Tuesday, August 27, 2019

El fuego del fin del mundo/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Bolsonaro allá, Evo Morales aquí, misma escoria del mismo muladar. “Estamos preparados”, dice. Lo único preparado con esta gente es el bolsillo. Ese reclama la destrucción del medioambiente, regalar tierras a los depredadores, a los incendiarios, a los “hermanos” enemigos de la tierra, del árbol. Hermanos míos no son…

Preparados… seguro, mientras tanto el fuego devora un millón de hectáreas con insalvable futuro hecho humo. Quizá hasta adrede, para mandar a las huestes cocaleras a cultivar la hoja maldita en el país de Coquivia sobre las ruinas de la destrucción, para satisfacer a las mafias internacionales para quienes el falso indígena significa Jauja.

Este señor, que de señor poco tiene, ha hecho todo para acabar con todo y todos. Su ambición y vanidad son tales que el rey Midas queda manco y cojo ante su soberbia. Tal vez como Tomiris, reina de los masagetas, hizo al persa Ciro el Grande, habrá que hacerle tragar oro derretido tanto que lo quiere. Así lo hicieron indígenas americanos al conquistador. ¿Tanto lo deseas? Cómelo. Morales es conquistador, no indígena, él es el poderoso brazo del patrón y patrón a su vez. Es el enemigo del monte y del indio. Cambió la cultura ancestral, si quedaba alguna, por el desastre del capitalismo furioso, por la malicia del comunismo recalcitrante. Lo dicho, escoria de un mismo muladar. Mentiras desde cualquier vértice que se mire.

Bastaría esta tragedia ecológica para descalificar a cualquier presidente, pero es Bolivia y el curaca se protege por un rodillo de “deregentes” escalonados, a quienes permite y dosifica con plata, quienes se adueñaron de instituciones, provincias, territorios. Casta de malandrines aferrados a la estulticia, el poder y el robo con garras y rabos de su animal conformación. “Deregentes” de toda clase e índole, desde el barbilampiño indio hasta el blanquito, cortados por la misma tijera y pagados. Putas del mejor postor, así sean machos, varones, lo que se quiera llamar a los indignos humanoides que nos gobiernan. No es que sean inexpugnables pero el país cuenta con una recua en apariencia indomable que con migajas que reciba, idolatra. A veces no es ni siquiera dinero contante en cuanto a la masa, sino un hábil proceder que les hizo creer que la tortilla se había volcado y era el turno suyo, el de ellos, los humillados de siempre, con quienes Evo Morales no tiene nada que ver, que la piel no es garantía ni fraterna ni amigable.

El fuego de Roboré no bastará para destronar al mandarín. Se diría que Evo Amin Ayma tiene para rato pero la historia goza con tiempos impredecibles. Casi, casi como que estamos en manos del destino incierto. El verraco barbón de Cuba duró lo que quiso y se enriqueció hasta por las orejas. Los Chávez, descendientes de la momia comandante, también. Recursos que jamás volverán al pueblo, que trabajó para recolectarlos. A no ser que haya expropiación y fusilamientos masivos, momentos en que la sangre endereza algo, no soluciona.

Este pequeño tirano de miras estrechas, como diría Churchill del Generalísimo Franco, menea sus rubicundas nalgas a más no poder, para deleite de su segundo y el propio, para jugar el juego trujilliano de ser el macho cabrío, el chingón, el culeador. El fascismo indigenoide y fálico. El imperio del estupro. Por ahora inmune hasta al fuego. El falo y la mala poesía, la eternización de la idiotez. Pero algo cambió desde aquel silencio absoluto de los primeros años. Hoy hablan, protestan, amenazan, insultan. Los siervos de la gleba afilan hoces y martillos. El Juicio Final, Apocalipsis. Nadie se libra de él. ¿O sí? Algunos. Que no sea este; dudo que lo sea. El tiempo del ekeko es breve en un país que no existe. Neverland…
25/08/19

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 27/08/2019

Sunday, August 25, 2019

Carpatia


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Se extienden estas palabras más allá y más acá de la herradura montañosa de Europa Central. Té de las tres de la tarde, té negro. Y café luego. Pan francés, cuchillo para esparcir y queso azul, danés. Música, música. Macedonia, Serbia, Bosnia…

