Tuesday, August 31, 2010

¿Pollos de granja?/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El amigo, filósofo, teólogo, periodista. poeta, fundador de la Cartonera boliviana, maestro, catedrático, Iván Castro Aruzamen causó revuelo con su columna semanal, donde califica a Evo Morales de cruce de tal con cual. Cuando leí su texto en línea reí de buena gana porque un columnista goza del privilegio (que debiera gozar el ciudadano común) de ejercitar sus opiniones sin recato, verbalmente o por escrito, con altavoz o en homilía, así como lo hace el presidente que maltrata a cualquiera según sus antojos del momento.

Téngase por ejemplo al idolatrado -del gobierno- cineasta norteamericano Oliver Stone cuya película "W." (acerca de George W. Bush) se basa tanto en hechos concretos como en suposiciones que pudieran haberle promocionado juicios y demandas, cosa que no sucedió.

Que uno acepte o no la manera de expresarse de Iván Castro es asunto personal, como institucional es el del periódico en que salió el escrito al afirmar que refleja la opinión del autor y no la de la empresa. Sin duda que en algún lugar del Diario Opinión de Cochabamba se menciona esto, lo que deslinda su responsabilidad; es usual hasta en textos de ficción.

Se han soltado los lebreles del institucionalismo en la internet, criticando y vilipendiando al osado. Como tamaños son los insultos en contra de Evo y Garcilinera allí. Lo bueno, aunque lo deseen con fervor los comunistas capitalistas chinos y otros inquisidores, es que en tal espacio todavía no entran los tiranos.

Me pregunto si un presidente que no respeta a sus representados merece el respeto o la benevolencia de éstos. San Agustín iba más lejos en cuanto al derecho que asiste al pueblo. Pero el hecho cabe a perfección para disimular, obviar el drama ecológico que vive el país y que ha sido olímpicamente despreciado por el mandamás, llegando incluso a comentar que la acción de quemar bosques para ampliar cultivos es normal y (por poco lo dice) beneficiosa. ¿Qué reemplazará a los dos millones de hectáreas destruidos? ¿Coca? ¿No es el narcotráfico peor que las jocosidades de Castro Aruzamen? Hagan, por favor, el balance, y eso los incluye, señores periodistas, que se arriman al rincón equivocado.

Estos Copa, Surco, Suxo, Acarapi, Mamani, Patzi, Nina, Patana son circunstanciales. Han ido demasiado lejos, hasta que un campesino educado, hijo y nieto de labriegos, Iván, levante en iracundia la voz, sin el supuesto racismo que sugieren los tuertos rumiadores del erario nacional.
29/08/2010

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Censurado por Opinión (Cochabamba), 31/08/2010

Imagen: Evo-Eva, caricatura (desconozco al artista)

Tuesday, August 24, 2010

Preguntas sin respuesta/MIRANDO DE ARRIBA


El triunfo del voto en favor de la autonomía en Tarija es otro golpe para el gobierno de Evo Morales. Absurdamente, éste alega otra vez que el porcentaje de ausentismo, sumado a los votos por el NO, hacen un número considerable para él. ¿Por qué cree Morales que la abstención lo favorece? Esos votos son de desdén por uno y otro lado. No hay lógica alguna que los ubique del lado del gobierno. ¿O no tiene idea de lo que significa abstenerse? Debiera -y sus opositores- de preocuparse por esa masa desconocida que no fue a las urnas, hastiada, sin duda, por el carnaval en que se ha convertido el país. Hastiada de ver cómo los "revolucionarios" de palacio juegan con cartas que no les pertenecen, a decir: dinero venezolano, ambulancias españolas, etc, limosnas a las que Bolivia se acostumbró y que hoy se han convertido en modus vivendi. Vergüenza de ser mendigos, pedigüeños, de obviar la más elemental dignidad. ¿De qué puede preciarse el gobierno? ¿Dónde están los líderes populares? ¿O acaso Evo Morales es Buenaventura Durruti? No verían a Durruti menearse con trajes de modista, vestidos mentirosos además porque quieren simular indigenismo. ¿O García Linera es Néstor Makhno, con su blanca piel encremada y tan cuidada presencia de pedicuro?
No hay que desdeñar, sin embargo, los asomos de movimiento popular, la inquietud de los grupos campesinos por evitar el reencuentro de la derecha. Para ellos, Evo Morales es un símbolo, porque carecen de otro. Volvemos a lo mismo, la total ausencia de auténticos líderes, que cuando caiga el afiche cabaretero del sonriente Morales, puedan plantearse conquistas sociales de real importancia y que tanto necesita Bolivia. Hablo de líderes populares, no de niños bien que desde su estrado intelectual desean -lo necesitan- inmiscuirse en el drama nacional para a la primera salir corriendo y bien forrados. Se habla de lucha contra la corrupción mientras el vulgo desenmascara, a escondidas todavía, el notable enriquecimiento de quienes viven del poder.
¿Qué se hizo de la redistribución de tierras? ¿Dónde están los miles de hectáreas que habría que quitar a los militares que lucraron con dictadura y democracia por igual? ¿Dónde la eterna contradicción entre pueblo y ejército, entre pueblo y policía? Quizá estos ejemplos mestizos del estalinismo recalcitrante sueñan con la fecundación de gulags propios donde poner a autonomistas, disidentes, lectores y pensadores, aquellos a quienes no tocó la mesiánica luz que cayó sobre Evo desde los cielos en Tiwanaco, o que son tan ciegos que no quieren asumir la consagración de este semidios natural y decorado.
23/6/08

Publicado en Opinión (Cochabamba), 6/2008

Imagen: Graciela Iturbide/Carnaval, Tlaxcala, México, 1974

El fin de un imperio/MIRANDO DE ARRIBA


Ultimas noticias dan razón del acercamiento del Talibán a la populosa ciudad de Peshawar, Pakistán (¡!). Lanzados desde una decena de kilómetros de distancia, en las regiones tribales, los talibanes secuestran o ejercen poder a la luz del día en aquella capital de tres millones de personas. No se descarta que un día se infiltren tanto que la ciudad les pertenezca, golpe brutal a no dudarlo en contra de los Estados Unidos.
En Afganistán se reagrupa la insurgencia y ya se habla de movimiento de violencia masiva -hoy en Iraq- hacia sus fronteras. Hasta ahora Afganistán no se había considerado un segundo frente, al menos no un frente activo según el patrón de Mesopotamia. Pero las cosas cambian y el títere de Kabul terminará como terminaron los títeres locales de los soviéticos.
Mientras tanto en la metrópoli (EUA), la Corte Suprema anuncia la liberalidad en la posesión de armas de fuego entre civiles. La gasolina sube hasta precios exorbitantes; se hunde la clase media. Un mínimo porcentaje de ricos maneja la nación. Y, no haya de extrañar, posiblemente sea John Mc Cain el futuro presidente. Ese será el golpe final para una república que se extingue.
Mc Cain anhela quedarse 100 años en la vieja Babilonia. Lástima que no tenga un profeta Daniel para anunciarle los males. Terminará como el pobre de Nabucodonosor, aullando en arrebatos de licantropía. Qué otra cosa si en las calles de Estados Unidos, una población armada y desquiciada permanece delirando en ignorancia absoluta. Y hay guerra afuera.
A medida que muere esta sociedad supuestamente poderosa va creándose enemigos, ávidos de su desgracia y seguros de que el león herido no podrá defenderse. Bien dice Jon Lee Anderson, hablando sobre Chávez, que el demagogo venezolano es posible ante un Estados Unidos atado de manos.
Poco se puede hacer. Poco podría Obama si llegara al gobierno. Esta es una sociedad ultraconservadora y quien se oponga a las armas, a la estulticia norteamericana de querer mandar a todos, quien favorezca el aborto o no crea en Dios (In God We Trust) no tiene cabida, en una sociedad donde los perros importan más que los niños, y los imbéciles juran que son listos preparándose para el Armagedón armados hasta los dientes y escondiendo comida.
Medra una teocracia fundamentalista desde la asunción de Reagan; se exacerba con el maníaco Bush. Estados Unidos es algo que se dispone a morir. No hace nada por evitarlo; no lo asume; no quiere creerlo. Y en Bolivia Evo Morales se pensará el artífice de la caída imperial, sin darse cuenta que es una ficha más de una compleja tragedia.
30/6/08

Publicado en Opinión (Cochabamba), 6/2008

Imagen: Escultura de Armando Romero/Tres Tristes Tigres, 2008

Lugares escondidos/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En las cosas simples está el secreto de vivir. En la historia de una amiga que me cuenta que le gustaba hacer el amor en los amaneceres de Cochabamba, en escondrijos como garajes, o hendiduras, o paredes de adobe sobre el canal de la Angostura. Contemplar el alba amándose, mientras en la cercana lejanía se oye el pausado ruido de las barrenderas y en los pocos paraísos que quedan despiertan las aves. 

Amarse con ropa a medias, descubriendo el silencio y burlando las convenciones de iglesia y estado, porque fornicar, así dulcemente, lo prohíben las bulas de los adalides del vicio, los patrones de la corrupción, los que mandan... los que no trabajan para ganarse el sustento.

