Tuesday, February 28, 2012

Leer libros


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El 13 de julio, en Londres, Sotheby's subastará la primera edición folio de los dramas, historias & comedias de Shakespeare. Se estima el precio de este volumen de 1623 entre dos y tres millones de libras esterlinas. Lo compraría si los tuviera, no con ánimo de poseer un objeto de inversión segura, sino por lo intrínseco y bello que implica obra semejante.

Crecimos en casa con veneración no obligatoria hacia los libros que guardaba el mueble negro de la biblioteca. Allí, sin restricción, luego que mis padres salían al trabajo, quedaban los en apariencia sordos y mudos objetos llenos de palabras. En ese pasillo, sentado sobre los fríos mosaicos, descubrí que el mundo era ancho. Lo de ser ajeno lo comprendí más tarde. Leí a Upton Sinclair, el drama de la revolución brasilera de Luiz Carlos Prestes en Jorge Amado; Henri Barbusse y "Naná" de Zola, y "Netochka", de Dostoievski, y "Masamaclay".

Les debo mi amor por la lectura. Viendo mamá que pasaba bastante tiempo rondando los estantes, me ofrendó literatura gaucha: "El último perro", "Don Segundo Sombra", "Martín Fierro". Papá, más terreno, quizá más terrestre: "La Guerra Civil española" (Hugh Thomas), "Nunca llega la mañana" (Nelson Algren), "Sin novedad en el frente".

No lo olvido. Amplia y variada, sin censores, es la literatura hoy para mis hijas. Lo dije ya, pero lo repito: mi regalo de cumpleaños a los nueve fue la "Ilíada". La culpa de ser lector no es mía...
2006

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Imagen: Netochka, de Fedor Dostoievski, Editorial TOR

Sunday, February 26, 2012

Las dos voces de Boris Vian: Ramón Rocha y Claudio Ferrufino


Wilson García-Mérida

Me aventuro en afirmar que dos de los grandes novelistas que ha parido Bolivia en el tránsito de los dos siglos que arrastramos como entidad nacional, tienen un Boris Vian en sus dos facetas tan radicalmente opuestas, el Jano stevensoniano.
“La Espuma de los Días” es la luminosidad festiva de Ramón Rocha Monroy, ese piano eléctrico de hacer helados tutti frutti con sabores definidos trigonométricamente por las corcheas y semifusas, Duke Ellington, playa y sol, run run, cha cha chá, quimba y bien le cascaremos, tardes de sibarita en la Isla de la Fantasía, maceraditos de manzana en el Viva Vinto una tarde camaradera de septiembre, hijitay, ojitoy.

“Escupiré sobre vuestra tumba”, el otro lado de Boris Vian, es la implacable soledad cósmica de Claudio Ferrufino-Coqueugniot, el cuarterón de ojos azules y alma de negro que terminará linchado en el tormentoso camino de hallar su identidad humana vengándose de un mundo deshumanizado por la categorización racial y política, la canción aguardentosa de Billie Holiday, la taberna brumosa detrás de la UMSS, la confabulación de los ángeles caídos de Anatole France (Arcadio ex Abdiel) craneando retomar el cielo por asalto montados en corceles de cosacos, desde allí, en la UTCH, nuestro underground —la chichería, institución tutelar de los cochabambinos a decir de Yoyo Komadina—, entre tangos de Discépolo entonados a voz en cuello por el Chino Navarro, mientras el Flaco Montero, alma bendita, repetía de memoria la prosa maldita de Rimbaud.

Albricias para la literatura boliviana. Ramón Rocha y Claudio Ferrufino constituyen una complementariedad imprescindible en el espectro novelístico boliviano contemporáneo, tras un prolongado vacío dejado por aquellos grandes “antagónicos” como en su propio tiempo fueron Alcides Arguedas y Franz Tamayo o Augusto Céspedes y Fernando Diez de Medina.

La incorporación de Ferrufino-Coqueugniot en el top de las letras bolivianas al conferírsele el Premio Nacional de Novela 2011 (Rocha Monroy lo obtuvo en el 2001) es un acontecimiento que debemos celebrar por el aporte rupturista que significa elevar la narrativa nacional, con la osadía y el talento necesarios, a una saga universal poco frecuente en el país, al menos con la rigurosa calidad literaria expuesta por Claudio en su tercera novela premiada, “Diario Secreto”, una obra maestra de humor negro, de literatura pulp.

Recomiendo al viceministro de Descolonización leer la novela galardonada de Claudio Ferrufino-Coqueugniot, que la disfrute mientras se toma unas chelitas, antes de juzgar y condenar el Premio Nacional de Novela en base a un artículo de opinión política del escritor (opinión con la que también discrepo, del mismo modo en que suelo discrepar politicamente con Ramón Rocha), pues no es nada serio acusar de “racista” a quien sólo critica las concupiscencias estalinistas de una cúpula palaciega y etnicida de los Pacahuara, a la que el gran Palacio Quemado le va quedando demasiado chico.
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llactacracia@yahoo.com

Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), 26/02/2012

Saturday, February 25, 2012

sobre claudio ferrufino y su obra (o sobre clint y j edgar hoover)


RICARDO BAJO

la obra de claudio ferrufino es excelsa. para mí, está entre los cinco mejores escritores que tenemos en bolivia (los otros son alison spedding, sebas antezana, piñas piñeiro y wilmer urrelo, en total desorden) pero el último de sus artículos periodísticos ("casualmente" publicado en un diario de santa cruz, el nuevo día) es un llamado al golpe de estado contra un gobierno elegido democráticamente y rezuma racismo. ¿provocación? tal vez. ¿acidez? tal vez. ¿ganas de polémica? probablemente. la vida en los states es más aburrida que en bolivia.

