Wednesday, October 29, 2014

CIUDAD NOCHE/ENTREVISTA A CLAUDIO FERRUFINO COQUEUGNIOT


Cecilia Romero

El encuentro se pacta un jueves en un cafecito de la ciudad, en un patio de paredes rojas: la gente llega, inusualmente, en gran número y en ese bullicio nos encontramos con Claudio Ferrufino Coqueugniot bajo una cálida noche de primavera. Acabo de leer su novela Muerta ciudad viva (El País, 2014) un relato sin concesiones y de una gran temperatura emocional. Como dato inusual a este encuentro, arriba también un abogado penalista que llega de La Paz con el único propósito de conocer, según sus propias palabras, a su escritor predilecto, con el que lleva una relación vía internet de larga data. Pocas veces uno asiste a este tipo de encuentros, donde autor y lector luego de un largo dialogo virtual, al fin se sientan a conversar salvando distancias.
Claudio Ferrufino Coqueugniot, es un escritor cochabambino y trashumante de diversas geografías. Sus ojos de viajero parecen confirmarlo. En sus viajes hay un ser nocturno buscador brújulas. Ese que va a vivir la noche. En el pasado ejercía como estibador o repartidor de periódicos y, a veces, cuando camina con pasos de cangrejo que van atrás recuerda a Big Mike, su amigo de piel oscura, uno de los entrañables que lo acompañó por las ciudades del norte, parte de esos amigos que en su mayoría ignoran su faceta de escritor. También Ferrufino es ganador del Premio Casa de las Américas y el Premio Nacional de Novela Alfaguara. Es autor de numerosas novelas como Virginianos, El Señor don Rómulo o El exilio voluntario, tiene además en ciernes un nuevo proyecto literario, una novela donde habla de eso que conoce bien, la noche o las ciudades lugares no lugares y la gente que en ellas deambula, siempre en los márgenes. Las mujeres que posan su cuerpo tibio en sórdidos moteles o suaves pastizales.
El color verde de las caipiriñas acompaña este diálogo y el cielo amenaza lluvia.
¿Cuál es la relación que tienes con la ciudad y en específico con Cochabamba, estos espacios que son apariciones constantes en tus relatos?
Si es quizá no solo el pasado histórico que me interesa mucho, he leído mucho acerca de la construcción de las ciudades de la época colonial, me interesan las antigüedades y la ciudad es como una antigüedad muy dinámica, muy viva. La ciudad de Cochabamba la conocí en mis años jóvenes, una ciudad íntima y también en su parte más oscura, como se ve en mi novela Muerta ciudad viva. Creo que esa es la mejor manera de conocer una ciudad en sus vicios, en sus oscuridades.
¿En esta última novela Muerta ciudad viva propones casi una ciudad sonámbula?
Puedes extraer esa idea de la novela, no es precisamente lo que quise hacer pero he pensado en el tema y sin duda se puede hacer, sería ideal convertirla en una ciudad zombi, y producir una serie de historietas de comics que creo que saldrían muy buenas con el argumento de esa novela.
¿Cuál es tu relación con la noche? ¿La noches la misma en Denver donde vives a la noche en Cochabamba? ¿La noche vuelve a las ciudades iguales?
La noche es muy similar en todo lado y muy diferente al día. Yo vivo de noche los últimos treinta años, trabajo de noche. En realidad he vivido más noche de día, tengo una relación más cercana con la noche, me gusta en primer lugar por silencio ficticio, hay mucho ruido muchas voces en la noche, que no es percibida de día, me gustan las voces escondidas de la ciudad, de la gente.
A propósito de esta novela hay un párrafo que me llama la atención, porque pareciera que ahí el autor se divide en dos posibilidades, primero la del hombre que quiere recostarse en la hierba y mirar a los saltamontes y el otro que quiere perderse, vivir en el completo exceso ¿Esta es casi una confesión?
Creo que esto es un lugar común para cualquier persona, pasar de un estado del otro, incluso si nos adentramos un poco más podemos llegar a esa separación ficticia entre el bien y el mal. Entonces no veo porque no se puede trashumar de un espacio a otro casi sin problema.
Hay muchas maneras de tratar a un personaje ¿Les permites rebeliones o los tienes controlados? ¿Escribes sabiendo exactamente a dónde vas?
