Monday, November 25, 2013

Los pechos del mundo/EJERCICIOS DE MEMORIA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

De tanto parimiento el mundo se ha hecho mujer y, como tal, dos pezones suyos, altivos en la cima de los senos, se levantan. Muchas son las naciones a lo largo de la tierra que querrían que sus montañas fuesen esos míticos pechos. Pero unas son demasiado grandes; otras, colinas verdosas incapaces de amamantar algo más que ovejas. Una montaña, para ser madre, requiere imponencia sobre todo. Debe hacer que los labios se sobrecojan en infantil memoria.

En un principio creí haber hallado una de las dos fertilidades: fue cuando contemplé el Chorolque enardecido con nubes que brotaban de su pico como baba celeste. Mas este cerro no perdía en las horas su halo de masculinidad. La decepción de la orfandad se apoyó en mí con descaro... La ruta del altiplano se hizo larga. Cercano a la frontera chilena divisé un amanecer la brillantez del curvado y prominente Sajama. Para el pueblo, el Sajama es macho, “tata”; yo me aseguré de su femenino en los rincones de mi corazón. Alegre en oposición al frío, jugué las pupilas por el seno más lindo que encontrara. Tenía uno.

El azar y la irresponsabilidad me movieron por doquiera. En Arequipa, Perú, indagué el sentido de las voluptuosidades esféricas del Misti, volcán apagado. Si bien la sensación no fue tan repentina como ante el Sajama, había encontrado el segundo pecho que buscaba. Con un poco de blancalechenieve me regresé al hogar. Aquella noche soñé que América era el vientre, la madre, la mujer, la esposa del mundo, y que ella hundía su nuca en el Pacífico mientras lavaba los pies atlánticos. La espalda empujaba dos senos, Sajama de nombre uno y Misti el gemelo. Las nieves se derretían lácteas en los dedos de los niños.

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Publicado en Opinión (Cochabamba), 20/02/1988

Fotografía: Misti

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