Tuesday, November 5, 2019

El compromiso del escritor


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

No lo digo en términos panfletarios, ni en el sentido de los literatos rusos que se unieron a la cola de Stalin y mataron una de las más grandes literaturas. Es que el escritor siempre tiene que cuestionar el poder. Mencionarán a Malraux y su labor política, pero en ningún momento Malraux se lanzó a endiosar a nadie. Algo que en Bolivia, y es una lástima, es muy común tal vez por nuestra condición desgraciada. Visible sobre todo en periodistas con ínfulas de escritores que ya no saben cómo estirarse más la lengua para que camine por ella el tirano.

Me centro en Bolivia que es lo mío. Asqueado, hastiado de 14 años de silencio por parte de “colegas” escudados detrás de vanidades de ficción. Me gusta por eso que Guillermo Ruiz Plaza, último Premio Nacional de Novela, opinase al respecto, con sobriedad y firmeza. En todo tiempo y lugar ha habido intelectuales con ánimo de eunucos, y eunucos con aires intelectuales como el señor García Linera, esperpento andino. Nada se puede hacer al respecto, pero, está en la imagen del escritor ser alguien que se interese por lo que sucede en su tierra o donde fuere, y que dé su opinión. No fue así en el decenio y más del imperio aymaroide, capitalista, fascista de Evaristo Morales, hombre que en el poder se hizo millonario y que muestra las peores taras del despotismo latinoamericano, poniendo el falo como punta de lanza de una supuesta filosofía de vida que siempre fue mentirosa. Engendro, el tal Evaristo, de Sodoma y Gomorra, bien caiga el fuego sobre él muy pronto.

Digresiones apasionadas que también tiene que tener un escritor. No necesariamente debe comportarse imparcial, equitativo, racional. Ante tamaño basural como la Bolivia del MAS, hay que reaccionar con fuerza. La palabra mata; quien lee, digiere e interpreta. Alejandro Herzen, cuyas Memorias son uno de los grandes libros de la literatura, fue el alma de la revolución rusa que se preparaba. Se decía entonces que a Rusia la gobernaban dos Alejandros: el zar, y Herzen. Ese es un escritor que sabe lo que implica tener los dones del verbo y utilizarlos en favor de su pueblo. Lo hacía desde lejos, desde el exilio en Londres, acompañado del poeta Ogarev y del incendiario Bakunin. Un tríptico inmortal que publicaba Kolokol (La Campana), la voz de Rusia, continuación y germen de las ideas progresistas. ¿Dónde está el Herzen boliviano?

Veo, ya sin sorpresa, que tímidamente asoman los escritores a opinar sobre cosas serias de la política infame que nos corroe. Está bien. Hubiera sido mejor que su voz fuera permanente, como la de un par de poetas, en La Paz y Cochabamba, que largamente han vilipendiado al régimen cubriéndolo de oprobio de manera directa o con sarcasmo.

Y los hubo, escritores, que apostaron por un lado o por el otro. Pierre Drieu La Rochelle, en la derecha; Ilya Ehrenburg, en la izquierda. Errores cometidos, victorias, derrotas. Quedan limpios ante la historia, con el peso de su magnífica obra de ficción y la lealtad con su ideario. El panorama nuestro es pobre, mísero, el escritor junta las migajas igual a todos. Sí, generalizo, cierto, pero en perspectiva esa es la visión de nuestros escritores ante la situación actual. De nada valdrán sus odas a la libertad muerto el orate gobernante. Hay que hablar justo cuando la cosa está que arde, y antes que arda por igual, anunciando la debacle que se sabía venir desde el lejano 2006 cuando el mandarín, Evaristo I, rey del culo, se subió al estrado con su chompita a rayas. Anunciado estaba, clarísimo, pero nuestros escritores no se dieron cuenta, o no quisieron.
2019

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Publicado en PUÑO Y LETRA (Correo del Sur/Sucre), 04/11/2019

Imagen: Portada de Un escritor en la revolución, Segundo libro de Memorias de Ilya Ehrenburg

El pronto futuro/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El deseo, la esperanza, de ver al déspota salir corriendo. A donde fuere, después se verá para retornarlo. Donde vaya, hasta a la Argentina de la mafia Kirchner, será un segundón, de esos molestosos, a los que es mejor no tener. Nada raro que cualquiera de sus “amistades” lo entregue a la justicia norteamericana, esa que no perdona, de jueces calmos y drásticos, que tiran al Chapo a la soledad infinita. Allí donde el que fuera rey no queda en nada, es un asco en sí mismo, en la blancura de las celdas, todo blanco que daña la vista, sin libros, sin televisión, con 5 minutos de paseo en solitario en un cuarto con techo de cristal irrompible donde se ve un cielo que se va olvidando de a poco.

Allí se destruye la mente. Se hace un vacío, nunca hay noche, siempre hay luz. Y todo blanco, blanco, blanco angelical. Color blanco del demonio. Si el poder fue absoluto también lo es el silencio. Hay gente, países, agencias policiales que esperan solo el momento de la debilidad o la caída para agenciarse al chivo y someterlo a la muerte en vida. No hay discursos altisonantes, no hay visitas, ni madres ni primos, ni guardia siquiera. Un plato que aparece y desaparece. Comida blanca, agua blanca, luz blanca, mullidas paredes albas que ni para romperse la cabeza sirven. Quien mucho arriesga en la soberbia, arriesga más en la desgracia. Cuando nadie está a tu lado, cuando la vida se ha hecho tango en lenguas nativas. Ahí donde se pierde el orgullo y solo se quiere morir. Pero en este caso es cuando la muerte quiere, no cuando tú quieras. Te arrebatan hasta el derecho a tu propia vida. Ni día ni noche, ni reloj ni tiempo, ni manillas ortodoxas ni otras que giran en sentido contrario. Lo peor es cuando los amigos te echan a la jauría, para salvarse ellos. 14 años de gloria no valen los 30 que siguen de solitud sin voces. No valen nada. Fuiste muy estúpido.

Nadie sabe lo que va a pasar en unos días en el país. Algunos lo saben. Otros dudan. Otros desconfían. Los más, los secuaces de turno, los asalariados del poder se cuestionan ¿y si nos equivocamos? ¿No será mejor hacerse a un lado, que se las arregle solo? Son consecuencias de creerse emperatriz. Nadie compra seguridad y menos cariño. Ni existe la mentira del campesino y del agro, fantasías prontas a desaparecer. Como un lunar se agitan cuarenta mil cocaleros. Creen tener el poder. Carecen de él. Están aislados, reunidos, juntos, pasto ideal para castigos y venganzas. ¿Dónde han de escapar? ¿A la Chiquitanía? A las mafias del narcotráfico poco le importa Evo Morales. Lo que hace él lo hará cualquiera. El negocio va viento en popa y no es por el personaje de palacio sino porque es el mejor negocio del mundo. Y en los negocios hay eventualidades, cosas impredecibles. Lo saben y tampoco levantarán un dedo para defender al dictador.

Lo que muestra la situación, el hecho histórico del momento, es que el tirano está solo. Tiene que obligar, pagar, amenazar para que lo defiendan. Contratar sicarios. ¿A cuánta gente pueden matar? Hasta que los agarren y los descuartice el pueblo. Queda el ejército y la policía. Pues, ya dicho, tendrán que analizar si prefieren arriesgar su propia supervivencia o la del orate. Creo que la decisión es sencilla: mejor nos salvamos nosotros. Si este tipo fue lo que fue, que lo pague ahora; no es asunto nuestro.

Los dados se han echado. Fue generala, hasta dormida en un juego de cacho histórico. Y Evaristo perdió. Y el otro perdió. A correr, cabrones.
03/11/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 05/11/2019

Imagen: Christian Rohlfs

Sunday, November 3, 2019

El Che Huevara, el castigo, la realidad, el destino y la esperanza

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Evaristo (alias Evo) escapa. No tiene problemas con dejar lo poco que guarda en el país. Afuera lo esperan billones. Al otro, al sirviente encorbatado, también. Pero hay tristeza: se acabó el reinado de Momo, se entierra el carnaval; terminaron los dólares y las niñas vírgenes y tanto que no sabemos.
Nunca más el reino eterno; de pronto no había sido verdad que era el elegido, el intocable, mesiánico. Sus acólitos se mimetizarán entre el público, y si para desgracia suya el tumulto entra en palacio, ellos serán los que se ensañen por encima de otros sobre el cuerpo mutilado del difunto presidente. Ellos, los que lo veneraron, demostrarán ser los furibundos. Total, acostumbrados están a linchar. El perro rabioso muerde al amo. Y lo van a morder.

Un individuo llamado el Che Huevara, versión boliviana de Ernesto Guevara, amenaza con convertir el país en Vietnam, y/o previene a los gringos no meterse en otra tragedia como aquella. Che Huevara no es el Viet Cong. Che Huevara es ladrón de camiones y chulo. Existe una gran diferencia. Verborrea de la hidrofobia. Ni le presten atención.

Sintomático el silencio del ejército (tal vez me equivoco). Puede ser que algunos ilustrados del montón entiendan que se juegan su existencia como institución. Va en serio. El dictador está solo. No es Víctor Hugo, escritor, que para su entierro reúne un millón de personas; ni Durruti. Creo que Huevara estará más interesado en escapar que en cuidar al fantoche. Solo, en palacio, con su pelota de fútbol y la mano en el miembro lo encontrará la historia, antes del sacrificio.

