Friday, December 17, 2010

Los árabes en Bolivia/ECLECTICA


Tengo entre manos el libro "La migración árabe y su descendencia en Bolivia", escrito por Alberto Asbún, genealogista con estudios en Roma, que durante 20 años ha ido recopilando información sobre aquellos que vinieron a este país -y sus descendientes- desde alrededor de 1880 hasta un medio siglo adelante.
Realizar una obra monumental similar implica, además del tiempo, encontrarse en una posición delicada ante una comunidad entera. No siempre la verdad se acepta. Ya cuando algunos miembros del grupo alcanzan un lugar más que aceptable en el país adoptivo prefieren olvidar la sencillez, e incluso la miseria, que obligó a sus ancestros a trasladarse. Cosa común -y absurda- por la que pasa cada etnia migrante, en cualquier lugar. Creo, sin embargo, que un volumen así, producto de una larga y cansadora investigación, debiera ser aceptado, y ensalzado, como fuente y memoria de lo que fue. Los pueblos sin raíces son los que no sobreviven la historia. Y las raíces de los árabes que emigraron a Sudamérica son extensas y profundas, hablan del nacimiento de la cristiandad, de su persistencia en Oriente Medio, de su relación con las Cruzadas, la invasión árabe musulmana, el imperio otomano, la creación de Israel, la guerra civil en el Líbano, asuntos de importancia vital en la historia del mundo. Por ello, rescatar un aspecto del movimiento y desarrollo de la nación árabe ya casi entrando el siglo XX debe tener importancia colectiva, fundamental para sus miembros.
Algo tal vez desconocido para el público boliviano es que los árabes que vinieron al país fueron mayormente de religión cristiana, presionados por las desventajas y discriminación del imperio turco. Los maronitas del Líbano afrontaron varias centurias de luchas de exterminio. Caro les costó su apoyo a los caballeros cruzados y sin embargo permanecieron como el único baluarte cristiano (luego católico) de oriente. El conquistador árabe Jaled escribía, refiriéndose a ellos: "Toda la Siria cayó como un camello, el Líbano solo quedó erguido". Dice un texto de los maronitas argentinos que la masacre de 1860 fue un punto de partida para que los árabes cristianos del Líbano decidieran dejar su tierra. Parte de aquella primera migración llegaría, a marcha forzada hacia el norte, hasta Bolivia, pasando alguna otra al Perú. Hubo también, aunque menor, una inmigración árabe mahometana.
El árabe es un grupo étnico que se asimiló con facilidad a su nuevo hogar. De parecidos ritos religiosos, no les costó adecuarse a su nuevo entorno. Ofrecieron, a cambio de aquel recibimiento, la ampliación del comercio y, según se ve en las familias que retrata Asbún, se extendieron por cada pueblo: Totora, Vallegrande, Muyupampa, Monteagudo, Uyuni, mezclándose con las etnias locales y creando un sistema económico que permitía incluso a los lugares más alejados adquirir cosas que posiblemente sin estos extranjeros itinerantes no se hubieran conseguido.
La mayoría de los inmigrantes árabes llegaron del Líbano y Palestina, de Belén (Beit Lahm) y Beit-Jala en buena parte. Una ruta común salía de estas dos poblaciones de Cisjordania hasta Haifa; de allí a Marsella. De Marsella en tren hasta La Rochela, puerto atlántico de donde "zarpaban barcos ingleses hasta América por 55 libras peruanas". Unos bajaban en Brasil, otros en Buenos Aires, para emprender la marcha al norte o quedarse; el resto, cruzando el Cabo de Hornos hacia Chile y el Callao. Una apasionante historia de éxito. La comunidad árabe de América del Sur suma varios millones en Brasil (que dio a Jorge Amado) y Argentina (a Jorge Asís), 350000 en Chile, 35000 en Bolivia y 7000 en Perú, en estadísticas aproximadas.
Duro salir de la tierra. Leyendo a Julián Huxley, por ejemplo, uno imagina los incomparables valles del Líbano donde se refugiaron los árabes cristianos. No sería fácil abandonarlos. Ahora, y como lo hicieron sus antepasados en la costa occidental de África (de acuerdo también a Huxley), los árabes han ampliado su espacio geográfico en América íbera y pueden reclamar como tierras suyas las de adopción y la materna, si exceptuamos el injusto drama palestino de hoy.
Gracias a Alberto Asbún por abrir una insospechada ventana de conocimiento. Tengo, además, árabes próximos a mí: Omar Abud y sus hijos, mis sobrinos, y mi entrañable amigo Julio Dueri, con quien caminamos Cochabamba, Rockville y Arlington.
30/9/04

Publicado en Los Tiempos (Cochabamba), Domingo, 3 de octubre, 2004
Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), 10/octubre/2004

Imagen: Joseph Mallord William Turner/Cedars of Lebanos, siglo XIX

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