Tuesday, October 7, 2014

El ébola y el miedo norteamericano/MIRANDO DE ABAJO

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El miedo es una reacción normal a eventos a los que no estamos acostumbrados. No es privativo de pueblo alguno en particular sino del género. Recuerdo mis primeros años en los Estados Unidos y el terror que existía entonces del SIDA. Creo que nunca lo comprendí en su totalidad: ni el pánico ni el riesgo. Decía entonces que más gente moría de hambre que del contagio y que la manipulación mediática del asunto no nos hacía bien. Hay que saberlo, claro, y tomar precaución, pero el miedo no puede regir la vida, ni en su totalidad ni en sus parciales, el sexo en ese caso.

Con el tiempo me fui dando cuenta de que la idea de la muerte tenía matices singulares en el país. Y que a pesar de que el norteamericano, en una generalización válida, muere sin aspaviento, hay el intento, casi la desesperación, de no morir. Me pregunto si tendrá connotaciones económicas, el fenómeno, que mientras mejor vives se te hace difícil dejar tu comodidad. No sucede en el Tercer Mundo, donde la muerte viene a ser el pan de cada día. Con ella convivimos porque su presencia abruma.

México… otra cosa. La muerte antigua como redención, en Rulfo como en el Mexican Journal de Selden Rodman; o simplemente como la lluvia que cae. Sin necesidad de elucubrar, siempre presente, imperceptible, burlona y burlada, segando vidas y siendo devorada en forma de colorido caramelo. Imagino una cantina en medio del desierto de Sonora. Alguien que dice de los chingados SIDA y ébola… abstracciones ajenas, remilgos de gringo… De seguro algo los matará antes de que lleguen las enfermedades, sea la sed, sea la revolución.

Agarro el tema porque previo a la llegada inesperada de un infectado ciudadano africano a Texas, el ébola era tratado en los medios de comunicación a diario, pero todavía de lejos. Las noticias iban de Siria a Irak, de ISIS a los decapitamientos, del terrorismo y sus ramas. De las medias tintas o la cobardía del presidente Obama, de su reticencia a atacar musulmanes. Entonces importaba si la represa de Mosul estaba por caer o había caído; si Turquía intervendría o el escondido dinero de los jeques del golfo financiando la insurrección suní.

Ya no. La presencia de este hombre portador del virus ha sembrado el pánico. No se habla más de la posible masacre de kurdos en Kobani, de las bombas disparadas desde aviones dónde y a qué. Los medios de comunicación explotan a rajatabla el miedo norteamericano a la muerte. Aquí, todavía, nadie cortará cabezas ni enmascarados pasarán con banderas negras y versículos del Corán. No en vano el héroe tradicional es Superman, a quien solo la kryptonita puede matar. Algo como la fiebre hemorrágica africana viene a desestabilizar una idea, un concepto, un sentimiento de eternidad.

Hablamos de egoísmo entonces, tocando un punto vital de la antipatía hacia Norteamérica y los norteamericanos, hacia ese prurito sobrador de sus ciudadanos que se consideran por encima de las leyes de otros, que requieren, exigen, impunidad para sus tropas donde estén, y varios etcéteras. Casi de manera inconsciente, esta situación los vuelve a desenmascarar: el mundo puede estar cayéndose a pedazos, lo que importa son las vidas norteamericanas, que el ébola no se expanda y destruya el mito. Aunque se demuestre la improbabilidad de que algo así suceda, la ceguera y el manipuleo de la información hacen pasto de los temores de la población.

Una suerte de enfermedad corroe los cimientos del todavía un gran país. Y es paradójico, porque Estados Unidos refleja, como nadie, la diversidad racial y cultural, pero sus cánones de pensamiento siguen siendo aquellos de cuando era otro, uno blanco y protestante. Incluso un presidente negro está envuelto en la marisma de las taras colectivas y pasadas de moda, y comparte los miedos de los otrora amos. Nadie, ni la muerte, puede con los Estados Unidos…

El mundo se desencaja, está mal. Pero hoy, octubre, los ojos de Norteamérica están puestos en un ignoto africano que porta consigo una maldición.

06/10/14

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 07/10/14

2 comments:

  1. Muy buena información que pone de manifiesto los temores fundacionales, y qué mejor de alguien que vive en medio de la sociedad norteamericana, que muchos ejemplos dan certeza de que es muy manipulable y fácil de caer en la paranoia colectiva (corrígeme si estoy errado), como fue el caso del atentado a las torres gemelas, y que luego a título de seguridad nacional les han suprimido muchas libertades ciudadanas de cuajo y apenas hubo protestas. Por cierto, aquí se ha anunciado que un africano llegó a Yacuiba y puesto en cuarentena como sospechoso de portar el virus y nadie se ha preocupado, pasando como una noticia sin relevancia. Más temor le causa a los bolivianos la suspensión de una entrada folclórica antes que la llegada de una epidemia. Cómo somos de folclóricos, que fue de chiste el simulacro que las autoridades sanitarias hicieron en el aeropuerto de Cocha aparentando intervenir una avioneta con infectados. Parece que ven muchas películas de zombies tipo Guerra mundial Z. Saludos.

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    1. Ja, ja, José, seguro que las ven y las analizan en consejo de estado. Respecto a lo escrito y a la paranoia, anoche, mirando un noticiero español, estábamos en lo mismo. La posible muerte de la enfermera española arrojará a los europeos en pánico. Luego, de relleno, mostraron Kobani, la línea de fuego kurda contra ISIS, con muchísimas mujeres disparando en contra de los fundamentalistas. Su espantoso futuro al caer la ciudad en manos de los fanáticos no le interesa a nadie. Cuidado que se nos contagie el perro! Saludos.

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