Uzhorod es una villa medieval ucraniana cerca de la frontera húngara. Oksana, bella rubia de 28, hijo de 6, cuenta que su marido purga condena de diez años. Por hacer lo que siempre se ha hecho en la región: contrabando. Cigarrillos esta vez, entre Ucrania, Rumania y Hungría. A veces traía mucho dinero, narra, sin saber yo de dónde. Me casé a los veinte y alumbré dos años después. Hasta que el hombre cayó en prisión y lo divorcié. Nos ha olvidado, al niño y a mí. Los hombres de Uzhorod son todos criminales. De fondo una pequeña ciudad equidistante de tres mares: Báltico, Adriático y Negro. Hermosa. De crepúsculos de sueño. Montaña y bosque. Flores salvajes.

Las dos puertas de mi cuerpo siempre estarán abiertas para ti… Deseo que seas el único invitado. He tenido a veces invitados pero ahora quiero un esposo. Escribí estos versos para ti y los envía. Hablan de amor. Amor en Uzhorod, cerca o allí mismo donde los gitanos de Herzog pronunciaban con miedo y veneración: “Nosferatu”.

Bayas coloridas para preparar mermelada, o tartas incomparables. Apuro el último vasito de ouzo para ponerme en ritmo. Denver se atolondra de calor. He abierto ventanas y puertas sostenidas por una cadenita mal pintada de blanco. El disco compacto va por la séptima canción, el número del hijo-lobo. En Uzhorod, al menos ocho horas distante, habrá caído la noche. Sobre los Cárpatos se cantan tristes canciones, de abandono y muerte. Los contrabandistas, como los viejos haïducs, beben alrededor del vivac en un claro de luna. La nostalgia, dicen, es la enfermedad que nos permite vivir. Parece que mata; a veces, mata.

Imágenes me acechan, visitan, entenebran y angustian. Desde Kusturica hasta Mór Jókai. La brisa del Danubio cubre media Europa, desde la ilustre Viena hasta las marismas del delta, donde se escondían los personajes de Panaït Istrati: Codine. Los años no me pesan en cronología; lo hacen en libros. En el recuerdo de páginas calculo mi edad. ¿Istrati? Antes de 1987, pero sobre todo en 1987, cuando los ojos de azul claro como lavanda, los de Francine, me asomaron Kyra Kyralina entre sus pezones rosa. Los leí, ellos y el libro, antes de la debacle y previo al incidente donde quise volar desde el balcón y la mitología terminó allí, cosiéndome la pierna en el hospital Viedma, sin anestesia ni desinfección que tanto alcohol tenía en las venas. Nunca más la vi. Aullé como perro en celo por los campos de Sarco y Condebamba. Nunca más la vi, se la llevaron los aviones que son mis enemigos a muerte. Ícaro.

Nunca más la vi. Nunca más a muchas mujeres; ni siquiera a Kyra Kyralina ni a su autor. Jamás, dice la zamba, jamás…

Pero no he muerto. Sueño. Los Cárpatos de Verne no son tan interesantes como los del fantasma de la noche, el vampiro. Bram Stoker, aunque el tema y los personajes lo excedieron para su propia historia. Recuerdo, ni un año pasó, y esa Europa Central añeja se me clavó como puñal, como punzón de talabartero. Sé que no tengo los dedos, ni el dinero, para contar cuánto he de ver y a cuántas jóvenes he de amar. Tal vez solo literatura. Los ojos son pretexto de literatura; los glúteos también. Y si me dan a elegir entre París y Odessa, iré a Odessa, al brillo de las cosas muertas, a los acordes de jazz en el empedrado insomne, a las bailarinas “del poste”, de brazos y piernas increíblemente fuertes, en el club de caballeros. Criminales o caballeros, ni el signo de interrogación cabe ante tal ambigüedad.

Terminó el disco. Significa que acabó el tiempo de las palabras. Algo de Sidney Bechet pondré, ya que convocamos a la nostalgia, al necronomicón del recuerdo, que guarda monstruos con mucho peores que los demonios primarios. Pienso en Goya, pienso en Bukovski, pienso en el vendedor de medallas soviéticas debajo de la escalinata de Odessa, el que al saber que era boliviano adivinó que venía de Cochabamba. Compré una medalla con estrella roja, simple, barata, para premiar con migajas a los buenos comunistas, cosa que no soy.

