Monday, May 2, 2011

Comentario en la muerte de Ernesto Sábato


Un pequeño libro de Editorial Kapelusz me introdujo a Ernesto Sábato. Formaba parte de un paquete que incluía La Araucana de Ercilla, y Don Gil de las calzas verdes, de Tirso. Regalos de mi madre en un cumpleaños. De allí, de esas sus Páginas vivas, así se titulaba, comencé a conocer a un hombre que se caracterizó por su grandeza literaria y su humildad.
Sábato excedió el arte de escribir para convertirse en la conciencia argentina, como no lo hiciese autor antes. Pero, ya que como escriba nos llegó, como escriba lo despedimos, con la eternidad de sus héroes y tumbas, lo oscuro del intelecto humano, y el orden que buscó en las matemáticas, igual que Dostoievsky y Solzhenitsyn, y que se le escondió en las letras.

Publicado en El Deber (Santa Cruz de la Sierra), 1/5/2011 y en Brújula (El Deber), 7/5/2011

Imagen: Ernesto Sábato/Fotografía de Daniel Morozinski

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