Nadie lo llorará, ni la Zapata, ni el zapato. Ni lo enterrarán en el museo de Orinoca. Ni siquiera lo van a embalsamar.

Si por suerte escapa, hay recursos legales, jurídicos para hacerlo retornar con grillos. A su musa, el Ñusto, también. Cuando suceda tendremos que hablar fuerte y pedir cambios en la Constitución bajo enseñanza suya. 30 años de cárcel no es convicción suficiente; es feroz pero no letal. Cambiar la ley para que delitos de Estado, mayores como sabemos, y que incluyen traición a la patria, tengan castigo ejemplificador, ese que manda al infierno sin escalas. Siguiendo una lista de jerarquías, sin distinción de género, para que no suceda otra vez.

El reloj de Choquehuanca marcha al revés. Se revierte la historia. La barracuda muere por su propia boca; el perro se mordió la cola. Adiós.
2019


Wednesday, October 30, 2019

Se acabó/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Podría, tal vez, quedarse un tiempo más (Evaristo) pero de poco le serviría. Llegamos a un punto de inflexión. Su poder se ha resquebrajado y no podrá recuperarlo. Al fin parece que van formándose nuevos líderes y el tiempo dirá. Dirá si se va a la cárcel o al exilio dorado. Que lo sigan allí los Molinas y demás, para limpiarle los mocos. Para eso sirven ya que con el verbo no se ajustan al ritmo. Aunque buscan y encuentran amo fácil, no importa por ni de dónde. Lenguas curtidas en espasmos corporales.

Como muestra de la amenaza masista, los “hermanos” incendian de nuevo el Parque Tunari en Cochabamba. Advertencia, dirán, pero no pueden contra un país entero. Evaristo amenaza con el cerco. Se cree el satélite Tupac Katari, por lo inservible será. Cerco. Voy a enseñarles, afirma con dejo criminal. Que enseñe, vamos, y que aparezca, machito de palacio, a enfrentar a la masa que lo vilipendia. Nunca lo haría, se escuda en su peluquero y su modista, en la nulidad del entorno palaciego, en la oclocracia reinante y el lupanar. Maduro ofrece tropas. Las conducirá él mismo por los caminos de América. Apenas salga cien metros de su seguridad lo convertirán en charque para perros. Lo sabe, por ello rebuzna desde adentro. Cristo pone púas de fierro en la punta de su látigo. La espalda de los fariseos suena como pipoca al recibirlo. Imagino el gusto del mesías apaleando a estos, con qué ganas lo haría, con sonrisa bienaventurada. No dudo que apalearía a Francisco papa también, al negro jesuita de maña y espanto.

Llega el lunes y recorto mi columna a la espera. Lunes, otra vez, canta Sui Géneris, pero no es el mismo lunes de siempre. Se juega Bolivia pero ya hay un solo perdedor: Evaristo Primero, rey de la pachamamada, así permanezca unos meses más en el cargo. Regálenle unos Adidas porque saldrá corriendo. Temprano, y no tarde.
27/10/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 29/10/2019

Imagen: "La llegada", por Nicolás de Jesús. Aunque en este caso es "La salida"

Sunday, October 27, 2019

Orate y pederasta. Evaristo Morales y los jóvenes


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

"Algunos jóvenes, por platita y por notita (están) movilizados, engañados". Tú eres el único, cabrón, que hace todo por plata. Prostituto, vendes las nalgas a quien te las paga mejor y abusas por delante de tu posición y tu poder. Demandas núbiles, vírgenes. Las comunidades tienen que proveerte de menores de edad porque eres el tirano, el rey. Las haces parir y te olvidas. Tus lacayos te entregan a sus hijas y nietas a la manera de Rafael Leónidas Trujillo. Aquel era el Chivo y tú el Chivito. A aquel lo reventaron. A Tacho Somoza lo acabó un poeta. Y a Tachito una bazooka. Cierto que el barbón de Cuba murió sin castigo. Pero en sus últimos años era un pobre viejo loco. Tú ya estás loco, orate, te creíste todo lo que te hicieron creer los estúpidos gringos oenegenistas. Eras el mesías, la luz de los pobres. Ninguno de esos europeos tontos te aguantaría un día en el gobierno de sus países. Poco cuesta experimentar con los “inditos”, y escribir huevadas sobre una revolución social que no existe.

Álvaro García Linera camina con fama de sabio. Si es un cojudo, como decía mi padre, recontracojudo, fabricado de retazos mal aprendidos y de una pose marica que supuestamente lo hace elegante. ¿Poeta? Dios mío. “Mi zapatito me ajusta, mi mediecita me hace calor, la vecinita del frente me tiene loco de amor”, “algodones, algodones, tengo chicas a montones”. El Lorca de los Andes. Tarado. Esos versitos no son suyos, los que acabo de poner, sino que los suyos son peores y no quise ser tan drástico.

Los jóvenes protestan. ¿Quién si no? Evo Morales Ayma les arrebata el futuro y ellos tienen razón en bajarlo del poder, arrastrarlo por las calles. ¿Qué piensa el imbécil, que es inmortal? Derecho no tiene para hablar de los que hacen justamente lo que él no: estudiar y trabajar. Repican este su comentario retardado otros Camisas Azules, fascistas de poca monta pero rabiosos, y se lanzan en contra del deseo mayoritario de los jóvenes por un mundo mejor. Pues quizá no, pero si se aguanta un poco el orate tendrá que irse a compartir lecho con el chofer Nicolás Maduro. ¿Dejarán a Linerita al medio? En asuntos nefandos no me meto y que se traguen lo que tengan que tragar.  A algunos les gusta el choclo, a otros la mazorca. Lo dicho, el entredicho es suyo y la entrepierna también. Pero que deje ya de joder y escape con sus millones. Insoportable resistirlo cuando se pone a rebuznar con su gruesa piel de asno y su peinado de cacto desértico. Pesadilla mayor de un país cargado de pesadillas, donde ninguno de los que gobernaron se salva.

De mí no esperen elogios al amo como los que opinó Rafael Puente deseando ser probo e inteligente. Evo Morales jamás fue bueno, y ya llegaba al poder cargado de sangre. Hay que ser claros, no tuvimos un gobierno de indios. Se quiso volcar la tortilla y afianzar las brechas aún más. Las pantallas no son el fondo. Uno no es el jefe Caballo Loco porque ande a pecho descubierto y cuelgue trenzas. Por cierto, Evaristo no es Caballo Loco. Lacayo del capitalismo salvaje, millonario, abusador, ratero. No existe un minuto de su vida, señor Puente, que merezca elogios. Yo nunca fui parte suya. Escribí en su momento que por qué no darle la oportunidad, a sabiendas de lo que se venía y fue todo. Y no es que unos se hayan hecho al lado del déspota porque los iluminó la inteligencia o la ilustración. Fueron abandonados por él como abandona a las parturientas que desfloró. Se cree único, se lo hacen creer el niñito bien y el aiquileño. Correrán a la primera de cambio hasta dejarlo solo.

Si llegó el momento, todavía no estoy seguro, pero creo que la balanza se inclina; ya se inclinó. Aunque se quedara, ya sería parcial, temporal. Los dados se han echado. Bolivia no es Cuba ni Venezuela, Bolivia es insurreccional. Y Bolivia, si ven videos de las marchas, tiene mujeres con huevos como pelotas. Si se enfrentaron al arequipeño, Goyeneche, por qué no habrían de enfrentar a un mísero violador enloquecido.

Deja a los jóvenes en paz, imbécil, que son lo que tú nunca serás. Buscón, bufón.
27/10/19

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Imagen: ANF

Pequeña disección del rincón frenético/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Dicen que Ortiz se bajó los calzones para el MAS, mostrando blanquitas nalgas. Dicen que resultó, que ha salvado a su patrón de la caída en primera de cambio. En la segunda podrán reposicionarse, tal vez, ¿y cómo servirá el hipócrita este allí? Ojo, no estoy defendiendo a Mesa, solo retrato el panorama boliviano donde los gallos que cacarean se vuelven cluecas de la noche a la mañana. Ortiz, Ortiz, qué fama de puto te endilgaste. No me consta, pero me burlo, porque el sarcasmo en un rincón como el nuestro es una defensa contra el arbitrio.

Y cuesta no equivocarse, porque si se habla mal en la tierra hija predilecta, casi de seguro que algo cierto hay. País de la mácula, donde lo impoluto no existe. Habría que hacer una cueca para que bailen los traidores, vestidos de pollera como el imbécil ministro aquel, si lo recuerdan. La fiesta larga, la fiesta única, solo la fiesta. Hasta los mentados ayllus guerreros, a quien España hizo carambola, de guerreros no tienen otra que el linchamiento en grupo alcohólico. Retrato de guerreros embriagados linchando desarmados.

La coca, de sagrada a maldita, a malparida. Sagrada para los narcos, amarga (la chapareña) para los acullicantes que babean verde y son inentendibles. Los habrá iluminado el Espíritu Santo y conversan en lenguas. Oscurecidas y gruesas, como de vaca. De otros, aunque fina, como la del señor que se tildaba de opositor y hoy es secuaz, igual de inmunda.

