemente recortados. Me recordó a alguien, a dos de mis amores para ser sincero; hasta a tres si exigía el recuerdo. India estaba perfecta, treintona, no con impudicia juvenil. Esta era una dama. E iniciamos una relación, un amor. Cuando salía para el trabajo me despedía de ella y la despertaba al llegar. Incluso pensé en matrimoniarla. Lo conversamos pero nunca se decidía. Lo único que conocía de su voz era lo mismo que con Austin, oh, yeah, fuck me, oh God, baby, fuck me. Estaba bien, no necesitaba mucho más.

Eran tantas mis visitas a su sitio web que encontré unos sorteos inesperados. Rezaba el anuncio que uno de los habituales de India en las redes tendría la suerte de recibirla en su casa para una sesión de sexo, sin cargo alguno, como premio a la constancia que se marcaba en el número de visitas a su muro. Anoté el nombre, mayor de 18 para no burlar la ley y lo olvidé. Un miércoles recibo un correo donde aseguran que gané, que India estaría en casa el 19 de septiembre, a las diez de la mañana, que si tenía patio mejor para filmar con luz natural. Casi me desmayo. Le puse una vela en la iglesia católica al primer santo que apareció.

El 19 tocaron el timbre. Llegaron técnicos que pusieron quitasoles en el jardín, papel celofán y otros adminículos. Apenas saludaron. Me había puesto mi mejor camisa francesa, de color azul con interior rojo cuadriculado.

Llegó India. Ni saludó. Luego, cuando las máquinas estuvieron en ON, sí, fue cariñosa, se juntó, me besó. Tornó el rostro para preguntar si estaba okey. Antes me habían escrito que necesitaban un comprobante médico demostrando que no tenía Sida ni etcéteras. Yo no demandé comprobantes.

Me desvistió. Puso mi sexo en su boca y no se fijó en los calzoncillos Gucci que me había prestado para la ocasión. Yo estaba encandilado, ni pensaba que varias personas me observaban como a un conejo. India se recostó; obligó a mi cabeza a meterse en ella, casi me ahogo. Luego me montó encima y repitió como en una grabación: fuck me, baby, yeah, yeah. No recuerdo el orgasmo, cuánto duré, si eyaculé gran cantidad o poca. Un asistente me hizo a un lado. Mi sexo iba desinflándose. Con un pincel especial le puso sobre el vientre algo que parecía leche condensada. Se me acercó y dejó caer unas gotas también en el glande. “Lo demás será edición”, entendí. India me dio un beso en la mejilla: thanks, baby.

Un mes después apareció la filmación del premiado, el afortunado cliente que había tenido a India en su poder por una mañana. Ajusté la flecha que iniciaba el video y lo que vi fue insulso, sarcástico, triste. No me reconocí, no era yo.
07/16

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Publicado en ERÓTICA, Antología de cuentos (Selección y prólogo de Ernesto Calizaya), PLURAL, 2017




Saturday, October 14, 2017

Aderezar un presidente para la cena funeraria

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hay costumbres y costumbres. La muerte entre los pueblos llamados primitivos es solo extensión de la vida, a diferencia de la modernidad occidental que digiere la pena, la transforma en recuerdo y la empuja hacia el olvido.

Luego de que el Tezcatlipoca azteca engañara al monstruo de la tierra, Cipactli, quiso que en el futuro se hicieran ofrendas humanas para resarcirlo del daño. En alguna revista de mitología y epopeya que publicaba la editorial Novaro hace décadas, leí que el mismo Tezcatlipoca se ofreció en sacrificio para (siempre) salvar su pueblo. Esperaríamos actuación similar de los que dicen seguir y amar al pueblo, escucharlo y aprender de él. Que dónde están esos líderes hoy que no existen ya tiempos heroicos, no sé. Supongo que aparecen cuando los rezagados, humillados, pospuestos, arriban a la cumbre al llegarles el momento de mandar. Así se habría cumplido un ciclo justo de dolor e igualitario. Que amerita una inmolación, la de agradecimiento y reforzamiento de vínculos, seguro.

Pues, quinientos años pasaron y llegó ese instante. En Bolivia cambiaron las cosas y los de abajo quedaron encima; un volcarse la tortilla inesperado pero que responde a un proceso histórico. Dejando de lado las pautas de la historia y las explicaciones sociológicas, aceptemos que la hora está dada para agradecer a los achachilas. Ellos no han de conformarse con modestas ovejas que desdicen el grandor que inauguró el magnánimo Tupac Yupanqui. El rito no puede ser ni sencillo ni burdo. Ha muerto una era y nacido otra. Los representantes de esta, la última, la postrera, deben comprender que son actores de una visión colectiva que los excede como individuos, que su labor mientras estén presentes radica en alabar y pregonar el definitivo estado de cosas, la ya indiscutible presencia del paraíso en tierra y de la eterna felicidad, expresada para unos en mocochinche de durazno o en cachondeos voluptuosos de la papalisa. El hombre está por debajo del durazno o de la papa que son la carne de Dios, y debe entenderlo. Para festejar a los dioses, aquellos que se han encumbrado, deben bajar con humildad la cabeza y entregarse a la muerte ritual para bien común. Solo así se estaría siguiendo las no escritas reglas por las que la gente alcanza eternidad. Mucho se ha esperado y el cambio al parecer ha tomado contextura de concreto. Inamovible. Se cumplió con el trabajo y ahora hay que cumplir con las promesas.

Lo ideal sería que el sacrificio fuera voluntario y al más alto nivel. Significaría en Bolivia que el Presidente Evo decidiera una fecha, acorde con el calendario andino, para entregar su cuerpo al festín de los dioses. Puede elegir el amauta que ha de degollarlo, las vestiduras de púrpura y oro que recordarían el imperio del sol. Donar el carmesí de su sangre a la oscura greda que fabricó adobes por un milenio. Notable entrega que borraría para siempre las huellas de los advenedizos, los confundirá y enviará por sendas fuera de nuestro dominio. Un acto de grandeza que se perpetuará en piedra en la montaña. Evo quedará como un apu, un tata imponente y la mejor lección.

A él que le gusta el baile, se podría hacer lo que hacen las etnias de Madagascar, de vestir los huesos y sacarlos a bailar en los festejos. Evo disfrutaría ya sin tiempo del carnaval y las bandas; podría danzar en el regazo de las más hermosas, oler las piernas, presentir la vida detrás de los calzones. Sin horario ni esquema, porvenir más porvenir, sin límite.

