Friday, March 31, 2017

Vagón de cebollas/CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Ha llegado el tren al amanecer. El cuerpo se cansa por tantas horas, y los ojos han olvidado que el día es más que luces de neón.

Vagón de cebollas. 2400 bolsas de 50 libras cada una. Los jefes nos llaman, a Big Mike y a mí, para descargarlas. Hay dos billetes de a cien extras, uno para cada uno.

Primero desayunamos. A las nueve de la mañana, cuando se autoriza vender alcohol, nos proveemos de cerveza. Durante horas, 2400 a mano, una a la vez.

Luego me voy a Tenleytown, a casa, y en el camino miro caer las hojas muertas de otoño, y nada más.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 13/09/1991
Publicado en PRESENCIA LITERARIA (Presencia/La Paz), 22/09/1991

Thursday, March 30, 2017

La Hiena

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

¿Es ético, políticamente correcto, nombrar directamente a las personas en un texto que a pesar de informativo puede considerarse difamatorio? No me interesa, o no en todos los casos. Si me refiero a que las palabras pueden ser una daga apuntada al corazón de los rateros en posición de gobierno ¿por qué no?

He estado leyendo que tal vez en un cercano futuro, cuando el emperador Evo I esté chequeándose la próstata en Cuba, o la laringe, o el culo, qué más da, Gabriela Montaño podría aspirar a la presidencia. Todo puede ser en la tierra de Nunca Jamás, Bolivia, hasta que esta histérica defensora del latrocinio sea coronada como miss Bolivia con especiales prerrogativas. Cierto que la reina actual, el incansable de Orinoca, y el eunuco que lo secunda, prefieren guardar las cosas para sí, pero quién sabe.

Abro la Wikipedia para informarme de un personaje detestable, ex senadora y actual siempre bien parada, no con ánimo de arrimar información a una vida por cierto indeseada, corrupta y servil, sino para tener datos. Pues nada especial, un ser regular, mediocre, profesional como condiciona la vida, y listo. Lo que yo he visto a lo largo de los años ha sido un animalejo gritón, lambiscón hasta donde las posibilidades alcancen; por poco no terminó diciendo que se hiciesen estampitas con la imagen del pelucón Morales, detentes para portar en el pecho, idolillos de yeso compitiendo con san Expedito.

Le dicen vehemencia, pero lo que la Montaño hace es gritar en el estrado y en las manifestaciones de júbilo por la paternidad, no paternidad, hombría, no hombría, del Supremo. Ahí, en primera línea, aullando con una boca que dista de ser pequeña. Ni hablar de las malas lenguas y afirmaciones que no me competen, sean ciertas o no.

Soy un pésimo dibujante, caso contrario podría retratarla -y a la larga galería que espero desnudar en el Olimpo plurinacional- tal como es para mí, con el trotecito enloquecido de los sirvientes, la cola menuda, peluda y enroscada, y risita de hiena pronta a devorar carroña.

26/03/17

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Publicado en ADELANTE BOLIVIA, periódico digital, 28/03/2017

Tuesday, March 28, 2017

El código nuclear/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hace unos días el Wall Street Journal, que no es diario liberal, escribía un editorial acerca del presidente y su tozudez en seguir afirmando que Barack Obama ordenó que lo espiaran. El texto fue contundente: que cómo podría creerse a Donald Trump cuando dijera, o diga, que Corea del Norte envió un misil con cabeza nuclear contra los Estados Unidos y que habría que responder. Ya en programas de televisión hablan de él como de un “mentiroso patológico”, reafirmando lo que en su momento sugirió Obama, retratándolo como un embaucador. El Wall Street culminó su alegato casi advirtiendo, que cuidado no se llegase a pensar, en medio de tanta falsedad, que el presidente formaba parte de ella.

A pesar de la sociedad de prensa libre que han sido los Estados Unidos, todavía se guardaba, desde tiempos de Nixon, una especie de respeto hacia el primer mandatario. No existe más, tanto periodistas como opinadores ríen abiertamente ante cámaras con las estupideces a las que el empresario ha acostumbrado al público, y que son paradójicamente su fuerte entre sus fervorosos seguidores, norteamericanos semianalfabetos, campesinos, ignorantes, alcohólicos y tarados, aquella masa que culpa a los inmigrantes de haberles arrebatado el trabajo, cuando la realidad es que ellos representan una pésima masa laboral incapaz de alcanzar ninguna meta que implicara esfuerzo y dedicación. Pues bien, ahora el líder está arriba y el maná habrá de caer desde el cielo para alimentar gandules.

