Tuesday, March 22, 2011

Manejando con música/ECLÉCTICA


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

Entre las delicias del capitalismo está la de no tener tiempo para nada. La alocada carrera por vivir y crear etéreos mundos de opulencia olvida -más que hace olvidar- el placer de sentarse al atardecer, sin disgustos o trabajos, a ver morir el sol en los árboles del parque sobre la avenida Louisiana.


Las horas en que estoy despierto, a veces atento, y que son las más, las dispendio detrás del volante de mi carro. Llevar y recoger a las hijas de la escuela implica una excursión de treinta kilómetros diarios, sumados al millaje que utilizo trabajando y etcéteras. Es esta una sociedad que desdeña los servicios colectivos. Resabio de la Guerra Fría, quizá, existe pavor en la población por todo lo que signifique público. Un buen servicio de buses o taxis significaría en su leve ortodoxia un paso en falso hacia el comunismo, y sabemos que comunismo "no tiene cabida en América". Es el drama de la medicina social, también...


Así quedo entonces, con mis extravagantes ideas, atenazado en un mundo ajeno que ha devorado sin darme cuenta ya quince años de mi vida. Combato, yo que nunca he sido soldado -porque pienso-, con las armas que da el haber nacido afuera, con el recuerdo de emociones pletóricas y fervientes esperanzas, decidido a no dejarme llevar por un ritmo que a la larga decanta hasta el espíritu más fuerte.  


Hippie de cabello corto, rebelde, sabiendo en el fondo que no hay poder de las flores ni poder del amor, me encierro en un nihilismo singular que sin creer en nada me enriquece con el conocimiento de todo. Tal vez por ello y con la extrema aversión que me produce lo que huela a sotana -a santo, vamos- no hallo mayor placer que, amaneciendo el domingo, encender la radio y por un par de horas, con el frescor de la mañana, oír música sacra. Subo el volumen; estoy solo y apenas un automóvil cruza la neblina levantada en las colinas que descienden a Denver. Los parlantes se llenan de misereres y magnificats y pienso que el arte, aunque se creara para loar divinidades de yeso, como es el caso, excede la santidad y se convierte en simple y bella expresión humana, otra vez cargada de miedos y esperanzas. Me gustan Vivaldi y Monteverdi, Gregorio Allegri y el Miserere Mei, y los corales alemanes de Schütz y Obrecht, sin olvidar el medioevo completo, ni Uccellini, ni Scarlatti, ni Tomás Luis de Victoria, tampoco las liturgias rusas con sus bajos profundos ni los coros de niños que entonces serían coros de castrados.


Otro espacio que lleno con música es el trayecto entre la casa y la escuela. Allí reverdece con la sonrisa feliz de las niñas, la contemporaneidad, y conversamos sobre la idiótica lírica del heavy-metal, sobre sus relaciones con lo retrógrado y fascista del país. No lo escuchamos, por supuesto. Bandas como Korn o Danzig están vedadas en nuestro entorno. Aunque me gusta el rock alternativo en algunas de sus fases, oímos por lo general a Pink Floyd, The Talking Heads, Beatles y The Smiths, si prima el gusto de Alicia. Si Emily es la de las sugerencias no faltan los Chieftains y una extensa variedad de música irlandesa, incluyendo U2. A veces me dan la posibilidad de escoger, y las envuelvo en nostalgias cruceñas en la voz de Gladys Moreno o si concuerdo en que hoy el espíritu clama por rock deambulamos entre Jimi Hendrix y los Sex Pistols, adentrándonos siempre y mucho en el admirable post-punk de Gang of Four, Mekons, Joy Division, Buzzcocks, The Cure...


Ya dejadas las hijas en su espacio de estudio, se abre el día y me ubico como puedo en el estómago de Leviatán. Ayudan porros y cumbias de Colombia, un poco de corridos "perrones" del narcocorrido norteño, la Orquesta Típica Víctor con tangos únicos, y la sin par belleza del samba blanco de Adoniran Barbosa que suelta su cascada voz en "Viaduto Santa Efigénia", memorable hito del canto general, o cuando se acompaña de Elis Regina, en su jocoso "Tiro ao Alvaro". Adoniran Barbosa juega con el verbo, cuenta -tragicómico- de la tristeza de un tal Mané cuya esposa le avisa que sale por un momento, que ponga agua a calentar. Pasa el día y el pobre Mané no la ve regresar. Se desespera, denuncia, llama, hasta encontrar una nota que le dice "apaga o fogo, Mané, que eu não volto mais".

21/12/05

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Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), diciembre, 2005

Imagen: Cubierta del single What We All Want, The Gang of Four, 1981

1 comment:

  1. "Hippie de cabello corto, rebelde, sabiendo en el fondo que no hay poder de las flores ni poder del amor, me encierro en un nihilismo singular que sin creer en nada me enriquece con el conocimiento de todo. Tal vez por ello y con la extrema aversión que me produce lo que huela a sotana -a santo, vamos- no hallo mayor placer que, amaneciendo el domingo, encender la radio y por un par de horas, con el frescor de la mañana, oír música sacra"... Esta frase habría que echarla, acostarla en una hermética urna de cristal para que nadie pueda extraerla de ahí ni tampoco para que pueda escapar. Refleja mucha sabiduría...

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