Sunday, January 24, 2010

Circo/NADA QUE DECIR


Cuando Evo Morales apareció en la puerta de Kalasasaya de la
mano de la Pachamama discrepé con toda suerte de analistas
que decían que comenzaba un nuevo ciclo histórico. Para mí
significaba el mismo circo de Víctor Paz Estenssoro, el de
Barrientos, de García Meza, de Lidia Gueiler, sin ir hacia
los más antiguos. Ni siquiera étnicamente las diferencias
son marcadas: Bautista Saavedra o Luis García Meza
envueltos en aguayos tienen la misma rozagante cara de chola
que el presidente de turno.
Vi la "unción" de Tiwanaku desde afuera, como espectador
crítico, y sentí lástima por el aroma desvanecido de un
cambio que alguna vez intuí. Ante las cámaras se exponía un
espectáculo de mamarrachos con vestimentas que algún
alucinado creyó recordaban las rituales de los ancestros,
cómo si en Bolivia no existieran sublimes tejidos, como si
no hubiese bastones de mando de chonta dura y argollas de
plata en lugar de esos esperpénticos objetos (supuestamente
bastones) que lo menos que hacen es acercarse a la historia
y peor a la eternidad. Triste y no porque en el fondo se
rían quienes nos ven, sino por la desvirtuación del pasado,
la sangre compartida por mestizos, indios y blancos en las
guerras independentistas, el dolor y la angustia de la lucha
y la miseria. Todo revuelto ahora en espantosa cumbia
chicha donde no se observa vuelta alguna a ningún lado, ni
al incario ni al collado, ni a los huacas de Huarochirí ni a
San Expedito o San Putas.
Un movimiento serio del estilo que se anuncia no se decora
con asnos de senadores que ejercitan verbo insulso y
falazmente comprometido, ni con las irreversibles
discrepancias del socialismo con este hato de pequeños
burgueses, de indígenas cuyo ser autóctono no los libera de
ser ricos, explotadores, capitalistas, propietarios y demás
mañas de aquello que dicen combatir. ¿Por qué no se habla
entonces de expropiar a los "nativos" que ostentan oro en la
fiesta del Gran Poder? ¿O Fidel Surco es diferente a
Marinkovic y su sarta de descastados nazicolaboracionistas?
¿Por qué tendría su dinero que ser distinto al del croata,
por aymara, indio, lampiño?
García Linera perora acerca del socialismo y la revolución.
Hablamos de asuntos incompatibles que habitan el seno del
MAS. No implica que no exista un socialismo campesino; con
sus peculiaridades se puede hablar de guerras campesinas en
el siglo XX en México, Rusia, China, Vietnam, Argelia y
Cuba, y no sé hasta dónde en Bolivia también, pero lo de
ahora conjuga un discurso extremo, casi ligado al del reo
presidente Gonzalo de los senderistas apagados, con un
fundamentalismo que crece, avivado por los Choquehuanca,
Patzi, Surco y otros que en determinado momento han de
deshacerse del monopolio intelectual de la izquierda que
representa Linera y que les presta su trasfondo ideológico-
teórico hoy. Sintomático es el papel menor, relegado, del
bolivarista Chávez en los acontecimientos actuales. Es
posible que el venezolano ya no sirva. Tuvo rol de donante
que parece terminó. Los aires son ahora de triunfo, y huele
a tiempo de revancha étnica, una que no sólo intenta barrer
con los "blancos" y mestizos; apunta de igual modo a Simón
Bolívar, a Murillo, a Zudáñez, Monteagudo, etc. Y allí
pierde Chávez, porque bolivariano no es Morales, y menos su
cohorte. Morales quiere el eterno Gran Poder aymara, con la
inmensa capacidad económica de sus "pobres indiecitos".
23/1/10

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), 24/1/2010
Publicado en Correo del Sur (Sucre), 24/1/2010
Publicado en Nuevo Sur (Tarija), enero 2010
Publicado en Semanario Uno (Santa Cruz de la Sierra), 3/2/2010

imagen: James Ensor/La intriga, 1890

Wednesday, January 20, 2010

Libros de memorias



Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Las memorias, autobiografías, son género literario aparte. Tienen, además del don de estilo que cada literato presta, características de aproximarse a la historia desde una perspectiva única, la del espectador privilegiado e inteligente.