El primer paso para la iluminación es la ejecución ritual. Luego el devorar la carne en un churrasco majestuoso y popular, para todos (y todas), de puertas (y puertos) abiertos sin restricción. Dicen que los Fores papuanos se comían sus difuntos, la carne para los guerreros y el cerebro para las mujeres. Lástima que en su caso salió mal, porque debido a un bicho incrustado en la cabeza, cisticerco o como se llamare allí, ellas comenzaron a enfermar y perecer. No fue dichoso el rito de los ancestros.

Esperemos que no suceda en el Collasuyo. Se puede, ya que es presidente, hacerle minuciosos exámenes para que no disminuya la población femenina, u, otra opción, preservar su majestuoso cerebro y depositarlo junto a otros inteligentes, como el de Trotsky, peso pesado de cuatro kilos.

Hay discrepancia en si conservar o no los huesos del cuasi santo. De hacerlo, como dijimos, podría participar de la danza y de los cueros. Si se los crema tendrían que ser las cenizas parte del menú, extender la grandeza del mártir a la mayor cantidad de comensales. El libro de recetas Yanomami, de Venezuela y Brasil, sugiere mezclarlas con puré de bananas. Diría que hasta apetitoso suena.

No faltarán elementos ladrones, esos que cargan el hambre por generaciones y que defecan sobre divinidades y épocas, que intentarán sustraer un pedazo de nalga, un dedo, para satisfacer la gula primaria. Así lo hacen en la ciudad santa de Varanasi los santones Aghori Sadhus. Puede que incluso alcance para ellos sin necesidad de delito. Tenemos informes secretos del sastre del presidente que afirman que el cuerpito creció bastante en palacio, fue engordando adrede para el momento trascendente.  

Ahora, la parte culinaria de cómo aderezarlo, y la estética de la decoración. Si habrá filigranas de mayonesa sobre sus reforzados pómulos o lo pondremos de barriga y tendremos más superficie de creatividad. Frotarlo con sal y pimienta primero, remojarlo en chicha para el ablande, pizca de airampo para el color y quinuas desperdigadas por su gruesa humanidad. Se duda si en la boca llevará una manzana al estilo filipino o chirimoya que lo congraciaría con los tropicales. Si atrás, en el nefando agujero que ha complicado la historia de las religiones, se pondrá un manojo de culantro, cabellos de maíz o hasta musuru, el hongo alimenticio. O ramitas de molle que darían impresión de fuente viva y moviente. Luego, tenedor y cuchillo. O las manos. Provecho. Viva la revolución. Jallalla.

10/10/17

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Publicado en ADEANTE BOLIVIA, 11/10/2017 

Tuesday, October 10, 2017

Los huesos útiles de Ernesto Guevara, Che/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Ni me acuerdo cómo quería empezar el texto esta mañana. No suelo anotar las ideas y, escasas como son, se evaporan con el rastro de la primera nevada.

Parafraseo a medias a un amigo y reconozco, no tardíamente, que muchos se están enriqueciendo con la memoria de este hombre. Controversial o no, obligado o no, al menos tuvo la decencia –torpe- de morir por lo que creemos creía. Dicen que previa a su desaparición de Cuba, cuando se lanzó a la guerra eterna, Raúl Castro, el eterno segundón, agitó una pistola. A Che no le gustaban los rusos.

En Cuba venden su rostro en las calles; la mayor exportación, junto con el ron. Y nosotros crecimos con él, su sombra nutrió y formó la infancia de mi generación. Razonar y desmitificar no implica destruir lo íntimo. Fuera de fusilamientos, vanidad, argentinismo, todo lo que pueda echarse encima de un individuo muerto, fue presencia. Regresando de Madrid a Asunción, Paraguay, vi a los esbirros de Stroessner demandar a un joven por qué traía una colección de pins con la imagen de Guevara. Yo seguí la línea de la aduana con la columna vertebral helada porque esa ciudad en tales circunstancias daba miedo. Todavía entonces, 1986, Che significaba algo, y osadía era mostrarlo en público.

Hoy, ayer, Evo Morales, capitalista de cuño aymara, ricachón empedernido, peroraba sobre imperialismo y revolución. Preparó un espectáculo mediático por el cincuenta aniversario de la muerte del guerrillero para festejarse a sí mismo, para hablar de sí, y nutrirse de los muertos como el carroñero que es. Invitado -de deshonor, diría- el vicepresidente de Venezuela, notorio y señalado narco. ¿Era el festejo una cita de negocios de los cárteles de la coca? Bien serviría para este malentretenido oficio de ricos esconderse detrás de los llamados y vilipendiados ojos tristes del difunto.

Que parecía Cristo… Si estos comunistas tienen de secta religiosa tanto que solo les falta vestir casulla y juntar las manos. Pero, no, no podemos calificarlos así, de comunistas, porque estaríamos insultando a la historia, las luchas sociales, los sacrificados, los mártires, los bienaventurados tontos. Evo Morales es un cocalero, nada más, y se beneficia de ello, como del poder, en todo sentido. Su abuso desmedido de la situación, y la orgía perpetua que espera alcanzar con la reelección, lo sitúan no en el panteón de los héroes, con los peros que pongo, y expongo, ante este vocablo por lo general mal utilizado, sino con gamonales, reyes, dictadores, tiranos, pedófilos y violadores. No olvidemos que Idi Amin se reconocía como instrumento de la lucha revolucionaria. Morales es Mugabe pero aparenta ser el Dalai Lama, el Panchen Lama de las tierras altas del sur, con un discurso salvador para la humanidad entera.

Che le cae al pelo. No puede quejarse, moverse, sacar sus notas juveniles de la mochila y mostrar que escribió acerca de la hoja de coca en términos cataclísmicos. Esa hoja que destrozaba y destrozaría al pueblo. Para qué preocuparse siquiera. El panzón Morales camina entre abrojos imagino que en el Yuro buscando el mítico espacio de la rendición.

Luego, ya entre notables, con Linerita y Gabrielita Montaño, harán brindis por el cubano-argentino con whisky de etiqueta azul. Azul el mar, la bandera del MAS y el whisky que consumen.