Brisa. Bajo los párpados. Me gustaría estar en Uzhorod. Oír, si quedan, a los lobos. Y en los ojos de ella tener no uno sino dos luceros de la mañana.
25/08/19

Tuesday, August 20, 2019

No perdamos tiempo con el tirano/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Difícil decirlo sin antes deshacerse de él, pero el juego macabro del dúo Coca-Cola consiste en eso: en infiltrarse en la vida privada de las personas; es una vieja treta de los inquisidores, una maña estalinista. Y al hablar de ellos, al temerles, al temblar indecisos ante el futuro, les damos fuerza. Eso quieren: temor colectivo. Blanden por sobre las cabezas ciudadanas el infecto machete chapareño. No hay que temer. Hay que escribir, pintar, hacer sarcasmo con la falsa solidez de los mesías creados. Partir de la premisa de estar ante delincuencia organizada, no ante algo divino ni filosofía; ante un escollo, no un obstáculo insalvable. El miedo sostiene a los cobardes. El miedo traerá a la criminal Cristina Kirchner de nuevo al poder; el miedo y la corrupción, porque corrupción es acostumbrase a la limosna. Corrupción es que la fuerza trabajadora cubana está en las plazas matizando su ocio con dominó, verborrea y algún turista incauto al que meter al mercado negro en lugar de producir. Aguardan su medio pollo, su medio litro de aceite, pan y Granma para leer lo que quieren los amos que lean. ¿Revolución? Carajo, todo menos que eso: puterío batistiano, ni más ni menos.

Fácil decirlo y duro hacerlo. Cierto que la distancia me sirve de manera personal. Pero los kilómetros no me quitan lo boliviano, ni la necesidad de pensar en lo que pasa allí. Lo haría de todos modos, estuviere donde estuviere. El miedo es mal consejero y existe, su presencia es inevitable, pero no tiene que vencer. Eso esperan los Morales y los Linera para robar. El resto es decorado, retórica y, por supuesto, una cohorte de lameculos, de Molinas e intelectuales semejantes, comunistoides y críticos artesanales.

Este gobierno es como la música de los Kjarkas, intérpretes de un jolgorio insulso, síntesis del cholaje recalcitrante, no en términos arguedianos, de José María Arguedas, sino de feria de Alasitas. Ekekos de la maña y el pillaje, chancheros de Chimoré, whiskeros de etiqueta azul con Coca-Cola, violadores de curules, literalmente, especímenes de un arca de Noé apócrifa, destinada no a preservar las especies sino a perderlas, porque descendencia de esa rama ni el mono. Brutal pero real.

Entonces, cómo elementos del libro de mamíferos inservibles pueden quitarnos el sueño. Pues tienen el poder y la bota, esa de la milicada derrotada en todas las guerras, los chupetineros con entorchados, ministros varones con pollera. Ellos detentan el garrote, ahí radica su poder. La sociedad anti-democrática, la tiranía. Pero tienen un punto débil: su gusto por el dinero gratuito. No sé cómo pero por allí andará la respuesta. Y no olvidar que ejercen de amos pero que son títeres de poderes mayores. La extensión de su dominio semeja espectacular sin serlo. Así como ahora son utilitarios para la mafia, pueden no serlo después. Si el humo se les sube a la cabeza, sus patrones tendrán que cortarlas: cabezas ahumadas a la calabresa, plato de la tarde. ¿La escoria chapareña? Esa correrá ante la primera bala. De sus machetes se harán arados para que alguien trabaje y no comercie con droga. Agente naranja para humanos, napalm, todo vale. Que estos no son el valiente pueblo de Vietnam para nada.

Dejemos descansar nuestra alma. Son realidad y hay que aceptarlo. Que casi seguro la extiendan, también. Confiar en nosotros, en que si se lucha hay un mundo mejor. Nadie es de fierro, y hasta el fierro se funde.
18/08/19


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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 20/08/2019

Sunday, August 18, 2019

Mujeres


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Nicky, bartender del Charlie Brown, muestra los brazos tatuados. Muestra piernas magníficas cubiertas con medias negras. Muestra un precioso trasero, senos aturdidos por la noche, dedos mojados por bourbon y fireball. Es un placer sentarse en la barra y verla trabajar. Apenas me ve, nos ve con Gabriel, ya trae rebalsando de espuma Guinness negras, chop, draft, draught, como quieran decirle, que carecen del molestoso gas de la cerveza en botella.

