Wednesday, June 29, 2011

Lee Miller: Retrospectiva de una fotógrafa




Claudio Ferrufino-Coqueugniot

La belleza es don peligroso. Lee Miller (1907-1977), fotógrafa norteamericana, era hermosa. Eso primó por encima de su talento. Fue un objeto de arte ella misma, pasando desapercibida como artista. Comenzó, en la adolescencia, posando desnuda para su padre, Theodore Miller, creador de "estudios" inequívocamente eróticos de su hija.

A los veinte años danza en Broadway. Dos años más tarde, en 1929, se embarca a París. Un atormentado admirador, desde un avión, bombardea el barco con flores, momentos antes de estrellarse. Accidente o suicidio, Lee Miller siempre despertó extremas pasiones. Cuando dejó a Man Ray, de quien fue discípula, colaboradora y amante, éste juró que se mataría.

1989. La Corcoran Gallery of Art, de Washington DC, presenta la mayor retrospectiva de Lee Miller. En la muestra hay trabajos de Man Ray: uno de grandes dimensiones retrata a Lee, a los 23 años en París, sentada desnuda en la cama. Bella como las vírgenes clásicas. En la exposión está aquello que se podría considerar el trabajo "serio" de la artista, que también se dedicó a hacer fotografía de modas para Vogue. Tuvo períodos de experimentación y sus estudios surreales son de gran valor. Tomas de un zapato roto, en la noche, sobre las orinadas baldosas de París. Un trío de ratas blancas sobre una pared, mirando los callejones de Francia, plenos de ascos y susurros. Bueyes polvosos en los caminos de Rumania, de campesinos con sombreros bordados. Son importantes las imágenes de devastación de Londres, luego de los bombardeos alemanes. Hombres de pie sobre los escombros. Una casa en ruinas de la que queda el portal es una canción de optimismo. La entrada significa ingreso, cambio, nueva vida. Me recuerda a I.E. Babel: "(...) con los ojos anegados (...) continúa aún de pie en la encrucijada de los vientos de la historia". Babel hablaba de la mansión del hasidismo.

Retrata Buchenwald, los campos de muerte. Y se baña en la bañera de Adolf Hitler... y duerme en el lecho de Eva Braun. Hay sensibilidad y extravagancia en ella, como en tantos de la "generación perdida" norteamericana a la que pertenece.

Un crítico, Hank Burchard, dice que le faltó ego. Lee tenía a menos su trabajo y su talento; no creía en ellos. El verdadero artista necesita abundancia de estima en sí mismo para poder enfrentar el rechazo.

Su segundo esposo, el escritor británico Ronald Penrose, recuperó gran parte de su obra. Finalmente era respetada. Para los hombres había sido una joya, un hermoso cuadro. Man Ray alcanzó la fama. Varias fotografías de Lee Miller son superiores a las suyas, pero no tengo información de que éste la impulsase a continuar. La fotografíó. Conocemos los senos pequeños y las nalgas de Lee gracias a él. Nada más. Burchard, en su artículo "Lee Miller: Paying Beauty's Price", dice: Es frustrante ir por las galerías (de la exhibición) porque cada secuencia de fotografías parece encaminarse hacia un salto a la grandeza, pero no lo logra". Es la historia de un talento oscurecido, soslayado. Se la recuerda más por sus desnudos que por su creatividad.

_____
Publicado en Pueblo y Cultura (Opinión/Cochabamba), 13/02/1992

Imagen 1: Lee Miller por Man Ray
Imagen 2: Joseph Cornell/fotografía de Lee Miller, 1933

Víctor Hugo (1802-1885)


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Resulta quizá raro que me encuentre escuchando música de Jim Morrison y que intente escribir acerca de Víctor Hugo, pero, por lo general, los fantasmas de los genios que me perturban se entrelazan.

La oscuridad de la calle ayudará a situarme en junio de 1832, en cualquier callejuela sórdida de París, una que como detalle tenga los faroles rotos: a partir del primero y siguiendo el ruido, perseguiré la infantil silueta de Gavroche-Hugo camino de las barricadas. Mi condición de fantasma me salvaguardará de todo riesgo e incluso ¡vaya uno a saber! es posible que mis manos aligeren de balas los bolsillos de los guardias nacionales muertos cerca del mercado.

¿Por qué Gavroche-Hugo? Podría haber sido Valjean-Hugo u otro de “Los miserables”. El escritor deja en cada personaje algo de sí mismo y no me asombraría que a pesar de elegir a uno entre el total, Hugo sintiera un poco de afecto hasta por los miembros del Patrón Minette. No sería de extrañar, repito. La literatura abunda en casos ejemplificadotes. Pienso en Gide empujando al abismo con placer a aquel pajarraco de “Las cuevas del Vaticano”.

Volvamos a Gavroche, el hijo de París. Suma de pequeños males, bondad y filosofía, representa el observador más atento de la novela. Al parecer es él el que noche a noche va dictando los párrafos en medio del estruendo revolucionario. Es la experiencia del autor que da saltos y pinceladas donde es necesario. Es Hugo mismo; recorre diariamente las calles y aprehende el mundo en rostros, verbo y geografía; descubre para plasmar el arte. Acude a Gavroche, el pillastre parisién, extraña especie de niño-hombre. Se vale de él para adentrarse en los lugares ocultos y mostrarlos al lector; también para observar los caminos y marcas que la naturaleza ha dejado en el niño de Delacroix; para hallar un atisbo de su propia grandeza en los actos que realiza. Hugo podría proteger a dos infantes desamparados sólo como Gavroche, el soplo de la pureza. A través de este cuerpo se apropiará de aquello que otrora era patrimonio contemplativo de las ratas: los escondrijos; cumplirá las tareas más fantasiosas que su imaginación le permita, ya que no su cuerpo adulto. Muchas veces se desdoblará. Será joven (Mario), o un anciano que restituye al monumento de adoquines apilados su bandera -en el zaguán de la muerte- (Jean Valjean) ¡Oh, éxtasis romántico!

El hombre, sobrio, hará sonreír la pluma narradora del pequeño. La sangre ha de palpitar en los costados de su frente. Después matará con placidez al ángel creado. La violencia de la muerte es un detalle nimio ante el sarcasmo…

Si acabo de caer,
la culpa es de Voltaire;
si una bala me dio
la culpa es… (de Rousseau)

… que todo es como el agua mansa, agua que cubre a Gilliatt en “Los trabajadores del mar”; fin sin grito, como agua de vaso.

Muerto Gavroche, en quien se centró un momento, Hugo se diversificará otra vez. Insuflará vida a los que no perecieron. Su fugaz aventura nos deja el sabor del vino fino en la boca. Y no hay por qué ponerse tristes. Estoy seguro, de existir Dios, que Hugo se sienta de un lado y Gavroche del otro, mal les pese a María y a Jesús.

julio, 85

_____
Publicado en Presencia Literaria (Presencia/La Paz), 1986

Imagen: Sello conmemorativo de Francia, "Gavroche", 2003

Tuesday, June 28, 2011

Surreal país el es/MIRANDO DE ABAJO


No comprendo por qué Solón no se casa con el presidente. Total, se casan hoy, se descasan mañana, o se desclasan si es cuestión de aumentarle una letra. En Bolivia le metemos nomás, al matrimonio y al inmatrimonio ¿o se dice desmatrimonio, amatrimonio, contramonio, tramonio, tramuya, uya? Echenle, una boda que hará historia y, para contravenir las reglas, se anulará la luna de miel; se hará de día el asunto, debajo del Inti ¿Intillimani o Intiwatana? ¿O Inti Peredo? Y si pervive el problema, Evo eliminará el día y la noche, de golpe, metiéndole nomás, no como el capitalista judío que se esconde en los cielos y a quien le tomó varios días hacer todo.

Carlos Monsiváis hablaba del portento lingüístico de Cantinflas. Pena que murió sin conocer al grupo de portentosos aymaras que reinan hoy, y al llamerío blanco: Solón, Linera, etc, que va lamiendo las migajas que se les caen del acullico. No lo hubiera creído Monsi, pensaría que me burlo, que el indomable racismo de mi mestiza alma alucina y pone en boca del nativerío tales contradicciones. De un día a otro la Convención de Viena se convierte en la de Nueva York; mañana vamos a la corte internacional, pero mañana era ayer y hoy estrechamos las manos de nuestros hermanos chilenos a los que queremos ayudar a combatir el narcotráfico. El general Sanabria es un infiltrado de Evo en el imperio. Pero el Negro no se da cuenta. Llorenti recibe la información y la tabula; de ahí se la pasa al jefazo que la convierte en tabuleh, y terminan comiendo con las manos un plato árabe que no lo es en realidad porque el amauta Titirico (de Paulovich), o Cocarico, Yanarico y Putirico, ya en el año 5000 de la cronología aymara, lo había inventado a orillas del río Congo, que otro no es sino el Desaguadero, pero para engañar a los gringos, lo hemos mimetizado en el mapa e imaginan que son dos. Pienso, luego existo. Descartes, que se llamaba Descartico, aprendió de Evico la máxima, pero la entendió mal, dramas de sordera, porque el jefico dijo, dijera y dijería: siento, luego existo, ya que goza de una sensibilidad profunda que le recorre el cuerpo, sobre todo cuando de las manicas van agarradicos con Ahmadinejadico.

La política la deciden las comadres cocaleras, cima de la filosofía originaria. Ellas edificaron el Partenón, pero el imperialismo oculta que era un mercado de coca, bien aireado, de donde partían gigantescos barcos titicacos hacia el Quersoneso; allí enviciaron a los escitas que desde entonces son pachamámicos. Lo de Helena de Troya... gran mentira. El conflicto estaba en el tamaño del cato; los del Asia, soberbios maricones de Pérgamo, envidiaban las ciudades de los Choquehuancas que brillaban con sus jardines colgantes. Piso tras piso, piedra sobre piedra, y en las terrazas qué, coca, por supuesto. Luego los copiaron los babilonios.