Trump miente a izquierda y derecha; sus crías lo mismo. La afamada Ivanka que quiere dar a su burdo rostro de labrador checo aires de aristocracia, está envuelta en oscuras transacciones en Azerbaiján, por dar un ejemplo. Compra ropa china en cantidades industriales. Allí no pesa el slogan de “contratar y comprar americano”. Los amos no se sujetan a normas colectivas, incluso si ellos las proponen y autorizan.

Es tanta la incoherencia de esta administración, que tonta y brutalmente intenta ocultar los conflictos de interés que la pueblan, que cuesta poco comparar a los Estados Unidos con sus pares venezolano, boliviano, nicaragüense. El imperio familiar y el negocio, mientras engorde las arcas personales, bienvenido. Sorprende que un pueblo que parecía en esencia tan patriótico no tenga hoy ningún reparo en venderse a Rusia si es necesario, o a China o a quien ofrezca más al Donald que pone luces de color roja sobre la Casa Blanca transformada en casa de putas para atrapar clientes.

Sin embargo, y vale en descargo de lo mejor que tiene este país, hay una oposición inteligente, investigadora, liberal, que cuelga en constante vigilia sobre el riesgo de convertirse en otra república bananera. Se sabe que existe un dossier compilado por un ex espía británico que explica con detalle las fuentes del chantaje ruso hacia Trump, aparte de los negocios petroleros cerrados en paraísos fiscales a medianoche, y que incluyen videos del depredador sexual hoy presidente en hoteles de Moscú. O sigues mis instrucciones, dice Vladimir Putin, o muestro tu culo pelado. Amenaza que debe ser tan escabrosa que excede la simple exposición de unas nalgas de treinta kilos cada una.

Dossier mencionado por un representante demócrata de Texas o California el día que declaró el jefe del FBI en público. De eso no se habla, o no por ahora…

Se está acorralando a The Donald. El inmenso y real peligro es que para escapar a un panorama que se perfila duro para él y que quizá le asegure un impeachment y tal vez la cárcel, Trump apueste por la guerra: Corea del Norte, Irán… con abiertas posibilidades nucleares. Tendría que pensarlo dos veces: los Estados Unidos y su tremendo poder militar y tecnológico hasta ahora no han podido derrotar a grupos tribales afganos o a la insurgencia iraquí. En Vietnam los arrearon hasta el mar. Pueda que suceda de nuevo.
27/03/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 28/03/2017

Imagen 1: Caricatura del Columbia Daily Tribune
Imagen 2: Caricatura eslovaca

Monday, March 27, 2017

Muñeca Lewandoski, entre Madrid y Cochabamba

ÁLVARO VÁSQUEZ

Leí “Madrid — Cochabamba (cartografía del desastre)” de Claudio Ferrufino Coqueugniot y Pablo Cerezal en septiembre de 2015. Lectura impactante, que me hizo escribir unas líneas en Facebook (pobre elección, dirán algunos, aunque me consuela saber que esta red propició el primer contacto entre los autores) en las que les agradecía por haberme hecho sentir que conocía una ciudad en la que nunca estuve y por recordarme en sitios que nunca visité de otra.

Hace algunas semanas, leí en un matutino local una columna de Claudio Ferrufino en la que mencionaba que José Ramón da Cruz había realizado un video documental del libro (https://vimeo.com/202046569), de una manera libérrima (como el mismo cineasta manifiesta al inicio de su obra), y como confirma CFC, que sostiene que da Cruz puede apropiarse y moldear el contenido del libro a su gusto.

Afortunadamente el video, pese a su tan libre interpretación del libro, parece seguir sus pasos, y al hacerlo lo reinventa, complementándolo con imágenes de las ciudades, con la voz de sus autores, a través de los ojos de la muñeca Lewandoski, que en irrefrenable frenesí recorre las letras del libro y las calles de las ciudades en él retratadas, acaso intentando volverlas una sola, una ciudad literaria.

CFC se refiere a ella como a una figura bifronte, lo cual tendría mucho sentido considerando que son dos ciudades, y dos autores. El bifrontismo se asocia por lo general al dios romano Jano, e ilustra su capacidad de ver pasado y futuro, de encarnar el bien y el mal. Símil también válido para el texto.