la libertad de expresión no avala todo, señores. en alemania te dan seis años de carcel por negar el holocausto. a le pen le acaban de dar tres meses por minusvalorar la ocupación nazi de francia durante 4 años. la literatura de ferrufino -por cierto sabrá el viceministro cárdenas que la habana premió a claudio por su anterior novela y que fue jurado en el más prestigioso galardón literario cubano????- no tiene nada que ver con sus pensamientos politicos.

de claudio me gusta -mucho- su obra, con respecto a sus opiniones politicas, difiero. cuando era editor de fondo negro, el suple cultural del periódico la prensa, abrí un espacio para sus columnas. por cierto, ninguna rayaba ni siquiera con el golpismo o el racismo. por eso creo que toda esta polémica es calculada. discrepo y denuncio cuando ferrufino - un tipo amante del cine, la historia y la literatura como pocos- pasa la raya del golpismo y la discriminación.

por cierto, SU RETRATO DE UN TIPO ENFERMO, RACISTA, GOLPEADOR, MISÓGINO Y EMBRUTECIDO POR LA CRUELDAD (con paso por el ejercito gringo en los balcanes) es el mejor diagnóstico de ciertos personajes y personas enloquecidos por el odio y que ven dictadores por todo lado. es un retrato perfecto del huevo de la serpiente. ¿convierte eso a ferrufino es un fascista? por supuesto que no. haciendo una analogía con la pelí J EDGAR de clint: el retrato de hoover es el mejor cuadro para pintar a un demente que por no asumirse como era, odiaba a todo el mundo. clint dándole la palabra a hoover lo destroza y lo pinta como un pobre tipo. por eso -y otras cuestiones de estilo- DIARIO SECRETO ES UNA GRAN NOVELA!!!!!

pd i: a ratos ferrufino me recuerda a otro escritor que idolatro: el colombiano fernando vallejo. sus declaraciones llamando a asesinar a castro o chávez son repudiables y condenables. pero sus libros son lo máximo!!!!

Y A VER SI TODO ESTO SIRVE PARA QUE LA GENTE LEA!!! por lo menos la novela del claudio, t dejo con un párrafo:
"infierno y paraíso. creo que tengo un sentido trágico de la vida. de orígenes dudosos, pero tal vez el mal se encuentre en los libros de infancia, ávidos de encajarme mensajes répobros e incompletos, como dejando en mí la responsabilidad de resolverlos".

LA CULPA NO ES DE FERRUFINO, ES DE LOS LIBROS QUE LE HICIERON LEER DE WAWA!!!!!!

Febrero 2012

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Fotografía: Ricardo Bajo

Friday, February 24, 2012

DIARIO SECRETO


Ramón Rocha Monroy

Lo más difícil de la estructura dramática es la construcción de un personaje. ¿Qué se llama el del Diario Secreto, de Claudio Ferrufino-Coqueugniot? No importa, pero es un psicópata muy bien construido, a la usanza de Maldoror o de los catarreos de Luis Ferdinand-Céline, pero contemporáneo y cargado de las taras de la vida contemporánea, entre ellas el continuum de la soledad. Las frases cortas, la adjetivación precisa, la fuerza de las imágenes malditas de esta novela fascinan, es decir, atraen y repugnan, como los excesos de la pasión sexual, que no conoce de frenos. El personaje es misógino, cómo no, y las mujeres no son parte de su vida amorosa sino de su biografía sexual, de sus fantasías eróticas (Dales la vuelta / cógelas del rabo / chillen, putas).
¿Cómo ha sido construido el protagonista? Es un hombre encerrado en sí mismo; no comprende el mundo que lo rodea si no es por la óptica de sus padres: un empleado de Banco, que no puede salir de la pobreza, y una emigrada que no entiende cómo putas pudo llegar a un país de indios, donde la gente caga en la vía férrea porque está en descampado, donde no hay instalación de agua potable y alcantarillado en una ciudad donde no sucede nada más que la farra, el sexo temprano y las sevicias de una mancha urbana que crece en terrenos de cultivo, con ojos de agua, canales de riego, estanques y parajes llenos de vida vegetal y animal. Se comienza matando renacuajos, aplastando gatos de suburbio, estrangulando sapos o clavándolos en las espinas de un cacto. ¿Quién no ha cometido esas módicas maldades en esa ciudad de origen, que apenas ya tiene áreas verdes? El protagonista comienza así y termina en Bosnia, como sargento de un ejército que comete muerte pero ahora con seres humanos.
Aquí no radica lo fuerte o anecdótico de la novela, sino en la mente del protagonista, cuyo propósito es explorar los linderos de la vida y la muerte, tan parecidos al eros y thanatos enfrentados en la cópula. Hay un background cultivado en el barrio, en el colegio, en la vida universitaria, que justifica la crueldad del inmigrante solitario en un país que lo ha vomitado hace rato, incluida la mujer que lo ha dejado varias veces y que aparece en un final que Tennessee Williams hubiera envidiado.
Mataban renacuajos, sapos, gatos, avispas; torturaban a sus compañeros de curso; robaban sándwiches de las caseritas; manipulaban a sus mujeres; les encantaba coger per angostam viam pero, sobre todo, la tortura psicológica a ellas. No entendían otro contexto que su pequeño mundo. Ah, si hubieran pensado menos en sí mismos, menos en la revolución y más en la gente de su propio país… Pero no, se encierran en sí mismos, en sus taras, iba a decir, pero qué hermosas son, por lo mismo que malditas. Con estos elementos, cómo no escribir la mejor poesía, la mejor narrativa. ¿Qué puede ser más trágico, más patético, más ritual y más verdadero que la interrupción provocada de la vida, el asesinato, la muerte?
--Pará, pará, pará –diría un crítico argentino--. ¿Qué hablás de la clase media si vos también sos un clasemediero? ¿Para quién si no es para los clasemedieros que escribe un escritor, sobre todo si pertenece a este lado del mundo?
Es verdad. La mayoría, si no todos los lectores que conforman el universo editorial, son de clase media; junto a ella hay una o varias clases y naciones indiferentes a la escritura de ficción, y no sólo las más desposeídas. No olvido a un joven causídico, que se disculpó en el sauna porque la profesión no le daba tiempo para leer, pero ganaba una fortuna.
Como siempre, yo colocaría en primer plano el lenguaje vigoroso y la rotundidad de las imágenes reales u oníricas de la afiebrada mente del protagonista de esta novela. Por lo demás, un ejercicio de la prosa que ratifica los picos de El señor don Rómulo y de El exilio voluntario, un estilo muy personal y reconocible que lo ubica entre los mejores narradores del país, con los mejores augurios para merecer premios y ediciones en otros países.
20/2/12