Qué solos se quedan los muertos, versificaba algún poeta. Y la soledad del comandante Guevara, con los perros disputándose las mejores presas, los buitres devorando el hígado incansable de la multitud, debe ser tremenda, sino horrible. En momentos semejantes hace falta alguien de huevos como el Nazareno para agarrar el látigo y flagelar a los comerciantes del templo. Como si del cuero del “guerrillero heroico” hubiesen hecho tambores donde los patrones, los mismos que combatía aquel, arrojan los dados repartiéndose dólares y meretrices. ¿Victoria? ¿O Muerte?
09/10/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 10/10/2017

Tuesday, October 3, 2017

58 muertos y suman/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En Las Vegas, Nevada. Asesinados desde el piso 32 del Hotel Mandalay Bay por un tipo de raza blanca, rico, cazador y, de acuerdo a la estulticia norteamericana “sin aparente ligazón con organismos terroristas extranjeros”. En los Estados Unidos no se quiere ver que el problema no es ISIS o Al Qeda sino las armas en manos de civiles sin casi restricción. Tal vez, y ojalá, el día que maten a familiares de Trump o algún otro jerarca, dejen de hablar del tonto “derecho” de portar armas de guerra para disimular su miedo. País asustado, aterrorizado, demente.

Primeros informes oficiales de la policía en casa del individuo responsable de la matanza decían que no había nada fuera de lo ordinario. Nada fuera de lo ordinario por supuesto incluye armas. Me pregunto, algo que todavía no se ha respondido en la prensa, cómo es posible que un individuo tenga 10 armas largas en la habitación del hotel. Pero si vemos algunos estados, y lo he visto en Colorado, que quieren autorizarlas dentro de las guarderías y cargarlas como si fuesen carteras en la cintura por las calles, entonces para qué preguntar. Que el tipo murió, suicidado aseguran, me tiene sin cuidado. La muerte de un cazador me afecta tanto como una llovizna. Creo que respecto a personajes de tal índole hay que evadir la piedad y congratularse de su fin cuanto antes. A eso estamos llegando en la era Trump, a una completa y peligrosa insensibilidad ante la muerte. A decir que si los cincuenta muertos son de la grey que votó por The Donald, entonces no importa. 

El presidente, y me trae reminiscencias de Maduro y Evo, discurseó acerca del amor. Los autócratas tienen un prurito especial con este vocablo, les produce un escozor tan dulce como el dinero. Perorata insensata, de pastor protestante, y nada, ni una palabra del drama que está royendo las bases de la nación: el uso y abuso de armas de fuego protegidas y avaladas por la ley. Si se asesina se debe a conductas patológicas individuales; es casi un burdo razonamiento lombrosiano pasado de moda, cuando la tragedia está en la presencia de la segunda enmienda que permite armarse al civil como para una guerra. Y guerra hay, cada año, con veinte mil muertos a través de este medio. Lo dicho, que los vientos promuevan las siguientes víctimas dentro del círculo familiar de Trump. Si tan bueno es, que venga.

Hace poco apareció el representante del Congreso, Scalise, que fuera baleado hace unos meses mientras los diputados jugaban beísbol. Scalise, y no tengo rastro de pena, se presentó en los salones con muletas de brazo para ayudarse a caminar. Gran defensor de las armas, recibió un poco de su medicina. Debió haber sido más. Llegamos a un punto en que la discusión lógica y respetuosa ya no cuenta. La era de la ira, con Trump y los neonazis en busca de su milenio racial, y nosotros, el resto, contemplando que en la fobia se arrastran a sí mismos en la caída. Que los trague la tierra; nadie los extrañará, ni a sus hijos, ni a sus perros…

Horas en que los periodistas visten luto, comentan, preguntan, escuchan testimonio. Lo de siempre, la rimbombancia de los “héroes”, los santos, los buenos, los solidarios. La unidad, el amor, Dios proteja a América y “cuán buenos somos”. No, no lo son, son malos y quizá no per se sino porque tienen miedo. Ratas asustadas y con pistolas. No aconsejables.

La Casa Blanca amenaza con destruir Corea del Norte. Siempre escuché que bombardearían a uno y al otro por el mundo hasta enviarlos de nuevo a la prehistoria: Vietnam, Iraq, Afganistán… En la prehistoria viven los Estados Unidos, enfrascados en lucha cavernaria, suspicaz, miedosa, cruel, cuidándose que los salvajes de la otra cueva no devoren a los de la nuestra. Caníbales.

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 03/10/2017

Fotografía: Arte de protesta de Karen Fiorito, Phoenix, Arizona, 2017

Monday, October 2, 2017

Pequeño París/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

He tardado mucho en recordar París en mis escritos. Quizá porque es demasiado grande para enmarcarla en unos párrafos. Puedo, sin embargo, pintar unas imágenes.

El Boulevard Brune es una avenida extensa en el distrito sur de la ciudad. Allí, escondido, hay un parque con espacio para que jueguen los niños. Pero los niños no aparecen. Sí, amantes y lectores. Añosos árboles se pueblan de sueños dejados por los solitarios. París es eso, un inmenso parque con rincones impredecibles donde uno puede sentarse y pensar. Se equivocan quienes creen que la torre (Eiffel) es el símbolo de la villa. Hay más espíritu en un desvencijado banco del Jardin des Plantes que en los grandes monumentos. En un café cualquiera está la sombra de Baudelaire más que en la Biblioteca Nacional.

Me gustan las mujeres de Montparnasse. Tal vez no sean las mismas que amara Modigliani pero no han perdido su encanto. La boca de la mujer francesa es, sobre todo, fantástica. Y la de la parisina en especial. París es boca femenina.

El jardín de las Tullerías es otro de los majestuosos lugares. Hay que quedarse estático durante horas viendo moverse las flores. No acto trascendental pero de placer.

París, de noche, no se ha dado para el descanso.

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Publicado en TEXTOS PARA NADA (OPINIÓN/Cochabamba), 10/05/1988

Fotografía: Jardín de las Tullerías

Thursday, September 28, 2017

Variación sobre un texto amante de 1988: 13, Grafton Villas

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Porque lo leo y me acojono de pensar que así pensaba. Ni diecisiete tenía sino veintisiete. Pobre Violeta que quiere volver atrás, al 17, cuando yo trato de evitar regresar incluso al día de ayer. Pero, cómo no, un instante de tus piernas cubiertas de medias negras, esa Inglaterra que se hace tan blanca en tus nalgas y que el espejo no quiere creer el contraste. Los pintores de enfrente espían, no pintan, se masturban, porque ante el sol de Cochabamba que viene desde el cerro de San Pedro te desnudas y muestras. Comes indiferente llauchas rojas que venden en la avenida San Martín. Descansas las piernas, les quitas las medias de lunares porque el día eyaculó y al tiro se desmaya.

Parece que al pubis le pasaron aceite, brilla. El pintor Martínez, al frente, en esa ventana con ojos de sexo, peca como Onán. Ya murió. Con él tu recuerdo, el suyo de ti mirándote a quince metros de distancia, envidiando que te tenga yo y no él, yo que ni pinto ni escribo.

