Monday, July 27, 2015

Apuntes para dos soledades, de Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Juan Quirós

¿Edad de Claudio Ferrufino-Coqueugniot? Sé que es muy joven. Dirige, en Cochabamba, una revista de literatura, la cual aparece cuando puede, supongo que con muchos sacrificios.

Escribe poemas de nervios exquisitos, tanto en verso como en prosa. Un halo de modernidad los envuelve.

Ferrufino-Coqueugniot transporta la realidad a su imaginación y, allí, la macera y convierte en arcilla del alma.

Sus poemas presentan un aire hereje, como diría otro poeta, Fernando Rosso. poemas de tanto rumor externo como interno, los cuales hablan de que su autor está agitado por un afán de ser nuevo, aun cuando él no lo diga; huyen a toda costa de la vulgaridad y de lo excesivamente trillado.

Algunos de esos poemas han aparecido en "Presencia Literaria", y conozco un manojo de varios más que permanecen inéditos. Ante unos y otros, se siente uno medio profeta y se atreve a afirmar que a su autor le aguarda un brillante porvenir. Esta tan sobada expresión, aplicada a Ferrufino-Coqueugniot, según mi parecer, encierra una verdad que el porvenir, precisamente, refrendará en un tiempo no muy lejano. Y valga esta actitud por mí asumida ante la labor poética de este joven, para responder a quienes me tildan de destructor de los portaliras que se inician. Esto no es verdad. El oficio de leer a los autores, sean viejos y consagrados, lo mismo que primerizos y nuevos, me ha dado cierta seguridad de criterio como para poder juzgarlos sin ningún prejuicio y con entera imparcialidad. Nunca a alguien que escribe y demuestra que vale, especialmente si es joven, le he regateado mis palabras de complacencia y aun de alabanza. Mas, cuando los jóvenes principiantes demuestran con sus escritos que están reñidos con las bellas letras, y si no es por un milagro, las cosas no cambiarán para ellos, confieso que he sido muy franco dándoles a entender que el tiempo es precioso y que no es lícito seguir abusando de él impunemente.

Ferrufino-Coqueugniot se sumerge con facilidad en la realidad cambiante de las circunstancias de su vida, y expresa esa realidad mediante imágenes que oscilan entre brumas de intuiciones, adivinaciones y recordaciones, las cuales saltan al papel desde una zona, la de su alma, muda y quieta hasta entonces.

De ahí extrae él "los símbolos que cada uno de nosotros lleva en sí mismo", como hubiera dicho el luminoso y desventurado Pavese.

En un aparte de sus apuntes, dice el autor: "No sé qué valor tengan mis escritos, pero, de todas maneras, es agotador plasmarlos. Las dos o tres horas diarias que escribo me debilitan hasta el sueño". Y en otro: "¡Qué cansado estoy! la labor creativa es una picadura de cobra".

Así es el trabajo del artista, arduo y agotador, hasta dejar a éste con su veneno -dulce veneno por otra parte- desfalleciente y exhausto. Y agrega aún: "Toda vez que borro un adjetivo pienso en Borges. Es una gran lección la de saber apreciar la fuerza del sustantivo. El exceso de adjetivos es lugar común entre los aficionados como yo".

"Toda vez que borro un adjetivo"... Qué bien está esto. El adjetivo que no da vida, mata, expresó Huidobro. Y qué difícil es escribir con sólo sustantivos (Ferrufino-Coqueugniot exagera al decir que hace uso abusivo de ellos), matando los adjetivos.

Si yo quisiera definir el arte que hay en estos apuntes, lo haría proyectándoles los versos de "Horizonte" de los "Poemas árticos" del antes citado poeta chileno. Helos aquí:

Pasar el horizonte envejecido
Y mirar en el fondo de los sueños
La estrella que palpita
Eras tan hermosa
     Que no pudiste hablar
Yo me alejé
     pero llevo en la mano
Aquel cielo nativo
Con un sol gastado
Esta tarde
     en un café
          he bebido
     Un licor tembloroso
     Como un pescado rojo
Y otra vez en el vaso escondido
Ese sueño filial
Eres tan hermosa 
     que no pudiste hablar
En tu pecho algo agonizaba
eran verdes tus ojos
     pero yo me alejaba
Eras tan hermosa
     que aprendí a cantar.

Si el lector cotejara algunos de los elemnetos del poema de Huidobro que he transcrito con algunos de los ingredientes de los "Apuntes para dos soledades" de Ferrufino-Coqueugniot, encontraría sutiles y entrañables correspondencias entre ambos poetas.

Lea esta obra y verá.

Llegados a este punto puede alguien interrogarme: ¿Entonces este jovencísimo poeta, ya nada más tiene que hacer?

-Sí, tiene aún mucho por hacer. Pero, lo que ha hecho hasta ahora, es excelente.

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Publicado en PRESENCIA LITERARIA (Presencia/La Paz), 29/03/1982
Publicado en Revista SIGNO #31(La Paz), septiembre-diciembre 1990

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