Tuesday, April 15, 2014

El país del muñeco de cera/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Venezuela, a un año del alumbramiento de Nicolás Maduro.

Parido en extraño éxtasis de mitomanía y necrofilia, este antiguo chofer -algunos hasta se lo desmienten, poniéndolo en la lista de sindicateros que cobran sin trabajar- acaba de cumplir doce meses de “mandato”.

Vladimir Villegas, dudoso periodista, intenta un análisis serio de algo que no lo es en origen. Dramático, sí; tenebroso, pero no serio. Jamás hubo en la tierra de Hugo Chávez mientras tuvo vida terrena solidez ideológica. El coronel golpista parecía no distinguir entre la virgen de Coromoto y el Che; a poco de morir, quiso deslindarse de un Marx que desconocía pero nombraba, eludir la muerte de los revolucionarios que es muerte sin blanca, sin vida eterna ni paraísos celestiales. El milico se espantó. No podía en su pequeño cerebro de dura corteza externa imaginar el vacío, la nada; prefirió, como cualquier seminarista, elucubrar visiones de querubines culipelados y trompetas que llamaran a almorzar. En ese momento olvidó hasta al barbudo de la isla eterna, o el eterno barbudo de la isla, y se dedicó a ensalivar su crucifijo y a llorar estilo Magdalena.

Pedía a gritos, en televisión, un tiempito más. No lo escucharon arriba. Desvergonzado alcahuete, no fue otra cosa. Pero, dado que la humanidad corre aletargada hacia la ignorancia total, supo aprovechar con la viveza del animal que sabe por instinto que robando un hueso sobrevivirá, el momento. Se adueñó del dinero público. Estafó tirando migajas alrededor para comida de canarios. Construyó un castillo de naipes basado únicamente en el oprobio. Y enseñó a otros mediocres como él la tabla del buen ladrón. Ahora pululan desde los Andes al trópico, de la pampa al planalto, todos reivindicando a los muertos, con tal desdén hacia ellos que su sacrificio ha quedado hoy como actuación de cojudos. Lo digo con las palabras con las que califica la masa, que casi siempre son duras, precisas, acertadas.

Ni siquiera en la muerte el comodín Chávez fue fiel consigo mismo. Quiso permanecer y se fundió en una pieza de cera acostada. No pensó que al embalsamado Lenin los bichos ya le comieron las piernas y que a pesar de no ser más carne se ha descompuesto. O que a la Duarte, nefasta Perón, de poco le sirvió modelar para la posteridad. Parodias de santos.

Poco dice de un pueblo que un tipo de la traza del coronel lo dominara por quince años. El poder del capital que aseguran detestar los regímenes populistas de América. Idólatras del becerro de oro, montado sobre ekekos y ancestros, tapando la boca indigenista con monedas de a dólar.

Maduro es la cría de ese muñeco, que como algunas raras especies se autofertilizó, eyaculó y parió por igual. No asombra por tanto ver la voluminosa cabeza de Nicolás, que ni para cabecear centros sirve, soltando sandeces, imprecaciones, con una triste oposición que se presta al circo. El hijo de la marioneta, qué destino. Pero no por eso hay que juzgarlo con liviandad, porque alimañas impredecibles como él, suelen morder.

Se desarrolla una “conferencia de paz” en Caracas. Simple jugarreta para ganar un tiempo que el régimen ya no tiene, con el soporte interesado de un resto de países que temen que la caída de Venezuela signifique la propia. No hay debate político ni ideológico. Ni siquiera análisis económico o social. Los comerciantes se acongojan de perder la mina de oro, el lucrativo negocio de invocar a los pobres.
14/04/14

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 15/04/2014

2 comments:

  1. No hay estampa más tranquila que el silencio definitivo de un charlatán. Ridiculo rey Ubu tropical fue en vida. Ahora su muñeco parece salido de un cuadro de Botero, al que la cálida humedad de los llanos pronto consumira, a pesar de los embalsamadores rusos. Su herencia es un triste circo al mando de un torpe payaso. Gesta bárbara que no termina de consumarse. Un saludo

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  2. No hay mejor silencio que aquel de no escuchar más a los bufones. Aunque esta práctica -la bufonada- está vibrante en América Latina, y particularmente en Venezuela, espero que pronto termine. Ya no damos más de iluminados, profetas, yatiris y santos. Por favor...

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