Anaïs Nin escribió una obra monumental, su famoso "Diario" que admiró Henry Miller, y por el que desfilan el mismo Miller, Gore Vidal, Lawrence Durrell y tantos otros. Obra de peso, y no exclusivamente reveladora de la vida de los artistas de París en la década del 30, el "Diario" se mantiene como lectura obligatoria de aquellos interesados en esta rama.

En distinto nivel, porque fue la creación de un artista solitario, y porque el autor se preocupa de temas anexos a lo que podría ser sólo la descripción de su vida, no tan rica ni tan experimentada como la de Nin, los Diarios de Franz Kafka son una introspección donde se busca a sí mismo como hombre, como judío, como escritor. Sus anotaciones en muchos casos son de carácter filosófico y alejan estos textos de lo que comúnmente llamaríamos "memorias", escritos que adrede apuntan a describir la existencia de quien escribe en una cronología específica.

Otro judío alemán cuyas memorias afirmaron mi gusto por Europa central fue Stefan Zweig. "El mundo de ayer" es un notable y melancólico paso antes de la debacle del nazismo. Zweig guía por una Austria que se desmorona históricamente pero que es fértil y cultivada entre una intelectualidad de excepción. Mucho tiempo ha pasado desde que leí aquel libro, en edición argentina, en los estantes de casa, sentado sobre los mosaicos fríos del pasillo, mosaicos que, con el tiempo supe, cuando me hice obrero de una marmolera local, se hacían con restos de mármol y granito picados, amalgamados en arcilla coloreada a gusto y pulidos en grandes máquinas que les daban precioso brillo. Narraciones de labor aparte, mencionábamos el papel guía de Stefan Zweig por una Austria agonizante. Joseph Roth, autor también judío que sintió el colapso del imperio austro-húngaro como colapso propio, toca la misma temática que Zweig en su novelística. El arte en general, muy rico en la región, sintió el estertor y luego el derrumbe. No otra cosa son los angustiosos modelos de Schiele, los parcos demonios de Von Stuck, los oros de Klimt, los dibujos inverosímiles del autor/pintor Alfred Kubin que presagian un próximo Armagedón y la inutilidad humana de impedirlo.

El húngaro Arthur Koestler hizo de la autobiografía un género popular. Lo ayudó la época de grandes cambios ideológicos, el advenimiento del comunismo, del nazismo, la guerra mundial, la Guerra Civil Española. Lo que hizo de su obra literatura de aceptación masiva vino quizá de su origen periodístico y de que Koestler se apropia de los temores, por lo general fundados, de la gente en épocas de cambios que habrían de decidir el futuro curso de la historia. Apuesta por el comunismo y se desencanta; desenmascara a los regímenes dominantes de entonces en Europa: Alemania hitleriana y Rusia soviética y opta por el hombre, circunstancia que trasladada al campo político se transformaría en la aceptación de la democracia representativa (Inglaterra, Estados Unidos) como única opción aceptable. Cuando Arthur Koestler, en su biografía en cinco tomos, comienza a inclinarse hacia allí, la calidad literaria de su obra (hablo de "La escritura invisible") merma. Es superior al principio. En "Euforia y utopía" es todavía el viajero impenitente y crítico cuyas descripciones son plenas de sabor: Georgia, los revolucionarios del Cáucaso, el vino blanco regional... Koestler es quizá el último autor del siglo XX que hace de las memorias un objeto de consumo. Cierto que hay escritores populares, hablemos de Paul Theroux, pero su obra es más literatura de viaje que memoria, parecido a Richard Francis Burton, Pierre Loti, o al contemporáneo Kapuscinski. Será que la esencia del hombre se arrumba (herrumbra) en el diván del olvido y no hay comparación, por citar un caso concreto y conocido, entre la autobiografía de Mario Vargas Llosa y aquella de Arthur Koestler.