Llega agosto y te marchas. Quiero, me dices, que vivamos juntos en Inglaterra, que viajes a mi lado, te acuestes a mi lado, mueras conmigo. Menciono un rastro de sombra en mi texto de entonces: la sombra del alcohol que pone alas en mi espalda y me vuela desde pisos arriba hacia la muerte. Deseo impresionarte con mi cuerpo roto y apenas el doctor da diez puntadas y sonríe. No va a morir hoy, aunque quiera.

Para entonces ya perdí el pasaje. Un avión cruza el cielo en silencio. No te nunca veo más jamás.

13, Grafton Villas, tu casa, la dirección postal. Leeds. Los ebrios corren festejando el triunfo del Leeds United. Este borracho se recuesta en un tronco de molle que huele a orines y llora. Te busco, no te encuentro y sin embargo te quiero, dice una canción del folklore de aquí. Aquí es Bolivia y agosto ha puesto coto al cuerpo, lo ha privado de sangre, de piel, de carne, del rosa de tus pezones ingleses.

Dedicas, luego de tu único retorno, sobre un cassette de los Kinks: To the kinkiest man I ever known...

Copio ahora el epílogo del lamento que publiqué un mes después que secuestraste un avión para huir de mí y me avergüenzo: "Son las once de la noche, las cuatro tuyas. Casi en un sollozo (pensando en Evtushenko), el perro, los árboles, los amigos, la noche y yo te decimos en voz muy queda: duerme, amor...".

2017

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Imagen: Sonia Delaunay, 1908

Wednesday, September 27, 2017

Chejov/EJERCICIOS DE MEMORIA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

A Anton Chejov le gustaba jugar con miguitas de pan mientras nadie lo veía. Olvidaba que Gorki era muy detallista y que habría de contarlo. Chejov, el gran hacedor de diminutas pelotas de pan.

Ricardo, un amigo antiguo, me pidió que escribiese sobre este autor. Como no soy buen crítico, me situaré en sus anteojos y relataré las cosas que va (o iba) viendo Chejov en su diario trajinar.

El campo ruso es intensamente amarillo. Trigales crecen sin medida. La silla de mimbre, fuera de la casona, mueve el horizonte de arriba abajo.

Cuando graznan las cornejas trae mala suerte. Graznan todo el día. Un caballo cansino trae fatigosas visitas y no queda otra opción que aburrirse. El centeno se mueve al son de la brisa.

Soy los ojos de Chejov.

La noche ha caído. La bujía enciende un sol opaco. Letras y tinta se entremezclan como fantasmagóricas figuras venidas del bosque. El ventanal da a la luna. Es cuestión de memoria, escribir: la visita al médico que enloqueció entre sus pacientes; el soldado francés y el beso a un fantasma; todos los cuentos posibles, todas las argucias, presunciones, presagios, males, bienes humanos. Yo, Chejov, como Dios voy inventando el mundo.

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Publicado en TEXTOS PARA NADA (OPINIÓN/Cochabamba), 13/04/1988

Leonard Cohen/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

No conocía las canciones  de Leonard Cohen. Una noche, en el bar de Ronald, lo escuché. La oscuridad llovía, y con el agua se derretían los avisos luminosos de la capital. Solo nosotros en el bar cerrado.

Hablábamos de Che, de Nueva York…

Cinco de la mañana. La voz del hombre en la máquina. Sueño. Miro las piedras en medio del agua que corre abajo. Amanece.

Cuando oigo a Leonard Cohen me viene memoria. Veo a Ronald, la luz de los faroles, la humedad brillosa de la capital.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 27/12/1991

Las Colinas Negras/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Meses atrás leí en CITY PAPER un artículo que hablaba acerca de las reivindicaciones de la tribu sioux sobre las Black Hills, su tierra sagrada. El autor hacía un seguimiento de la historia del lugar antes de la llegada de los colonizadores blancos. Encontró que los sioux habían arrebatado esas tierras a sus ancestrales enemigos, los crow. Estos, a su vez, lo habían hecho con los arapahos. Si bien reconocía las demandas indias como comprensibles y justas, ya que el gobierno norteamericano no cumplió los tratados, se preguntaba a quién se debía retornar las tierras ¿A los sioux? ¿Crow, Arapahos? Porque aceptar el derecho de conquista de unos significa aceptar el de todos.

He amado la memoria de los sioux, De Nube Roja, Toro Sentado, Caballo Loco, Oso Pequeño, pero el artículo me hizo pensar cuán relativa es la justicia.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 20/12/1991

Tuesday, September 26, 2017

Corea del Norte, otra guerra del fin del mundo/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Retórico ya esto de la guerra del fin del mundo. Sucedió con el imbécil de “W” (George Bush) y continúa con el “cretino” (lo llama Charles Blow en su columna del NYT hoy, 25/09) Donald Trump. El bruto ataca en diferentes frentes, en el fútbol profesional, en los ahora 7 países vetados para visado a los EUA (añadió Corea del Norte y Venezuela), en cómo obvia el drama de Puerto Rico porque son latinos en su mayoría los que sufren, y ellos no valen. Todo, todo, para distraer acerca de la investigación sobre Rusia que se le acerca más y más. No sé hasta qué punto los investigadores querrán desprestigiar al presidente, hasta donde debiera, que incluye posiblemente traición, o tratar de salvaguardar las apariencias y dominarlo o dejarlo ir sin mayor escándalo.

Lo cierto es que mientras se retrasa lo trillado y sabido, que Trump está en la boleta de pago de Putin y que este lo tiene acojonado no solo por el dinero que le debe sino por el vicio, filmado, explícito, del millonario, tratará, hasta desatando la guerra nuclear, de evitar su expulsión e ignominiosa caída. Trump se juega la vida porque ¿cuánto quedaría de él como comerciante revelados los secretos? Nada. Tendría que huir, suicidarse o refugiarse en la odiada tierra de Kim Jong-un, el enemigo.

Leyendo el libro de David Eimer, The Emperor Far Away, viajes por la China, aprendo que lo de Corea no es tan simple como lo presentan los políticos, esa oposición entre bien y mal, entre comunismo y libertad, entre hambre/sociedad de consumo.

Después de visitar el problemático desierto de los uighurs, al oeste, de deambular por la también conflictiva, y contradictoria, región del Tibet, el sureste de selvas y minorías selváticas, el autor enfila hacia el norte, la frontera con Corea del Norte. Revela la historia, el conflicto ruso, la aceptación por su descollante papel en contra de la invasión japonesa de la etnia coreana en China, y su reconocimiento de territorio autónomo para ellos, conformando este lo que él denomina la “tercera Corea”. Luego de leer su vasto, sociológico, económico, étnico detalle vamos a la retórica de Trump que reduce el asunto coreano a álgebra simple, suponiendo en ello que la aceptación china de participar junto a Estados Unidos en el estrangulamiento del régimen coreano es cosa simple.

