Tuesday, September 24, 2019

La Chiquitanía y la elección/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Nada evitará el fraude. Si no se detiene al individuo este, los sueños de los estupradores de quedarse para siempre tendrán asidero. Se habla de la economía, pero un país hambriento, mendigo, informal, puede aguantar mucho. Sin contar con el síndrome del pongo tan arraigado en todas sus clases sociales. La manada, la recua, donde imperan los tuertos y manda quien golpea más fuerte. Con la ayuda, claro, de intelectuales abyectos que doran la píldora para la historia, a pesar de que ya no embaucan –tanto- a los gringos tontos que elevaron al tirano al pedestal donde está.

La mala conciencia europea, la inventadora de paraísos sociales, creó al monstruo. Muchas oenegés se hicieron ya a un lado, pero nos dejaron la carga. Recibo cada día estudios, ensayos, acerca del indigenismo, pluriculturalidad y etcéteras. Gente pensante, seguro, e interesantes los temas; vitales, diría, pero sostenidos por la gran mentira de que se ha llegado al nirvana indigenal con el cacique encaramado. Mentira porque Morales ni indio es. La piel no cuenta cuando se manda. El poder empalidece la oscuridad, lo hace blanco, convierte al esclavo en patrón. Regalar, además, un territorio al crimen organizado extranjero borra cualquier logro que se hubiera obtenido con la tortilla volcada. ¿Volcada?, ni soñarlo. Patrones son patrones y retórica, retórica.

Los ya cuatro millones, sugieren, de hectáreas incendiadas –adrede- debieran ser suficientes para enviar al dúo dinámico a galeras, para chicotear, como tanto les gusta, a pillos del intelecto que alaban las malévolas andanzas del curaca, para condenar a trabajos forzados a tantos “hermanos” que se aprovecharon de la abarca para medrar, del sombrero (español) para jugar al pobre indio, pobrecito, y poder robar como si dinero de Alasitas se tratase.

El ekeko, esa figura carismática y querible, se ha trasformado en la imagen del diablo. La vieja y simple controversia entre el bien y el mal parece haber tocado fondo. Si el cáncer no se cura, mata. La abundancia del españolísimo mestizo aymara (dios, qué embrollo) ha hecho que los otrora humildes “deregentes”, y el amo en el trono, hayan perdido todo decoro y estén en abierto pillaje. Repito, el cáncer mata si no se lo bombardea con químicos. Y en el sanatorio no habrá suficientes camas para todos porque se viene el desastre, a pesar de la mendicidad, de la miseria, del aguante de un pueblo especial e incomprensible.

Cuánto más podemos tomar. Hay límites para todo, incluso para los semidioses. Una oclocracia no puede vivir eternamente. A los sans culottes franceses los pararon luego de un par de años de violencia. Bolivia no es una revolución, no se ha visto sans culottes hambrientos de venganza. Aquí de la tienda se apoderaron los comerciantes. Los pobres siguen con las mismas migajas del pasado. O, si se les mejora la calidad de vida, es a costa de elementos como el medioambiente que son de interés general. Poblar la Chiquitanía, el oriente, con gente de occidente es algo que García Linera siempre pregonó. ¿A costa de destruir el futuro colectivo? No les importa. Total, vivirán 10, 15 años más, ricos hasta donde se pueda. Ellos y sus socios capitalistas, incluidos los del lado oscuro, desean dinero y lo obtienen. El cómo no cuenta. Pues tampoco el cómo debe contar al momento de frenarlos.
23/09/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 24/09/2019

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