Hay un matrimonio, o vienen de un matrimonio a nutrirse de un poco de gloria de la poesía beat. Idos hace mucho los fantasmas de Kerouac y Ginsberg. El viejo hotel se levanta todavía sobre el bar. Entramos por ahí, desde el parqueo. No sería mala idea conocer una aficionada poeta que se emborrache y te pida pasar la noche allí. No es el Hotel Chelsea, ni ella será Janis, ni yo tan feo como Leonard Cohen. Peros y más, de todo un poco. Vanidad, por cierto, elegancia suya, tuya Kristina, al decirme que en la foto parezco Hemingway, y hasta un poco Camus. Decido no analizar la extensión de la contradicción y me quedo con ese dejo de placer femenino que traemos todos.

Transcurren las horas y hay desfile de hermosas mujeres, acompañadas de individuos dudosos, horribles, aliens del mundo extraterrestre, fríos, calculadores, dioses nacidos para ser adorados. Veo a una hermosa rubia, muy joven, entusiasmada con un patán de polera negra (llevaba la misma la semana pasada), que no se digna a darle un abrazo, un beso. Al fin ella lo saca del lugar, lo estira, para en un sexo ferviente inventarse un amor que el macho no tiene. ¿O de eso se trata, a pesar de más de cinco mil años de conocimiento? De la hembra copular al macho. Sí, para parir, pero en cinco mil años de aprendizaje se ha sabido controlar la parición. No hablamos de placer, sino de falo idolatrado, consumido, tragado; el obelisco egipcio y el faraón.

Parece que nos equivocamos. Que ese lugar común del macho alfa es solo cierto. Que la hembra se asocia al que menos tiembla, no por valiente ni por tenaz sino porque la estupidez parece sobria. Hace unos días puse una cita que gustó a mi amigo Pablo Mendieta Paz y sé por qué. Decía Bukovski que los hombres inteligentes están llenos de dudas mientras que los más estúpidos están llenos de confianza. ¿Pues con quién se irá la princesa? No cabe duda.

¿Dejo de ironía, de rabia? Simple observación. En el Charlie Brown contemplo ídolos de piedra e idólatras acurrucadas a la sombra de un pedestal entre las piernas. Generalización, casi seguro, pero de observar se trata, y de retratar. Diapositivas de un mundo que en mente no progresó nada en su conjunto. La conciencia es una historia de hombres solos (mujeres incluidas). Pensar que podría cambiar es como pensar que la muerte del doctor King y las luchas por los derechos civiles enterraron para siempre a monstruos como Donald Trump. Manos de pintura, decoración, maquillaje, poco o nada de real. Le digo a Kristina que me place escucharla hablar de Camus. La literatura es un animal en proceso de extinción. Ya no se lee. Quizá sobrevive en el mundo pobre, allí donde la distracción no ha llegado a niveles de sofisticación. Comencé hablando de mujeres y terminé en tecnología. Ah, recuerdo, esta mañana escuché en la radio una canción mexicana sobre una mujer. El título: La calculebra. Me recordó algo tosco que escuché en Cochabamba décadas atrás, hablando, claro, sobre una mujer. Decían en un bar de tristes machos alfas, dopados y no imaginativos que “ella era tan fría y tan puta que la apodaron la calculeadora”. Sigo sentado, escribo, se ha hecho la oscuridad y todavía contemplo, escucho, pienso, dudo. Soy un enfermo, un hombre malo, anota Dostoievski. No sé, tal vez, quizá. Mucho ha pasado y todo he perdonado. Y al perdonar uno queda como Cristo. La mujer es tanto el Gólgota como el Domingo de ramos. Así.

Mostraré a Nicky, que es mujer empresaria y emprendedora, el food truck que otra arrasó cuando comenzaba. Le interesa comprarlo. Lo hizo antes en Kentucky, sabe de lo que habla y lo que quiere. Raro. Tal vez se haga el trato. Mientras tanto le invitaré un almuerzo brasilero de carnes asadas, haré que le brillen los ojos con dulce caipirinha. Ojo, no hay conquista, que duerme Gengis Khan. Solo gusto de hallar una mujer en sus cabales, con ideas claras y futuro decidido aunque a prueba. Con ella se puede conversar. Más alfa que los alfa, que la Ajmátova tenía más huevos que su amante pintor, el Modigliani.

