Tuesday, October 2, 2012

Los transparentes/MIRANDO DE ABAJO


Me acusan de ser superfluo en mis columnas antimasistas, no reaccionarias, y tal vez tengan razón: ¿por qué tendría que ser profundo, sesudo, analítico, ideólogo, enfrentándome a algo que de ideario serio no tiene nada, a un grupo de pillos que medran en la falsía? O vamos a recurrir a Eric Hobsbawm para explicar la “revolución” morales-linerista cuya teoría se basa en el estupro y cuya realidad es el bochorno. Claro que no. En primer lugar, y poco antes de morir, el teórico marxista hablaba sobre las rebeliones juveniles en el mundo, descreído de que en sí pudiesen llegar a tener mando real y anotaba que el desempleo es una de sus causas. Qué diría de Bolivia donde la juventud entra masivamente a la universidad, solo como antesala de lo gris que asoma, como un paso más de soslayar la futura falta de oportunidades, trabajo, etc, postergarlo hasta donde se pueda para luego caer en las ardientes arenas de un desierto que ofrece política y/o narcotráfico, tal vez contrabando, importación ilegal, juqueo, y nada más. ¿Para qué estudian los jóvenes en Bolivia sino para evitar la debacle un poquito más? Y cuando el Profeta dice que en el país hay solo un cinco por ciento de desempleo, miente; eso es tan falso como la permanente que lleva en la cabeza.

Emigré. Me hice inmigrante. Conocí los caminos de la inmigración, sus peripecias, dificultades, verdades y mentiras. Observé, desde siempre, compatriotas que tenían de sirvientas jóvenes de pueblo, a las cuales traían con promesas de buen pago, ropa, comida, la maravilla de los Estados Unidos… Oí aterradoras historias de mujeres encerradas, que ni tenían el domingo “libre” que les daban las patronas en la patria. Ni salario y menos derecho a queja. No hay peor patrón que el de tu misma tierra, se dice afuera. Griegos, vietnamitas, mexicanos, senegaleses, bolivianos, lo afirman. Nunca trabajes para un compatriota. Qué imagen terrible, la de no confiar, o confiar menos, en quien creció a tu lado. Baste para explicar al ser humano…

Cuando la ministra Suxo, adusta, enojada, responde para pasmo general que “el nepotismo no está penalizado”, me alegro de vilipendiar a los apostóles del proceso de cambio, que a diario demuestran que su única ambición es imitar a los ricos, comprarse trajes similares, adquirir poses, relojes de oro y autazos que los hagan brillar entre la oscura tez de sus paisanos. Suxo declara eso en defensa de su hija, que en Alemania tiene un cargo gubernamental, y que siguiendo las enseñanzas patroniles, se llevó “con gran amor” una empleada doméstica boliviana a la que no pagó, incumplió promesas, despertó a cualquier hora, explotó, como la mejor de las patronas que los plurinacionales dicen odiar y combatir. La denuncia la hizo una ciudadana alemana para que jamás se investigue en el país y donde –de seguro- la denunciante pobre tendrá proceso por atentar contra la imagen de un miembro de la nueva casta de intocables al revés. Cárcel debía ser, para la infractora esclavista y para quien la defiende. Pero recibirán medallas, como Sacha y otros. El nuevo adagio boliviano es “golpea a indio y tendrás beneficios”, “explota a pobre y te recompensaremos”. ¡Brava revolución!

Preferiría escribir sobre árboles, especies en peligro, leer un buen libro, pero no quiero callarme. El problema es que dentro de la marmita inmunda nos meten a todos. La mácula masista se nos viene encima y algo de lógica hay en ello: mira por quién votas y ese será tu reflejo. Nada tiene que ver con raza, clase. La raza la utilizan ellos para hacer de sus veleidades cosas concretas; la clase es asunto de su interés, no del mío. Que ellos andan buscando, como tristemente siempre lo hicieron los comunistas del mundo, un espacio aristocrático, fundar dinastías, lo opuesto al verbo que antes babeaban.

Transparentes son: a través de ellos se mira la oscuridad.
1/10/12

Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 02/10/2012

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