Friday, January 6, 2012

Divertimentos/MONÓCULO


Corría 1950. Mi tío, Francisco Coqueugniot, y mi padre, esperaban en la estación de Jesús María, al norte de Córdoba. De pronto vieron arribar la caravana de Eva Perón, Evita, que recorría el país en tournée de “solidaridad”, aunque vanidad guiaba a la frustrada cantante, quien llevaba los pantalones y las botas del general en esa época sugestiva. Cuenta mi padre que el tren redujo su marcha y avanzaba entre la muchedumbre a paso de gente. Evita estaba al final, en la plataforma del último vagón, con dos guardaespaldas e inmensos gangochos de los que sacaba bolsitas que arrojaba a la multitud. Todavía se asombra de la vileza de que son capaces los humanos, cuando los veía lanzarse como perros al suelo para atrapar las dádivas de la condesa. Se llamó a ello revolución, y se la llama todavía cuando otra actriz dramática llora y pone cara de afección cuando sus descamisados actuales gimen ante su perlada presidencia. No hay comentario, porque hoy he decidido comportarme y no expulsar lo que pienso, oscuro como violeta de genciana.

Lo leí en Osvaldo Bayer, en mi juventud, y en Carlos Bégue, autor argentino, en Casa de las Américas en La Habana, en una novela que lastimosamente debe seguir inédita (Así son las fieras): el peronismo fue la gran mentira, la cuña que separó al movimiento obrero de sus aspiraciones de clase. Los dirigentes ácratas terminaron fondeados en el Río de la Plata, a la mejor manera de Capone, por los esbirros del aprendiz de Duce, Juan Domingo Perón. Si hasta sus crías montoneras, nacidas de la derecha e idiotizadas por un icono inservible fueron al matadero en Ezeiza como pollos de granja.

Eso, por una conversación paterna, y demasiada televisión donde la tiroides de la Fernández-Kirchner importa más que las masacres sectarias en la Babilonia libre de gringos.

No todo son desdenes ni desasosiegos en esta vida, sin embargo. En el chat, palabra que suena mal y que sin embargo implica maravillosas libertades como la velocidad y la gratuidad de comunicarse con quien quieras, fuera del ojo aduanero del poder (por eso lo combaten los capitalistas chinos), discurríamos con una amiga boliviana, de Hamilton, Ontario (el ordenador me corrige y pone notario), acerca del noctambulismo y los vampiros. María Esther remoza mis recuerdos cuando añade “wámpiros”, deformación de origen nativo, quechua-aymara, de la palabra en cuestión. Le digo que wámpiro es vampiro andino y se ríe. Y más ríe cuando le sugiero que pronto habrá propuesta del primer mandatario para descolonizar incluso a los fantasmas de la noche. Siglos de tradición eslava, quizá un par de milenios de griega y sumeria, el romanticismo y el expresionismo alemanes, Vlad Tepes, Dracul, Drácula, Sheridan Le Fanu y Bram Stoker, Murnau y Herzog, Ford Coppola, tendrán que rendir tributo al curaca y olvidar reclamos sobre este sujeto tan controversial, que incluiría a Cristo, quien al despertar el tercer día y salir a caminar fuera de la cueva donde encerraron su cuerpo, forma parte del gremio, con zombies y muertos vivos.
No es broma, según van las cosas. El viceministro que quiere -a la Goebbels- quemar los libros de la literatura nacional, aparece luego campante propagandeando el Let it Be, de Lennon-McCartney. Estoy esperando su justificación de que la tonada inglesa fue en realidad robada por el dúo cuando atravesaban el erial de Sica Sica o que gracias a ardides imperialistas secuestraron en algo todavía inexplicable esas líricas del niño Evo que las silbaba a las llamas con acompañamiento de orquesta de paja brava.

Da pena. Ya me entra la nostalgia, porque en la Bolivia futura el tierno y enamoradizo Nosferatu no beberá más sangre de doncellas recostadas. Evo Morales quiere arrebatarle al mundo la lírica y la razón. Un Nosferatu plurinacional tiene que amontonar en sus fauces, ya sin colmillos, el acullico, hablar torcido, cerrado un ojo por la bola sagrada, y gesticular en medio de verde baba que coca es poesía. Wámpiro.
5/1/12

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 6/1/2012
Publicado en Semanario Uno 444 (Santa Cruz de la Sierra), 13/1/2012

Imagen: Evo Morales como "gradiador"

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