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 23/02/2012

Imagen: Ramón Rocha Monroy

Wednesday, February 22, 2012

Disipado el carnaval/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Lunes otra vez, como cantaba Sui Géneris. Lunes de carnaval, momento en que muchos pueblos olvidan las minucias cotidianas, a veces pesadas, para alegrarse. En Oruro, en Río de Janeiro, en Nueva Orleáns.

Retomar la vida, la realidad tal cual es. De pronto sentir que con Momo se entierran tantas cosas, entre ellas la esperanza. Observar y darse cuenta que mientras unos bailan y coplean al ritmo de bandas, otros, en Pando por ejemplo, ven ahogarse los proyectos junto a lo poco que una vida de trabajo honesto puede dar.

Pesa sobre Bolivia aquella historia, no sé si cierta, de Hilarión Daza cediendo el Litoral por continuar la fiesta. Baldón inglorioso que fuera de su veracidad retrata cabal una de las tantas desdichas de la nación (término tal vez ya inservible pero que vale para el texto). Se podría creer que luego de más de una centuria la misma historia se habría encargado de reformular las aproximaciones nuestras a la vida, el desarrollo, el progreso, cualquiera de las infinitas ramas en donde se puede observar crecimiento y madurez de los pueblos. Parece que no, que en vano pérdidas territoriales, etcétera, el camino de la inconciencia nos ha sido marcado como estigma. No lo creo, pero para los que gobiernan, los que siempre han gobernado, resulta cómodo e instrumental.

He leído que Daza fue incomprendido. Se pueden analizar los hechos desde diversas perspectivas. Quizá ese gobernante tiene la desgracia escrita de ser el chivo expiatorio de los desmanes generales. Nada tengo contra la fiesta; al contrario pienso que alegría, baile, sirven muy bien de alivio pero no pueden ser característica. Viene el ejemplo de Brasil, de un país que vive un mes intenso de carnaval y el resto del año se la pasa preparándolo, dicen. Falso. Revisando a John Dos Passos, que retrató al gigante en ciernes, caemos en cuenta que por encima del jolgorio hay la estructura del trabajo, que los brazos que se agitan desnudos en las idílicas playas también agarran el torno y el estudio para fundar. No solo en Dos Passos, y no solo por su potencial extraordinario. Hay una idea, un plan.

Cada cual vive lo suyo de acuerdo a los antecedentes con que cuenta, y no podemos esperar de Bolivia un Brasil. Sin embargo existen patrones que muestran con claridad el futuro de acuerdo a los rumbos que se toma, y el nuestro no parece de los mejores. Muerto el carnaval, la fiesta como institución temporal, se debería volver al cauce de la labor diaria y la paulatina construcción de la mejora personal, expandida a la colectiva. ¿Pero ahí cabe la pregunta de si en Bolivia trabajar tiene premio? Los números del pequeñísimo porcentaje de desocupación que ofrece el gobierno no reflejan la verdad. No se puede considerar con trabajo a quien pasa el día vendiendo dos amarros de cebollas, ni tampoco es ocupación la economía informal en general. Parece que viviésemos en un lugar prestado, que cada vez produce menos y donde todo lo que gira alrededor viene de afuera, incluso la comida ahora.

Síndrome de carnaval, síndrome carnavalero. No pongo a propósito los signos de interrogación. No mientras no se genere riqueza propia y bien distribuida. Pena que ahora que perece el entretenimiento no quede otro panorama que el de entretenerse más.
20/02/12

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 22/02/2012

Imagen: Máscara casera de diablo

Tuesday, February 21, 2012

El sexo de las piedras/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

No es de mi interés dar importancia a las usuales necedades de David Choquehuanca, canciller de la república, y menos a su vanidoso líder, el bienamado, irrepetible, irrenunciable Evo Morales. Sin embargo quiero desglosar parte de sus últimas opiniones porque éstas han desatado ola de crítica y repudio, más bien racista e ignorante.

La afirmación que hace acerca de que para los aymaras las piedras "hasta sexo tienen", aparte de tener "edad", hace referencia -tal vez de manera no muy precisa- a aspectos de la mitología aymara, válidos como los de cualquier otra cultura. Plinio el Viejo, y también Teofrasto, sucesor de Aristóteles en la escuela peripatética, sugerían lo mismo. Lo hizo Teofrasto en su tratado sobre piedras y Plinio creyó hallar "rayas" en las rocas que sugerían su sexo. La ciencia posterior lo ha desmentido, aclarando que posiblemente Plinio trataba como rocas a crustáceos fosilizados.

