Monday, November 8, 2010

Periodistas amenazados/NADA QUE DECIR


El asesinato en Durango, México, del reportero Carlos Ortega Samper de "El Tiempo", destapa lo frágil que es ser periodista en América Latina, donde si no se es ultimado, se condena, humilla, prohibe, encarcela, juzga y muchos etcéteras por contar los hechos.
Ortega Samper había denunciado el sábado que oficiales del gobierno lo estaban amenazando por su labor periodística. Tres desconocidos le dispararon tres tiros en la cabeza al día siguiente, en un desaire no sólo a la libertad de prensa sino a la democracia. La impunidad en México tiene inmensa tradición.
Acabo de leer "Memorias de una infamia", de la periodista/escritora Lydia Cacho, cuya batalla y odisea fui viviendo (hace unos años) en los canales mexicanos cada mañana mientras duró su denuncia y los juicios -incluido el suyo- que siguieron a su libro "Los demonios del Edén", donde denunciaba una red de pornografía infantil y pederastía, de muchos brazos y ligada a insospechados niveles de gobierno.
Lydia sufrió secuestro por personeros oficiales, tortura, amenazas de muerte. Se la encarceló y, gracias a denuncias internas del penal, no fue violada, como se había dispuesto, por otras presas con palos de escoba. Se la trasladó en el piso de un automóvil, a través de cinco estados mientras los policías la tocaban y decían que la irían a arrojar al mar. Su detención había sido ordenada por el gobernador de Puebla, Mario Marín, aún en funciones, que quizo castigarla porque Cacho involucró al industrial libanés Kamel Nacif, conocido como el "rey de la mezclilla" e inmerso en la red de pederastas, quien gastara muchísimo dinero para proteger a su paisano Succar Kuri, principal acusado del esquema y hoy preso -todavía sin sentencia-, a pesar de haber confesiones y videos probatorios de cómo él abusaba de niñas de hasta 5 años.
Kamel Nacif es multimillonario, felicitado por Vicente Fox por ser "ciudadano ejemplar" de México. Mario Marín, a quien se escuchó en conversaciones telefónicas con Nacif, llamado por éste cariñosamente "góber precioso", mantiene su sucio aval y se fotografía cada vez que puede con el actual presidente Felipe Calderón, quien en su campaña había prometido deshacerse del individuo.
Ante estos poderosos se enfrentó Lydia Cacho, en defensa de los menores. En detalles de las conversaciones de los implicados se deduce que esta red opera(ba) en varios países, sobre todo México y Estados Unidos, con tráfico de menores para favores sexuales a políticos y otros prominentes, entre ellos Nacif. Hay niños desaparecidos y al menos una menor salvadoreña muerta. Se maneja el nombre de un alto funcionario del gobierno Calderón, Emilio Gamboa -de oscuro accionar-, en los libros de Cacho, con denuncias de su participación, como actor, en el abuso de menores. Gamboa ha sido hace poco elevado en su rango político. ¿A quién interesan los menores martirizados, qué son unos cuantos niños asesinados, violados, destruidas sus vidas, filmados, fotografiados, expuestos, alquilados, vendidos, para estos detentadores del poder y la gloria? Más importantes son Gamboa, Nacif, Marín que el dolor de estos pobres seres humanos, venidos, claro, de los estamentos pobres de la sociedad.
Succar Kuri fue finalmente el chivo expiatorio. Culpable, sí, pero no el único. Castigar a este pederasta no es suficiente. Hay que agitar el fondo del vaso para que salga la borra.
Ser periodista hoy es tan peligroso como ayer.
9/5/09

Publicado en Puntos de vista (Los Tiempos/Cochabamba), mayo 2009

Imagen: Cartel del documental "Los demonios del Edén", de Alejandro Islas, 2007

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