Eso, o algo más simple aún, que por décadas ha permanecido invariable: una tostada, o un "agua de la vida", en la puerta que se abre en la inmensa pared del convento de las Carmelitas descalzas. Tomarse un vaso en la oscuridad interior, donde la frescura viene de siglos en que el adobe y la piedra se han concentrado para hacerse refugio. Y no me refiero a la paz de Dios, que su paz por lo general es de muerte, de guerra, de castigo; me refiero a la calma de un espacio que ha adquirido personalidad propia, tranquilidad perenne, ajeno a quienes lo habitaron o habitan, a quienes venden o compran. Tomarse una tostada de maíz con la profunda satisfacción de sentirse incógnitos, ignotos, ignorantes, felices.

O quizá, también, entre los cientos de ejemplos que se podrían enumerar, algo que el poeta Jorge Zabala sabía hacer bien: sentarse en un banco de la Plaza Constitución, y simplemente permitir al sol o a la sombra, lluvia o frío, calor o misericordia, ceñirse sobre uno, con sus secretos y la difícil sabiduría de apreciarse solo ante el universo.

Cuando pasaba por allí, el poeta miraba la ciudad ¿la miraba? y discurseaba ante la muchedumbre de sombras de cosas muchas que uno tiene que decirse. ¿Habitaba bajo el embrujo de Cioran, o Paul Celan le murmuraba cosas terribles, bellas a su vez?

En la misma plazuela de las monjas de pies desnudos, cuando era niño, apoyadas en el muro pedregal, mujeres vendían api nocturno, sangre púrpura del Ande, o blanco, o mezclado. Casi en la oscuridad, en la penumbra de aquella Cochabamba "antigua", el hervor de los buñuelos contrastaba con la hosca heredad del edificio. Era América nueva, viva ante el despojo muerto de la vieja España.

Ya fuere un orgasmo subversivo, un poeta que contempla, un vaso rosado de refresco de flores, un brebaje poderoso y misterioso, todas cosas simples y a mano, la intensidad de vivir se encuentra allí donde se quiere.
16/6/08

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Publicado en Opinión (Cochabamba), junio 2008

Imagen: Convento de Santa Teresa, Cochabamba

La misma historia/MIRANDO DE ARRIBA


La no remota posibilidad de que John Mc Cain sea elegido presidente de los Estados Unidos implica la sucesión de muchas de las desastrosas políticas del biendotado "W" (George Bush, hijo). Entre ellas, quizá la peor, la continuidad de una guerra perdida de antemano, que en lugar de ser "constructora" de naciones y democracia como se pregonó, ha resultado en estrepitoso fracaso para ellos y en ruina general para los que tenían que ser "salvados".

Conocida es la actuación prepotente de los Estados Unidos en el concierto mundial. Tal vez el haberse conformado como nación en un proceso que desafiaba la Historia (a decir de Octavio Paz), fundó para sí la idea de que era el pueblo predestinado, idea que a medida que aumentó su poder se convirtió en sangriento festín.

Pensando en el desgraciado Iraq, los documentos nos remontan hacia unas no menos desgraciadas Filipinas. Terminada la guerra contra España, los Estados Unidos se vieron con una serie de nuevos territorios, lo que parecía únicamente aseverar su "destino manifiesto" del que todavía se habla. Asentados en las Filipinas, desmerecieron la lucha de los isleños en contra del yugo español y se posesionaron del territorio como propio.

La acción dio lugar a una cruenta guerra de 3 años contra las fuerzas irregulares de José Aguinaldo. El conflicto terminó con unos miles de soldados norteamericanos muertos en acción y más de 600000 civiles filipinos sólo en la isla de Luzón. Emblemáticas son las fotografías de infantes de marina parados sobre una colina de huesos humanos en un cementerio de Batangas.

Lejos de la atrocidad del campo de batalla (los norteamericanos quemaron a 89 pobladores en represalia por el decapitamiento de uno de sus soldados en cierta ocasión), los políticos en la metrópoli discutían el advenimiento de su nuevo imperio. El congresista por Indiana, Albert J. Beveridge, discurseaba en el senado acerca de que "Dios no preparó a los pueblos teutónicos y de habla inglesa para una vana auto contemplación o admiración ¡No! Nos ha hecho los maestros organizadores del mundo para establecer sistema donde reine el caos... Nos ha adaptado para gobernar, para así poder administrar gobierno entre pueblos salvajes y seniles... (...) Esta es la divina misión de América".

Un editor de Kansas llamado William Allen White escribía hablando de Cuba: "Sólo los anglosajones pueden gobernarse a sí mismos. Los cubanos necesitarán un gobierno despótico por muchos años para frenar la anarquía hasta que Cuba se llene de yanquis". Retórica que preludia el III Reich.

Era 1898-1900. Ciento diez años después ni la verba y menos la idea de superioridad dictada por un orden divino han desaparecido. Lo que no saben en Norteamérica es que el período de ser el "pueblo elegido" caducó y que la realidad ya se muestra otra.
7/7/08

Publicado en Opinión (Cochabamba), julio 2008

Imagen: Alianza del Tio Sam con cubanos y filipinos. Diseño satírico de J. Sotnevar. Barcelona 1898.

en domingo.../MIRANDO DE ARRIBA


La Suprema ñusta determina no asistir a Potosí, viajar al Paraguay, hacer lo que le venga en gana. Atributos de su condición de Venus criadora, a imagen de las regordetas figuras neolíticas. Que no se lo crea, y meno que lo sueñe eterno.
Un periodista mencionaba a Morales como el nuevo Pacman, el devorador de los juegos de computadora. Existe placer en la glotonería, pecado que agudiza las percepciones. reales o supuestas, de las capacidades de uno. Con razón, decía el cronista, que si las reglas del juego no se someten a la voluntad del omnipotente, éste cambia el juego. Mas la experiencia muestra que también queda la opción de destruir el juego, que de todas maneras se hará obsoleto y convertirá en parodia. Nadie, ni el más sobrecogedor achachila, o el travieso narcoamauta, ni todos los aymaras juntos de rostros imberbes y brillosos pueden modificar el curso de la historia.
Cuentan con la imbecilidad crónica del país, alimentan su mitomanía con flashes cinematográficos: que los terroristas húngaros, que el alemán, que el viceministro Torrico (triste maleante), ahora la extradición de Chito Valle. Deseo ver el momento en que juzguen a este ratero, porque será singular puesta en escena: ladrones juzgando a ladrón, escenografía que además se desarrolla al margen del Intocable, ocupado en contonearse en Achacachi, o en danzar "Vírgenes del sol" mientras su pareja le sostiene el rabo. ¡Qué gracia de nación, qué altruismo, creatividad, explosión de pensamiento y grandeza humanos!
Para eso votaron...
Dos veces al día accedo a los noticieros bolivianos. Y da hastío. Jamás un punto de apoyo que permita sospechar transformación. No hablo de maquinaciones extraordinarias mas de simples expresiones de progreso. Nada. Consabidos asnos pastan paja brava. Quizá es cuestión alimentaria.
Sorprende que un pueblo mantenga una huelga de dos semanas para que al final se desviva en complacer al amo, liberarlo de culpa, endilgar su soberbia y vanidad a otros. Que el hermano Evo aquí y el hermano Evo allá. Creo que nadie que se respete en el mundo hermanos así quisiera.
Lo que inventa Bolivia es un léxico particular, que escucho desde siempre. Vox Populi: radicalizaremos las medidas, damos plazo, bloqueamos, crucificamos, linchamos, lapidamos, enterramos, cosemos labios, hacemos huelga de hambre. El día en que en Bolivia muera un huelguista de hambre algo habrá cambiado. Mientras tanto que vengan calentitos los sillpanchos...
22/8/10

Publicado en Opinión (Cochabamba), 24/8/10

Imagen: José Fors/Mea Culpa, 2000

Monday, August 23, 2010

Avatares del narco


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Destapo la botella, ya a medias, de un shiraz del suroriente australiano. Como ejercicio antes de escribir, navego por la historia del vino en el subcontinente, y causa placer aparte sentir que en la calurosa tarde de Aurora, Colorado, tomo en vaso común sinfín de cuentos, anécdotas, impresiones y novedades. Saber, por ejemplo, que quizá este rojo oscuro que bebo se originó en el Ródano superior, por tierras que pasé en tour de anarquía y juventud.

Escancio un poco más, casi terminado el Rosemount, y pienso en la vieja Shiraz de Pierre Loti camino de Isfahan. Al menos el nombre viene de allí, y quizá el vino, de la tierra de los barbados y seniles ayatolas, del cobarde Ahmadinejad, lapidador de mujeres, a quien es lástima no hicieron volar en pedazos.

Un tema ronda hace tiempo. Y viene, seguro, del rol narco que el gobierno de Bolivia adquirió, autónomo en apariencia de los cárteles, y víctima sacrificial a no muy largo plazo. Creen los ideólogos de la estulticia que el gremio de los narcóticos es como el de las bananas. Triste caerá el porvenir en una tierra donde ya no se siembra, cuya heráldica de ser lugar originario de la papa es eso: heráldica, porque hoy Bolivia importa papa, y maíz, y pronto quinua que ya se produce en el páramo de Colorado, no muy lejos de casa. Se terminaron los hombres de maíz de Asturias; el narco, bienvenido por la "revolución", acabará la labor de engendros como Cortés y Pizarro, sin necesitar de quinientos años; lo hará en una década.