Eimer es claro: Corea del Norte prácticamente pertenece a China, como si fuera otra provincia de su geografía. Implica que no permitirá ni a Trump ni a nadie poner en riesgo su propiedad. Dejando hacer, estaría atacándose a sí misma, a la apertura de consenso en cuanto a la reunificación coreana en torno a Seul, arriesgando que incluso la Prefectura Autónoma de Yanbian y la gran región de Jilin en su propio territorio cayeran bajo este embeleso. Sus diplomáticos pueden votar por sanciones (que no cumple) o declarar lo que satisfaga a EUA; hasta ahí llega. La solidez del Partido Comunista chino no se pone aún en duda y sin embargo nada está comprado con garantía de eternidad. Un asunto conflictivo, bélico, hoy en Corea podría desequilibrarla. Tienen que evitarlo. China sabe, además, que es cuestión de muy poco tiempo, que defenestre a los Estados Unidos de su lugar de líder mundial y se posesione allí. Sus islas fantasmas del Mar de la China, y la misma Corea del Norte, son puntales de una política que lleva las de ganar, en cada ámbito, mucho más en el momento en que un cretino desalmado y vanidoso ejerce de mandatario de un país cuya credibilidad va en aparatosa caída.

Está por verse hasta dónde avanza la retórica. Si se llega, dudosamente, a las armas, la primera y más grande víctima, tal vez no en vidas humanas, será Estados Unidos. De allí no se ha de levantar.

25/09/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 26/09/2017

Imagen: Afiches antinorteamericanos de Corea del Norte

Monday, September 25, 2017

Noche

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Noche de salamandras.

Negroamarillasviscosasylargas apenas se mueven sobre el concreto, y se asombran si les toco el vientre con papeles. Mueren solas lejos del estanque; se han perdido en la oscuridad en la que difícilmente sobrevivimos los dos.

Una mujer grita en la noche; la golpean detrás de las paredes y no la veo. En vano la busca la luz policía, no aparece. El país se acaba sin remedio: todos se matan y desconfían.

Escucho a Neil Young. Me retorna veinte años a la madre. Miro alrededor y no quiero haber crecido, regresado. Es tarde: los asesinos caminan las calles o las aguardan para salir. Los observo, salvo porque mi piel es obscura y me inunda de noche, de barro, de fantasma.

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Publicado en la PRIMERA ANTOLOGÍA PROSA, Unión Nacional de Poetas y Escritores, 1993.



Wednesday, September 20, 2017

Connotaciones bíblicas del gobierno de Donald Trump: Sodoma y Gomorra

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Steve Bannon, el ultraderechista de la Casa Blanca, a quien el New York Times llamó en un editorial President Bannon, ha salido del gobierno, lo han echado en el reflujo del drama de Charlottesville, Virginia, con una activista muerta y los nazis marchando con antorchas y armados para la guerra.

Facciones, lucha de facciones dentro del palacio presidencial. Por un lado los conservadores, nazis incluidos, y por otro los “liberales”, familiares y judíos, entre otros. Cuando comencé este texto el aire olía a caldosa. Luego, paradójico porque hay desastre y tragedia en medio, se calmó. Nada mejor para Donald Trump, en términos políticos, que los huracanes Harvey e Irma. Si bien ellos es posible que le costaron el muro del sur, al menos por un par de semanas alejaron la cada vez más pesada sombra de Rusia.

Ya pasó el agua, la drenan. Se habla de billones, reconstrucción, años. Con más énfasis, hay que anotarlo, que cuando Katrina, ese otro huracán mujer, barrió con los negros pobres de Nueva Órleans. Esta vez fue la rica ciudad de Houston y la no menos rica de Miami y los Cayos. Del Caribe menor, a no ser que fuesen posesiones norteamericanas, no se dijo mucho. La desolación del otro no es nuestra desolación.

Pero estos son tema de un espectro más amplio. Ahora quiero centrarme en el ambiente infecto y decadente que existe, o parece existir, en el círculo íntimo del magnate. Vimos ya videos donde míster Trump habla de agarrar genitales femeninos como si se tratase de peras. Se pueden comprar, supongo, o disculparse si se tocan de improviso. El pecado cubierto de dinero suele no serlo, se convierte en juego de muchachos. Siendo que montón de gente no lo comprendió así, y que media docena de mujeres declaró en cámaras que el niño Donald las había abusado con su ímpetu táctil o más, la desenmascarada sociedad norteamericana igual lo votó. Y hoy es rey, príncipe consorte al menos, de la novia aterrada, la estatua de la libertad, según dibujó un caricaturista denunciando el estupro de Norteamérica.

Charles Blow es un comentarista negro del New York Times. ¿Por qué aclarar el color de la piel? Porque Trump ha llegado con pinceles y Blow lo ha tomado como desafío. Este periodista fustiga al autócrata como creo ningún otro. Desnuda su impostura, su mitomanía. Cuenta además cosas que debían haber sido utilizadas en la sucia campaña presidencial del 2016 por los demócratas, como el hecho del señor Trump haber participado en al menos dos filmes porno, softcore, de la revista Playboy. Si uno piensa que en el pasado hubo candidatos presidenciales que tuvieron que renunciar por habérseles encontrado amante, cuesta creer que la moral calvinista del país se revirtió tanto como para aceptar el vicio como virtud. Pero… parece que sí. Bueno, sabemos en muchos casos, de la vida privada de los santones, Jimmy Swaggart como ejemplo.

El encono político se ceba también en el chisme, y allí leo, en blogs anarquistas o irreverentes, detalles cuasi pornográficos del medio presidencial. A raíz de la declaración de Bannon que Jared Kushner, yerno del presidente, era un cornudo, las redes explotaron. Una hablaba de cómo al rico judío que es bastante callado y dicen que no inteligente, le gusta contemplar a su esposa Ivanka, la princesa de esta historia cenicienta, en coito común con descendientes de esclavos, negros  bien dotados en la mitología sexual popular. Cierto o no, cosas semejantes corren como arroyos de verano. Llevando casi tres décadas en este país y calándolo hondo en todos sus aspectos, temería en dudarlo. La soledad de una nación sin afecto y que se desespera por dar una imagen de comunidad, que no encuentra aunque se esfuerce, es dramática. Mala consejera sobe todo. Para hallar sosiego en la desesperación uno suele rebuscar en lo recóndito, lo oscuro, hasta lo -tal vez- ignominioso. Por supuesto que de oírlo Donald Trump enloquecerá. Que la joya de su corona, la fingida y bastante rústica Ivanka, con aires de virgen de Filippo Lippi, sea seducida, mejor dicho tomada, por negros agarrados de la intemperie, sería demasiado. Pero, ya lo dijo un nazi, equiparando al millonario Kushner, por ser judío, con los negros, era demasiado para la raza blanca que un asshole hebreo la tuviera. Crisol de razas.