Evo brilla con la lengua, y brillan sus pómulos y su crin de paja brava. Un día vino un inglés y escuchándolo arrobado lo puso de personaje en uno de sus libros, con sombrero y tomando té en tazas desfondadas. Ser o no ser, ser ser, o ser no ser, no sir, aquí no hablamos inglés, y quedó inmortalizado apretándole la calva al viejo Lenin cada vez que da un paso adelante y dos pasos atrás, o atrás dos uno tras adelante, ferrocarril, carril, carril, Arica, La Paz, La Paz, La Paz, un paso patrás, patrás, patrás. Metele nomás al acullico.
26/06/11

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 28/06/2011
Publicado en Semanario Uno #416 (Santa Cruz de la Sierra), 1/07/2011
Publicado en Revista Piedra Libre 73 (Santa Cruz de la Sierra), agosto, 2011

Imagen: Charles Gleeson/The Harbour, 1948

Monday, June 27, 2011

El lento camino/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Ni para decir que hay pocos canales de televisión o radios hispanoamericanos en Estados Unidos. Los hay muchos, pero no variados. Existe un patrón entre ellos que es el de la ignorancia. Los medios de comunicación en español parten del hecho cierto de que la mayoría de la inmigración latina en este país tiene escasa educación, lo cual no significa que se la tenga que alimentar de basura. Los sollozos de las malas actrices de telenovela, o la aparente inteligencia de un imbécil apodado el "escamoso", más bien por lo enrevesado de su cerebro que por su piel anfibia, llenan los temas de conversación.

Al atardecer, después de haber contemplado por doce horas las tragedias mayores del "amor" y del desdén, una buena parte de mujeres latinoamericanas se sienta en los bancos de los patios y suspira por la desdicha de haberse casado con trabajador. Y en parte, viendo la subcultura de los sombreros y las botas de avestruz, el constante engrasarse los hombres las manos en sus camionetas, mal llamadas "trocas", y la infaltable cerveza, también yo suspiraría por cualquier inadecuado galán que por lo menos pareciese limpio.

Se ha formado, en especial en Miami, una élite que lucra con esa sudorosa masa latina cuyo poder adquisitivo crece a pasos acelerados. La familia Stefan, de Emilio y Gloria Stefan, maneja una buena tajada del negocio "hispano". Ellos y sus secuaces han creado una mísera filosofía de imitación y tratan de emular al no necesariamente emulable Hollywood e inventan espectáculos de muy mal gusto donde sobra el escote y falta la razón. Don Francisco, aprendiz de lírico, ha hecho de la estulticia el pan de cada día y, salvados algunos instantes de su programación, el resto es chasco. "Sábado gigante" es un gigantesco insulto a la capacidad latina de ir adelante, como lo son Laura Bozo-Montesinos y los sonrientes comentarios sobre la guerra que hace el supuesto periodismo nuestro, desde los mexicanos, siguiendo los españoles e incluyendo uruguayos, argentinos y hasta el primo de Fidel Castro.

Respecto al cine, por lo general pasadas las diez de la noche, las estaciones atosigan al televidente con sangrientos dramas de narcotráfico en Sinaloa, o con el héroe de la plebe anglosajona, Chuck Norris y sus artes marciales, mal doblado en castellano. Más bien no conocen que olvidan -o prefieren mantener al "pueblo" en la penumbra- que México tiene directores como Arturo Ripstein, Camilo Luzuriaga el Ecuador. Este drama trae como resultado, y quizá ahí está la verdadera intención, que los hijos de latinos en los Estados Unidos sean mayormente elementos de ghetto, con las características negativas que esto supone: abandono de estudios, maternidad juvenil, pantalones caídos y gorras volcadas; gente sin raíz ni esperanza, no soy de aquí ni soy de allá, como cantaba Facundo Cabral, pero sin asomo del halo poético o rebelde de aquella canción.
04/01/03

_____
Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), enero, 2003

Imagen: Miembro de la Mara Salvatrucha, Los Angeles

Elusivo Kurdistán/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En los años ochenta, en París, la juventud kurda se reunía para analizar, bajo puntos de vista marxistas, los pasos a tomar en su lucha por crear y unificar una nación. Miembros del partido comunista turco asistían como invitados en nombre de la revolución internacional. Inspirado -hasta obnubilado por lo agreste del paisaje y la fatalidad- por la película Yol (1982), dirigida por Serif Gören bajo las precisas instrucciones del escritor Yilmaz Güney, desde su celda en una cárcel turca, y producida en Suiza, yo asistía a conferencias en un lenguaje desconocido y aprendía de memoria el himno de liberación kurdo, una fiesta instrumental y emocional.

En Viktor Schklovski y sus relatos de la guerra civil rusa de 1918-21 y las avanzadas soviéticas en las naciones musulmanas, los kurdos aparecían, a la par que persas, armenios, azerbaijanos, georgianos y afganos, dejando constancia de una férrea identidad nacional siempre postergada por los intereses imperiales. El Kurdistán era una realidad encubierta y trágica. A pesar del internacionalismo proletario y la ilusoria desaparición de las fronteras en un mundo de solidaridad y hermandad, los marxistas kurdos soñaban con una patria liberada en medio de la asombrosa geografía de la región.

Hoy, con el irresponsable e ignorante mister Bush, gladiador tambaleante destrozando lo poco que dejó Saddam Hussein de Irak, Kurdistán aparenta tener una posibilidad de vida: aprovechar la estupidez y angurria de los norteamericanos para fundar un país. No es tan simple. Ya lo dijo Donald Rumsfeld, secretario, que no se permitirán disturbios en el norte de Irak con sus ricos pozos petrolíferos, que lo conquistado no debe disgregarse.

Aparte de los intereses propios, también hay que proteger los de los aliados turcos que no aceptan una parte independiente del Kurdistán porque ellos, al igual que Siria e Irán, sojuzgan la otra. Pronto los traicionados serán los kurdos, cuyo sufrimiento se agitó en los salones mundiales como una razón primordial para una intervención en Irak. Nadie desea un Kurdistán libre, sobre todo si el nuevo país se adueña de los campos de petróleo. Como prevención, y en una sórdida movida política, los Estados Unidos venden las aspiraciones kurdas a los turcos. Estos últimos, a fin de asegurarse que el trato se cumpla, alistan su ejército opresor en la frontera para la masacre. Quizá no de inmediato, pero a ambos, Turquía y Estados Unidos, allí se les volcará la tortilla. Y quema.
23/03/03

_____
Publicado en Opinión (Cochabamba), marzo, 2003

Imagen: Mapa del Kurdistán

El pacifista/MIRANDO DE ARRIBA


Es erróneo creer que el haber sufrido persecución, racismo, humillación y victimización provee halo de santidad. Una cosa no implica la otra. No todo es lo que parece. No porque en este momento escuche viejas y bellísimas canciones religiosas norteamericanas de los "Hijos de San Joaquín", concuerdo con ellos en perder mi tiempo en iglesias, a no ser que necesite guarecerme del sol o busque la soledad de lo oscuro y sombrío en los claustros de alguna catedral.

El Holocausto, que no fue solamente judío sino de gitanos, comunistas, socialistas, anarquistas, inválidos, bielorrusos, polacos, checos, enfermos mentales, orates, homosexuales, católicos, pacifistas, honestos, artistas, mujeres y niños, representa lo lejos que puede llegar la crueldad humana, la interpretación apresurada de filosofías creadas por la mente y el cuerpo de profetas débiles.

Elie Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración y Premio Nobel de la Paz en 1986, ha creido que su sufrimiento hace de él un santo que debe enseñar a la humanidad las maneras y reglas de evitar que la historia se repita. Lastimosamente, no se puede hacer ya nada para remediar el dolor del señor Wiesel, pero su martirio no significa que de pronto y por la magia de haber sobrevivido a la carnicería nazi, se convierta en la opinión moral del nuevo siglo. Por el contrario, al sacar solicitadas en el New York Times, de páginas enteras, a un costo elevadísimo sin duda, y que pagará algún sionista -nazi y racista también- contra el "terrorismo" palestino, se aleja del, al menos supuesto, espíritu del galardón; claro que hay que recordar que el premio de la paz fue otorgado años antes al terrorista, genocida y prófugo Henry Kissinger, que no tuvo entonces la decencia de Le Duc Tho de declinar el favor.

Wiesel olvida de momento a los palestinos, que según Golda Meir "no existen". ¿Significa que Palestina no pasa de ser una bíblica abstracción o que debe eliminarse? Ahora, sufrido y triste por la abyección humana, se sienta al lado del presidente de Texas, George Bush, y clama por la muerte. Alega que Saddam es la reencarnación de Adolf y concede al vaquero el poder de Yaveh, y le autoriza el horror y el fuego que destruyeron Gomorra para la más moderna y quizá más inocente Bagdad. Sus argumentos son febles, sus objetivos claros: un espacio libre y único para Israel, partiendo de la presunción falsa de que es el pueblo "elegido" de un falso dios. Quizá pronto reciba el nuevo Premio Nobel de la Guerra.
16/3/03

Publicado en Opinión (Cochabamba), marzo. 2003

Imagen: Fotografía de Silas Shabelewska/Peace #1 (From Homage to Robert Indiana Series), 2007

Sunday, June 26, 2011

Sin Stalin/MIRANDO DE ARRIBA


El cinco de marzo se cumplen cincuenta años de la muerte de Josif Stalin. Nos preguntamos si Rusia se ha transformado desde entonces. Rusia no cambia, el espíritu de la madrecita es demasiado extenso, intenso, y, quizá grande, como para que las veleidades de un tirano lo cambien. Sobrevivió a los mongoles, teutones, polacos, tártaros, turcos, suecos, a Iván, llamado el Terrible, a las intrigas de Boris Gudonov, a reyezuelos débiles y a temibles y violentos constructores y destructores de la "patria".

