Thursday, February 28, 2013

Los hombres del blues/VIRGINIANOS

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

"Mi amada es una niña, pesa apenas". Así traduzco la letra de un blues de Muddy Waters (mientras la armónica se agudiza cuando llora, y es triste al agravarse).

"Ella sólo tiene diecinueve años" y por su cuerpo liviano las notas de la boca susurran satisfacción.


De ella, el blues se traslada a la bahía de San Francisco. Allí, un negro que se nombra Jesse Fuller, corre los dedos por la guitarra. El blues es de manos libres, burlonas, que hace muecas a las cuerdas, barrotes carcelarios del foso de la guitarra.


Mance Lipscomb; Blues in G.


Blues, si he de creer en los collages, es una botella de whisky, billetes de a dólar, fotografías de amantes, sobras de marihuana y tabaco, desnudos, un ticket de una anciana pelea de Jack Johnson.


... Mississippi John Hurt- John Lee Hooker- Otis Rush- Homesick James- Big Bill Broonzy- Los demás...

1989

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De VIRGINIANOS (Cochabamba, 1991)


Foto: Ticket para la pelea entre Jack Johnson y Jim Jeffries, 4 de julio 1910

Wednesday, February 27, 2013

Nisttahuz


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hay que remontarse dos décadas, un poco más, para hacer memoria de mis primeras lecturas de Jaime Nisttahuz, “don Jaime”, como le dicen a cabalidad los escritores jóvenes.

Veinticinco años tal vez, cuando lo leí en las páginas de Presencia Literaria, que dirigía Juan Quirós. Una noche paceña, en excursión amatoria de entonces, visité con una muchacha inglesa al monseñor y conversamos de literatura. Confesó su predilección por dos escritores que eran habituales del suplemento: Nisttahuz y Urzagasti. De ambos compartía poemas y prosas breves; de Nisttahuz hablaba de un preciosismo que a la larga se convirtió en rito lacónico. Terminó -es un decir- siendo un ecónomo, como debe ser un buen poeta, y escribir lo mucho que tiene en pocas palabras. Por eso, para espanto de literatos remilgados y de féminas líricas, destapa que el buen lenguaje no existe, o no solo ahí, en la pulcritud del verbo. Bukowski y Miller nos lo enseñaron; y Quevedo. Y Jaime Nisttahuz lo adecúa al medio y despotrica contra el mundo en la jerga riquísima de la calle boliviana, fuente inagotable de literatura, no solamente de estilo popular o tradicional, sino como carajazo expresivo de un poeta bebido en todas las fuentes, que de pronto deja de lado lo que se espera de él y narra en un estilo que se desprecia por lo general y permite penetrar espacios antes vedados de experimentación. Al pan, pan, y al vino, vino. Y al culo, culo. Bien dicho. Bien hecho.

Manuel Vargas es el apóstol de las letras nacionales. Rescató a Viscarra de un olvido al que lo hubiesen querido condenar. Publica a Nisttahuz, arriesgando la prédica criticadora de quienes creen saber escribir, y que detestan cualquier reminiscencia que ponga al literato con los pies sobre la tierra, entre la mierda diaria, los tragos, cueros, putas y maldiciones. Ese mito de la torre de marfil no ha acabado; sigue muy presente y fuerte en la idiosincracia local. A ellos claro que no les gusta lo que cuenta Nisttahuz en sus narraciones, será muy crudo, muy burdo, muy autóctono, falto de sofisticación y academia. Nada más lejos de la verdad, que cuando un autor inmiscuye la vida en sus textos y él mismo se refriega el rostro con la ansiedad, miseria, dolor y diversión del mundo real y cotidiano, algo bueno ha de salir, Así en la literatura que Jaime nos viene entregando desde hace años, en cuentos desnudos o en historias de maníacos y desquiciados. El desquicio de ver pasar una falda y admirar un culo, y que hablando de la hinchazón que tal imagen produce detrás del cierre, Jaime se refiera a ello como cosas de “pichi” y no de “miembro”, lo entendemos todos y no nos producirá escozor porque con palabras así crecimos. Vienen al caso los choricitos que se venden por las noches en Trinidad, los pichi e’ boli, pequeños y regordetes, que la mala opinión racista y despiadada asegura imitan las vergas de los soldados andinos. El diccionario no solo se compone de adustez.

Preparan un homenaje al escritor Jaime Nisttahuz, paceño del 42, y me adhiero. Su desdén por fama y notoriedad es algo que hay que admirar, en una tierra de gallitos catalanes como la nuestra. La mejor memoria es la escrita, que los oropeles y los discursos van con lo que el viento se llevó. Ahora mismo, en Colorado, fin de la pradera e inicio de la montaña, región paradójica como Bolivia, tengo a mano un ejemplar suyo autógrafo. Nunca lo he visto en persona. Y le doy la razón: no importa. Las apariciones en la prensa y en el ecrán eso son: apariciones. Guardo sus libros como atesoro las palabras del padre Quirós que mucho sabía de lo que trataba. Valga la ocasión para obviar kilometrajes y relojes y anotar un nombre de valor: Jaime Nisttahuz, que da la casualidad escribe, y bien.
04/02/13

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Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), 24/02/2013

Imagen: Portada de Desquiciados, maniacos, diferentes


Tuesday, February 26, 2013

Siempre los mismos/MIRANDO DE ABAJO


Extraños tiempos vivimos. Ni tanto, en realidad. El hecho de que un gobernante (Chávez) presumiblemente ya embalsamado como Ulyanov siga firmando decretos, devaluando la moneda, haciendo fisioterapia y muchísimos puntos suspensivos repite historias de caudillos, buenos y malos, costumbres afianzadas en la incomprensible maraña del poder. Recursos que además de proteger intereses también sirven para que no se pierda lo más preciado: la fidelidad de los seguidores, que se teme, y es posible que suceda, se despeñe ante la falta del jefe. A la corta y a la larga somos animales que necesitan dueño. Casi todos.

Recuérdese al Cid, en ese filme que de niño uno miraba como sublime -con Charlton Heston, el actor-presidente de la Asociación Nacional del Rifle, en el papel de Ruy Díaz-. Muerto el guerrero lo amarran a la silla de su cabalgadura para que su sola presencia aterrorizara a los paganos. Exactamente igual, aunque el poema de Mío Cid, pleno de intrigas y malevolencia también, no llegase a extremos de vileza como los del chofer Nicolás Maduro y su hueste de falsarios en esta nueva Edad Media.

Entre los asuntos que la globalidad ha diseminado están la reaparición del mesianismo, el fundamentalismo religioso (y diría político, salvo en casos latinoamericanos donde lo ideológico no existe, o se esfuma en latrocinio). Leo que entre las razones para permitirle a Evo Morales un tercer mandato cuentan aquellas de yatiris de tres por cuatro, de la escuela papalisa y otras que sabemos, que alegan que el individuo de marras es indispensable para la armonía de la época, la naturaleza, el país, la patria, la patria grande, y nombres que conceptos no son sino palabras. Pasa en los Estados Unidos, sobre todo entre los desposeídos -de efectivo y de educación- que paradójicamente resultan los más conservadores y adalides de un mundo exclusivamente gringo donde gobiernen las armas y el terror de Dios. Parece sacado de las crónicas conquistadoras hispánicas.