Y no olvidemos el famoso Dossier (en manos del Fiscal Especial), que cuenta los versos de The Donald en el puterío moscovita, con prostitutas orinado sobre la cama e imaginaciones seguramente más lascivas y todavía secretas.

Siguiendo en el panorama sexual del mandatario norteamericano más proclive al vicio, dicen que su amigo -y creador- Roger Stone, siempre elegantemente vestido con un look de los años 30, pone avisos en publicaciones del Distrito de Columbia para conseguir jóvenes y encamarlos con su esposa, mientras él filma, contempla, y finalmente participa. El chisme, que es la información del pueblo, puede ser denigratorio, malintencionado, parcial, odiador, clasista, pero siempre guarda un fondo de verdad, porque allí donde habla el pueblo, aseguran que habla Dios.
14/09/17

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Publicado en INMEDIACIONES, diario digital, 19/09/2017

Connotaciones bíblicas del gobierno de Donald Trump: Sodoma y Gomorra

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Steve Bannon, el ultraderechista de la Casa Blanca, a quien el New York Times llamó en un editorial President Bannon, ha salido del gobierno, lo han echado en el reflujo del drama de Charlottesville, Virginia, con una activista muerta y los nazis marchando con antorchas y armados para la guerra.

Facciones, lucha de facciones dentro del palacio presidencial. Por un lado los conservadores, nazis incluidos, y por otro los “liberales”, familiares y judíos, entre otros. Cuando comencé este texto el aire olía a caldosa. Luego, paradójico porque hay desastre y tragedia en medio, se calmó. Nada mejor para Donald Trump, en términos políticos, que los huracanes Harvey e Irma. Si bien ellos es posible que le costaron el muro del sur, al menos por un par de semanas alejaron la cada vez más pesada sombra de Rusia.

Ya pasó el agua, la drenan. Se habla de billones, reconstrucción, años. Con más énfasis, hay que anotarlo, que cuando Katrina, ese otro huracán mujer, barrió con los negros pobres de Nueva Órleans. Esta vez fue la rica ciudad de Houston y la no menos rica de Miami y los Cayos. Del Caribe menor, a no ser que fuesen posesiones norteamericanas, no se dijo mucho. La desolación del otro no es nuestra desolación.

Pero estos son tema de un espectro más amplio. Ahora quiero centrarme en el ambiente infecto y decadente que existe, o parece existir, en el círculo íntimo del magnate. Vimos ya videos donde míster Trump habla de agarrar genitales femeninos como si se tratase de peras. Se pueden comprar, supongo, o disculparse si se tocan de improviso. El pecado cubierto de dinero suele no serlo, se convierte en juego de muchachos. Siendo que montón de gente no lo comprendió así, y que media docena de mujeres declaró en cámaras que el niño Donald las había abusado con su ímpetu táctil o más, la desenmascarada sociedad norteamericana igual lo votó. Y hoy es rey, príncipe consorte al menos, de la novia aterrada, la estatua de la libertad, según dibujó un caricaturista denunciando el estupro de Norteamérica.

Charles Blow es un comentarista negro del New York Times. ¿Por qué aclarar el color de la piel? Porque Trump ha llegado con pinceles y Blow lo ha tomado como desafío. Este periodista fustiga al autócrata como creo ningún otro. Desnuda su impostura, su mitomanía. Cuenta además cosas que debían haber sido utilizadas en la sucia campaña presidencial del 2016 por los demócratas, como el hecho del señor Trump haber participado en al menos dos filmes porno, softcore, de la revista Playboy. Si uno piensa que en el pasado hubo candidatos presidenciales que tuvieron que renunciar por habérseles encontrado amante, cuesta creer que la moral calvinista del país se revirtió tanto como para aceptar el vicio como virtud. Pero… parece que sí. Bueno, sabemos en muchos casos, de la vida privada de los santones, Jimmy Swaggart como ejemplo.

El encono político se ceba también en el chisme, y allí leo, en blogs anarquistas o irreverentes, detalles cuasi pornográficos del medio presidencial. A raíz de la declaración de Bannon que Jared Kushner, yerno del presidente, era un cornudo, las redes explotaron. Una hablaba de cómo al rico judío que es bastante callado y dicen que no inteligente, le gusta contemplar a su esposa Ivanka, la princesa de esta historia cenicienta, en coito común con descendientes de esclavos, negros  bien dotados en la mitología sexual popular. Cierto o no, cosas semejantes corren como arroyos de verano. Llevando casi tres décadas en este país y calándolo hondo en todos sus aspectos, temería en dudarlo. La soledad de una nación sin afecto y que se desespera por dar una imagen de comunidad, que no encuentra aunque se esfuerce, es dramática. Mala consejera sobe todo. Para hallar sosiego en la desesperación uno suele rebuscar en lo recóndito, lo oscuro, hasta lo -tal vez- ignominioso. Por supuesto que de oírlo Donald Trump enloquecerá. Que la joya de su corona, la fingida y bastante rústica Ivanka, con aires de virgen de Filippo Lippi, sea seducida, mejor dicho tomada, por negros agarrados de la intemperie, sería demasiado. Pero, ya lo dijo un nazi, equiparando al millonario Kushner, por ser judío, con los negros, era demasiado para la raza blanca que un asshole hebreo la tuviera. Crisol de razas.

Y no olvidemos el famoso Dossier (en manos del Fiscal Especial), que cuenta los versos de The Donald en el puterío moscovita, con prostitutas orinado sobre la cama e imaginaciones seguramente más lascivas y todavía secretas.