Permanece, si se lee su literatura con cuidado, casi intocada, por no decir intocable. Ni Lenin, Stalin, Gorbachev o Putin poseen la capacidad de modificar este ser que se mueve y se sobrevive solo. Cierto que la historia oficial requiere de nombres y no puede hacerse historia de abstracciones: la lista de nombrados es únicamente el producto de un sistema que se procrea a sí mismo y evade con sus particulares recursos una común mortalidad.

Sería demasiado afirmar que Stalin tuvo el don del orfebre de modelar su roca. No se puede moldear Rusia; ella permite los juegos de los inválidos, los hace soberbios y los ejecuta uno a uno. Todo el inmenso poder de Stalin se reduce a un lloriqueante Malenkov en su velatorio; Kaganovich serio; Molotov preocupado; Beria triunfante, creyendo ser el reemplazo. Parece que a Beria lo estranguló Malenkov en una reunión del Politburó. Los otros se esfumaron igual a la casta de ancianos que siguieron.

Mis amigos rusos -judíos en su mayoría, y maduros- extrañan la sombra de cohesión, estabilidad y dominio que fue la Unión Soviética. Recuerdan personajes y fechas porque el hombre padece de debilidad. No se dan cuenta que la "madrecita" Rusia continúa jugando con ellos, divertida y malentretenida como es. De nada les sirvió a Lenin-Trotsky-Stalin y sus policías-Dzerzhinski, Ezhov, Beria- tratar de eliminar a sus literatos. Rusia los pare naturalmente, sin necesidad de marido, y sus voces, rebeldes y constantes, enseñan que por encima de los seres humanos, gigantes o enanos, llámense Yosif, Joseph, Josef, José y se apoden Acero, existe algo en verdad concreto, aunque vaporoso, prerreligioso y pleno de misterio que es Rusia; pocos países podrían preciarse de igual tesoro... China, México, Japón, Afganistán...

El cinco de marzo se cumplen cincuenta años de la muerte de un hombre. Festejo o tristeza dependerán de quien lo piense. Total, en dos generaciones más se habrá olvidado.
1/3/03

Publicado en Opinión (Cochabamba), marzo, 2003

Imagen: Caballería soviética en un afiche de la época de la rebelión de Antonov, provincia de Tambov, 1920-1921

Penumbra de la tarde


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Amenaza lluvia. Los picos nevados de las Rocosas velan desde lejos la llanura. Los animales salvajes olisquean el agua y brincan. Miro por la ventana cómo se mueve la naturaleza alrededor. Yo muevo los dedos, no ajeno a lo que suceda afuera, pero atrapado por tantas cosas que quisiera escribir, leer, mientras el tiempo que es tan breve como el movimiento de dos agujas de reloj dice de la imposibilidad de aprehenderlo todo, de domeñar los sueños de grandeza y aceptar esta sencillez no muy desnuda ni muy triste.


Mikis Theodorakis toca acerca del pequeño viento del norte, épico como es él, sentimental y furioso, suave y terrible como los anarquistas griegos que conocí en París, en la juventud. Hermosos ellos, hombres y mujeres, de cejas profundas y oscuras, de pupilas confundidas con el café. Salud, chocaban las tazas, y hablábamos de la revolución mundial en la Internacional Anarquista de 1986. Se vilipendiaba el régimen castrista, los búlgaros ancianos contaban de las atrocidades del rodillo soviético, Alain Labrousse, ya entonces, presentaba “Coca-Cocaína”, y los aguerridos omoristas de Japón hacían diagramas de bombas incendiarias.


Era París y París sin amor, sin dolor, desvirtuaba a Chagall y a Pascin. Era un precio a pagar y cargaba la fantasía de la muerte. Los espectros de Chaïm Soutine y de Amedeo Modigliani caminaban por Montparnasse, o creí ser ellos, cuando en el tiempo del hambre, baguettes, un trozo de gruyère y un litro de leche, hacían las delicias culinarias del centro del universo. Leía Madame Putifar, del licántropo, Petrus Borel. Y Max Jacob, y Marcel Schwob en la Bibliothèque nationale, con los ojos rojos de no dormir, con la dureza que uno de macho y de iracundo enfrenta. Era entonces, París, y Léo Ferré cantaba para nosotros en las soledades obreras de Ménilmontant.


Entra brisa fría por la ventana. Espío a la vecina, francesa vieja, en su andador, desafiando el destino y las incomodidades de un cuerpo ya acabado. Y pienso, ya que hablé de machos, de valor, valentía, coraje, si tendré yo la entereza de largarme a la calle en andador cuando me toque. Me hubiera gustado más romperme el culo en el Madrid de no pasarán, pero hay que ser realistas, que tengo una taza de cocoa caliente que mi brasilera mujer me trae, que el despertador marca las tres y media de la tarde, que tengo cuatro libros de animación japonesa: Usagi Yojimbo (uno con intro de Alejandro Jodorowsky), para leer, que me preocupa cuántos dólares quedan en mi tarjeta telefónica porque no quiero dejar de llamar a Bolivia, de escuchar en las ondas el sonido del descalabro, de la irracionalidad amada y dolorosa.


Mientras escribo, mis Itunes van de Grecia a Francia, a Rumania con la música de los rom con quienes preferiría estar ahora, en el éxtasis del baile y el alcohol, mirando mis pies y no el viento que corre por las calles con la siempre amenaza de un tornado que es el fenómeno más hermoso y que me evade año tras año. Los veo irse, tubos de tormenta que se pierden al este, hacia los llanos cheyennes donde la tierra no tiene fin. Ni la invocación los llama, ni el necronomicón llamó a demonio alguno cuando lo necesité. Los gitanos bailan “Tutti Frutti” en las tumbas del recuerdo.


Kalinka.


Tengo el Facebook abierto, anoticiándome de los desmanes del poder, y añoro mi casa, la modestia de estar solo con mi esposa, ella en su Facebook en el otro cuarto, mientras nos une el ritmo y viajamos en los trenes del aire por Tambov y Paratí, por este espacio diverso e inalcanzable, con una muñequita vudú de Louisiana que sin duda trajo embrujos y se burla desde la pared de la mojigatería melancólica que llegó en las gotas de lluvia.


Busco en la música a mi madre, por los derroteros tan antiguos y nunca olvidados de Santiago del Estero, donde moran los quechuistas. Zamba y chacarera, y vino en jarra. La busco en las arboladas callejas de Córdoba, en la inundación del Paraná, desde Santa Fe a Entre Ríos, por los tristes villorrios de Güemes y Tartagal, persiguiéndola hasta el Bermejo con miedo de que cruce sin mí. Cañaverales y platanales, naranjales del norte, Famaillá y Manogasta. Y de pronto me doy cuenta de que nunca se fue, de que en esta geografía simple mía y sin embargo tan intensa, ambos nos burlamos de la muerte y que todavía en el Once, Buenos Aires, o en Ituzaingó y plaza San Martín, ella nunca ha de encontrarnos porque no sabrá quién es quién, cuál es cuál.


La López Pereira.


Busco a mi padre ahora que el cielo crepuscula y pesa como dos bolsas de cemento sobre mí, en la hombría trabajadora de encontrarse uno mismo donde más duro nos toque. La alegría de vencer la mortificación, el abandono de todo, padres, casa, comida, cama, y mesa de noche con agua para demostrarnos que igual lo haríamos, así las circunstancias fuesen otras. Lo busco en mi pensamiento de Cochabamba, de tanto polvo que comimos por los caminos rurales, atesorando gracias a su amor por aquel rincón de mundo, la Bolivia íntima que jamás nos dejó, mestiza y profana.


Una de mis hijas descubre el inmenso Canadá. Me informó que viajaba, que luego pasaría nueve días cerca de Lisboa, Portugal. La menor salió con amigas, a hablar de agricultura sostenida, a afirmar su negación de comer cadáveres y buscar la proteína en cosas que provienen de vida. Diferentes a mí que, aunque lúcido, siento a veces que la muerte podría correr conmigo como hermana gemela en la borrasca de la ira. William Blake: los tigres de la ira son más sabios que los caballos del placer. Tal vez.


La chacarera reza “pero lo que vos me hiciste, prenda, en mi alma perdura”. Debiéramos preguntarnos qué hicimos nosotros y que quizá la “prenda” tiene razón en agarrarnos de los huevos. El día muere en la noche, la noche muere en el día, pero mi amor por ti no morirá jamás, jamás, jamás. No lo digo yo, lo dice la zamba.


Jamás.

12/06/2011

_____

Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 26/06/2011
Publicado en Semanario Uno #414 (Santa Cruz de la Sierra), 17/06/2011

Imagen: Calle de Rafaela, provincia de Santa Fe, 1920

Saturday, June 25, 2011

Imagen/MIRANDO DE ARRIBA


Abro un catálogo de Columbia House, empresa que vende discos compactos, posters, memorabilia, calendarios de Kournikova y Schiffer, libros para enriquecerse, hacerse amar, el secreto de mandar. Hay ropa, shorts y gorras de beisbol. Mas, por primera vez, veo, bajo el título de Rebel, Rebel, como la canción de David Bowie, poleras con la imagen del Ché. Por fin la sociedad de consumo ha encontrado el modo de sacarle jugo a esa especie de veneración por su figura entre los latinoamericanos. Aunque pregunto a mis colegas, mejicanos en su mayoría, si se acuerdan del Ché y me contestan que al momento, el año que les menciono, ellos vendían pan, en burro de rabo corto, en canasta, por las sierras de Guerrero; sorry, man, but I do not recall. Y trato de hilvanar mis ideas y recordar desde cuando en Guerrero se habla inglés.