Mientras más se avanza hacia un increíble desarrollo tecnológico más se quiere retroceder. Lo interesante está en que los que pregonan anacronismos y retornos al mito o la historia como fábula, no desdeñan la instrumentalidad de la tecnología: Morales, cuyo universo ideal -en apariencia- es uno de masticadores e iletrados, rumiando y rascándose las espaldas unos a otros, viaja en avión sofisticado. El difunto bin-Laden manipulaba su arrogante esquema con informática de punta mientras esclavizaba a sus mujeres. Los beatos de Hamas agitan Kalashnikovs y los beatos de la yeshiva ametralladoras similares. La charla no concuerda con la práctica. O no mucho. O el fin justifica los medios, aunque los medios desdigan o hagan añicos el mundillo ideal que los santones y amos pintan. Así acabo de ver un filme sobre la España franquista (sin la presencia tecnológica) donde las monjas que vieron salvarse el mundo con el fin de los rojos, torturaban a las detenidas en prisión con la misma saña que decían los otros empleaban.

El mundo de cabeza, patas arriba según Galeano, tan arriba que incluso a él se le volcaron. Cómo continuar creyendo en algo. Al menos en el llamado Primer Mundo la mentira viene con píldoras doradas. Hasta por ahí nomás; contemplen España y la lección de que la soberbia de un intríngulis mal comprendido se paga caro.

Digresiones acerca de una reelección tal vez, porque preocupa que los individuos se consideren a sí mismos indispensables. No importa cuán mal lo hagan, lo que seduce es el estrado, la puesta en escena. Basta observar al vicepresidente y su fama de inteligente. Si lo fuera no movería tanto las manos: cuando hay ideas claras y se es articulado no se necesita moverlas como si se amasaran bollos o se refregara corpiños. Pero eso distrae al oyente, tiene su efecto. La prestidigitación engaña. Y no es un truco refinado.

Cerremos el círculo. Desde el Campeador hasta el converso Hugo Chávez, pasando por el mariscal Tito, Fidel, los dinosaurios del Kremlin, el feudo norcoreano, a izquierda y derecha, lo mismo: permanecer es la consigna. Tal vez tenga un sustrato mítico-religioso y tenga que ver con la eternidad.
25/02/13

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 26/02/2013

Foto: Momia de Tebas

Sunday, February 24, 2013

La indefendible “izquierda”


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Bastan las atrocidades stalinistas, derivadas de las leninistas, bien documentadas, para descalificar a aquellos que decían -y dicen- hablar en nombre del pueblo. El poeta Mao, alguna vez lo llamé así luego de conocer sus versos, bañó en sangre su país con el mismo ímpetu -o peor- que lo hacía Chiang Kai-shek. ¿Dónde están las diferencias?

Lo contó Margarete Buber-Neumann, desde las cárceles de Stalin y de Hitler. En las páginas de su libro de memorias detalla como los soviéticos entregaban a los comunistas alemanes a sus aliados nazis, amarrados para el sacrificio. Y a los otros, amén de torturarlos, fusilarlos, desaparecerlos, hacer escarnio de ellos. En la Guerra Civil Española los comisarios se ocupaban en cazar gente del POUM y anarquistas, siguiendo las instructivas de Moscú. La revolución era lo que menos interesaba. El objetivo está en el poder, y eso los hace casi monárquicos, porque además apenas se encaraman en situaciones de mando preparan con celeridad las futuras dinastías que preservarán su casta. Lo he mencionado tantas veces que bien cabe una vez más: recordar a la madre de Brezhnev preguntando al hijo qué harían cuando llegara el comunismo. Imagínense una oleada en verdad revolucionaria, un tsunami repentino. Cómo escaparían Evos, Lineras, Correas, el bufón del siglo XXI ya no puede correr, Cristinitas, Amados Boudu y ladrones de menor estofa ante la inminencia de ser acorralados y aprehendidos por usurpación. “El comunismo viene, vámonos”, y a la desbandada.

Un amigo sugiere que leo en demasía noticias y comentarios de derecha, que de ahí nacen escritos reaccionarios, contrarrevolucionarios. Para qué, si basta leer a los clásicos del género y darse cuenta que aquí hay mentira, y mucha, y siempre la hubo. Exceptuando los que murieron, benditos ellos, de quienes nunca sabremos cómo habrían actuado dotados de poder. O el caso emblemático de Che que con errores y sin ellos tuvo la decencia de intentar preservar un sueño apenas se dio cuenta que las ilusiones se desvanecían donde las comenzó. A pesar del absurdo, de la niñería espantosa de un foquismo descentrado que llevó a unos a deambular como zombis por el monte y a otros a perecer de hambre. Mejor la muerte que desenmascararse o aprender a utilizar los mismos males que se afirmaba combatir.

Es tanta la farsa que algún histrión que fungía como jefe de redacción de un diario cochabambino, con aires de vate, peluquín, cornamenta cercenada como la de Hellboy para esconder la vergüenza, rescataba a “Julio” (Cortázar) y en un galimatías garabateaba un intento de manifiesto revolucionario con los bolsillos llenos, venidos sabemos de dónde. ¿Defenderlos? ¿Esta es la izquierda? Mejor nos iría con la derecha. Al menos así sabríamos de qué lado viene la cornada. El histrión nunca lo supo…
19/02/13

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Publicado en El Deber (Santa Cruz de la Sierra), 24/02/2013

Friday, February 22, 2013

La fotografía de Jan Saudek/VIRGINIANOS

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Saudek evoca Praga en mí, los atardeceres con nubes de Checoslovaquia, el antiguo arte del amor y del dolor.


Creo que lo más importante de su trabajo, más que las alucinatorias puestas en escena, maravillosas además, son los fondos: una mesa, una pared, una ventana en la pared. Fondos de materia carcomida, marrón y gris; graffittis, hendeduras, pliegues y rompimientos. Un mundo que pervive la Edad Media. Sobre este basamento, Saudek perfila la memoria, malicia, corrupción y tristeza del hombre. Sobre este fondo que en nada recuerda la naturaleza. sí los fusilamientos, el macho levantará a la hembra para lamerle el sexo, o una mujer con sombrero pondrá en su boca el largo frío de un revólver u otra se amamantará a sí misma. Tal vez haya un castillo de fondo, gris Praga como pared, y una mujer de nalgas jóvenes caminará entre una multitud de cisnes blancos.