Poco se puede hablar, y menos pronto, de las culturas originales y sus representaciones. La droga los ha globalizado peor que los malditos gringos. Ya en el valle de Chulla, antes tierra de labranza y de chicha blancuzca (ni hablar de la aloja, de algún resquicio de airampo), las máquinas secadoras de ropa secan coca, y los desechos se arrumban al pie de los sauces llorones, Whipping willows, los llaman acá, donde amaba uno acostarse, y besar los labios de aquellas mujeres que hoy cosen los calcetines de sus amantes. Se terminó la belle epoque andina -y pobre-. Se da espacio a una "cultura nueva" de alcances insospechados, distinta además a lo que conocemos del género, a las apreciaciones que por citar hacía el difunto Tomás Eloy Martínez sobre Colombia y México, a la novela negra de Sergio Ramírez acerca de las mafias de la droga en su tránsito por Nicaragua. Tan nuevo, y tan diferente es de lo que solía ser, que Costa Rica, país preciado por su ausencia de milicos, se plantea ahora la necesidad de una fuerza policial superior, quizá un ejército, para frenar el trampolín que representa su espacio en el tráfico internacional hacia el norte. Porque Costa Rica sabe que no sólo funciona como trampolín, que lo que atraviesa su territorio irá de a poco también quedándose, y de a mucho destruyéndola.

Los profetas del desquicio en Bolivia, falsos profetas y falsos defensores de lo indígena, niegan la presencia de cárteles. La telaraña del narcotráfico crece con brutalidad pero con sutileza; va permeando las sociedades, intercambiando costumbres por ágiles recompensas, dañando la imagen y las posibilidades del trabajo, consumiendo energía y empuje empresarial. Para el narco la única patria es la suya, y la cháchara de los tontos, matizada de ideología, no le hace mella. Viven de ellos, y ellos viven del lujo fácil del crimen. No hay perspectiva ni futuro; el inmediatismo que gobierna la tierra produce palpable sensación de final, sensación que se convierte en realidad antes de que cante el gallo.

Poco antes de que mataran en México a Ignacio "Nacho" Coronel, asociado al cártel de Sinaloa, la revista Proceso publicó un artículo del periodista Ricardo Ravelo con la historia del capo. Terminó siendo un responso ya que lo acribillaron, en un entretejido oscuro que une a gobierno, policía y ejército con los narcos, donde hay flagrantes favoritismos sobre a quién combatir, y hechos concretos donde las autoridades soslayan el crimen porque les viene bien. No en vano se mata a tanto periodista. Hoy mismo los venezolanos desdeñan un documental español sobre su país alegando la mano del neurasténico Uribe por detrás. Olvidan que hay gente a la que no se compra, algunos que no nos vendemos por plata, por culo o por patria.

Pérez Reverte fue magnífico en "La Reina del Sur". Incluso le concede alma a esta gente. Sergio Ramírez creo que no alcanza la emoción que tiene en otras obras, pero el tema subyuga; Eloy Martínez nos legó un texto -que fue su último- sobre la "cultura" del narco. Ahora le toca a Bolivia, donde, años ha, Tito Gutiérrez hizo una interesante aproximación iniciática en "Mariposa blanca".
10/08/2010

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Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 15/08/10

Imagen: Raúl Recio/Paisaje narco, 2010

La verdad sobre la crisis norteamericana/MIRANDO DE ARRIBA


A pesar del “estímulo” que la administración Obama puso en la mesa de los bancos y grandes financieras, se han perdido dos millones de trabajos más. La cifra de 9.5% de desempleo es una falaz estadística. El New York Times remarcaba, hace una semana, que si se contara a la gente que tiene trabajos parciales, temporales o continúa a la caza de algún empleo o posición, esa cifra subiría con facilidad por encima del 20%, lo que pondría a los Estados Unidos casi en brazos del Tercer Mundo.
Banqueros y millonarios, beneficiados -como siempre- por el salvataje económico gubernamental, hablan de una salida a la recesión. Falso. El norteamericano medio ha visto resbalar su otrora cómoda situación hacia la pobreza y sin visos de recuperarla nunca más.
Estados Unidos es un país, lo fue antes y lo será, excelente para los
criminales lucrar. Aquello no se observaba bien o, si sucedía, era oculto en un silencio conformista dado el relativamente alto nivel de vida. Hoy ya no es así. Los criminales, los que ganan con el engaño -financiero sobre todo-, se dan modos para nunca ser castigados y para inventar formas de enriquecerse incluso a costa de los desastres que ellos mismos causaron. Claro ejemplo son las compañías que inflaron precios y dividendos,
que inventaron préstamos dudosos para llenar las arcas y arrebatar a familias de pocos recursos o minoritarias lo único que tenían. Esas mismas empresas, impunes por cierto, han creado una manera más de aprovecharse de las víctimas del fraude de bienes raíces: hoy ofrecen "ayuda" a quienes se debaten todavía en la marisma para refinanciar o reducir intereses, por un monto de dinero no pequeño, puesto sobre la mesa antes de iniciar
cualquier proceso.
Los asesinos Bush, Cheney, caminan sonrientes. La crisis les trajo réditos fantásticos, así como la guerra. Morirán tranquilos, en olor de santidad; crearán bibliotecas, se los homenajeará en sellos postales, mientras los restos de la debacle na- cional y mundial que causaron permanecen eternos al parecer.
Poco puede hacer Obama con un sistema manipulado de tal manera que el castigo es sólo para los débiles y los
desamparados. Mientras los halcones de la guerra del fin del mundo envían a sus engendros a las mejores universidades, los trabajadores envían a sus hijos a buscar salario; a buscar porque trabajo no hay.
Casi cada esquina de los Estados Unidos tiene hoy su mendigo. Los carteles de súplica difieren, pero tienen algo en común: hambre.
20/7/09

Publicado en Opinión (Cochabamba). julio del 2009
Publicado en Semanario Uno (Santa Cruz de la Sierra), julio del 2009

Imagen: Afiche de un Colectivo de ex-trabajadores

Mar/LIBRO DE PRODIGIOS


Un fraile llora en viento muerto por las detenidas naves.
Verde agua. Aves en el aire y aves no de mar: tierra, suelo, arena donde duermen ellas. En algún lado.
El océano es un largo espejo vegetal.
Termina el día. Hora de luna y sombra. De noche es más noche el mar de noche. Las algas no tienen ni principio ni fin. A veces tienen ramas y hojarasca.
Vemos peces oscuros que vienen de orillas sin duda. Quizá son parte de nuestra sólida y negra imaginación. O sueños venidos de la baba verde alrededor. Color y color, igual a estómagos retorcidos por el aire.
Ya ni contamos los días; luego de diez se terminaron los dedos. Y navegamos, bajo las órdenes de un loco que ni sabe navegar.
¿Se hundió el viento en la miasma... dónde está? Dicen que pronto tierra y no hay otra cosa que caldo de mar.
Conté hasta diez, cada uno de mis manos, y como se me acabaron dejé de contar.
¿1991?

Imagen: Theodore De Bry/Alegoría

El país sin Evo/NADA QUE DECIR


El filme “Entierren mi corazón en Wounded Knee” (Yves Simoneau/2007) trata del drama de los sioux en los Estados Unidos, desde el momento en que el jefe Nube Roja acepta trasladar su pueblo a una reservación, hasta el asesinato de Toro Sentado y la posterior masacre de la población india en el arroyo Wounded Knee. Verlo no únicamente despierta sentimientos violentos hacia el poderoso, el rico, el blanco, también justifica la emergencia hoy de la voz indígena en la arena política.
Con las diferencias de cultura, época, etnia, etc. el expolio del indio americano ha sido similar en todo el continente. Historia de crimen y de mentira, marca de manera indeleble el futuro de las naciones involucradas, ya sea en limpieza étnica (Estados Unidos, Argentina), o en esclavitud (México, Bolivia). Ello determina la ausencia de una identidad nacional en aquellos países que eliminaron al indígena, o en una simbiosis cultural mestiza en aquellos que lo asimilaron como fuerza barata o gratuita de trabajo.
Ellos, a no dudarlo, fueron los damnificados de la historia, y no hay pretexto válido para explicar lo sucedido. No extraña que los representantes de las naciones indias de Norteamérica recuperen la imagen de Evo Morales como la de triunfo y validación de una importante herencia. Tienen razón, como la tienen los afroamericanos con la elección de Barack Obama.
Ese es un aspecto de la cuestión. Elegir a Morales como presidente de Bolivia implicaba el reconocimiento del aporte indio a la cultura nacional, además de una mínima retribución por el inmenso daño causado. Más que eso aun, la constancia de que no se podía ya eludir la presencia política de algunas etnias numerosas. El tiempo del gobierno oligarca, racista, clasista, supuestamente terminó. El voto por Evo era, en el momento, un voto de conciencia, de aceptación de una diversidad largamente olvidada. Su abrumador triunfo venía cargado de esperanza.
El resultado distó mucho de lo esperado. En lugar de un líder que comprendiera la magnitud de lo que ocurría, apareció -o reapareció- un individuo vanidoso, un tirano verticalista que no ofrendó su victoria a la obtención del futuro, sino que la alquiló a su soberbia mientras, al mismo tiempo, la entregaba a las feroces ambiciones de los cuervos de la revolución: la izquierda nacional y su caterva de señoritos, entre sociólogos y politólogos, amén de la recua traumatizada que sigue a cualquier movimiento “popular”. La importancia del cambio presumido se desvaneció, y quien pudo haber logrado tanto prefirió un circo de fútbol y rabietas más una gran mano extendida de limosna para pagar su “transformación” de la sociedad boliviana.
Hoy, con el barril de petróleo a menos de $us 50, quizá una movida norteamericana en asociación de sus amigos sauditas para descartar a Hugo Chávez, la “revolución boliviana” se seca y las estupideces de García Linera acerca de defenderla no bastan… sobran, porque no hay nada que defender.
¿Cuánto pierde Bolivia en la inminente caída de Evo Morales a un plazo no muy largo? La posibilidad de lo que fue y el largo intervalo que sucederá para repetir lo positivo que presagió y que resultó traicionado.
5/12/08

