Friday, October 12, 2012

Estado chuto/MONÓCULO


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El mito de Sodoma y Gomorra tiene su razón de ser. Es tan antiguo como la humanidad. Entonces los hombres creyeron que se podía vivir en vicio sin sufrir consecuencias y no resultó. El argumento metahistórico de las ciudades destruidas vale hoy tanto como ayer, y la moraleja vive en que no hay poder terrestre que eluda el enojo de la divinidad. Si le quitamos cualquier adherencia religiosa encontraremos la misma respuesta.

El foco de infección en Bolivia salta de un lugar a otro. Se añaden muertos, inicio de una que de no detenerse ha de ser larga sangría, desastre incluso para los que se creen inmunes (impunes). En otro retorno al mito recordemos a Aquiles; revisándolo en comparación encontramos que no hay madre Tetis (en Bolivia) para sostener al hijo dentro de un baño de inmortalidad, dejando al descubierto su único punto frágil allí donde lo sostiene por el talón. En nosotros la fragilidad es endémica y total.

Demasiadas advertencias.

Colquiri, Mallku Khota, Challapata, las comunidades indígenas del Tipnis, nombres de esa enfermedad saltarina que manipula el gobierno a su arbitrio, sacando ventaja, y, sin darse cuenta, debilitándose también, paso a paso -no sé si lentamente- hasta el momento en que caiga la ira de Dios. Cómo, no lo sabemos.

Desde arriba se fraguó el ingreso de miles de vehículos indocumentados. Atentado al medioambiente por no existir mínima regulación en cuanto a emisiones y otros relacionados. Se teoriza acerca de los llamados movimientos sociales y sus necesidades, que más bien son necesidades de permanencia y dominio de la cúpula. Se quiere hacer creer que el campesino, por ser tal, mantiene feliz relación con la naturaleza. Cualquier cosa que les permita crear el espejismo de una ideología sólida, de un marcado camino hacia el progreso. Aunque para ello tengan que inventar pequeños dioses, en cada rincón, alimentarlos de coima y soberbia, y que han de dispararse tarde o temprano ante el llamado de jolgorio generalizado que se escucha en altavoz.

Cuando la infección se propaga bajo una supuesta política y sin restricciones, el resultado da una receta explosiva. Cocaleros, chuteros, cooperativistas, corazón y base del masismo, comienzan a ver que la irreversible contradicción entre Estado y carnaval se presenta, y de la peor forma, con la utilización de la fuerza armada, instrumentos represivos, igual que antes, igual que siempre. Por supuesto sobran culpables, extranjeros o ajenos, siguiendo la prédica nazi del incendio del Reichstag. A veces los muertos, víctimas de la irracionalidad de la política actual, son “suicidados”, “asfixiados por gases”, todo vale. La palabra, empleada en la mayoría de los casos de manera sui géneris, en Bolivia aguanta todo. La cosa se va de las manos. Se mantiene por las especiales características del país y su población, pero aún así no goza de eternidad.

Se está poniendo al masismo contra la pared. O es gobierno o se retira. Lo malo que ahora para serlo debe emplear la fuerza. Se ha soltado las riendas sin criterio, o bajo estúpidas teorías de marxistos (no marxistas) trasnochados. Sucede con los chuteros hoy, mañana con los cooperativistas, y pasado con los cocaleros que no han de librarse de la presión internacional que ha dado su ultimátum.

Comenta un poblador de Challapata, en televisión y hablando del gobierno: “estos malditos son ellos mismos chuteros”. Se balean en Colquechaca y Pocoata. El intervalo de la invasión de minas por los capitalistas de las cooperativas se acaba. En cualquier instante se lanzan en manada sobre Colquiri, Porco... Y cocaleros y narcos sobre el Tipnis, Choré, Carrasco, Madidi. En el Ichilo ya existe otro estado y la premonición de que quienes creían ser directores de orquesta pasarán a músicos, se cumple.

La pregunta es qué sucede si no hay quien manda. La democracia “consolidada” que alegan, no existe. La revolución, menos.
11/10/12

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Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 12/10/2012

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