Apuro la tercera Guinness que extraño mi cama. Mi cama, alerta, de nadie otro. Mis sábanas y mis sueños. Por el momento que quede así; aprendo. Ojalá que desde ahora sepa discernir y evitar las personas fracaso que consumen como gavilanes años y vida. Dos halcones peregrinos sobrevuelan la casa. Buscan palomas a destrozar. No seas tan drástico, Claudio, me dice mi sombra, que el fracaso viene desde el profundo de la historia, a veces es ajeno a uno mismo. De acuerdo, le respondo a mi sombra, y bebe mi mano izquierda la última copa con mi derecha. Entre nosotros no hay doblez, nos conocemos, y mi rostro no traicionará a mi nuca. Salud tú, salud yo. No me apuñalaré a mí mismo, seguro. Eso me hace dormir en paz.
18/08/19



Wednesday, August 14, 2019

El interregno/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

¿Qué sucedería si el jerarca fallece repentinamente? ¿O se enferma? Porque hasta los dioses tienen problemas gástricos, oncológicos, urológicos. Nadie está libre de mal, así lo protejan los achachilas que no supieron proteger un imperio. A todos les toca; Matusalén tuvo su día. El Olimpo griego sigue poblado, pero el peso que tenían los seres divinos en tiempos homéricos no está más. O mueres o te olvidan. Hasta a ellos. Mal hace entonces Evo Morales creyéndose eterno. Si su maestro, el bufón venezolano, acabó de la peor manera y quién sabe dónde lo arrumbaron. Bolívar de barro, ¿dónde quedó?

En el masismo no se ha decidido una sucesión hereditaria porque bien saben todos que el rey es él, y no habrá otro después de él. Se lo puede acusar de mucho, y de más de mucho es culpable, pero Morales tiene carisma y sostiene una estructura que en su ausencia se desbarataría. García Linera quiere hacer creer que se ha formado una “conciencia”, que existe un programa, que nada va a revertirse. ¿Revertirse de qué? Aunque ciegos seríamos de no entender que ha habido, por la situación, cambios positivos. Era un inevitable proceso histórico y este fue el catalizador. Que se disparó por la delincuencia desenfrenada ya es otra historia, que hasta pusieron a un sonriente Hare Krishna de embajador para hacer de las suyas con el poder, otra. Manga de desclasados, de pillos, aprovechadores, ladrones, violadores; esa es la conciencia, hoy, de la “patria”.

Linerita, la Hiena, tantos otros nombres de aves de paso, aves de mal agüero, no podrían sentarse en la hirviente silla donde el patrón descansa sus nalgas. Linera sería destrozado de inmediato por la plebe que idolatra. Lo único que lo sostiene, y aprovecha magistralmente de la situación, es su crédito con el amo, su amo. Perro faldero, solo estaría vagando perdido hasta caer en la perrera o en algo peor, de no existir más su sostén. Perdemos saliva conversando acerca de la eternidad. Ninguno de ellos, ni nosotros, somos eternos. Por eso los segundones se van forrando los bolsillos bien, porque en cualquier momento asoma el tiempo de la huida. Ya rico, El vicepresidente olvidará su marxismo de opereta para dedicarse al jet set que idolatra y donde podrá moverse ya libre de ataduras y prejuicios en algún lado. Podrá escribir poesía, Dios nos libre.

¿Cuánto puede aguantar el gobierno de uno? Lástima que hay muy malos ejemplos en la historia, en la izquierda o la derecha, o viceversa que al fin demostraron que son lo mismo. Pero al destino nos encomendamos, según lo hacemos a diario, conscientes o no.

Entonces, por más años que dure, este es un proceso efímero y mortales sus actores. Claro que no debe ser consuelo porque esperar desenlaces así puede ser letal. ¿Qué si acabamos antes que ellos? Al menos sabemos que no hay dinastía como en Cuba, a pesar de que la hija de Evo se perfila como las princesas multimillonarias de la izquierda africana, por ejemplo. Del poeta Agostinho Neto al maleante de Dos Santos y su hija cubierta de diamantes. Eso costó el dolor de Angola, la sangre de Angola, las hermosas líneas del poeta que fue presidente, cubiertas de oprobio.