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 7/12/08

Imagen: Librito de una colección antigua de literatura mexicana para niños

Mareos de invierno/NADA QUE DECIR


Un canal televisivo informaba que “el país más pobre de Sudamérica” tendrá un proyecto espacial, con el futuro lanzamiento –y oficinas con presupuesto de 300 millones de dólares- del satélite Tupac Katari.  El propósito, aparte de comunicaciones, sería para defensa  ¿De quién tiene que defenderse Bolivia?, preguntaba el periodista. 
No sabía, ni saben, que el plurimandatario Evo está reinventando la historia, y el cine, para llevar el yermo andino a la Guerra de las Galaxias, con monstruitos aymaras, y señores negros que versen en inglés.  El papel de Obi Wan Kenobi sin duda le corresponderá, pero con nombre extraído de supuestos mitos y antigüedades que sus acólitos acostumbran hacer aparecer, soslayando la verdad de que los Andes son de por sí ya tan ricos que no necesitan veleidades de llameros locales.
Luego viene el asunto de los adobes del ex ministro de educación que, por su número, dan la impresión de haber florecido del piso, sin el mentado trabajo que el intelectual altiplánico muestra en fotografias. Raya en algo superior a  la estupidez tal problema. Patrañas de justicia comunitaria entre muchas.
El hecho de que los nativos americanos hayan sido sojuzgados y esclavizados por quinientos años no les da derecho a armar un esqueleto político-ideológico-mítico-religioso como convenga a sus dirigentes, como plazca a un reducido grupo de arribistas/verticalistas, demócratas espurios,  que han visto que la mejor manera de lucrar es despertar las fobias de tanto mal acumulado. 
Los pueblos no deben llorar, que porque me hicieron esto yo hago lo otro.  Pueblos que se compadecen de sí mismos no avanzan.  Y Bolivia se va quedando rezagada aunque el satélite Tupac Katari ponga cerco a las estrellas.  Estamos ante un caso de alucinación colectiva, con cerebros perversos que comienzan ya a dividirse en grupos: los k’aras:  García Linera, Llorenti...   y los autóctonos:  Choquehuanca, Patzi...
Bolivia no son sólo aymaras, quechuas o guaraníes. También etnias minoritarias.  Somos los mestizos a la vez que los escasos blancos.  Es el mestizaje de razas, cuyas ramas ninguna puede declararse pura, lo que ha sido y será el emblema enriquecedor de este país envilecido por curacas y caudillos.
Decía Pedro Trigo, estudiando a J.M. Arguedas, "No se trataría, pues, de regresar al pasado para restaurarlo materialmente, sino de buscar en él el hilo conductor para vivir de un modo valioso el presente que se sabe heterogéneo". Nadie niega la importancia, además de la hora, en que el indio se torne participante de la vida nacional.  Los errores son hechura de todos, sin excepción, y es tiempo de enmendarlos entre todos. 
Pero de ahí que se quiera imponer condiciones de vida, de pensamiento y costumbres "ancestrales" sobrepasa los límites.  No me trae lágrimas pensar que “ahora les toca a ellos”.  No, señor. 
Debemos salir de la beneficencia y de los bonos, de depender siempre de alguien.  El hombre tiene que mirar y marchar adelante con su labor.  Para igualarnos hay que trabajar, en verdaderas empresas socialistas que no divaguen como los fracasos conocidos por la historia, en empresas que reconozcan el valor y la diversidad de cada uno, sin preeminencia de raza ni de individuos, sin reyes, amos, curas, generales, yatiris o comisarios, sin quien desde arriba indique qué.
Mientras en Bolivia se idolatre a mil y un cabrones no hay salida.  Para crecer hay que destruir, pero éstos -como los otros- no destruyen nada, doran la feliz, y para ellos inamovible, píldora del poder, llámenle Pachacuti o Reich.

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 14/2/2010

Imagen: Bastienne Schmidt/Carring the Coffin of a friend, Lake Titicaca, Perú, 1992

Thursday, August 19, 2010

A Day in the Life


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Te he de decir un secreto
Pon música
y ama
con la ventana de trece
la cortina de trece
y ámame cinco
como las veces que vas a morir
cuando me dejes
y te abandonen los barcos noruegos
y tus amigos se acuesten conmigo
porque no estás mucho te has ido
Te diré
y esta noche solo la mía sola
sabremos tú y yo
que esta canción me calienta

¿1996?
De "La más inmóvil"

Imagen: Christian Schad/Zwei Maedchen, 1928

Achachilas y otras divinidades/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Recibo unos escritos de El Alto de La Paz y me parece leer a H.P. Lovecraft, los Mitos de Cthulhu, salvadas las diferencias de estilo entre el solitario autor norteamericano y el periodista alteño. Los reúne, en alguna arista inverosímil, el tema de mitos antiguos, de seres que a pesar del olvido habitan aún en la sombra. Los dioses lovecraftianos son amorfas pesadillas cuya hambre se sacia con sangre; vienen del tiempo en que para complacerlos se recurría con miedo y fervor al sacrificio. Los dioses andinos -no sé si decir bolivianos o nacionales en un país que peligrosamente se inclina a diferenciar en demasía los aspectos étnicos de su población- cargan ambigüedad. Se habla de Tiwanacu, de Qonqo, de la Horca del Inca, Copacabana, en una generalización de divinidades y sitios que -es evidente- desconoce las sutiles diferencias y las hondas enemistades de nuestros ancestros. En apariencia no son tan sangrientos como las elucubraciones del escritor de Nueva Inglaterra, aunque mirando las figurillas tiwanacotas se percibe el horror en la serie de decapitadores que se ensañan con los vencidos.


Se pregona, en estas informaciones sui generis de la ciudad altiplánica, la unión de los desheredados, de todas las etnias humilladas y ofendidas por el invasor español, por su cría mestiza el doctor altoperuano, y no está mal en el sentido de saber que tenemos un origen, una cultura y una historia, con valores y tradiciones propios; sin embargo cabe recordar que no somos un grupo único, que hay tanta diferencia entre un guaraní y un aymara como entre un japonés y un coreano, y que no se puede reclamar a los dioses andinos, que vienen de sociedades de más desarrollo, primar o velar por los pueblos selváticos para quienes la durmiente pupa de un insecto tiene más significado que un extraño Pachacuti... Así, mejor ni mencionar dioses ancestrales. El futuro, el progreso, no pasan por una angustiosa mirada hacia atrás. No podemos, sin ánimo de enfangarnos para siempre en inútiles devaneos, siquiera mencionar que en un futuro próximo, el de la "final" liberación de las razas oprimidas, un conjunto de amautas reemplace a los gobiernos, que -hay que aceptar la realidad- los precios de los hidrocarburos, la educación fiscal, la protección al medio ambiente, el lugar de la mujer y el niño en la sociedad no pueden ser decididos en lecturas de coca. Utilicemos esas hojas, que sagradas no son a no ser que aceptemos que sagrados son todos los vegetales y la vida, para algo más práctico como un delicioso mate.


Lo malo es que haya en el país espacio para retórica similar, tan peligrosa como su contraparte "blanca" que se cree dirimidora de los destinos "patrios". Uno de los mayores problemas nacionales es el profundo racismo, del escaso blanco hacia el mestizo, de éste al indio y del indio al indio. No hay mayor insulto en Bolivia que llamar o ser llamado "indio", "t'ara", "putaindio". Entre los inmigrantes bolivianos en los Estados Unidos es una costumbre que en lugar de haberse perdido en la amplitud de la modernidad y las posibilidades informativas, se ha agudizado. Es aquí donde más parecen querer diferenciarse los connacionales, incluidos aquellos que con franco orgullo debieran considerarse aborígenes.


Asombra que aquellos que reclaman un supuesto paraíso perdido no tengan políticas de conservación para los monumentos originarios, menos una política ambiental que preserve lo poco que queda de la destrucción generalizada de los recursos y la infraestructura del país. Mientras no exista un programa claro para combatir la miseria nada cambiará. Nada mientras se mantenga la odiosa servidumbre que obliga a las jóvenes del pueblo a emplearse por irrisoria paga en las casas de los más pudientes...


Reeditar Pachamamas, k'oas, yatiris y demás asuntos que debieran verse con interés, estudiarse, comprenderse y superarse, no cambia un desolado panorama que necesita transformaciones radicales. Dorar la píldora con solsticios, alcoholes, serpentinas y huacas es algo que se ha hecho siempre: enlodar con santidades el entendimiento.
 Dejemos que los achachilas del Ande sigan su sueño y tendamos a crecer, barriendo, mientras lo hacemos, la detestable prepotencia de "doftores" e "inginieros". 