¿Dónde quedó el mar? Será que Rodríguez Veltzé, meretriz de abolengo, se baña allí. La (en femenino) única bañista, la jurisprudente Veltzé. Habrá recibido besos, chapes como los nombran, de la dupla maravillosa, los gemelos irreductibles, los infaustos Cástor y Pólux de una tragedia que no tiene épica como la griega pero está llena de dengues. Cómo se menea, dice una canción popular de por allí. Como Toña, la Negra. Se menea Veltzé, se menea Ortiz, entre los cientos o miles de sindicados en este lupanar andino y tremebundo de danzantes sexuales pero asexuados.

Por ahí anda un rector que quiere diputaciones, o senaturías, embajadas, o cualquier puterío que haga juego con su piel tostada. Al juez Roy Bean, que hasta Borges nombra si no me equivoco, colgaba mexicanos por culpa del color olivo. El racismo tiene diversas facetas y a veces lo cocinan para darle más fuerza los propios damnificados. Hay gente que quiere cambiar de color. Sea, pero el olor no se lo transforma nadie. Por la nariz te conozco, mascarita. Al francés se lo huele a distancia, por más mesié que se considere y pavonee. Generalizo, sí, claro; me divierto. Si el administrador de la casa mayor de estudios peca de negruras será que necesita terapia del alma, porque ser cabrón ennegrece más que cualquier herencia. Y ser masista, peor.

La noche será larga para contar votos y descontarlos. El debido proceso de los tiranos. Volver el uno, dos, y el dos, cero. Hasta que Damocles suelte el hilo de la espada y descabece a todos. Igual que a María Estuardo, que a diferencia de los políticos machos de Bolivia tenía huevos bien puestos.

Pero mi espera no ha de ser larga. Yo me voy a dormir luego de haber comido y bebido un agua. Que velen los maricas, los que tienen precio, los que se venden y sueltan las bragas. Nosotros que no tememos más que a las mujeres que comparten la almohada, mañana estaremos con la pluma como adarga. Puñales de tinta negra y tinta azul. La palabra nos queda y sabemos emplearla. Con ella desnudamos al rey y vestimos al mísero. La palabra, la parábola. Aunque sermonear a recuas no funciona bien, y menos las cambia. Pues, chicote, entonces, como pregona el Evo, sin saber que los cables se tuercen, vuelcan, y golpean a sus inventores.
20/10/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 22/10/2019

Wednesday, October 23, 2019

Hay que meterle nomás


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Muy simple: Evo Morales nunca dejará la mamadera. Puede perder elecciones, que Jesucristo se le aparezca desnudo regañándolo, no importa. En este último caso tendrá la santificación del papa delincuente, Bergoglio, lambiscón de tiranos. El individuo no va a dejar la silla que usurpa. Si tiene que matar a uno, diez, o un millón, lo hará. Se ha pegado al trono con cera bruta, y sus esbirros se encargarán de que no se seque y el sultán caiga de ella. Lo mismo su eunuco. Claro que este, si cae la cabeza, será descuartizado por el mismo populacho que dice defender, su “nación plebeya”.

No cuenta Morales con que un país tiene límites físicos, que no se lo puede desangrar eternamente. Que va a llegar el día que esté exhausto y no dé más. Ahí tendrá que irse. Claro, siendo cien veces más rico que Donald Trump, avalado e idolatrado por la puta izquierda europea que además de miopía tiene mierda en la cabeza. Ellos lo elevaron a donde está y ellos lo acogerán con las piernas abiertas para disfrutar del ullu morado como si fuese el Espíritu Santo. Allá ellos, que lo pongan de presidente en sus países, veremos cuánto aguantan. Ya estoy cansado de su inconsecuencia, su traición a los pueblos del mundo, kurdos y etcéteras. Mejores que la derecha no son, peor siendo que consideran de izquierda al usurpador boliviano, oligarca y lameculo de oligarcas y multinacionales. Los pobres quedarán pobres con él. Y los cocaleros podrán seguir con el negocio de la droga con cualquier otro cacique.

Simple ecuación, que es la suya: o ellos o yo. Pues, a meterle nomás que no queda otra. El país del todo vale. Tierra de ladrones porque se les permite. Otro gallo cantaría si existiera castigo.

A no confiar en nadie, menos en el Papa Francisco, Almagro, el santón Mujica ni ningún otro. Solo en la razón popular y la fuerza popular. El aguante tiene límites. Si se los alarga, pues qué más. Y, otra cosa, a no olvidar. Es tiempo de que se desmovilicen las fuerzas armadas. Son mayor peligro que Chile. No deben existir. Trabajos forzados, de coronel para arriba, o la pared. Denles un poquito de alcohol, como decía Juan Rulfo, para que no les duelan las balitas. Y a proceder.
2019


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Imagen: Alfred Kubin

Wednesday, October 16, 2019

Lhardy (recordar por recordar)


MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

Lhardy, rancio, sí, pero ya de capa caída. Se nota mucho. Aperitivos de Lhardy: caldo, gazpacho, Marsala, «medias combinaciones» a las que tan aficionado era Abliticas, cuando me lo encontré en 1967, en la barra del bar de la Universidad, y más tarde, en tantos sitios, hasta que se pasó a los balons de rouge, pero eso fue en otro mundo, cuando ejercía de proustiano en el Hôtel Flamel (en realidad un antiguo burdel)… El día que tropezamos con aquel andoba que había dinamitado un periódico y nos dijo que «últimamente» se había hecho anarquista, Ablitas, frotándose las manos de muy cuca manera, le replicó: «¿Ah, sí? pues paga…  » Y le chuleamos vino hasta que nos abandonó en La Palette con una mesa materialmente cubierta de vasos (pagados) y se escapó rue de Seine adelante. Ay, Ablitas, con todo lo que bebimos, hasta un retrato me hizo y luego me quería matar con una pistola con historia golpista que sacaba de casa jurando que antes de que se fuera al otro barrio me iba a llevar por delante porque yo me había hecho «de la ETA»… Hostia, que sí, que así eran las cosas, así fueron. Descanse en paz desde hace mucho ya… Mal recuerdo de su velatorio tengo, malo, con bronca de señoritos fascistas incluida: lo que escribes lo acabas pagando: «Qué quieres, que encima te aplaudan», dijo Ayanz. Con afecto lo recuerdo a pesar de todo. Y a veces me tomo una media combinación, o dos, en Lhardy en su recuerdo y en el de otros de aquel tiempo (Léo Ferré en Richard) que ya no entraran por esa puerta. En Lhardy, sí, estuve con buena gente, Jorge Giménez, editor y  aficionado al Marsala y con Claudio Ferrufino-Coqueugniot en día memorable por tantas cosas. Ah sí, se me olvidaba y también estuve con el erudito Juanito Gambela, en 1994. Él tan flâneur y tan poeta de las calles madrileñas no había estado nunca ni había probado las exquisiteces de la casa –croquetas, barquitas de ensaladilla, hojaldres de riñón o de anchoa…– porque no había llegado el momento de que se las pagara  el Gobierno, allí por donde pasara, porque si no, de las fabadas de tabernón no pasaba. Se quedó embelesado. Recuerdos durmientes que bailotean con un fondo de Dexter Gordon y una copa de polvo en mano muerta.

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De VIVIRDEBUENAGANA (blog del autor), 11/10/2019

Queda poco/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Muy poco tiempo para la consumación de un proceso electoral espurio. Caímos en la trampa. El dúo se salió con la suya y ya festeja pronto el centenario de su ensimismamiento como sátrapas. Eso creen. Junto a la plebe drogada y alcoholizada, bajo lemas imposibles como “mueran los derechos humanos”, imposibles instructivas como violar a las mujeres de los otros, defender la violencia de género, fomentar el estupro, la trata de blancas, el incesto, la parición indiscriminada para el Chivo, padre fundador del mentado estado plurinacional que defienden a rajatabla con “sesudos” estudios los intelectuales cobardes, escoria dispensable.

Ya está hecho, no hay vuelta atrás. Es extraño ver que algunos que alabaron al régimen conforman listas de diputaciones en la oposición. Dudo mucho de las iluminaciones. Esa gente, dispensable también, se juega por premoniciones y coyunturas. Saben, como sabían los esbirros de Auschwitz, que los cañones truenan no muy lejos, y apuestan. Su derecho, claro, pero la misma cháchara de los mismos comensales con el mismo pastel. Que algo cambiará con otros, lo dudo. A no ser que venga uno con espada férrea a cortar cabezas. En Bolivia, país de mesnada, de alcohol y grupos, de supuesta valentía colectiva, eso no va a ocurrir. O decimos un responso por la desde siempre maltrecha república o tengamos una paciencia de 50 o 100 años para ver si algo cambia en la “indiosincracia”, de indios y blancos y mestizos por igual: bolivianos (el hado propicio…).