Son fascinantes las lecturas de Cayo Segundo Plinio en referencia a las piedras. La idea de que el aguamarina, por ejemplo, que era "nacida de la espuma", al ser arrojada al océano adquiría invisibilidad es sugerente. Ni qué hablar de su caracterización de los imanes cuyos colores determinaban su sexo. La humanización del magneto de Esmirne de Etiopía, llamado hematitis, que al ser raspado producía tanto sangre como azafrán es poesía pura. San Isidoro, como Plinio, hallaba cualidades especiales en el rubí y su disponibilidad de sexo propio.

La edad de las piedras nos refiere a un mundo anterior a la conquista, a una primera creación, donde Apu Kollana Awqi modelara al hombre en piedra y le insuflara vida soplándole agua encima. Este hombre de piedra sería destruido en una posterior cosmogonía quedando, sin embargo, su recuerdo como ancestro primigenio. En Chile, región adyacente de la cultura aymara, todavía se habla de las rocas como "abuelos" y "abuelas" del hombre de hoy. Hay escritores que anotan que la cocción de alimentos en base a rocas calientes, común en el altiplano, en la isla de Chiloé y en el sur magallánico, sería una especie de recordatorio, de interacción con los ancestros perdidos y castigados. La calapurca, guiso aymara de carne o pescado, implicaría un nexo con el pasado, como son los huacas y apachetas en otro contexto, siendo éstas no sólo expresión de la cultura aymara sino tan antiguas como los griegos. En cuanto a la posición del hombre como el último del universo, quisiera entenderlo como otra referencia al génesis de Apu Kollana Awqi, y a la tradición judeo-cristiana también, donde luego de cielos, estrellas, tierra, aguas, plantas, animales, se crea al ser humano, al final.

Que las muchas veces absurdas opiniones del canciller no ofusquen la razón, ni se confunda una cultura con un par de sus representantes.
7/10/07

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Publicado en Opinión (Cochabamba), octubre, 2007

Imagen: Apacheta, mojones de caminos, Animita-mojón, Sayhuas. Del Museo de Antropología de Salta.

Saturday, February 18, 2012

El submarino amarillo/MONÓCULO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

En 1968, George Dunning, con guión de Lee Minoff, y por supuesto The Beatles, crearon una obra maestra: Yellow Submarine, película animada que plasmaba las ilusiones de una generación pacífica, inmersa en la que parecía la peor época con la Guerra Fría, Vietnam y más.

De sencillo argumento, retoma la eterna cuestión del Bien y el Mal. Un grupo de músicos que navega en un submarino amarillo por océanos sicodélicos, recibe lecciones filosofales de un extraño ser perdido en la nada, remoza el amor, y encuentra que la música es la única posibilidad de combatir a los “malos” que se han adueñado del mundo. Lírica en el sentido de creer que el sueño y la bondad bastan como armas de creación de un espacio nuevo, queda como un hito de la juventud de las flores. Contestatarios del capitalismo, indagadores de la diversidad y rebeldes al atacar las bases del status quo, que prontamente los engulló -vale decirlo-, carecieron de una plataforma común que habría resultado quizá en oferta de alternativas. Entonces perecieron, a pesar de su innegable herencia, más a medida que adelantamos, hoy. En su momento levantaron las manos, el movimiento se desvirtuó, tomó caminos extraños, a veces fieles al original. Desde Altamont, en el concierto de los Stones, donde comienza la caída, hasta el último disco de los cuatro de Liverpool con la lapidaria Let it Be, vimos hundirse de a poco aquel sumergible, con el Sargento Pimienta y su bagaje de ritmos e instrumentos. Y con ellos todos.

Parece, sin embargo, que los malos sobrevivieron a la derrota y reconstruyeron su hábitat hasta hacerlo gigantesco e indestructible. El error radica en pensar en esas fatales dualidades: blanco y negro, buenos y malos bolivianos, según instauró el régimen de García Meza-Arce Gómez, o estás conmigo o contra mí. Las cosas no son tales, aunque lo parezcan a simple vista. Las sociedades y los individuos son complejos y la dinámica de la historia cambia la percepción de las cosas. En los sesenta, cuando la nave colorida surcaba mares verdes y había una lovely Rita para inventar el amor, el uso de droga, narcóticos, alucinógenos se presentaba como manera de oponerse al poder, a lo establecido e injusto. No pensaron entonces que detrás de ellos medraba el germen de lo que hoy es el instrumento más capitalista y más globalizador de la historia: el narcotráfico. La sociedad de consumo acepta los embates en contra, aguanta firme mientras diseña estrategias para aprovechar en beneficio propio esa energía empleada en combatirla. Los iconos muertos están, bien por ellos, y su obra es descalificada por el empleo que se hace de ella. Programas de derecha ponen en los intervalos canciones de The Doors. No paradoja, realidad.

No existen paraísos, así lo pregonen ayatolas, frailes o amautas. Ni jardines del Edén donde razas privilegiadas reinarán, imponiendo a las demás la genialidad de su pensamiento, lo virgen de su pureza, la sabiduría que les viene de antaño y directamente de alguna divinidad. El mestizaje representa al planeta, en todos los aspectos, contradictorio, y el ideal de un submarino amarillo desde donde vendrá la redención es falso, por bello que sea. El Summer of Love nunca fue en sí alternativa. Solo respiro, efímero alivio mientras la sociedad y el género humano estudian los desafíos siempre nuevos y novedosos. Con ello hay que aprender a vivir, sin perder perspectiva de la existencia del otro, ora bueno, ora no, y saber cuándo combatirlo con ganas y cuándo adecuarlo. Lo idílico del mensaje del Submarino amarillo conlleva peligro. Creer en la retórica de quienes dicen tener la verdad empuja al fin. Hay que pensar, analizar, y el color es engañoso: azules eran los Malos a los que combatía la banda del Sgt. Pepper, azules también los Avatares.
16/02/12

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 17/02/2012

Imagen: Yellow Submarine

Carnaval


Han pasado veinticinco años desde la única vez que asistí al carnaval de Oruro. Estábamos Julio, Juliette, Francine, Pepe y yo. Hoy, Pepe muerto y las inglesas como si. Ya ni sabemos. Pero quedan imágenes en medio de la borrachera: corridas detrás de las bandas, por las calles, escanciando cerveza en las paredes, meando las esquinas, ateridos de frío, y combatiéndolo con sucumbés cuyos vista y sabor se me escaparon.

