Wednesday, May 16, 2012

Hacerle el juego a la derecha/MIRANDO DE ARRIBA



Me dicen -critican subrepticiamente- que no es posible que siga escribiendo lo que escribo acerca del gobierno Morales, que eso es hacerle el juego a la derecha. Siento darme cuenta de la soberbia ignorancia de la historia de quienes “aconsejan” tal. Los ejemplos en donde falacia semejante se esfuma sola, hasta convertirse en la basura que es, son, aparte de inauditos –inadmisibles quisiera decir-, vastos:  la Guerra Civil en Iberia, Rusia en el 17, México a partir de 1910, Bolivia el 52, etc. 

Quienes propugnan esa mentira, la de callar para que el enemigo no aproveche, son incluso peores enemigos que la temida derecha. No hay que hacerle el juego a la derecha, ni tampoco hacerle el juego a Evo Morales, adalid de las imprecisiones de la historia, o a Linera, revolucionario de opereta. Esa debe ser la norma a regir el destino de nuestras vidas… y el de nuestras letras.

Hay en Bolivia la falsa postura de hacer creer que cambio significa aceptar sin remilgos todo lo referente a lo indigenal. De pronto un lugar caracterizado por atavismos racistas durante cada temporada de la existencia republicana, se convierte en indigenista, defensor de los valores culturales, morales, tradicionales, de pueblos siempre considerados inferiores, sucios, pervertidos, indecentes, animales, y todas las adjetivaciones que se permitan aumentar. Tengo el derecho de la duda, y el derecho de la queja ante las actitudes simuladas de los jerarcas de hoy, y de su grey infausta que loa hoy, como loaba a Jesucristo hasta hace poco, a los achachilas y huacas, a la chicha y a la imprecisamente definida “justicia comunitaria”. Los petimetres del corso se disputan el orgullo de vocinglear por encima de otros las ventajas del quehacer actual, la dilecta capacidad administrativa y estadista de don Evo Morales. Esconden sus botellas de whisky, remanentes del imperio, y se ufanan por aprender los recovecos del alcohol popular, aunque no saben los detalles que dan color a la chicha, las variedades de su tonalidad y sabor, los aditamentos de airampo o ramas de molle joven. No saben lo que es la aloja y estoy seguro que sus fecundos blancos vientres no son hechos para aguantar el trago letal que corre entre los cosechadores de papa de Pocona. Pobrecitos.

“Hacerle el juego a la derecha” es cursileria de politólogos provincianos. No se producen cambios con verborrea rebelde. Observo a los marxistas ortodoxos de entonces, afanosos de comprarse la chuspa de moda para agradar al jefe. Supongo que hasta en sus legajos revolucionarios el rostro judaico y serio de Carlos Marx se transforma. Su extensa barba se afeita para dar lugar al rostro imberbe y rudo del hombre andino. Estos, los que chaquetean al ritmo de sirenas, los que van de un extremo a otro para congraciarse con todos, los que roban y en el fondo siguen despreciando al indio, aunque lucren con su imagen, ellos son los enemigos del pueblo, no quien escribe lo que cree correcto, de frente, sin disfraz y sin participar de una mascarada de traicionero olor.
24/3/08

Publicado en Opinión (Cochabamba), 03/2008 

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