Hemos sido pasto de un vanidoso y un tarado. Quizá lo merecemos. Tal vez nadie mejor que ellos, el Primero antes que el Segundo, reflejan las angustias, las taras, ambiciones y vicios de todos. Melgarejo, a pesar del historial brutal, sigue siendo un referente. El macho en celo, descontrolado, torpe, abusivo, con dengues femeninos y poca honra. Más de cien años después se reencarna en los susodichos. Sucede en cada pueblo, el asno de Trump renaciendo de las brasas escondidas del racismo y la intolerancia. Pues bien, en realidad no estamos ante ninguna encrucijada sino ante un día común de nuestra miserable vida. Nada va a cambiar si el Cabezón se va, a la cárcel o a la Sorbona; nada si el eunuco se va, a prisión o a la galería de notables. Seamos precisos y realistas. Las opciones de Mesa u Ortiz ¿qué representan? Nada. Ahora bien, hay objetivos primarios: deshacerse de los mellizos malditos vale como primer paso. Luego se verá, dicen. ¿Qué se va a ver? Lo sabemos de antemano. Estas elecciones nunca debieron haberse dado de esta manera, pero es el modo nuestro, autodestructivo, festivo en mal sentido, corrupto y vividor. No queda otra que votar, pobre solución a un enigmático problema que tenemos como país, insalvable, sin solución a simple vista. Basta recorrer el listado de postulantes y ver que a todos se les puede encender la paja de la cola, en mayor o menor grado. Que si hace falta una revolución, a no dudarlo, pero si a la acción física no le sigue una introspección seria, si seguimos siendo la tierra de las Alasitas y el Ekeko ello va a permanecer. Hasta que nos esfumemos como los pascuenses, cuando detrás haya solo tierra arrasada.

Escucho a menudo: “no hay mejor trabajador que el boliviano”. Mejores en cada campo, aseguran. ¿Y por qué no? Entonces existe un problema de matriz, y mental de quienes habitan el cuerpo enfermo. O extirpamos el cáncer sito en lo profundo de nuestro ¿pensamiento? O, pues, a morir. Con Cabezón o si él.
14/10/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 15/10/2019

Wednesday, October 9, 2019

Jaime Senzano, el camino nuestro


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Unos años mayor. No suficientes como para tenernos ajenos. Jaime era, aunque siempre es, sobre todo un hombre valiente. Así lo recuerdo: desafiante, arriesgado, dispuesto sin miedo a los puños sin que ello evitase la sonrisa, la bonhomía, la amistad, el cariño. En una sociedad donde era necesario tener el puño bien cerrado y bien firme, desde pequeños, un entorno hasta brutal que se defendía con fuerza. No hablo de ímpetu machista, hablo de lucha, de protegerse uno y a los suyos. Así crecimos. Así morimos.

Jaime se va. Mi memoria antigua de él era en los campeonatos de natación del estadio departamental. Competían mis hermanos. Competí también sin pasar jamás de la primera ronda, a diferencia de Elena y Armando. Jaime en las graderías, entonando cantos, vivando, entusiasta, dinámico, sin permitir que el ánimo se hundiese en el agua, pasara lo que pasara en la piscina. Mirándolo con admiración, soñando con un tiempo en que sería grande como él, fuerte. Crecimos, nos emparentamos en los recuerdos, en las opiniones, en la música, el baile, la fiesta. Senzano… de Italia, nunca le pregunté exacto de dónde. Ni cuándo, ni cómo. Vinieron, como aparecemos los inmigrantes. Y tozudos nos quedamos, aguantamos, conquistamos la tierra paso a paso, hasta quedarnos allí, ya nuestra, para siempre, hasta la explosión del tiempo en que nos esfumaremos.

Llega la noticia un miércoles con vientos de nieve. Cambios, nada queda, se transforma, aquel principio de Lavoisier que Jaime repetía, que nos lo puso a fuerza de repetirlo Arévalo, el profesor de química. Al científico lo transformó la guillotina. Jaime se hizo a un lado en silencio. Hace un año atrás sonreía, conversaba de ir a Tarata a comer chorizo y tomar chicha. Italiano del valle cochabambino, tradicional como suelen ser los que vienen de extranjero, se mezclan y pertenecen con tremenda raíz. Quién lo hubiera dicho.

No estás. La rayuela sigue volando. A veces va sólida, a ratos tiembla. Como la vida. Será que en el arriba, por darle una posición a donde se van las almas, hay vides y molles, que una parte de Cochabamba se llevó allí para que los espíritus no perdiesen el bucolismo del adobe calentado al sol. Lo entendemos nosotros, en la mixtura que poseemos, que nos dieron y no pedimos y nos hizo únicos, enroscados, fiesteros. Recuerdo tu casa, algún cumpleaños. El karaoke tocaba a Elvis: It is now or never. Ahora o nunca, una opción que no siempre está disponible, porque los vientos nos llevan a donde creemos respirar, nos alejan, separan. Hay palabras que flotan en medio. Y el amor inmaterial imposible de obviar.

Treinta años de vistas esporádicas y sin embargo el afecto no cambió. Sucede que las circunstancias pesan pero no transforman la esencia. Retornamos a la química. Y a César Vallejo, siempre que nos agrede la muerte. Decía el poeta: Y cuándo estaremos con los demás, al borde de una mañana eterna, desayunados todos…
2019



Tuesday, October 8, 2019

El manifiesto de Santa Cruz/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Fuera de donde provengan los actores del evento. No lo sé, ni me interesa. Lo importante del momento es deshacerse de este par de canallas y hacer justicia. Desobediencia civil, sí, y sedición si se necesita. Ello ampara la historia, la vida, la humanidad. Hay que deshierbar para cultivar, organizar para crecer. La malahierba al lado, secándose al sol.

Alejandra Serrate lo dijo bien en el Cabildo de Santa Cruz. Por fin asoman las voces jóvenes, sin la cola de paja, fácilmente incendiable, de los cobardes y corruptos de siempre. Hay que desconocer, declararse rebeldes, defenderse, recordar a Bolívar y a Sucre -como lo mencionó Serrate- Para esto, lo de hoy, mejor nos quedábamos con España. El melgarejismo autóctono, seudo indigenal, tiene que terminar.

Recibo, casi a diario, en la página de Academia.edu, supuestos “estudios” acerca del fenómeno “revolucionario” boliviano. Hay una conjura intelectual, manejada en muchos casos por un estafador argentino en La Paz (en su momento tiene que ser fusilado), que quiere hacer creer que el estupro, el derecho de pernada, el abuso, el trujillismo miserable de los adoradores del falo (por un lado…) son revolución. Sabe bien este “stafador” que tal revolución no existe. Cualquier ladrón hace lo que se está haciendo en el país. No hace falta pensamiento, no se necesitan ideas, para robar. Esos, los intelectuales de lengua con olor a culo, tienen también que pagar. Que la palabra es un arma, y en manos criminales, asesina. Estos son los que encandilan a los cagaleches de la izquierda española, a los culposos gringos bañados en plata que quieren lavar el genocidio que hicieron sus ancestros en América. Esos, y la mesnada de abarca que desea comprar blancura y blasón con dinero narco. Porque no hay, no seamos ingenuos, ninguna defensa de alguna cultura ancestral. Por el contrario, el binomio maldito, incluye a todo este pobre país en un círculo vicioso que quiso exterminar Colombia, que produjo Somalia y tanto más.

Desobediencia civil a la manera de Thoreau mientras se pueda. Gandianos hasta por ahí, aunque la violencia del Mahatma, cubierta con un velo cuasi angelical, era dura e irreductible: puso de rodillas al imperio más grande del mundo. Tal vez el error estuvo en la mística. En eso Alí Jinnah, el fundador de Pakistán, fue más sobrio. La revolución no necesita mística, dioses o religión. Por ese peligroso vericueto se perdió Irán, que comenzó por una lucha por derechos y terminó en una teología sangrienta. La sangre llama a la sangre, por supuesto. Pero la sangre lava.

Lo de la señora Serrate pesa. Hay que salir a la calle. Venezuela, así parezca la rueda sinfín, un día acabará con el chofer y lo colgará de las patas (cuerda larga urge, dados peso y tamaño).

Sugieren que hubo en Santa Cruz un millón de personas. Número con solvencia en tierra despoblada. Pero… Bolivia y la enfermedad colectiva, el síndrome del pongo del que no podemos deshacernos y que caló hondo en la sociedad en todos sus niveles. Por eso se idolatra al gringo, aquí, porque es una reacción enferma ante supuestas superioridades. Y el señor feudal, el que se sienta en la silla de presidente y menea las cerdas de su cabezota inmunda, lo carga consigo también, con la diferencia que tiene inmenso poder y puede jugar al amo siendo otro pongo más.

Veremos si la Chiquitanía fue el hito del fin. Debiera serlo. A construir un circo, si lo es, y poner al masismo recalcitrante dentro, para pasto de jaguares hambrientos. Que la naturaleza se cobrará al estilo romano lo que hicieron los plurinacionales o la mierda que quieran llamarse con Bolivia. Circo máximo, auto de fe.
06/10/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 08/10/2019

Imagen: Simón Bolívar

Wednesday, October 2, 2019

Pirómanos/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El Parque Tunari se incendia de nuevo. Nunca olvidaré a mi padre diciendo, cincuenta años atrás, que el “indio” era enemigo del árbol. Y de ese origen, del que venimos todos, en más y en menos, ese odio se hizo extensivo a gran parte de la población, a campesinos (en su nueva definición), señoritos, damas de alcurnia y cocineras. ¿Será Bolivia la próxima Isla de Pascua? El canibalismo político se convertirá en canibalismo a secas en el desierto.