Latas rojas de cerveza Centenario, algún dinero para comer, la hospitalidad de los humildes, sexo entretenido y silencioso en el dormitorio común, qué más puede pedir un joven y qué más puede dar la juventud. Volver a los diecisiete, aunque entonces ya pasaba los veinte, es patraña franciscana. Qué viva el futuro y rescatemos en prosa o verso lo que valga del pasado, pero ¿retornar a él?, gracias, paso.

Oruro es ciudad de gente afectuosa, hospitalaria como dije, pero nunca he encontrado la belleza que le afirman los poetas, quizá porque no viví allí. No hay insulto en disgustar de un poblado, como no lo hay en detestar músicas, literaturas y políticos parlanchines. Respeto la esencia de la individualidad y del derecho a opinar y disentir. Y el derecho de romperle la crisma también a alguien que exagera en su disgusto de ti. Contradicciones que valen, digan lo que digan y piensen lo que piensen.

Si alguna vez he lindado en mis pasos el alma de lo surreal fue allí. No en los senos blancos de Francine, sino en lo que llamaban “El alba”, reunión de muchísimas bandas tocando al mismo tiempo, cada cual lo suyo, entre morenadas, diabladas, sayas o Talacocha e Ingavi de la militarada poco insigne de la patria. Presenciar aquello, al amanecer, cargado de alcoholes por horas, de baile y correteo, oliendo a febril sexo, no tiene parangón. Como si se conjuncionaran en uno los estertores de las culturas ancianas, y erizasen los escasos vellos indios de mis brazos, la sangre íbera que danza en mí, come y fornica, al lado de su enemigo, con el que convive dos décadas por no decir quinientos años.

Es que el alba significó para el presente, yo, la suprema expresión del mestizaje. Tanto discutir, ensayar, perorar y criticar acerca de los orígenes, culpas, responsabilidades y demás patrañas que apuntan siempre a justificar algo, y estos trombones, tubas, trompetas, tambores, lo reducían muy simple en piezas que bailábamos con la parsimonia nativa y la exageración blanca, que con el trago se volcaba a la inversa y ofrecía la orgía indígena y la pechoñería europea, sin pausa, música tras música, mientras las caseras revientan huevos y el sucumbé pone en el aire vapor de singani barato.

Dicen que en Brasil el carnaval es la revolución social. Tal vez; cómoda revolución que luego de un mes de jolgorio termina en el cementerio enterrando a Momo, el zombie más importante del mundo, el muerto vivo que es rey. Guardo la alegría, la misma de Vadinho en Jorge Amado, parecida a la de los quechuas de Claudia Llosa, los días en que Dios no ve.
13/2/12

Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 18/2/2012

Imagen: Bandas en el carnaval de Oruro

Tuesday, February 14, 2012

La verdad de la inmigración/MIRANDO DE ARRIBA


La aprobación en la cámara de representantes de una propuesta de ley, la 4437, en contra de la inmigración ilegal despertó esta semana, especialmente el sábado 25 de marzo, series de multitudinarias protestas que demuestran que el asunto no se va a dirimir con algunos votos xenófobos o con grupos de vigilantes en espera de detener ilegales llegados de México mientras beben cerveza y fuman marihuana al mejor estilo "americano".

Medio millón de personas protestó en Los Angeles. La muchedumbre incluía ilegales, hispanos legalizados, grupos progresistas de variada etnicidad. En Denver, Colorado, la policía calculaba que dos mil marchistas saldrían a las calles y se les aparecieron arriba de cincuenta mil. Colorado cuenta con un diputado de extrema derecha, Tom Tancredo, que ruge por drásticas medidas en contra de los "invasores", olvidando que sus abuelos llegaron acá en la misma condición que los mexicanos (y otros) y que entonces no se los consideraba gente. Suele suceder que el peor enemigo del pobre es el pobre y los italo-americanos tienen -es una lástima- méritos grandes para ser catalogados entre los peores racistas; recuérdese al efecto la llegada de los protestadores negros, con el Dr. King, a Chicago.

Paul Krugman, columnista del Times y descendiente de inmigrantes escapados de Rusia, intenta ser equilibrado, pero tanto él como buena parte de la sociedad norteamericana enceguece ante la realidad de las cosas. Ilegales o no, los latinoamericanos han de cruzar la frontera norte y transformar para siempre a los Estados Unidos, en buen y mal sentido como todo cambio. El destino del país es el bilingüismo y los políticos debieran preocuparse de preparar el futuro partiendo de tal premisa. Es más, siendo objetivos se puede afirmar que el español será el idioma dominante en décadas por venir y a este ritmo. Emigrar sin dominio del inglés no es ya problema.