23/06/05

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Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), 26 de junio, 2005

Imagen: Joseph E. Yoakum/Monte Sajama cerca de Oruro, Bolivia, 1966

Tuesday, August 17, 2010

El sol de América del Sur/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Juan Manuel Santos, presidente electo de Colombia, es mal bicho. Tras suyo se levanta un aura oscura que habla de crímenes militares y paramilitares, de la sucia historia de una guerra brutal.

Este Santos, entrando en el campo de las hipótesis, ha dado un golpe maestro apenas comenzado su régimen. El mundo contemplaba azorado como un supuesto "hombre fuerte" parecía recular y revolcarse amistosamente con el benemérito bufón de América: Hugo Chávez, también de sombrío halo.

Los más de los analistas, politólogos y cabareteros no salen del estupor y no alcanzan a imaginar el laberinto mental que determinó los asuntos. Discrepo con ellos y recuerdo los manejos de la Ojrana -policía secreta del zar- que no dubitaba incluso en asesinar príncipes para preservar el status quo. En el caso de Santos es otra suerte de preservación. Tiene dos enemigos: la guerrilla (FARC sobre todo) y el presidente de Venezuela. ¿Cómo eliminar dos pájaros de un tiro (pajarraco uno)? Apeló al espíritu tonto de milico de "Mauricio" y a su prurito de cantor de boleros. Ejercitó trucos en los que el coronel cayó redondo para hacerlo visitar Santa Marta, en Colombia, hecho bandera y poeta, recitando a Simón Bolívar y farfullando acerca de los inmortales personajes del Gabo. Luego se despidió, saludos, sonrisas, condescendiendo, dejando en olvido a Maradona como solitario payaso.

Sucede que un día después, o dos, explota un coche bomba en Bogotá a las cinco de la mañana y sin muertos, atentado calculado a la manera de aquellos "zaristas". Que haya detenidos no importa; cualquier organización se puede infiltrar y empujar a algo semejante. Un autoatentado permitiría a Santos cerrar el diálogo con la insurgencia, dar motivo y justificación de defensa y, tapar la boca del cuartelero al lado que ya danzó como oso de feria en las tierras donde murió el Libertador.

Chávez condenó el hecho ¿Qué le quedaba? Y ahora a espectar. Y a espectar a sus secuaces del sur, decorados de falso indianismo, siguiendo a pies juntillas lo que determine la Suprema ñusta.

Juegos insanos de las derechas, la de la izquierda y la opuesta, ávidas de poder y lucro, aprovechándose aquí de un pueblo cretinizado con alcohol y coca, dorados de retórica sus desmanes, reemplazando "cabezas" a medida que caen corruptos, borrachos, maleantes, sus estrellas: Torrico, Surco, Patzi, Mamani, Santos Ramírez... y los que faltan.
15/8/10

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 17/8/10

Imagen: Pintura de Otto Aguilar, del blog DEMIURGO INSOMNE

Sunday, August 15, 2010

Caminando entretejido


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El cable internacional trae noticias de Bolivia. La última: que los comunarios de Río Yura tomaron las instalaciones que proveen de energía eléctrica a la mina San Cristóbal, que malos (o buenos) dicen pertenece a un exministro, connotado izquierdista derechista, híbridos endémicos éstos de allí.

¿Cuál mi interés al comenzar un texto cultural en dicha información? Que Río Yura, departamento de Potosí, representa, en sus tejidos, una joya que se opaca, un brillo que se ¿herrumbra? sin retorno.


De etnia quechua, ponchos y awayos de Yura se distinguen por su sobriedad y la riqueza de su entramado. Son pocos, porque numéricamente la etnia yura es pequeña, disminuida, singular, sin embargo, en un universo local, el potosino, todo compuesto de singularidades textiles que lo ensalzan como museo vivo de la humanidad.

Los tejidos yuras, como casi todos los de esa región que incluye a Caiza y Calcha, admirables centros textiles ambos, son serios, sin el barroquismo de sus pares de Candelaria y Tarabuco en Chuquisaca. Aunque los entendidos añaden a Pocoata, Macha, Potolo, en un núcleo compartido con Yura, los suyos son muy distintivos. En realidad, sin ser erudito en el tema, se puede distinguir cada población o zona a través de sus características peculiares, que, sin embargo, muestran la dinámica del tiempo y de la historia compartidos en sus líneas o figuras, desde los prehispánicos de Leque, en Cochabamba, con seres monstruosos sólo comparables, a pesar que no tan concentrados, a los de Potolo, pasando por los altamente "globalizados" de Llallagua, con camiones y helicópteros (también en Charazani, y en ciertos tejidos de Arampampa), y continuando con las extensos campos de los tejidos de Calcha, con detalles únicamente en uno o los dos extremos de la pieza.

Aparte de ello, de la calidad de su arte textil, Río Yura y las poblaciones, cerros, arroyos aledaños desbordan en belleza natural. Los cañadones de esta villa escondida entre los cerros de los Chichas debieran explosionar de turismo, Digamos que está cerca de todo, y que la carga histórica abunda para ensoñarse con el pasado indio, el conquistador, el colonial, el mestizo, republicano, hasta hoy.


Mirando al oeste se llega hasta el mar de sal, que el mundo ve con ojos de batería y que algunos, tal vez por la herencia india, miramos con arrobación y nostalgia. Hacia el sur la aridez que parece haber preservado el pasado destapa lugares tan hermosos como Cotagaita, de donde haciendo un rodeo hallamos los destellos de Tupiza, hasta de Camargo siguiendo para Betanzos. Recuerdo 1977, 1980, 1984 donde mis pies entretenidos miraban a un gringo de Liechtenstein recolectar hierbas, tierras y cochinillas para terminar un estudio del teñido natural de los textiles bolivianos, que, empresarios como ellos son, terminó en una fructífera exportadora con su base en Sajama, casi al fin del mundo.

País tan grande el nuestro, tan solo y tan bello. Basta bajarse del camión que de Río Yura tiene como objetivo las fronteras de Jujuy y Salta, en Cotagaita, y saber que en los cuatro puntos cardinales hay un sueño que aguarda. A la derecha, la sombría y atractiva friolera de la mina de Atocha; a la izquierda, las casonas escondidas entre árboles de Villa Abecia. Volver sobre los pasos implica Potosí, el silencio de los escondrijos medievales de sus calles, mientras que siguiendo hacia abajo, el silencio único de los meandros del San Juan del Oro, que entre Argentina y Bolivia desmienten las fronteras que los generales pusieron.

Extiendo en el piso los dos ponchos de Yura que forman parte de nuestro tesoro. Son similares, aunque uno guindo y el otro crema. Tienen líneas gruesas en los costados y cuatro franjas, dos y dos por lado, atravesando el campo. Cada franja es conjunción de otras menores de par de colores intercalados. Rombos delicados, en serie, adornan las de los cantos. No hay exaltación como en Ayata, ni tanto color como en Tapacarí, pero añaden a la vida el sur, el polvo antiguo por el que tantos han pasado y ninguno quedó. Pienso que tal vez estos Yuras sean, entre otros awayos de casa, incluido el poncho tejido por mi abuela en Sanipaya (Ayopaya), lo que reste de Bolivia para mis hijas.
11/08/10

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Publicado en IDEAS (Página Siete/La Paz), 05/09/2010

Imagen 1: Awayo/Potolo/Departamento Chuquisaca/Quechua
Imagen 2: Aksu/Potolo/Departamento Chuquisaca/Quechua
Imagen 3: Awayo/Calamarca/Departamento La Paz/Aymara
Imagen 4: Awayo/Leque/Departamento Cochabamba/Quechua

Imagen 5: Tari/Charazani/Departamento La Paz/Quechua-Aymara

Saturday, August 14, 2010

La destrucción de Kashgar/NADA QUE DECIR


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Kashgar, o Kashi, es una ciudad china con más de dos mil años de antigüedad. Casi en la frontera con Afganistán, Kirguistán y Tajikistán, era, en tiempos de la Ruta de la Seda, un punto vital de intercambio entre el Mediterráneo y el Lejano Oriente. En Kashi se dividían las caravanas, burlando el desierto, para volverse a reunir más adelante en su ingreso a China. Michael Wines, del New York Times, hace una reseña interesantísima acerca de lo que sucede allí.

La República Popular China, "paraíso de los trabajadores", no ceja en su empeño de modernización y enriquecimiento a cualquier costo. Mientras mantiene su mano de obra a precios irrisorios, se vanagloria de estar construyendo una nueva élite de millonarios cuya extravagancia supera aquella de sus pares occidentales. Den Xiao Ping, el artífice de este capitalismo comunista, fue objetivo no sólo en cuanto a sus metas sino a sus alcances. Hoy China tiene un superávit fantástico en materia económica, lo que no implica que los proletarios o campesinos que hicieron la revolución progresen. Pero, dirán, para eso son chinos, porque hay los viejos adagios de "trabajar como negros" y el de "sufrir como chinos", consejo este último que los líderes orientales del pueblo mantienen vivo para la mayoría mientras miman a los nuevos potentados.

Pero en Kashi, al pie del Pamir, no se ven rostros orientales. Muy pocos. Y, según leo en un libro de 20 años atrás, la villa poseía la segunda estatua más grande de Mao en el país, a pesar de que la población de la zona pertenece a la etnia uygur y son de religión musulmana.