El New York Times publica un artículo de opinión sobre la fogata del nuevo Nerón en Bolivia. Dice, claramente, que las políticas agrarias de míster Morales, el yanqui-llockalla, son iguales a las de Jair Bolsonaro. Habla, sin utilizar esta palabra, de la conjura del cabezón con la agroindustria cruceña. A devastar la naturaleza para enriquecerse. El Cabezón ya es rico, mucho más rico que Trump ¿qué más quiere? Legado no dejará, uno positivo. Al final será olvidado como su sosías venezolano, esa otra escoria que se llamaba Hugo Chávez, un monigote torpe y vil, como este.

Dice el texto de  Manuela Lavinas Picq, en inglés, de casi diez millones de acres (cinco millones de hectáreas) quemados por la desidia y la mala fe del Cabezón. Un acto de terrorismo que afecta a la humanidad entera. Basta eso, creo yo, para encarcelar a este tipo por 30 años al menos en cualquier corte internacional. Los voluntarios extranjeros comentan que mientras ellos apagan el fuego, los “hermanos” masistas lo renuevan en otro lado. La ejecución inmediata debiera ser regla al encontrarlos con las manos en la masa. Acto de fe con la misma gasolina que utilizan. Ni juicio cabe ya siendo que vivimos en tiempos de Cabezón I, rey de la coca-cocaína, príncipe del porno cocalero y eunuco de sultanes mayores.

Un multipremiado escritor boliviano me comenta hace unos instantes que salió a pasear en bicicleta por Cochabamba y que casi se asfixia. El humo de los incendios del Tunari invadió la ciudad. Quizá, si queman todo, los narcofolkloristas que sabemos construirán foros mussolinianos, hitlerianos, sobre las brasas, loando al caudillo y su peinado permanente, el corte libro, partido en dos, y las inexpugnables cerdas.

Leen mis textos y se quejan de demasiada violencia. ¿Y qué es lo que se ejerce sobre nosotros? No está en mí aceptar el chicote del supuesto amo sobre mi espalda. Hay que defenderse, quitarle el chicote, y apalearlo hasta que no pueda más. Luego tirarlo en la cloaca a la espera de decisiones y colgarlo. ¿O hay otra salida? La broma pesada de las elecciones no llevará a nada. El amo y su hetaira blanca van a hacer lo que les dé la gana. Ya se aseguraron miles de millones en cuentas de islas remotas, a semejanza de la prostituta Kirchner. No se los puede dejar escapar. Ni los masacradores turcos del pueblo armenio se libraron del castigo. Los siguieron hasta sus refugios y los terminaron.

Evo Morales es un ecocida, genocida y otros menesteres traficantes. Criminal internacional. No se le puede permitir más. La estupidez gringa hará poco. La justicia está en las propias manos. Él mismo lo dictaminó como ley: justicia comunitaria. Justicia popular. Que es cuestión de tiempo, sí, pero el tiempo para una vida es breve y si se aguarda morirá de viejo. Hay que hacer responsable también a su entorno, a instituciones, a grupos privilegiados. Bolivia necesita seguir los pasos iniciales  de la revolución irania, donde se descabezó de manera brutal el antiguo régimen. Sin distinción de género ni raza. La ira de Dios, aunque Lope de Aguirre no esté, el gran rebelde.
29/09/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 01/10/2019

Sunday, September 29, 2019

Genio, egoísmo, empatía y muerte


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Comencé a ver el filme Genius a las 10 de la noche; continué a las 3 y la terminé a las 5:30. En medio: sueño, pensamiento, lectura, café, galletas, internet, Ucrania, Rusia, Moldavia.

El genio es Thomas Wolfe, o su editor Max Perkins. Título con ansia de ambigüedad, o simplemente homenaje a dos hombres notables, cada uno en su campo. Suele ser que el editor, con tino, inteligencia y talento, puede realzar una obra que se pierde a sí misma en sus vericuetos. Difícil labor porque siempre enfrenta la vanidad del creador, quien no necesariamente y a pesar de cualquier grandeza, sabe discernir acerca de volumen, espacio, pausa, interés del lector y tanto detalle. Perkins “creó” a Thomas Wolfe, le dio un estrado, comprendió el brillo de su prosa. De las 5000 iniciales páginas de On Time and the River, Perkins obligó a Wolfe a trabajar dos años en su pulido y recorte para imprimir una obra maestra.

Aparece Hemingway por instantes, desmereciendo la obra de Wolfe. Un alicaído Scott Fitzgerald, con Zelda demente, rumia acerca de sus imposibilidades como escritor. La caída es dura mientras más alto se esté. Solo cinco años después de su éxito, camina desesperado. Cuenta que tal año (no sabemos cuál) sus regalías por El gran Gatsby fueron de dos dólares y centavos. El olvido es más seguro que la inmortalidad.

Me gustó la película, excede la existencia de sus personajes. Hay diálogos en donde la señora Bernstein, amante de Wolfe, da consejos que equivalen a filosofía. Las digresiones acerca del éxito y la gloria podrían extenderse a cualquier ámbito. No hay moraleja, sin embargo. Incluso la enfermedad repentina de Wolfe (tuberculosis militar que avanzó hasta el cerebro), su exacerbado ego, y la muerte a los casi 38 años, le da connotaciones bíblicas. Lo eterno es lo más efímero.

Leí a Wolfe en mi juventud. He de hacerlo de nuevo. Jazz en las letras. Tom Wolfe lleva a Max Perkins a un club de jazz de la negra Baltimore, la de Poe. Explica a su recatado y serio editor sobre la ruptura de  esquemas. Nada más ejemplificador que el jazz. Aquí está mi obra, parece decir, el origen de mi obra. En las caderas negras, el ritmo; desfachatez y erotismo. Putas negras. Bourbon. De por allí vienen los Stones, y Bob Dylan.

Hasta que se abre una boca devoradora en el piso y se traga hasta el gris cielo y la lluvia. Necesitamos estar solos para comprender lo que es vivir en colectivo. Nadie es imperecedero, nadie único. Bailar la vida como bailar la muerte, al son de trompetas y tetas sudadas.

Domingos de la calle Clarkson, Capitol Hill. En la terraza tose un marihuano. El olor a mota es lo primero que se siente al entrar. Mi departamento huele a jazmín japonés y guarda calma de nicho. Hasta que despierto y me entristezco con Mozart, o bailo un solo con el taarab de Zanzíbar. Nunca escribiré una obra maestra, pero escribo. Lo que quede, fuera del papel impreso, perdurará un par de años después del silencio. ¿De qué valió el dolor, las dentelladas de las divas? Ellas envejecen, como yo. Y lo que fueron pezones como aceitunas se convierten en guijarros pequeñitos a los que llaman cascajo. A vivir, que nos morimos, y a crear para justificarnos. Trombones y saxofones, que el baile elude el reloj. Cumbia y vallenato, kaluyo.
29/09/19


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Fotografía: Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Tuesday, September 24, 2019

La Chiquitanía y la elección/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Nada evitará el fraude. Si no se detiene al individuo este, los sueños de los estupradores de quedarse para siempre tendrán asidero. Se habla de la economía, pero un país hambriento, mendigo, informal, puede aguantar mucho. Sin contar con el síndrome del pongo tan arraigado en todas sus clases sociales. La manada, la recua, donde imperan los tuertos y manda quien golpea más fuerte. Con la ayuda, claro, de intelectuales abyectos que doran la píldora para la historia, a pesar de que ya no embaucan –tanto- a los gringos tontos que elevaron al tirano al pedestal donde está.

La mala conciencia europea, la inventadora de paraísos sociales, creó al monstruo. Muchas oenegés se hicieron ya a un lado, pero nos dejaron la carga. Recibo cada día estudios, ensayos, acerca del indigenismo, pluriculturalidad y etcéteras. Gente pensante, seguro, e interesantes los temas; vitales, diría, pero sostenidos por la gran mentira de que se ha llegado al nirvana indigenal con el cacique encaramado. Mentira porque Morales ni indio es. La piel no cuenta cuando se manda. El poder empalidece la oscuridad, lo hace blanco, convierte al esclavo en patrón. Regalar, además, un territorio al crimen organizado extranjero borra cualquier logro que se hubiera obtenido con la tortilla volcada. ¿Volcada?, ni soñarlo. Patrones son patrones y retórica, retórica.

Los ya cuatro millones, sugieren, de hectáreas incendiadas –adrede- debieran ser suficientes para enviar al dúo dinámico a galeras, para chicotear, como tanto les gusta, a pillos del intelecto que alaban las malévolas andanzas del curaca, para condenar a trabajos forzados a tantos “hermanos” que se aprovecharon de la abarca para medrar, del sombrero (español) para jugar al pobre indio, pobrecito, y poder robar como si dinero de Alasitas se tratase.

El ekeko, esa figura carismática y querible, se ha trasformado en la imagen del diablo. La vieja y simple controversia entre el bien y el mal parece haber tocado fondo. Si el cáncer no se cura, mata. La abundancia del españolísimo mestizo aymara (dios, qué embrollo) ha hecho que los otrora humildes “deregentes”, y el amo en el trono, hayan perdido todo decoro y estén en abierto pillaje. Repito, el cáncer mata si no se lo bombardea con químicos. Y en el sanatorio no habrá suficientes camas para todos porque se viene el desastre, a pesar de la mendicidad, de la miseria, del aguante de un pueblo especial e incomprensible.