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De VIRGINIANOS, Los Amigos del Libro, Cochabamba, 1991
Publicado en Opinión (Cochabamba), 29/03/1990

Foto: Jan Saudek/A Burden, 1987

Tuesday, February 19, 2013

Ser mujer en Bolivia/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hace varias décadas mi padre me contó que vio a un individuo golpeando a una mujer en la calle. Intervino, furioso, dispuesto a destrozar al agresor. Estaba en ello cuando sintió un agudo dolor en la nuca: la mujer le había clavado el tacón de su zapato alegando que el tipo era su marido y que tenía derecho a pegarla. Problema no al margen del abuso, sino parte dramática de él: aceptarlo como derecho.

Lo triste, en Bolivia, es que en el despropósito y mentira vil del plurinacionalismo se ha azuzado desde los más altos cargos en favor del abuso, opresión, utilización de la mujer como objeto. Al menos en tres ocasiones el presidente hizo declaraciones no solo ofensivas sino atentatorias. Cuando en el caso del Isiboro-Sécure instó a los cocaleros a ir al monte a “seducir” a las indígenas para hacerles cambiar de opinión respecto de la carretera. Eso tiene un tremendo y simple nombre: violación. En otra oportunidad, abrió las puertas de los cuarteles a todos los inocentes muchachitos que embarazaban a sus parejas, el cómo sin siquiera consultarse, y acogerse al amparo de la fuerza armada para evitar la justicia, resarcimiento, responsabilidad y etcéteras. Qué mejor que allí, que en la historia nacional ha sido siempre centro de tortura y discriminación, donde se ha ejercitado represión al pueblo y jamás se ha ganado una guerra. Cómo ganarlas si desde arriba se invita al recinto a cualquier cobarde. Lógica irracional, como todo aquí.

Luego, se perora, discursea de cuánto ha avanzado la mujer en su acceso a cargos públicos en nuestro paraíso social. Cierto que hay ministros de sexo femenino, directoras, y más, pero todo ello se borra con unas cuantas coplas imbéciles que sin embargo apuntan concretamente a cómo se piensa en el país, desde el mandamás al resto. Y que en él, como ha sido siempre, el género femenino se reduce a lo que podríamos bien llamar carne de colchón.

Volvemos al tema de las coplas, que no se han reeditado este año porque alguien tendrá algo de cordura en esta sopa infecta. Allí se dijo, claro, que a las “ministras” Evo Morales les bajaba el calzón. Broma o no broma, el tiempo lo dirá. Nos refiere de inmediato al dictador Rafael Leónidas Trujillo, acostumbrado a obligar a las esposas de sus subordinados a acostarse con él, so pena de inenarrables castigos. Tácita la idea de asociar al tirano con el supermacho, la de hacer saber que si no se manejan las bridas del poder y del estado con la cabeza se lo hace con la verga. La misma idea, calcada, de impunidad, omnipotencia, desdén por los derechos y libertades de los otros, incluidos los maridos que en ambos lugares agacharon la cabeza, en uno ante los actos, en otro ante las palabras, y sonrieron con la beatitud de tristes e indefensos cornudos. Las ministros no callaron, defendieron al amo, lo que nos hace retomar la historia inicial, la de aceptar el abuso como derecho del que detenta el poder.

En un país sin leyes, profesionalismo, decencia en la judicatura, y sin autonomía, poco se puede hacer. Lo ha demostrado el caso de la asamblea de Sucre, donde se hubiese o no consumado el acto de penetración, asistimos a una expresión de atropello, despotismo, arbitrariedad, elementos característicos de una nación en ciernes de desaparecer, engullida por el flagelo del narcotráfico, que si bien sostiene un status quo temporal terminará destruyendo hasta las raíces de un suelo ya corrupto y canalla.

Ser mujer en Bolivia, sobre todo en esta Bolivia, es un desafío, aparte de calvario, viendo que hasta las que están mejor ubicadas ceden con beneplácito sus prendas íntimas para preservar un imperio de anacronismos, de antiguallas mestizas, indias, criollas y españolas que pesan como castigo y sustentan tronos crecidos en la ignorancia.
18/02/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 19/02/2013

Foto: Afiche contra la violencia de género en Estados Unidos

Sunday, February 17, 2013

Corea del Norte


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Me sorprendió escuchar en Cuba bromas de subido tinte político, algunas que ni perdonaban al vetusto profeta. No ha de extrañar en un país que siempre se caracterizó por una pujante intelectualidad, inteligentsia que apostó bien o con errores pero que dejó la impronta de su pensamiento. ¿Por qué habría de ser distinto hoy? Lo monolítico del esquema soviético, por sofisticadas que estén sus instituciones de espionaje o represión, no impide a totalidad ni la crítica ni el sarcasmo.  

¿Por qué hablar de Cuba? Porque allí en el mismo tono se contaban chistes y se hacía mofa del régimen comunista coreano. Contaba un cuadro femenino que en viaje de solidaridad revolucionaria con Corea notó que el entramado de espías, fisgones y denunciantes cubría todo el panorama. Tan eficiente resultó, o tan deplorable, que al llegar ella al aeropuerto para el viaje de regreso, ya la esperaban los camaradas para devolverle un calzón que había olvidado ni recordaba dónde. Otro, luego de algunas ironías acerca de la isla que un amigo aconsejó no repetir, recordó algo que oyera de visitantes cubanos en Pyongyang. Como cualquier “paraíso de trabajadores”, Corea del Norte carecía de papel higiénico. Sabemos por costumbre universal, tal vez descartando a los musulmanes, que el cuarto de baño es casi salón de lectura. En la biblioteca o en el inodoro se halla la paz precisa para aprender y razonar. Por eso es común hallar in situ material para leer. Corea no era excepción, pero los periódicos ya habían sido consumidos por algo más que la lectura. Quedaba la portada de una revista con la foto del difunto supremo Kim Il-sung. ¿Qué hacer? Hasta el gran Lenin hubiese optado por la única respuesta: utilizarla. Debiera ser fin de historia y no lo fue.

Siendo estudiante fue llamado a declarar ante el directorio y miembros de la secreta. La prueba estaba sobre la mesa, denigrante y sin embargo tan humana. Era, según ellos, un insulto vil a la memoria del Constructor, lo que había hecho. Cualquier cosa relacionada con los líderes de la revolución y padres del pueblo merecía ser reverenciada. Y he ahí que un camarada extranjero, quizá más por ignorancia que disidencia, se atrevió a profanarla. Merecía una lección socialista que sus propios dirigentes tendrían que aplicar. Jamás puede ser motivo que un ansia o necesidad terrestre se coloque por encima de la personalidad y las enseñanzas de los maestros. No comprenderlo implica contrarrevolución.