Krugman sugiere que no es cierto, como predica Bush, que los mexicanos trabajan donde no desean hacerlo los nacionales. Supone que existe el empeño pero que la competencia de la mano de obra barata es desleal. Quisiera contarle que en quince años de continua labor como inmigrante, jamás encontré en norteamericano alguno esas ansias de trabajar que caracteriza. Tengo la impresión de que el norteamericano aparte de ser un pueblo viejo y decadente es mimado y malacostumbrado. En esas condiciones su destino está en ser avasallado como ya sucede.
27/3/06

Publicado en Opinión (Cochabamba), marzo, 2006

Imagen: Protestas anti-inmigrantes en EUA

El país que yo quiero/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Cada gobierno tiene sus acres defensores, es normal. Y más los autoritarios, dictatoriales, los antidemocráticos que intentan permanecer para siempre en sus laureles.

Tratan de inmiscuirse en todo, remozar la fábula negra que los libros de George Orwell retrataron; quieren, vaya osadía, regular artes y oficios, dictar las reglas de lo que se puede escribir y lo que no, en ánimo de encontrar gracia con su servilismo. Los hay censores que bajo manto de creencia u obligación actúan, como aquel Gran Inquisidor que en León Feuchtwanger secretamente admiraba a Goya, y que tuvo la brillantez de secuestrar su obra pero no destruirla. O simples patanes que balbucean el idioma, y lo hacen mal, para ejemplificar el mundo que vendría de permitirles nosotros el trono ilimitado. No hay que ignorarlos, porque representan el peligro de la oscuridad, latente y posible además, pero tampoco darles espacio de medrar a costa nuestra.

Se firman leyes y después se las borran. ¿Gobernar escuchando al pueblo? Al pueblo mudo tal vez, que concede la oportunidad de definir por él. Pero la historia es asunto dinámico. Nadie, nadie, llega a omnipotencia tal de control absoluto. Sencillo, pero no cabe la población entera en las cárceles, y por más millones que se eliminen, maten, ejecuten, no existe amo con capacidad de frenar la explosión demográfica, que hombres y mujeres sigan pariendo vástagos que a pesar de las circunstancias llegará el día en que piensen por sí mismos y tengan propia conciencia del bien y del mal. Es carrera o juego perdido de antemano, señores mandamases. Es posible comprar algo de aire, asegurarse el futuro económico por desmanes realizados, pero ¿eternos?, ni Dios, amigos, que por ahí aparece un Nietzsche que de la noche a la mañana lo borra de un trazo.

Imaginar un país distinto al que siempre fue parece un imposible. Se acumuló error tras error, se vetaron razas, colores, se hurtó y explotó sin misericordia. Remontar una caída, permanente en nuestro caso, es reconstruir lo roto, administrar un proceso de cambio real, no un cambio de mando con prerrogativas imperiales. Ya basta de Melgarejos, que entre otras cosas fue quien legó a Bolivia la lacra de la “contribución” indigenal y su secuela de pongueaje y esclavismo. Hoy se somete al “pueblo” a otro pongueaje, el de las mafias internacionales del narcotráfico, con la salvedad que pareciera éste ser dadivoso en las ganancias. Sin ánimo apocalíptico no queda más que decir que esta dependencia, resultado entre varias cosas del pésimo manejo de políticas y recursos durante toda la historia republicana, acabará con nosotros. No se ve, todavía, denle diez años de permanencia y verán si desean quedarse. La patria es una abstracción, a veces un sentimiento, ambos vaporosos e inestables. Si la patria ya no sirve, entonces…

El asunto de los parques nacionales y tierras de origen es solo el principio de la experimentación. Y del fin. Bolivia no tiene con qué defenderse del veneno que ha penetrado profundo -ayudado y permitido-. Cuando los que mandan, con la alegría que da la riqueza fácil, ya no estén, ése que los defiende hoy verá que los asideros que creía firmes se evaporaron, y que de pronto se convirtió, otra vez, en esclavo de intereses ajenos y superiores. Con suerte le permitirán que cuando muera la wiphala cubra su ataúd de cartón. Al narco no le interesan las minucias de la raza y el derecho.
13/02/12

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 14/02/2012
Publicado en Semanario Uno (Santa Cruz de la Sierra), 27/02/2012

Imagen: Francis Bacon/Michel Leiris, 1990

Sunday, February 12, 2012

Sonata de las Malvinas


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Con Nicolás Alejo, que hoy vive en Italia, quedamos en vernos en la Facultad de Humanidades. El día anterior, el beodo Galtieri había invadido las islas Falkland, en el Atlántico sur, para restituirles el nombre de Malvinas y recuperar soberanía sobre territorio usurpado. Eso decían, e iba acorde con la larga lista de políticos que usufructuaron el tema para ganar posiciones. 1982, los milicos argentinos sentían temblar el suelo a sus pies. Tanto asesinato no podía eternizarse. Para recuperarse decidieron la aventura; nada mejor que azuzar lo patriótico para esconder la verdad.


Cuando Gran Bretaña contestó, se alzó un clamor en América Latina y, aunque la prudencia y el odio a los militares aconsejaban lo contrario, decidimos con Nicolás anotarnos de voluntarios para ir -ficción narrativa- a combatir. El espíritu del pequeño condotiero, como se autodenominó Guevara, ejercía en nosotros fórmulas que llamaban irremisiblemente al desastre.


Y ahí aparecemos, en la esquina de la calle Antezana y la avenida Salamanca, miembros de una fila con centena de jóvenes de diverso color y contextura. Imagen que se calcaba en todas las embajadas y consulados argentinos a lo largo del continente. Alejo, que estaba antes que yo, acercóse al funcionario que anotaba al lapicero nombre, edad, dirección y arma en la que había servido, si tenía experiencia militar. Póngale artillería.


