Thursday, March 24, 2011

Hablando en Cienfuegos, Cuba


por Francisco G. Navarro

Un apellido compuesto, de esos que muchos literatos nacidos González o Hernández añoran para sí, rostro casi tan plano como el valle de su Cochabamba natal y marcado por la herradura de un mostacho boscoso, constante experimentador en la alquimia del lenguaje, el narrador boliviano Claudio Ferrufino-Coqueugniot parece también un clarividente, aunque en el oficio adivinatorio lo sustenten los 22 años de residencia contínua en las entrañas del mismo punto de la brújula que Martí llamó monstruo.
Vive en Denver, capital estatal de Colorado, desde donde envió par de novelas al Premio Casa de las Américas, con tan buen tino que le merecieron la primera mención en 2002, por El señor don Rómulo, y el lauro principal por El exilio voluntario, en 2009.
Este enero el trotamundo de hablar tan pausado, a quien se le puede copiar palabra por palabra sin auxilio de la taquigrafía, vino a Cuba como jurado de la edición 52 del concurso y de buena gana aceptó el diálogo con ORBE en la ciudad de Cienfuegos.
El tema de la integración de los latinos en un contexto geopolítico y cultural tan distinto al de sus repúblicas, que recién comienzan a superar el efecto de la balcanización impuesto por centros de poder extracontinentales, se hizo tuétano en media hora de charla.
-Existe integración, pero pienso que los latinos vamos a arrasar con la cultura anglosajona finalmente.
-¿Lo dice así, en términos tan absolutos?
-Seguro, claro van a pasar 50 años, pero así es; en la ciudad de Denver el 70 por ciento de los niños en edad escolar son latinoamericanos, mexicanos la mayoría, y casi todos durante los dos primeros cursos reciben la educación en español. Estamos viendo así un bilingüismo que no va a poder ser frenado.
-En producción literaria ¿qué se puede esperar de esa relación intercultural?
-Mucho, porque no es sólo integración con el mundo anglosajón, sino una mixtura de razas y culturas impresionante, como sucede en el periódico (Denver Post, donde él dirige a medio centenar de inmigrantes en un área de distribución a su cargo): estar con gente de Mongolia, de Ucrania, de Kazajstán, del Perú, de Indonesia, del Cono Sur americano aviva no sólo tus experiencias sino tu manera de ver el mundo, tus perspectivas. "Y con eso están creciendo los nuevos chicos latinoamericanos allá, segunda y tercera generación, en un mundo de márgenes mucho más amplios que algún día va a dar sus frutos en literatura y arte. Ya se ven los primeros, pero va a haber muchísima más cosecha. Y en el lenguaje, que para mí es muy importante, el español está creciendo de una forma estratosférica, no sólo por la adquisición de anglicismos, también por las interconexiones lexicales entre hispano hablantes de distintas latitudes".
Acerca del parto literario de El exilio voluntario -editado en La Habana por el Fondo Editorial Casa y en Santa Cruz de la Sierra (El País), ahora con posibilidad de ver la luz en el país vasco-, estima que primó "el deseo de no olvidar las vivencias tan ricas que tuve en esos años de trabajo como estibador en los mercados de abasto de Washington D.C., fueron como el despertar a un mundo nuevo y completamente desconocido".
"Ingresé en el mundo latino -de la migración- trabajando con negros en medio de su gheto, y eso me sirvió mucho, aprendí y disfruté tanto porque el afroamericano es de una comicidad inusual, increíble. Era un gozo estar con ellos. Existen visos de tragedia en la novela, pero también hay mucho humor".
Al entrevistador le consta esa vis cómica de este "self-man" andino, cuya hechura no tiene nada que ver con el estereotipo yanqui, cuando ya en uno de los primeros pasajes de El exilio..., referido a la becaria más famosa del mundo, lee: "Si hasta el padre, míster Lewinsky, no da más de orgullo mostrando el vestido azul manchado de esperma. Para eso la eduqué; Moniquita no me defraudó y miren mi nuevo departamento".

Publicado en ORBE, Cuba, México, Venezuela, El Salvador, 8 de marzo 2011

Imagen: con Roberto Burgos Cantor en Cienfuegos, Cuba, 2011

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