China ha decidido arrasar con la mayor parte de la ciudad vieja, con sus pasadizos y arabescos, con el misterio que le hace aura de ser una de las mejor conservadas ciudades medievales musulmanas en el Asia Central, lugar donde alguna vez compraron y también saquearon Tamerlán y Gengis Khan (Wines).

Alega el gobierno —hay historia— que las viejas edificaciones de paja y barro, que llegan a alcanzar el tamaño de mansiones (considerando que familias vivieron en ellas por 500 años o más), no son seguras ante la eventualidad de un terremoto. 

Trasladando la población —los más pobres primero— a aburridos monobloques, aseguran estar protegiéndola. Hay voces que opinan, sin embargo, que se debe a una estratagema china para evitar el desarrollo del nacionalismo islámico allí. Siempre una ciudad con nuevas edificaciones, cuadriculada, es susceptible en grado superior de control y espionaje, no así una intrincada red de callejas donde se pierden incluso las sombras.

No es nueva la problemática del islamismo en la región. Cuando el bolchevismo triunfa el año 17 tiene que lidiar con el problema de las nacionalidades. Lenin ordena, y los que le siguen, mantener el statu quo colonial, siendo los obreros rusos esta vez, y su instrumento el partido, los detentadores del poder.  Las decisiones son tomadas por rusos para rusos, sin importar y ser casi nula la presencia local en los soviets. Los bolcheviques llegaron incluso a apoyar a sus rivales socialistas-revolucionarios, que dirigían el soviet de Tashkent y que no permitían el ingreso de musulmanes allí. Ello derivó en una masacre —por el Ejército Rojo— de nacionalistas el año 18.

Fuera de las digresiones histórico-políticas de una zona altamente estratégica, está la pérdida de una expresión cultural única para la humanidad, un trozo de historia viva que ha de desaparecer a nombre del progreso...
29/05/09

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Publicado en Puntos de Vista (Los Tiempos/Cochabamba), 03/05/2009

Imagen: La ciudad de Kashgar en un grabado de 1874 

Friday, August 13, 2010

Los buenos y los malos/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Los últimos acontecimientos de Sucre están siendo vistos por ambos lados de manera unilateral. Es oprobioso lo que se hizo con aquel grupo campesino en la capital, desnudando, quemando vestiduras, humillando, lo que no implica que las víctimas del momento no hubiesen hecho lo mismo con los victimarios, en papeles revertidos. El asunto no radica en mostrar lo malo de uno y lo bueno del otro, sino en reconocer que en Bolivia las cosas van llegando a un límite que en algún momento explotará.  Límite que alimenta un gobierno cuyo programa es mescolanza de irreconocible ideología y cuyo único fin es preservar un poder por mero arbitrio de vanidad.

Cuando se opta por la violencia desenfrenada de la turba, los resultados pueden inclinarse de cualquier lado. Evo Morales tendría que saber que un país no es un sindicato y que la verticalidad a la que está acostumbrado entre cocaleros no se aplica de forma automática a cualquier otro aspecto de la sociedad.  Su prédica de intolerancia, de desafío a la vez que cobarde concesión cuando lo ve necesario, su agresión permanente y las contradicciones en que recae, muestran un feble esquema, un castillo de naipes con príncipes de opereta.

Violencia en sí misma, y su indiscriminado uso, no significan nada, menos revolución. Tanto los adláteres del presidente como los grupos de derecha surgidos (resucitados) como contraparte del gobierno, apuestan por la próxima balcanización del país, y no me refiero a las autonomías regionales como tales, sino a la absurda pretensión de unos y otros de disputarse un país convaleciente, con discursos de insulso patriotismo y poca idea de lo que se necesita para avanzar.

Lo que ocurrió en Chuquisaca es lamentable, como lamentables son los linchamientos, no importa si de gente inocente o culpable. En Bolivia, más hoy con la impericia de los gobernantes, todos están por encima de la ley. Y para aceptar eso, para reconocerlo como razonable y justo, se inventan patrañas explicativas, se aducen historias inverosímiles, pasados y tradiciones sin documentación. 

Bolivia es el país de la chacota, aunque no, porque chacota implicaría diversión, y ni pizca de divertido hay en lo que sucede. Más bien vivimos en un país trágico, marcado por la violación y el estupro, por la incomprensión y el racismo, por la falta de reconocer que en la variedad abunda la riqueza. Y, sobre ello, sobre estos escombros rotulados "país", un idiota vanidoso quiere agitar el bastón de mando de su angurria.
02/06/08

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Publicado en Opinión (Cochabamba), junio 2008

Imagen: Autor desconocido

Friday, August 6, 2010

El indio, esa comodidad/MIRANDO DE ARRIBA


Mal pueden creer los intelectuales bolivianos que el gobierno de su amo Evo Morales representa al indio como oprimido, no como raza. Quizá en algún momento de su proceso ideológico-político, mister Morales fue un líder popular; ahora es un monarca.
En la triste historia del indio todo se hizo con verticalidad: unos arriba y la mayoría abajo. Si no fueron los incas, o cualquier etnia sobre etnia, fueron los españoles, los caudillos, los criollos, y los mestizos, y los ricos, y los milicos, y los curas en interminable lista de patrones.
Entonces llega el momento, a principios del siglo XXI, en que un nativo alcanza -por masivo voto- la presidencia de la república, para ¡oh, desasosiego! convertirse en lo que quizá siempre fue: un sátrapa vanidoso.
La masa campesina que creyó en él sigue donde está, a pesar de los cheques venezolanos que se distribuyen en ambiguo patriotismo ¿bolivarianismo? Parafraseando al gran cineasta japonés Nagisa Oshima: los de abajo se quedarán abajo, no importa quien gobierne. El origen étnico del que mande no interesa, no hay garantía de nada. Y menos garantía la mixtura de izquierdismos que rodea al presidente en el caso nacional. Hay de todo, desde foquistas calcificados hasta marxistas que sueñan con princesas chipayas, no con indias chipayas (hay que aclarar) mas con princesas. Si esto parece cuento de hadas, y los ilusos de afuera, porque el de afuera peca de iluso en Bolivia, incluidos Galeano y Pérez Esquivel, anuncian el advenimiento de una nueva era. ¿La era del garrote quizá? ¿La del chicote?, eternizando la historia de humillados y ofendidos. Quiero también ver el paraíso social que pregonan, pero aquí todo es tan ilusorio que ya estamos como los fundamentalistas islámicos y su edén de once mil vírgenes. En nuestro paraíso local, vírgenes no hay, ni fideos, ni gas, ni pan, ni arrope.
Sugieren marcadas diferencias que pondrían a Morales por encima de la derecha. Si Morales es la derecha, como Tuto Quiroga, como Manfred Reyes. Las sutilezas, que no las distinciones, están en los detalles pero ellos (los individuos en cuestión) conforman una suerte de unidad que los caracteriza por la misma ambición. Si Time puso a Morales entre los 100 líderes más importantes del mundo contemporáneo, si se sugirió su candidatura al Nobel, dónde está la masa india del país. Ella no asiste a reuniones, no viaja, no disputa con el presidente de Perú acerca de los arrebatos adiposos del cuerpo u otras observaciones de tocador. Otra vez, y peor porque hoy es uno de ellos, el indio ha sido usado en beneficio de pocos.
9/6/08

Publicado en Opinión (Cochabamba), junio 2008

Imagen: Tupiza-Bolivia/Indio de Talina, 1900

Por el derecho de asilo/MIRANDO DE ARRIBA


El año 2003 intercambiamos con Walter Chávez un par de breves cartas a raíz de un artículo mío sobre Víctor Hugo Viscarra (que aún vivía) y que se publicaría en el El Juguete rabioso, revista bajo la dirección de Chávez.
Esta revista, periodística, literaria, crítica, representó un salto cualitativo entre este tipo de publicaciones en Bolivia. Y Chávez, con estilo directo y singular, la enriqueció con sus textos. El Juguete rabioso, mal que pese a algunos chauvinistas, ha quedado como un hito de la cultura regional.
Que Chávez fuera asesor de Evo Morales es historia aparte. Cada quien tiene derecho de apoyar al que quiera. Y también de escribir. O hacer campaña. Nada de eso se puede criticar, así los puntos de vista de uno difieran de los del otro.
El gobierno de Perú solicita la extradicción del periodista peruano, asilado en el país desde 1990, y defendido por la señora Mitterand en una carta que acusaba su persecución. Los cargos son los de "terrorismo". Extraño en un país donde notorios terroristas -de derecha- pasean sus calles. En un país que es lento, sino negligente, en la prosecución de graves delitos contra la humanidad como los cometidos por Fujimori o Montesinos. Un país que acusó a la nefasta diva televisiva Laura de ligazón con Montesinos -y enriquecimiento- y cuyo file parece haberse ya esfumado.
¿Qué calidad moral tiene el actual gobierno de Perú para solicitar la entrega de este asilado político de Bolivia? Ninguna. La farsa de la judicatura, no sólo peruana, se ensaña con aquellos que difícilmente pueden defenderse. La situación de Chávez no deja de preocupar, porque si se da el caso de la caída del actual gobierno del MAS -no existe la eternidad- estará al alcance de los lacayos de siempre, la febril y lambiscona derecha boliviana -léase Tuto Quiroga- que no dudarán en la entrega de este "paquete" a sus congéneres cruzando el Titicaca. Igual que Bánzer durante la Operación Cóndor, cuando despachaba a la muerte a militantes extranjeros, Walter Chávez puede convertirse en un obsequio de buena voluntad en la sempiterna y locuaz "guerra contra el terror" que instauró Washington.
Es triste contemplar el panorama. Perú demanda a Chávez mientras los que asesinaron a Cerpa Cartolini y otros en la embajada de Japón en Lima siguen sueltos. La orden de "no prisioneros" es ilegal, es asesinato, ya sean Bush, Putin, o cualquier otro mandatario los que la den.
El derecho de asilo político no puede ni debe ser tocado. Walter Chávez se queda.
26/5/08