Cuánto más podemos tomar. Hay límites para todo, incluso para los semidioses. Una oclocracia no puede vivir eternamente. A los sans culottes franceses los pararon luego de un par de años de violencia. Bolivia no es una revolución, no se ha visto sans culottes hambrientos de venganza. Aquí de la tienda se apoderaron los comerciantes. Los pobres siguen con las mismas migajas del pasado. O, si se les mejora la calidad de vida, es a costa de elementos como el medioambiente que son de interés general. Poblar la Chiquitanía, el oriente, con gente de occidente es algo que García Linera siempre pregonó. ¿A costa de destruir el futuro colectivo? No les importa. Total, vivirán 10, 15 años más, ricos hasta donde se pueda. Ellos y sus socios capitalistas, incluidos los del lado oscuro, desean dinero y lo obtienen. El cómo no cuenta. Pues tampoco el cómo debe contar al momento de frenarlos.
23/09/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 24/09/2019

Sunday, September 22, 2019

Hey, Jude


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Fue la última canción que el pianista tocó. La gente gritaba. Dos de la mañana. Varias cervezas Guinness y un ruso blanco en el estómago. La mente mareada. Ofuscada. Hey, Jude… no me dejes caer. Ya caímos, Jude, hasta el fondo de la memoria, donde los sueños se confunden con las pesadillas. Narices semitas, judías o árabes, hombros color leche y canela con leche. Pestañas, brassiers, un universo de mujeres y hombres gay. La pareja del lado, en la barra, mujeres. Tatuada una, que me muestra a Frida en el antebrazo y hablamos de Coyoacán donde nunca fui pero miento. Hablamos del sapo, Diego Rivera, de cerámicas precolombinas, de la tinta sobre la piel. Tinta que llevo en el alma, le digo. Alma tatuada de esperanzas e inmisericordia.

Cumpleaños de Viktoria Anatolieva. Pensar que esa muchacha de 31 pudo ser mía, con los cabellos tirados sobre la almohada como marejada de algas castañas. Adobarlas con aceite de sésamo y ajo. El amor es como un plato de comida, un sabor que encoge, amedrenta, gusta; y un recuerdo. ¿Conoces cómo huele una mujer de verdad?, preguntan por carta. Ases fuera de la manga, todo en la mesa, hasta una pistola presta a descargarse, una bala que busca un cuerpo, una muerte que ansía redención.

Peleé por aquel amor con todo lo que tenía. Y nada tenía. Perdí de antemano. Me confiscaron al foso profundo, relleno de figuras goyescas y duendes de voz gutural. Bajos profundos. ¿Chaliapin?, pregunté en la oscuridad, y se rieron de mí. Despierta, que si no estás atento Lilith devorará tus piernas. Sin piernas no puedes correr. Sin nada no sueles ganar.

Domingo acompañado de la bella pesadez de Gainsbourg, de Juliette Greco. La canción de Prévert, las hojas muertas… Ayer comenzó el otoño. Muchas hojas muertas habrá sobre el barrio arbolado. Noches más oscuras; silencio más silencio. Una casa que tenía rosales  en el pasillo revuelve el pensamiento. Pregunto si los padres están en los ladrillos removidos, si no los estamos desgajando con cada pieza que se va. Vivo, sin embargo, creyendo que los voy de nuevo a encontrar, en ese sexto piso sobre la tierra que cavaron. Mirando la montaña, esperando la nevada de la Asunta, la del Carmen, con piezas de un almanaque Bristol que anunciaba las cosas como sabiendo que se perderían. Cubierta naranja, me acuerdo, al lado de la Enciclopedia Británica de la que iba traduciendo mi padre textos extraños. Mi madre hacía ravioles; yo los haré hoy. La baraja no se mueve, no hay interlocutor para abrirla y jugarla. Reyes y reinas, monas y palos de diamante, de trébol, de corazón y espada. Casinos, se llamaba aquel juego. Será otra cosa extinta como tantas. Dinámica, no otra cosa. La pena no sirve para detener el movimiento. Los grillos encadenan pero no matan.

Airam Goizeder, poeta, lee desnuda sobre un árbol, mojados los pies por la borrasca. Dice del amor, enrosca los cabellos en ilusión de hombre. Mientras tanto come cerezas, negras como las guindas de Colomi. Su color sobre el papel es el mismo de la sangre. Escribamos con cerezas que sangre ya no queda. Sin guerra la perdimos. Se fue por los poros como con envenenamiento.

Hey, Jude, ya caí. En vano te ruego, en vano, en vano. Los griegos de Salónica cantan rembétika. Uno creería que el matar te vuelve inmune al amor. No, para nada, ni siquiera eso sirve para curar la enfermedad. Déjalo así, Jude, que para nosotros terminó la música. El baile ha comenzado sin invitarnos. Melancólico como el klezmer de los judíos en Rusia Blanca. Me nutro de música: Alessandro Scarlatti, el llano venezolano, el de los centauros, el terror que todavía me causa pensar en las páginas de Doña Bárbara. He ahí, quizá de ella me viene todo, de que de niño en esas páginas se presentó Eva más violenta que en el paraíso. No es para la pena. Para el olvido, para saborear un tinto como coágulo, aunque de muerto siga probando el sabor del raviol, de si me pasé en la amargura o añadí demasiada azúcar.

Muchas mujeres me llaman esposo y ninguna está, Jude. Hey, Jude. Escucha. Hey, hey, Jude.

Carajo que canta mal el pianista. No disparen al pianista, contaba Oscar Wilde de un cartel en el saloon de Leadville, sí, ese pueblo minero donde pasé la noche preso. Hey, Jude, ¿por qué me envías a la cárcel? No me dejes caer, que si pierdo la escalera te pierdes también. Nick muestra los pechos, varias muestran los pechos. Los maricas causan estruendo, gritan, levantan los brazos y aúllan: hey, Jude, hey, Jude. Parecen felices. ¿Lo estoy? No yo, tengo una pena guardada muy dentro del corazón decía una canción en algún espacio del recuerdo. Hey, Jude, ya no cantes esa tristeza. Trata de hacerlo mejor, de convertirla en otra cosa. Que brille como naranjas de Valencia, como limones sutiles. Esposo, me susurran en la noche vacía, en un lecho de desarregladas sábanas y películas alrededor.
22/09/19

Wednesday, September 18, 2019

Lord Dunsany/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Entre tanto Irak y Michael Jackson encuentro un artículo (Minor Magus) sobre Lord Dunsany, escrito por cierta Laura Miller en ocasión de publicarse una nueva selección de sus relatos en Penguin. El texto es de gran interés y destaca aspectos de la vida de Edward John Moreton Drax Plunkett, décimo octavo barón Dunsany, escritor de literatura fantástica de origen irlandés cuyo nombre, mientras reviso, no está siquiera anotado en mi Biographical Encyclopedia de The Cambridge. Sugiere Miller que su supervivencia literaria se debe más al rescate de los amantes de la nueva literatura fantástica, que lo consideran un predecesor, que a la extravagante y rica en anédotas existencia que llevó, a su amistad con Yeats y Kipling o a su perdurable influencia en Lovecraft.

Ya antes, pero mucho después de que el cine destapara a J.R.R. Tolkien al gran público, la literatura fantástica en lengua inglesa se ha ido desarrollando a pasos desmesurados. Quizá se deba a una inconsciente angustia existencial, del norteamericano sobre todo, de sentir la falta de raíces y tratar de recuperarlas en la rica mitología celta o en las variaciones que su imaginación fermente en jóvenes autores de ficción. Hay hoy una profusión de libros, películas, comics, figuras coleccionables, juegos de computadora o de mesa que hablan de reinos fabulosos, reyes, monstruos, lugares de ortografía seductora y misteriosa. En sus "Días de ocio en el país del Yann" Dunsany cuenta, a través de su protagonista, del hallazgo, en una de esas ciudades de ensueño, de una gigantesca puerta de marfil que muestra al acercársele ser de una sola pieza. Aterrado, el hombre se aleja sabiendo que aquel material sobre el cual se ha tallado la portada no puede ser de ningún animal que el hombre pueda matar; se debe, sin duda, al colmillo perdido por un ser de excepcional grandeza que volverá a buscarlo. El horror se detiene allí, Dunsany no explica ni describe a la criatura, sólo anota que sus presunciones eran ciertas viendo "lo que sucedió después".

Dice Borges, y lo consigna Miller en su artículo, que Dunsany prefigura a Kafka en su cuento "Carcasona" donde un grupo primero, y luego de intensa tragedia dos personas: un bardo y un rey, envejecen en vano intento de encontrar la mítica villa de mármol rodeada de murallas. El tiempo cíclico, infinito, horror que principia pero que no tiene fin, un cuerpo enterrado en el cieno del Támesis, sin digna sepultura, deshecho por las mareas y reconstituido por las tormentas y eternamente devuelto a su lecho inmundo, con la plena conciencia del muerto que siente y ve lo que sucede con sus despojos. Finaliza -felizmente- cuando el hombre despierta y comprende que ha estado soñando.