Me tocó el turno. Cuando me presenté a “servir a la patria”, a mis dieciocho cumplidos, la orden paterna indicaba que jamás un hijo suyo pasaría por la mierda que viviera él en el cuartel. "Bastante conmigo": claro y conciso. Tuve que aguantar la humillación de corretear desnudo por la base aérea, sufrir el escarnio de los oficiales y soldados antiguos. En el fondo permanecía tranquilo, ya había pagado a un capitán para que me sacase inhábil para el servicio. Ese era el gran negocio. Soldado el pueblo humilde. Los señoritos comprábamos la libreta y salíamos con pie plano colectivo. La institución tutelar, como tienen a bien llamarla, no era más que mercado de triquiñuelas y confites. Corrupción general, desde arriba hasta el médico que te palpaba los huevos buscando nunca imaginé qué.


Me tocó el turno de firmar. El lapsus de recuerdo duró un par de segundos. Claudio tantos, anotó, veintidós años. ¿Arma? Infantería. Salimos ufanos, directo al Prado, a escasas cuadras de allí, para festejar el inicio y fin de nuestra carrera soldadera. Sabíamos que nunca ocurriría. Estos asuntos cuestan plata, pero la misión propagandística de decenas de miles de voluntarios podría utilizarse en el contexto internacional. De nada sirvió: los gurkas pasaron a degüello a los muchachos argentinos, mientras que los verdugos, como el marino Astiz, continuaban con sus crímenes.


El 78, año del mundial de fútbol, no prosperó la campaña de sabotaje a la Argentina. Incluso el capitán de la selección holandesa, Krol, declaró a El Gráfico que lo que se contaba sobre el país no era verdad, que ellos habían observado un lugar tranquilo y contento. Carta blanca para los lebreles del fascismo. Pero, cuatro años después, la cosa ya ardía, y no era la presión de afuera lo único que desestabilizaba al régimen. Al interior se soltaron las voces. Imposibilidad de seguir ocultándolo.


Crecí con el slogan de “las Malvinas son argentinas”. La tía Lucha, cada vez que dejaba su departamento del Once y se arriesgaba a la volubilidad boliviana lo repetía. Nos alimentamos con ello, con un Perón que denostaba mi familia, el gusto por el vino de mesa con soda, los traguitos de Campari, Americano Gancia o Cinzano, la ruleta con los tíos, el póker abierto con las tías, alfajores, zamba, tango, carne de membrillo, parmesano, salame Milán, Güiraldes, Borges y el asado. La herencia francesa, la belleza y las aptitudes culinarias del abuelo y la tozudez vasca de los Espeche. Desayuno delicioso con facturas. Las hermosas primas. Qué vivan las Malvinas, carajo. Presentándome voluntario hacía honor a tantas cosas lindas que latían al sur de la frontera.


Son treinta años de entonces, tres décadas. Reviví el conflicto en Cuba, como jurado de Casa de las Américas, cuando me tocó leer una novela cuyo título era un número, 74, por los setenta y cuatro días que duró el conflicto de Malvinas. El escritor, Agustín María Palmeiro había ganado una mención en la Casa el 2002, junto conmigo. Multifacético en sus personajes soldados, aunque todos argentinos, Palmeiro rebuscaba el impacto de la guerra en los rincones de la nación. Llovía en Cienfuegos la noche que devoré la obra. A ratos me asomaba al balcón. La bahía de Jagua por el velo del agua se hacía difusa. Me pregunté qué habría hecho yo en el campo de batalla si hubiese ido. Respuesta que no tengo porque en el fondo soy pacifista, belicoso pacifista.


Comunicados van y vienen en las prensas británicas y rioplatenses. Incluso leí a un columnista inglés que sugiere venderlas. Vi un filme no hace mucho, del Reino Unido, con bastante detalle desde dentro de la población isleña sobre el ataque. A ratos, si no fuese por la tragedia, el absurdo de una parodia militar. Tres o cuatro soldados estacionados allí que defienden el lugar ante la agresiva parafernalia de la dictadura, muy superior en número a estos guardias, el gobernador y algunos vecinos. Luego vino el hundimiento del Belgrano, sus trescientos muertos, y el festejo cuando se voló al Sheffield con los famosos Exocet. Allí murieron veinte imperiales, de los cuales seis eran cocineros y un lavandero chino.


Cameron y la Cristina (la llamo así porque gusta de ser considerada popular) juegan nombre y prestigio en el debate. Ambos se acusan de lo mismo, de coloniales. Hay más que la patraña patriotera de las partes y lo que se resuelva de seguro garantizará beneficio -como siempre- a los grandes. Al fin de cuentas es una pulseada entre dos reinas: Elizabeth de Inglaterra, y la emperatriz de El Calafate.

06/02/12

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Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 12/02/2012

Imagen: Soldados argentinos en las islas Malvinas, 1982

Tuesday, February 7, 2012

Escritura insurrecta/MIRANDO DE ABAJO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Las ventajas del libelo y/o el pasquín, en oposición a textos analíticos y eruditos, es que tocan una base humana más extensa y, en su momento, más determinada. El arte del insulto, denigración, calumnia, suele ejercer superior influencia en los sismos sociales, que son a la corta los que transforman la historia.

La psiquis colectiva es muy influenciable, y lo que obtuvo Orson Welles en su ya mítica difusión radial de 1938 acerca de una invasión de marcianos (en realidad adaptación del libro de H.G. Wells, La guerra de los mundos), lo muestra con claridad. Aunque no con la impresión que puede causar una narración en vivo, la escritura suele movilizar también a las masas: Alejandro Herzen con Kolokol, epopeya que sin querer utilizar absurdos reduccionismos, señala una actividad individual como gestora de inmenso movimiento.

