Sunday, August 15, 2010

Caminando entretejido


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El cable internacional trae noticias de Bolivia. La última: que los comunarios de Río Yura tomaron las instalaciones que proveen de energía eléctrica a la mina San Cristobal, que malos (o buenos) dicen pertenece a un exministro, connotado izquierdista derechista, híbridos endémicos éstos de allí.

¿Cuál mi interés al comenzar un texto cultural en dicha información? Que Río Yura, departamento de Potosí, representa, en sus tejidos, una joya que se opaca, un brillo que se ¿herrumbra? sin retorno.

De etnia quechua, ponchos y awayos de Yura se distinguen por su sobriedad y la riqueza de su entramado. Son pocos, porque numéricamente la etnia yura es pequeña, disminuida, singular, sin embargo, en un universo local, el potosino, todo compuesto de singularidades textiles que lo enzalsan como museo vivo de la humanidad.

Los tejidos yuras, como casi todos los de esa región que incluye a Caiza y Calcha, admirables centros textiles ambos, son serios, sin el barroquismo de sus pares de Candelaria y Tarabuco en Chuquisaca. Aunque los entendidos añaden a Pocoata, Macha, Potolo, en un núcleo compartido con Yura, los suyos son muy distintivos. En realidad, sin ser erudito en el tema, se puede distinguir cada población o zona a través de sus características peculiares, que, sin embargo, muestran la dinámica del tiempo y de la historia compartidos en sus líneas o figuras, desde los prehispánicos de Leque, en Cochabamba, con seres monstruosos sólo comparables, a pesar que no tan concentrados, a los de Potolo, pasando por los altamente "globalizados" de Llallagua, con camiones y helicópteros (también en Charazani, y en ciertos tejidos de Arampampa), y continuando con las extensos campos de los tejidos de Calcha, con detalles únicamente en uno o los dos extremos de la pieza.

Aparte de ello, de la calidad de su arte textil, Río Yura y las poblaciones, cerros, arroyos aledaños desbordan en belleza natural. Los cañadones de esta villa escondida entre los cerros de los Chichas debieran explosionar de turismo, Digamos que está cerca de todo, y que la carga histórica abunda para ensoñarse con el pasado indio, el conquistador, el colonial, el mestizo, republicano, hasta hoy.

Mirando al oeste se llega hasta el mar de sal, que el mundo ve con ojos de batería y que algunos, tal vez por la herencia india, miramos con arrobación y nostalgia. Hacia el sur la aridez que parece haber preservado el pasado destapa lugares tan hermosos como Cotagaita, de donde haciendo un rodeo hallamos los destellos de Tupiza, hasta de Camargo siguiendo para Betanzos. Recuerdo 1977, 1980, 1984 donde mis pies entretenidos miraban a un gringo de Liechtenstein recolectar hierbas, tierras y cochinillas para terminar un estudio del teñido natural de los textiles bolivianos, que, empresarios como ellos son, terminó en una fructífera exportadora con su base en Sajama, casi al fin del mundo.

País tan grande el nuestro, tan solo y tan bello. Basta bajarse del camión que de Río Yura tiene como objetivo las fronteras de Jujuy y Salta, en Cotagaita, y saber que en los cuatro puntos cardinales hay un sueño que aguarda. A la derecha la sombría y atractiva friolera de la mina de Atocha; a la izquierda las casonas escondidas entre árboles de Villa Abecia. Volver sobre los pasos implica Potosí, el silencio de los escondrijos medievales de sus calles, mientras que siguiendo hacia abajo, el silencio único de los meandros del San Juan del Oro, que entre Argentina y Bolivia desmienten las fronteras que los generales pusieron.

Extiendo en el piso los dos ponchos de Yura que forman parte de nuestro tesoro. Son similares, aunque uno guindo y el otro crema. Tienen líneas gruesas en los costados y cuatro franjas, dos y dos por lado, atravesando el campo. Cada franja es conjunción de otras menores de par de colores intercalados. Rombos delicados, en serie, adornan las de los cantos. No hay exaltación como en Ayata, ni tanto color como en Tapacarí, pero añaden a la vida el sur, el polvo antiguo por el que tantos han pasado y ninguno quedó. Pienso que tal vez estos Yuras sean, entre otros awayos de casa, incluido el poncho tejido por mi abuela en Sanipaya (Ayopaya), lo que reste de Bolivia para mis hijas.
11/08/10

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Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 05/09/2010

Imagen 1: Awayo/Potolo/Departamento Chuquisaca/Quechua
Imagen 2: Aksu/Potolo/Departamento Chuquisaca/Quechua
Imagen 3: Awayo/Calamarca/Departamento La Paz/Aymara
Imagen 4: Awayo/Leque/Departamento Cochabamba/Quechua
Imagen 5: Tari/Charazani/Departamento La Paz/Quechua-Aymara

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