Monday, March 28, 2011

Noviembre en París/MIRANDO DE ARRIBA


Lejos de un ideal vacacionario, París se ha convertido en las últimas semanas, al igual que otras ciudades en Francia, en una fragua donde se prepara el amanecer de un nuevo país, diverso.
Cuando pensamos en el arte que esta ciudad acogió, en las líneas de Henry Miller y la elegancia de Fujita, imaginamos un lugar perfecto, donde el cosmopolitismo y la transigencia permiten convivir en paz. Tampoco es así, y si lo parece se debe a una especie de etnocentrismo que tienen los artistas que les nubla la visión de alrededor. Que Picasso adoptara París no implica necesariamente amplitud de la villa. Hombres como Diego Rivera sufrieron el embate racista de grandes como Pierre Reverdy y sin duda hay historias muchas similares a la suya. En suma París es igual a cualquier ciudad de país colonial. Hay profundas separaciones subjetivas entre los que la habitan originalmente y aquellos, por la razón que fuere, que se refugian allí.
Estos, los recién llegados, luego de establecerse hacen una vida en su nuevo hogar, y los hijos que -nacidos en Francia- supuestamente debieran tener los mismos derechos que los nativos encuentran una realidad ajena a sus expectativas. Ni aún la buena voluntad de Villepin, ministro francés, podrá cambiarla; menos la de Chirac. Sucede que ahora los desheredados se rebelan, en movimiento caótico y sin control, tratando de expresar la desazón de sentirse excluidos de una cierta bonanza, siquiera la de poder trabajar y estudiar en igualdad de condiciones.
No es más que la expresión de un fenómeno generalizado, no a causa de la globalización sino de las cada vez mayores diferencias entre ricos y pobres, entre naciones poderosas y humildes. Estas últimas sólo pueden aportar mano de obra y es para ello que se necesita y se acoge a su población migrante, condicionando el futuro para conflictos como el actual donde un grupo minoritario en crecimiento busca de manera violenta un espacio vital acorde con su dinámica poblacional que es superior a la de la población original.
Ya hablamos de los destinos en alguna forma sellados de países como Francia, cuya única salida si quiere sobrevivir es abrirse a la inmigración árabe y africana de sus ex-colonias. Para eso tendrá que cambiar, que adoptar formas y estilos de los recién llegados, conjugarlos con los suyos. La supremacía blanca europea toca a su fin. Llega el tiempo de los pueblos jóvenes. Los franceses que se nieguen a aceptar lo inevitable ya se perdieron.
14/11/05

Publicado en Opinión (Cochabamba), noviembre, 2005

Imagen: Antonio Berni/Manifestación

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