Friday, July 1, 2011

Ciudad memorable/MIRANDO DE ARRIBA


El poeta Manuel Bandeira escribía: Quero dar a volta ao mundo/Só num navio de vela/Quero rever Pernambuco/Quero ver Bagdá e Cusco/Quero quero (...).

Cuzco no permanece como entonces; ahora tiene el rostro de un comerciante magnificado y más importante que los muros del Coricancha es la marihuana que se ofrece por sus calles. Ni hablar de Bagdad, donde hasta la primera escritura del hombre, en pedazos de arcilla, se ha esfumado bajo el velo del mal. Douglas Fairbanks no se animaría a cruzar el cielo de Mesopotamia de nuevo en su caballo blanco: lo derribarían los nuevos pretorianos. Ya para qué ir allá; quédate, Manuel, conmigo en la tarde de casa y disfruta de la tristeza del klezmer y de costillas de cerdo en cacerola, con repollitos de Bruselas y puerros.

Si te quedas, te pasearé por las calles de la capital de este país que me ha cobijado, salvado la vida, hundido y muerto al mismo tiempo. Puedes, igual que en París, ver en perspectiva los monumentos alineados de la ciudad. Washington no tiene el Sena pero su río, turbio también, esconde la voz de aves y batracios en la vegetación de la orilla. Remeros pasan en frente de la universidad de Georgetown y las mujeres caminan por los pasadizos del canal donde los bolivianos nos reunimos a tomar cerveza en la paz del sábado.

El universo del instante cobija música afgana que trae un amigo, intercalada con Leonard Cohen y Aymara que finalmente persiste en la casetera gracias a la insistencia de Mirella Suárez, hija de poeta también.

Cuando los amigos se difuminan en la niebla, desciendo del metro, subo las gradas y salgo al frescor de Tenleytown. Abajo brillan las luces del centro y parecen un relámpago estampado en el cielo.

Los árboles dan tonos de oscuro al camino. En el jardín de casa hay un banco de piedra desde donde miro mi ventana encendida del segundo piso con el anhelo de verme... y no aparezco.

Mi cuarto tiene cuadros antiguos y muebles de caoba. Un mínimo cd player en mi mesa de noche me ayuda a convertir este silencio en multitudinario. Bob Dylan y The Turtles hacían de familia en la frialdad de la cama y las paredes extrañas.

Así, Manuel Bandeira, yo también quiero en mi vida rever muchas cosas, Washington DC entre las ciudades, y tu Recife natal. Para colmo, Lisandro Meza y los Hijos de la Niña Luz cantan "cómo extraño mi sabana hermosa metido en la cordillera", y a pesar que la geografía es otra, se resume en nostalgia.
20/4/03

Publicado en Opinión (Cochabamba), abril, 2003

Imagen: Iglesia de Santa Ana, Tenleytown, Washington DC

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