Sin embargo, viendo el video, la muñeca Lewandoski parece ser trifronte, y eso inevitablemente me trae a la memoria a la imagen de Jesús del Gran Poder, figura divina de gran importancia para la cultura paceña, que en el lienzo original tenía tres caras que según la iglesia católica representaban la santísima trinidad, aunque la gente que acudía al templo decía que el rostro de la derecha representaba lo malo; el de la izquierda, lo bueno; y el del medio, nuestro propio rostro (siempre una mezcla de los otros dos, supongo). Finalmente, la iglesia, sintiéndose incómoda por las interpretaciones “erróneas” sobre la imagen, ordenó pintar sobre ella un solo rostro. Hay quienes cuentan que varios pintores fueron incapaces de terminar el encargo de la iglesia, y que más de uno incluso perdió la cordura en el intento.

Como sea, se sabe que el lienzo original fue traído desde España para finalmente quedarse en Bolivia, como anticipo del viaje bi/trifronte (ida, vuelta y nueva ida entre las ciudades) que mucho después mostraría/fundiría a Madrid y Cochabamba ya sea en papel o en imágenes.

El video no se aparta de la línea narrativa del texto, tomando como guía fragmentos del libro para llevarnos a través de la muerte, el sexo, la(s) ciudad(es), las letras y la ebriedad, mezclando y retomando estas líneas de la mano y el movimiento frenético de la muñeca, que va recorriendo los refugios feos del hombre, y apenas se la ve moverse, y sin embargo, se mueve (PC).

Y al moverse nos muestra la extraña cobardía de PC, ésa que le impulsa al valeroso acto de cambiar de vida eligiendo para ello su exilio (voluntario, como un título anterior de su ahora coautor) en Cochabamba, donde encuentra gente que no es feliz, pues está acostumbrada a sufrir, debido a su carencia de horizontes, y por eso no es amable. Y nos grita en el movimiento siguiente que un cementerio no es nada más (ni nada menos) que una ciudad de muertos.

Y a este lado del Atlántico, CFC nos recuerda que la certeza de la muerte es lo que nos hace vivir, y tomando la voz de quienes ya pisamos el medio siglo, se refiere a una vida con más pasado que presente, en la que cabe la pregunta de cuánto futuro.

Y logra que me remuerda la conciencia cuando recordando a quien vendía libros (sí, confieso mi culpa, pues aunque me gusta Sabina, no puedo negarlo todo, mas esgrimo en mi defensa la extrema juventud de entonces) y lo acusa de ser la estupidez devorando la memoria.

Y así, Lewandoski nos invita a escuchar (y en mi caso, recordar, e iniciar la búsqueda de) música con acento canadiense en las voces de Cohen y Young, nos muestra Madrid desde el ojo de un ave, y muestra gente cabeza abajo recorriendo sus calles mientras escucho hablar de migrantes, y pienso en sudacas. Y nos dice que la literatura es un oficio y una necesidad, y me pienso escribiendo estas líneas en lugar de trabajar.

La edición boliviana de Madrid-Cochabamba, tiene en la contratapa un comentario que afirma que el libro es un ameno puente entre dos realidades vinculadas por el amor a la palabra.

El video adorna y enriquece de imágenes y voces ese puente.

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De ENTRE LETRAS (BLOG DEL AUTOR), 26/03/2017

Friday, March 24, 2017

La guerra civil

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Siberia: bosque, tundra, estepa. Guerra civil; los trenes del almirante Kolchak vuelan con carga de muerte. En ellos se acaban los prisioneros bolcheviques, lamiendo la negra nieve del piso de los vagones.

Noche. Leo el texto de un escritor kasajo acerca de aquel tiempo. Nieve blanca y profunda, como mis botas hundidas en el invierno de Denver. Antes era la historia de la guerra en el oeste y el sur: Denikin y Wrangel. Páginas de Isaak Babel y de Alexei Tolstoi. Ahora la vida se ha movido a oriente, al otro extremo del mundo ruso, un paisaje que observé en documentales, leyendas, en las imágenes de Derzu Uzala, de Kurosawa. Siberia solo era un crepúsculo cochabambino, trece años atrás, de calientes sombras. Entonces fue delirio intelectual y amor. Ha pasado mucho y no interesa más contarle a mujer alguna historia soviética.

Estábamos en Kolchak, Dios no lo tenga en su gloria, y en su guerra del fin del mundo. Su sueño de zar negro se terminó. No importa quienes lo siguieron, solo captar la agonía de la batalla en el espacio sin límites. Pelear con referencias geográficas puede aceptarse, la visión de una montaña, de un montículo siquiera, pero en Siberia no.