Publicado en Opinión (Cochabamba), mayo 2008

Imagen: Afiche propagandístico

Silent Waters/LA VUELTA AL MUNDO EN 80 FILMES


Silent Waters, Sabiha Sumar/Pakistán, 2003

Ganadora del Leopardo de Oro del Festival de Locarno, Silent Waters no es sin embargo una gran película. Su importancia radica en los cuestionamientos que despierta -el fundamentalismo islámico, el papel de la mujer en Pakistán, y más-, en un momento como el actual. Para crédito de la directora, Sabiha Sumar, existen en el país asiático dificultades casi insalvables de hacer cine. En oposición a su vecino, India, que ha desarrollado una industria cinematográfica gigantesca, Pakistán no tiene siquiera escuelas de actuación; de ahí la performance a veces débil de algunos de los actores de Sumar.
Cuando Mohammed Alí Jinnah decide la creación de Pakistán, como refugio para la minoría musulmana de la India, no era con la intención de crear un estado fundamentalista sino uno secular. Su oposición a la hinduización del movimiento independentista en la India -y la intromisión de la religión en el conflicto político- lo separó de Gandhi. Jinnah previó sin equivocarse que la ruta seguida por el Mahatma derivaría en una brecha entre las dos religiones mayoritarias del subcontinente. Eso lo indujo a proseguir con la idea de un país independiente.
El filme transcurre en 1979, en un villorio que según se desarrolla la cinta sabemos que perteneció a la comunidad sikh, la cual, como reflejo en menor escala de lo que sucedió entre hinduístas e islamistas, es expulsada de sus tierras para dar espacio a los refugiados del nuevo Pakistán.
Acontecimientos que sucedieron de manera trágica y cruel. Ayesha (llamada Veero en su antigua condición sikh), la protagonista, es una muchacha que escapa de la muerte, a tiempo que se acercan los musulmanes al poblado, en 1947, para ser luego atrapada por los invasores y sometida a los tormentos usuales a la mujer. Hay un pozo de agua de donde se provee la aldea. En ese pozo, que aparece repetidas veces en las reminiscencias de Ayesha, las mujeres sikh fueron obligadas por sus familiares a arrojarse y ahogarse antes que perder su honor. Ella no, huye, y encontramos que algunas otras que quedaron como regalo a la sevicia de las desenfrenadas masas religiosas, retornaron al exilio de sus hogares para ser -o pedir ser- asesinadas por padres, maridos, o hermanos ya que cargaban el "pecado" de haber sido violadas por infieles.
Ayesha rehizo su vida en el poblado, se casó, renunció a las creencias sikh y se convirtió al Islam. Vive, a pesar de cierta normalidad, en una especie de enclaustramiento, de anonimato; jamás va al pozo a conseguir agua, otros lo hacen por ella. Allí se hundieron para siempre sus dos hermanas, en este absurdo innombrable que son las guerras de religión y la religión misma.
Su hijo, muchacho suave y aficionado a la música y al amor, sufre una transformación de espanto. Con la llegada de militantes de Lahore, comienza a resentir toda su vida anterior y considera, de acuerdo a un extremismo coránico, que lo que se aleje de su peculiar interpretación del Corán es infiel y susceptible de castigo e incluso de muerte. Eso lo confronta con su madre, de quien descubre su origen sikh con la llegada de unos peregrinos que habían vivido en el poblado y fueron posteriormente expulsados. Este hallazgo tendrá consecuencias trágicas.
Es el tiempo del gobierno del general Zia, con la islamización de Pakistán y el retorno de puniciones medievales: cortar la mano derecha y el pie izquierdo al ladrón; lapidación para el adulterio. Epoca paradójica en que los soviéticos invaden Afganistán, en que Zia apoya la lucha de los mujahedin y recibe millonaria ayuda de los Estados Unidos.
Tensión que aún permanece, donde un tirano como Musharraf es a su vez el que sostiene los últimos resabios seculares de un país al borde del abismo, el Pakistán cuyo nombre es un acrónimo de Punjab, Afganistán y Kashmir y cuyo sino puede ser el sino universal.
18/6/08

Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), junio 2008

Imagen: La directora Sabiha Sumar

La vida de los otros/LA VUELTA AL MUNDO EN 80 FILMES


 Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Florian Henckel von Donnersmarck/Alemania, 2006

1984 es un año simbólico desde la aparición del libro de George Orwell. "La vida de los otros", del guionista-cineasta alemán Florian Henckel von Donnersmarck -su debut-, sucede en 1984 en Berlín Oriental, expresión precisa del totalitarismo que Orwell quiso retratar.

Tres personajes centrales: un oficial de la Stasi, la policía secreta de la RDA (República Democrática Alemana), un escritor aceptado por el régimen, y una famosa actriz de teatro. Entre ellos se entreteje un laberinto de hechos y emociones que los hará partícipes de un destino, siendo el oficial quien decida en cierta medida el final de los acontecimientos.

La Stasi, gracias al servicio de decenas de miles de agentes e informantes, mantenía estricta vigilancia sobre aquello que se considerase subversivo. La investigación de los artistas, dada la volatilidad de este género, propone el tema en cuestión. De la pluma de los escritores solían -y podían- escapar las informaciones que desprestigiaran al régimen. Pero el caso de Georg Dreyman parece impoluto. Este dramaturgo confía en el sistema de Berlín Este y su obra se rige dentro de los marcos de no sólo la aceptación sino la loa de la "república proletaria". Sucede, sin embargo, que su novia, la actriz Christa-Maria Sieland mantiene relaciones también con el Ministro del Interior, quien en actitud fuera de la política, aunque utilizando esta para sus fines, la desea para sí solo. ¿La manera de lograrlo?: descubrir que Dreyman traiciona al país.

Con tal objetivo se recurre a un eficiente oficial de la Stasi, quien se ofrece voluntario para la labor, guiado por la impresión que Christa Sieland le causa durante una interpretación teatral. Emociones que se mezclan con ideologías; acusaciones que se tejen bajo la sombra mundana de los celos.

La película acumula series de temas importantes. Se podría desgajar uno a uno los sutiles movimientos del argumento, que funciona perfectamente dentro de un engranaje sólido, que a pesar de no dramatizar el tema como en una película de misterio, mantiene al espectador en vilo de principio a fin.

En este rico mosaico, el énfasis en el cambio que se produce en la mente de un vigilante idóneo, el encargado del caso, alcanza el grado de obra maestra por su sutileza. El actor Ulrich Mühe, que caracteriza al capitán de la Stasi Gerd Wiesler, desempeña un papel impecable, comenzando como un feroz guardián de la "patria" y terminando con imperceptibles matices de duda, cuestionando si todo por lo que vivió y trabajó era válido.

Transformación que ocurre en su contacto con el arte, en el seguimiento constante de la vida de los sospechosos, el escritor y la actriz, que, ajenos al espionaje, viven como lo hacen los artistas. Intrigado por este universo que difiere tanto del suyo, Wiesler entra en el apartamento de Dreyman, cuando los inquilinos no están, y sustrae un libro de Brecht, cuya lectura significará el quiebre de su ortodoxia policial. De allí en adelante se convertirá en una especie de cómplice; cuando al fin, luego de algunas circunstancias, el otrora fiel autor, decidirá intervenir en el desenmascaramiento del aparato comunista.

Filme que trata de las finuras y escondrijos del alma humana, los cuales, al ser expuestos a diferentes situaciones, suelen volcarse de forma impensada.
04/06/08

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Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), junio 2008

Imagen: Poster turco del filme


Tuesday, August 3, 2010

Un paseo por el cine


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Tantos restaurantes y tan poco tiempo, dice mi hija Emily, sibarita que combina salsa de maní con asado y mote con tallarín, que hace la salsa guatemalteca más picante y más rica con habaneros retostados. Tan poco tiempo para comer lo que se ofrece que hay que discriminar y adecuarse a las breves y simples posibilidades de que disponemos.  Lo mismo con el cine: tanto que ver y demasiada imposibilidad.
Para un artículo propuesto como éste lo mejor es obviar las convenciones y extraer de la videoteca, al azar, un grupo cualquiera de DVDs. Cierto que así no discriminamos y dejamos a la suerte el resultado, mas ya que hablamos de películas ya vistas, la diversión es perdonable. La primera opción es "Austeria" (Polonia, 1984), filme de Jerzy Kawalerowicz. Es una pena que del cine polaco sólo conozcamos a Kieslowski. No quito su mérito ni su maestría, pero la obra de cualquier país es mucho más que el trabajo de un individuo, en literatura, en cine, en política... Para mí Andrzej Wajda es lo mejor de Polonia, en sus películas convencionales (por así decirlo), no en aquellas que fueron coyunturales en un momento de aquel país en vísperas de la caída del comunismo. Magistral también fue su "Dantón", de la historia de Francia.