Esa Corea explota bombas atómicas. Su pueblo muere de hambre. Sus mujeres se venden y venden a sus hijas en China por un puñado de arroz.
13/2/13

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Publicado en Séptimo Día (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 17/02/2013

Foto: Niños norcoreanos

Friday, February 15, 2013

Enfermos/MONÓCULO


Me divirtió mucho ver, a raíz de la renuncia del Papa, una caricatura de los hermanos Castro comentando el asunto. Decía Fidel (lo repito de memoria, quizá no exacto) algo como “¡Qué bobo, cómo puede renunciar!” Y su hermano añadía: “¡Y tan joven!”. El hábil artista que la dibujó y le puso texto hablaba del eterno drama de tener entre nosotros aquellos que obteniendo un cargo, cualquiera, hacen lo posible por soldarse él, siempre a costa de todos. Desde míseros segundones, mal llamados rectores -recuerdo- en una villa deleznable, la nuestra, hasta los que apuntan arriba, sin darse cuenta que los tiros en esa dirección rompen tejados y traen lluvia.

Las razones de Ratzinger no me interesan. Ha sido tan oscura la iglesia que se puede dudar de sus acciones y actores. Cierto que si no hay “gato encerrado”, es loable que un hombre en tan alta posición sea capaz de dejarla para retirarse a lo suyo, el estudio según afirma. Con esto han quedado mal parados los nuevos libertadores de la América Latina que se niegan incluso a morir, cruzando dedos en último reflejo muscular, para llevarse con ellos el tesoro. Piratas modernos, pero faltos completamente de esa aura romántica que circunda incluso a los más feroces “caballeros de fortuna”. Si hasta para ello hay que tener garbo, no reproducir la patética imagen del usurero Fagin en las páginas de Oliver Twist como lo hacen.

¿Qué induce a estos sujetos a desterrar de sí lo más preciado, la individualidad? No sé; no he buscado acerca de si hay relación entre sexualidad y poder, pero que las sillas presidenciales producen orgasmo a ciertos especimenes de la fauna no hay duda. Y si no la silla, el taburete, para los que se acomodan a espaldas de los que pesan. Complicado panorama que debe incluir taras, decepciones, complejos, angustias, deseos insatisfechos, manías, perversiones, soledad, aislamiento. Vale, pero que el resto tenga que pagar porque de pronto estas personas sienten haber alcanzado una ansiada plenitud, no. Así no.

Cada quien elige lo que le parece mejor, y nadie puede dar lecciones al respecto, mas cuando el problema que se presenta es de orden colectivo, allí donde alguien avasalla al resto, hablamos ya de una penosa enfermedad que igual al cáncer debe ser extirpada en favor de la salud pública.

No hay manera de eludir el tema, aunque no quería vilipendiar más al semi occiso de La Habana, cuya muerte para mí viene con beneplácito. Si por ello he de recibir el infierno, que venga, no voy a andarme con vueltas. Éste, ambicioso hasta la cumbre, observen cómo terminó. No dudo que le gustaría quedarse, lagrimearle un poco más al crucificado para que no le quite el juguete. Todo tiene su fin, y a veces muy triste como su caso. Fue monarca y hoy piltrafa, trapo sucio que manipulan los buitres alrededor. Grandeza que no existía, que ni siquiera permite acabar en paz. Se disputan el remanente de Chávez un chofer de bus y un golpista fracasado, sin contar los que apuestan por encima. Él ya no importa, el non plus ultra de la revolución dejó de ser tal; no tiene amigos. Hasta dónde alcanza su desdicha que incluso le endilgan la devaluación. Desde el vano del panteón seguirá sirviendo intereses de aprovechadores. Se creyó único, máximo, y perece casi lacayo.

Quizá Benedicto XVI supo que al faltarle fuerzas su nombre se disputaría en pelea de mastines; lo utilizarían en provechos propios. La razón es sin duda cura para el terrible mal del poder. Tozudez o estulticia impiden que algunos puedan discernirlo y aceptarlo.

Texto de digresiones. Enfermedad y poder. Grandeza y miseria. Solución y cura. Muerte y eutanasia. No debe haber nada mejor, luego de haber ejercido un cargo con exceso de responsabilidad, disponer de la felicidad de sentarse solo ante un café, en la irremplazable lujuria del anonimato.
14/02/13

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 15/02/2013

Imagen: Caricatura hondureña de Hugo Chávez

Wednesday, February 13, 2013

Malas apuestas/MIRANDO DE ABAJO


¿Qué dice el sentido común cuando alguien que furibundo ha atacado a una región se echa atrás y aparece danzando, y disfrazado, junto a aquellos a quienes denigraba? ¿Cambio de frente? No, simple derrota. Parecen no entenderlo.

A pesar de la supuesta inamovilidad del gobierno, con trágicos visos de infinito, las cosas cambian, tal vez no muy visibles, pero con una dinámica elocuente e irrefrenable. No hay poder mágico que eternice a un régimen o a un líder. Ese asunto radica sobre todo en el aspecto económico pero también en la calidad de un pueblo que debe escoger entre ser valiente o cobarde para enfrentarlo o aguantarlo.

Algunos de la alta burguesía cruceña han aceptado esto último. Clara muestra de que sus proyectos e intenciones son de tipo personal y sectario, desinteresados del progreso regional, autonómico -no sedicioso como desean hacer creer-, y ávidos de obtener beneficio según la curvatura de sus inmundas genuflexiones. Está bien, el enemigo tiene que desenmascararse.

Quizá alguna vez esta gente representó a un pueblo. Sus actitudes actuales borran tal representación. Por supuesto que es más fácil someterse y lambisconear que buscar salidas con proyecciones de futuro. Obliga a pensar que el espectro de corrupción, el del dinero a montones, impunidad del narcotráfico, economía oscura subyacente que mantiene el status quo, alcanzan a muchos (pero no a todos). Una región como Santa Cruz, de potencial ilimitado si se lo maneja con cordura y visión ambientalista, no necesita de eso para convertirse en foco de desarrollo, como ya era, y productora de riqueza que pueda dividirse con mejor equidad sin recurrir a destruir el entorno. El hecho de que una parte de su empresariado opte por la opción destructiva, fascistoide, retrógrada y ambiciosa de Evo Morales & Cia no puede resultar en la debacle general, a no ser que no exista una base de pensamiento y acción para oponerse a la oclocracia imperante. De ser así, requiescat in pace.

Lo que mueve a estos dos individuos, tan dispares entre sí y sin embargo tan fraternos en su codicia, presidente y vicepresidente, es ver que las bases fiesteras de pututus y platillos, de perros degollados y violadores consuetudinarios no basta para sostenerlos. El dinero secreto tampoco alcanza, porque Bolivia es solo sirvienta del supremo cartel (la cocaína apenas deja un 5 por ciento en el país). Hay que buscar algo sólido, un espacio que presente en concreto posibilidades: Santa Cruz. Para ello se han puesto en campaña de ofertas que desconocemos; luego, ya comprados los cabecillas “opositores”, demandarán, la carretera del Tipnis en primer lugar, que machaca como obsesión la mente del Exterminador de la Madre Tierra, que no puede dejar escapar tajada semejante.