Tierra infinita. Vivir allí, peor morirse, debe ser castigo eterno. Imaginar las horas, días, los muertos en medio del extenso hielo… La guerra es horrible de por sí, pero esta noche he tenido la sensación de que si fuese soldado rojo, en la Rusia posterior al 17, si me diesen a escoger, preferiría morirme en Polonia, corromperme al abrigo de los monasterios, bajo la observancia de los rezantes judíos, que acabar en la estepa siberiana, preludio de nada.

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 19/07/1996

Imagen: Soldados campesinos de Kolchak 

Tuesday, March 21, 2017

El fin de nunca acabar/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Años van en que se esperaba la entonces “inminente” caída de los regímenes populistas  en Sudamérica. Mucho ha ocurrido y en realidad poco. Dilma fue expulsada pero Lula, que debiera estar preso con un par de décadas de cárcel encima, sigue libre y disfrutando los frutos del latrocinio.

Ni hablar de Venezuela, donde Nicolás Maduro baila en la cuerda floja, se supone, y sin embargo, con sus asociados, se da vida de sultán y que bien nos vaya al resto. ¿De dónde la máquina oxigenadora que les permite seguir vivos? La falta de institucionalidad es la respuesta. En países como Brasil y Argentina aquello pareció pintar mejor y sin embargo el lodo que golpea como péndulo entre izquierda y derecha moja a todos, o casi. Resulta que al no haber decencia a simple vista lo más inteligente es remover la sopa solo para que no se queme y no para servirla. Pecaríamos de ilusos al creer que gente como Macri o Temer habría inclinado la balanza. Eso diferencia al sur del norte, Estados Unidos, donde un patán de feria intenta socavar lo poco o mucho de sólido que tiene la democracia norteamericana. A diferencia de aquellos detrás del río Bravo existe allí una larga serie de notables de quienes se puede asegurar honestidad, al menos.

El caso boliviano va por ahí. Cuando las cosas semejan acorralar al régimen este escapa del abrazo como pez gato, de esos que se alimentan de desperdicios en el fondo. Algo sin aparente fin, término. Cualquier cosa puede salir en prensa para desprestigiar al líder y no solo se mantiene este incólume sino afianzado por la masa estupidizada. La crítica urbana, así la creyésemos mayoritaria, no tiene el peso necesario para siquiera investigar los flagrantes actos de corrupción; mucho menos para cuestionar la permanencia de los amos en el poder. Ausencia total de una oposición seria, ausencia, otra vez, de líderes probos y valientes, da largas al asunto, y no será extraño ver al dúo dinámico, Morales-García, abriendo los festejos del bicentenario.

Horas ya en que una comisión de representantes del congreso norteamericano hace preguntas al director del FBI y de la NAS, respecto al “espionaje” de Obama sobre Trump y de las relaciones del presidente actual y sus asociados con Vladimir Putin y Rusia. Cierto que el interrogatorio es ferozmente partidista y que los republicanos quieren centrarse en cosas adyacentes al tema principal (que puede incluir traición a la patria y negocios ilícitos de míster Trump con los oligarcas rusos), pero al menos se airea el conflicto para el público. Es obvio que la chusma “trumpiana”, de escasísima educación y que lleva Biblia y pistola en los calzones como única fuente de conocimiento sacará conclusiones de pobre análisis, pero hay gente, mucha, en el país que podrá definir con claridad de lo que se trata. Es indudable, diré aunque no sea políticamente correcto sin pruebas aún definitivas, que la mafia familiar Trump y Compañía ha tomado la elección como un negocio particular y lo está haciendo de maravilla. Mientras el asno mayor distrae a la opinión pública con ñoñerías y estulticia festiva para las masas, el dinero fluye en inundación a su bolsillo.

En la América “abajo” de vez en cuando hay voces que se levantan, desde hace no mucho debo decir en el caso boliviano, porque antes, pocos años atrás, esa tertulia vociferante -hoy opositora- que incluye políticos, opinadores y periodistas tomaban como pecado cuestionar al señor Morales y al “proceso” en nombre de una parodia de democracia. Está bien, supongo que existe alguna capacidad de aprendizaje en ellos que los llevó a convertirse; eso espero. Sin embargo, duele pensar que se está tejiendo una caída para levantar otra trama igual de corrupta del otro lado. Quizá, retomo a la pérfida China comunista para ello, se necesitará pasar por las armas unos miles de corruptos para aliviar en algo la alcantarilla. Habría que considerarlo.
20/03/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 21/03/2017