Rusia es ejemplificadora. La figura de Alejandro Herzen se levanta en la cúspide de la memoria/literatura, síntesis de una vida riquísima en acontecimientos y personajes singulares y un intelecto genial. Le siguió Viktor Shklovski con una obra que jamás me canso en referir como gran literatura: "Viaje sentimental", título apropiado de Sterne, y que es la más extraordinaria descripción de los años de la revolución rusa y la guerra civil, donde un - también genial- Shklovski en prosa de alto nivel trashuma por la actualidad, la historia, la geografía, la etnografía, la política, la filosofía y el arte desde su modesta posición de oficial de rango menor de las fuerzas soviéticas. Testigo excepcional del momento, el libro de Shklovski podría ser hoy texto imprescindible para comprender la enrevesada situación de los países del Cáucaso, parte del Asia central, el problema kurdo, el armenio, y las trágicas ramificaciones por las que pasamos.

Por último, mi favorito: Iliá Ehrenburg, el mejor retratista de dos mundos: el París de Picasso, Pascin, Modigliani, MacOrlan y de la Rusia pre, post y revolucionaria, que abandona su país a los 18 años, desde la estación de Finlandia (recuérdese) a tiempo de la revolución, y retorna autor logrado en los años posteriores, los de la dificultad y de riqueza cultural extrema: encuentra al gran poeta Blok en una fila de reparto: en la Rusia de entonces las filas eran incansables e interminables, para pan, para carbón, para azúcar. Una libra de azúcar valía más que gemas -así lo cuenta igualmente Shklovski, y basta acordarse de aquel cuento de Babel, "La sal", para ejemplificar-. Ehrenburg en "Un escritor en la revolución" menciona a Bunin, a Saitsev, Alexei Tolstoi, Durov, y se centra con particularidad en figuras como Esenin, Pasternak, Maiakovski, Mandelstam, Meierhold, que son tal vez las más trágicas del período. Adora a Pasternak como poeta y desmerece su novela "Zhivago" alegando que Pasternak "no sabía de lo que hablaba".

Este libro de Ehrenburg, y los tres tomos de sus memorias, transcurren por un mundo que fue rico y decisivo en la formación del arte moderno. Y sin embargo abruman de tristeza. Tal vez ésta (la tristeza) llega desde la hermosa Kiev asediada por los blancos, quizá de la gris belleza de los versos de Marina Tsvetaieva o de las líneas de Alejandro Blok, puestas en boca de una niña, que dicen: "¡Oh, estas ropas descoloridas! ¡Oh, este extraño silencio!... Con los brazos llenos de azucenas me miras sin pensar..."
12/03/08

_____
Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 29/3/08

Imagen: Emil Orlik/Retrato de la hapsicordista Wanda Landowska, 1917

Tuesday, January 19, 2010

El sexo en el cine


Roy Orbison canta "In Dreams" y no puedo dejar de asociar
esta bella canción con la imagen de Dennis Hopper aspirando
y entrando en éxtasis sexual, recubierto de tristeza y de
violencia. David Lynch es todavía el maestro del erotismo
en sus manifestaciones más extremas, en boca y manos de
extraños seres ¿humanos?: Bobby Peru (Willem Dafoe), de
"Wild at Heart", como ejemplo simbólico.
En los sesenta, ni sé cómo, mi padre guardaba una colección
de Playboy, desde su número inicial. Esos papeles coloridos
de pechos y nalgas (el vello púbico se comenzó a insinuar
mucho después), valdrían hoy una fortuna. El tiempo y el
deseo prohibido de los hijos hombres los destruyó. Mi
hermano y sus amigos echaban al azar nombres de modelos de
entonces, que hoy serían como dulces quinceañeras apenas
despertando: Angela Dorian, Stella Stevens... Algunas se
hicieron estrellas de cine.
Playboy tenía una sección sugestiva: Sex in Cinema. Lo
especial de aquellas páginas estaba en la contemplación de
mujeres fantásticas, doradas por la fama e inalcanzables por
la belleza: Raquel Welch, Julie Christie, Jeanne Moreau que
a pesar de un amargo rictus en los labios (la heredó
Isabelle Hupert) rezumaba sensualidad.

