Wednesday, September 5, 2012

Lo que no se sabe o dice/MIRANDO DE ABAJO


El asunto de los muertos en San Matías es tema de columnas y noticias. Tienen razón en afirmar que se torna en emblemático de lo que pasa hoy en el país, fuera de cualquier historial violento que toda población fronteriza carga consigo.

El auge del narcotráfico, de las edificaciones que crecen como hongos, los restaurantes, negocios automotores y más, se va tomando como si fuese alegre bonanza. A simple vista hay dinero, y mucho, y cierta democratización que permite participar a gente que antes hubiera sido relegada. Visité un barrio exclusivo en Cochabamba, un enclave “blanco” en pasado reciente, y la tendencia racial era muy diversa: brasileños, burgueses de siempre y antiguo, gente de tez más oscura que éstos, de obvio origen nativo, viviendo dentro del enrejado que divide a los que poseen de los que no, tema que poco o nada tiene que ver con raza. Y no pude dejar de pensar que esta diversidad reunida estaba relacionada de algún modo con el tráfico de drogas.

No implica que basta el hecho de ser adinerado para convertirse en cómplice de delito, pero no hay productividad, no se han creado oficios nuevos, construido empresas, fábricas. No, nada de eso. Aparte de comercio, que casi en Bolivia significa contrabando, y de cultivar coca y hacer cocaína, creo que la inventiva y el emprendimiento por aquí no pasaron. La tenemos fácil; la llevamos mejor. No todos, pero en apariencia sí, lo que va creando el espejismo de un país que no es. Porque lo suntuario, automóviles, edificios (pésimamente levantados), buena comida, ingente bebida, vírgenes y danzas, no pesan; son livianos, no fundan.

Hay la tonta idea de que somos dueños de nuestro destino, que controlamos el negocio. En una primera instancia, quizá. La dinámica del capitalismo mafioso encargado de ello lo permite, mientras vaya asentándose, hasta el momento en que los cárteles consideren ya maduro el momento de agarrarlo en sus manos, desligándose de los supuestos amos que les sirvieron de inicio, deshaciéndose de ellos si lo requiere la coyuntura. El poder que da el negocio en cuestión, cuando no es manejado por los verdaderos propietarios, es falso.

Esa primera fase está instalada. Ahora viene la dura, y, en ella, no hay dioses ni semidioses. Eficiencia y ganancia, solo eso importa. Se debe estudiar la historia de naciones que pasaron y pasan por este proceso: Colombia, México, Somalia… De pronto nos daremos cuenta que la tierra que considerábamos nuestra no lo es ya, y eso va para el poblador común como para la nueva burguesía cocalera, que con error imagina estar solidificando bases de una larga estadía. El capital delincuencial no tiene el menor interés en razas, ideologías, colores, tradiciones. Quiere ganar, y para hacerlo utilizará todos los recursos posibles y todas las personas y personalidades también, sin hacer valoración individual ni interesarse –fuera de lo que le convenga- en mantener un status quo, cualquiera que sea. Es el gran rompedor de mitos, la terrible y violenta realidad. Ubicuo, puede estar de un lado como del otro, y mal está pensar que exista alguna lealtad de la mafia a sus sirvientes.

La cosa comienza: San Matías, las comunidades potosinas, chutos y chuteros, la invasión de los parques estatales. El narcotráfico tiene hambre y condiciones favorables. Mueve a sus peones, mientras alfiles, caballos y reyes preparan el minuto en que han de reclamar posesión. El hecho de que hasta ahora parece haber una lógica lineal, inamovible, no garantiza nada. Estos señores se mueven por encima de ejércitos, gobiernos, caudillos. La única seguridad es la suya; para ellos no hay imprescindibles.
19/8/12

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 21/08/2012

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