Nada mejor que el carnaval para mostrar la alegría de este nuevo matrimonio. Aquí no cuentan regionalismos, etnicidad o ideología. Es un negocio a secas entre socios que desean acumular más unos, los nuevos, y mantener sus beneficios los otros. Abyección, cobardía, traición, doblez, características muy nuestras, lacras del espíritu boliviano que impiden ir adelante. Quizá, y como decía Roque Dalton de Miguel Mármol, refiriéndose a El Salvador, en Bolivia la revolución (la verdadera de riqueza y bienestar colectivo, no de monarquías eternas y absolutistas de marxistas travestis) es cuestión de huevos.

Le toca a Santa Cruz decidir, escoger. Ser apéndice infecto de una pústula o apostar por el trabajo. El camino que tomen los poderosos no tiene por qué ser el del resto. Llega el momento de reconocer quién es quién y de descalificar a cualquiera. La región se juega la vida. La disyuntiva de Francisco Pizarro en la Isla del Gallo: allá a ser ricos, acullá a ser pobres. El asunto tiene tal importancia que no se puede dejar en manos de pocos. La balanza palpita entre pretérito y futuro. A dónde se incline tendrá peso de décadas y generaciones.
11/02/13

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 13/02/2013

Imagen: Honoré Daumier

Sunday, February 10, 2013

El Cuervo, Jalisco


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

“Una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo cuar, cuar, cuar”

Olvidé preguntar a Teresa Trujillo Béas si en el rancho El Cuervo, municipio de Quitupan, estado de Jalisco, los había. Seguro que sí, ya que el parco Juan Rulfo los describe en esa imagen, no muy lejos hacia el oeste, en su Sayula natal, un tantito más allá de la vida y de la muerte.

Esta es la historia de Teresa, y de otras cuatro maestras jalicienses en su “año de provincia”, como llamamos en Bolivia al mandato obligatorio de enseñar en área rural. Año de espanto debiésemos decir porque El Cuervo, 27 temporadas atrás, era como el ingreso al Mictlán mesoamericano, la puerta del infierno.

Mucho hemos visto, y leído, acerca de esta zona que se convirtió con el mariachi en emblemática del país. Generalización, o reduccionismo, que intenta fraguar en un espacio grande pero no único, su inmensa diversidad. Pero valga para la exportación. Tal vez se necesita una muestra para explotarla en el exterior, y nada mejor que la música ranchera, de charros cubiertos de entorchados, de guitarrones, pistolones y tragedia para vender México al universo.

Que si la palabra mariachi deriva del francés marriage, como se ha especulado, no nos incumbe más que en la ilusión de creer que Teresa Béas, un día matrimoniada con Martín Trujillo, de Cocula, Jalisco, desciende de esos soldados franceses que decidieron quedarse en la región cuando pereció Maximiliano. Los Béas provenían de los montes Pirineos del Ariège y no sabremos cómo demonios se asociaron con las fuerzas del Habsburgo en la malhadada aventura mexicana. Quizá los arreó para Francia el Gran Corso, camino de España. Lo cierto radica en lo enriquecedor de las historias personales, cada una un mundo, cada mundo una narración.

Cuentan los indios coca que aquello de las fiestas galas en Jalisco es puro invento, en el sentido de que en ellos nace la canción mariachi. El asunto es mucho más antiguo y complejo, y hace referencias a los cerros que “cantan”, al ritmo sí de vihuelas europeas y de guitarrones con cuerda de tripa. Ya nos sacaron demasiado, aseguran, para permitirles esto más. Pero ahí quedan los descendientes, esos paliduchos de ojos claros cuyos ancestros fueron un día feroces legionarios.

A los dieciocho embarcaron a Teresa en una camioneta desvencijada en la plaza mayor de Cocula. Su destino: el Cuervo, nombre ignorado dentro de una zona salvaje. Las referencias hablaban de campesinado iletrado, de cuestas hermosas, soledad, pero al mismo tiempo del riesgo por el auge narcotraficante, que entonces, años 80, era tan dinámico como hoy, pero con la muerte no tan sistematizada y extendida según las estadísticas que rebalsan de cadáveres y sofisticaciones de tortura.

El vehículo recogió a las otras muchachas de municipios aledaños. Las discípulas de la filosofía educativa de José Vasconcelos iban a empaparse de país, penetrar los arcanos de México, siempre pre y post hispánico, siempre pre y post revolucionario. Las cosas cambian allí, pero se remozan y vuelven a aflorar como hierba mala. Los pelados siguen corriendo en huaraches y los petimetres comiendo pasteles de crema.

El Cuervo es un caserío, que de acuerdo a los informes cuenta en el 2012 con 232 habitantes. Poca gente para tanta actividad. Cuando visitando los pasos de Rulfo quise atisbar desde los altos de Sayula  las tierras hacia oriente solo vi cerros y llano, casi una maldición pagana interponiendo obstáculos al paso, a la mirada, al tiempo, vamos, para qué mentir.

Llegaron de a gatas, porque la camioneta andaba acorde con la época: desvencijada. La escuelita era un caserón blanqueado a cal, con una puerta enclenque para el supuesto dormitorio de maestros y un galpón sin ventanas y bancos que parecían construidos de leña salvada del fuego. Ni electricidad, ni agua. De una sucia manguera caían gotas de un líquido amarillento, que había que hervir y rehervir para no agarrar disentería. El tubo plástico venía de una fuente en el río lejos, que dependía de la altura que alcanzaba la corriente para que disfrutaran del goteo las ya aterradas normalistas.

Dos camas les ofreció el encargado que salió a recibirlas, no porque le habían informado, sino porque los visitantes no caían gratos por allí; para hacer hincapié en el mensaje, el tipo llevaba en bandolera un cuerno de chivo, AK 47 para quien no sabe, folklorizada con atuendos y coloridas lanas huicholes.

Dos camas para cinco, y tres frazadas. No había otra cosa. Y de la sierra en la noche bajaba el frío hijo de puta. Las maestras calzadas con medias de lana gruesa tenían que apelmazarse entre todas para dormir en rancio tufillo pero al menos con calor. Se quedaban ocho días corridos, sin bañarse. Luego tenían que agenciárselas para conseguir quien las llevara a Cotija, o en el mejor de los casos a Sahuayo, para de allí desperdigarse por sus pueblos y reunirse en par de días para la odisea del retorno.

Si por lo menos me hubiesen enviado a Chapala, pensaba Teresa Béas, la última francesa en aquel mundo de indios. Chapala significaba peces fritos, verduras horneadas, botes de paseo, aguas. Lo pensaba, cómo no, cuando se ponía en la boca el menjunje de soya en polvo retostada y con chile para darle algún sabor. La carne no caminaba por las mesas de El Cuervo. Nunca.