La clepsidra desde allí se ha volcado y revolcado
innumerables veces. Nada es lo mismo aunque nos empeñamos
en creer que todo es igual. Ni siquiera somos los mismos
sino una amalgama de experiencias e ideas que nos hicieron
distintos. Armando, el hermano detallista de las revistas
de adultos y maestro indiscutido de un extenso grupo de
onanistas de su curso, es hoy un serio doctor que investiga
las características del frijol nativo de la alta
Centroamérica. Yo intento aprehender lo que se escapa y por
ello recurro a los versos de Roy Orbison y de algún modo,
que es lo que quiere David Lynch, encuentro similitud en mi
desesperación por la pérdida y las fantasías de su personaje
que escucha las mismas canciones. "Pretty Woman" me acerca
a la infancia en Cochabamba mas también a una esquina de
Arlington, Virginia, a un teléfono negro -y público- en
particular, desde donde mi voz se enroscaba en las lejanas
boscosas colinas de Singen, Alemania.
El erotismo, y más abiertamente el sexo, lucharon por
sobrevivir en el cine. Contra ellos se opuso el hipócrita
status quo, la Iglesia -por supuesto-, a pesar de que ella
desde los tiempos de Alejandro Borgia hasta hoy es la que da
cátedra indiscutida en el vicio; los políticos de derecha,
los conservadores. El sexo implicaba una "erosión de
valores", por lo que la censura venía a ser respuesta. El
Código Hays, en Norteamérica, dio las pautas de lo permitido
y no. El republicano Hays había listado en 1927
regulaciones que incluían 11 "Don'ts" y 26 "Be Careful" para
regir la pantalla. Entre los Don'ts estaban la perversión
sexual, profanidad, sugerente desnudez, ridiculización del
clero... mientras los Be Careful prohibían los besos que
excediesen los 3 segundos o mostrar a un hombre y una mujer
durmiendo juntos. La Corte Suprema, casi veinte años
después, lo consideró atentatorio contra la libertad de
opinión y lo prohibió. Paradojas de un país que en 1957
permitía a Wilhelm Reich morir en la cárcel por asuntos
también ligados a la sexualidad.

Mucha agua ha corrido desde que Hedy Lamarr apareciera
desnuda en la película checa "Ekstase/Symphonie der Liebe"
(1933) -con guión del poeta Vitezslav Nezval-. Lamarr a
quien Max Reinhardt llamara "la mujer más bella de Europa",
aparte de exhibir su blanco cuerpo corriendo entre matas y
en el agua, simula un orgasmo cuya imagen se ha hecho
clásica. Hoy aquello forma parte de la filmografía de la
historia. Los directores actuales osan tocar los límites
entre el arte y la pornografía, entendido uno como una
muestra extendida de variedad de asuntos y espiritualidad y
la otra con el exclusivo fin de presentar la cópula. Sin
embargo filmes como "Deep Throat", pionero del porno, han
quedado como hitos culturales y generacionales de
importancia; no en vano en 2004 se hizo un documental
("Inside Deep Throat") donde personalidades dispares (Norman
Mailer, Xaviera Hollander, Francis Ford Coppola, Larry
Flint, Alan Dershowitz, Hugh Hefner) conversan sobre los
alcances de aquel controversial acontecimiento fílmico.
La pornografía se trasladó de los teatros hacia el hogar
gracias al avance tecnológico. Negocio millonario, apunta
evidentemente a una necesidad elemental humana, se quiera o
no, y como tal persistirá aunque se esconda. A su vez el
sexo explícito en películas consideradas artísticas se irá
abriendo camino con el tiempo. Tendrá que ver según apunta
algún cineasta mexicano con si es correcto continuar
fingiendo en la pantalla. Circulan rumores de que ya Julie
Christie, durante una filmación, había mantenido relaciones
sexuales reales con su compañero de rol. Alguna vez le
preguntaron a la hermosa Debra Winger si lo había hecho en
aquella memorable escena en la cama con Richard Gere (An
Officer and a Gentleman, 1982).
Nagisa Oshima, en uno de los grandes filmes de siempre, "El
imperio de los sentidos" (1976), graba una escena de sexo
explícito, que alude a responsabilidad impresionante de los
actores en un filme de posiciones políticas irrefutables.
En la historia de una geisha y su acompañante, Oshima
apuesta la carta de la igualdad sexual.
Bruno Dumont, Francia, explicita el sexo en dos de sus
filmes, uno de tipo social y el otro de introspección: "La
Vie de Jésus" (1997) y "L'Humanité" (1999), mientras que
Carlos Reygadas, mexicano, empuja el límite aún más con
"Batalla en el cielo" (2005) con una escena inicial y una
terminal de fellatio (sexo oral), más otra intermedia de
copulación en una Ciudad de México aquejada por los males
contemporáneos: soledad, falsía, secuestro, clases,
pobreza, riqueza.
Innúmeras las referencias al tema. Este es un incompleto
listado que intenta descubrir el aura mágica que liga al
sexo con la vida.
22/5/08

Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Sucre), 14/6/08
Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), junio 2008

Imagen 1: Nicole Kidman como Diane Arbus en "Fur"
Imagen 2: Penélope Cruz
Imagen 3: Raquel Welch en "100 Rifles"

Monday, January 18, 2010

El corto verano


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Pedro Vargas dice tú sólo tú eres causa de todo mi llanto y desesperación. E Ives Montand. La tarde ni decir que se cae porque se ha colgado de nuestros árboles enfrente. Hemos de salir. John Shanahan nos espera con un café florentino caliente para tomarlo con tortas de queso.

Ella y yo. Ella de blanco y yo desvestido, con calzones azules, sentado ante el computador cuya imagen hace arcoirises continuos (así lo creen mis hijas).

Dos meses se han ido sin prisa pero tan rápido que no nos dimos cuenta. Que si me quieres; sí te quiero.  Y el calor un sol amarillo.

Un miércoles, y por deseo inútil y tropical mío de ver serpientes, nos ubicamos en un cine vacío aunque con millares de luces azules en el techo de callejones que parecen cámaras de tortura. La película, una atroz anaconda, fugaz como un hilo de zapato, no deja más que un par de imágenes sórdidas de selva en putrefacción. En cine hemos visto éste, otro filme basado en un libro de Kurt Vonegut y uno más de un mago centroeuropeo que predice la cancillería para Adolf Hitler y no consigue vislumbrar su propia muerte en los bosques, según Szabó...

Te quiero porque te quiero dice una mexicana de voz de hombre y tan hembra. Los corridos se suceden. Aceves Mejía, Jorge Negrete, y el cielo rojo que creamos cerrando las persianas y haciendo como dormir.

La pasividad de las ventanas, mirar las hojas torcerse en el viento. Ella lee a José María Arguedas y yo una biografía de los césares, de Suetonio. Sol y luna se confunden. El tiempo se difumina. La neblina de vivir tranquilos cubre hasta la cama del piso, azul, casi como si hubiesen extendido una frazada para recostarse allí. Ahora ella está pronta a partir. Nostalgia con León Gieco. Por su pueblo de niña, por este momento. Al fondo, como Velázquez en Las Meninas, mis hijas se adormilan. El cabello de Emily brilla bajo la luz indirecta del dormitorio. Ella, de la que hablaba antes, se levanta y su cabello negro se sitúa casi a la altura de los anteojos de Emma Goldman, en amarillo y azul, en la pared.

Hoy ha sido un miércoles cualquiera. Almorzamos con una amiga colombiana. Después en casa a retomar la realidad gringa, el paraíso de policías, abogados, jueces y pillos permitidos. Ella no sabe cómo puedo vivir acá. Si uno habla está mal, si camina está mal, si baila peor. Pero esas son nimiedades. Más importa el automóvil blanco que corre hacia Boulder. Y por el río caminamos, mirando el fin de la inundación.

Un avión llegaba de Miami. Pero otro de Baltimore habíase adelantado. Entonces no la esperaba y leía.  Veo una falda negra que se acerca. Subo la vista y es blanca blusa. Y resulta que se hallaba frente a mí, sonreída. El aeropuerto de Denver tiene puntas de helado hacia el cielo. Y por sus escaleras encontramos la salida hacia dos meses.

Era una puerta. Dos meses. Y se agotan ya, en otros tres días. Aquella noche de llegada cenamos mariscos cocidos en leche de coco, con cervezas británicas que, lástima, no estaban muy frías. Los vallenatos se suceden en el tocadiscos. Hace calor pero se puede oler la venida del otoño. Los jardineros van alistando las plantas para el invierno. Mi casa se cerrará.