Imagen: La Avaricia/Jacques Callot

Monday, March 20, 2017

Puerta que se bate de noche/VIRGINIANOS

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Estoy despierto ya tres horas. Me levantó un golpeteo, leve y continuado, en el primer piso. Era una puerta entreabierta y había intenso viento en el invierno exterior. Salí del dormitorio para cerrarla, pero me detuve antes de bajar las gradas. Oscuridad completa y el sonido y el viento siseando. Me paré al pie de la boca que descendía. Quieto, imaginaba las horrísonas formas de los árboles en el jardín. Imaginé los gatos que caminan las casas, sus ojos brillando. No bajé. Aquella puerta seguía. La oía sentarse en las sillas, acariciar los cubiertos sobre la mesa, tocar las campanillas afuera. Vi su boca de angustioso hielo y preferí echarme en cama, pensar en otras cosas.
Toc, toc, toc...

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Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 20/03/1990
Publicado en VIRGINIANOS (Los amigos del Libro, Cochabamba, 1991)

Thursday, March 16, 2017

Regalo de cumpleaños con trampa para ratones

PAZ MARTÍNEZ


Y ahora viene mi problema ¿dónde le dejo el regalo? porque en la rotonda, no, que hay mucho "shoriso", que diría mi moreno. Aunque igual no venía mal, porque es una trampa para ratones.
¡Ya he fastidiado la sorpresa! Cagontó, que esta boca mía no puede mantenerse cerrada ni para ésto.


Bueno, pues ya desvelado el secreto, se lo envío por las ondas, que son grandes y muchas y chulas, a veces, sobre todo las que vienen de esa, su dirección. Además, me ahorro el papel de regalo, que la vida está muy achuchada y no estamos para despilfarros.


Oiga, me asalta una pregunta ¿57 años no son demasiados?, ¿no se habrá equivocado el calendario y pasado más de la cuenta con su persona? porque yo suponía unos cuantos menos para usted. Aunque, bien pensado, mejor así, que los años sólo sean un mero paso de tiempo, absurdo y ridículo y que nosotros vayamos a nuestro ritmo.


Ahora, que escribo todo esto, la trampa para ratones me parece cutre y nada recomendable, pero no me la cambian porque está usada. El queso me lo he comido, ya que sólo tenía un pequeño mordisquito y el ratón ya había muerto, además, era del caro (el queso, no el ratón, sino también me lo hubiese comido). Ya le dije que la vida aprieta, a veces, por eso no puedo regalarle un barco de vela, cruzando la bahía. Tampoco un ramillete de violetas, porque llegarían mustias y chuchurrías, ni una afeitadora, que usted lleva bigote y estas máquinas del infierno se pueden volver locas y afeitar todo lo que encuentren a su paso, digo yo.


Bueno, ahora ya sé cuándo nació. Veré lo que puedo ahorrar, de aquí en un año y a ver qué pasa en el próximo cumple. Llévese, también, un abrazo y un beso de la vieja, vieja, vieja máquina de coser, que parezco hoy. Feliz día, caballero.


P.D. Ahora traduzca todo el localismo de esta felicitación. Descripción: https://www.facebook.com/images/emoji.php/v7/f57/1/16/1f609.png;)

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Paz Martínez en mi cumpleaños, 13/03/2017

Tuesday, March 14, 2017

Vicepresidentes poetas y microondas espías/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Fantasy Land, la tierra de la fantasía, ese es el mundo donde viven los populistas, quienes inspiran alucinaciones en los que los siguen y que son muy prácticos a tiempo de hacer dinero... y esconderlo.

Lo de los microondas espías viene de una entrevista esta mañana a Kellyanne Conway, asesora senior de míster Trump. Como resultado de todo el revuelo que causó la imbecilidad del presidente acusando a su antecesor de espionaje, denigrándolo con adjetivos, se instaló una comisión investigativa que hoy lunes debe reportar lo ya sabido: que no existió tal cosa. Resulta ahora que Trump tendría que disculparse pero no lo hará, su notoria relación con Wikileaks y los rusos hizo aparecer un reportaje en el sitio este donde se anunciaba que habían sido hackeadas un gran número de páginas de la CIA relacionadas con pesquisas. Era obvio que algo así tendría que suceder, dado que la afirmación de Trump acerca de Obama era falsa. Entonces se presenta Wikileaks y dice que la CIA suele utilizar cualquier aparato cercano a las personas para espiarlas. Con ello se aseguró una plataforma que le impedirá la disculpa; siempre podrá decir que “cree” que lo fisgoneaban incluso desde sus toallas íntimas. Hecho. Borrón y cuenta nueva y a por la próxima mentira.