Jamás supieron cómo, porque El Cuervo no es pueblo de calles, los habitantes se enteraban de su llegada al disperso caserío. Los estudiantes aparecían uno a uno, por lo general con escuadra al cinto: revólveres, pistolas, grandes y pequeñas, que formaban parte de su entorno diario. Imaginaron las maestras que para defenderse en una tierra vasta y peligrosa, para cazar y alimentarse, para matar coyotes, para amedrentar al vecino. Costó mucho, fueron ocho meses, para que los convencieran de dejar las armas en casa y recibir a cambio lápices y cuadernos donados por el estado. Empezar fue lo difícil. Y Teresa no sabe, ni quiso saberlo, qué sucedió con las clases luego de que ella decidiera abandonar la enseñanza en el lugar. El martirio no se lleva bien con la beneficencia.

Las primeras noches se asustaron, porque el villorrio semi-desierto semejaba despertar de su letargo. La noche entera oían helicópteros, voces, ruido de motores, de ida y de venida. Sin ventana para espiar no se animaban a salir. Los niños evitaban hablar. Días, semanas, meses las hicieron comprender: El Cuervo sobrevivía gracias a la producción de marihuana, y los ranchos cercanos también. Los taciturnos hombres que por casualidad se cruzaban con ellas sin saludar, las cabezas gachas y el sombrero oscureciendo las facciones, producían sonido de metal al balancearse en el paso. Bien sabían ellas que se trataba de las ametralladoras escondidas bajo el poncho, de escopetas y mata lobos. Allí había una guerra no declarada y la tierra era de nadie. No autoridad, menos policía. El maltrato a las señoritas que enseñaban el abecedario a sus vástagos excedía lo ostensible.

Sin embargo no se veía nada. Humo sobre las casitas donde estaría calentándose el comal. Pero de las plantaciones ni vislumbre. El viernes les sabía a fiesta porque desde Cotija venía un paletero a vender sus productos: helados fabricados con dudosa agua y cuyo color daba impresión de pintura en la que se había revolcado los hielos. Rojo de frambuesa, amarillo de limón, chorreando y manchándolo todo con tintes que no salían ni frotándolos. Se relacionaron con el individuo, apenas un minúsculo asidero hacia un mundo que existía afuera. Tanto fue, que una de las muchachas terminó abandonando la profesión y yéndose a vender paletas por los municipios de la sierra. Cualquier cosa a la pesadilla.

No bañarse, que en principio alcanzó visos trágicos, resultó a la corta una costumbre. Cuando se ejerce violencia semejante, la de obligar a adecuarse incluso al salvajismo extremo, se pierden los linderos de la fe y se acepta todo como venga. La enseñanza se convirtió en carrera contra el tiempo, en la constante vigilia por algo, cualquier cosa, alguien, un automóvil, que significara noticias del otro lado, o que fuese opción de salir corriendo no importa por un día. Los ordinarios lápices apenas servían a los chicos para dibujar las letras. De Historia, nada; de Geografía, peor.

Sin agua para bañarse, las necesidades íntimas se realizaban en un cuartucho de madera, a cien metros de la escuela, en una falda desde cuya pendiente se podía ver aquello de lo que no se hablaba. El cagadero estaba perforado de hoyuelos en la parte posterior. Nadie lo corroboró pero eso olía a crimen, a alguien fusilado sin saberlo mientras dialogaba consigo en el momento más febril y menos decente de la vida de una persona. Gracias a esos agujeros, las maestras observaban a lo lejos los verdes campos de marihuana que sostenían a la población. Si eran tierras comunales, privadas, quién sabe. La pobreza de los campesinos no les daba trazas de ricos traficantes, a pesar de que las camionetas en las que cargaban las plantas eran la última moda de la industria de la Ford.

Había que huir de allí. Lo hablaron. Claro que tenían que presentar solicitudes de transferencia, y al hacerlo ser conscientes de informar lo mismo: las imposibles condiciones del lugar. Las cartas tardaron un poco. Una no esperó y se fugó con el heladero. Oyeron que pasaban la vida vendiendo paletas en lugares tan lejanos como Jilotlán de los Dolores, o en el tríptico de santos que si no recuerdo mal incluía a Santa María del Oro, San Cristóbal de la Barranca y San Martín de Bolaños donde finalmente los mataron.

Teresa Béas completó estudios mayores en Guadalajara y en algún momento, llamada por su consorte, emigró a Denver, Estados Unidos, donde la conocimos y donde ejecuta la chapuza de siempre amenazar con tequila sin jamás beberlo.

Así, por los azares de la vida, me interesé por un lugar perdido de este planeta hostil y melancólico. Y cuando tuve la opción de en una vacación visitar Toronto o irme al sur, hacia la nada, elegí esto, y husmeé -poco porque entraña gran peligro- estos rincones que todavía son de nadie. Y aproveché para visitar los fantasmas de Juan Rulfo, y conversé en secreto con su propio espectro.

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De la Revista de la Casa de las Américas #269 (octubre-diciembre 2012), La Habana, Cuba.

Crónica incluida en el libro Crónicas de perro andante, de Roberto Navia Gabriel y Claudio Ferrufino-Coqueugniot, Santa Cruz-BOLIVIA, 2013

Foto: El Cuervo

Dramas de modernidad


Cada momento sirve para aprender algo nuevo, y saber que la tendencia a depender más y más de los avances tecnológicos nos lleva por una ruta a veces luminosa, a ratos oscura. Hoy me enseñaron una “aplicación” en la que se hace al teléfono “escuchar” la radio y en instantes tener todos los datos de cualquier música registrada, autor, grupo que la interpreta, año. Se acabó aquello de “tocaban una canción por la radio tan hermosa de la que nunca supe su nombre”. Esa melancolía entre angustiosa y conformista terminó; quedan pocos secretos.

Bien por un lado, porque la investigación se facilita y los instrumentos de que disponen las personas supuestamente las hace eficientes. Por el otro, el drama de cuando ese acceso está vetado por fallas técnicas, traslados, citas y horarios que obligan a aguardar. De pronto nos hallamos desnudos ante un mundo tan sofisticado que sin las máquinas que nos ayudan o hacen cosas por nosotros, hemos vuelto a las cavernas.

Nos trasladamos de departamento. Cierto que es bastante sencillo arreglar todo con una llamada y un dependiente que sepa trabajar a tiempo de transferir líneas telefónicas, Internet, cable; el problema aparece cuando por alguna razón esas conexiones no se pueden realizar, no de inmediato, como ha sucedido ahora. De joven, recuerdo, que no me escribiera alguien agrandaba la esperanza. Sabía que el correo tardaría una semana, más si un feriado se cruzaba por ahí. La inexistencia de celulares me llevaba en peregrinación por la ciudad buscando una cabina habilitada. De no hallarla era a dormir. Triste, claro, pero sin la sensación de abandono que hoy me atosiga al haberme desconectado del mundo. 