Siguiendo en el panorama sexual del mandatario norteamericano más proclive al vicio, dicen que su amigo -y creador- Roger Stone, siempre elegantemente vestido con un look de los años 30, pone avisos en publicaciones del Distrito de Columbia para conseguir jóvenes y encamarlos con su esposa, mientras él filma, contempla, y finalmente participa. El chisme, que es la información del pueblo, puede ser denigratorio, malintencionado, parcial, odiador, clasista, pero siempre guarda un fondo de verdad, porque allí donde habla el pueblo, aseguran que habla Dios.
14/09/17

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Publicado en INMEDIACIONES, diario digital, 19/09/2017

Monday, September 18, 2017

La Momia y las incongruencias plurinacionales/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Alvarito García, vicepresidente quizá también eterno (terrible drama el de ser siempre segundo, cola de perro) viaja a Nueva York al “Foro de la Izquierda”, centrado este no ya en la toma del poder como hubiera sido décadas antes, sino en la supervivencia de la especie en un ambiente socialmente justo, ecológico. ¿Pues qué hace este feroz depredador de terno y peinado impecable en un lugar así? Habría discrepancias en cuanto a la política de extinción de especies, incluida humana, por la superexplotación de recursos naturales y destrucción de hábitats, si se contemplara la “revolución boliviana” en su realidad y no en la lírica, característica de las izquierdas, falaz y tóxica. Peor sabiéndose que el asunto no está referido a políticas que apunten a beneficiar al colectivo sino a hacerlo de manera personal, para enriquecimiento de las cúpulas y las mafias que las apuntalan. Lo triste que hay izquierdas en el norte, y europeas también, que se niegan a escuchar el discurso veraz de lo que estos tipos, Morales, Linerita, y etcéteras, representan.

Ahora bien, la izquierda depredadora siempre existió. Su presencia se manifiesta en el desierto que es hoy el Mar de Aral, ejemplo palpable de la demencia soviética. O la política del imperio chino en la vasta provincia sureña de Yunnan donde, para beneficiar a la multitudinaria etnia Han, está destruyendo las últimas selvas tropicales y sus numerosas minorías, reemplazando los bosques con granjas de producción de goma. Ahí caería perfecto el tonto de capirote, alias genio, que funge como vicepresidente, entre sus congéneres viciados y delincuentes, aprovechadores del dolor, místicos del dólar y apóstoles de una prostituida miseria.

Nueva York le viene al pelo, porque el odiado capitalismo tiene delicias a las que él y Evo Morales pueden acceder sin problemas. Su amplio bolsillo y un avión particular para ser rellenado de contrabando, hace la cosa práctica. Por unos días serán las estrellas de la Quinta Avenida. Viendo su vestuario, no dudo que visite Gucci y adquiera calzoncillos de a 300 verdes. La recua revoltosa, mugrienta y vanidosa que los sigue, se animará con la vista de lo que el futuro será para ellos con dólares mal habidos y escaso esfuerzo. Dicen que el crimen no paga, pero la revolución sí. Mientras haya idiotas que creen en fantasmas.

El fantasma del comunismo recorre el mundo… cargado de billetes. “Comunismo”, “izquierda”, “revolución”, letras ya sin fundamento ni peso.

Ahora seguimos, supongo por el título del texto, hacia el panorama de la lucha libre: la Momia contra el Santo. Lo quisiéramos así, un espectáculo que adoraba Monsiváis y que refleja un aspecto de la mexicanidad. No, no es lucha libre. Nuestra Momia es el presidente. Hoy que anda de viaje no crítico –viaje de placer- en los Estados Unidos, tratará de conseguir paños lubricados en carísimos bálsamos para su porvenir de esperpento faraónico. ¿O no lo saben, que decidió no solo permanecer de mandatario eterno sino de semidiós en la pirámide que ha de construir en su memoria? Me recuerda a sus, y nuestros, antepasados que adornaban el salón de oro del Qoricancha del Cuzco en calidad de momias. Ellos creyeron, igual que el abanderado del paraíso terrenal, el Dalai Lama de Orinoca, en la eternidad. Bastó un puñado de bestiales extranjeros para desbaratar sueños, veleidades, privilegios. Mientras los soldados de Pizarro arrancaban láminas de oro de las paredes del templo, arrojaban los despojos de los reyes incas, desprovistos ya de joyas y vestimentas, al suelo. El poder no pasa de dudoso hálito. Quien elucubre en su intemporalidad, alucina.

Tendremos mañana, en las Naciones Unidas, a Evo Primero balbuceando la misma cháchara. Como siempre, ante un escenario casi vacío. Luego a probarse las vendas que bañadas en jazmín y aceite preservarán por los tiempos a venir su poco elegante humanidad. Quizá sobre tela, ojalá, para que decoren a Alvarito y lo conviertan en momia menor.
18/09/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 20/09/2017

Imagen: Guamán Poma de Ayala


Sunday, September 17, 2017

A solas con mi cultura

JORGE MUZAM

El mundo es tan vasto y ajeno. Intento caminar sin tanta prisa. Meter la ansiedad en una bolsa de cemento. Las metas consensuadas no me importaron mucho y el resto es un círculo vicioso de noches y días.  Mi única meta, la novela del tiempo, es algo difusa. Es decir, puede y no puede escribirse. Quizá ya está lista y sólo hay que pegar el mosaico. No soy un bebedor solitario, o no lo era hasta hace tres días. Pero el sol primaveral sobre el huerto parece incitar al descorche de un Concha y Toro. Mozart en los audífonos, cerezas que maduran, letras de Ferrufino y Nabokov, un perro hinchapelotas que me muerde la pantorrilla, vendedores de verduras por el camino, el celular que vibra incansable, un chorlito ladrón espantado por un escopetazo.

Soy lento para leer. Fácilmente me desvío hacia tangentes extraliterarias. A veces me quedo en la ventana de Potocki y no vuelvo a lo que estaba haciendo. Cada frase de un buen autor me conduce a reflexiones anexas o a puertas mohosas de la memoria. Mi mente es pródiga en fabricar ucronías, en dramatizar sobre un tablero de cedro los eventos insolucionables de la historia. Boludear, diría una mujer práctica.

Imagen: Karl Schmidt-Rottluff

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De CUADERNOS DE LA IRA (blog del autor), 17/09/2017

Compañero Onfray

JORGE MUZAM

Hay escritores que considero necesarios. Compañía de tramonte solar. Diálogos de sobremesa. Exposiciones tardías. Soliloquios de borracho madrugador. Entre ellos Joseph Roth y Nabokov. Bashevis Singer y James Joyce. Sánchez-Ostiz y Cerezal brindando con una copa de Malbec. Ferrufino y Cingolani como compañeros de batallón. Latido justiciero. Bibliotecólogos de Alejandría. Fusiles aceitados. Sombra trémula de hoja de bambú. Rodríguez de este lado de la colina. Y en especial Michel Onfray. Por libertad de pensamiento, por cultura amplia y puntillosa, de arriba y abajo. Por desconfianza de gato arrinconado hacia el halago. Academia medieval y sabiduría de sobrevivencia digerida de una forma absolutamente personal. Sin descontar el desdén hacia el institucionalismo ancestral, el resentimiento hacia las clases privilegiadas, asco hacia las derechas, poesía inevitable en la narración, reescribidores de la filosofía a partir de la extravagancia lingüística, el dolor personal, las llagas de época, la empatía por todos los hombres y mujeres que vivieron y murieron sin importarle a nadie más, oprimidos desde la cuna, avasallados por sistemas que no eligieron, pero que igual se deleitaron ante una luna musulmana, el primer sol de primavera, las estrellas viajeras que no concedieron ningún deseo, ante los hijos que nacieron y crecieron y murieron alimentados con un soplo de brisa.