Durante los grandes bloqueos de carreteras en el país, Bolivia apareció en la televisión mundial repetidas veces; el New York Times publicó una hermosa foto -que he recortado- de un cocalero en Eterazama con un cartelón con la figura de Ernesto Guevara que rezaba: el Ché vive. Cuando en verdad Ché tenía sangre y carne y sus pasos, aunque quizá no muy sólidos, dejaban marca en el barro del oriente boliviano, no vivía; ya lo habían matado todos, soldados, citadinos y campesinos, y no digo lo habíamos porque entonces yo era muy niño y no tengo culpa alguna de la crucificción.

A lo que voy es a que se lo reanima demasiado en iconos inútiles. Lo despliegan los micros, al lado de Jesucristo y Condorito. Lo pintan como tatuaje en las piernas robustas de un escandaloso dibujo con vanidades de erótico. Lo subastan en t-shirts en Chicago o Phoenix, para carnales adormilados o insómnicos. Ché se ha vuelto objeto de cualquiera, igual al crucificado, y la humedad de su sangre, aparte de secarse según es lógico, ya no riega. No considero privativa de una casta privilegiada su imagen, pero no deseo tampoco que se pierda su magia. Compre una polera del rebelde por excelencia, a solamente 19.99 dólares y en tres colores diferentes; elija la que más combine con su pantalón y seduzca a hombre, mujer, hermafrodita y hermafrodito con el discurso de la libertad. Tengo veinte en el bolsillo: me alcanza. Pero en la orilla opuesta anuncian la caja de cervezas por el mismo precio y me decido por ella. Sentado en la penumbra que da el álamo, vaso en mano, escucho y muevo los pies con los sones de Ché que inventa Carlos Puebla sin comprar su recuerdo.
2/2/03

Publicado en Opinión (Cochabamba), febrero, 2003

imagen: Foto mía desde la plaza central de Cienfuegos, Cuba, enero 2011

Thursday, June 23, 2011

La razón de Polonia/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Si pensamos que Polonia pasó de ser una de las mayores potencias europeas al país desaparecido por excelencia, nos preguntamos si su recreación, como resultado de la Primera Guerra Mundial, fue válida, merecida y correcta.

Entre los siglos XVI y XVII se extendía desde Crimea al Báltico, de las puertas de Smolensk hasta el Elba. Antecede con mucho, hablando de poderío, a su después par moscovita. Polonia significaba una cuña múltiple entre un occidente supuestamente civilizado y un oriente primitivo, racialmente mezclado por las sucesivas invasiones mongolas; entre la religión y el Islam con cabeza de turco; entre la mesura cristiana y la feroz ambición teutónica; entre la monarquía absoluta y la representativa; y, más adelante, como freno a la expansión protestante sueca, aspectos todos que la hacían nación primordial en el contexto europeo.

Luego de la gigantesca rebelión cosaca de 1648, declina. Las interminables guerras dan paso a derrotas y gobiernos títeres para finalizar con su partición entre sus vecinos. El desmembramiento polaco se hace contínuo con una breve interrupción napoleónica que da cierta independencia al Gran Ducado de Varsovia.

En Bakunin se percibe, hablando de la fracasada insurrección de 1863, el profundo sentido nacional polaco. Pueblo que en medio del martirio nunca dejó de sentirse único e independiente y que fundó y creó, a escondidas, una sólida Polonia fantasmal, aunque parezca contradicción.

El cineasta polaco Andrzej Wajda, recurriendo a un drama de Stanislaw Wyspianski, hizo "La Boda" en 1972 y ejemplificó, en la Cracovia de 1900, cómo la independencia nacional se agitaba en todas las clases sociales como algo espectral, plagado de mitos y esperanza. Su mensaje diría: Polonia está viva, detrás nuestro se mueven centenas de años y todos los muertos.

Los bolcheviques toman el poder en Rusia el 17. La Entente sabe con certeza que Alemania ya perdió la guerra, y que su retirada de Ucrania, Rusia Blanca y los países bálticos dará como resultado un vacío de poder que aprovechará la marea roja para extenderse desde Moscú hasta Berlín. El espíritu de Polonia pervive; qué mejor que reinventar el país y ponerlo como tapón entre el oeste y el socialismo. Se ha decidido: Josef Pilsudski, la guerra polaco soviética de 1920, la anexión de vastas regiones de Ucrania, Bielorrusia y Lituania, la eliminación física de los tempranos soviets polacos son su resultado. Polonia, que merece sin duda vivir, ha visto sus intereses nacionales manipulados otra vez.

Nicolás Ostrovski, el ciego y paralítico novelista soviético, retrata este proceso histórico en "Hijos de la tempestad". E Isaak Babel, soviético también, judío y cuentista, lo reafirma desde un caballo siendo soldado de uno de los pocos militares que sobrevivió a Stalin: Budionni.
26/01/03

_____
Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), enero, 2003
Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), febrero, 2003

Imagen: Poster polaco de propaganda.
Guerra polaco-soviética, 1920


Libros por las calles/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Si hablamos de libros usados, ediciones agotadas o en desuso, Cochabamba no es Buenos Aires, y sin embargo esconde huidizas joyas. René de Chateaubriand murió en 1848 y en una esquina del correo central, por un equivalente de quince dólares, renace en una primera edición en español -Imprenta de D. Pedro Baume, Alameda de Tourny, No 5, Burdeos 1825- de su Atala combinada con René. ¡Quién sabe las historias detrás de sus páginas! Imaginen un barco, un viaje desde Francia al Río de la Plata, subiendo el Paraná por Rosario, a caballo por Córdoba del Tucumán, Salta y finalmente Bolivia, una nueva república, un sistema educativo de avanzada, hasta pensar que el mismísimo Simón Rodríguez ordenó su compra desde Charcas, antes de que los doctores altoperuanos le segaran las esperanzas progresistas, como las siegan hoy desde sus curules, comités cívicos, bufetes y demás circos.

Pero esta Atala es una antigüedad: hay preciosidades más modernas; sólo hay que buscarlas; quizá debajo de las obras de Paulo Coelho, o de las aún peores de Isabel Allende, aparezca la biografía de Stendhal, por Stefan Zweig, Buenos Aires del 42, Tor. O, bajo la incipiente lluvia de enero, mientras los librecambistas miran los euros nuevos a contraluz, detrás de mucha literatura inútil, aparecen El honrado ladrón, de Dostoievski; Gautier y La novela de la momia; El judío errante, de Eugenio Sue, algo de Dumas padre, un poco de Balzac, el siempre Verne, en una colección de medio siglo que se enriquece todavía más con Eça de Queiroz. La mayoría de los libros, a pesar de sus décadas, jamás han sido abiertos y hay que cortar sus páginas con el carnet de identidad que para no mucho más sirve el Estado.

Y no hablo de libros piratas, repugnante actividad que paradójicamente es tal vez la única posibilidad de información en la miseria, sino de obras que durmieron por siempre en los desvanes del fracaso de las pocas editoras y libreros que tendría la sociedad mestiza de sesenta años atrás, donde patrones y pongos se juntaban en el corral porque baños no se conocían, no señor.

Ahora, con las ventajas que tiene el no ser ya joven, me agacho y husmeo entre las pilas de impresos tratando de encontrar los de Sopena con su formato grande, los de Tor, Claridad y etcéteras. Están Papini y sus santos, sus santos ateos y otros fantasmas; Tonio Kröger de Thomas Mann, y el más lindo, el último antes del viaje, la vida y la correspondencia de Proudhon escrita por Sainte-Beuve.
25/01/03

_____
Publicado en Opinión (Cochabamba), enero, 2003

Imagen: Leónidas Andreyev/Diario de Satanás, Editorial Tor

Tuesday, June 21, 2011

Huir de la realidad/MIRANDO DE ABAJO


No pienso en el escape, únicamente en lo repetitivo que se hace escribir sobre el gobierno boliviano y su indecorosa testa, habiendo tantos temas y tanta cosa positiva para reflejar en un escrito. Creo que para eso se dispone de otras labores, novelas, artículos de arte y cultura, verbigracia diez obras a la vez en que trabajan algunos plumíferos bien conocidos del ámbito local-internacional, ávidos de reconocimiento y cortos de talento.

Cambio canales en el televisor: un documental precioso sobre los asnos salvajes del desierto israelita, culturas egipcia, maya, Querétaro, la más bella palabra de la lengua española, con la cual concuerdo, y de improviso aparece la figura de uno que también es asno, pero no al nivel de los originarios aquellos del Negev, sino al de cloaca oscura, donde nadan y se ahogan todavía los espectros de Víctor Hugo; aparece el senador Fidel Surco, con rostro de mañaza rica y se pone a rebuznar incoherencias y amenazas. Ahí ya se jodió la tarde, el siquiera intentar desviar el pensamiento hacia asuntos útiles. Y no es simple patrioterismo de despreciar a quienes destrozan la tierra de uno, sino entristecerse en saber que aquel ente lampiño, de destrezas alcohólicas y asesinas, es representante nacional. Nada tiene que ver la raza en esto, basta ver a los borricos ilustrados de los expresidentes que a pesar de aristocracia y diplomas balan en palacio ante las desdichadas opiniones del supremo mandril. Quizá me equivoqué de profesión, debí ser zoólogo y diseccionar estos especimenes que de raros no tienen nada, que -lástima decirlo- denuncian más bien la característica nuestra.

¿Botánico tal vez? Para nutrirme del jugo de la hoja sagrada, sagrada para los españoles, para los patrones, siendo emblema de esclavitud y de dominio. Ha vuelto a serlo, hoy que el Apu se reconforta con el lucro indebido y criminal del envenenamiento colectivo, no solo del gringuerío apesadumbrado que busca la felicidad en el pasmo narcótico, pero también para una juventud propia, que sin conciencia camina al foso que excava para ella quien supone amarla y protegerla de la malignidad telenovelesca, de enfrentamientos entre pistoleros o erguidos pezones de preciosas starlets del cinematógrafo.