Retorno a "Austeria", una cinta que trata de un grupo de judíos huyendo de los cosacos en la ofensiva rusa de 1914 (leer Solzhenitsin). Se refugian en una posada fronteriza donde el dueño es igualmente judío. Lo interesante es observar entre los distintos conjuntos hebreos, hasiditas y demás, y saber que no se puede describir a este pueblo bajo opiniones -o anatemas- generalizantes. Su complejidad es tan enrevesada como cualquier otra. Bella fotografía de la Galitzia polaca, verde y nebulosa, región de magia y misterio, en Sienkiewicz, en Schulz, en Bashevis Singer.

Nominada para el premio al mejor filme extranjero de la Academia norteamericana, "Downfall" (Alemania, 2005), se añade a la lista de filmes controversiales, en un tema que la gente evita poner en controversia: Hitler y el nazismo. El director Oliver Hirschbiegel trata de los últimos días del Tercer Reich en el búnker de Berlín. Bruno Ganz hace el papel del Führer con la profesionalidad que lo caracteriza.

Basada en los diarios de la secretaria Traudl Junge, tenemos una visión humana de lo que sucedía bajo tierra. El imperio germánico ha perecido, las hordas asesinas corren en masa a refugiarse con los norteamericanos ante el avasallador e impiadoso embate del Ejército Rojo. Berlín resiste como puede y la cabeza del Reich se amarga ante la ‘traición’ de todos. Ya no es Hitler el genio dominador; es un pobre hombre acabado, tratando de asirse a cualquier esperanza que impida la destrucción de su reino ¿su filosofía? Sucumbe ante la realidad. Su muerte, planificada, carecerá de grandeza; fin premeditado de alguien que ya no quiere vivir, que, de algún modo, se volvió ajeno al entorno; un hombre ansioso de descanso. No Goebbels, y, por encima, la mujer de Goebbels, fanática a la que el mismo Führer rechazará. Los Goebbels envenenan a sus hijos y mueren, sin gloria alguna...

‘Bizarra y despiadada’, dicen los críticos Siskel & Ebert de "Profundo carmesí" (México, 1996).  Arturo Ripstein garantiza desde muy temprano una posición de privilegio para el cine mexicano en el contexto mundial. Su fílmica recrea en imágenes lo que Juan Rulfo quiso mostrar: un universo como flotante, latente, más que mágico, hechizado. En Ripstein, como también en Rulfo, el ambiente rural excede su medio, no es que se inmiscuya en otro entorno, o que se yuxtaponga a él, simplemente pertenece. No se puede afirmar que ninguno de los dos, literato y cineasta, fuesen ‘costumbristas’ como algunos califican a todo lo que tenga algo de campestre. El universo de Ripstein es casi surrealista, como surreal es México con sus plácidos lagos de flores y calaveras de caramelo.
"Profundo carmesí" es una historia de la crónica roja hecha arte. Una obsesiva mujer que abandona a sus hijos por un gigoló local. Celos y ambición convergen en una arista que llegará a ser insalvable, que destruirá a la pareja de amantes luego de un sangriento reguero de hechos truculentos. El ambiente no puede ser más adecuado. Espacio de desolación, de viento y árido, de olvido, mezquindad y miseria.

El año 2000 Arturo Ripstein dirigió "La virgen de la lujuria". Ambientada en un café al que acuden refugiados republicanos españoles que planean matar a Franco, el director desenvuelve otra historia de pasión, amor enfermizo y desventurado. Aunque no alcanza la magnitud de "Profundo carmesí", esta película es una odisea de color. Tomas que se acercan al arte de la pintura de manera asombrosa. Ante la capacidad técnica del decorado, el argumento y la actuación pierden significado, o trascendencia.

Mis sobrinos me habían aconsejado ver "Irreversible" (Francia, 2002), de Gaspar Noé. Advirtieron de la crudeza de las imágenes. La bella Mónica Bellucci es víctima de una brutal violación en el paso subterráneo de una avenida cualquiera. La trama se desarrolla durante un día y comienza con un chocante asesinato, a partir del cual se irá revirtiendo el texto. Me pregunto si la validez de esta cinta está en la dureza de sus acciones (me remito hasta "Man Bites Dog", de Rémy Belvaux), la violencia como generadora de arte y hasta de belleza. ¿Qué diferencia a una crónica policial sobre un hecho semejante de una obra de arte? Respuestas múltiples que tal vez en esencia se refieran al contexto del artista, la manera de decirlo o de mostrarlo, la ambigüedad de las situaciones, la angustia y la esperanza, la incertidumbre, la subjetividad, el estilo, la abstracción...

"Dillinger" (Estados Unidos, 1973) es una de las muchas excelentes películas norteamericanas sobre gánsters. John Milius triunfa al recrear el aire festivo y mítico que caía sobre aquellos que podían desafiar al sistema que los había traicionado (eran tiempos de la Gran Depresión). A propósito o no, el director ubica al espectador en un claro posicionamiento en favor del criminal y su banda, común en la fílmica mundial ("Charuga", Croacia; "El elegante criminal", Francia; "El Pibe Cabeza", Argentina; "Gotti", Estados Unidos). A pesar de que los críticos separan a "Dillinger" de "Bonnie & Clyde" creo que ambas no sólo comparten una misma ubicación histórica, y un mismo espacio geográfico, sino un espíritu similar, característico del cine norteamericano y de su media que quizá inconscientemente asumen la grandeza del crimen como el último acto individual. Ya notado por Octavio Paz, este fenómeno ha producido en el cine de ese país obras maestras como "El padrino", de Coppola, y la fascinante "Badlands" de Terrence Malick, contemporánea del "Dillinger" de Milius. 

El papel amenaza con terminarse y disto de alcanzar la docena de filmes visitados. Pero no quiero pasar por encima de "Volver" (España, 2006) que implica el feliz retorno de Pedro Almodóvar al buen cine. Luego de un trecho abrupto en creatividad, que incluye a "La mala educación", el genio español retoma con "Volver" su carisma irreverente, genuinamente divertido. El armazón de esta muestra ya se incluía en algún detalle de su antigua "La flor de mi secreto", como argumento de cierto libro de la autora personificada en la cinta. Implica ello, quizá, un retorno a las fuentes inspiracionales que lo hicieron grande. Aunque sus actrices favoritas (Carmen Maura...) ya envejecieron, Almodóvar puede aún sacarles momentos extraordinarios. Ni qué decir de la hermosa Penélope Cruz, madura ella y maduros sus senos, que redondea una perfecta actuación.

"300" (Estados Unidos, 2007) abarca variados aspectos de la vida contemporánea. La recreación de la epopeya de Leónidas y sus trescientos espartanos en las Termópilas, cae justo con el conflicto actual (no sólo en Irak) de la confrontación eterna entre Oriente y Occidente, entre Europa y Asia: Aquiles contra Héctor, Alejandro contra Darío. "300" es una joya visual si excluimos de su esfera una ideología barata e ignorante. La destrucción del hecho histórico, su tergiversación, no es inusual y puede ser aceptada como cualquier adaptación artística que no necesariamente debe cerrarse entre cánones tradicionales de certeza histórica. Zack Snyder logra una magnífica visión del pasado, que puede a la vez ser futuro, en mezcla de claroscuros y ocres donde la guerra es un horrísono río de sangre. 
El comic trasladado a la pantalla. La antigüedad mezclada con el porvenir, la fantasía en lo real. Culminación de un espíritu que se desarrolló en los Estados Unidos los últimos veinte años, que percibí cuando comencé a coleccionar esas figuras animadas que representan monstruosos guerreros medievales, salidos de la historia y de los sueños grotescos de las épocas oscuras (Dark Ages), de la imaginación y el mito, de los celtas y los autores góticos.

Termino con "Amarillo Mango" (Brasil, 2003). Premio CICAE del Foro del Nuevo Cine, Berlín. Claudio Assis, quien dirigió, dice: “El universo aquí, es el de una vida-satélite, el de los tipos que giran en torno a una órbita propia, coloreando la vida de un amarillo hepático y pulsante y no del amarillo del oro y de la abundancia”.  Muestra la existencia en una gran ciudad, Recife, donde cada cual sobrevive como puede y se divierte como puede. La abyección se asocia muchas veces con la miseria y es, en la miseria, donde parece más detestable y estrambótica. "Amarillo Mango" supera en calidad fílmica, argumento, dirección y actuación a "Ciudad de Dios", aclamada internacionalmente. Varias pueden ser las causas. Recife no es Río de Janeiro y su conjunto de historias individuales no alcanza la importancia social de las favelas de Río. No intenta Assis desenmascarar una realidad conocida. Relata vidas personales, cada una con tragedias y triunfos acordes a sus perspectivas, de una clase miserable o una clase media en proceso de empobrecimiento o desaparición.
Cuando los medios de supervivencia son limitados también lo es la visión del mundo. Y los pequeños individuos de Claudio Assis se concentran en una región física de la que no podrán salir. El título, sin embargo, "Amarillo-Mango" viene de la última escena cuando uno de los personajes femeninos, hastiado de su vida y con deseo de cambio, le dice al peluquero que le tiña el renegrido pelo y lo cambie por amarillo, "amarillo mango"... ¿dejo de esperanza?
27/09/2007

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Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 13/10/2007

Imagen 1: Afiche polaco de "Dantón", de Andrzej Wajda, 1993
Imagen 2: Afiche de un ciclo de cine de horror