La nieve ha de cubrir la puerta. Por las paredes estará su memoria, en la cocina que jamás estuvo tan limpia. Y, sobre todo, en el español que mis dos niñas hablan desde ella, como si un influjo mágico les hubiese dado el verbo. Hasta pronto.
Aurora, agosto 1997

____
Inédito

Imagen: Colleen Browning/Odalisque, 1971

Nocturno de Roberto Bolaño


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

"Nocturno de Chile" marca mi primer encuentro con Roberto Bolaño. Había estado leyendo a Poniatowska, Pérez Reverte, Paola Kaufmann. Pérez Reverte deslumbró con su manejo extraordinario de los hilos de la novela; Poniatowska no ha cambiado mucho; su talento, como su persona, es plácido.

De la bella Kaufmann poco puedo decir ahora.

Como hecho anecdótico anoto que Roberto Bolaño ha sido recién traducido al inglés, tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido. "Los detectives salvajes" tuvo una soberbia crítica en el Book Review del New York Times, y "Nocturno de Chile" lo mismo en las islas británicas. Excesivo retraso para un autor que quizá no tenga par entre los de su generación. Bolaño, como alguna vez Faulkner, no andaba a la caza de fama y fortuna. Su ácido humor afirma la presencia de un infinito desdén por la gloria.


Bolaño se me asemeja una bofetada al insulso "realismo virtual", término acuñado por Alberto Fuguet y Sergio Gómez, y a una absurda división entre "lo que somos" (en ámbitos político-sociales) y "lo que soy" (en lo personal). Bolaño vendría a ser como un escritor serio -si no clásico-, contrapuesto a un movimiento leve, histórica y psicológicamente comprensible, cuyos estertores presenciamos y cuya herencia será incluso menor que la del nouveau roman francés.


"Nocturno de Chile", obra de ciento cincuenta páginas y dos párrafos - el segundo de una sola línea-, relata el febril paseo por la memoria de un oscuro crítico literario, sacerdote además, durante unas horas. Su incómodo ensueño trajina por la vena abierta de Chile en un momento crucial de su existencia, el golpe militar de 1973. Como antelación a lo que considero el núcleo del texto, el padre Sebastián Urrutia Lacroix, miembro del Opus Dei, reflexiona mientras recuerda acerca del panorama literario del país. Lo hace a través, o conjuntamente, con Farewell, crítico de renombre. Bolaño, en la voz del cura, ejerce fina ironía, repetidas veces, acerca de Pablo Neruda. Su ambivalencia respecto al poeta no se define. Supongo que es el lector quien sujeta los mandos del juicio. Vaga Urrutia Lacroix por una suerte de páramo literario. Comenta, critica, adula, sugiere, todo en un ambiente de mediocridad disfrazada, casi de agonía, quizá los preámbulos de una debacle que tendría consecuencias funestas y, quién sabe, a la vez reparadoras en la literatura nacional.


La deleznable presencia del genio... o su ausencia, en un entorno melancólico y gris que recuerda las páginas de María Luisa Bombal. Misterio y desolación del sur que se acentúan hacia el final, cuando los hilos de la novela van juntando cabos en una realidad espantosa de tortura y muerte, meollo que descubre el autor luego de desviarnos por antecedentes en apariencia ilógicos, con mucho de onírico, de iglesias medievales europeas, de frailes sangrientos y cetreros, de mediocre o mala literatura. Urrutia Lacroix como testigo inmutable, con poca autoestima, en medio de una negativa apoteosis histórica que definirá el Chile futuro.


Nuestro personaje, gracias a la influencia de dos señores extraños: el señor Odeim (Miedo) y el señor Oido (Odio), termina dando clases de marxismo básico a los miembros de la Junta militar. Con Marta Harnecker, también chilena, bajo el brazo, explica en diez lecciones los rudimentos de esta doctrina. Un sesudo Pinochet, a tiempo de agradecerle, le explica que quiere conocer al enemigo. Despotrica contra la ignorancia de sus predecesores: Alessandri, Frei, Allende, que "ni leían ni escribían", contrariamente a él, dueño ya de tres libros y con lecturas tan amplias que incluyen hasta "Palomita Blanca" de Enrique Lafourcade...