El problema no es que alguien suceda al cacique cuando este desaparezca. En el legado está el drama, en las ruinas de un país donde impera el narcotráfico y la democratización de la droga implica montón de dinero para unos, migajas para el resto, que es mejor que nada, seguro, pero que a largo plazo trae consigo completa destrucción.

No hay sucesor, ni lo habrá. Por un tiempo continuarán gritando cuando Morales se vaya, luego intentarán mimetizarse con el resto para evitar la represalia que ha de venir. Pequeño alivio, pero alivio.
12/08/19

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 14/08/2019




Tuesday, August 13, 2019

El último tango de Marlon Brando/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Hace unos días, a los ochenta años, muere el controversial actor Marlon Brando, uno, entre pocos, que marcó una impronta en varias décadas del cine norteamericano. 

Alumno de la academia de Lee Strasberg y devoto de Stanislavsky, Brando marca un giro perturbador en el cine de los Estados Unidos al transformar la atractiva estrella masculina de las películas hasta entonces en un despótico y malhumorado, ni siquiera apuesto, bruto que se inflama en las particularidades de su rudeza. Encarna al anti-ídolo, la figura opuesta del galán perfumado que opaca la ya escasa visión de las mujeres, en filme al menos, con el brillo de su impecable peinado y sonrisa de inadecuada perfección. Hace así su debut como un desengañado parapléjico en "Hombres", de 1950, bajo la dirección de Stanley Kramer. Brando se acostó durante un mes, casi sin moverse, para preparar aquel papel.

Ganador del Oscar al mejor actor en dos ocasiones (1954, 1972), fue nominado repetidas veces, varias consecutivas, para el premio en la década de los cincuentas. Luego sobrevino un bajón, producto en parte de la dificultad que resultaba trabajar con él.

Hijo de actriz fracasada y de padre mujeriego, la irregularidad de su infancia lo persiguió durante su vida, llegando a infiltrarse en la de hijos y esposas con un sino trágico. Egoísta, talentoso, gruñón, lo saca Francis Ford Coppola de su exilio, dándole el papel protagónico, que desempeñó de manera notable, en una película basada en un mediocre, aunque apasionante, libro de Mario Puzo, "El Padrino", retrato dorado de la sociedad italiana del submundo en los Estados Unidos. En un marco demasiado grandioso para un grupo de inmigrantes provenientes de la chusma peninsular, con veleidades de elegancia y donaire, Brando se desenvuelve brillante y pausado y es su actuación sobre todo la que valida ese supuesto ambiente de nobleza que rige "El Padrino". El actor Brando inventa, enriquece, da respeto a un personaje posiblemente vil y engañador.

Coppola lo trae de nuevo, o se traen los dos, en un rol aún más difícil, el de un coronel norteamericano, intencionadamente orate, hundido en el vientre de Camboya, rigiendo como reyezuelo durante el conflicto vietnamés, ajeno ya a sus superiores o a cualquier razonamiento (interés) por el que terminara allí, en una magnífica adaptación del sopor de "El corazón de las tinieblas", de Joseph Conrad, en algún lugar -todo infierno se parece- de los oscuros fluídos del Congo.

En su presentación oficial en 1973, "El último tango en París" causó conmoción. Bertolucci conseguía, dentro de la característica inercia de su cine, realizar una película que a pesar de la simpleza de su argumento tenía extensas connotaciones provocadoras y provocativas al mismo tiempo. Marlon Brando venía perfecto para el papel de Paul, un norteamericano de mediana edad, cuya mujer se ha recién suicidado, y que conoce a una muchacha francesa de 20 años en un apartamento que ambos, por separado, esperan rentar. Paul y Jeanne (María Schneider) ingresan en un despiadado juego de sexo que al tornarse obsesivo convocará a la muerte.