Shimose decía que quería escribir y le salía espuma. Dichoso él, porque a mí, de pensar en estos estertores de averno, me sale brea negra como awayo de Calcha. Y la ira, que aconseja mal -a veces- me hace desear que a los imbéciles del gran ejército plurinacional que contrabandean en las fronteras, Chile hoy, debieran echarles cadenas y obligarlos al picapedreo, a ver si para algo sirven.

Es posible que un joven autor oriental de quien leí opiniones tenga razón y mejor resulte no hablar de Evo y su ganado; dedicarse a prácticas de onanismo intelectual que al ser leídas no den cuenta de un estado de ánimo patriótico, origen, ni de dónde se viene ni a dónde se va, como un pajero anodino cualquiera, trashumante e intrascendente. Para ello no me acompaña el carácter, porque a la fantasía de mis vicios siempre preferí mujeres de carne y hueso, y al silencio ante lo insólito e injusto, la palabra en la forma que viniera, pero nunca rebuzno ni balido.
19/06/2011

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 21/06/11

Imagen: Honoré Daumier

Monday, June 20, 2011

Marcel Schwob (Chaville 1867-París 1905)/RETRATOS AL AZAR


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Escritor francés, de origen judío. Notable erudito y filólogo.

Si ven una piedra diminuta hundida en el agua clara que atraviesa un camino vecinal, es Marcel Schwob. Pero si ven a un rey cubierto de lepra, avanzando ciego por el mismo lugar, seguramente es él.

No hallé en los libros mención de su nombre. Será que el provinciano mundo que compartimos no alberga aún obras donde brille como los ojos oscuros de los judíos de la Volinia, o es quizá que habita en los orgiásticos bosques donde se celebra el sabbat de Mofflaines, donde son aceptados tan sólo los iniciados. Sí, creo que es lo más probable, que esté sentado a la derecha del Can mutante y bañe sus labios ora en vino, ora en cuerpos.

Quiero seguir su rastro por las callejas sombrías pero se me pierde. La madre sombra protege al hijo de las miradas profanas. Los cafés de hálito caliente lo desaparecen como por encantamiento. Me acostumbro a tantear a oscuras, a absorber algún residuo de sudor en sus cosas. Me encierro, aúllo de hambre, estoy preso en los sótanos de un viejo castillo medieval; los pasos de los soldados suenan a degollina, y a ambos lados de mi celda se hallan sacerdotes, bufones y mujeres enmascarados. Aguzo la vista, me parece ver algo; me acerco, soy cauto, y ¡oh, terror! del vacío surge una boca encarnada que me atrapa: es Blanche, Blanche la sangrienta, su Blanche…

Marzo 85

_____
Publicado en ACRACIA 1 (Cochabamba), 1985
Publicado en Pueblo y Cultura (Opinión/Cochabamba), 17/08/1989
Publicado en Presencia Literaria (Presencia/La Paz), 26/11/1989

Imagen: Dedicatoria de Marcel Schwob a Oscar Wilde en una edición de Le Roi au Masque d'or. Dice: à Oscar Wilde "the prince with the splendid mask" Marcel Schwob

Wednesday, June 15, 2011

Pobre Argentina/MIRANDO DE ARRIBA


Siempre existió el mito de la Argentina opulenta. En las regiones urbanas aquello fue una realidad a medias; ausente en el campo. Si bien había una burguesía numerosa, con poder adquisitivo y un nivel de vida superior a cualquier otra nación del tercer mundo, los índices de pobreza eran alarmantes. En la década de los sesenta la revista Siete Días reveló en una serie de artículos que la nación hartada y bien vestida reflejaba solamente una de las caras de la moneda y que en la Argentina había hambre, miseria, mugre y enfermedades. Desde Mendoza hasta Corrientes, pasando por las provincias de Salta, Catamarca, Tucumán y Formosa, la pobreza extendía su manto sobre casi la mitad del territorio.

Estas condiciones llevaron a los ideólogos de la revolución social a señalar a la Argentina como un posible foco rebelde con bastantes probabilidades de éxito. De allí surgió la fracasada guerrilla del Uturunco en Salta; por eso desapareció en el monte el lúcido periodista argentino Jorge Massetti. La presencia de Ernesto Guevara en la selva boliviana intentó ser un trampolín hacia el objetivo principal que era la insurrección argentina. Años después, y dado el lamentable estado de vida de la población en Tucumán, el Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, de los hermanos Santucho, inició la guerra rural en el bosque espinoso de la región, confiado en que su prédica radicalizaría a los más pobres. Se equivocaron. La gente esperaba realizar el "sueño argentino", alcanzar la imagen saludable que el país reflejaba en el exterior: grandes asados, tierras productivas, los mejores jugadores de polo, el mejor fútbol. Las banderas de su revolución ondearon efímeramente en Famaillá.

Siempre hubo una Argentina pobre. Caso contrario sería imposible un fenómeno como el de Eva Perón. Una población rica no necesita mendigar a la vera de ningún tren gubernamental que arroje comida por las ventanillas. Los hijos de Eva -Duarte, no la bíblica (o ambas)-, sus "descamisados", eran los miserables. Cierto que los males se han agudizado, gracias a la corrupción nuestra de cada día, a la "ayuda" del Fondo Monetario Internacional, y a los continuos celos de los Estados Unidos que jamás perdonaron a la Argentina intentar ser ella misma, ajena a sus mandatos, cosa que puede ocurrirle también a Brasil en la actualidad. Pero los famélicos niños argentinos que muestra el televisor no son cosa nueva.
4/12/02

Publicado en Opinión (Cochabamba), diciembre, 2002

Imagen: Cartel de la época

Matta/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El general Pinoshé puso al pintor Roberto Matta en la lista de los que debían ser castigados, nombre tenue de la muerte. El general Pinoshé-po hoy evita la justicia haciéndose pasar por demente y débil mental; no tiene mayores opciones. Mientras tanto, Roberto Matta acaba de morir circundado de gloria; su arte se expone en todo el mundo; algunos de los expresionistas abstractos norteamericanos le deben escuela: Pollock, Gorky, Rothko entre otros; el servicio postal francés emitió un sello de sus series de pintores con un cuadro suyo. Cuando muera el general Pi-Po-Shé ni rastro quedará de él, tal vez la borrosa figura de un imbécil arrastrando sus medallas. La historia ya castigó al militar, sin que Roberto Matta, pintor chileno, se haya siquiera pasado el trabajo de anotar su nombre inmundo en la lista de inmundicias.

Le gustaban las mujeres, costumbre que lo llevó a entablar relaciones con la esposa de Arshile Gorky, lo que aseguran empujó al pintor armenio-norteamericano al suicidio. Arshile Gorky cargaba en sí la tragedia del genocidio armenio, y la tristeza de sus ojos y los de su madre, en retratos anteriores al estilo pictórico que adoptó, muestran su carácter depresivo. Aquella muerte costó a Matta el desdén de sus compañeros surrealistas. Corría el año 48 y hasta el 59, cuando ya el movimiento había caducado, no pudo retornar a él.

Difícil describir su pintura para un diletante artístico. Oscuros espacios, contrastes de negro y blanco, figuras fantásticas y fantasiosas, alucinaciones del ultra espacio. Marcel Duchamp afirmaba que la intromisión de Matta en este universo espacial era su mayor contribución al arte surrealista. Matta ejercitaba la pintura automática, como Robert Desnos la poesía. Se le acusa de haber cedido sus principios para comercializar sus cuadros. Sin embargo el cambio se asemeja más a una exploración diferente de los temas, colores y técnicas que a un retroceso. Cada artista es personal, pero Roberto Matta -como Paul Klee- llega a ser único y, como tal, sobrepasa la decadencia del surrealismo y pervive en un arte siempre fresco y renovado.

Los franceses lo consideraron el último gran superviviente del círculo de André Breton. Vivió en París, Londres, Nueva York, Milán. Conoció a García Lorca y a Neruda en España. Admiró y colaboró a Salvador Allende. Estados Unidos le negó por muchos años la visa por sus ideas de izquierda. A pesar de eso residió allí por una década. 1911-2002.
01/12/02

_____
Publicado en Opinión (Cochabamba), diciembre, 2002

Imagen: Un catálogo de la obra de Roberto Matta

Las tierras de Dios/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El patriarca Abraham compró una cueva para que fuera su tumba en lo que hoy es Hebron, o El Khalil para los árabes. De ahí que los judíos ortodoxos consideren una necesidad el vivir allí con exclusividad, aunque Abraham sea venerado por ambas religiones.

El 15 de noviembre, un grupo armado palestino emboscó a creyentes hebreos y a sus guardianes en la ciudad, renovando una tradición de masacre que se remonta a 1929 y a 1980 cuando colonos judíos fueron muertos por sus parientes musulmanes. Cuando Israel tomó Cisjordania en la guerra corta, el 67, fundó la colonia de Qiryat Arba, pegada a Hebron, donde aún viven cuatrocientos israelitas, altamente protegidos, al lado de ciento cincuenta mil palestinos.

El sábado 16, al día siguiente de la matanza, estudiantes religiosos, armados con sofisticadas ametralladoras, levantaron carpas y establecieron un nuevo asentamiento judío en el sitio. Sharon y su ejército de inmediato desplegaron la fuerza necesaria para protegerlos, rodeando el lugar de altas barreras de concreto y alabando el valor y la religiosidad de estos soldados de Yaveh que intentan establecer el reino de Dios en la tierra, únicamente para judíos. Nuestra respuesta a los árabes, dicen, es: ahí donde ustedes nos ataquen, ahí permaneceremos. Otro nuevo colono predice una ciudad sin árabes en veinte años, a no ser que los árabes "se porten bien, nos sirvan y reconozcan que Dios personalmente cedió estas tierras al pueblo elegido"; sólo así podrán quedarse. Como buen religioso, este estudiante de yeshiva se marea en su ignorancia y desafía las leyes de la historia. 