Toque de queda. Impera el silencio. Pero para la intelectualidad chilena se abre un espacio delicioso en casa de una aspirante a escritora llamada María Canales. En su finca de las afueras de Santiago, y a veces con la compañía de su amable esposo norteamericano, Jimmy, una horrible empleada mapuche y sus hermosos hijos, María Canales recepciona y sirve sin límite de tiempo a sus colegas. Raro que la policía secreta permita tal relajamiento.


María Canales ha escrito un cuento premiado que Urrutia hace leer a su mentor Farewell. Este dice que el texto es pésimo, "indigno incluso de recibir un premio en Bolivia". Pero María es una anfitriona de clase y así se suceden las veladas hasta que alguno de los invitados, perdido en los sótanos de la casona buscando el baño, entra a una habitación donde en un catre de hierro está acostado un hombre con los ojos vendados y señales de martirio. Resulta que Jimmy, el atento gringo que escuchaba a los malos poetas de visita, era miembro conspicuo de la DINA y allí se torturaba, casi nunca mataba, a los opositores; el mismo Jimmy que hará volar a un diplomático de Allende y a su secretaria en los Estados Unidos, amén de atentados similares.


La historia no necesita explicación. ¿Ha escrito Bolaño una novela acerca del terror de estado en América Latina? Si lo ha hecho lo logró de forma magnífica en un enlazado continuo e impredecible, sin apuntar de entrada al sujeto tenebroso de la época. En sus páginas se unen y reúnen los temas de la literatura, del compromiso, del mal. "Y después se desata la tormenta de mierda" (último párrafo del libro). 

08/11/07

_____

Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 08/12/07
Publicado en Puño y Letra (Correo del Sur/Sucre), diciembre 2007
Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), noviembre 2007

Imagen: Roberto Bolaño, según Eulogia Merlé, 2007

Damon Winter, el arte del desastre/MIRANDO DE ARRIBA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El Premio Pulitzer de fotografía del año 2009 fue para el
fotógrafo del New York Times Damon Winter, por su serie de
la campaña presidencial de Barack Obama. Winter, como se
puede ver en su portafolio de la Red es aparte de versátil,
ubícuo. Su trabajo va de retratos de famosos, muchas veces
desde inusuales perspectivas, como queriendo aprehender el
tal vez último resquicio humano que se pierde con la fama,
hasta portentosos paisajes que presentan por lo general un
ambiente sobrecogedor de austero silencio, el mismo silencio
que emana en el rostro de un huérfano condenado en el
orfanato de Tzimbalin, Rusia, o en un niño haitiano
escapando de algo, con la pierna levantada, en carrera,
detenido en el espacio y el tiempo.
Damon Winter está ahora en Port-au Prince, la devastada
capital de Haití, país de sino trágico, del esclavismo sin
límites, de la violencia de la rebelión negra, de la
temprana independencia, la parodia de imperio, la magia, los
rastros de Africa, los Duvalier, Krik-Krak y el horror, del
marchar patético y brutal de los ton-ton macutes. Haití
donde los crímenes de otras dictaduras en comparación
parecen cuentos de niños.
Haití después del terremoto y el clímax de la tragedia no
parece lugar para la belleza. Sin embargo, así cueste
decirlo, las fotografías que cada día publica Winter en la
edición del Times son impresionantes y hermosas. Incluso
cuando toma un cadáver cubierto de polvo, en tono azul
penumbra, transmite la sensación de estar creando, haciendo
arte, terrible pero arte, básico en lo humano, por tanto
solidario y triste, pero majestuoso en hallar aun en la
muerte toques mágicos, pinceladas, que le dan un aura de
estar por encima de la realidad que describe, tal vez la
esencia del hombre, en apariencia superior a lo que es, en
ese jirón de grandeza que todavía hace creer a algunos que
tiene herencia divina.