"Queimada", de Gillo Pontecorvo (La batalla de Argel), impulsará otro personaje brandiano que se ha tornado inmemorial: William Walker o la ejemplificación de Inglaterra amoral. El cínico actor norteamericano parece acoplarse con perfección a esta gama de diversos, pero homogéneos, caracteres esclavizados entre el dolor y la perfidia, como en el tango.
6/7/04

Tuesday, August 6, 2019

Se agota el inventario/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

¿Qué escribir sobre Evo Morales y Cia.? Son tan básicos que hemos exprimido todo. Sale lodo, a raudales, como torrentera de la cordillera, pero nada más. Si queremos indagar las profundidades del fenómeno masista resulta que es de gloriosa superficialidad. Un tema como el del indio en la sociedad boliviana ha sido conducido a un sitio trivial y superfluo. Ha dejado de importar. El comercio rige los destinos del país; el comercio y el estupro. Diseccionémoslo y no hay nada, gruesa piel de cerdo, retórica insalvable de la inteligentsia del régimen, vanidad y baño público.

Cada día se complica escribir al respecto. Cualquier arista, perspectiva por dónde se mire, guarda lo mismo: droga, alcohol, robo, violación, onanismo, abuso sexual, desnudez alcohólica, chinos. Si da para escribir un libro sobre los engaños de la “política” o el arte de hacerse con el poder sin tener nada. La osadía del imbécil, la permanente del marica. Pelucones y amanerados, el socialismo a la boliviana. August Bebel, Engels y Marx se agitan porque mearon sobre sus tumbas. Ernesto Guevara se pregunta ¿y por esto me maté? Solo el buen hombre, Mujica, dudosa bonhomía la suya de sobreviviente, agita sus blandengues bofes de viejo para proteger al “hermano” Evo. Con hermanos así se acaba la humanidad. Con Evo y Mujica, las dos caras de la misma medalla, Jano bifronte y poluto.

Leo sobre Mongolia, la Cuba de Oriente, y cómo cayó en el hambre cuando salieron los rusos. Gorbachev trajo el hambre, los desheredados, los huérfanos. Entonces ese era el socialismo, ciertos patrones repartiendo migajas mientras ellos viven en el jet set. El pueblo como rebaño. No significa que el capitalismo sea mejor, que también engaño es pero de mayor sofisticación. Sofisticación es lo que no tiene el títere Morales, títere de la mafia internacional. Más le valiera ser el rey desnudo con traje transparente de la fábula. Juega al dandy elegante siendo torpe, al administrador incansable siendo idiota. Para lucrar son buenos; tal vez característica nacional, como la mítica de judíos, armenios y azeris. Fácil es, pero, lucrar teniendo la sartén por el mango, no vale. Con coacción, no vale.

Nunca fuimos un país poético pero nos mimetizábamos de algún modo. Morales ha destapado la cruda realidad de lo que somos: jamelgos que corren detrás de los autitos del Dakar. Linchadores de marca; expertos secadores de pasta base; nuevos ricos todavía limpiándose el culo con piedras  de río.

No les gusta mi verbo. Me aconsejan, amenazan, comentan, opinan. Tirifilos con lengua babeante de secar nalgas sudorosas se creen con derecho a hablar careciendo de abecedario. Oclocracia, dominio de la hez, el lumpen del lumpen. ¿Dónde el socialismo? Cualquier maleante ahora es Vladimiro Ilich, ya repugnante en sí pero capaz. Aquí solo repugnantes, muladares, misas negras de las que incluso escapa el diablo.

Triste que un país espectacular como Bolivia sea ahora feudo de un patán y de su amante. De nada sirve compararlo con otros gorilas de antes. Tristeza de siempre haber pertenecido a delincuentes, de estos, los peores estos hoy. Nada ha de cambiar. Los intelectuales sirven de urracas parlanchinas, no hay valor. Algunos pertenecen a las huestes estupidizadas y van con el ciclo, anhelando la oportunidad de echar mano a la piñata. Rimbombantes se ofrecen a diputaciones de una elección trucha, malsana, pendenciera. El tiempo dirá, aunque el fatídico Choquehuanca, ñusta aymara, volcó el reloj para despistarlo. Contemplamos el cénit del crimen. En apariencia todo marcha y se eterniza. Habrá que ver, a pesar de que vengo repitiéndolo diez años. Tal vez mejor callarse, que la propaganda alimenta a los puercos. George Orwell dio lecciones que aún sirven. Espera, aguarda…
04/08/19

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Publicado en EL DÍA (Santa Cruz de la Sierra), 06/08/2019

Imagen: Alfred Kubin