De pronto, en un país angloparlante que no se interesa por lo que sucede al sur, no tengo dónde informarme de si murió el magnate de Caracas o no, de si el malhadado Evo ya se lanzó con sus huestes luminoso-guerreras a la conquista del mar donde se ahogará la mitad de su ejército, o cosas de mayor importancia. El Times se centra en el Medioriente, en los problemas financieros europeos, etc. Saldré al trabajo sin saber si el espacio en que me encuentro es el mismo de ayer, y eso me da un no se qué como las callecitas de Buenos Aires.

Me dicen que un técnico vendrá el jueves. A esta altura de la vida se me imagina un mesías, un profeta. En su accionar de pinzas y aparatos lo contemplaré con el aura de las mil vírgenes que invoca Chávez, el mayor cristiano que jamás pisó el planeta, besando crucifijos con carnosos labios caribeños. Será ese el juego de la divinidad: a unos los conquista por miedo, a otros por necesidad. Tráiganme un crucifijo, si viene acompañado del Internet.
5/2/13

Publicado en Séptimo Día (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 10/02/2013

Imagen: Alien Jesus

Thursday, February 7, 2013

Ese espejismo/MIRANDO DE ABAJO


Se olvidaron extorsiones y demás atrocidades. Basta que el mandamás abra la boca y redunde en tonterías para que Bolivia lo siga a ojos cerrados, incluidos los pensadores, algunos de los cuales quieren ser otra vez presidentes, aunque para ello deban lijar el piso con burdas y rugosas lenguas de mendigo.

Nada mejor que el mar, esa fantasía con la que todos los gobiernos han jugado, y mantenido, para hacernos creer que a pesar de la dificultad de ser quienes somos también podemos “vencer”.

Entonces, como ahora último en Santiago, el director de los bolivianos, de habitual e indescifrable sonrisa, tira los dados de nuevo. Lo siguen como al flautista de Hamelin, primero las ratas, luego los hombres, ¿o hay mensaje escondido al respecto que emula ratas con hombres, hombres con ratas? La muchedumbre responde, ni siquiera al ronco sonido de la tarka, que podría ser de seria rebelión, sino al del pinquillo según corresponde a quienes la o lo tocan.

Leo que la discusión del mar se ha acentuado. Algunos ya alistan los jabones Patria para ir a lavar ropa y mojarse el cabello en las aguas pacíficas. Reduccionismo que esconde los asuntos importantes: corrupción, narco, desmantelamiento paulatino de la capacidad productiva, corrales para la recua en que ha de convertirse, si no lo hizo, la población que acepta hasta con alegría el vivir de migajas. Mejor lo seguro que lo desconocido; mejor un patán que alguien sobrio. Finalmente hemos sabido lidiar con ello por todo el período republicano; nos conocemos, podemos capear el temporal, sobrevivir al amparo de una manta que nos esconda, estirando el brazo al pasar con la posibilidad de que se agarre algo. Pueden ser Morales, Sánchez, Bánzer, Pereda, cualquiera, lo válido está en permanecer, sacar tajada, obtener ventaja, traicionar, mentir, denunciar, acariciar, lamer. Dogos falderos y gratuitos, o al menos muy baratos.

Más fácil escarbar el basural que construir. Mucho más fácil.

Tenía razón una periodista al hablar de que no hay solución. No a corto plazo; y repito, ni siquiera se trata de este gobierno o del anterior. Las deficiencias son crónicas. Por supuesto que el ambiente ayuda, que se vive en el cénit de la bolivianidad que es el MAS, pero el proceso es tan largo y penoso que a ratos parece que el razonamiento de la masa es el correcto: quedarnos donde estamos, a ver si por un resquicio uno o alguien de nosotros pueda escapar o escalar, salir del espacio de la ignominia y mejorar. Para los de arriba es tómbola, siempre con premios; para los de abajo, lotería.

Escribí “Tiempo de soluciones” y no me desdigo. Pero me doy cuenta que el asunto fundamental va por otro lado y muy profundo. Ahí hablamos de un tiempo que no voy a ver, estén Evo-Linera o no en el poder, o nos den una playa pedregosa para ver si lavamos en ella la desesperanza de tantos siglos.

¿Qué queda? La individualidad, tal vez, porque los males nacionales, plurinacionales o multicolores se mantienen en un estatismo petrificante. Mucho daño le hemos hecho a esta tierra, tanto o peor que los que la expoliaron antes. Hemos creado un monstruo, a pesar de la lujuria de las bandas, de la alegría y la explosión de júbilo en la fiesta. Quizá más en occidente que en oriente y sur. Hay que preguntarse.

¿Si el mar arregla algo? Nada. Son ambiciones personales. Hay agua por cierto en donde remojar la angustia, pero esto no sale ni con piedra pómez.
4/2/13

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 05/02/2013

Foto: Espejismo en el salar de Uyuni

Sunday, February 3, 2013

Faulkner en la comida


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Detuve el auto en un Church, cadena de pollo frito que prepara esta carne a la mejor manera del sur negro, en versiones picante u original, reemplazando, por algo estamos globalizados, el chile cayenne por el jalapeño, de Cayena a Jalapa, largo trecho.

Acomodé el Isuzu en el parqueo. Isuzus eran los camiones cuyas luces se veían de casa subiendo la cuesta de Liriuni hacia Morochata e Independencia, cargados de gente, enseres y animales. Este vehículo mío no es camión, ni ruge en las cuestas como lo hacían aquellos. El tiempo ha cambiado y no solo en general sino también en detalle: ayer había sol, hoy la nieve cae en copos grandes como vellones de algodón, y los rarísimos linces de Colorado salen a la carretera para avanzar mejor en sus cotos de caza.

Pedí dos porciones acompañadas de puré de papas cubierto con salsa oscura. Delicioso. Y otra de dirty rice, “arroz sucio”, compuesto de mollejas desmenuzadas y mezcladas con el grano. Detesto, hay que decirlo, las mollejas, pero me deleitan en este arroz que en verdad parece inmundo, como revolcado en barro, pero aromático y sabroso.

Mirando por la ventana recordé Washington D.C. y a mis amigos negros. Rosselle Houston cantaba con voz profunda canciones de cárcel, de la chain gang, donde las largas cadenas hermanaban a negros con blancos pobres, a los personajes de Leadbelly con los de Faulkner. Sam Cooke inmortalizó el sonido de los encadenados. Lo asesinaron el 64.

En Denver, y no en D.C. donde conviví con los negros del Northeast, me inauguré con la “comida del alma”, soul food, que consistía en el fatídico arroz sucio, puré de papas, gravy, grits -de maíz blanco- junto a pollo o puerco, las carnes más baratas. Igual que en el Brasil se iniciaron con los desechos: pescuezos, hocicos, patas, orejas, crestas, para con el tiempo y la penosa modernidad alcanzada con sangre, convertirse en chuletas, piernas, caderas y pechugas. Ahí aparezco yo, a llenarme el alma de comida, recién llegado del sur más profundo, muchísimo más lejos que el Bravo, y caer en una ciudad capital cuya multitud que me deparó el destino venía de las Carolinas, de Texas y Georgia, cargados de blues, boxeo y tanta alegría que me pregunté si no era tristeza.