La nación judía, en todo el mundo, está en proceso de envejecimiento, lo contrario de su contraparte árabe. Quizá la historia se desdiga y sea posible un gobierno de ancianos armados sobre poblaciones fuertes y jóvenes. Caso contrario la suerte de Israel está echada; a no ser que -siguiendo con las posibilidades- reconozca que no puede continuar con anteojeras como las mulas y mire a su alrededor y comprenda que su supervivencia radica en la diversidad, de sangre y pensamiento. Para eso tendrán que contar con ablandar la testarudez y el rencor de sus rivales, cuestión difícil porque la intransigencia judía, como la de Netanyahu y Sharon, aviva la copia árabe de Hamas y la Jihad islámica; ambos hacen intervenir dioses y Alás en un asunto que se resolverá tarde o temprano como un problema demográfico y no religioso. En cuestiones concretas hay que ser claros y precisos: el único Mesías válido y real es el de Haendel.
24/11/02

_____
Publicado en Opinión (Cochabamba), noviembre, 2002

Imagen: Colono israelita de Qyriat Arba/fotografía de Hazem Bader, 2008

Ojo de sastre/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Atributos esenciales para un sastre que se respete son pulso y ojo. Sin ellos debe prescindir de su trabajo y buscar otro oficio. Pero a la historia de Siegbert Feldberg, sastre judío de Berlín en la entreguerra, le falta el detalle del corte; sólo nos queda el del ojo.

Berlín de los veintes, Spartakus, la república de Weimar, Hindenburg y Ludendorff, las SA y la ascensión del cabo Hitler son hechos agotados en los libros de historia, aunque frescamente atractivos e interesantes. En arte están las grotescas, dramáticas y hermosas historias de hambre y talento; las novelas de Erich María Remarque y Alfred Döblin (más la muy posterior adaptación televisiva de Fassbinder); Der Blaue Engel (El ángel azul/1930), filme de Josef von Sternberg, contemporáneo y vista de primera mano de la época. Tenemos el retrato de la ciudad en 1923 bajo el lente maestro de Ingmar Bergman en Das Schlangenei (El huevo de la serpiente/1977), película alemana del director sueco que se mostró en un cine cochabambino por un par de días veinte años atrás. Está el expresionismo alemán, que incluía a pintores rusos y escandinavos. Y, por supuesto, el cabaret donde las tradiciones musicales germánicas se internacionalizan y mezclan la polka y el vals con el tango argentino y la rumba cubana para dar luz a un particular tipo musical. Esa era la ciudad donde el sastre Feldberg esgrimía su modesto arte. Muchos de sus clientes fueron artistas, algunos judíos como él, venidos de Europa oriental, los países bálticos y toda Alemania.

Los pintores apenas podían pagarse el alimento y para vestirse recurrían al sastre, quien con una visión excelente para el arte, aceptaba cambiar ternos y sacos por autorretratos de sus clientes, entre los que se contaron Oskar Kokoschka y Käthe Kollwitz. Muchos no alcanzaron fama y su único ingreso en la historia artística es la colección Feldberg que consiste en 70 retratos que los Feldberg llevaron a India como tesoro -despreciado por "decadente" por las hordas nazis- huyendo en 1939 en el albor del genocidio.

Después de décadas archivada, la colección se presenta en el Museo Mc Mullen de Boston, luego de estar en Toronto, y al fin retornará a la Berlinische Galerie que los posee.

Dice Ken Shulman, periodista que cubre la exhibición, que algunos de tales artistas fueron Henoch Barczynsky, desaparecido en el ghetto de Lodz, Jan van Ripper, completamente desconocido, y Heinz Fuchs que perdió toda su obra en un bombardeo aliado en 1944.
17/11/02

_____
Publicado en Opinión (Cochabamba), noviembre, 2002

Imagen: Autorretrato de Istvan Farkas (en la colección Feldberg), 1932

Tuesday, June 14, 2011

Reflexiones en tiempo de huayño/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Acabo de leer unas anotaciones del escritor chileno Raúl Rivera acerca de los mitos que rodean a Latinoamérica, la diferencia entre la imagen y la realidad. Verdades a medias. Creo que el asunto merece otra atención que un simplista acercamiento a datos que parecieran decir que estamos ya mejor que los Estados Unidos o Japón. Nadie niega el potencial, pero no entiendo por qué minimizar a los criminales latinoamericanos (Pinochet, Videla) comparándolos con Mao o Stalin. No es asunto numérico. Aproximación tal puede restar importancia a lo que sucede en el continente, a las aberraciones Chávez, Morales, Correa, porque siempre, estadísticamente, serán menores a otras afuera. Respecto a la cocaína, hace muchísimo que se sabe que es un negocio del gran capital. Lo he dicho, con ánimo de desmitificar, a masistas que sueñan que esta “lucha”, la de producir cocaína, es un acto de revolución. Nada más capitalista que la droga, y los cocaleros, enceguecidos por el dinero fácil que no crea ni sustenta futuro, lacayos son de las grandes finanzas. El susodicho Evo, incómodo malestar de la cultura y agente de la incultura, con narcómano frenesí representa lo mejor del capitalismo salvaje, haciendo creer a la bola originario campesina que se busca el ancestro, cuando lo cierto es que despide al ancestro para siempre con globalización delincuencial y riquezas malhabidas. Bolivia, de la cocaína, obtiene migajas, y quien fomenta este espejismo comete traición.

Leo con mayor frecuencia que el vicepresidente se ha asegurado el bolsillo. La retórica marxiana, modelo andino, voluble y pegajosa como greda, le sale por los extremos del cuerpo, pero no toca su ambición. Discurseó en Madrid lo mismo que en La Habana. Su tesis de etapas de la rebelión boliviana quiere fundar escuela. Pero no se funda ésta ni con mentira ni con vanidad. Su ímpetu genocida, que no otra cosa hay en la obsesión de que las etnias del Ande invadan las tierras bajas, esclavizando y extinguiendo a los grupos nativos minoritarios, no presenta novedad. El asunto ya ha sido teorizado, expuesto, practicado, con dramáticos fracasos que ni el imperio de los narcóticos hará progresar. El encerrar al país con la invención de un virrey de fronteras pareciera pragmática medida, pero el gran marxista parece olvidar la dinámica de la historia, que no se sujeta a las abstracciones de cualquier reyezuelo o eminencia gris, sino que se maneja por mecanismos propios ajenos a la decisión individual. Otra vez, quien lucra con la esperanza y destruye diciendo construir comete traición.

Qué decir del resto del entorno masista. Acorde con las dos cabezas de la hidra hablamos de un marasmo de ignorantes, rateros, borrachos, asesinos salidos de la masa informe, de quinientos años de brutalidad, de coca y alcohol que han nublado su vista. Por el otro, una cáfila de señoritos, maricas, drogadictos, ladrones, con la visión ofuscada del cobarde intelectual de izquierda local, con la avaricia y angurria de una clase acostumbrada a utilizar la lengua para verbo y como papel higiénico en la eterna brega de la provinciana política nacional, plurinacional o bolinacional, como mejor les parezca. Un puterío que con lista debiese marchar a la cárcel, ya que no hay paredones tan largos como para acomodarlos a todos.
13/06/2011

_____
Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 14/06/2011
Publicado en Semanario Uno #415 (Santa Cruz de la Sierra), 24/06/2011

Imagen: Dibujo de la revista expresionista alemana Simplicissimus

Monday, June 13, 2011

Serguei Esenin (1895-1925)/RETRATOS AL AZAR


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Poeta ruso.

Bajemos, dulce Esenin, a la taberna rusa. Allí y acá los campesinos huelen y las putas se mofan de nuestros escritos.

Quizá en el vaho y en los cráneos rotos volvamos a hallar el perfume de los abedules o el llameante trigo de la tierra.

La aldea de Konstantinovo duerme la noche secular. El día que nació Esenin los árboles abrieron grietas en sus troncos como queriendo gritar. La isba subió al cielo infernal como fuego.

Trashuma el poeta y nombra femenino al barro. Amalgama un verso negro y blanco; acaricia vientres y destroza platos. Todo bajo las cúpulas del “Moscú tabernario” donde agoniza.

Ama como sabes, Esenin. Ama y luego corre a ahorcarte, a abrirte las venas, a escribir con sangre. Muere como vives, dulce Esenin. Toma, te regalo una cuerda…

Bajamos a la taberna y subimos también a las laderas de los cerros de mi ciudad. Allí, en una casa de maullantes gatos, nos amamos, una mujer y yo, no en el nombre de Dios, Esenin, sino en el tuyo y en el de los que son como tú.

enero, 86

_____
Publicado en Presencia Literaria (Presencia/La Paz), 26/11/1989
Publicado en Suplemento Literario (HOY/La Paz), 5/04/1992

Foto: Esenin con Isadora Duncan, 1922 

Friday, June 10, 2011

En el Chelsea Hotel/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Nueva York.

Janis Joplin levanta los brazos en la entrada del hotel.


El frío hace pilares violetas. Ella, Janis, sonríe, y ya no importa que Leonard Cohen le diga que la recuerda, porque ya está muerta y sin más los púrpuras pantalones de esta noche. Su habitación sigue allí; y la de Dylan Thomas; y la de Sid Vicious.


Es el hotel de los muertos. De páginas y pinturas. Paredes de arte. Así lo siento, yo que abro un libro en su vestíbulo, seguro mientras Nueva York no me encuentra.


Jenny, Delia y Claudio tenemos una pieza. La ventana da al patio trasero de otro edificio y a unas escaleras. Adentro, la baranda negra de las gradas sube y baja en espiral. Tanto que busco fantasmas sin hallarlos, aunque sé que en uno de los cuartos Bob Dylan escribe "Sad-Eyed Lady of the Lowlands".