Damon Winter sin duda alguna será contendiente para los Pulitzer del 2010, con esta otra serie muy distinta a la que le confirió el premio anteriormente, pero con un mensaje de esperanza quizá mayor. Barack Obama y su campaña representaron lo mejor de un país que intenta superar a toda costa sus errores; Haití representa la inquebrantable razón de vivir, así sea en las peores condiciones. No otra cosa son aquellos infantes y sus padres trashumando el infierno en busca de agua. No otra los muertos por sobre cuyos desechos caminan los vivos, algo que va más allá de simple inercia...
18/01/10

_____
Publicado en Opinión (Cochabamba). 19/01/10
Publicado en Brújula (El Deber/Santa Cruz de la Sierra), 30/01/2010

Imagen: Damon Winter/Cadáver cubierto de polvo, Port-au-Prince, Haití, 2009

Sunday, January 17, 2010

Sismos/NADA QUE DECIR


El horroroso destino de Haití colma los noticieros. Triste
historia de un pueblo que se independizó con mucho antes que otros de América, que colaboró, a través de su presidente
Alexandre Pétion, en la causa independentista de Tierra Firme, dando en 1815 santuario y soporte militar a Simón Bolívar.
Rebusco en los diarios muestras de solidaridad del gobierno
de Bolivia y creo no haberlas encontrado. Reúno sí
desaciertos como la compra de armamento a Rusia y China y
nimiedades que hablan de que también las misses (reinas de
belleza) pueden ser elegidas para cargos públicos. No
quiero creer que tanta negligencia al obviar el sufrimiento
de un pueblo hermano sea malintencionada (como lo soy yo, al
menos en esto, pensando que quizá a Evo el terremoto
haitiano le cayó como bomba, porque opacará la ceremonia
neoindigenal, kitsch, de su asunción).
Desastres así sirven para avivar la solidaridad. Asombra la
respuesta de la gente común, que fuera de razas y pecados
pone el hombro para aliviar al caído. Con los países pasa
lo mismo, aunque por lo general la desgracia ajena sirve de
estrado político.
En las estadísticas de la ayuda internacional para Haití,
Barack Obama de inicio lanzó una impresionante campaña que
entre otras cosas cuenta con un respaldo monetario de 100
millones de dólares. Por supuesto que se dirá que
representa un pago mínimo por todo el mal que los Estados
Unidos le causó, pero hay que reconocer las genuinas
expresiones como parece ésta. China, por ejemplo, con el
inmenso potencial económico que la caracteriza, aporta un
mísero millón, que no se ajusta a su realidad. Nadie está
obligado a dar, pero el globalismo en que nos han encajado
tiene a la vez responsabilidades, y una de ella es no dejar
perecer a este país que vive moribundo desde siempre.
Haití ocupará por un largo período la atención mundial.
Luego será olvidado, a no ser que se implementara una suerte
de Plan Marshall para su reconstrucción y despegue. Algo
semejante necesita de varios requisitos que quizá los
haitianos no puedan cumplir, pero no está de más pensar que
una nación hacia el desarrollo es un pulmón extra que
oxigena, otro punto de apoyo para cualquiera de las
tendencias que colaboren.
Ya en las inolvidables páginas de Alejo Carpentier la tierra
haitiana se debate entre la libertad y la sangre. El país
más africano de América flota en misterio bajo la égida de
los ancestros del otro lado del mar, desde Henri Christophe,
rey, a Papá Doc, malévolo rey también. Africa que impulsó
con mucho las rebeliones y la independencia, tanto en su
hálito de nostalgia como en la imposibilidad del retorno,
nace como catalizador hacia un mundo mejor y continúa como
un catalizador inverso a medida que los tiempos avanzan. De
allí, de esa negritud latente y jamás entendida por los
vecinos, se agarra Duvalier, el viejo, para inventar un
fundamentalismo dominado por las fuerzas oscuras del pasado.
Africa le permite a Papá Doc veleidades de occidental, y
mucho más a Baby Doc, mientras el pueblo se asfixia en la
ignominia de lo supuestamente tradicional y correcto. Lo
ancestral juega un papel retrógrado entonces, aceptemos que
por una mala concepción y peor interpretación, pero se lo
manipula de tal manera que la realidad no tiene ya relación
con la memoria y se recrean ficciones que el poder decora
como reales.
Hay lecciones para Bolivia en este azotado Haití.
16/1/10

Publicado en Puntos de Vista (Los Tiempos/Cochabamba), 19/1/10

Imagen: Antiguo mapa de la isla Española