En su Biblioteca de Babel, Borges alega, prologando a Dunsany, que "Matthiew Arnold, en 1867, había declarado que lo esencial de la literatura celta es el sentimiento mágico de la naturaleza; la obra de Dunsany confirmaría espléndidamente esa aseveración". Tema que sin embargo lo puso en las primeras décadas del siglo XX no en oposición pero sí en diferencia con los literatos irlandeses que hallaban que debía existir un compromiso entre lo literario y la independencia de Irlanda. Mientras lo onírico, y profundamente irlandés, primaba en Dunsany, otros como Yeats se afirmaban en sus convicciones políticas en un tiempo decisivo para el país, con la rebelión del año 16 y la fundación del estado libre el 22. Razón que posiblemente pesó para que Dunsany no fuese invitado en calidad de privilegio cuando Yeats fundó la Academia Irlandesa de Letras en 1932.

Pedro Henríquez Ureña lo conoció en Nueva York y habló de su "conmovedora necesidad de ser admirado". Tuvo una vida fácil, de riqueza y bienestar, tal vez por eso, por oposición o consecuencia, se juntó al peligro: soldado en las guerras boer y en la Primera Guerra Mundial, cazador de leones, quiso también matar un tigre cara a cara en una de sus aristocráticas visitas a India. Estudiante de Eton y buen ajedrecista, escribió sobre ajedrez y obligó tablas a José Raúl Capablanca.

Sus relatos carecen de argumento, fluyen como los sueños. Lo que en Tolkien adquiere solidez en la novela, queda en Dunsany como un vaho nebuloso pero bello y trascendente.
03/02/05

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Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), febrero, 2005
Imagen: Fotografía de Lord Dunsany


Tuesday, September 17, 2019

Cansancio/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

No sé. Pensar, escribir. El mundo es tan ancho, tan intenso, variado e interesante. Y uno tiene que perder el tiempo con un par de jumentos coronados porque alguien tiene que hablar. Pesa que las horas se vayan detrás de los pasos inmundos del cabezón aquel y su sílfide acompañante.

Solo un asno, un imbécil, puede querer pasarse la vida gobernando y robando. ¿Dónde queda la esencia humana, la intimidad, la delicia de saberse y estar solo? Consigo mismo… ¿Qué tipo de animalejo tiene uno que ser para desear sirvientes? No son los millonarios los que permanecen en la historia, no son los tiranos. Quienes dan forma a la humanidad son los hombres simples, los artistas, los individuos, no cualquier caballo que no tiene otra cosa para llenar su vacío que la idolatría ajena. El mismo robo… ¿Cúal es el fin? Lujo, mujeres, hombres, eunucos, transgénicos, fetiches, vicios, todo lo puede comprar el dinero. No sirve si en la cabezota no hay otra cosa que excremento, si el tipo cree ser más de lo que es, si construye museos para sí, si incendia como Nerón y abusa como Trujillo.

Triste el país que tiene un monstruo encima. Extraño metabolismo ese, de digerir mierda. Como siempre trato de evitar pensar en las opiniones despectivas acerca de los pueblos, pero llega a ser casi imposible no imaginar que si el pueblo traga mierda, mierda es.

Vanidad… Bolívar vanidoso. Páez y Santander, que eran lo suyo, lo acusaban de emperador. Pero Bolívar era un hombre de grandeza tal que se lo permitía. No quiso ser rey, no; al leerlo se ve claro lo que quería. Y ahora lo emulan bufones de la peor especie. Lumpen bolivarianos, rateros, delincuentes, pedigüeños, desde el tuerto y cornudo Kirchner, pasando por el ladrón Lula, el saltimbanqui Chávez, el marica Correa, y este par de especímenes en casa, lombrosianos dignos del museo de Ripley.

Escucho música venezolana. Ahí viene Montilla… un hombre tan valeroso y a Montilla lo han matado… Pienso en los “valerosos” gobernantes de Bolivia. En primer lugar no sirven para nada; buenos para lo malo, no en el sentido inteligente de Lucifer, sino en el de la angurria ingobernable de los estúpidos. No se rebelaron contra nada. Jugaron con las coyunturas, reunieron lambiscones para que amamantaran de sus pequeños testículos y pare de contar. Ni ideología ni programa. Muestran, sí, que para que Bolivia progrese, hay que deshacerse de mucho. Sonará hitleriano, otra noche de cuchillos largos, pero parece que las opciones se terminaron. Si tuvimos taras pues se acentuaron. Estos nos han convertido en un pueblo tarado, país fallido, cobarde, nauseabundo, detestable y despreciable. Si queremos seguir así, valga, pero hasta para las decisiones tontas hay límites. Se darán en lo económico, en la desintegración social. Pagaremos bien largo. Aceptarlo o evitarlo. En medio no hay nada. No pasa por la elección sino por la reacción.

La historia es larga con la traición de los comunistoides, los vividores del legado de quien fue tal vez un gran filósofo: Marx, que poco tiene que ver con los vendedores actuales. Sobre Rusia se decepcionaron Gide, Istrati y Jorge Amado. Faltan dedos para contar la decepción ante la gran mentira socialista. Peor ante la mentira del falso socialismo, del llamero y el sacristán, y de los que los rodean, comenzando con el ojoso y la lacra campesino originaria y no sé qué otra adjetivación que ni interesa.

Papini hacía decir a Vladimiro Ilich que diez millones de campesinos valían lo que un obrero. Bolivia vale entonces uno y medio ¿será? Hay que terminar con subjetivismos y ver la realidad. Ni ilusiones ni inventos. Hoy se muestra lo que cada uno es. Y cada uno debe recibir por lo que hizo, de abarca o de corbata. Tábula rasa.
15/09/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 17/09/2019

Tuesday, September 10, 2019

A defenderse/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot 

Siguen los fuegos. Bolsonaro tiene más estrado que Evo Morales y lo opaca. Esta vez le conviene al vanidoso. Porque hasta los alemanes dicen que el curaca está quemando la Amazonía para dar hamburguesas a los gringos. Con sus aliados banzeristas, la extrema derecha cruceña, los millonarios, a los que no les importa si se destruye un país porque con su dinero pueden vivir donde quieran. Pero a nosotros sí nos interesa, aquí vivimos y vivirán nuestros hijos. Mataría al que quiere joder la vida de mis hijos para dar beneficios a los suyos.

Hay que saber visualizar al enemigo, no dejarse dorar la píldora. Hay una casta de delincuentes ricos, comenzando con el presidente y el vicepresidente, que creen ser dueños de esta tierra. Pues no, no es suya. Quizá les concedamos dos metros por uno, bajo tierra, pero nada más. Hay que defenderse. Quieren rifar al país. Es tiempo de atacar, de confiscar, de encadenar. Para eso se hicieron las revoluciones, para defender el pan. Morales no tiene derecho alguno a ceder el territorio y sus riquezas a China, a Trump, a la agroindustria ni a nadie. Si quiere ser rico que trabaje, no que pague a los puchuchuracos para que lo defiendan. Con esos hay que arrasar de igual manera, volcarles las gorras como en el 52. Ya ni correr pueden porque no se meten en guerra. Los paraguayos descalzos los corretearon a chicote. Emboscados. Hay que secuestrarles las armas y hacer escuelas. O mandarlos a Chile a pelear, que son buenos como vocingleros. A ver. En una semana los chilenos estarían haciendo parrillada en la frontera con Brasil. No hablo de los soldados, hablo de los puercos.

Me escribe un hombre de 71 años, desde La Paz. Dice que vivió una cómoda vida clasemediera siempre. Que se preocupó de sí y de los suyos. Pero ahora se le ha rebelado la sangre. Quiere luchar. No soporta ver lo que está sucediendo en Bolivia. ¿A qué se tiene miedo? ¿Al machete cocalero? Para eso hay balas, y viendo la terrible experiencia europea tal vez ha llegado acá el tiempo de la sangre. De revitalizar lo que fue alguna vez un pueblo indómito. La corrupción ha cegado el entendimiento. Los dos de arriba, los sodomitas, han maleado como nunca y como nadie el aire que respiramos. Están en carrera hacia la luna, se creen el hombre en la luna. Su dinero no trabaja para el país, está afuera, escondido, para el momento de la fuga. Hay que agarrarlos antes de que lo hagan, que sufran un Nuremberg local, que sigan el camino de Saddam Hussein, otro que se creyó Dios y bailó como cualquier pelagatos en la cuerda.

El límite llegó con el fuego. Y si nada sucede después de esto, pues quizá habremos perdido el derecho a sobrevivir y que nos cargue la pelona. Los sabios sociólogos hablarán de coyunturas y tratarán de explicar con esmero y condescendencia lo que pasa, aunque esto es tan claro que no necesita análisis. El señor de 71 tiene razón: o nos levantamos o quedamos baldados. Morales se entusiasma con que se quedará en el poder hasta la muerte (del país). Está por verse. Y el intelectual de turno, el supuesto cerebro de la revolución no es más que un pobre diablo. Recuerdo a mi padre cuando miraba por unos minutos su cháchara en televisión. Era tajante: este es un cojudo. Y cojudo es, no cojonudo. Hábil “bolsiquero”, o “bolsiqueador”, de esos que meten mano en el bolsillo ajeno. O ni siquiera eso, porque no necesita maestría para ejercitar su arte, solo tomar lo que está al alcance o aceptar lo que le dan. ¿Quiénes? Lo sabemos…
08/09/19

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 10/09/2019

Sunday, September 8, 2019

Fiestas patrias


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Mexicanas…

Comienza la semana de la independencia de México. El domingo, en casa de Laura y Frank, festejaremos de nuevo, con la presencia de un sui géneris cura Hidalgo y mucho grito.