Pues la señora Conway dijo que hoy hasta los microondas se convierten en cámaras, afirmación que amplía la sospecha, suya, de Trump y del resto del mundo, hasta niveles inimaginables, casi hasta donde sería imposible investigar. Pronto incluso el perro de casa, dormido o pidiendo tímidamente comida, será un peligroso agente provocador. La Ojrana, refiriéndome a la Rusia zarista, con exponencial infinito. A Conway, áspid ducho en mendacidades, ni se le movió la cara ante el embate periodístico.

Los populistas suelen nutrirse primero del miedo y luego de la estupidez.

Yendo hacia un lado más gentil del populismo, al sur esta vez, me envían un abominable escrito del vicepresidente de Bolivia acerca de la Belleza, con mayúscula. Tira como se tiran los dados del cacho, al azar, el nombre de Kant. Creo que no de otros porque quizá temió extralimitarse si ponía al quisquilloso alemán junto al ríspido Verlaine. Podía haber tratado con Bécquer para pisar terreno más firme, pero ni así hubiese tenido la aprobación literaria de un muchacho de doce años. Comprendo que quiera ser amable con la mujer que carga su hijo, y que él la ve con ojos con que otros no la verían; es su derecho. Pero el estar en una alta posición de gobierno no da carta blanca a la vanidad, porque no otra cosa es el mamarracho aquel, no un verso de amor sino la expresión “magistral” de quien se siente por encima de los otros, de los mortales que lo idolatran (otros no) a los que no tocó el genio. Trató de matar dos pájaros de un tiro: su mujer y refregar en el rostro del pueblo que reclama como suyo la corona de laurel impuesta por sí sobre sí en nuestro Olimpo de sequía y mugre.

El maestro Isaak Bábel reclamaba por el derecho a escribir mal. Esto es otra cosa, un insulto al buen gusto, un desaire a la probidad, disminuir al ya disminuido ciudadano obligándolo a digerir sandeces. Claro que lee quien quiera leer; incluso así, de todos modos.

¿Cómo salimos de la fantasía, del universo que hace creer a los gobernantes que por vestir cualquier inmunda medalla disponen del tiempo y el beneplácito de los otros? ¿Cómo escapar de los microondas con ojos (ya tiré el mío al basurero y ahora no sé cómo calentar esta tortilla) y de las cervezas que al beberlas me leen labios y pensamiento? Carajo, este mundo no es el que era y el único que puede protegerme es el líder; mejor me acojo a él.

Así estamos, con patrones que nos castigan con maquinarias de cocina o con versos similares, con perdón de cocineros, gastrónomos, sibaritas y borrachos.
13/03/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 14/03/2017

Dibujo: Kant-inflas por José María Carro López



Thursday, March 9, 2017

Claudio Ferrufino-Coqueugniot, un escritor cosmopolita

JORGE AGRÍCOLA (JORGE ZABALA)

Claudio Ferrufino es un escritor desprejuiciado en sus Diarios Virginianos. Se explica ello porque su anhelo fue ser marinero y absorbe influencias exóticas a nivel de piel. Salir de una sociedad hostil y provinciana para permearse de Nueva York a Singapur, no solo con las corrientes marinas sino también con las pictóricas. Por algo la belleza está en las mujeres y el mar.

Realizó su libro en Arlington, Virginia, le agradó la literatura, gente y pintura rusas. Desde Gogol a Malevich y su ejército ruso, buscó no solo ser ciudadano del mundo, sino también llevó sus hermosas montañas consigo y una pasión mística, buscando el modelo y compendio del universo en la literatura, para desafiar las convenciones como Diógenes y su linterna mágica. Son las visiones tragicómicas donde él ve la forma de las cosas. “De qué reímos… aquello que mortifica no es más que miseria. Se habita el caos”. Dolor de lejos, dolor de amar, los sin Dios, frases que elegimos al azar nos dan una idea del escritor. Ahora veamos su libro, sin dejar de lado el magistral prólogo de su hermana donde nos habla del artesano de la imagen, de que todo secreto radica en estar solo y el mundo hay que tomarlo con soda porque de por sí es veleidoso, como las palabras o las velas de un barco ilusorio donde iban Joseph Conrad u Horacio Quiroga.