_____

Publicado en Opinión (Cochabamba), 30/8/1991
Publicado en Presencia Literaria (Presencia/La Paz), 22/9/1991

Imagen: Toma nocturna de la fachada del hotel

Katsushita Hokusai (1760-1849)/RETRATOS AL AZAR


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Pintor y grabador japonés.

Uno se pregunta acerca de las influencias que tuvieron Lautrec, Degas, los impresionistas. Entonces uno husmea, entra en las buhardillas, olfatea, hojea, y tropieza por fin y siempre con un rotoso grabado de Hokusai: una vista del Fujiyama, algún aspecto de la vida de sus contemporáneos o cualquiera de las 30000 obras de este hombre.

Hokusai es el antecedente de tan notables alumnos. Su vida, caótica y anarquizante, aunque no trágica, será un ejemplo antelado de la nada fácil existencia de los duendes de París. Hokusai, el despreciado de los aristócratas, de los enemigos del color, tira pinceladas marrones, rojas, multicolores, sobre la fría calva cadavérica de los imbéciles; se burla del sedentarismo cambiando 92 veces de residencia, pasando más tiempo en el aire pleno que en la voraz humedad de un cuarto.

Maestro de maestros; universo andante de oblicuos ojos, será él solo todas las máquinas fotográficas del Japón; firmará sus trabajos con una cincuentena de nombres antes de marcar tímidamente el suyo, bello como una xilografía.

¡Cómo te busco, anciano, por los jardines de la imaginación para que pintes mis manos y las conviertas en espuma!

1984

_____
Publicado en Pueblo y Cultura (Opinión/Cochabamba), 17/8/1989
Publicado en Presencia Literaria (Presencia/La Paz), 26/11/1989

Imagen: Katsushita Hokusai/Shunga, s. XIX

Wednesday, June 8, 2011

El frente/AÑOS SOVIETICOS


Claudio Ferrufino Coqueugniot

Las hierbas mueren al borde de las trincheras. Los ojos del soldado en nieve. Viktor Shklovski imagina aquel frente ruso, en la época del gobierno provisional. No se ve alemanes aunque el viento agita los hierbajos, párpados de la muerte pronta.

El silencio va de color claro. Qué lejos 1914 y la alegría por los aires en las gorras. Sueños de victoria que no están más; ahora hay confusión, uno teme al otro.

En la sombra del bosque, al fondo oscuro, tiene guarida la muerte; la han visto de manto entre los árboles, como tronco sobrevivido al invierno. Es ella, lo sabemos y nunca lo sabrán aquellos que dibujan la guerra en los papeles.

Publicado en Pueblo y Cultura (Opinión/Cochabamba), 1993
Publicado en Arte y Cultura (Primera Plana/La Paz), 1993
Publicado en SIGNO #41 (La Paz), enero-abril, 1994

Imagen: Caballería rusa en los Cárpatos, 1915

El fin de las culturas originarias/MIRANDO DE ABAJO


Un proceso se abrió que prometía cambios. El indio como parte activa, de acceso al poder de decisión, implicaba un avance sobre la retórica falaz de todos quienes habían gobernado antes, sin distinción de tinte político.

Fue un aroma, malsano y maloliente para algunos, pero inevitable. No se podía seguir viviendo contra la historia. Los infructuosos adláteres de la indianización veían consumadas sus aspiraciones, y la intelectualidad de izquierda, pudiente y patrona en su mayoría, se adhirió a la carroza de la comparsa iniciada por Evo Morales y Álvaro García Linera, dos caras de un Jano característico de Bolivia, el del blanco educado y el del nativo negado. Una opción que no previó Ernesto Guevara en su dogma obrero-elitista, y que, en el tiempo, no se había planteado aún, a pesar del largo listado de teoría indigenista en América Latina y del movimiento de la negritud en África y el Caribe.

Se llegó a ello, en parte por la hábil manipulación de los intelectuales europeos, con un trabajo ya longevo a través de las oenegés, y por otro la aparición de un líder carismático entre los cocaleros, que supo impulsar la coyuntura hacia la imagen, o la ilusión, de un cambio radical en favor de los pobres. Una mentira más, de las usuales.

Alguien escribe comparando a Bolivia con Somalia, la desaparición del Estado y la desorganizada y caótica organización del crimen: el imperio de las mafias. Somalia dejó de existir como país cuando el espejismo del dinero fácil destruyó las bases ya corrompidas de una sociedad sin rumbo. Somalia perdió el futuro y también perdió el pasado. Los reemplaza la droga, el secuestro, asesinato, prostitución, algo que se viene con agigantados pasos en esta región de Sudamérica y, lo que es peor, siendo azuzado desde arriba, desde el gobierno que decora su delincuencia con un discurso huero de descolonización y antiimperialismo.

Nadie más capitalista que Evo-Álvaro, dupla de lucro y ostentación. Más modesta es la reina de Inglaterra que estos peligrosos comerciantes, fundadores de una nueva clase, el narcococalero, que va camino a destruir lo poco que queda de un paisito que ya era de papel, y que con ellos, con verborragia de revolución y hummers de lujo, se convertirá en muladar donde crecerán los zares de la droga esclavizando de nuevo a la recua de incapaces indocumentados, ilusos que hoy piensan haber encontrado paraíso y eternidad de golpe en la siembra de coca, la tala indiscriminada de bosques y la fabricación febril de cocaína de exportación para “acabar” con los amos de afuera.

Veamos cuánto tiempo se sostiene, hasta que el interés de los grandes amos del capital oscuro decida hacerse con el mercado. Veremos cuánto dura Evo Morales cuando cualquier Chapo Guzmán lo mandonee e hijoputee como a un “indio de mierda” otra vez. Locos están si creen que van a controlar el asunto. Serán peones, ni siquiera alfiles, en el lucrativo negocio del narco. Y veremos si los cárteles y sus esbirros querrán oír de wiphalas, de culturas ancestrales, etc. La wiphala servirá para reunir cabezas cercenadas de aquellos que no se adecúen al nuevo orden de cosas, donde a nadie importe si Bolívar o Tupac Katari, sino el monto producido por el trabajo esclavo de los siempre pobres para hacer de otros ricos. Chau Estado Plurinacional, chau originario campesinos; en el engranaje del gremio que postulan nada de ello importa… es un rodillo sangriento.
5/6/2011

Publicado en El Día (Santa Cruz), 8/6/2011
Publicado en Semanario Uno 413 (Santa Cruz), 10-16/junio/2011

Imagen: Lanny Sommese

Tuesday, June 7, 2011

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT/Letras Libres-Entre el rumor


Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

Es mayo. Voy a ver a Claudio Ferrufino-Coqueugniot. El apresurado invierno acaricia las manos y pómulos de hermosas estudiantes. Claudio está en la vereda de la calle Jordán, en actitud de esperar, con esa doble espera del que espera y del exilio voluntario. Este escritor se fue como muchos y ahora apoya en sus viajes de ida y de vuelta o de vuelta y de ida, toda su sabiduría, sus culturas, su ironía, su soledad, su madurez y su memoria.

En Claudio hay una curiosa sencillez, propia de todo escritor comprometido con su oficio. Sus bigotes de morsa y su vestir, pasan inadvertidos, de tan sutiles. “Aproveché unos días de vacación para venir a ver mi padre”, comenta. Los estudiantes pasan raudos fuera del restaurante. Este escritor habla como en sus escritos –críticamente y con vehemencia- de Evo Morales, de García Linera, de política, del país, de literatura. “Yo creo que la mujer en nuestra sociedad, tiene un poder catalizador”, afirma. “Conozco a un escritor español, que hace años escribió un libro interesante sobre Bolivia. Y no hace mucho me dijo: “Esto ahora no es como antes ¡es una mierda!”.

Comienza a fluir un tiempo cosmopolita y provinciano, que es el tiempo en el que se inscribe este lúcido y mordaz escritor, uno de los mejores novelistas bolivianos de nuestro tiempo. En su prosa periodística no ha dejado títere con cabeza dentro del gobierno actual. Montes Vanucci en Pelotas, Brasil, Carvalho Oliva en Santa Cruz y Ferrufino-Coqueugniot en Denver, Estados Unidos, son los últimos testigos literarios de una Bolivia que se desarma y se hunde lentamente en el lodo izquierdista. Claudio se salva en su obra bien trabajada y su tiempo bien vivido, a pesar de la distancia y el exilio voluntario. Me muestra, la última edición vasca de su novela ganadora del Casa de las Américas 2009.

Toma café exprés. Qué peregrinación sus visitas a Bolivia, a Cochabamba. Habla siempre de la Bolivia real. Qué mañana más transparente para llegar al escritor esencial que mira al tiempo nuestro, a este universo miope de un país entregado por ahora a una necia política del arribismo y los lambiscones; a pesar de su exilio voluntario su mirada está cargada de muchas horas para leer y escribir, mientras otros (políticos pluri) se disputan como buitres unas migajas del efímero poder político. A un hombre así, a un entendedor de las cosas y de su raza, de la hibridez de su cultura y compleja realidad del país, se le deja vivir en el exilio.

Salimos al frío de una mañana cochabambina, que siempre la he visto un tanto apoteósica y tediosa. Caminamos por las calles de la Universidad, Claudio, su bolsa de libros y yo. “Henry Miller me causó una sensación agradable, placentera, cuando lo leí hace años. Hasta creo que me quedó algo de su estilo. Mira, Iván, yo creo que aquí en Bolivia hay mucha gente que sabe de literatura pero muy poca que entiende de literatura”. Qué lapidaria visión de este erizo y su pensamiento centrípeto, digo, siguiendo a Isaiah Berlín.