Fuimos con mi hija Aly y Álex. Cerveza Estrella de Jalisco, tacos de carne asada y chile de fuego. Luchadores pequeños, chaparros, con máscaras de diablos. Un metro cincuenta, un poco más. Barrigas. Pensé en Monsiváis. Pensé en Wilmer Urrelo.

Llueve. Dormí dos horas de siesta. A las 12 mostré el food truck a un posible comprador. Los sueños desaparecen fáciles como milanesas. Los engulle la bestialidad. Queda el sabor, el día que los denveritas comieron asado con chorrillana, choripán y sándwich de chola. Permanece en el mito.

Pink Floyd: Blue sky… Sigue lloviendo. Llueve. Cocino el arroz blanco y al enfriarse se lo puede sacar en piezas. Se junta como el de los japoneses, no se desgrana. A veces blanco blanco, a veces con puntos de pimienta negra, de perejil. Con huevo disuelto estilo cantonés. El mito del sabor. El verde camión que corría por las calles con la morsa pintada. La de los Beatles, la de Lewis Carroll. Literatura en el chimichurri, como que se puede versificar sobre las papas fritas y resaltar el poema de un sushi enroscado en arco iris. Leo a Humberto Quino. Pink Floyd: Pretty woman. Sky, el cielo. Gris si estaba azul. El amor pasa del rosa al sangre, del coito a la mortaja. En Jorge Amado se cortan penes para la memoria; en Madagascar se comen sus muertos.

Cine: Bulgaria, Kazajistán, España, Rusia, Dinamarca hoy. Maurizio que me deja atarantado con Guerra fría, ese magnífico filme polaco sobre el poder, el amor, el arte, lo popular, la rebelión y la satisfacción. Kristina de vestido rojo; Cristina sin vestido. La magia y tristeza del porno en Bella Diamond, que dicen que es lituana, que es checa. Checa es Nicky. Sus piernas checas, su culo checo, sus tetas checas. Sus tatuajes. Mis manos que ilusoriamente la tocan en silueta pero solo los ojos viven. Ojos vivos, manos muertas.

Los pequeños luchadores mexicanos burdamente se derriban para alegría de la crueldad infantil. Lo bruto, lo doloroso, hacen reír. El público ríe en los cines cuando lloran los actores. En Bolivia ríe. La tragedia se trata de comedia, no se convierte en ella. Será que hay filosofía en eso, o nada más que temblor de gallina clueca. Monsiváis. Ya no lo leo porque lo recuerdo demasiado. Urrelo que camina con bastón por La Paz llevando bajo el brazo la obra más ambiciosa de toda la literatura boliviana.

Si he de morir que sea en tus brazos. No los tuyos, los de otra. En esos. En las piernas blancas y largas de mi acompañante casual en el bar. En las pierna negras y largas de las bellas etíopes. Le pregunté a mi amigo Marhawi si no tenía hermanas, tías, abuelas, que quería esposa etíope y se rió. Que él quería carne blanca, dijo, y no me hizo caso cuando afirmé que los ojos etíopes no los tienen las blancas. Tal vez las momias egipcias, o los retratos de las momias. Nubia, la mítica, la de Memnón y sus huestes marchando a enfrentar a Aquiles en la desesperación de Troya. Nubia. Dónde una nubia para mí. Las hijas de El Negus. La guerra civil española, un tanque en el frente de Aragón. José María Gironella.

Vacilo, divago, los espectros de mis lecturas parece que se confunden pero no, se complementan. El mundo es uno, diverso, claro, y gracias, pero uno, como los perros de todas las razas son perros. Así nosotros. Y las mujeres. Eva, Lilith, la vida y la matanza. La flor y la sangre. Quizá quiso decirlo Frida, pintarlo. Ella sabía quién era, hembra despampanante y dolida ante renacuajos. Que tenemos cola, seguro, y que la movemos de un lado a otro para avanzar con ojillos tenebrosos. Pero el agua, el charco, el río, laguna y mar son ella. Estrado donde el macho juega a gallo catalán y llora como Magdalena.

Talking Heads. Por una mujer casada. Lorca y el Charro Avitia. Dispongo de mis horas, soy dueño de mi tiempo luego de treinta años. Me he deshecho de la madre, de Venus, hasta de Minerva. Domingo. Paró la lluvia. Se detiene la vida. La casa de los padres cae en pedazos pero no hay que llorar. Hay una dinámica que permite sobrevivir. A no ser que seamos tortugas y nos enterremos para siempre. Clarividentes antediluvianos.

Enfría el café. Pan con mermelada de bayas del círculo polar ártico. Me he callado esta semana, no hablo con mujeres. Debo pensar y elegir. Quiero ser Bayaceto pero no soy ni puedo. Que se me conceda una, entonces. Dos, en realidad, que la primera, asegurada, muy infiel pero la más fiel, se llama Parca y carece de ojos etíopes y de piernas sajonas. Semejo un descreído de la yeshiva, Kafka incómodo ante su judería y tan afecto también. Literatura. Lees demasiado, Claudio, y tu mundo es un paradigma irreal, un pique macho de colores y sabores, sublimado y digerido con la angustia de Celan, el olvido de Vallejo, y el optimismo de Evtuchenko. Cocina, pero cocinar, respondo, es escribir. No hay salida.
08/09/19

Wednesday, September 4, 2019

El Pachamamón y la Pachamamada/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Me sorprendió que The Guardian, periódico de la izquierda británica, publicara declaraciones de ciudadanos bolivianos donde acusan a Evo Morales de ser el causante de los incendios del bosque seco chiquitano. Dice, además, de la similitud del accionar económico de Evo Morales y Jair Bolsonaro. Confirma que la parodia boliviana no tiene nada de ideológica; es simplemente un negocio donde el usurpador y su consorte están rifando el país, apoyados por la delincuencia cocalera y la delincuencia militar. Estos últimos mostraron, luego de su inmensa parodia de décadas, que son mercachifles y meretrices fáciles de ser compradas. No extraña que perdieran todas las guerras; en lugar de disparar andaban probándose las bragas. Solo pudieron vencer a media docena de hambrientos guerrilleros. Triste.

A ver si al fin la tonta izquierda europea se da cuenta que míster Morales es una marioneta del capital financiero, el claro y el oscuro, que obedece al patrón gringo y al patrón calabrés. Se le ha dado por lotear el país, destruirlo, plantar coca hasta en el culo de su chola (¿?) para luego, cuando quede Bolivia hecha Somalia, ir a dictar cátedra en la Sorbona y aprovecharse del cuerpito de las abundantes “revolucionarias” de allí dispuestas a darse enteras al chivo este. Chivito y chivato. Y chiva. Porque además de alcahuete es muchas cosas más. Ambidextro, maneja la diestra y también la siniestra. Lo derecho y lo nefando.

¿En qué quedó la famosa Pachamama? Es otra puta más del burdel “moralista”. La compran los chinos a precio risible y la copulan por cada uno de sus poros. El cafisio cobra, vende a la madre para que alumbre chinos. A ver si cuando empiece a parirlos duran los cocaleros en su alcoholizada vehemencia. Los chinos se cogerán también a sus mujeres. Total, entre chinos y aymaras hay etnicidades fraternas. Es un poco devolver la tierra a sus legales dueños asiáticos. El cafisio para entonces estará lejos. Dudo que en otro lado lo dejen abusar quinceañeras, aunque en su gremio cualquier aberración está permitida. Sodomizar es para el masismo como comulgar. Todo parte de arriba, del entorno antinatura de sus líderes. Si Linera fue la chola del Mallku, como este lo afirmó, ya es otra chola, chola de tal. Y así gobiernan, en un puterío íntimo que extendieron al país todo. El fantasma de Muammar Qadafi empalado recorre el mundo, ha reemplazado al fantasma del comunismo. Parecen no entender.

Cuando se le acabe el bosque, el agua, la tierra, cuando la Pachamamada sea puta vieja, qué venderá el baratillero Evo Morales. A sí mismo, tal vez, pero eso despertaría celos con crisis de gabinete. A emigrar. A Corea del Norte… allí será segundo del mandamás. A Rusia… cola del mandamás. A Cuba… esfínter del mandamás. O tendrá que morir como capitán hundiéndose en su barco en la tierra que estafó. Dudo que tenga los huevos para hacerlo. Es bueno para vender y abusar, para humillar y violentar. Si hay karma, como dicen que hay, el suyo le traerá consecuencias funestas. De lo que nos debemos asegurar es que ninguna cría venga a reemplazar a los tiranos. En eso hay que ser muy eficientes. No vaya a resultar como en la pobre Argentina, que la prostituta ladrona de la Kirchner retorne a gobernar. Se habla tanto del fin del mundo pero no hay valientes dispuestos a traer consigo el apocalipsis. Uno nunca sabe. A Tacho Somoza lo liquidó un poeta. El fuego suele venir desde lo inverosímil. Supongo que no hay otra solución. O se acaban ellos o muere el país, así de simple. Hasta a los culeadorcitos les llega la hora. El tic tac no para. Tic tac tictac, boom.
02/09/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 04/09/2019

Imagen: Evo Morales, por Pancho Cajas