Escribo de una manera muy amplia, la única novela que escribí estructurada por llamarlo así es Diario Secreto, pero el resto de mis novelas no de ninguna manera, incluso aunque tenga un tema específico que sepa más o menos donde voy a ir eso cambia a cada instante, cualquier sensación e impresión inmediata de hoy por ejemplo, entra a la novela que estoy escribiendo, aunque aparentemente no tenga nada que ver con su estructura. Por eso aparecen canciones, puedo estar caminando por las calles, escucho una y la meto a mi novela y los personajes se manejan de la misma manera libremente.
Francisco Umbral dice algo que me recuerda a las mujeres de tus escritos, menciona este escritor español que las mujeres para los surrealistas no son las compañeras sino la más electrocutante experiencia del otro, por ello me interesa saber qué relación tienes tú con las mujeres en tus relatos.
Sin duda eso que dice Umbral es muy apropiado, soy hombre muy apasionado y la mujer siempre ha sido el sujeto mayor de mis pasiones, no de mi pasión hablando solo del amor sino de muchas otras cosas. Y he arrastrado mis mujeres, casi en plural, a ese mundo por el que deambulé y que relato en estas mis novelas. Como todo escritor me apropio de vidas ajenas y las mezclo con la mía.
Dicen que son nuestros olvidos los que nos hacen escribir la historia, he logrado percibir en tus escritos una especie de constante, vas del pasado al presente y viceversa, tiempos que dialogan y a veces no ¿Esta es una lógica andina de narrar la vida?
Has tocado un punto importante, mi madre que era argentina y veía Bolivia a la que amaba desde el lugar del extranjero, siempre me dijo que mis novelas eran muy bolivianas y no se refería a lo que podía tener de tradicionalista, como en El señor Don Rómulo, pero hablaba de ese espíritu andino y la yuxtaposición de presente y pasado en la naturaleza del indígena de los andes, cuya sangre sin duda tengo. Somos mestizos y sabemos de dónde. Mi madre entendió eso muy bien desde el principio y conversábamos de ello.
¿Tienes algún personaje entrañable?
Todos. Como te decía el autor roba vidas, es un desenterrador, entonces, incluso en lo autobiográfico hay mucha vida de muchas otras vidas de las personas, en El exilio voluntario, hay personajes íntimos y muy queridos, que eran los del gueto negro, aunque no mencione a un par de ellos, pero todos son entrañables.
¿Es fácil construir diálogos?
Creo que son muy difíciles los diálogos y los eludo de la mejor manera que puedo. Suelo mezclar los diálogos con descripciones, entonces así es mucho más fácil que no cometas errores o que estos pasen desapercibidos.
¿Cómo te llevas con las metáforas?
Me gusta hacer metáforas de cuando en cuando.
En algún momento te comenté que tengo una fascinación por el oficio del estibador, supe que tú ejerciste esta labor ¿Este te ha abandonado o permanece en ti?
Claro que sí (sonríe). Las fuerzas me han abandonado, no creo que ahora pueda cargar ochenta o cien kilos con mucha facilidad, pero el espíritu sigue vivo, rebelde, luchador, agresivo, violento, todo lo que relacionas con un oficio así.
He leído que la crítica te considera una especie de escritor maldito ¿Qué te produce la crítica?
No creo que sea maldito, ojala que no. Soy un escritor que dice y hace lo que piensa y lo escribe ¿Si me gusta esa especie de maldición privilegiada? Sí, siempre me ha gustado leer a Baudelaire a Rimbaud, a todos los tipos de esa laya. Me gusta leer que alguien diga cosas lindas de un libro mío, por supuesto, todos somos vanidosos y si dicen algo malo también está bien, eso no va a cambiar la manera en que yo escribo.
¿Claudio ya escribió su gran novela?
No, no todavía no, tengo muchos proyectos o ideas de gran novela.
¿Vas a coquetear con el cine en algún momento?
Sí, tengo que hacerlo, creo que cuando me jubile voy a hacer cine. Eso seguro.

Nos despedimos. Camino por la solitaria ciudad. La noche se abre.

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De Ecdótica, 27/10/2014

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