Claudio Ferrufino-Coqueugniot es un escritor único, lúcido, irónico y directo, que representa la conciencia ética y estética de muchos bolivianos. El escritor avanza despacio bajo el radiante sol de esta mañana, llevando en su bolsa de plástico tanta riqueza de vida, de palabra, de obra ¿Cuánto le cuesta al país mantener un político (Presi, Vice, ministros, viceministros, gobernadores, alcaldes y directores generales? Un ojo de la cara, una fortuna que se usurpa a los pobres, a los más necesitados y débiles. En cambio al escritor, al gran escritor, se le mata de hambre toda una vida, en suma, el escritor no le cuesta nada a este país. Adiós abril, adiós mayo, adiós Claudio.

_____
Imagen: Kenny Scharf/Picasso, 1984

Jules Pascin (1885-1930)/RETRATOS AL AZAR


Pintor judío búlgaro, de la Escuela de París.

Por fin, después del vacío, tengo vino a mano, vino negro, sangre de diablo.

Así me acerco a Jules Pascin. Ubícome al lado de la ventana, en su taller; las mujeres ruedan, sus mujeres tristes, grises, opacas…

Compartimos la ebriedad. Pascin escancia gotas en mis cabellos; el ácido de sus lágrimas me hace adelantar un paso, rumbo al suicidio.

El es uno de los pocos pintores vivientes con fama. Esfuma cantidades de oro. El oro es el intermediario entre el óleo y el alcohol.

¿Qué observas, Jules Pascin, con tus ojos taciturnos? ¿Gozas reventando de ira en las tabernas? Amas a los parias como amo yo escribir en los márgenes.

La parte más intensa del día es el crepúsculo. Quizá por eso pintas mujeres crepusculares.

Rodeado de prostitutas estás solo…
Rodeado de pinturas estás solo…

Y una vez, cualquier vez, que no marcarán en el calendario, te mueres. Y nadie te encuentra. A los cuatro días ven la cuerda en que cuelgas. Miran la sangre de tus muñecas, en la pared. Tu sangre escrita dice: Adiós, Lucy, y Lucy no está. Nadie está…

Tan sólo la cuerda se mece, ya huérfana de ti.
11.6.86

Publicado en Suplemento Literario (HOY/La Paz), 3/5/92

Imagen: Acuarela de Pascin

Monday, June 6, 2011

Jawlensky/RETRATOS AL AZAR

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Jawlensky pertenece al arte expresionista alemán.

No resultará que conferencie ante un auditorio menos compacto que el viento. Esta costumbre de hablar solo me hace pensar que enloquezco. Tanto mejor si así puedo evitar los rostros de los intelectuales. Día a día aprecio más la sencillez y detesto la pedantería. ¡Qué calma mayor que la modestia!

Me desvío sin embargo del tema, aunque la protesta y el desgano bien pueden entenderse como una concesión al espíritu ruso, y, entre ellos, al de mi personaje acá, Alexej von Jawlensky, discípulo de Ilya Repin.

El mundo alemán de principios de siglo y entreguerras es de un subido tono azul, color al que se llega luego de diez noches de embriaguez explosiva, asesina, no de las noches de borrachera conversada y erudita; eso es para los exégetas de los frailes, no para los dioses.

En 1924, Jawlensky, Klee, Kandinsky y Feininger formarán Die Blauen Vier, los Cuatro Azules, grupo que subvertirá el arte.

Jawlensky tiene dos fuerzas: una, la libertad creativa; otra, la bestial sombra antropófaga de los eslavos. Subyacen en sus telas anónimos artistas populares rusos; el vigor le viene de allí, de la profundidad inconmensurable de la estepa y la taiga.

A partir de los treinta voy olvidando a Jawlensky. El deriva hacia el cubismo y yo quedo con mi brutal rostro expresionista. Levanto cualquier xilografía y la anudo al cuello en forma de corbata. Sé que voy a perderla porque llegaré arrastrándome a casa, pero no importa. Las botellas me aguardan más que los amigos y cuando me siento, todos nos tranquilizamos.

El bar nos domina. De entre el tumulto alguien me pregunta:
-¿Qué color prefieres?
-Amo el azul, desde Jawlensky…
octubre 85

_____
Publicado en ACRACIA 2, Cochabamba, noviembre, 1985
Publicado en Presencia Literaria (La Paz), 25/11/1989
Publicado en Pueblo y Cultura (Opinión/Cochabamba), 17/08/1989

Imagen: Jawlensky/Cabeza en azul, 1912
  

Sunday, June 5, 2011

Volinia y Galitzia


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

a Isaak Babel


No recuerdo exactamente cuándo rozó mi piel la historia de estas regiones. Algún añoso cuento de duendes y osos soplaría en mis ojos vírgenes, sus sortilegios. Cayeron en el tiempo las hojas de los árboles, rasgando los acordes de violines invisibles. La música hundióse en el barro putrefacto de los otoños lituanos y el lúpulo en descomposición lloró la cerveza ahogada en marmitas de viejas brujas.

Noche poblada de bruma, de aullidos de lobo; los poetas te cantan subidos en negras piedras milenarias calzadas de musgo.

Tuve su voz de frontera en las páginas de Gogol y vestí armas ruidosas, e imaginé la sangre chorreando de una mítica espada con ritmo tranquilizador. Dicen que la tierra se ensombreció con las siluetas cosacas. Dicen de igual modo que el Volin desvió su curso para evitarlos, que el Bug tomó el color de una mortaja inmensa. Los insectos callaron y el sonido de los cascos de los caballos quedó guardado como ahorro en las cortezas vegetales.

Leyendo a Henryk Sienkiewicz percibí el rumor de la matanza. De mi silla contemplé la inmutable estepa, donde se cazan los hombres. El cielo enrojeció como tinta echada en sábana y las multitudes aterradas aguardaron al Anticristo. Volinia descansaba plácida en la candidez del trigo. La vida era como un trago de sopa, reconfortante. Luego la turba, la oscuridad tártaro-cosaca, detrás de las polacas de lindos senos. Cómo estaría Lublín aquella tarde en que el duque Jeremías reunió a las huestes. El día tembló temiendo que la venganza se ensañara con él, apañador de crímenes. La piedad quedó metida en los arcones de la catedral mientras las tropas marchaban ¡Ah, Galitzia! ¡Ah, Volinia! Sobre sus cuerpos pasó el sexo reptante de la humanidad ¡A qué embarazo atroz las sometieron! Los hombres se abrazaron en una fiesta sangrienta; los petrificados diques de cuerpos parecían querer retener el agua, para purgar la vida.

Las imágenes regresan y corren sobre mi mesa, ávidas como hormigas comedoras de pan.

Es el siglo XVII el que relato; siglo donde los bosques sin fin ni principio estaban poblados de seres fantásticos, donde los linderos del diablo se extendían como agua derramada. Siglo de monstruos, gigantes, hechiceras y reyezuelos, cubiertos con mantos de crueldad y hambre; lugar en que la muerte era más barata que una rebanada de pan; sitio fantasmagórico. Era mejor trepar a un pino y taparse los oídos para no escuchar gruñir a los hombres fiera que vigilaban lo denso y lo claro, lo absurdo y lo real; cubrir los ojos y no ver las humaredas blancas de espectros por la llanura.

Bogdán Mielnitzki entró en Volinia montado en caballo y pisando extensos caminos de barbas talmúdicas. Cuatro siglos de huesos recuerdan su nombre impronunciable.

Al abrir unas matas con la suavidad de un beso, encontré en Isaak Babel el rutilante Sbruch. Su lengua de pez y sus meandros eran hidromiel embriagador. Corría 1919; dioses de destrucción castañeteaban los dientes sobre todo. La guerra vino con luz de luna; los hombres rodaron como canicas en la sinuosidad terrestre. Los campos hedían. Cien mil hebreos degollados como borricos olvidaban la Torá entre miríadas de moscas y polvo de amapolas. El sol desafiaba las arboledas al mismo tiempo que se alzaban los sables del mundo nuevo para trozarlo.

La lobreguez de las habitaciones contrastaba con la fulminante luz encima de las mieses; los viejos judíos, agachados y taciturnos, oían la soberbia cosaca regocijarse en torno de las ollas. Observé -detrás de las gafas de Babel- la arboleda que ocultaba en su regazo húmedas rocas ¡Oh, iglesia de Novogrado, tus iconos miran fijo de tanto mirar callados! En medio de la rugosidad de la calle se alzaba un almacén de anticuario: pueblo perdido su interior; Asiria y Crimea en las figuras. Babel dirá: “¿Dickens, dónde estaba tu sombra aquella tarde?” Es la penumbra del genio en un atardecer cargado de niebla.

-“¿Qué busca el hebreo?”
-“Un poco de alegría”

La alegría de los hebreos duerme bajo el humus corrompido. La mirada de Israel Baal Sem Tob se ha cerrado y en Volinia ya no escucho las piadosas voces de los hasidim; el silencio es la muerte del rabino.

La luna rodó con su atavío áureo, bordeó los túmulos cosacos y se adentró en las casas, tras el ghetto de Zhitomir.

Mi tiempo fue desayuno y desayuno. Las letras bailaron, removieron presente y pasado; entonces, en el rescoldo de un anochecer, Isaac Bashevis Singer me susurró muy quedo que me hablaría de los judíos, desde Varsovia hasta Yampol. Con él miré aldehuelas dormidas en los bosques galitzianos; paradisíacos lugares en la Volinia, remojados por olvidados remansos. Conocí el brillo maléfico de los trasgos en sus habitaciones de entrepiso y la burla fatal que de los hombres hacen los demonios. Los misterios de la Cábala abrieron mundos de horripilantes figuras y mi juventud se agitó impresionada.

La tierra es un paisaje; los eruditos y los rabinos caminan bajo el peso de sus libracos: la ciencia es un espacio pequeño para el judío. Los niños marchan al cheder cantando en yiddish; hace más sol que nunca; la tarde está caliente como una premonición. Estamos en 1939.

Septiembre 85

_____
Publicado en ACRACIA 2, Cochabamba, noviembre, 1985
Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 05/06/2011

Imagen: Fortaleza de Zbaraj, en un grabado del siglo XVII