Escribir es combatir, si la escritura tiene tal fin. Para ello sirven las columnas de opinión, que disfrutan de una libertad que no puede tener un editorial, y menos un ensayo de tipo científico en cualquier rama, técnica o social. El autor se permite licencias y no pide ni necesita permisos. A lo sumo será vetado en ocasiones o censurado para siempre. No importa, porque cada aguja que deje por ahí, no sabe dónde irá a enterrarse. Recuerdo los pasquines de los que hablaba Ricardo Palma, que aparecían en la noche de Lima y conmovían la pacata sociedad de entonces. Buena manera de subvertir el orden, cuando el orden tiene que ser subvertido, por las razones que considere justas el autor.

Ironía, sarcasmo, sumados al conjunto descrito antes, tienen peso y fuerza mayores de los esperados. Lo hizo Goebbels, desde una posición de gobierno; lo repitió Stalin. Pero ello no cuenta porque el poder corrompe y la utilización de estas armas desde una posición oficial o privilegiada desmiente su condición libertaria.

Escribir un texto sedicioso emula un “golpe de mano”, al que tan afectos eran los ácratas de principios del XX, y el percutor de un adjetivo dispara igual balas de plomo.

No intento desmerecer los sesudos análisis, que de la economía a la política se escriben. Los considero imprescindibles pero marginales. Tienen su espacio de convicción y proselitismo, pero son los fustazos de la escritura combativa los que mueven las manos luego de una primera impresión en la conciencia. Más se gana denunciando a un ratero que con estadísticas del Producto Interno Bruto. Lo efímero de este tipo de escritura, apta para momentos de crisis y difunta en la bonanza es lo que la hace más excitante y valedera.
05/02/2012

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 07/02/2012
Publicado en Semanario Uno 448 (Santa Cruz de la Sierra), 10/02/2012

Imagen: Sean Kernan/Writing Hand, 1997

Friday, February 3, 2012

Al mar, temprano o en la tarde/MONÓCULO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Míster Morales podría ser el mejor comediante si quisiera. Llenaría salones y, nada raro, tendría su nombre en neón purpúreo en los casinos de Las Vegas. Eso, si hubiese traductor. Como todavía no lo hay, obviemos la ilusión. Pero, a nivel local, el éxito estaría asegurado. Porque además sus chistes, bromas y deslices caen como anillo al dedo en nuestra pluri-idiosincracia.

Luego de trabajar toda la noche, esforzado vampiro andino por los últimos veintitantos años, llego a casa agotado, vencido por un horario liviano en la juventud y que va aumentando de peso con las tortas anuales que marcan mi aniversario. En esas circunstancias y condiciones, se imaginan que muero por un café, una tostada con mantequilla, un trozo de queso duro, o huevos revueltos, etc, de acuerdo a mi energía o al humor de mi mujer. Pero, previo, me siento al ordenador y reviso lo último de lo que ocurre en el país. Reviso la portada de los diarios y de lleno me voy a cualquier encabezado que hable de las opiniones del gobernante. Sé, que de una u otra manera, habrá una reacción que impulse varias horas más de actividad. A ratos la ira, la mayoría de las veces la risa.

Hoy me encuentro con un chiste marítimo. Alecciona a la armada nacional estar lista para navegar en el mar cualquier momento, tarde o temprano, porque ya lo tiene todo calculado, estudiado, escudriñado y resuelto. No extraña que cuando aparece lo observen con una aureola de genio, porque de santo y de mártir sería difícil, unos porque en su endémica ignorancia lo creen, y el corro de vivillos y delincuentes porque así les conviene, ansí nomás.

Cabe la pregunta. ¿Abrirse al mar, a la navegación, no es asunto serio? ¿O basta decirlo para correr culipelados y arrojarse a estrellar en las rocas, ahogar, o ser devorado por un tiburón? ¿Habrá suficiente “jaboncillo” para “asearse”, y de dónde traeremos piedras planas para lavar ropa? En esas opciones no se considera de si en esas frías aguas hay tiburones, de cómo afectará la sal a la ropa, y de si hay suficiente espacio y jabón para que una nación toda ¡qué una, 36! pueda darse una ducha boliviana que consiste en mojar el pelo, pasar un trapo húmedo por la retaguardia y subirse a la bicicleta. Me acusarán de peyorativo y no lo soy. Basta ver cómo se manejan los destinos de Bolivia para saber qué se haría con un mar, aparte de basurero multitudinario y vía de tráfico de sustancias descontroladas.

Lo primero, para esta ficción que han manejado nuestros gobiernos sin excepción, sería llevar a los militares del gremio a la piscina, alberca, pileta, y tirarlos a la de niños, para observar quiénes son aptos en cuestiones acuáticas y cuáles son enclaustrados. De hecho desechar al alto mando, gordinflones como jabalíes y pesados como mercurio. Esos ni de boya sirven, porque no flotan las boyas rellenas de sillpancho y chajchu. Luego averiguar qué significa tener una flota, cómo se pesca, se monta y baja y sube una red. Tanto más.

Se habla de las Malvinas, que son argentinas, sí señor, pero se desea utilizar el argumento de los gorilas rioplatenses intentando salvar sus crimen y usufructo. La patria como el recurso final para devolver -supuestamente- la gloria que nunca existió. No necesitamos lecciones de patriotismo, ni océanos que no han de beneficiar al colectivo. Chillen los que consideren esto como un argumento traidor. De todos modos, así, jamás conseguiremos algo. Las cosas vienen o se obtienen con el respeto de los otros hacia uno, respeto que hacemos lo imposible por evadir.

Pamplinas, ridiculeces que van perdiendo originalidad, que van vaciando el teatro de a poco. ¿O leí mal y lo que se dijo en realidad no fue de estar preparados para navegar tarde o temprano, sino a qué hora iríamos -irían al mar los que pueden-, si temprano o por la tarde?
02/02/2012

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 03/02/2012