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De CUADERNOS DE LA IRA (blog del autor), 17/09/2017

Saturday, September 16, 2017

El Héroe/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Tren subterráneo. Septiembre.

En una estación suben dos personas, y otra, solo mitad, en silla de ruedas. Esta última viste traje y gorra de soldado, con medallas. Piernas y brazos plásticos. Le queda el tronco.

Lleva insignia de Vietnam. Sus viejos padres lo guían. El hombre parece muerto, no habla ni gira la cabeza. En sus brazos ortopédicos, en las muñecas, tiene adheridas ciertas cosas útiles: un cepillo de dientes y un tenedor, en una; una cuchara y un lapicero en la otra. Los ancianos lucen orgullosos. El hijo, con la cabeza quemada, sonríe. No es ejemplo de valor.

Descienden. Silencio. Nada vale un precio así.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 14/02/1992

Imagen: George Grosz/El héroe, 1936

Thursday, September 14, 2017

"La Jungla"/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Viajo en metro. Anochecida tarde de Vienna, Virginia. Muy pocas personas. Un hombre gordo, joven, me pregunta por mi país. Dice que, como miembro del ejército salvadoreño, vio videos de cómo se derrotó al Ché en Bolivia. Entrenamiento de contrainsurgencia. Se define como hombre de D’Aubuisson, el asesino. Su grupo se llamaba “La Jungla”.

Sonríe al contar que en la noche sacaban a la gente de sus casas. La llevaban al “Pozo” y allí la martirizaban. Después de decapitar reunían las cabezas en bolsas grandes para cocos. En la mañana, en camionetas por los mercados, arrojaban las bolsas en medio de la multitud. En un principio la gente corría a ellas, pensando que llevaban fruta. Luego se acercaban a reconocer los muertos…

En tres años de Estados Unidos encontré muchos exsoldados de El Salvador, “refugiados”. Casi todos eran criminales y se preciaban de serlo.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 21/01/1992

Fotografía: Escuadrones de la muerte de la Guardia Nacional de El Salvador 

Tuesday, September 12, 2017

9/11/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Estos números hacen referencia al ataque a las torres gemelas. “El nueve-once”, basta decir, y sabemos acá a qué se refieren. Además que de frente, costado o por detrás nos costó a todos. A partir de allí cambió la economía, se intensificó la seguridad (con los males asociados a ella en países de diversidad étnica), subieron las casas, se estacionaron los sueldos, viajar dejó de ser un placer. Gracias a unos árabes locos.

Pero no, no es tan simple, fuera de no compartir fanaticadas con nadie ni acerca de fútbol y menos de deidades, los “árabes locos” tenían sus razones y, en crudo análisis, válidas, en contra de los Estados Unidos. No fue solo Iraq, o no solamente, ni lo que vino después, sino la larga y triste historia del expolio norteamericano, de la intervención y el abuso. Caen en esa bolsa también ingleses, y rusos, y turcos, y vámonos yendo en la historia hasta bizantinos y normandos. Ese el legado de los imperios: monumentos y dolor.

Asurbanipal, Timur, Gengis Khan, pieles desolladas cubriendo fortalezas de piedra. Ante semejante miseria tal vez la religión aglutinante trajo sosiego. Y al sosiego, con la venia y complicidad –siempre- de las castas dominantes, vinieron los imperios modernos. Si se ha perdido todo, supongo, queda Alá y su profeta, o sus, porque también entre musulmanes no se la dan tibia, por decirlo con sorna.

Aparte de árabes: iranios, filipinos, indonesios. Mahoma ha expandido su desconocida –para mí- fe y ha calado hondo, tanto como la violencia y la muerte. No difiere en mucho del martirologio de las demás religiones; cada una machaca al opositor, al otro, al infiel. Cada una se piensa verdadera y los dioses de barro o de papel adquieren características que exceden su (i)realidad.

En el caso de Irán y el visceral odio de los iranios hacia Estados Unidos, que los jerarcas gringos desean presentar como enfermo, hay un mar de sangre. Quizá ya no se escucha hablar de Mosaddeq, pero hay que buscar en su biografía el drama persa que resultó en el arbitrio insensato de los ayatollas. Si existe un cómplice de la teocracia de Teherán son los Estados Unidos. Fue mejor para sus planes, así no salieran exactamente como los pensaron, que los barbados quedaran arriba. Hubo la posibilidad de un Irán moderno, acorde con la época, de uno revolucionario que acabó con la monarquía y se enfrentó a la religión. Ese Irán, el liberal y hasta cierto punto de izquierda no era posible para la Casa Blanca. Al menos, y a pesar de que se les fue de las manos, es más fácil lidiar con fanáticos que con librepensadores.

Manejaba yo por la avenida Alameda, en Aurora, ese amanecer del NueveOnce. En la radio algún clásico del rock se interrumpió con la noticia: un avión se ha estrellado en una de las Torres Gemelas, Nueva York. En cinco minutos llegué a casa y encendí el televisor despertando a esposa e hijas. La historia no aguarda por dormilones. Chocó el segundo avión y dije tenebrosamente: bien tirado. No se sabía nada pero era obvio. Así lo comprendí, era un ataque a lo que los Estados Unidos representaban en el mundo. Y en el centro de su poder. En momentos similares uno no se pregunta por víctimas e inocencias. Cuesta decirlo, pero esos hechos están por encima de vidas. Ya las horas, los años, van humanizando el acontecimiento.

Sobrevino un torbellino. He escuchado cosas entonces (no escuché, sino he escuchado) que nunca más se dijeron. Luego escribió Chomsky y otras miradas a la tragedia se sumaron al sinfín de opiniones. Bailaban en Ramallah los palestinos y creo que tenían razón de bailar. Miren que esto me costó, y a la mayoría inmigrante alrededor, un mundo. Nos costó la bonanza, la calma. Nos abrazó la ira también, y cómo no, pero esta historia de árabes locos y malévolos tuvo su razón de ser. Aún la tiene aunque no nos guste.

11/09/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 12/09/2017