En este mundo remendado reparamos en Tamerlán y su inconstante fortuna, en las serpientes venenosas del Paraná, en los “avatares hebreos” del Disraeli asiático, en el dolor de tren o barco, en la blonda Carol, la de “uno de esos días me extrañarás”, en las prostitutas sagradas de Bataille, las aureolas del castillo de Baltimore, en el conjunto del zoológico londinense, las piedras sagradas de Australia, el tango para la tía que se quería tanto, en la desacralización del rock and roll.

Desde Praga a Cochabamba sentimos el fervor de los gitanos que no demandan coherencia cuando una isla no está en el mapa de la jungla olvidada camino a la tierra prometida, en tanto que en Washington “el arte es ya menos que un zapato. Edward Munch ha muerto”. Seguimos adelante y nos toca vivir la pesadilla de Kurosawa como si fuese cotidiana. El poder ya no tiene misterios para los abatidos literatos, ha dejado de ser sagrado y se ha vuelto profano como el ejército ruso y lo ha hecho a través del lenguaje. Pero el aquelarre continúa en los medios de masas, donde la Pachamama convive con lo novelesco.

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Publicado en CORREO-LOS TIEMPOS, jueves 17 de octubre de 1991


Tuesday, March 7, 2017

Trump, mexicanos y judíos/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

La profanación de tumbas judías, amenaza de bombas, violentos graffitis, muestran que en el círculo interior del presidente Donald Trump se han afincado, y afirmado, corrientes ideológicas que recurren a la vieja retórica nazi de la conspiración judía. En el área personal, resulta incongruente que el individuo más poderoso del mundo tenga como yerno a un hebreo cuyo abuelo se salvó del exterminio huyendo del ghetto de Novogroduk en la entonces Bielorrusia, el mismo que ostenta una alta posición en el gobierno hoy y que se fotografía sonriente con el notorio neonazi Bannon quien rige el pensamiento del casi discapacitado hombre de negocios entronizado como supremo líder.

Por otro lado está la aversión en contra de la inmigración mexicana, latina por extensión, dejando de lado por ahora su también resaltante islamofobia. México es una cosa y la amenaza judía otra; ambas se manejan a dos niveles muy distintos. Los judíos no pueden ser catalogados y mostrados como sus pares mexicanos por diversas razones: número, y la mimetización de los últimos en un crisol universal fuera de pasaportes y nacionalidades. Los judíos representan el tejido muy fino, financiero sobre todo, que supuestamente corrompe y se apodera de la sociedad expuesta hasta hacerla dependiente de su propia agenda, algo que los inmigrantes mexicanos están lejos de conseguir, y desear, como una unidad dispuesta a protegerse dentro de un círculo cerrado. En esos términos, la “conspiración judía” implica mayor riesgo y enfrentarla en un siglo que en apariencia ha superado los ardores fascistas se hace complicado. Así lo desearan Stephen Bannon y sus furibundos asociados, por el momento no habrá hornos crematorios ni estrellas de David cosidas a los vestidos.

México, y lo que viene de cola al sur de su territorio, es un virus invasivo que terminará, en eso no se equivocan los “trumpistas”, rediseñando la imagen de los Estados Unidos aunque no una idea primigenia de tierra abierta, pensada –claro- sin imaginar la existencia de este rodillo mestizo e imparable que trae otra cultura, otra lengua y que semeja interminable. Así como los pictos, escoceses hoy y “mexicanos” del imperio romano ayer, atravesaron el muro de Adriano y expulsaron al invasor, así la herencia india, juntada a la sangre traída por España, reconquistará a decir de “la raza” algo que siempre fue suyo y temporalmente arrebatado por pálidos y tenebrosos forasteros cuya afición al dinero, tanto como la ibérica pero más organizada, era desconcertante.

La mácula hebrea es muy difícil de señalarse y discriminar. Estados Unidos está plagado de esta resistente raza (religión) que ha conquistado lugares prominentes en el panorama nacional, incluso dentro de la administración Trump, lo que haría inviable el ataque frontal. Queda la cuestión “filosófica”, la prosa demencial de la ultraderecha que no ha de cesar en mostrarlos como el origen de toda y cada desgracia. Se llega hasta la inimaginable situación en que los neonazis norteamericanos toman postura dentro del drama palestino y votan por Israel, negando los fundamentos hitlerianos de sus aspiraciones.

El pueblo trabajador, otra cosa no es México en los EUA, resulta presa más fácil, a pesar de que a la larga el asunto guarda peligro inminente y superior porque se trata de la suplantación de la dominante población blanca por otra que ha venido a recuperar lo suyo y apoderarse de lo propuesto y logrado por los otros. El problema radica en que esta amenazante muchedumbre se ha vuelto imprescindible para la supervivencia de los futuros damnificados: sin la mano de obra latina simplemente Estados Unidos dejaría de existir. Desean inútilmente oponer su propia gente: maleada, pervertida, viciosa, perezosa, mimada en su miseria, a la pujante juventud que sube de la geografía abajo.