Pedí a la encargada mexicana dos jalapeno bombs. “¡Dos bombas!”, ordenó a su paisano. Me dieron dos chiles grandes cubiertos de masa y rellenos de queso. No tan picantes como para ser bombas, pero granadas sí, y volví al pensamiento inicial de la vaporización de fronteras, no solo entre la Guyanne y México, sino en general. Esta era comida negra, y las inmensas "trocas" que paraban traían negros de todo matiz. Siempre come algo étnico, me digo, si ves a su propia gente comprándolo.

Mediodía. Limpié los dedos que guardaban la tinta del periódico leído en la mañana. No dejé otro rastro que huesos. El pollo frito, a veces utilizado como insultativo contra los afroamericanos, me supo bien. Pensé en William Faulkner, en Sherwood Anderson, en Erskine Caldwell. Encendí el motor.
29/01/13

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Publicado en Séptimo Día (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 03/02/2013

Foto: Dirty Rice

Saturday, February 2, 2013

Otra forma/EJERCICIOS DE MEMORIA


La historia tradicional relata aquello que de serio tienen los personajes: sus actitudes políticas, discursos, nacimiento y muerte. No se adentra más. A lo sumo comenta que tal hombre fue bueno y el otro no; que Himmler era un excelente padre... que Heydrich judío...

Esa historia si bien informativa, precisa y hasta aleccionadora no nos dice casi nada del individuo, de sus pequeños vicios, por ejemplo. Por eso retomo una muy particular forma de relatarla que se origina quizá antes pero que surge magistralmente en Thomas De Quincey, con “Los últimos días de Kant”. De Quincey disecciona al pensador alemán en el aspecto menos tomado en cuenta por sus exégetas o sus detractores, su vida privada. Kant había inventado, con meticulosidad científica, un método para mantener elevados sus calcetines, a través de un sistema de poleas que se encontraba en los bolsillos y cuyos hilos descendían por el pantalón. ¿A quién podría importarle? Por supuesto que no a los teóricos con ínfulas de capaces y sobrios. ¿Pensó alguien en el grano de polvo detenido en la uretra de Cromwell?. Igual que De Quincey, Schwob eleva este arte. La historia deja de ser prioridad de los “grandes” y pasa a ser general. Cada cual tiene detalles interesantes que lo hacen susceptible de participar en la literatura por lo menos. Es válido contar la vida de Dickens como la de su deshollinador, sin preferencia.

En las memorias o diarios se pueden hallar datos exquisitos. Creo que en las de Ciro Alegría se relata cómo alguien asistió en calidad de invitado a la casa de Jorge Luis Borges. Cuando la sirvienta intentó servir vino al escritor rioplatense, la madre la detuvo: “El niño no bebe alcohol”. Borges tenía a la sazón más de 40 años...; Chejov gustaba de jugar con la miga de pan..; Francis Bacon se pasaba saliva por las cejas, distraídamente; yo duermo desnudo...

Publicado en Opinión (Cochabamba), ¿1987?

Imagen: Kant

Friday, February 1, 2013

La paga de Hemingway y la de Sarah Palin/MONÓCULO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Por casualidad escuché en la radio acerca del pago que recibe la excandidata republicana Sarah Palin por sus intervenciones orales. Siendo honestos, la mujer esta que hizo su carrera política en Alaska, no es un dechado de inteligencia. Por el contrario, y para gusto de las masas de su partido imbuidas de un “americanismo” extremo, ese de la defensa a ultranza de las armas de fuego, la religión y la raza, la Palin destaca justamente por su ignorancia, lo que la hace popular con seres reñidos con la cultura y el progreso, que desean paradójicamente preservar una América que para sobrevivir necesita cambiar sus posiciones dogmáticas.

Decía el radialista que la señora recibe 85 centavos de dólar por cada palabra que sale de su boca, pero 16 dólares si estas son las que la caracterizan, expresiones que la han hecho famosa y que vienen del habla popular, contracciones sobre todo y especial entonación para diferenciarse del enemigo, el de culto verbo e ideas liberales. La educación como barrera divisoria como en cualquier otro país, y como en cualquier otro conservador y de derecha así pregone su revolución con altavoz; Bolivia, por ejemplo, donde se fomenta y elogia la brutalidad y se desprecia el conocimiento.

Hemingway recibía, recuerdo siempre a mi padre comentándolo cuando yo era niño, 5 dólares por palabra escrita, en aquel tiempo y en la cumbre de su gloria. Mucho dinero, por supuesto, pero menor al de Sarah Palin, ya que en discursos o conferencias el orador se puede soltar en digresiones varias e innecesarias o, en el caso republicano, con estupideces apoteósicas que tranquilizan el alma, a veces ni siquiera el bolsillo, de los que no desean cambiar.

Obama en mi opinión es un mediastintas inteligente. Duda, como buen intelectual; carece de la fortaleza avasallante y desquiciada de la oposición que ni mide sus palabras ni trata de investigar su certeza. Pero el país no es el mismo de ayer, y las minorías crecen a un ritmo que pronto los hará superar ese conglomerado mixto de lo que se cataloga como “raza blanca”. Tampoco es garantía de nada, que los inmigrantes también se convierten y terminan como críticos de los que les siguen en el arduo camino de la inmigración. Pero en la coyuntura actual puede ser el mazo que dé un golpe ejemplificador al republicanismo exacerbado.

Un país que ha producido grandes hombres, Estados Unidos, suele rebuscar en su pasado rudo y trabajador y traer al estrado político personas que reaniman el pasado y lo ensalzan. Está bien recordar algunas de las bases que conformaron esta nación, pero poner énfasis en solo una cara de la moneda no ayuda, menos a mantener un status quo ganado a fuerza de tremendos errores y de mayores autocríticas. Fenómenos como Reagan y sus anacronismos no son inexplicables, pero sí incomprensibles. Retrocesos que incluso desde el lado demócrata se consideran avances (¡!).

La anécdota de Sarah Palin y su salario por hablar excentricidades sin ton ni son en público, aviva de nuevo las contradicciones del país en que vivimos. Es asunto globalizado, sin embargo. Por todo lado reaparecen apóstoles de lo absurdo, tal vez como contrapeso inconsciente de un mundo que tecnológicamente se está disparando sin fronteras previstas. Por tanto no son extraños fenómenos como el tonto de Maduro en Venezuela, o el par de tontos local, que le hacen competencia a la opaca luz de la Palin.

Pobre Hemingway, atesorado por nosotros, y reducido a segundón en el nuevo universo de escasas y repetitivas palabras, de interminables discursos bien pagos y sólida estupidez.
31/01/13

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 01/02/2013

Foto: Sarah Palin