Dilemas de un monstruoso ego; brazadas de moribundo.

06/03/17

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 07/03/2017

Imagen: Goebbels

Wednesday, March 1, 2017

Carnaval: el agua de la violencia y la nostalgia/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Aunque no se crea hubo agua en Cochabamba, mucha. Cala Cala, en donde manaban vertientes que corrían abajo y se canalizaban en acequias por donde los niños dejaban correr ramas como armadas invisibles, era exuberante. Cala Cala, mala fama tenía el barrio, de violadores y puñeteadores. Sería porque la ciudad apenas descubría el velo de su pasado provincial, de pequeñas vendettas y largas siestas.

Verde de musgo, roja de sangre. Cala Cala, palabra aymara que me dijeron qué significaba y lo he olvidado.

Y Carnaval, la letanía de esperar los carros cargados de gente para aporrearla con globos infernales. La delicia de meter uno por un vidrio roto del colectivo de la línea 3, y escuchar los gritos aterrorizados de los pasajeros. Casi un coche bomba de Bagdad. Locura no era sino placer, el mismo de corretear estudiantes de delantales blancos y mochilas hechas por los talabarteros de la calle Esteban Arce y arruinarles el día, los cuadernos, el cuero, el cabello: humillación total.

Nosotros éramos modestos, un grupo de muchachos “bien” de la hoyada, del pujru que todavía podía considerarse parte de la zona. Subíamos con bolsas de plástico llenas de coloridos globos, feos, grandes y de formas espantosas los de producción nacional, y los Bombucha, argentinos, que brillaban y eran redondos, uniformes, precisos para entrar en la palma de la mano y arrojarlos lejos, lejos, al rostro de una señora vieja que tuvo la desdicha de asomarse por la ventanilla. ¡Cuidado, que están mojando!

Las dosis de violencia, y de placer (habrá que aceptarlo), variaban. Nunca llegamos los de la Obispo Anaya abajo a la malévola sofisticación de poner los globos en el refrigerador para casi congelarlos. Pero lo vi. Piedras ya, como de diamante, que abollaban los costados de las camionetas huyendo. Si te daban en la cabeza, pues, podía ser tu pasaje carnavalero hacia la muerte.

De las barriadas salían los jóvenes, casi privadamente hombres, y se alineaban en ambos costados de la avenida Libertador Bolívar, desde la plaza de Cala Cala, que era palabra mayor, de peligroso acceso, hasta el puente sobre el Rocha, la placita del general José María Córdova, colombiano de la independencia, con baldes, globos, chisguetes, y lanzachorros hechizos que los artesanos de la pobreza fabricaban para quien no podía comprar uno chino en el mercado. Así, por horas, de la mañana a la tarde, atormentando a quienes querían vivir normalmente y disfrutando de las comparsas que adrede pasaban en carros para ser atacadas y hacer de la fiesta un jolgorio.

Volvemos al agua, especie ya extinta en Cochabamba. Cuando se acababa la provisión de globos los vecinos con gusto abrían sus patios y dejaban inflar otros en inolvidables pilas de bronce en medio del pasto. Eso sería imposible hoy; se restringe la ducha y un miembro de la familia orina encima del desecho del otro para ahorrar.

La ciudad es famosa por la “guerra del agua”, cuando el líquido comenzó a convertirse en trágico. Estas, las de antes, eran también guerras del agua, con agua, y han quedado como pinceladas de Jorge Manrique que antes fue mejor, verde al menos, húmedo, cuando había musgo creciendo en las paredes de concreto del canal calacaleño. Heredamos polvo.

He pasado en posteriores carnavales por allí, por cada una de las cuadras y nada. Silencio. La plazuela de Cala Cala no es ya la de El Dumbo, maleante cuya hazaña de meterle un plátano en el trasero a su novia lo convirtió en mito; ahora (y entonces) venden jugosas salteñas sin par. Los peleadores callejeros pueblan asilos y tumbas. Hay una iglesia por encima de donde debieron estar las vertientes. Automóviles coreanos y taiwaneses pelean por espacios ridículos. Sé que ayer no es hoy, pero cuesta digerirlo, y peor delinear los límites entre el gozo y la maldad con tantas horas entremedio.
28/02/17


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 03/02/2017